Pre-Apocalipsis
Era un inicio de semana aparentemente como cualquier otro. La joven de pelo castaño se levantaba temprano para poder alcanzar el primer metrobus que la ayudaba a acercarse a la farmacia en la que trabajaba. Sus ojos aĂşn no se abrĂan por completo, seguĂa teniendo esa sensaciĂłn adormecedora. Caminaba por las calles de la Atlanta cubierta por aquella luz del amanecer, ella admitĂa que era muy bonito, pero cada vez que intentaba mirar al cielo sus ojos comenzaban a doler por la luz que el paisaje emitĂa.
Las cosas parecĂan ir extrañamente bien para sorpresa de la castaña, se sentĂa relajada, nadie habĂa acudido a la farmacia en toda la mañana, cosa muy poco usual, sobretoso para aquellas fechas, el invierno se habĂa hecho presente y el frĂo atacaba la ciudad. Lana pudo oĂr un grito desgarrador, lo que la alertĂł bastante, haciendo que se agachase escondiĂ©ndose tras el mostrador, fuĂ© en ese instante cuando un hombre de edad avanzada entrĂł a su lugar de trabajo gritando histĂ©rico. —¡Me acaban de morder! ¡AyĂşdame! —Gritaba desesperadamente, Lana se dirigiĂł a la despensa a buscar utensilios de emergencia, sin embargo cuando volviĂł el hombre se habĂa desplomado en el piso, Lana fuĂ© a acudirlo de forma inmediata, cortando rápidamente la parte de la polera que cubrĂa la herida. ComenzĂł a vendarlo lo más rápido que podĂa, sin embargo la sangre no dejaba de salir y el hombre no daba señal alguna de vida. A pesar del temor que invadĂa a la chica, hizo cada cosa que le habĂa sido enseñada, intentando salvarle la vida.
Pasaron unos minutos y el hombre despertĂł. Lana, que estaba en cuclillas a un lado suyo soltĂł un suspiro aliviado, sin embargo aquella mĂnima sensaciĂłn de calma que pudo sentir por unos momentos se desvaneciĂł por completo al ver como el hombre se paraba y rápidamente corrĂa hacia ella violentamente. —¡AlĂ©jate! ¡Por favor, socorro! —Gritaba aterrorizada al ver como el hombre que habĂa ayudado hace un par de minutos intentaba morderla. Por la adrenalina de la situaciĂłn, Lana pudo tomar el hacha de emergencia y clavarla en la cabeza del hombre, cosa que le puso fin a su vida instantáneamente. QuerĂa llorar ÂżEn serio acababa de matar a una persona? Su expresiĂłn atemorizada bastaba para entender el shock en el que estaba.
Lana no se pudo permitir procesar la situaciĂłn, ya que justamente luego de eso, pudo volver a sentir gritos, sin embargo estos se hacĂan cada vez más fuertes, a lo que la joven decidiĂł acercarse a la entrada del local, pudiendo ver el caos que se estaba desatando, era horroroso. En cuanto empezĂł a ver que la horda de personas se acercaba a la farmacia, saltĂł lo más alto que pudo y cerrĂł la puerta enrollable, rápidamente buscando el candado para que nadie pudiese abrir desde afuera.
CorriĂł rápidamente a buscar todo lo necesario que pudiese encontrar en su sitio de trabajo, no tenĂa idea de lo que estaba sucediendo pero no iba a volver a aquella farmacia, ni en sueños. Entre la desesperaciĂłn, una idea apareciĂł en la cabeza de la joven, una que normalmente le parecerĂa descabellada o simplemente impensable, pero debido a la situaciĂłn, no tenĂa la necesidad de hacer lo que es considerado correcto.
TomĂł el hacha que habĂa utilizado una media hora atrás, y subiĂł las escaleras para encontrarse con una puerta. —Uno... —ComenzĂł a contar algo nerviosa. —Dos... —ContinuĂł con el conteo sin poder evitar que su corazĂłn palpitase más rápido. —Y... ¡Tres! —RompiĂł la puerta de madera para luego ingresar rápidamente al domicilio de su jefe, el cual se encontraba de viaje en Texas.
