Dragon
Izuku siempre tuvo una fascinación por las criaturas de las montañas.
Los híbridos, seres mágicos y criaturas extraordinaria llamaron su atención desde que era apenas un crío, así que en cuanto cumplió la mayoría de edad, dejó la pequeña aldea donde vivía y se adentro en su propia aventura.
Eventualmente, las cosas no resultaron como él planeo. A duras penas lograba salir ileso de los peligros a los que se enfrentaba, pues si bien se había entrenado y sabía manejar la espada, las criaturas que habitaban los bosques encantados no eran nada comparado con lo que estaba acostumbrado a lidiar.
Un día de esos y ya algo cansado de tanto caminar, se detuvo bajo la sombra de un frondoso árbol. Los rayos del sol apenas traspasaba las hojas y ramas de los árboles, era un buen clima para descansar después de una extensa caminata. Tomó asiento en el pasto y se recostó contra el troncon, dispuesto a cerrar los ojos un rato, sin embargo, el crujir del las ojos secas provocadas por unas suaves pisadas lo pusieron alerta y con rapidez, abrió los ojos y se puso en guardia, apuntando al intruso con su espada.
Al ver que se trataba de un Unicornio bajó el arma, sabiendo que eran unas de las criaturas más dóciles y nobles que se conocían no habría por qué estar a la defensiva. Así que Izuku se relajó y guardo la espada. Por el contrario, el animal comenzó a escarbar y dar fuertes pisotones con una de sus patas delanteras, relinchando y sacudiendo la cabeza con brusquedad.
Midoriya se quedó quieto, pues el comportamiento agresivo en ese tipo de equinos no es común y no hay nota que te prevenga de eso, así que dio lentos pasos a su izquierda, intentando irse lo más calmado posible para no molestar al animal, aun que ya era tarde, el unicornio se levantó en sus dos patas traseras y una llama lo envolvió, llevándose el pelaje tan blanco como la nieve y dejando en su lugar la piel pegada a los huesos.
Oh no.
Los vampire horse son criaturas extremadamente agresivas y peligrosas, de apariencia escalofriante y colmillos tan filosos capaces de destruir huesos de una sola mordida. Por lo general todo tipo de criaturas, seres y personas se mantenían alejados de estos animales debido a su fascinación por la carne y la sangre.
Izuku no lo pensó dos veces y se echó a correr, temiendo por su vida. Y como era de esperarse, la criatura corrió tras él, con velocidad abrumante. Izuku, por su parte, se armó de valor y se detuvo, saco su espada y se giro para enfrentar a la bestia sedienta de sangre.
Esta de inmediato tiro un mordisco, atrapando entre sus afilados dientes la espada de Midoriya y forsejeando para poder arrebatarsela, sin embargo, Izuku no la soltó e intentaba lastimatle la boca al falso ser mágico, pero la fuerza de esa cosa era mayor y logró su cometido, logrando arrancar el arma de las manos del muchacho y tirando lo al suelo debido a la fuerza del tiro.
Sin darle tiempo de levantarse, la bestia mordió la pierna derecha del peliverde, haciendole gritar de dolor, pero antes de poder arrancarla, el sonido de una explosión retumbó junto al chillido de dolor de la criatura, en medio de una pequeña nuve de humo se le vio correr y huir, dejando al muchacho herido.
Una nueva figura entre el humo apareció, asustado, Izuku se arrastro hacia atrás, aun que sabía que estaba perdido si se trataba de algun otro ser que intentase devorarlo. Para su fortuna o desgracia, se reveló ante él un joven alto y fornido, de vestimentas raras que no lograva reconocer de alguna aldea o tribu que reconociera, el extraño le miraba con un seño fruncido y una ligera aura de superioridad.
–Gracias... por salvarme– murmuró, esperando que entendiera su idioma.
