Titanic |Eremika|

Summary

Un iceberg y el amor que nunca piso tierra se llevan de la mano. El mismo jamás se apago pero lo físico es más fácil de perturbar. Mikasa Ackerman necesita ser libre, aquella libertad que le quitaron al nacer entre nobles y tenerse que casar con Colt Grice por la muerte de su padre que lo ultimo que les dejó fueron sus deudas. Eren Jeager era un hombre libre sin raíces que le enseñará la verdadera vida en tan solo cuatro días. Porque todos conocen que paso en la madrugada de ese fatídico quinto día. Una pequeña historia intensa y dañina.Y todo aquel que no la conozca está condenado a repetirla.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Parte 1-Pobres con dinero


10 de abril de 1912.


El rugido de los motores triples se escuchaban al prepararse para zarpar. Habían dos entradas las cuales eran de fácil acceso sobre todo la principal y más importante donde pasaría junto a cientos de personas de mi misma clase.


El cielo estaba muy claro al recién llegar la tarde, las gaviotas y mas grazneos complementaban la bella vista y un sabor a salado que seguramente todos recuerden.


El barco nombrado El Titanic fue una ingeniería nueva llamada el barco que nunca se hunde. El responsable fue Erwin Smith, conocido ingeniero naval británico que metió sus manos varias veces para crear aquella obra que en estos instantes estaba siendo contemplada y dibujada por artistas ya sea callejeros o los más finos que seguramente colgarán en galerías de arte.


Alcance ha ver al capitán que estaba sonriente en la proa del barco, vestido de un traje de terciopelo azul marino reconocible desde lejos.


Estaba caminando en una extensa fila tomando el antebrazo de mi comprometido. Colt se le veía entusiasmado al querer convivir con las personas de nuestra clase social ya que esto le abriría varios campos.


A comparación de lo que pensaba, la atención y comer mariscos varias veces al día no era del todo mi agrado pero lo soportaría porque seria un final digno.


No era y nunca fue mi intención querer hacerlo pero ahora no vería otra opción.


Sentí como el perfume varonil y característico de él era más intenso al acercarse a mi oído—Sonríe más, pensaran que estas deprimida.


—Estoy triste por dejar mi hogar —claramente era una mentira que el se creería—No te preocupes, durará menos de una semana el viaje —su sonrisa extendida y que a muchos los ablandaría para mi solo era una mueca más.


Por que se que es perfectamente falsa.


Nos hicieron una pequeña revisión y veía pasar carros juntos a caballos con equipajes de todo tipo para el viaje de unos cuantos días.


—Diríjanse a la ala derecha del navío —Señaló el piso debajo de la zona del mástil—. Un gusto por recibirlos.


Avanzamos cada vez más adentrándonos a los pasillos con toques dorados y blancos. En el camino nos topamos a la nueva millonaria que portaba una sonrisa y el ultimo vestido que saco el mas famoso diseñador. Hange Zoë esta casada con el señor Moblit Berner que hace pocos meses encontraron oro en unas tierras que rápidamente los trajeron aquí.


—Querida, Mikasa Ackerman cierto—se acerco tomando de la manos.


Asentí curveando los labios lo contrario a mi madre que la miraba sobre el hombro. Kiyomi nunca se rebajaría al nivel de alguien nuevo, teniendo en cuenta nuestra situación es una hipocresía.


—Es una felicidad conocerla en persona —la señora Zoë fue la que permitió el negocio del oro a mi familia al saber que mi padre había fallecido.


Me agradaba mucho al no comportarse como los demás y ser un poco más... risueña.


Fue cuestión de tiempo darme mi habitación y mi equipaje que estaba siendo colocado dentro de si. Entre ellos mis objetos de valor más importantes.


Empece a decorar con excéntricos cuadros que tenían formas curiosas y colores vibrantes que a primera vista me llamaron la atención.


Intentaba buscar un lugar apropiado que los hagan relucir emocionándome por hacerlo—Creo que en esa pared quedaría bien.


Una de las sirvientas llamada Amanda asintió, era bastante agradable y me ayudó en todo mi proceso de acomodo.


Un toqueteo formal se produjo en la puerta pero al estar abierta pude ver directamente su causante.


Sonreí contenta enseñándole el cuadro que tenia entre manos—Colt mira estos cuadros ¿Crees que se verían bien en ese lugar?


