𝔸𝕥𝕒𝕕𝕠.
El sol resplandecía en todo su esplendor ese día, las campanas de una iglesia sonaban sin cesar, dando a conocer a los recién casados que se unían en matrimonio por toda la eternidad. Sin embargo, aquel par de almas no estaban destinadas a estar juntas por amor. Aquel joven matrimonió se vió forjado por razones que los presentes desconocían, pero ahí estaban. Los ojos esmeraldas miraban con desagrado y temor a los ojos rojos de su ahora esposo, y la mirada contraria fulminaba con rotundo odio a quien convertía en su "esposa".
— Por el poder que se me concierne; Les declaro Marido y Mujer. Puede besar a la novia
Había intentado huir esa misma noche, no deseaba casarse, y el erizo contrario tampoco deseaba unir su vida con la del oji-esmeralda, pero ese había sido el acuerdo al que había llegado con la madre de su esposo por el favor que esta le había rogado. El menor tembló, ahogando un chillido contra los labios ásperos de su esposo al este sujetar su nuca con presión y fuerza. Sentía las uñas del erizo oscuro profanar su piel, demostrando su arrogancia y desagrado, cerró los ojos dejando escapar las lagrimas que tanto había guardado, haciendo creer a los presentes mas cercanos que era el llanto de felicidad.
Pobre gente ingenua.
La ceremonia se organizó en la casa de la Familia del joven novio, la familia Speed. Los adornos eran tan caros y lujosos, la música reflejaba la alegría que debía verse en una ceremonia de boda, los invitados llegaban y tomaban asiento en espera de los recién casados, esperando recibirlos con los brazos abiertos y dar halagos y sus buenos deseos a la "feliz" pareja de casados.
Pero... Más sin embargo, era todo lo contrarió. Al finalizar la ceremonia en los interiores de la iglesia, los familiares, conocidos y pocos invitados se reunieron en sus círculos viciosos, deseando dejar a la pareja en su vínculo de unión. El menor temblaba y lo dejaba a flote con la mano entrelapsada con la del erizo a su lado.
— Espero que sepas ser una buena "Esposa"
Susurró el oscuro contra sus oídos.
Quiso llorar, llorar a mares y soltarse de las garras de su ahora marido ante aquel susurro. Solo pudo llorar, llorar en silencio, limpiándose las lagrimas con cuidado para no dañar el delineador y el maquillaje en sus mejillas para disimular un encantador rubor perfecto. Sintió desfallecer al llegar a las puertas de su casa, parecía querer hiperventilar y es que por primera vez jamás había sentido que su casa era tan grande, se sentía sofocarse algo que no ocurrió cuando su esposo sujetó con brusquedad su quijada obligándolo a mirarle, deseó escupirle en la cara en ese preciso momento pero tuvo que controlar sus impulsos.
— Cuando bajemos... Me vas a tomar del brazo, y quiero que sonrías, ¿Me entendiste?
Miró con rotundo odio a su marido, odiaba a ese erizo, y maldecía estar casado con un monstruo. Dio un manotazo a la mano de su esposo y escapó del auto directo al interior de la enorme casa, ignorando los llamados que hacía el erizo oscuro. Subió escaleras rumbo a su habitación con prisa, y es que en verdad odiaba a su madre por haber caído tan bajo, realmente se preguntaba ¿cómo tuvo tal valor para atreverse a vender su mano con tal de no quedar en la calle?
Al llegar, el azul gritó con rabia y dolor, sacando a flote todos esos sentimientos reprimidos en ese altar donde se acababa de unir en matrimonio a una terrible bestia, tirando al suelo todas sus pertenencias del pequeño escritorio. El azul esperaba casarse con alguien que amara y que lo amara a él, pero desgraciadamente y por azares del destino, terminó casándose con un patán, dueño de una de las grandes fabricas de la ciudad, solo porque para su madre, ese "hombre" tenía las condiciones y era lo suficientemente digno para abastecer sus necesidades primordiales, la única condición que tenía contra ese erizo macho... Era que debía comportarse como "una verdadera esposa". Sintió asco y unas grandes ganas de vomitar, se inclinó sobre su escritorio sintiendo las arcadas atorarse en su garganta sin poder escuchar que entraban a su habitación a invadir su espacio personal.