–¿Eres idiota? ¿Nunca te enseñaron a no jugar con esas cosas?– preguntó iracundo, odiaba qué las personas lejanas al bosque lo tomarán tan a la ligera -Pueblerinos, son un dolor en el culo.
–Pudiste dejar que esa cosa me usará de alimento– se quejó el menor ¿que chiste tenía salvarle si lo menospreciaria después?
–Vamos, Bakubro no es tan malo– un tercero apareció. Esta vez un joven de cabellos rojos. Portaba una sonrisa particular de filosos dientes y en su espalda, un par de alas rojas.
Entonces Izuku lo recordó, la vieja leyenda de la gente dragón.
–Kirishima, vamonos– gruñó.
–Viejo ¿no piensas dejarlo ahí, verdad? Esta lastimado– abogó el mencionado.
–¿Y? No es problema mío.
Entonces el rubio comenzó comenzó caminar. Por el contrario, el nombrado Kirishima frunció el seño al ser ignorado por su amigo y aun después de lo que dijo, se giro y levantó a Izuku en sus brazos, mostrandole una sonrisa amable.
–No te preocupes, es su manera de decir que ayudara.
Midoriya no estaba muy convencido de aquello, pues el muchacho de ojos rojo caminaba frente a ellos sin dirigirles las mirada o una simple palabra, por lo qur todo el camino estuvieron sumidos en un silencio un poco incómodo.
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Izuku despertó en lo que parecía un nido de mantas, era bastante calentito. Sin embargo, con rapidez retiró las sábanas que lo cubrían, para darse cuenta de que su ropa había sido cambiada por una más ligera y similar a la que vestían los muchachos que lo ayudaron, y ahora su pierna se encontraba bendada también. No supo en qué momento en el camino se quedó dormido, tampoco en que momento le brindaron ayuda médica, ni siquiera sabía a donde lo había llevado, así que para poder averiguar un poco más, intento levantarse, pero al momento de ponerse de pie y dar un paso con la pierna derecha, de inmediato cayó al suelo.
–¿Qué mierda crees que haces? El hecho de que no duela no quiere decir que no esté lastimada, pequeño idiota– de nuevo el joven rubio, regañandolo al encontrarlo en el piso cuando iba a dejarle algo de comer.
Dejo el pequeño tazón de comida a un lado en una mesita y ayudo a Izuku a volver a la cama, para su sorpresa su trato fue delicado a pesar de su apariencia brusca y semblante duro.
–Gracias....
–Cállate y traga– contesta pasandole el tazón.
–¿Como te llamas?
–Katsuki...
–Mi nombre es Izuku.
–No te lo pregunte.
–Pero quería que lo supieras...
Después de ese día, Katsuki llevaba comida para Izuku por la mañana, por la tarde y noche, aveces le llevaba algunas frutas o dulces tradicionales de su pueblo. En sus visitas aveces lo acompañaba la curandera, quien explicaba los cuidados para la mejoría del peliverde y daba algunos tés por si había dolor.
Katsuki comenzó a compartirle información sobre su pueblo, sobre su gente. Tales como el hecho de que se mantenían alejados de la raza humana, pues las personas dragón habían sido cazadas por estos en tiempos pasados. Izuku también le explicó que las personas habían cambiado y habían dejado de ver a las criaturas mágicas como objetos de valor, afirmando que había una sana convivencia desde hace mucho.
Igual Katsuki contó que no les interesaba mucho convivir con los humanos, pues no están acostumbrados a su raza y mucho menos su raza a los humanos.
Fascinado y motivado por su curiosidad, Izuku preguntó más a cerca de la gente dragón, hubo un silencio incómodo y antes de que Izuku se disculparme por preguntar algo indebido, Katsuki salió de la habitación.
Al día siguiente Katsuki volvió a la habitación de Izuku no sólo con el tazón de comida, sí no también con un libro. Emocionado, arrebató el objeto de entre las manos del rubio una vez lo tuvo serca y comenzó a hojearlo.
