¿Marriage? (Kiis • Kaisagi) by Yogurt at Inkitt
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¿Marriage? (Kiis • kaisagi)

Summary

AU Omegaverse, fantasía, magia, era antigua. A Michael Kaiser (α) no le importaría destruir el mundo con tal de conseguir lo que quería, y lo que más deseaba era Isagi Yoichi (Ω). o donde Kaiser convierte a Isagi en su esposa a través de un matrimonio arreglado. • ⚠️advertencias ⚠️ noncon, dubcon, ooc, feminización, age-gap, underage, mpreg, embarazo adolescente, toxicidad, posesividad, boypussy. Isagi es muy babygirl, omega kawai y sumiso, tiene 14 años en toda la historia. La edad de Kaiser será un misterio para los lectores, pero sí, es un asalta cunas(? Kaiser top/alfa x Isagi bottom/omega.

Status
Complete
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

I

Un leve rubor se forma en las mejillas de Isagi Yoichi en cuanto ve a Itoshi Rin blandir la espada. No podía creer cómo lograba lucir increíble y emocionarlo como si fuera la primera vez. Sin duda, para Yoichi, Rin era el mejor Alfa que pudo conocer.


Cada vez que lo veía, no podía evitar sentirse feliz, y su corazón latía con fuerza cada vez que escuchaba su voz. Con el pasar de los días, a pesar de que Rin era completamente frío y distante con él, Yoichi ya había caído rendido a los pies del Alfa.


Allí fue la primera vez que el omega experimentó a lo que llamaban "enamorarse", claro que esto no era un secreto. Para Rin fue muy fácil saber los sentimientos de Yoichi, y por supuesto, fue correspondido a los pocos días, algo que llenaba de felicidad el corazón del chico más bajo.


Sin embargo, había un problema, y ese era que Rin no había cambiado para nada su comportamiento. A pesar de que ya eran una pareja, seguía siendo frío, distante, también solía insultarlo diciendo que era una molestia. Pero ahí seguía Yoichi, admirando al Alfa que tanto decía amar, entendiendo que esa era la forma de amar para el más alto.


—¡Eres increíble, Rin-san! —se acercó a él con una sonrisa divertida. 


Tomó la mano del Alfa, pero él la apartó al instante.


—Aún no es suficiente para superar a Nii-chan. 


Yoichi suspiró, y negó con la cabeza, así que intentó consolarlo.


—Para mí ya eres mejor que cualquier otro Alfa... —susurró, dedicándole una dulce sonrisa.


No le gustaba cuando Rin se menospreciaba por su hermano mayor, Itoshi Sae. Para Yoichi, no había nadie mejor que su fuerte novio, a pesar de que este era demasiado frío con él.


Rin le dedicó una mirada, como si quisiera matarlo con ella, algo que en realidad a Isagi no le asustaba. Sabía que eso era algo normal en el Alfa, es más, hasta pensaba que se veía sexy cuando este decía que lo iba a matar. Por esa razón, a veces encontraba divertido molestarlo un poco, ya que, de todas formas, nunca le hacía daño de verdad.


—No entiendes nada —le dijo mientras guardaba su espada—. Ya sé que soy el mejor para ti, esa mierda no me importa.


—Aun así, deberías descansar por ahora —le entregó una cantimplora con agua sin darle mucha importancia a lo que había dicho.


En realidad, ya estaba más que acostumbrado a esos comentarios crueles, y eso no le impedía seguir siendo un omega servicial para él. Rin aceptó el agua, bebió un poco de ella y volvió a entregársela a Yoichi sin decir una sola palabra de agradecimiento.


—Sabes que debo seguir entrenando —reprochó molesto.


—Llevas días haciéndolo, estoy preocupado por...


—¿Sabes? Es hora de que regreses a casa.


Yoichi pudo darse cuenta de que solo trataba de evadir sus palabras, pero al final no tuvo más remedio que hacer caso, ya que tenía razón, estaba comenzando a oscurecer.


—Esta conversación aún no se ha acabado, Rin-san —dijo cruzándose de brazos.


El alfa simplemente gruñó y rodeó su brazo por el hombro del chico.


—Es mejor que yo te lleve —susurró cerca de su oído.


Aquella repentina acción hizo temblar a Yoichi como nunca. Estaba sonrojado y realmente feliz porque era de las pocas veces donde Rin se comportaba como una verdadera pareja.


—¿Eh? Bien vamos, pero... ¿Por qué? —preguntó confundido mientras ambos caminaban por el pueblo.


—¿No es esta mierda lo que quieres que haga siempre? 


—No, quiero decir... Sí, es lindo. Solo que es raro viniendo de ti.


Rin no dijo nada en todo el camino, y Yoichi deducía que le había dado la razón. La forma de Rin de demostrar cariño era bastante extraña, pero le gustaba de cualquier forma. 


Ambos caminaron en silencio, el omega realmente estaba disfrutando el momento de sentir tan cerca a Rin. Pocas veces podía experimentar contacto así con él, como, por ejemplo, las veces en que Rin le revolvía el cabello o a veces tocaba sus mejillas cuando se sentía molesto.


Todo ese contacto verdaderamente hacía sentir feliz a Yoichi.


Incluso ahora, sabía que lo estaba acompañando a casa porque se preocupaba por él, y no quería que nadie lo lastimara en el camino. Solo que eso era algo que Rin jamás admitiría en voz alta.


Una vez que llegaron a casa, el Alfa lo soltó, pero todavía colocó una mano en el hombro del omega, eso lo dejó algo confundido.


—Gracias por traerme, Rin —agradeció para luego despedirse, pero es detenido por el Alfa—. ¿Qué pasa?


—Isagi, voy a venir mañana temprano por ti y tus padres.


—¿Eh?


—Voy a pedir tu mano.


Aquello dejó a Yoichi en un estado de completo shock, se quedó congelado delante de Rin intentando procesar lo que había escuchado recién, no lo podía creer. La emoción lo estaba ganando, que casi estaba derramando lágrimas de felicidad, hasta trató de cubrir su boca para evitar gritar como un loco.


—Rin...


—Quiero casarme contigo —confesó con un leve rubor en sus mejillas.


A pesar de que su tono de voz y su expresión eran completamente serias, Yoichi podía notar en los ojos del Alfa que ambos sentían la misma felicidad, y no dudó en abrazarlo, rodeando sus brazos por el cuello de Rin. Completamente encantado por la noticia. 


—¡Yo también, Rin-san! 


No dudó en corresponder el abrazo tomando fuertemente la cintura de Yoichi, también estaba emocionado y juraban que podían escuchar los latidos del corazón del otro. 


—Espérame, vendré por ti. Lo prometo.


—Te estaré esperando... —susurró despidiéndose, dejando un leve silencio en el ambiente.


Yoichi estaba esperando a que Rin por fin hiciera el movimiento. Con eso se refería a que deseaba un beso. Quería que el dueño de su primer beso fuera Itoshi Rin, era algo con lo que fantaseaba cada mañana, quería que fuera uno romántico y suave, pero hasta ahora eso jamás había sucedido.


—Nos vemos —dijo antes de retirarse, dejando otra vez a Yoichi con las ganas. 


Suspiró decepcionado, pero no dejó que eso le afectara, porque había sucedido algo muchísimo mejor, y es que Rin le había propuesto matrimonio. Quizás no tan romántico como lo había soñado, pero al final de cuentas, era Rin, y él definitivamente nunca se comportaría como un príncipe.


Como sea, entró a su casa tarareando alguna canción, mostrando una gran felicidad. Dejó sus zapatillas en el pasillo para poder ingresar a la pequeña sala de estar donde se encontraban sus padres en la mesita de tatami, como siempre. Llegó alegre, ansioso por decirles que hay alguien especial en su corazón, quería ver sus rostros de felicidad, especialmente el de su querida madre, cuando lo supiera.


