「❣」
No puede ser...
¡¿Por qué hoy?!
¡Creí estar lista para esto, pero es peor de lo que pensaba!
Su mente explotaba de emociones, apenas podía sostener firmemente el regalo. Sus piernas temblaban de los nervios, era comprensible después de tanto tiempo. Andrómeda le informó que no irían muchos, pero al parecer todo había sido planeado para ella...
Draco sintió que se le cortaba el aliento.
Desde que terminó la guerra no había visto a la Salvadora del Mundo Mágico, por lo que no tenía idea de cómo sería ahora. Por un momento se sintió frustrada, ya que había muchas cosas de las cuales no tenía idea, aún cuando a que apenas y tenía acceso al Profeta, no obstante, sus expectativas superaban a la realidad, Harriet lucía realmente bien con el traje un poco formal de color vino que hacía resaltar su bonita piel y ni hablar de su maquillaje natural que le hacía lucir aún más sus penetrantes ojos verdes y sus labios carnosos.
Su sobrina estaba a un lado, iba a dar un paso hacia adelante, pero titubeó, no se sintió con la valentía de acercarse, no con la presencia de la otra chica, mucho menos cuando una serie de recuerdos después de la escuela volvieron a su cabeza.
N-No... Piensa en Taddy... Piensa en tu esposo.
Al lograr tomar un poco el control y puso en orden los recuerdos de su vida pasada, se paró firmemente y haciendo acopio de su mejor expresión fue hasta la niña a entregarle su regalo.
La niña sonrió cuando la rubia estaba acercándose.
- ¡Tía Draco! -gritó con alegría la pequeña de cabello azul.
La rubia recibió a la niña con gusto, abriendo los brazos para sostenerla en un abrazo cálido.
- Hola, pequeña -saludó Draconem usando un tono de voz dulce.
- ¡Te extrañé mucho! Creí que no ibas a venir -balbuceó Taddy alzando su cabeza, pero sin dejar de abrazar la cintura de la rubia.
- No puedo creer que pienses eso de mí... Me entristece mucho.
E hizo una expresión como si realmente estuviera triste, aunque no aguantó por mucho tiempo y comenzó a reír, lo que provocó que la pequeña también lo hiciera.
- ¡Ay ya!, ten, espero que te guste.
Draconem le entregó el paquete cubierto con un llamativo papel de regalo.
- ¡Oh, gracias! Lo abriré cuando terminé mi cumple.
- Claro cuando quieras -respondió la rubia. Se inclinó le besó la frente.
Taddy se llevó el regalo al canasto y después fue a saludar a su tío Daphneigh.
- ¡Draconem, qué gusto, hija! -saludó Andrómeda con mucho ánimo.
- Digo lo mismo, tía -dijo Draconem con amabilidad, aunque se sentía algo nerviosa, no era la primera vez, era algo que siempre ocurría debido a los rasgos que su tía compartía con Bellatrix.
Después de una charla trivial y abrazos, Andrómeda le señaló hacia las mesas para invitados.
- Puedes sentarte por allá con tu esposo. ─La rubia asintió por inercia─. ¡Pásenla lindo!
-❣-
La tarde transcurrió entre miradas cruzadas, tenía a su rival sentada justo en la mesa de al lado, quien a su vez estaba rodeada de la familia de cabello rojo, era la única que resaltaba con su intenso cabello oscuro, parecía estar bebiendo de un buen whiskey y degustando unos deliciosos bocadillos.
La niña de pronto corrió hasta la pelinegra con la cara completamente colorada y sudada de tanto correr y jugar los juegos mágicos.
- ¿M-Madrina, me das algo para tomar? Por favor. -Pidió con la boca seca.
- Claro -respondió Harriet de inmediato buscando el refresco para servirle-¿Taddy no quieres recogerte el cabello? Siento que te está molestando -preguntó Harriet con amabilidad.