–Primero come algo sabandija. Luego lees todo lo qur quieras– dice y le quita el libro con brusquedad, entregándole el tazón.
Los días siguientes Katsuki se arrepentía de haber llevado ese libro, pues Izuku mayormente se lanpasaba con las narices metidas entre esas páginas y casi, casi tenía que arrebatarle el libro a la fuerza para que pudiera comer o tomar un baño. Pues según el peliverde, tenía que hacer anotaciones sobre sus nuevos descubrimientos.
Sin embargo, Katsuki no lo dejó, si hacía anotaciones y había evidencia de su existencia probablemente habían posibilidad de que cayera en manos equivocadas una vez que el humano se fuera.... Katsuki no quiere que se vaya.
Una vez los días pasaron y la pierna de Izuku estuvo un poco mejor, Katsuki lo llevó hasta la pequeña biblioteca que tenía, donde guardaba libros que hablaba sobre su cultura, tradiciones, costumbres, todos a cerca de la gente dragón. Los ojos de Izuku brillaron y Katsuki se perdió en ellos.
En las semanas siguientes, todas las tardes el par de muchachos siempre iban a esa biblioteca un rato, Izuku leía esos libros y Katsuki se encargaba de despejar las dudas del menor para sus anotaciones, feliz aun que no lo expresará.
Él que decía despreciar a los humanos, ahí estaba, mirando reír a un humano flacucho y enano que salvo de ser deborado.
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Esa tarde Izuku estaba como de costumbre leyendo en la biblioteca, hace dos días que no mira a Katsuki. El chico pelirojo que ahora sabía que se llamaba Kirishima había ido a adecirle que no estaba en condiciones y por lo menos por una semana él se encargaría de llevarle su comida.
La verdad esos le entristeció un poco, no es que no le cayera bien el simpático pelirojo, pero le encantaba pasar tiempo con Katsuki, sentía que después del tiempo compartido ya se había acostumbrado a él.
Soltó un respingo cuando sintió unos fuertes brazos enredarse en su cintura y al girar su cabeza, pudo reconocer de inmediato la mata de cabellos rubios, Katsuki lo estaba abrazando por detrás.
–¿Kacchan?...
Un mote cariñoso con el que decidió molestarlo después de que el mencionado se refiriera a él como "Deku" que según Katsuki, en una de las traducciones de su idioma significaba inútil.
–Deku~
Murmuró de regreso en un jadeo ronco, en seguida sus labios comenzaron a recorrer el cuello de Izuku, haciendo que su piel se erizara y provocando que el libro que tenía en sus manos cayera al suelo. Por su parte, Kacchan no sólo comenzó a besar el cuello del más bajo, si no también a frotarse contra el trasero del menor, sacandole un jadeo.
–Kacchan ¿que estas....?
Ni bien termino de hablar cuando sintió como su cinturón era jaloneado con brusquedad, buscando deshacer el agarré. Nervioso, Deku sostuvo a Katsuki de sus muñecas y le dejó continuar. Kacchan desabotono el pantalón y lo bajo hasta sus muslos, mientras los besos en la nuca del pecoso no cesaban.
–No~
Protestó en un intento fallido por retirar las manos del rubio de sus caderas, como resultado obtuvo un apretón en la zona y una mordida en el lóbulo derecho de su oreja.
–Voy a frotarme. Cierra las piernas, no voy a meterlo....– "por ahora."
Inexplicablemente Izuku asintió, en seguida sintió el duro miembro de Katsuki rozar entre sus piernas, se sentía tan grande y estaba caliente, podía sentir claramente como palpitaba de vez en cuando. Mordió su labio inferior y acato la petición de Kacchan, cerrando sus piernas y aprisionado el pene entre sus muslos.