No señale con las manos pero era suficiente con dirigir mi mentón. Se veía fresco con su saco blanco y detalles dorados, ademas de ese cabello rubio envidiable.


—Mikasa no entiendo tu fascinación con la pintura. Esos cuadros de manos me dan repelus —Se acerco tomando uno—. ¿Cual es el pintor? No creo que sea el más famoso al costar tan poco.


—Un tal Picasso —observe la firma que estaba en la parte de atrás—.Un tal Picasso —repitió con risa.


—Créeme jamas se hará famoso.


Dejo el cuadro a un lado acercandose a mi—Preparate para la noche, te tengo una sorpresa.


Me susurro a centímetros de mis labios, su vapor que olía alcohol me hizo quedarme estoica.


—Lo esperare con ansias —mentí nuevamente extendiendo mis labios y apegándome a su pecho buscando plantarle un beso en la mejilla. El tiempo paso monótonamente, asistí a cenas completamente aburridas donde en muchas mi presencia sobraba.


Y ha decir verdad, quien me querría si esta sentado Colt Grace delante de ellos. Prefería que siga siendo así.


Salí a contemplar el atardecer sintiéndome extrañamente atraída al agua. En este punto se veía infinita y tan fresca que sólo desearía saltar por momentos. Y se que eso no solo sería para refrescarme


Respire hondo repetidas veces intentando encontrar una calma que veo lejana.


Por el rabillo del ojo logre ver a un grupo de hombres, sobre todo uno que me veía con sus ojos claros directamente. Los tenía rasgados por la claridad que llega a lastimar las retinas.


Estaba un piso más abajo lo que intuí que era de la segunda o tercera clase. Decidí no mirarlo y seguir contemplando la vista pero unas pisadas firmes y el tirón que me obligó a voltear dejando ver el ceño fruncido de mi comprometido.


—Mikasa que haces aquí afuera —me jalo para que este junto a él

—, entra no quiero volverte a ver fuera.


Obligada tuve que meterme de nuevo a los pasillos alfombrados tan pulcramente que me daba nauseas.


Cerro la puerta que servia que no perturbara la paz de los objetos con las fuertes ventiscas pero ahora mismo era lo que más deseaba.


—Eres una imprudente —eso estuvo de más y él lo sabía al pasarse las manos por el cuello—. Mi dama...


Reafirmar lo que era obvio me hizo morderme la lengua.


—Vístete elegante, tendremos una cena en pocas horas —me soltó mirándome a los ojos—. Quiero que seas el centro de atención.


—Así será.


Su sonrisa me carcomido por dentro una vez mas—Irán por ti, ve pensando en que comer.


Asentí nuevamente—Procura peinarte bien, al parecer te sentó mal la corriente del aire —me miro de arriba abajo y sobre todo mi cabello.


—Sí... Colt.


—Claro, te dejaré sola llama a las criadas para que te ayuden.


Como siempre lo ha hecho cerró al puerta de la habitación dejándome con un sentimiento ahogado, algo más que algo hundido en el agua.


[...]


—¿Te gusta? —turnaba la mirada entre el collar que me estaba pasando demasiado o la cara de Colt pegada a mi cuello.


—Es muy bonita.


—¿Nada más?


—Gracias, eres maravilloso —busque darle un beso que el gustoso recibió.


—Ya estas lista para la cena —se levanto para separarse acomodando su saco me ofreció su brazo.


Sonreí tomándolo y avanzando junto a él. En el camino soltaba unas cuantas cosas sobre las personas que conoció, los pactos que tendría y que me veía hermosa con el collar azulado con el diamante más grande entre todos.


—Estaban tardando un poco —Kiyomi me vio con su misma cara de seriedad que conozco desde niña.


—Disculpe estábamos consultando unas cuestiones los dos —me planto un beso en el dorso de la mano yendo a su asiento junto a mi madre.


Empezaron a hablar sobre política la mayoría de la mesa. Me voltee a ver a la señora Zoë intentando hablar sobre otras cosas.


Realmente ella era interesante y en un punto hablamos sobre como era París, un lugar donde no he podido ir pero por su boca sonaba extraordinario.


En la mesa habían cajas de tabaco pareciéndome buena idea consumir uno ya que nadie me prestaba atención y solo necesite la aprobación de la señora Zoë para fumar.