La pequeña metamorfobruja asintió mientras bebía el vaso rápidamente, la sed extrema se notaba. Ella se colocó de espaldas para que la joven de lentes comenzara a peinarla con los dedos y por fin separarlo en tres partes.
- Mira cuánto transpiraste -comentó Harriet entre risas mientras le hacía tranzaba su cabellera azul.
Los orbes grises observaban las delicadas manos de la ex Gryffindor, no tenía uñas largas, pero eso no importaba pues eran hermosas. Mientras miraba, algo llamó drásticamente su atención. Un anillo en la mano izquierda. Tenía un diamante rojo, no era muy grande ni muy chiquito lo cual hacía que le quedara a la perfección... pero eso no era importante cuando lo único en lo que podía pensar era una sola cosa.
¿Ella se comprometió...?
- Amor, olvidé mencionarte una cosa.
Apenas reconoció la voz de su marido, dirigió su vista hacia él.
- ¿Sí, Daphneigh?
- Estaba pensando... bueno de hecho tengo un traslador para pasar el verano en Tandil.
¿T-Tandil?
N-No allí... pensó sintiendo como si su corazón se exprimiera.
- ¿P-Por qué allí?
- Porque me lo han recomendado mucho para ya sabes.
- Amor... no creo que sea un buen... lugar para...
- ¿Por qué no? He visto imágenes muy lindas de los patrimonios de Argentina.
Antes de que respondiera, fue interrumpida por la voz de la salvadora.
- Ah, sí, también he viajado allá. Los hoteles y los paisajes son hermosos, sobre todo para hacer el amor con tu pareja.
Draconem se tensó ante el comentario ─el cual parecía ser totalmente inocente─ sabía que su esposo lo iba a tomar muy bien porque no conocía el transfondo de esas palabras. La aurora prácticamente le había lanzado una indirecta un tanto doloroso, por lo que se removió un poco de su asiento y siguió manteniendo su expresión neutra.
- Concuerdo con eso. ¿Y con quién fuiste? -preguntó curioso Daphneigh-. Debo confesar que no soy un ferviente lector de El Profeta.
Las manos delgadas de Draconem comenzaron a sudar, en un momento no creyó que Potter llegara a abrir la boca demasiado, ya que era bastante moralista en lo que respectaba a esos temas, pero la mirada verde de Harriet había permanecido muy distante, por lo que era probable que ya nada le importara.
- Sí, fui con mi amante del colegio, pasamos muy buenas vacaciones.
- Increíble, ¿cómo es que no me enteré? La casa de slytherin siempre estaba al tanto de los chismes. ¿Sigues con esa persona?
- No, ya no...
- No quiero verme muy entrometido, pero ¿Puedo saber el nombre del afortunado?
- Afortunada... Diría yo. -Harriet miró a la rubia que parecía ya no poder sostener ese semblante tranquilo-. ¡Olvídalo! Fue hace mucho tiempo de todos modos y realmente no quiero exponerla... A no ser que ella quiera.
Maldita... Pensó cruzando la mirada con la de la pelinegra.
- Cierto, es probable que ella no quiera. ─ Daphneigh estuvo de acuerdo.
- Lo que sí puedo es darte una pista.
- ¿Enserio? -preguntó Dafneigh interesado.
Ella asintió con una sonrisa.
Cuando la rubia vio que los labios rojos de Potter estaban por articular las palabras, se agarró al brazo de su esposo, se sentía cada vez más acorralada por el resentimiento que la pelinegra transmitía.
- Era de Slytherin, una cautivadora mujer.
- Me lo imaginaba, te enamoraste de la perfección.
- Tienes razón, ella era muy perfecta, corrijo, sigue siéndolo -contestó bebiendo el whiskey de fuego.
- Debo ir al tocador... -susurró Draconem cerca del oído de su esposo.
- Claro.
