Metanoia [TWD]

Summary

—Lana, ¿Qué hay después de la muerte? —Preguntó su pequeña hermana. —No te preocupes por eso Marie, seguramente no hay nada. —Respondió seriamente. Lana Rooney es una bella pero terca mujer. Tiene 21 años, su pelo es lacio y largo de un suave color café. No es muy amistosa, pero tiene su grupo de amigos, Lana Rooney piensa ser un simple personaje extra entre muchos más, pero mierda, que equivocada está.

Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
16+

Pre-Apocalipsis

Era un inicio de semana aparentemente como cualquier otro. La joven de pelo castaño se levantaba temprano para poder alcanzar el primer metrobus que la ayudaba a acercarse a la farmacia en la que trabajaba. Sus ojos aún no se abrían por completo, seguía teniendo esa sensación adormecedora. Caminaba por las calles de la Atlanta cubierta por aquella luz del amanecer, ella admitía que era muy bonito, pero cada vez que intentaba mirar al cielo sus ojos comenzaban a doler por la luz que el paisaje emitía.


Las cosas parecían ir extrañamente bien para sorpresa de la castaña, se sentía relajada, nadie había acudido a la farmacia en toda la mañana, cosa muy poco usual, sobretoso para aquellas fechas, el invierno se había hecho presente y el frío atacaba la ciudad. Lana pudo oír un grito desgarrador, lo que la alertó bastante, haciendo que se agachase escondiéndose tras el mostrador, fué en ese instante cuando un hombre de edad avanzada entró a su lugar de trabajo gritando histérico. —¡Me acaban de morder! ¡Ayúdame! —Gritaba desesperadamente, Lana se dirigió a la despensa a buscar utensilios de emergencia, sin embargo cuando volvió el hombre se había desplomado en el piso, Lana fué a acudirlo de forma inmediata, cortando rápidamente la parte de la polera que cubría la herida. Comenzó a vendarlo lo más rápido que podía, sin embargo la sangre no dejaba de salir y el hombre no daba señal alguna de vida. A pesar del temor que invadía a la chica, hizo cada cosa que le había sido enseñada, intentando salvarle la vida.


Pasaron unos minutos y el hombre despertó. Lana, que estaba en cuclillas a un lado suyo soltó un suspiro aliviado, sin embargo aquella mínima sensación de calma que pudo sentir por unos momentos se desvaneció por completo al ver como el hombre se paraba y rápidamente corría hacia ella violentamente. —¡Aléjate! ¡Por favor, socorro! —Gritaba aterrorizada al ver como el hombre que había ayudado hace un par de minutos intentaba morderla. Por la adrenalina de la situación, Lana pudo tomar el hacha de emergencia y clavarla en la cabeza del hombre, cosa que le puso fin a su vida instantáneamente. Quería llorar ¿En serio acababa de matar a una persona? Su expresión atemorizada bastaba para entender el shock en el que estaba.


Lana no se pudo permitir procesar la situación, ya que justamente luego de eso, pudo volver a sentir gritos, sin embargo estos se hacían cada vez más fuertes, a lo que la joven decidió acercarse a la entrada del local, pudiendo ver el caos que se estaba desatando, era horroroso. En cuanto empezó a ver que la horda de personas se acercaba a la farmacia, saltó lo más alto que pudo y cerró la puerta enrollable, rápidamente buscando el candado para que nadie pudiese abrir desde afuera.


Corrió rápidamente a buscar todo lo necesario que pudiese encontrar en su sitio de trabajo, no tenía idea de lo que estaba sucediendo pero no iba a volver a aquella farmacia, ni en sueños. Entre la desesperación, una idea apareció en la cabeza de la joven, una que normalmente le parecería descabellada o simplemente impensable, pero debido a la situación, no tenía la necesidad de hacer lo que es considerado correcto.