—Mikasa por favor apaga esa cosa, sabes que no me gusta —dejo el tenedor con fuerza encima de la mesa para pausar todas las charlas de la mesa.


Colt estiro su brazo tomando el cigarro y aplastarlo en uno de los ceniceros—Lo sabe perfectamente —baje la mano con una mueca asintiendo.


—Ya vinieron los platos de comida —La señora Zoë habló después del silencio incómodo que surgió.


Clavaba el cuchillo repetidamente en el centollo ignorando las tijeras pequeñas al lado derecho de mi mano.


Estaban hablando de invitaciones a nuestra futura boda que me desgastada cada vez que la escuchaba o con tan solo pensarla me drenaba la energía como ahora lo hacía.


Sentía que me estaban absorbiendo el alma y todo el brillo que en algún momento pude tener, las invitaciones ya estaban repartidas y no había vuelta atrás.


Ya no podía escapar, físicamente ahora estaba amarrada de mi cuello con la correa elegante del diamante más azul.


Tenía que sonreír a cada cosa que soltaba por la boca mi comprometido, sentía que cada vez que lo hacía me pesaba la cara que cada vez estaba más comprimida.


Empece a temblar inconscientemente, algo que noto la señora Hange.


—Querida estas bien —hablo en un susurro pero me levante abrupta que por consecuencia la mesa se tambaleó llevándome todas las miradas—. Disculpe necesito ir afuera.


Salí intentando apartar todas las personas de mi camino y apenas salí de su campo de visión empezando a correr al lugar que vi en esta tarde.


Tenía miedo y las lagrimas se me salían silenciosamente, despidiéndome de todo y todos, en mi mente porque se que físicamente no estaba preparada.


Subí unas escaleras viendo el lugar exacto, no lo dude mucho por ya haber planeado esto apenas abordar.


Pero cuando ya estaba afuera, me paralicé viendo el fondo del mar. Tenía que gritar pero se que nadie me escucharía.


Poco a poco me volvía loca al sentirme sola pero rodeada de quinientas personas todos los días y mucho más ese día en el que tendré que atarme junto a él toda la vida.


—No lo haga —me dio un escalofrío y no fue por el frío—¡No camine! —hable inestable mientras me tambaleaba en la barandilla.Alguien más me veía desde atrás.


—No camine más.


Me hice para delante intentando no pensar pero el se acercaba aún más.


—Por favor dame la mano.



Eren


Todos nos rodeaban en un circulo observando el premio y a los jugadores que estaban dándose miradas matadoras.


Y yo, era uno de ellos.


—Tú turno —el hombre que según el era venía de París en busca de aventuras apostó dinero por dos boletos de tercera clase para el barco que estaba a metros de nosotros.


Cambie una carta escogiendo otra del ramo, siendo el último movimiento antes de revelar.


—Estamos apunto de presenciar como cambiará la vida de unos y como empeorará la de otros —sonreí a lo que ellos lo hicieron también.


—Es tu turno Connie —Le di una palmada en la espalda esperando a que voltee sus cartas. Pronto el sonido de un impacto contra la mesa reveló el interior.


—Nada.


Mire al hombre de pelo castaño oscurecido dando vuelta—. Nada.


Préstamos atención a su acompañante el cual repitió el gesto teniendo dos pares.


Yo era el último suspirando—Que mal.


Mi amigo se volteo abriendo la boca—¡Apostaste nuestro dinero idiota! —se iba a levantar pero rápidamente voltee las cartas dejando a relucir las mayores.


—¡Que mal porque extrañare mucho Southampton ! —empece a reírme y su cara dio un giro a la alegría.


—¡Nos vamos a América!


Sorprendidos y emocionados llamamos la atención de las personas que eran ajenas a lo que sucedía en nuestra mesa.


El chico delante mío se levanto enfadado dispuesto a dar un golpe seco pero el que lo recibió fue su compañero.


Seguíamos celebrando guardando en una bolsa las monedas, relojes y más cosas de valor junto a los boletos no creyendo lo que pasaba.


—Jóvenes si piensan subirse a ese mounstro les aviso que zarpa en cinco minutos.


Me acomode el cabello que debido a la agitación y la energía de Connie estaba enredado.


—Son los suficientes —sonreí empezando a soltar palabras y despedidas alzar—. ¡Los amo ingleses!