Con semblante despreocupado, se dirigió hasta el piso de arriba, al no haber nadie al final del pasillo se apresuró a llegar al baño para encerrarse. En el momento en que cerró la puerta, dejó salir toda su ansiedad, apenas podía regular su respiración, un ruido casi chirriante provino de sus manos, al bajar su mirada, notó que sus anillos golpeteaban en el mármol del lavamanos, estaba temblando.
Debía calmarse y seguir como si nada hubiera pasado, era la fiesta de su sobrina no podía arruinarlo por un problema personal.
Respiró hondo antes de proceder a lavarse las manos sudadas, no iba a dejarse amedrentar, su familia siempre había dicho que nadie debía verla débil y eso iba a hacer.
Al poco rato, mientras se estaba lavando la cara, se escucharon unos golpecitos en la puerta.
- Está ocupado.
De nuevo el desconocido volvió a golpear.
- ¡E-Está ocupado! -exclamó Draconem salpicando agua debido al susto que le provocó el escuchar que alguien se atrevía a abrir la puerta-. Tú...
- Hola, Malfoy.
- ¿Qué diablos quieres...? -dijo con un tono tembloroso.
- Pintar mis labios, ¿por? -contestó con simpleza mientras sacaba de su pequeño bolso un labial rojo.
- ¡¿Cómo qué por?!
- Claro, eso dije.
La de ojos grises cerró un poco la puerta del baño para encarar mejor a la ex Gryffindor, que estaba delante del espejo haciendo movimientos con su boca como un pez.
- Lo que dijiste allí abajo.
- Ah eso, ¿y qué tiene?
- ¡Casi me expusiste a mi esposo, Potter!
- Oh, entonces llegaron muy lejos...
- No me cambies de tema.
- Malfoy, tú sola te persigues, yo sólo dije lo que hice y punto. Tú ya no existías ¿Recuerdas?
La rubia se mantuvo callada al escuchar las últimas palabras, realmente no había nada que reclamar. Bufó antes de decidir marcharse, deseaba pasar lo menos cerca de ella, pero dicho pensamiento fue borrado cuando la pelinegra se interpuso en su camino, cerrando la puerta con su espalda.
- ¿Qué haces?
- ¿Tú que crees? -contestó de la misma forma.
- Ya, Potter, tú ganas ¿Sí? no metas a mi esposo en esto.
- ¿Tu esposo...? Que yo recuerde, ese lugar iba a ser mío.
- Ibas... Es pasado y debes respetarlo.
- Siempre lo he hecho.
- Hace un rato no, tirándome indirectas durante toda la fiesta ¿Es respeto para ti? -cuestionó preocupada.
En el rostro de Harriet se formó una sonrisa.
- Debí haberte pedido como pago a tus padres, ya sabes, por haberlos ayudado a que volvieran tranquilamente al mundo mágico. Como me arrepiento -dijo con seriedad, en sus ojos verdes, que alguna vez demostraron amor, se reflejaba la ira.
- Y a-allí tienes las consecuencias -contestó Draconem no queriendo verse intimidada.
Vio en los labios rojos de la salvadora como recitaba un hechizo verbal, acto seguido, la puerta hizo un ruido, Draconem supo que Harriet la había cerrado con seguro.
La rubia tragó en seco, por instinto trató de sacar su varita, la cual guardaba debajo de su vestido.
- Expelliarmus. -La varita que se encontraba allí escondida voló hasta su mano-. Me extraña que seas tan asustadiza conmigo...
- Ya quisieras que esté asustada -respondió con orgullo.
- Entonces... ¿Estas caliente? -Se lamió el labio inferior de manera coqueta.
- ¡Tengo esposo! -chilló indignada por la pregunta.
- Eso no evita que se te dilaten las pupilas, crees que no reconozco tu mirada hambrienta... Draco. -La rubia sostuvo por más tiempo su mirada-. ¿Ahora sí te atreves a mirarme fijamente?
- Cállate, la diferencia entre tú y yo es que no ando mendigando amor -contestó Draconem esperando amedrentarla.