— ¡Te Estoy Hablando, Maurice!
Volteó a mirar a su esposo con repudio, directo aquellos ojos carmesí que deseaban matarlo. No tenía ni el más minimo temor que el erizo oscuro se mostrara enfadado.
— ¡Largate!, ¡No Deseo Escucharte!
— ¡Modula Ese Tono, Maurice!, ¡Que Soy Tu Esposo y Me Debes Respeto!
— ¡Más Respeto Lo Merece Un Perro!
Escupió tales palabras en la cara de su marido, algo que hizo enojar al erizo oscuro quien cerró la puerta de un portazo y se aproximó a sujetar el brazo de su esposo. El cobalto retrocedio torpemente antes de que su brazo fuera sujetado con fuerzas.
— ¡Cuida Como Me Hablas, Maurice!, ¡Que No Se Te Olvide Que Es Gracias a Mí Que Tú y Tu Estupida Familia No Están Durmiendo En La Puta Calle!, ¡Gracias a Mi Pudieron Pagar La Hipoteca De Tu Estupida Casa!, ¡Y Es Por Mí Que Tu Padre Pudo Salvar Su Puta Empresa!
- NADIE TE OBLIGÓ, Y SI DESPERDICIASTE TANTO DINERO FUE PORQUE ERES UN ESTUPIDO
Los ojos del ciruelo se cristalizaron, su mejilla ardía como nunca antes creyó sentír. No era la primer bofetada que le propinaban, ya sabía lo doloroso que se sentía, pero esa había sido diferente, desde ahí supo... Que su vida sería un infierno al lado de su "Marido".
— Escuchame bien, Maurice, por qué no volveré a repetirtelo. ¡Yo Te Compré!, ¡Así Que Me Debes Respeto!, ¡Y Debes Honrar, Como Una Esposa Hace a Su Esposo!
Dictó el erizo para tomar la quijada del azul, obligandolo a mirarle directo a los ojos.
- ¿Me escuchaste, Sonic Maurice?
El azúl derramó sus lágrimas, lágrimas llenas de enojo, ira, desesperación y tristeza. Miraba a su marido con odio. El no merecía ser honrado, ni por él, ni por sus padres. Lastimosamente, su madre fue la responsable de todo y su padre... Su padre fue envenenado con ideas de que eran una increible y "feliz" relación, su padre, Zokar Speed, estaba ilusionado y completamente felíz de que el menor de sus hijos, se hubiese casado.
— Preferiría mil veces la miseria... Que tener que vivir contigo infelizmente casado el resto de mi vida
El azabache rió de forma cínica, sujetó el rostro de su esposo entre su mano para escupirle crueles palabras.
— Pues es una lastima. Por que... Tu miserable y patetica e estupida vida ahora depende de mí. Así que hazme un favor, "Cariño". Cambiate... Y baja. Por que hoy mismo... Nos vamos. Te doy solo cinco minutos para que empaques tus porquerias
Sintío un fuerte nudo en la garganta, tantas emociones guardadas que lo sofocaban, estaba sufriendo, era un sufrimiento que se le clavaba en el alma. Sus lagrimas se derramaron una vez que su esposo le soltó, quiso maldecirle, gritarle cuanto le odiaba, pero desperdiciar palabras con tipos como él, no valían ni un litro de su saliva.
— Ah... Una última cosa, Maurice
Las orejas del azul se alzaron inconscientemente, empezaba a darle miedo ese hombre.
— Ni siquiera pienses en escapar, porque no llegarás ni a un puto metro de la vía principal
Su cuerpo tembló, y su mirada se topó esos ojos rubíes tan frivolos que le miraban de una forma que era incapaz de describir, cayó contra el suelo, abatido y herido una vez su marido le abandonó en el interior de esa habitación. Quería morir, morir de forma rapida y librarse de ese erizo por medio de la muerte, pero que caso tenía, si ese erizo movería mar y tierra con tal de retenerlo para hacerle sufrír.
- TE ODIO, SHADOW DOOM