Entonces el rubio comenzó a moverse, los muslos de Izuku eran tan suaves y carnosos. Su piel suave y blanca, manchada de lindas pecas que resaltaban tan bien. Inclinó un poco a Izuku hasta dejarlo apoyado en el pequeño escritorio frente a ellos para poder tener una mejor vista de su culo, tan esponjoso y apetecible. Lo tomó entre sus manos y amaso con algo de brusquedad, lo que hizo que Deku soltara un gemido un poco más audible.
El peliverde no se explicaba el comportamiento tan repetido de Katsuki, sin embargo, sus besos y caricias parecían quemar en su piel, un calor que sin duda estaba comenzando a agradarle.
Entonces recordó fugazmente lo que leyó en uno de los libros; los dragones entran en una especie de celo durante 4 días cada 6 meses, con el fin de buscar copular para preservar la especie. Pero se supone que debe hacerlo con alguien que le de crías, no con un hombre y mucho menos humano.
El obsceno sonido húmedo comenzó a rezonar debido a los fluidos de katsuki que empezaban a empapar las piernas de Izuku, quien no estaba mejor. Se encontraba acariciando su propio miembro en busca de liberarse, pues no era suficiente con sentir el pene de Kacchan rozar una zona que no sabía que era tan sensible. Estaba de puntillas, inclinado más el culo hacia Katsuki, en busca de más contacto con él.
–¡Ah! Kacchan si ha~haces eso yo...
Desecho en jadeos y suspiros Deku intento hablar, sin embargo Katsuki aumento el ritmo de las embestidas y retiro la mano del peliverde de su miembro, siendo ahora él quien le masturbaba con empeño. Las piernas de Izuku temblaron y el cosquilleo en su vientre se hizo presente, su orgasmo estaba por llegar.
La vista era simplemente maravillosa para Kacchan, el culo de Deku rebotaba con cada embestida, estaba ligeramente rojo también debido a la fuerza con la que lo hacía y los apretones que había dado anteriormente, tomó con delicadeza al peliverde y lo enderezó hasta que su espalda se pego a su pecho, beso y mordió su cuello, dejando algunas marcas, mientras colaba una de sus manos por la camisa blanca, acariciando el estómago, subiendo hasta el pecho, donde aprisionó uno de los pesones del más bajo.
–Kacchan~ ¡Kacchan!
Dejó salir un gemido agudo acompañado de su esencia, manchando la mano de Katsuki y un poco el escritorio, donde el líquido viscoso se mezcla a con el del rubio.
Las respiraciones de ambos eran irregulares y en busca de recuperar el aliento, Izuku se tumbo en el escritorio, sosteniéndose de sus temblorosas piernas, pensando que con eso Kacchan se calmarla un poco. Que equivocado.
Ni bien habían pasado cinco minutos cuando sintió como sus nalgas eran separas y lo que él cree que es la lengua de Katsuki pasar al rededor de su entrada; se sentía tan cálida y húmeda húmeda fue imposible no dejar escapar un chillido de satisfacción, miró hacia atrás por sobre su hombro y ahí se encontraron sus ojos con los de Katsuki, lo que le hizo exitarse más, y por su parte, Kacchan puso más empeño en su trabajo.
Ver las lindas caras y sonidos erotico de Izuku eran lo más caliente del mundo, paseo su lengua desde sus testiculos hasta su ya palpitante entrada. La salida de la gente dragón servía como afrodisíaco en su época de calor para facilitar la exitacion y penetracion, así que procuro empapar bien la zona.
Una vez terminada esa parte del trabajo procedió a jugar con el lindo culo de Izuku, introduciendo primero un dedo, moviéndolo de a poco.
–Ka-cchan~ se siente raro...– intenta quejarse, decirle que pare, pero si somos sinceros, no quiere que lo haga.
–Pasará pronto. Me encargaré de eso– Katsuki lo tranquiliza con aquello y deposita un beso en una de sus boluptuosas nalgas, dejando una pequeña mordida que le sacó un gemido.