- La real diferencia entre tú y yo ahora, es que yo no necesité cogerme a nadie más para demostrar algo.
En ese momento, las palabras de la Niña que Vivió, fueron como dagas en su corazón, era totalmente cierto, por influencia de sus padres había tomado algunas decisiones de las cuales se arrepentía. Aunque había terminado la guerra, aún continuaban con sus malditas quejas, primero Harriet, luego Astor y por suerte habían aceptado a Daphneigh, todo porque el linaje Malfoy debía seguir.
Una mujer no puede embarazarte. Recordó las palabras llenas de odio por parte de Lucius.
Aunque trataba de olvidar a la leona y esos momentos tan íntimos, era imposible, su esposo no se acercaba ni a los talones al enorme corazón que poseía la mujer. Sus cálidos besos que recorrían su cuerpo hasta estremecerla, sus caricias posesivas la hacían sentir tan querida, jamás había criticado su cuerpo y en sus brillantes ojos verde oliva se notaba que estaba fascinada, que la ponía tan cachonda. Se tomaba el tiempo para hacerla llegar hasta el final con su boca, sus manos y lo que fuera, era tan excepcional.
A pesar de esos bellísimos momentos con su media naranja, no podía, no quería defraudar a sus padres. Pronto iba a tener que engendrar a un hijo, aunque su esposo fuera malo para el sexo debía cumplir con su deber como el último miembro de la familia Malfoy.
Quiso irse, pero Potter continuaba frente a ella, volvió a intentarlo, una y otra vez buscando un espacio para escapar, pero fue en vano y no sólo eso, en un último intento fue acorralada contra la pared. El hecho de ser dominada de tal manera por la salvadora la hizo sentir algo que no había experimentado en largo tiempo, era un sentimiento tan apasionante. Aquella cercanía le hizo recordar viejos tiempos, lo que a su vez provocó que su vulva comenzará a empaparse.
- N-No.
- ¿No qué? -cuestionó acercándose peligrosamente al rostro de Draconem.
- E-Esto... -las manos de la pelinegra se estrecharon en la cintura de la rubia, quien se estremeció-. No puedo...
Su perfume me está drogando... pensó Draconem cerrando las piernas ante el sutil aroma a la champaña azul que emanaba la otra bruja.
Harriet no pasó desapercibido como el rostro de la rubia se tornaba rosa, signo de que la había hecho rendir ante sus encantos.
Sólo se apoyaban sus frentes y la miraba fijamente, ya que quería provocarla para torturarla un rato, no hizo más que eso.
Hasta que ella misma no pudo resistirse.
Movió las manos con lentitud tomando otra dirección. Las deslizó suavemente sobre el escote de tirantes en hallter verde hasta que llegó a los senos los cuales cabían en sus manos y las amasó lentamente.
Draconem se estremeció al instante, hasta este punto su orgullo había sido pisado, pues no podía negar los sentimientos que afloraban tan rápido.
- N-No... P-Por favor... -gimió la ex Slytherin al sentir el cosquilleo en sus tetillas.
Mientras tanto, la de lentes aprovechó el expuesto cuello para colocar un beso. Draconem dejó salir un leve jadeo, eso afianzó la seguridad de Potter quien besó tomándose su tiempo los puntos débiles de la rubia, quien liberó sus gemidos sin restringirse más. El estímulo era tan eléctrico.
- Harrie...-nombró como si fuera una súplica.
Los besos subieron de la garganta hasta llegar peligrosamente cerca de sus labios. Ambas jadearon, el ambiente se sentía tan caluroso que no se podían controlar.
- Amor~ -llamó Harriet con ternura, Draconem abrió sus ojos para mirarla-. ¿Acaso ya olvidaste cómo suplicabas por mí?
La de ojos grises no pudo mantener la mirada, aquellas palabras eran demasiado, así que ladeó la cabeza. La ex Gryffindor aprovechó eso para acomodarse en el espacio que quedó entre su cuello y cabeza para oír su respuesta.