En cuanto se pudo tranquilizar un poco, fuĂ© al balcĂłn, asomándose lenta e indecisamente. En cuanto pudo ver, se arrepintiĂł profundamente de haber tenido la curiosidad de quĂ© sucedĂa afuera. La calle estaba llena de personas comiĂ©ndose a otras mientras los autos hacĂan una gran fila para salir del lugar, sin embargo los infectados arremetĂan contra los autos intentando quebrar las ventanas para devorar a quienes se encontraban dentro de los vehĂculos. A pesar de que tenĂa ganas de correr, se quedĂł allĂ. "Tengo que saber como funcionan." PensĂł, obligándose a sĂ misma a ver la desagradable escena. Su mĂ©todo podĂa parecer desagradable y poco humano, sin embargo pudo comenzar a entender lo que sucedĂa.
Lana no podĂa sacar de su cabeza lo que habĂa visto. Su cabeza reproducĂa las traumantes imágenes todo el tiempo, sin embargo no podĂa preocuparse por eso ahora, tenĂa que comenzar a alistar todas sus cosas, no iba a quedarse allĂ hasta que la comida y agua se acabasen para luego morir. Las llaves del auto de su jefe estaban en la mesita de centro, las tomĂł y guardĂł en su bolsillo para luego empezar a guardar todo lo que consideraba Ăştil en grandes bolsas de basura, tanto como ropa, comida, agua y las cosas que habĂa tomado de la farmacia.
La calle seguĂa infestada de aquellas agresivas y disgustantes criaturas que en algĂşn momento fueron personas, sin embargo la congestiĂłn vehicular cada vez era menos; era la hora de salir de allĂ. Lana tomĂł sus cosas y comenzĂł a bajar las escaleras de la farmacia. BuscĂł las llaves para luego abrir el candado que recientemente habĂa cerrado. InflĂł su pecho decidida y se armĂł de valor, abriendo la puerta enrollable rápida pero ruidosamente, acciĂłn que alertĂł a las criaturas que se encontraban cerca, cosa que no le importĂł, sabĂa que eso sucederĂa, lo Ăşnico que le importaba en ese instante era escapar con vida de ese lugar. EncendiĂł y abriĂł la puerta del auto que daba al asiento del conductor, tirando a los asientos de atrás la bolsa que cargaba consigo para cerrar la puerta lo más rápido que pudo. Las desquiciadas criaturas corrĂan lo más rápido que sus piernas les permitan intentando llegar al auto, sin embargo Lana arrancĂł rápidamente, dejándolos atrás.
La mujer conduciĂł hasta las afueras de la ciudad, donde no se podĂan ver aquellas criaturas, fuĂ© allĂ cuando se encontrĂł con un grupo de personas detenidas junto a sus automĂłviles y una casa rodante, mirando fijamente a la ciudad. Lana estaba confundida. —¿QuĂ© mir- —No pudo terminar la oraciĂłn debido al shock que la invadiĂł en cuanto mirĂł a la direcciĂłn a la que aquellas personas observaban; Atlanta estaba siendo bombardeada. —Mierda. —FuĂ© lo Ăşnico que pudo pronunciar ante el macabro espectáculo que se le proporcionaba ante sus ojos. SentĂa como su respiraciĂłn se agitaba y su corazĂłn se encogĂa, decenas de personas aparecieron en su mente al ver como la ciudad ardĂa en llamas.
Lana estaba completamente deprimida, su rostro transmitĂa desesperanza, todo su mundo se derrumbaba al ver a los diversos edificios caer.
Cuando viĂł al grupo de niños no pudo evitar recordar a su pequeña hermana, cosa que hizo que su corazĂłn se enterneciese, provocando que fuese a buscar las paletas que habĂa encontrado en la despensa del apartamento que pertenecĂa a su jefe. Les entregĂł a cada uno de los pequeños una paleta, recibiendo sonrisas y agradecimientos devuelta.
La intensidad con la que Lana extrañaba a su hermana era ciertamente poco sana, y odiaba el hecho de confundir a su pobre corazón haciéndole creer que otros niños son ella, porque no lo son ni lo serán. Ella murió y no volverá.