—Ha este que le pasa.


—No lo se pero no es de aquí.


Salimos junto a esa tintineante campanita que nos recibió en un inicio. Junto al extraño que conocí hace media hora empezamos a reír e ir a nuestro futuro.


Corríamos como desquiciados esquivando coches y personas que estaban apelotonadas para despedirse de sus familiares.


—Corre más rápido.


Vi el pequeño puente de madera que daba a un pequeña puerta que tenia toda la intención de ser cerrada—¡Esperen! Tenemos boletos.


—Pasaron por revisión —Pregunto con aires afirmativos a lo que asentimos—Somos Americanos, sabemos de estas cosas —sonreí intentando convencerlo dejándonos pasar.


Fuimos corriendo por el delgado pasillo lleno de gente sorprendiéndonos estar aquí—¿Por qué seguimos corriendo?


—¡Por la emoción amigo! —Connie se saco su sombrero venteando se—. Nuestro cuarto es...  —revise el pequeño papel anaranjado.


—Es el que esta a la derecha.


Quisimos comprobarlo y estábamos en lo correcto. Nos hicimos espacio saludando a otros dos ingleses que estaba allí.


Eran dos literas y al parecer me tendría que dormir en la de abajo porque Connie se veía extremadamente cómodo en la de arriba.


Luego de asentarnos decidí dar un paseo por todo el barco, incluyendo los almacenes y las zonas donde los esclavos daban todo su ser para prender el fuego que propulsara el barco más grande del mundo.


Salí a cubierta encontrándome un grupo de jóvenes. Se veían agradables a sí que decidí unirme.


—Bertolto Hoover —me extendió su mano interesado por mis dibujos —Tienes un nombre complicado sabes .Me llamo Eren Jeager.


Termine de sacarle punta al carboncillo soplando su polvo preparado para dibujar contestando a su acto—Eren Jeager ¿Qué situación te llevo a este lugar?


—La suerte de una mano de cartas y mi astucia.


—Confías en el destino eh.


—Cada hombre escribe su suerte, o por al menos eso dicen —reí observando a una mujer y un niño que inmediatamente empece a plasmar en mi cuaderno.


Eran tipos agradables que compraron boletos para la segunda clase, se notaba su asentó irlandés lo que me divirtió haciéndole preguntas.


En un punto el atardecer se vio tan intenso como el azul ultramar del agua. O incluso superando al color amentolado del verde.


Me apenaba no poder retratar los colores pintos del atardecer, eran tan espectaculares que un lápiz de grafito no llegaría a poder plasmar su calidez.


Estaba distraído haciendo boceto tras boceto de las personas pasajeras que iban y venían.


Pero alguien se asomo junto a ella una brisa que me obligó a mirarla.


Una mujer bella cubierta de ropas elegantes y un collar con la piedra más grande y brillosa de todas.


Me distraje sintiéndome avergonzado cuando ella me vio pero giro su vista de nuevo. Connie tornaba su vista entre nosotros.


—Eren esa mujer jamás te haría caso.


—No he dicho nada.


—Tus ojos lo dicen todo —levante una ceja cuestionándolo peor el se hecho a reír. Quise buscarla de nuevo pero lo ultimo que vi era a un hombre jalándola para entrar bajo techo.


Verla siendo forzada me hizo carcomerme y pensar si ellos en verdad deseaban esa vida, pero no podía hacer absolutamente nada para comprobarlo.


[...]


Salí del cubículo en el que he estado durmiendo pero no olía precisamente bien. Tenia la libertad  de salir al exterior y fue precisamente por eso estaba acostado en una banca.


Las estrellas eran casi invisibles al ser tapadas constantemente por nubes. Quería observar su brillo y el resplandor que varias veces me abrazo por las noches.


La calma y la satisfacción al escuchar el mar, estar casi solo en ese momento y ver a cualquier lado encontraría madera pulcra y no ladrillos viejos me daban paz.


Paz que no duró mucho cuando escuché los pasos inestables y el llanto retenido de la chica que paso velozmente al lado mío.


Levante la cabeza viendo donde iba y si alguien la seguía pero estaba sola y los demas la observaban.


Fuera de mi campo de visión sentí que algo malo estaba por hacer. Me pare y salí caminando rápido pero al verla subirse a las barandillas sentí el impulso de correr para que no haga lo que se le cruce en la mente.