- No... Jamás podría -contestó con voz temblorosa.
- ¡¿Y por qué sigues con él?! -En ese momento no pudo ocultar su enojo.
- Yo lo quiero.
Harriet comenzó reírse ante la obvia mentira. Llevó una mano al cuello pálido y lo apretó, pero no al punto de querer asfixiarla, sólo fue un ligero apretón.
- No me mientas, tú no lo quieres.
- Sí... Lo hago.
- ¿Él te dice todo lo que le haces sentir? ¿Te dice que te amará por toda la eternidad? ¿Al menos te toca dónde te gusta? ¿Sabe tocarte como yo? -En su voz se notaba la amonestación.
El silencio lo decía todo, dicha fidelidad no la había experimentado con Daphneigh, sino con su adorada niña dorada.
- Eso creí -murmuró con total confianza.
- ¡Ya déjame ir!
Draconem no soportaba más lidiar con sus emociones, no quería volver a tener que controlar sus sentimientos. Sentía miedo, pues sabía que en cualquier momento estallaría.
Mientras tanto, Harriet aflojó el agarre de la izquierda, la otra mano, la que se encontraba en el seno se fue deslizando hasta llegar a la falda. Acarició el muslo, la deslizó hacia arriba, metiéndola dentro de la prenda.
- Mi amor... -susurró la de lentes de manera provocativa-. ¿No me extrañas... Dentro de ti?
La rubia gimió cuando la ex Gryffindor hundió su mano dentro de sus bragas.
- N-No... Ngh~ -Draconem la tomó del brazo para hacer que se detuviera.
- ¿Ah no? Entonces explícame porque estás abriendo las piernas.
Hasta que fue mencionado, Draconem observó que era cierto, ya que más daba, era muy estúpido el contradecirla por lo que se dejó llevar. Harriet inició el beso de manera avasalladora, cinco años pasaron desde que esa boca y ese cuerpo ya no eran suyos, imposible olvidar aquella pasión.
La pelinegra introdujo su lengua dentro de su amante con mucha vulgaridad, Draconem siguió su ritmo como pudo hasta que la mano que agarraba su cuello se desplazó por dentro del escote para tomar el pezón y apretarlo suavemente.
- Ah~ H-Harrie...
- Esto es sólo el principio -dijo al terminar de besarla.
De su bolsillo sacó un condón, lo abrió ante la expectante rubia. Antes de colocarlo, le bajó las bragas hasta el nivel de las rodillas y se colocó el preservativo en la mano derecha entre el dedo del medio y el anular.
- Qué mojada estas... -susurró la pelinegra con deseo al rozar sus dedos en su entrada.
- N-No... -dijo con voz temblorosa al sentir que estimulaba su cavidad.
La mano izquierda desató el listón que sostenía el escote, dejando expuesto el pequeño busto, los labios de la leona se apoderaron de esas rosadas tetillas y como resultado, Draconem gimió con intensidad. Harriet sabía muy bien que esa zona era su debilidad, sabía muy bien donde tocar para que ella se rindiera a sus pies.
- ¡Ah! A-Ahí no, harás que me... -su garganta se cerró en el segundo en que la ex Gryffindor metió los dedos en el interior de la vulva.
- ¿Dijiste algo...? -cuestionó presionando sus cálidos besos en el cuello expuesto de Draconem, no pudo decir ni una palabra cuando la de lentes empezó a penetrarla-. Eso creí.
El calor que emanaba su cuerpo pegado al suyo, la estaba enloqueciendo. Draconem la deseaba tanto que dejó de resistirse, llevó sus brazos alrededor del cuello de la leona. Sus piernas apenas se podían sostener ante la deliciosa estimulación.
Las embestidas fueron lentas al principio para lograr mejor lubricación, la vulva de la ex Slytherin estaba completamente apretada, pero deseosa de que Harriet la hiciera un desastre.