En cuestión de segundos, Yoichi se imaginó una vida plena al lado de Rin, quien era el hombre a quien quería y deseaba que fuese su Alfa. Un gran rubor apareció en sus mejillas al darse cuenta de que quería aquello con Rin, incluso se preguntaba cómo se verían sus cachorros; de verdad, todo estaba siendo perfecto. Solo necesitaba la aprobación de sus padres.


—¡Mamá! ¡Papá! —gritó emocionado—. Tengo algo que decirles.


La primera en levantar la mirada fue su madre, ella se veía tranquila, aunque también tenía una mirada preocupada. No podía deducir el porqué de ese ambiente, y se quedó callado.


—Nosotros también tenemos algo que decirte. Es muy importante —dijo Iyo observando a su esposo, él solo asintió—. Siéntate.


—¿Ah, sí? —murmuró mientras también se sentaba delante de la mesita.


Confundido, observó a sus padres y ambos estaban serios, como si quisieran encontrar las palabras adecuadas para soltar la noticia. Parecía que ambos luchaban internamente al respecto, y comenzaban a poner más nervioso al omega.


—Vas a casarte, Yocchan.


Lo dijo, así sin más. Yoichi se quedó congelado, pensó que era una especie de broma por parte de Rin y sus padres. 


Pero sus padres no conocían mucho sobre Rin, estuvo toda la tarde con él, así que no había forma de que en algún punto se hubieran comunicado, además, no tendrían sentido las anteriores palabras de Rin. Y si nada tenía sentido, entonces solo significaba una cosa.


—¿C-casarme? 


Tragó saliva con nerviosismo, también existía la posibilidad de que de alguna u otra forma se enteraran de que Rin le propondría matrimonio. Todo cada vez era más confuso.


—Una increíble propuesta de matrimonio. Fue como un milagro —dijo su padre.


—Yocchan, tendrás una vida mejor al lado de ese Alfa —esta vez habló la mujer.


Yoichi seguía confundido, no tenía idea de cuál Alfa hablaban, el único al que conocía era a Itoshi Rin, su gran amor. No quería pensar en otro que no fuera él.


—Ustedes... ¿Cuándo...?


—Esta tarde, mientras salías con tus amigos, él llegó a pedir tu mano —contestó Issei—. Él va a sacarte de la miseria, demostró ser un Alfa poderoso, el Alfa que siempre hemos buscado para ti.


Por supuesto, no había salido con sus amigos, más bien ellos se ofrecieron a ayudarlo. Kurona Ranze y Hiori Yo eran los mejores amigos de Yoichi —Kurona era un omega, mientras que Hiori era un beta—, ellos sabían del romance que tenía su amigo con Rin, y a pesar de no estar de acuerdo con esa rara relación, ayudaban a Yoichi en todo.


Eso lo hizo darse cuenta de que no era Rin de quien se trataba la propuesta, aquello hizo que el corazón de Yoichi se rompiera.


—¡Esperen! ¡No puedo...! —protestó preocupado—. ¿Cómo están tan seguros de que no han sido engañados?


Ambos padres se miraron al mismo tiempo, y suspiran en complicidad: —No hay forma de que nos haya engañado.


—Yocchan, él es alguien de verdad poderoso.


La seriedad con la que su madre lo decía provocó que todo su cuerpo temblara. Bajó la mirada pensando en Rin, y en que prometió que mañana vendría por él, y se emocionó al instante, pesando en que quizás él lograría convencerlos. Sin embargo, la ilusión le fue arrebatada de nuevo en unos segundos.


—Tienes que empacar cuanto antes todo lo importante para ti. Él vendrá a buscarte mañana temprano.


—¿Qué? ¿Cómo pudieron aceptar eso? —dijo levantándose—. ¡No lo acepto!


—¿Por qué no? ¡Es lo que hemos estado esperando desde que te presentaste como Omega!


Yoichi negó con la cabeza, decepcionado, no podía creer que su propia madre había dicho aquello. Eso solo le confirmaba lo complicado que era vivir con ese segundo género, y sus padres no lo entenderían jamás al tratarse de dos betas con un hijo omega. Ellos todo este tiempo solo se dedicaron a buscar un buen esposo Alfa para Yoichi, y le dolía pensar en eso. Sí, los amaba, y estaba seguro de que ellos también. Se llevaban bien, pero el hecho de tener un hijo Omega quizás les había complicado más la vida, y la única solución que existía para resolver todos los problemas que tenía por serlo era conseguir un buen esposo Alfa. Ese era su único trabajo.


La familia Isagi siempre tuvo problemas de dinero, eso era un hecho. Tenían deudas difíciles de pagar, pero todo empeoró cuando Isagi Issei fue despedido de su trabajo. Lo que provocó que el dinero sea cada vez más difícil de conseguir. Y ni hablar de cuando comenzaron las adicciones por las apuestas, la familia recibía amenazas constantes de cazarrecompensas.


Incluso llegó a un punto en donde Yoichi casi salía lastimado por uno de esos tipos, pero tuvo la suerte de que Rin se encontrara allí para protegerlo de esos bandidos.


—No puedo aceptarlo... ¡Es imposible aceptarlo!


—Yocchan... —susurró su madre preocupada—. ¿Acaso tú tienes a alguien más en tu corazón?


En esos segundos, el omega se quedó sin habla y rápidamente sus mejillas volvieron a teñirse de rosa. Guardó silencio, confirmándole a sus padres que, efectivamente, ya había un Alfa en el corazón de Yoichi.


—Oh, hijo mío —se acercó la mujer a abrazarlo—. Lo siento tanto —se disculpó casi con el corazón roto.


—No puedo casarme si no es con el Alfa que amo, madre —susurró recibiendo el cálido abrazo de la mujer—. Por favor, cancela el compromiso con ese hombre.


—Lamentablemente, es imposible hacerlo —esta vez quien habló fue Issei—. No podemos fallarle de esa forma a un Alfa tan importante como él. ¿Te imaginas el castigo que recibiríamos? 


El omega se separó rápidamente de aquel abrazo en cuanto escuchó que no había forma de cancelar nada. 


—Pero eres mi padre, puedes hacerlo.


—La situación es distinta. Soy tu padre, pero soy un beta, no tengo poder sobre un alfa de alto rango.


Yoichi negó con la cabeza e intentó aguantar las ganas que tenía de llorar en ese mismo instante. Solo podía pensar en Rin, y en cómo lo iba a decepcionar. Su corazón estaba doliendo demasiado, y lo peor era que no había forma de decirle a Rin todo lo que acababa de suceder. La única esperanza que tenía era que llegara mañana mucho más temprano que el supuesto Alfa, del que sus padres estaban hablando.


Aún no le cabía en la cabeza que se trataba de un hombre tan importante, quería pensar que sus padres estaban exagerando, ya que encontraba imposible que eso sucediera. Después de todo, él solo era un Omega ordinario con problemas de dinero, solo tenía la suerte de tener a Itoshi Rin, miembro de uno de los clanes más poderosos del Imperio japonés. Hasta le parecía difícil que alguien supere a su novio, porque sí, en sus pensamientos, ellos seguían siendo pareja.


—Solo prepárate para mañana, Yocchan.


***


A la mañana siguiente.