Porque pensaría que esa es la única forma.


—No lo haga —hable con un tono alto pero el suficiente pata que el resto de las personas no se altere—.¡No camine!


Claro que lo iba hacer —, no camine mas —me detuve extendiendo lo que más pude mi brazo—. Dame la mano.


Me encogí para verme lo menos amenazante que pueda.


—No necesito su ayuda.


—No lo hare —metí la mano a mi pantalón sacando una bolita de papel y lo único que se me ocurrió es avanzar un poco aunque sea con su amenaza de lanzarse al agua friolenta, pude conseguir otros centímetros.


—¿Qué insinúas? No presuma saber lo que haré y lo que no haré —Sonaba muy desprotegida.


—Ya hubiera saltado si esa era su intención.


—Me esta distrayendo váyase —Avance un paso más pero la distancia entre nosotros persistía. Las aguas estaban muy oscuras y cerca de las hélices.


Si saltaba sabía que era la muerte segura y no podía permitir eso.


—No lo haré —empece a sacarme el abrigo mientras me miraba dudosa—No necesito su compasión.


—Sí salta iré detrás de usted —me senté en un pequeño banco desatando me los zapatos.


—No sea absurdo, morirá apenas saltar.


—Soy un buen nadador.


—Las aguas estarán heladas —afirmó algo que era obvio pero no la corregiría—. He vivido en ciudades donde sus inviernos son crudos. Lo soportare.


—No lo entiende —soltó un gemido de cansancio mirando hacia bajo—.No, no lo llego a comprender pero se que hay otro tipos de caminos.


Moví lentamente la mano que estaba siento observada cada segundo—Mira al frente —sone más suave y quise dirigir su atención a otras cosas. Me obedeció sorprendentemente volteando su cara.


Dos estrellas que paulatinamente brillaban pero una lo hacia más que otra. Sus ojos oscurecidos por la inmensidad del mar me daban curiosidad al ahora mismo verse como los de una niña viendo un caramelo.


Era digna de dibujar sin ninguna petición pero entre hacer eso o estar involucrado en una muerte estoy seguro de convencerla que nos ea la segunda opción.


—Son bonitas —Empezo a relajar sus hombros pero seguía estando en peligro—. Donde vivía solían ser casi invisibles, me sorprende que brillen tanto. Me alegra estar aquí y haber podido verlas junto a usted... gracias.


Eso la sorprendió captando su atención, quise cantar victoria pero me contuve.


—No agradezca, no sea tan modesto.


—No enserió, muchas gracias —el silencio de nuevo se hizo presente pero era más cómodo.


—Desearía brillar como una estrella.


—Lo hace —afirme pero ella no se inmutó—. Aunque aveces tengo suficiente con mi vida.


—Por qué dice eso —Me interese colocando mis codos en la única barrera que no permitía caernos.


—Estoy hastiada de todo —tenia una faceta triste y sus ojos estaban aguosos.


—Por favor, deme su mano —la coloque tan cerca de ella como pude—.Se que tiene miedo pero no merece sufrir.


Me miró dudosa tomando de mi mano aliviando me. La apreté enderezando me mientras se daba la vuelta para pasar su pierna al suelo pero dio un resbalón.


—¡No me sueltes! —su voz ahora sono totalmente diferente—.No lo haré, solo, solo coloca tu pie y propulsate.


—¡No puedo! —empece a entrar en pánico jalando  pero era demasiado difícil cuando ella estaba pateando e intentando mantenerse cubierta.


El sonido del agua que producía las hélices empezaban hacerse más fuertes—¡Ayúdeme! —grito de nuevo y con todas mis fuerzas apreté el abdomen hechando mi espalda hacia atrás.


Sentía que se me resbalaba de las manos teniendo que agarrarla del cuerpo o del ante brazo.


Con miedo y sabiendo que estaba apostando mi vida y la de ella saque mi torso tomándola del tronco logrando alzarla y tirarla al suelo.


No fui delicado, pero quien lo seria si estaba apunto de hacerse añicos y congelarse.


No había notado a los hombres que venían hacia mi—¡Arresten lo!


¿Qué?


Levante la cabeza pero de inmediato me tumbaron al piso tan fuerte como lo hice con ella empezando a amarrarme las manos—¡No hice nada!