- M-Más, Harrie... Ngh~ -gimió queriendo que se hundiera por completo para sentir aún más el cosquilleo de placer que el contacto le provocaba.
- Esa es mi chica. -En la voz de la pelinegra se notaba la nostalgia.
El sonido de los gritos de placer no tardó en inundar el baño, la mano de Harriet estaba sacudiendo su interior con rapidez, situación que estaba provocando que la rubia estuviera a punto de correrse. Draconem no pudo aguantar no poder tocarla, por lo que le desabotonó como pudo la camisa blanca. Allí estaban, esos pechos grandes y redondos adornados con un sexy brasier color piel.
Se acercó y besó el cuello de La Salvadora para luego hacer a un lado al brasier y succionar el oscuro pezón. Harriet no tardó en gemir también, la sensación de la cálida lengua recorrer sus senos eran muy placentero.
- D-Dragona... te extrañé mucho -expresó Harriet con anhelo.
La leona con sus dedos apuntó en la zona erógena situada en la pared anterior de la vagina.
Llegó un momento donde Draconem no pudo continuar con lo que hacía ya que apenas podía gemir por el placer intenso.
- ¡Y-Yo igual, Harrie! -Apenas si pudo decir el nombre de su amada, su cuerpo fue sucumbido al enorme placer que sentía en su pelvis-. ¡Gyaaaah~!
Las piernas de Draconem apenas si se sostenían, su entrepierna eyaculaba y ni hablar de la cintura para arriba, sentía que se estremecía por completo.
Toda la piel blanca había quedado marcada por el intenso labial rojo. Además de que su piel estaba colorada, causa del esfuerzo excitante; su piel perlada de sudor, su cabello dorado y prolijo había sido despeinado en tan poco tiempo y los rosados pezones permanecían aún erectos.
Harriet aún permanecía agarrando el delgado cuerpo de la rubia, no quería separarse de ella, no podía. La amaba tanto, la deseaba con todo su ser, era su alma gemela en todo sentido. De su mano izquierda quitó con un poco de dificultad el anillo con el diamante rojo, y con magia se deshizo de los condones.
- Sí fuera por mí te haría mía por completo, pero es el cumpleaños de mi ahijada... -susurró la de gafas en el oído de la contraría.
Tragó en seco ante la voz sensual de la pelinegra.
- La quiero demasiado por lo que no continuaré instigan a algo que no deseas y que dé como resultado arruinarle su cumpleaños... pero al menos ahora sabes que estás a tiempo de volver conmigo, amor.
Los orbes grises adornados de lágrimas se quedaron observando como la salvadora le colocaba el anillo en el dedo anular izquierdo, sobre poniéndose al que le había dado Daphneigh.
-Después de esto ¿M-Me olvidarás tan fácil? -Los ojos color oliva brillaban, era tan obvio que aquel brillo se debía a las lágrimas contenidas, lágrimas de angustia al saber que Draconem estaba con alguien más-. L-Lo siento, debo volver y tú también... Te amo
Antes de separarse, Harriet unió sus labios con lentitud por última vez. No quería que ese momento se convirtiera en una despedida, deseaba transmitir a través de ese beso una súplica, el anhelo porque la rubia recapacitara y volviera con ella.
Después de ese último gesto de amor, la salvadora recitó un hechizo que la dejó impecable, como si su encuentro anterior jamás hubiera ocurrido, acto seguido, se retiró del baño.
Draconem no pudo aguantar las lágrimas. Se había hecho fría y distante por esforzarse tanto en lograr enfrentarse a Harriet en una situación similar... pero, como siempre, Harriet lograba derretirla y doblegarla en segundos, con ella nunca podía reprimir sus verdaderos sentimientos. Sin embargo, lo que acababa de ocurrir sólo significaba una cosa, debía de tomar una decisión, nuevamente.
- Lo siento...
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─... Daphneigh