La luz en los ojos del omega se había desvanecido. Lo único que hacía era observar desde la ventana de su hogar, mientras que sostenía entre sus brazos a un viejo peluche de langosta que tenía desde su infancia. Le ayudaba a calmar la ansiedad, y así podía esperar más tranquilo a Rin, quien era la única persona que quería ver esperando por él. No pudo conciliar el sueño en toda la noche, apenas pudo pegar un ojo con ayuda de su peluche, pero no fue suficiente, estaba lleno de ojeras y completamente cansado, aun si ni siquiera preparó sus maletas porque pensaba que no valía la pena.


Y así pasó unos largos minutos sin despegar su vista de la ventana, donde no hubo ningún indicio de Rin, eso de a poco le rompía el corazón. Él prometió que vendría temprano, y ahora, lo único que veía era un gran carruaje sacado de un cuento de hadas estacionarse delante de su hogar. Aquello rápidamente lo mantuvo en alerta, y se levantó abrazando más fuerte al peluche de langosta, la cual era muy importante para él.


Antes de que pudiera hacer algún movimiento, escuchó la voz de su madre, que lo llamaba con entusiasmo, acercándose cada vez más a su habitación. No tuvo tiempo de esconderse porque allí estaba ella.


—¡Yocchan, tienes que bajar ahora! —dijo Iyo—. ¡Él ya está aquí para ti!


La mujer lo tomó del brazo antes de que pudiera protestar; fue tan repentino que Yoichi soltó su peluche del susto y lo dejó caer por error. El chico miró a su objeto favorito que lo ayudaba contra el estrés de caer mientras que él iba directo al infierno. Tragó saliva bastante nervioso, pues no tenía ni idea con qué tipo de persona iba a toparse.


Un segundo después, Iyo dejó de caminar; —¿Y qué hay de tus cosas?


—Yo no preparé ninguna maleta.


La mujer suspiró algo estresada por la situación, pero al final decidió dejarlo así. No había tiempo para regañar a Yoichi, él tenía que conocer al Alfa cuanto antes. El omega se dedicó a cerrar sus ojos, no estaba listo para conocer a ese hombre, y tenía mucho miedo con lo que se iba a topar.


—Disculpa la tardanza, aquí está mi dulce hijo —dijo ella al momento de llegar.


Yoichi abrió lentamente los ojos con mucha ansiedad en su ser, levantó la mirada encontrándose con un gran Alfa de cabello largo y rubio, su rostro era celestial, como si fuera de la realeza, era un jodido príncipe, era hermoso y algo que sus padres no habían mencionado, era que se trataba de un hombre extranjero, pero eso no era lo que más acaparado la atención de Yoichi, a través de ese uniforme de caballero, pudo observar en el cuello del Alfa una interesante marca en forma de rosa. No puedo evitar tener mil preguntas en su cabeza, quería saber qué significaba eso, pero sacudió la cabeza rápidamente, eso no debería ser importante ahora mismo, más bien debía preocuparse por la arrogante sonrisa que tenía en su rostro, y sus manos que sostenían un hermoso ramo de rosas las cuales tenían un peculiar color azul, algo que nunca antes había visto.


—Finalmente, puedo conocerte, Isagi Yoichi —habló por primera vez—. Me presento, soy Michael Kaiser, uno de los cazadores de bestias más poderosos de Europa y... quizás también Asia —presumió con orgullo.


El omega estaba a punto de responder solo para reclamarle, pero antes de que pudiera hablar, el hombre se acerca a él sin importarle que sus padres estén presentes. La sonrisa descarada en el rostro de ese Alfa es algo que Yoichi guardaría en sus recuerdos, especialmente cuando siente que lo agarra de la barbilla para obligar a mirarlo, encontrándose mucho más cerca con esos ojos celestes que casi lo dejan sin aliento. 


—Será un gusto conocerte más íntimamente. 


Tanto Iyo como Issei quedaron sorprendidos viendo la escena, era como si Kaiser se quisiera comer a su Yocchan justo en ese mismo instante. Mientras que el corazón de Yoichi se apretó al escuchar aquella voz, no tenía palabras para describirlo. Solo podía sentir el escalofrío recorrer todo su cuerpo, y no sabía por qué diablos se sentía así. ¿Quizás por qué se trataba de alguien tan poderoso?


Sabía que Japón estaba pasando un mal momento, por culpa de aquellas criaturas monstruosas que acechaban los bosques, pero no tenía ni idea de que la situación estuviera tan mal como para traer a extranjeros.


—¿Qué demonios? —chilló por esa cercanía al recordar que no estaban solos.


Sus mejillas ardían de la vergüenza, y se alejó rápidamente detrás de su madre, maldiciendo en todos los sentidos a ese Alfa. Pensó que estaba loco, y que era un completo desvergonzado. 


—Um, ejem —Issei se aclaró la voz—... Veo que le agrada bastante mi hijo —dijo riéndose con nerviosismo. 


—Mucho más que eso, señor Isagi.


Yoichi apretaba los puños y dientes escuchando hablar a ese hombre, Kaiser. Solo le bastó un poco de esa horrible interacción para confirmar el tipo de persona que era. No era para nada agradable, mucho menos cuando le dirigió y recibió un guiño coqueto por parte de él, provocando que este rojo de la rabia.


—Incluso me he tomado del tiempo de traerte un lindo obsequio —continuó acercándose a él, y le entregó el ramo de rosas que tenía en sus manos—. Fueron escogidos especialmente para ti.


De repente, Yoichi logró salir de su trance donde estaba hipnotizado por la rabia que sentía, se aclaró la garganta y le dedicó una mirada fugaz. Ni él mismo se podía creer que estaba con la cabeza en alto delante de un Alfa que, al parecer, tenía mucha experiencia y fuerza. Quería dejar en claro que, a pesar de ser un joven omega de catorce años, no le tenía ningún tipo de miedo.


Yoichi aceptó el ramo de rosas sin objeciones, por un momento de curiosidad inhaló el aroma de estas y las observó más de cerca. El ramo estaba hermoso, perfectamente cuidado, y todo en perfecto estado.


—Muchas gracias, huelen delicioso —dijo con una leve sonrisa.


—Me alegra saber que te gus...


Y antes de que pudiera terminar su oración, de forma inesperada, el Alfa siente un fuerte golpe con aroma a rosas en el rostro. Yoichi le había pegado con su propio regalo. Los padres del omega se quedaron congelados al ver cómo los pétalos azules caían esparcidos en el suelo.


—¡Pero no pienso irme con usted! 


Los padres de Yoichi se abrazaron, estaban temblando de miedo viendo aquella escena, donde su pequeño hijo omega había rechazado cruelmente la propuesta de un Alfa muy importante en todo el continente europeo. Solo les tocaba esperar el horrible castigo que recibirían.


—¡Ya tengo a alguien más en mi corazón! —siguió hablando—. ¡No pienso dejarlo por usted, ni por nadie! No me importa incluso si fuera el Rey del mundo.


—¡Yocchan, no hables más y discúlpate!


—¡No lo haré! —respondió sin sentir nada de arrepentimiento.


Su madre estaba a punto de regañarlo otra vez por su comportamiento, pero antes de poder abrir la boca, fue interrumpida por una carcajada que provenía por parte del Alfa. Todas las miradas de la habitación se posaron en él. Kaiser estaba sonrojado con una sonrisa de oreja a oreja, como si estuviera disfrutando cada momento de la escena. Sus ojos brillaban encantados por la actitud del omega.


—Nunca me habían rechazado de esa forma —confesó sin despegar su vista de Yoichi.


—Perdónelo, por favor —susurró la mujer beta.


—No se preocupe, señora Isagi —dijo para calmarla—. De hecho, me encantan este tipo de retos. Solo aumentaron mis ganas de seguir con el matrimonio.