Tomó el hacha que había utilizado una media hora atrás, y subió las escaleras para encontrarse con una puerta. —Uno... —Comenzó a contar algo nerviosa. —Dos... —Continuó con el conteo sin poder evitar que su corazón palpitase más rápido. —Y... ¡Tres! —Rompió la puerta de madera para luego ingresar rápidamente al domicilio de su jefe, el cual se encontraba de viaje en Texas.


En cuanto se pudo tranquilizar un poco, fué al balcón, asomándose lenta e indecisamente. En cuanto pudo ver, se arrepintió profundamente de haber tenido la curiosidad de qué sucedía afuera. La calle estaba llena de personas comiéndose a otras mientras los autos hacían una gran fila para salir del lugar, sin embargo los infectados arremetían contra los autos intentando quebrar las ventanas para devorar a quienes se encontraban dentro de los vehículos. A pesar de que tenía ganas de correr, se quedó allí. "Tengo que saber como funcionan." Pensó, obligándose a sí misma a ver la desagradable escena. Su método podía parecer desagradable y poco humano, sin embargo pudo comenzar a entender lo que sucedía.


Lana no podía sacar de su cabeza lo que había visto. Su cabeza reproducía las traumantes imágenes todo el tiempo, sin embargo no podía preocuparse por eso ahora, tenía que comenzar a alistar todas sus cosas, no iba a quedarse allí hasta que la comida y agua se acabasen para luego morir. Las llaves del auto de su jefe estaban en la mesita de centro, las tomó y guardó en su bolsillo para luego empezar a guardar todo lo que consideraba útil en grandes bolsas de basura, tanto como ropa, comida, agua y las cosas que había tomado de la farmacia.


La calle seguía infestada de aquellas agresivas y disgustantes criaturas que en algún momento fueron personas, sin embargo la congestión vehicular cada vez era menos; era la hora de salir de allí. Lana tomó sus cosas y comenzó a bajar las escaleras de la farmacia. Buscó las llaves para luego abrir el candado que recientemente había cerrado. Infló su pecho decidida y se armó de valor, abriendo la puerta enrollable rápida pero ruidosamente, acción que alertó a las criaturas que se encontraban cerca, cosa que no le importó, sabía que eso sucedería, lo único que le importaba en ese instante era escapar con vida de ese lugar. Encendió y abrió la puerta del auto que daba al asiento del conductor, tirando a los asientos de atrás la bolsa que cargaba consigo para cerrar la puerta lo más rápido que pudo. Las desquiciadas criaturas corrían lo más rápido que sus piernas les permitan intentando llegar al auto, sin embargo Lana arrancó rápidamente, dejándolos atrás.


La mujer condució hasta las afueras de la ciudad, donde no se podían ver aquellas criaturas, fué allí cuando se encontró con un grupo de personas detenidas junto a sus automóviles y una casa rodante, mirando fijamente a la ciudad. Lana estaba confundida. —¿Qué mir- —No pudo terminar la oración debido al shock que la invadió en cuanto miró a la dirección a la que aquellas personas observaban; Atlanta estaba siendo bombardeada. —Mierda. —Fué lo único que pudo pronunciar ante el macabro espectáculo que se le proporcionaba ante sus ojos. Sentía como su respiración se agitaba y su corazón se encogía, decenas de personas aparecieron en su mente al ver como la ciudad ardía en llamas.


Lana estaba completamente deprimida, su rostro transmitĂ­a desesperanza, todo su mundo se derrumbaba al ver a los diversos edificios caer.


Cuando vió al grupo de niños no pudo evitar recordar a su pequeña hermana, cosa que hizo que su corazón se enterneciese, provocando que fuese a buscar las paletas que había encontrado en la despensa del apartamento que pertenecía a su jefe. Les entregó a cada uno de los pequeños una paleta, recibiendo sonrisas y agradecimientos devuelta.


La intensidad con la que Lana extrañaba a su hermana era ciertamente poco sana, y odiaba el hecho de confundir a su pobre corazón haciéndole creer que otros niños son ella, porque no lo son ni lo serán. Ella murió y no volverá.