Bueno, hice algo y fue tirarla como un saco de vegetales que seguramente si vieron.


—Esperen —su voz sonaba agitada pero se callo al ver a un hombre bien vestido—.Mikasa que haces afuera.


Su voz sonaba amenazante y extrañamente apaciguante. Estaba siendo rodeada por una cálida manta a lo que pude soltar un suspiro.


Mikasa... es un lindo nombre.


—Señorita Ackerman ¿Este hombre la agredió?


Un hombre mucho mayor y se notaba que era un guardia se dirigió a ella. Me miró de reojo, sus pupilas estaban retraídas y se veía mucho más asustada a comparación  cuando quiso saltar.


—Yo... quería ver la chapa de acero y resbale, el me ayudo a no caer.


—¿Eso es cierto?


Su mirada era una suplica que inmediatamente asentí—Sí, estaba un poco distraída.


Eso sorprendió al hombre—Entonces no le hizo nada.


Negó y su resoplo no se hizo esperar—Dicen que las mujeres y los barcos no se levan bien.


Me voltearon a ver de arriba abajo al no tener zapatos y solo una camisa sencilla.


—Es un héroe —la carcajada ronca y vieja del guardia empezó a relucir en un momento equivocado.


El hombre me vio a los ojos, los tenia oscuros y cafés haciéndolo ver mayor.


—Te agradezco, eres un chico de la tercera clase... cierto —su sonrisa me hizo morderme la lengua—Sí.


—Sueltenlo —sono arrogante e inmediatamente estaba libre. Me acaricie las muñecas viéndolos ir.


Me daba tristeza verla tan... desprotegida, no era el mayor conocedor de la primera clase pero estoy seguro que no son libres.


Y eso, es lo más pobre que conozco.


Por un momento los hombres estaban secreteándose volteándome a ver—Joven, le daré veinte dólares por su ayuda.


No quise decir nada desubicado pero eso me dio gracia.


—¿Esa es la tarifa por salvar a la mujer que amas?—su voz bajita pero perfectamente pronunciada intento reprocharlo.


Seguía hablando con el guardia hasta que regreso hacia mi manteniendo distancia—Cuál es su nombre.


Claramente no estaba interesado—Eren Jeager.


—Jeager, estas invitado a la fiesta de la próxima noche —bufe pero me calle al instante al seguir siendo su atención—Es un honor.


—Lo se.


Sin más se dio media vuelta regresando con la mujer que me veía con una sonrisa de agradecimiento.


Ahora me veía en la obligación de asistir a una fiesta que estaba completamente seguro no sería bien recibido.


Nunca lo fui, y eso me emociona.




Mikasa


Necesitaba citar aquel hombre que me ayudó para no perder la vida en el mar y ahora. Me sorprendió que me siguiera la versión y deseaba agradecérselo en persona.


Tuve que pedírselo a Colt que aunque me mirase mal acepto hasta que las trompetas anuncien el comienzo de la fiesta que es más una comida y un pequeño baile de lo más formal y aburrido.


No tuve que esperar mucho al encontrarme en la cubierta su presencia llena de seguridad y aunque fuese pobre su elegancia que seguramente venía de su espalda recta y ojos me llamaba la atención.


—Señor Jeager...


—Eren —me miro a contra luz—Eren... quiero agradecer por lo que hiciste, y por su discreción al salvarme.


Pause para verlo y su mueca de la cara por el sol se veía cálida. Me acerque un poco más a él—Como esta.


—Bien, no piense que soy tan imprudente como lo que paso la noche pasada.


—No lo creo.


—Se lo que ha de estar pensando —solte pero su sorpresa no se hizo esperar—¿Lo hago?


—Pobre niña rica... que sabe ella de tristezas —pare de caminar asentándome en la baranda de madera viendo al mar.


El se sentó en unas cuerdas colgando observándome—No, claro que no pienso en eso.


Me sentí ridícula por confesárselo pero hablo nuevamente—Me pregunto que le pasaría para pensar que no habría otra escapatoria.


—Fue todo... fue todo mi mundo y toda la gente que esta en él —tuve que sonar desesperada para haber captado toda su atención—Bonito anillo.


Pare  de agitarme para verme la mano—Sí... se han enviado quinientas invitaciones ya.