Decir que estaba enojado era poco. No conseguía una forma de deshacerse de ese Alfa, lo intentó teniendo un comportamiento informal, pero, al parecer, eso no hizo ningún efecto, sino que había empeorado su situación. Ahora el hombre estaba más interesado en él.


—¡No habrá ningún matrimonio! —siguió respondiendo.


Tenía la esperanza de que sus padres también se negaran, pero ellos lo miraban con desaprobación, no estaba teniendo el apoyo de nadie, y Kaiser estaba con una sonrisa divertida, como si se estuviera burlando de él. Nada podía ser peor.


—Agradezco a tus padres por darme tu mano —dijo haciendo una reverencia—. Es momento de irnos.


Había ignorado por completo el hecho de que Yoichi estaba negándose, simplemente llamó a sus hombres para que se encarguen de llevar las maletas del omega, pero no se sorprendió cuando sus padres dijeron que ni siquiera había empezado, pues se negaba a irse. Por supuesto que aquello no fue un problema. Si se trataba de ropa, Kaiser podría comprarle toda la ropa nueva que quisiera; por ese lado, no tenía ningún problema. Nada impediría que se llevara a Yoichi.


—Por favor, Sir Kaiser. Cuide de mi hijo, y no deje que nadie lo lastime —dijo Iyo con lágrimas en los ojos.


La mujer quiso abrazar por última vez a su hijo, pero él parecía estar profundamente decepcionado de sus padres por haber aceptado eso. Él los miró con desdén, negando con la cabeza y, mientras tanto, sintió la gran mano de Kaiser en el brazo, lo había agarrado fuertemente y gimió un poco por el dolor.


—No se preocupe, voy a protegerlo más que a mi vida —respondió completamente serio—. Su hijo está en buenas manos.


El omega no podía creer que todo eso estaba pasando de verdad, que tenía que irse con un extraño y que ahora debía casarse con alguien que no amaba. Con alguien que no era Itoshi Rin. Claro que no podía olvidarlo, se preguntaba por qué no llegó antes que Michael Kaiser.


Si tan solo Rin hubiera llegado antes, no habría sido arrastrado fuera de su casa con ese hombre hasta llegar a ese carruaje.


Pero sintió su corazón casi volar cuando escuchó aquella voz.


—¡Isagi! 


Cuando levantó la mirada, no pudo evitar llenarse de lágrimas; ahí estaba Rin, mirándolo con desespero. Era la primera vez que veía algo así en ese inexpresivo rostro; todo fue lento y doloroso para el corazón del omega.


¿Por qué tuvo que llegar justo en ese momento?


Era demasiado tarde. Porque Yoichi ya había sido encerrado dentro del carruaje, ni siquiera fue capaz de mirar por la ventana para ver a Rin, sentía que no lo merecía después de todo.


Siguió llorando con la mirada de Kaiser encima de él, estaba sentado junto delante del omega, apreciando la vista. Él no pudo evitar reírse de la situación. 


—Oh, así que en serio arruiné una parejita. ¡Qué lástima!


No hizo caso a esas palabras, intentó ignorarlo para evitar sentirse peor. Y cuando el carruaje comenzó a moverse, solo podía observar por la ventana con la mirada perdida. Todo de él se sentía roto porque tenía delante de él al hombre que, técnicamente, lo había comprado. No era capaz de dirigirle la mirada a un Alfa tan horrible, a pesar de que sentía la mirada del mismo sobre su cuerpo desde el minuto uno. 


Todo se sentía tan incómodo al abandonar su pueblo, su vida tranquila al lado de sus padres, ya no podría ver a sus mejores amigos, Kurona y Hiori. Ni siquiera tuvo tiempo de avisarles, menos despedirse de ellos, pero tenía la esperanza de al menos poder enviarles una carta.


Pero esa no era la peor parte, también estaba Rin, a quien no podía olvidar, y tuvo en mente todo el trayecto, a quien amaba y tampoco pudo decir adiós. Estaba lleno de malas noticias, que tenían un culpable de nombre Michael Kaiser.


Yoichi solo podía confirmar, en menos de un día, el profundo odio que sentía por ese Alfa. Eso fue lo único que pensó en el resto del trayecto, el cual fue silencioso gracias a que Kaiser no dijo nada en todo el camino.


Después de un gran y largo recorrido, al fin llegaron al destino. El primero en bajarse del carruaje fue Kaiser, mientras que Yoichi moría de nervios en su asiento, ya que no estaba seguro de quedarse o no, aunque no es como que quiera darle una buena impresión al Alfa, solo quería desaparecer y que no pasaran más problemas.


—Bájate —le dijo mientras lo esperaba afuera—, ven a conocer el lugar donde vas a vivir de ahora en adelante.


Cuando Yoichi se baja, imaginó cualquier mierda antes que una mansión gigantesca, llena de guardias en casi todo el enorme jardín. Pero era de esperarse, se supone que Kaiser decía ser alguien con mucho poder, aun así no dejaba de sorprenderle lo gigante que era la entrada al jardín, la hermosa arquitectura que tenía, y por último, lo que más llamaba su atención, el precioso jardín estaba lleno de rosas azules y hermosas, generando un delicioso aroma en todo el lugar.


—Sígueme —ordenó Kaiser, a lo que Isagi no tuvo más remedio que hacer caso.


No ganaba nada con quedarse afuera en el fuerte viento que recién estaba atacando.  Lo siguió hasta llegar a la gran puerta que era la principal, la cual fue abierta por unos sirvientes, dando paso al interior de la mansión.


—Bienvenido a tu nuevo hogar, Yoichi —le dijo Kaiser presentando una gran sala de estar.


—...—


El lugar tenía enormes cuadros y gigantescos candelabros, estaba decorado en un estilo completamente europeo, no se sentía como si estuviera en su propio país. Hasta se sorprendió de que existiera un lugar así en Japón, pero al final de cuentas, ese tipo Kaiser y alguno de sus sirvientes eran extranjeros, por lo que preferirían vivir en una mansión más acorde a esos estilos. Como sea, ya no le dio importancia al diseño, no debía actuar tan sorprendido o impresionado. No quería darle motivos a Kaiser para que se burle otra vez de él.


—¿No vas a decir nada?


—No tengo nada que decir —respondió Yoichi, seco, sin siquiera dirigirle la mirada.


Kaiser podía notar a la perfección el nerviosismo del omega, quien trataba de hacerse el duro. Era gracioso verlo así, intentando no lucir como un omega cualquiera.


—Bien, vamos a conocer tu habitación —dijo dirigiéndose a las grandes escaleras.


Yoichi no quería ir, pero luego de un segundo se dio cuenta de que si tenía una habitación, sería perfecta para sus momentos de privacidad, así que no tuvo más remedio que seguir al Alfa presumido. 


Necesitaba su tiempo a solas cuanto antes, tenía que desahogar sus sentimientos de alguna manera.


Una vez arriba, ambos caminaron por un largo pasillo que tenía ventanas gigantes que mostraban el patio de afuera. Todo el lugar comenzaba a marearlo, ya que no estaba acostumbrado. Después de unos segundos, Kaiser paró en seco delante de una puerta en aquel pasillo, la abrió, mostrándole su nueva habitación. Cuando Yoichi entró por primera vez, su mirada lo decía todo. Jamás en su vida había visto una habitación tan grande, juraba que podía ser hasta más grande que la sala y cocina de su hogar, bueno, viejo hogar.


Ahora que estaban a solas, Yoichi suspiró mientras intentaba pensar en las palabras correctas. Tenía que armarse de valor y decirle todos sus pensamientos a Kaiser. No importaba cómo sería la reacción del Alfa, solo tenía que demostrarle que era fuerte, y que no se dejaría dominar tan fácil. Más bien, jamás dejaría a nadie hacerle eso.