Después de jugar un poco haciendo círculos con su dedo, Kacchan metió uno más, ahora abriendo y cerrando sus dedos para dilatar de mejor manera el ano de su amante. Tiraba un poco de saliva de vez en cuando de nuevo, buscando no perder lubricacion y los gemidos de Izuku que ahora no contenía para nada le indicaban que hacia un bien trabajo, por lo que adentro un tercer dedo en el interior del pecoso.
–¡Ah!~
Lo encontró.
Los ojos de Izuku quedaron en blanco y se aferró al escritorio como pudo, los dedos de Katsuki habían tocado su punto dulce y ahora estaba masajeandolo sin piedad; rápido, duro. Sensaciones que no había sentido antes recorrían cada parte de su cuerpo, erizandole la piel.
Estaba por correrse una segunda vez, faltaba poco, solo necesitaba que Kacchan le acariciara un poco más.
Pero antes de poder sentir la gloriosa liberación, Katsuki se detuvo y retiro sus dedos del interior de Izuku, quien jadeo en protesta y en busca de una explicación, miró nuevo al rubio sobre su hombro, esta vez con el seño fruncido.
Sin embargo, su rostro se deformó en una expresión de placer cuando sintió la punta del pene de Katsuki entrar ligeramente en él y se corrió de tan solo sentirlo hasta la mitad; era grande, se sentía tan bien.
–¿Te corriste tan pronto? Esto apenas comienza, Izuku.
Susurró su nombre, tan erotico que sintió su interior vibrar.
–Mhg~
Movió sus caderas para que Kacchan lo metiera más, dándole a entender que se sentía tan bien que no dolía y con una sonrisa arrogante, el rubio entró completamente de una sola estocada, haciendo gemir fuerte a Izuku, quien se aferro al escritorio aun más, sentía ese duro miembro palpitar dentro de él. Sonrió con satisfacción.
Sus ojos se llenaron de lágrimas y de la comisura de sus labios escurrió un ligero rastro de saliva, el placer opacaba el dolor y Deku lo único que quería era tener a Katsuki hasta el fondo.
Por su parte, Katsuki comenzó a moverse, soltando gruñidos y gemidos graves, manteniendo un ritmo constante y un agarre firme en las caderas de Izuku, el maldito interior del pecoso lo derretía, le succionaba como si no quisiera soltarlo, tan cálido y resbaloso.
La lengua de Katsuki se paseaba en la piel expuesta del cuello del más bajo mientras las embestidas mantenían su ritmo constante y los gemidos de Izuku acompañados de frases inherentes o pidiendo por más a un volumen alto, el sonido del choque de pieles constrando y el rechinar del mueble donde Katsuki sometía al pecoso hacían un juego perfecto.
–Ka-cchan ya no... voy ah...~ voy a correrme~
Artículo entre lloriqueos gracias a la sobre estimación recibida, Katsuki golpeaba su próstata en cada estocada, haciendole poner los ojos en blanco y dejar su lengua de fuera mientras gemia incontrolablemente.
–Hazlo.
Apoyó el rubio, paró un momento y le dio la vuelta hasta tenerlo de frente, lo subió al escritorio hasta tenerlo recostado sobre el y él encima, lo beso en los labios con hambre y pasión, comenzando de nuevo el va y ven en sus caderas.
Los gemidos de Izuku se ahogaron en la boca de su amante, y Katsuki disfruto de cada uno de ellos mientras seguía hundiéndose en su cuerpo.
Unas embestidas más y Deku arqueo su espalda al ser azotado por su orgasmo, dejando salir un agudo gemido. Sentía no sólo sus piernas temblar, si no también el líquido caliente llenándolo por completo. Se sintió tan feliz.
–Quédate conmigo... Izuku~
Jadeo en su oído y eso lo estremeció, oírlo de esa manera y mirarlo actuar así se sentía tan íntimo. Paso sus manos al rededor del cuello del más alto y lo abrazó con gentileza, dejó un beso fijas en su labios y asintió.
–Si... Katsuki.
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