Suspire viéndolo pero ahora sus ojos se notaban más intensos—Toda Filadelfia asistirá y me siento tan... atrapada. Pero no se podrá retrasar la boda —pase las manos por la cara intentando tranquilizarme.


—Me alegro —hice una mueca por defecto algo que no dejo pasar—, no te veo contenta.


—Usted no me conoce.


—. ¿Lo amas?


Abrí la boca por su audacia—Esta no es una conversación apropiada —pase atrás el mechón de mi pelo.


—¿Porque no respondes a mi pregunta? —Sonaba divertido indignándome pero sabía que no era tan enserió.


Reí por la sorpresa viéndolo—No me conoce y yo no lo conozco.


—Yo soy Eren y tú Mikasa —abrí de nuevo la boca al ver como me tuteaba—. Eres grosero, tosco y engreído... Y ya me voy.


Le extendí la mano que gustoso la recibió agitandola arriba abajo—Eren, señor Jeager fue un gusto.


Agite con más fuerza la mano sin separarme—Para mi también fue un gusto —sentía que era tan pegadizo que no lograba despegarme de sus ojos siguiendo con nuestra pose.


—Creí que ya se iba —note como me quede quieta mientras seguíamos haciéndolo—Sí, ya me iba.


Me di la vuelta caminando dos pasos pero voltee de nuevo—Usted es tan irritante —su sonido que constaba de una risa pero más grave me irritó. Me di media vuelta sintiendo como me observaba pero pare a los cuatro pasos recordando todas las personas adineradas que estaban descansando.


—Espera, esta es mi parte del barco, ¡Tú tienes que irte! —señale a su costado—. Uh, vaya ¿Ahora quién es la grosera?


Quede boqui abierta recorriendo todo su cuerpo encontrando una libreta que llevaba cargando todo este tiempo—Que traes en ese estupido cuero—sin titubear me acerque arrancándosela en busca de algo para que perturbe su paz y le saque su sonrisa imperturbable.


—¿Eres un artista, un reciclador o algo así?


—Yo diría que si —me irritó su tranquilidad pero apenas abrí la libreta me di cuenta de que si, era un artista.


Me aleje un poco de él creyendo que me la arrebataría de las manos pero lo único que hizo fue meterlas en sus bolsillos—Esto... si es bueno —Quise pasar las páginas rápido pero me distraje mucho encontrando un lugar para sentarme y apreciarlas.


Página tras página bocetos a carboncillo dejaban relucir figuras de manos, mujeres desnudas y objetos del ambiente.


—Eren este trabajo es... refinado, podrías ser perfectamente un pintor reconocido.


Su bufido me hizo mirarlo—Bueno, no pensaron eso en París.


—París —repetí asombrada—, viajas mucho para ser pobr...


Me detuve inmediatamente intentando pensar en otra cosa menos insultante—para ser alguien limitado.


Su carcajada que por un momento me apaciguo el estrés al saber que no se ofendió—Anda dilo,soy pobre—su sonrisa me engancho pero volví a prestar atención a los dibujos—.Eres bueno viendo a las personas.


Pase de página observando cada detalle que pudo haberle dado—Te veo a ti.


—Eso fue muy audaz.


—Me encanta hacerlo, aunque casi nunca me lo permiten —me levante pero rápidamente el me siguió gustándome como se veía.


—En París imagino que estabas acostumbrado a dibujar mujeres hermosas —le entregue su libreta—.Hay muchas que ofrecen a ser plasmadas en dibujos que podrían llegar muy lejos.


Abri la boca en gesto de asentir lo que le dio gracia—No siempre estoy en lugares tan exóticos como lo es París.


—Entonces cuéntame los lugares a los que has visitado —el sol del atardecer cada vez era más intenso dándonos toques anaranjados viendo al mar.


—He trabajado en muchas cosas, sobre todo en caballos.


—¿Caballos? Suena interesante, siempre he querido montar uno.


Imagine como seria trotar, sentir y ver como los músculos del caballo se esforzaban para sentir una libertad efímera ya que siempre terminaban dentro de un corral.


Me sentía tan identificada con los grandes corceles que puede sonar paranoico.


—Cuando bajemos te subiré a un caballo y recorreremos todas las playas —me gusto que se esforzará en darme planes que claramente se que no se cumplirán—.No se montar caballo.