—¿Puede salir? —preguntó viendo cómo Kaiser seguía en la habitación.


—¿Por qué debería?


Sabía que el Alfa bastardo lo desafiaría, así que fue con todo lo que tenía.


—Es mi habitación, ¿no cree que debo tener mi privacidad? —respondió haciendo énfasis en el "mi".


Kaiser lo único que hizo fue soltar una carcajada, burlándose del omega en su propia cara, sin ningún tipo de culpa.


—¿Es en serio? —se seguía riendo— no soy un jodido imbécil —le respondió duro—. No voy a arriesgarme a que planees escapar de alguna forma, así que mantendré mis ojos en ti las veinticuatro horas del día.


Aquello dejó atónito a Yoichi, pero sabía que era algo normal que por el momento no confíen en él por ahora. Aunque le sorprendía que haya adivinado tan rápido sus intenciones, quizás por el momento, no debería ser muy obvio con el tema.


—Yo tampoco soy un tonto —le respondió—. Este lugar tiene guardias en todos lados, ¡sería absurdo intentar escapar! 


—Es bueno que lo sepas —dijo acercándose al omega—. Yo mismo me encargaré de que te tengan muy bien vigilado.


Yoichi solo le dedicó una mirada llena de fuego, demostrándole que lo odiaba por completo, y que la decisión tomada era absurda. Ya tenía muy bien grabado de que sería difícil escapar, no necesitaba tener guardias quienes lo cuiden.


—Eres un...- 


Se contuvo en insultarlo, no valía la pena gastar saliva en un hombre como él, solo quería que se vaya y que lo dejara en paz para poder asimilar todo lo que había sucedido en un día. Estaba cansado, agotado, y demasiado roto como para tener que seguir soportando a Kaiser.


—Solo dedícate a comportarte como se debe y nos llevaremos bien.


—¡Ya vete! —le reclamó irritado.


—¿Lo ves? Esa actitud solo va a empeorar tu situación, no la mía —dijo tomando su barbilla, otra vez, parecía que amaba hacer eso—. No es muy difícil conocer tu lugar, omega. 


Yoichi, completamente molesto, se aparta rápidamente de aquel toque, el cual lo había puesto nervioso en segundos. Por supuesto, su mirada seguía demostrando estar llena de odio hacia el Alfa y parecía que cada segundo que pasaba en aquella mansión, ese sentimiento se iba incrementando.


—Quiero que todo quede claro entre nosotros, Sir Kaiser —murmuró confiado—. Yo jamás voy a ser suyo, nunca voy a pertenecerle, y primero muerto antes que obedecerlo.


Kaiser se rio por las graciosas palabras de Yoichi, sí, porque aquello le causaba gracia. El rostro del omega, demostrando completa molestia, era agradable de ver. Tanto que no pudo evitar agarrarle el brazo fuertemente para impedir que se moviera, y así acercarse peligrosamente a esos labios de los cuales no podía apartar la mirada.


El corazón de Yoichi se aceleró cuando pudo sentir el roce, no fue un beso, no hubo tiempo para que pudiera ser uno, porque las manos del omega ya estaban encima del rostro de Kaiser para empujarlo.


—¡Bastardo! No te atrevas a tocarme —le gritó—... ¡Jamás seré tu omega!


Esa acción molestó a Kaiser, pero seguía manteniendo su sonrisa, aunque esta vez se podía notar más la malicia en ella. Sin importarle que Yoichi no quiera su contacto físico, usó un poco de su fuerza para agarrarlo de los hombros y con brusquedad acorralar su cuerpo contra la puerta. El omega fue sorprendido por tal acción que abrió los ojos de par en par.


Un quejido de dolor se hizo presente, y Kaiser no dudó acercarse a su oído, lo tenía tan cerca que incluso escuchaba su respiración. Por un momento Yoichi se sintió nervioso, un escalofrío recorrió todo su cuerpo al ver que, por más que intentaba liberarse, no podía.


—Escúchame bien, Yoichi —dijo serio, mientras que el omega tragó saliva, no era capaz de verlo a los ojos, pero aun así lo hizo—. Voy a luchar para capturar tu corazón, cueste lo que cueste.


—¡S-suéltame! —trató de ignorar las palabras del Alfa, pero seguían resonando en su cabeza—. ¡No voy a dejar que hagas lo que quieras con-...! 


Esta vez Michael Kaiser logró interrumpirlo con un beso, uno que tomó por sorpresa a Isagi Yoichi. Los labios del Alfa estaban por encima de los suyos y cuando menos se lo esperó, la lengua de este se había infiltrado en su boca, era como si estuviera desesperado por sentir los labios del omega, más y más. Kaiser no podía parar, no le importaban los gemidos ahogados de Yoichi para que se detuviera, lo único en lo que podía pensar era en lo delicioso y suave que era el joven omega. Mientras tanto, el pobre Yoichi estaba acorralado, perdido y angustiado, mientras trataba de buscar aire, de alejarse, pero simplemente su cuerpo no respondía. Estaba tembloroso, con su vista nublada, y sus piernas y brazos temblando, como si hubiera perdido toda su fuerza por culpa de aquel beso. Era tan extraño, que, sin percatarse, el delicioso aroma a lavanda que le pertenecía estaba inundando toda la habitación. 


Una lágrima cayó por la mejilla del menor. No pudo evitar sentirse culpable por estar vulnerable delante de un Alfa que no era Rin. Su corazón dolía por el simple hecho de haber perdido su primer beso con esa escoria de Alfa y no con su amado. Pero no había nada que pudiera hacer, aquel hombre estaba dominando a su inútil cuerpo, incapaz de responder para alejarlo.


Se estaba perdiendo por completo, y no entendía lo que estaba sintiendo. No le gustaba para nada esa sensación.


Y una vez que Kaiser lo dejó en paz, volvió a confirmar que era horrible, un bastardo, un abusivo. No bastaba utilizar todos los insultos del mundo con ese hombre; se quedaba corto.


—¡Oh, eres tan lindo~! —susurró cerca de los labios del omega—. Con un simple beso, estás hecho un hermoso desastre.


—E-eres... eres un asqueroso pervertido —respondió apenas por culpa de que seguía jadeando, y como si se tratase de una delicada pluma, cayó al suelo de rodillas—. Voy a matarte, maldito.


Kaiser sonrió triunfante: —Después de todo, va a ser complicado enseñarte tu lugar como mi omega. Pero tus feromonas en el aire me están dando esperanzas.


Yoichi lo miró salvaje: —Púdrete en el infierno.


—Sigues mirándome con esos ojos que no espantan ni a una mosca —se arrodilló hasta quedar cara a cara—. Pero me sorprende tu determinación cuando eres así de débil. Un punto extra para ti.


No podía creer que Kaiser se seguía burlando en su propia cara. Yoichi estaba realmente sediento por agarrar al hombre por el cuello y dejarlo son aire. Jamás había sentido un odio tan fuerte como ese, el querer acabar con la vida de alguien tan horrible como él, pero como no podía hacer nada de eso, se le ocurrió una idea mucho mejor. Una pequeña sonrisa se formó en los labios del omega, juntó saliva en su boca, y no dudó en liberar un gran escupitajo en el rostro de Kaiser.


—No voy a ser un juguete fácil para ti, ¿lo entiendes, Rey de los bastardos?


Ese niño Omega había logrado agredirlo, aquello hacía hervir la sangre de Michael, quería destruir a ese pequeño que posiblemente solo serviría para ser un agujero, y por eso tenía que demostrarle cuanto antes que no era nada más que un patético Omega sumiso, que no tenía ningún poder allí. Se limpió la saliva del rostro, soltando un fuerte gruñido que hizo temblar a Yoichi; aun así, no se arrepentía de haberlo hecho.