—Te enseñare todo lo que necesitas para ser una buena vaquera —levante una ceja levantando el mentón—. ¿Me Enseñaras escupir como un buen vaquero?


—¡Te mostraré!


—No Eren era broma.


—¡Vamos te mostraré! —se veía emocionado mientras me jalaba con todas sus fuerzas del brazo—¡Eso es imposible!


Me llevo a una parte de un pasillo que tenia acceso al mar—Para mi no —se acerco a la baranda tomando fuerza—, mira y aprende.


Infló su pecho como una paloma levantando su garganta para escupir al agua.


—¿Ves? esa llegó lejos, vamos hazlo.


—Eso es asqueroso.


Arrugue la nariz viéndolo—Ahora te toca —el ambiente era muy bueno como para estar hechandolo para atrás.


Tome fuerza haciendo un sonido con los cachetes sin expulsar nada.


—Que deprimente ¡Tienes que garraspear de verdad —se notaba muy inspirado haciéndome reír mientras hacía gestos con la mano intentando enseñarme físicamente ha mover la lengua.


Pero los múltiples sonidos de tacones pegando contra el piso me hizo voltear hacia atrás cuando el estaba apunto de escupir.


Le clave las uñas en sus manos marcadas lo que le dolió suficiente como para atragantarse y verme.


Kiyomi estaba viendo repulsivamente a Eren el cual se peino con la mano—Mikasa que haces junto a... —Sonaba indignada haciéndome encoger.


—Madre te presento a Eren Jeager, el fue el que me ayudo la noche anterior de caer.


Solo asintió con una mueca ventenadose mientras me miraba.


—Parece que es indicado para los momentos difíciles —Hange río junto a él llevándose murmullos y criticas de otras mujeres que estaban atrás de mi progenitora.


Trompetas resonaron por toda la planta de la primera clase—Por qué insisten en anunciar la cena como una carga caballería —sonreí por eso viendo a mi madre que seguía frunciendo los labios—.Nos vamos a cambiar madre.


La tome de la mano insistiendo en caminar.


—Nos vemos en la cena Eren.


Se despidió levantando su mano sonriente quedándose allí.




Eren


Su espalda era tan bonita que quisiera ahora mismo trasarla e impregnarla en mi cuaderno pero la señora sonriente estaba aún a mi costado—¿Sabes lo que esta haciendo?


Abrí levemente los ojos atento—Creo en lo que mi mente está deacuerdo.


Su sonrisa corta y un poco fingida para mi gusto termino al verme—Te meterás a la boca del lobo.


—Lo se perfectamente.


—¿Qué piensas usar? —mire mi torso señalandome, nego con su cabeza cerrando sus ojos—.Eso supuse, ven sígueme.


Camine hacia un lugar de sombreros poniéndome uno junto a un saco—Necesito camuflarse para que entres a mi camerino.


—Usted no piensa en las consecuencias verdad —divertido me acomode la manga que era extremadamente larga—. Lo único que dira mi esposo es que no te regale joyas como si fueran calcetines.


No tardamos tanto tiempo en llegar a un cuarto con adornos tan pulidos y perfectamente tallados que me emocionaba conocer la habitación de Mikasa.


—Ponte esto y procura no hacer movimientos bruscos.


Me empujo al baño cerrando la puerta—¡Te espero afuera!


Eso creí. Me coloque lento y mirándome en el espejo con cada prenda nueva que me colocaba después de la rápida ducha.


Me peine un poco con agua para verme mejor. Salí y su mirada de afirmación me hizo creer que estaba bien—Estas muy guapo Eren Jeager, brillas como una moneda nueva.


Viendome al espejo me senti digno, me sento bien em peinado hacia atras y lo ajustado de la prenda dejando lucir mi porte se veia a la altura de todos los de aquella sala.


—¿Te gusta? Sabia que eras de la misma talla que mi hijo —sonrió triunfante al embellecerme—. Si señora Zoë, es buena haciéndolo.


Le sonrei y una extraña sensación de aceptación de mi mismo y los demás empezaba a surgir.


Conocería lugares que en otras oportunidades jamás podría haber estado. Junto a los ricos talvez podría encontrar algo más.


Bueno, específicamente junto a Mikasa y algo en mi se encendía cada vez más al pensarla.





Espero que les haya gustado, nos vemos en la próxima parte.


Chau.