—Maldita sea —escupió con voz ronca—, eres una pequeña perra —agarró bruscamente al omega del brazo (otra vez)—, pero no por mucho tiempo. 


Como si el peso de Yoichi fuera el de una pluma, logró levantarlo con facilidad para obligarlo a recostarse en la cama, donde lo lanzó sin ningún tipo de tacto. Apenas pudo reaccionar con un simple gemido de dolor, observando cómo Kaiser ya estaba encima de él con una mirada de pocos amigos. Con un escalofrío, viajando por todo su cuerpo, se dio cuenta de que, sin duda, había hecho enojar al Alfa.


Ya no sabía qué hacer, por más que intentaba empujarlo y mandarlo lejos, no parecía lograr nada. Yoichi estaba atrapado por completo, por lo que no podía hacer nada. La desesperación comenzó a apoderarse de sus pensamientos, cambiando la expresión de su rostro a una de terror, porque sabía lo que significaba.


De nuevo, lágrimas amenazaban con salir de sus ojos. Quería desaparecer, los cerró para evitar ver lo que estaba a punto de ocurrir. No quería saber, no quería sentir lo que era ser violado, pero fue imposible teniendo a las grandes manos del Alfa recorrer su cuerpo por encima de la tela. Tembló con esos toques, y deseó estar muerto.


—¡Que asco! —dijo empujando al hombre, pero no logró alejarlo ni un centímetro. 


—Cállate —gruñó y le tapó la boca al omega con una mano—, he decidido ser amable —su mirada seguía siendo severa—. No voy a lastimarte, por ahora.


Se separó del cuerpo de Yoichi, y se levantó de la cama, dejándolo libre, aunque su cuerpo seguía temblando por el susto repentino. El omega ya no protestó, ya no dijo nada, simplemente se abrazó a sí mismo buscando protección para calmarse de la ansiedad; sin embargo, era imposible. 


Le faltaba algo muy importante. Recordó lo que ocurrió antes de llegar a ese lugar, su lindo peluche se había quedado en casa, y posiblemente ya no había ninguna forma de recuperarlo. Eso incrementó su inseguridad, su miedo y su corazón roto. Lo único que le quedaba por hacer era seguir llorando, mientras que Kaiser observaba serio. 


—Será mejor que te acostumbres —dijo acercándose a la puerta—. La boda será en cinco días.


Si su situación ya estaba siendo mala, ahora había empeorado. El omega abrió los ojos de par en par, los cuales seguían húmedos por las lágrimas, dirigiendo una mirada horrorizada para Kaiser sin creer lo que estaba escuchando.


Una boda en cinco días, cuando apenas se había enterado el día anterior en que debía casarse. Realmente no estaba preparado para tal suceso, mucho menos sabiendo que ama a alguien más, ¿cómo podría hacerlo tan rápido?


—¿En cinco días? —murmuró con la voz casi quebrada—. Es demasiado rápido.


La respuesta de Kaiser no le sorprendió en absoluto: —Mientras más rápido pueda tenerte para mí, mejor —respondió sin rodeos—. Si fuera por mí, la boda sería hoy mismo. Pero mira el lado amable, tienes más tiempo para prepararte. 


Si había algo en lo que Yoichi realmente odiaba más que a nada, era la sonrisa burlona que siempre le mostraba el Alfa. Siempre decía cosas horribles, y en tan poco tiempo pudo confirmarlo. ¿Tendría que aguantar a ese hombre por el resto de su vida? 


—Me niego a casarme en cinco días —le respondió como siempre, pero solo recibió una carcajada por parte de Kaiser.


Ambos sabían que el omega no tenía ningún poder allí, no tenía derecho a negarse, protestar o quejarse, solo aceptar las órdenes de los alfas y los mayores.


—Es una lástima porque pronto dejarás de ser Isagi —dijo mientras se dirigía a la puerta—. Te dejaré solo para que recuerdes cuál será tu nuevo nombre, Yoichi Kaiser.


Dejó al omega con la palabra en la boca cuando salió de la habitación y cerró la puerta, rápidamente agarró un cojín y lo lanzó con mucha furia. 


¡Yoichi Kaiser sonaba horrible!


***


Al día siguiente.


Yoichi fue despertado bastante temprano por la mañana, también apenas pudo pegar un ojo como el día anterior, pero debido a todo el cansancio y estrés acumulado terminó durmiendo profundo. Sin embargo, a las seis de la mañana, unas mujeres con traje de Maid entraron a su habitación haciendo un ruido insoportable para despertarlo.


Abrió los ojos confundido y somnoliento, no sabía qué demonios estaba pasando.


—¡Joven Isagi! Es hora de que despierte, su baño ya está listo.


Escuchó la voz de una mujer casi mayor. Cuando abrió los ojos, se sorprendió un poco al ver que no eran extranjeras, todas eran japonesas. Bueno, era de esperarse, ya que estaban en Japón, posiblemente ellas solo fueron contratadas por los extranjeros cuando llegaron al país. Y algo que le parecía bastante sorprendente desde que llegó Kaiser, era que hablaba bastante bien el idioma japonés.


—¿Baño? 


—¡Por supuesto! Tiene que verse bien para preparar el desayuno de su prometido y comer junto a él.


Esas palabras hicieron despertar por completo a Yoichi, estaba callado, y claro que quería quejarse, pero decidió hacerlo. Las sirvientas solo estaban haciendo su trabajo, no tenían la culpa de su desgracia; aun así, detestaba la idea de prepararle el desayuno a Kaiser.


Sabía que, al momento en que se conviertan en esposos, debía hacerlo todo el tiempo y que ahora debería practicar para ser una buena esposa. Como sucedía con cualquier Omega comprometido. Suspiró y asintió levantándose de la cama. Las sirvientas observaron las ropas viejas que traía puesta consigo, ellas no podían creer cómo su jefe había escogido a un omega tan... Ordinario.


—Ayer, Sir Kaiser ordenó comprar una gran cantidad de ropa nueva para usted —dijo una de ellas—, todo lo que hay en el closet es suyo.


—Gracias... 


Desganado se dirigió hasta el baño, mientras que ellas ordenaban la cama y toda la habitación. Por el aroma, podía intuir que todas eran Omegas o quizás haya alguna beta.


Aún no estaba acostumbrado a que hicieran tantas cosas por él, pero no dijo nada al respecto, ya que era normal para personas de mucho dinero, y eso lo llevó a preguntarse si realmente viviría de esa forma de ahora en adelante, como si fuera millonario. Por supuesto, eso no le importaba mucho, ya que su mayor preocupación ahora era saber cómo lidiar con Kaiser, y saber cómo estará Rin en esos momentos. Deseaba en algún momento volver a verlo.


Mientras terminaba el baño, ya las sirvientas habían terminado su labor, y con la toalla sobre su cuerpo, se dirigió hasta el gran armario para ver la nueva ropa. Cuando la abrió, no se esperaba a que en serio hubiera una gran cantidad de atuendos para vestir. Se quedó apreciando por mucho tiempo sin saber cuál elegir, y también pensar que era demasiado exagerado tener tantas prendas de vestir, hasta creyó que eran gastos innecesarios. Pero al final, dejó de pensar demasiado y terminó escogiendo el Kimono con diseño más simple que había encontrado. Era uno de color gris claro, el cual no llamaba mucho la atención. Hasta fue un alivio saber que la talla le quedaba perfecto, y eso lo hizo preguntarse cómo demonios sabía eso o si solo era simple casualidad. Aunque tratándose de Kaiser, las casualidades no podían existir.


Después de alistarse, escuchó de nuevo cómo alguien tocaba la puerta.


—¿Está listo, joven Isagi? Debe bajar a la cocina.


Una vez en la cocina, no podía creer que tenía que prepararle el desayuno al insoportable Alfa que recién había conocido. Las mujeres del lugar comenzaron a aconsejarlo para la cocina, mientras asentía desganado. No quería dar el mínimo esfuerzo para complacer a ese patán, así que hizo todo lo más pobre que pudo. 


No era realmente un mal cocinero, pero saber que quién iba a probar esa comida después, le daban ganas de que sea lo peor que el Alfa haya probado. Necesitaba hacer que pasara un mal rato por su culpa.


Luego de unos minutos, el desayuno estaba listo. Era algo simple y tradicional de Japón, sopa de miso con arroz y huevo. Yoichi estaba satisfecho con el resultado, mientras que las sirvientes se miraban unas a las otras con el ceño fruncido. No estaban seguras de si entregar ese plato al Alfa sería lo correcto; sin embargo, como ya no había tiempo, decidieron que lo hiciera de todas formas. Una vez que prepararon todo en la bandeja de comida, lo guiaron hasta los pasillos de la mansión.


—Bien, joven Isagi. Esta es la oficina de Sir. Kaiser. 


La mujer tocó la puerta, la cual fue abierta por uno de los hombres de Kaiser, el cual Yoichi notó que también se trataba de un Alfa por su aroma fuerte.


Por alguna razón, en ese momento comenzó a sentir nervios cuando las miradas estaban sobre él.


—Vengo a traer el desayuno...


Las sirvientas se retiraron, deseándole suerte al omega, mientras que él deseaba que no se fueran. Ahora tenía que lidiar con el horrible Alfa, y quién sabe si el que estaba parado delante de él no era igual de malo que Kaiser.


—Adelante, Sir Kaiser, lo estaba esperando —dijo el otro con una sonrisa, la cual a Yoichi no le pareció muy sincera.


De fondo pudo escuchar la voz de Kaiser hablar, pero en un idioma totalmente desconocido, no lograba comprender qué demonios estaban diciendo. Lo único que pudo entender fue su nombre, así que era seguro que estaban hablando de él.


—Wer ist es. (¿Quién es?)


—Der junge Yoichi, Sir. Er bringt dir etwas, das wie Frühstück aussieht. (El joven Yoichi. Le trae lo que parece ser el desayuno).


—Lassen Sie ihn rein. (Déjalo pasar)


El hombre asiente: —Adelante, joven Yoichi —dijo dejando espacio para que pudiera entrar.


Yoichi solo suspiró y asintió. Cuando entró, lo primero que pudo visualizar fue a Kaiser firmando o leyendo unos documentos, mientras utilizaba unas gafas. No pensó que alguna vez lo vería utilizando lentes, pero se veía diferente estando concentrado en sus asuntos, como si no fuera el mismo Alfa, patán de horrible personalidad que ayer lo estaba molestando. Luego de unos segundos, levantó la mirada encontrándose con Yoichi por primera vez esa mañana, no pudo evitar sonreír cuanto vio al omega vestido con una de las prendas que le había comprado, y con una bandeja de comida en sus manos, tal como si ya fuera una esposa. Pudo apreciar lo adorable que se veía con el ceño fruncido, demostrando que no estaba nada feliz por verlo.


—Le traje el desayuno, Sir Kaiser —dijo con una obvia sonrisa falsa. 


Hizo una reverencia y se acercó, dejando los platos de comida encima del escritorio, todavía desganado. El otro Alfa observaba la escena rodando los ojos. 


—Herr Kaiser, passen Sie auf, dass es nicht vergiftet ist. (Señor Kaiser, tenga cuidado de que no esté evenenado). 


Yoichi escuchó aquellas palabras, pero no entendió nada, solo pudo ver cómo la expresión del alfa rubio había cambiado por completo a una de molestia mientras miraba al otro. 


—Verschwinde von hier, Ness. Bevor ich es bereue und dich töte. (Lárgate de aquí, Ness. Antes de que me arrepienta y te mate).


El Omega miraba confundido, ya que no tenía ni idea de lo que estaba pasando, pero por el tono de voz de Kaiser podía deducir que este se había enojado, pues el otro Alfa había salido de la oficina dejándolos a solas. Se preguntaba qué había pasado, como para que eso sucediera, pero al final no le dio mucha importancia. 


—Estoy ansioso por probar la comida de Yoichi —dijo mientras dejaba a un lado los papeles—. Veo que has hecho un buen trabajo.


No pudo evitar abrir los ojos de par en par con ese halago, ya que era imposible que aquel desastre que había hecho decorando la comida sea un buen trabajo. Kaiser agarró los palillos chinos para degustar la comida, y cuando prueba el primer bocado, se topa con la linda sorpresa que había hecho Yoichi. Una comida exageradamente salada.


Escupe al instante lo que había probado y se limpia rápidamente con la servilleta. El omega suelta una risita debido a esa reacción, haberle hecho pasar un mal rato había sido satisfactorio.


—¿Qué mierda? —maldijo todavía escupiendo todo—. ¿Cómo es que esas inútiles mujeres dejaron que me entregues esta porquería?


—Lo hice sin que ellas supieran —se encogió de hombros—. Espero que disfrutes tu primer y último desayuno hecho por mí. 


—¿Otra vez jugando sucio, mocoso de mierda?


—Tal vez.


Kaiser se levantó de la silla para acercarse al omega, no se veía enojado, más bien tenía una sonrisa divertida. 


—Quizás solo debo hacerte llorar otra vez —se burló.


—Eres un maldito asqueroso.


Como siempre, no había forma de que se llevaran bien. Yoichi solo podía sentir un profundo odio hacia el horrible Alfa, que además de ser un patán, pervertido y egocéntrico, también era un absoluto mentiroso. Necesitaba regresar con sus padres y decirles que estar con Kaiser no era una buena decisión, sino la peor de todas.


—Es porque no eres un buen chico, Yoichi —dijo acercándose a acariciarle el cabello.


El omega se alejó rápidamente, sabía lo que significaban cuando se acercaba a tocarlo. No quería ser besado una vez más por otro hombre que no sea Rin.


—No sirve de nada que te alejes —logró tomarlo del brazo y acercarlo de nuevo a él—, siempre puedo atraparte.


—¡Ya basta! —exigió rápidamente.


—Me dejaste sin desayuno —respondió acercándose al rostro del omega—. Al menos déjame desayunar otra cosa.


—¡Hmp, no-! 


Antes de que pudiera seguir negándose, de nuevo los labios de Kaiser estaban sobre los suyos. No pudo hacer nada para detenerlo, y otra vez lo estaba besando de la misma forma intensa que el día anterior. Parecía ser que el Alfa no conocía el término "suave", y por más que intentara apartarlo, no podía. Sabía muy bien como jugar con él para dejarlo vulnerable. Yoichi solo cerró los ojos esperando a que termine, y cuando se separaron un poco, Kaiser toma las mejillas del omega con ambas manos, manteniendo sus frentes pegadas, sonríe y vuelve a besarlo sin parar. 


Yoichi solo puede gemir en medio del beso. Su cuerpo tiembla, y el beso comienza a hacer efecto en su cuerpo. Sentía como si su vientre diera cosquillas, y en pocos segundos, el delicioso aroma a lavanda se llenó en medio de las cuatro paredes. Era como si su omega estuviera encantado con recibir la atención de un Alfa, tal como la noche anterior, donde también las liberó.


—¡Mmgh! —intentó separarse—. ¡Eres un- hmm! 


—Tu naturaleza de omega está despertando —dijo burlesco—. Puedo lograr esto y muchas cosas más con un simple beso.


Sintió un escalofrío en todo su cuerpo cuando le susurró esas palabras cerca de sus labios. Decidió no responder y simplemente apartó la mirada con las mejillas rojas. De verdad era el Alfa más insoportable que había conocido.


—Sin embargo, debo contenerme —se separó del omega—. Pero en cuatro días, voy a hacer lo que quiera contigo.


Las mejillas de Yoichi siguen ardiendo en el color rojo, pero esta vez por el enojo y la vergüenza mezclada. Kaiser era un sinvergüenza y repugnante hombre que no hacía nada más que arruinarle el humor.


—Imbécil, ¿crees que voy a dejarte hacer lo que quieras? —Lo volvió a encarar, sabiendo que no tenía oportunidad de ganar.


—¿Tal y como puedo hacerlo en este mismo instante? —se acercó nuevamente y de sorpresa le dio un beso más fugaz—. Te aseguro que sí, Yoichi.


Y esa fue otra mañana más en donde Yoichi confirmó su profundo odio por el Alfa.


***


Después de los extraños sucesos en la oficina de Kaiser, el omega siguió con lo suyo encerrado en su habitación mientras miraba por la ventana. El jardín era gigante y, además, no podía evitar sentir curiosidad por las rosas; había demasiadas.


Jamás había visto una de color azul antes de conocer al Alfa. Recordó cuando llegó por primera vez a su hogar, donde le trajo un ramo de rosas azules, la extraña marca en su cuello, el jardín lleno de ellas, y por último... Las fuertes feromonas de Kaiser definitivamente tenían ese olor a rosas. Por un momento, se preguntó qué significaba para el Alfa y por qué estaba tan obsesionado con las rosas.


Sacudió la cabeza intentando ignorar sus pensamientos, pero no pudo evitar tener en mente todo el día a Michael Kaiser. ¿Y como podría olvidarse si era un hijo de puta? 


Le había robado su primer beso, lo había lastimado, asustado, y claro, no olvidar que técnicamente lo había comprado a cambio de pagar todas las deudas de sus padres.


De repente, algo interrumpió sus pensamientos. Estaban tocando la puerta de su habitación, y escuchó una voz femenina, de nuevo provenía de una de las sirvientas.


—Joven Isagi, ¿necesita algo? 


Se acercó hasta la puerta para abrirla, y darle paso a la mujer algo mayor. Decidió aprovechar la oportunidad. 


—¿Puedo salir al jardín? Necesito un poco de aire fresco —pidió con amabilidad, esperando una respuesta positiva.


—Oh, claro, pero antes debemos informar a Sir Kaiser —respondió ella, y al instante la expresión de Isagi cambió.


—Bien... —Suspiró resignado.


Otra vez tenía que verle la estúpida cara de imbécil a ese Alfa, pero con tal de poder salir de su habitación y no estar encerrado todos los días, estaría dispuesto a aceptar el riesgo, así que siguió a la sirvienta hasta la oficina de Kaiser. Siendo ella la que se encargó de avisar para que Yoichi pudiera cumplir su deseo.


—Está bien —contestó sorprendiendo a la mujer—. Pero deberá acompañarlo un guardia y que no lo pierda de vista en ningún momento.


Yoichi supuso que cumpliría su palabra de mantenerlo vigilado todo el tiempo, así que maldijo por lo bajo, pero no se enfrentaría a Kaiser delante de una pobre mujer mayor.


—Ness, llama a Nagi Seishiro —pidió ahora dirigiéndole la palabra al Alfa que estaba parado a su lado—. Mientras estoy ocupado con este maldito papeleo, él se encargará de vigilarlo.


—¡Entendido! —respondió Ness saliendo de la habitación, y seguido de eso también se fue la sirvienta.


Por esa vez, algo que dejó un poco curioso a Isagi fue que Kaiser y el otro tipo no habían hablado en el idioma extranjero. Supuso que fue porque ahora sí querían que supiera lo que estaba pasando.


—Si intentas escapar, te irá muy mal —amenazó de repente aprovechando que estaban solos.


—Lo sé —respondió obvio—. No voy a intentar nada.


—Eso espero.


Después de su conversación indiferente, en la habitación entró Ness con otro hombre atrás suyo, uno mucho más alto, de cabello grisáceo, casi blanco y mirada perezosa. ¿Ese sería quien iba a cuidarlo?


—Nagi, vas a encargarte de vigilar a mi prometido —dijo serio, mientras el guardia lo miraba indiferente—. Llévalo al jardín y deja que se relaje, pero que ni se le ocurra escapar. ¿Entendido?


El nuevo Alfa, que acababa de conocer, asiente y mira de pies a cabeza a Yoichi. Simplemente, suspiró sin ganas y asintió.


—Qué molestia.


—Bien, ahora llévatelo... Oh, y procura mantener tus límites, sabes de lo que hablo.


Nagi sigue mirándolo indiferente, como si de verdad no supiera a lo que se refería. Sin embargo, Yoichi entendió a la perfección, ¿qué clases de Alfa trabajaban en ese lugar como para decir aquello?


No quería ni pensarlo que Kaiser no era el único bastardo en ese lugar. Bueno, podría jurar que el otro Alfa que siempre estaba detrás de él también era un idiota, ya que, desde que llegó, no dejaba de sentir como si lo estuviera asesinando con la mirada todo el rato.


—Uhm, vamos... ¿Nagi? —habló por fin, saliendo por la puerta.


Ya no tenía ganas de ver o escuchar a Kaiser, y debía aprovechar lo máximo posible el tiempo libre que le acababa de dar.


—Mmh —es lo único que dijo Nagi y siguió a Yoichi hasta afuera, no sin antes hacer una reverencia al Alfa rubio.


Mientras tanto, Kaiser observó a ambos marcharse, y por alguna razón el bolígrafo, que estaba en sus manos, había sido partido a la mitad de repente. Fue un sentimiento que surgió en cuanto escuchó a Yoichi, su Yoichi, dirigirle la palabra al inútil de Nagi.


Tal vez al final no haría ese estúpido papeleo, y se encargaría de mantenerse en alerta. 


||


Una vez afuera, Yoichi sonrió por primera vez en mucho tiempo.


—¡Al fin, aire fresco! —dijo, inhalando el aroma del ambiente.


Ahora que por fin estaba "libre" o al menos un poco, comenzó a caminar admirando el lugar, debía admitir que era increíble lo hermosa que era la vista natural.


—Oye, omega —le habló Nagi—. No camines tan rápido, es molesto.


—¿Ah? 


—Era mi hora de descanso —continuó—, y por tu culpa ese idiota vino a interrumpir.


Yoichi quedó sorprendido por las palabras de Nagi, y sintió un poco de pena. Miró a los alrededores de la zona tratando de buscar algo, hasta que pudo visualizar una zona del té en el jardín. Se le ocurrió que sería buena idea llevarlo hasta allí para que pudiera descansar. 


—Hmm, podemos ir allá para que puedas... Ya sabes sentarte —dijo con amabilidad, pero Nagi negó con la cabeza.


—No puedo hacer eso, es solo para los jefes.


—Oh —se rindió decepcionado, pero se dio cuenta de algo muy importante—... Y dime, Nagi.


—Qué.


—¿Tu jefe es así todo el tiempo?


—¿Así cómo?


—Un imbécil, un patán, un engreído, hijo de puta, bastardo y cabrón.


Todos esos insultos que había soltado el omega sorprendieron bastante a Nagi, pero por alguna razón, le agradaba bastante escuchar aquello, ya que jamás había oído a un omega decir malas palabras, y mucho menos, insultar al futuro esposo.


—¿No lo ama? —preguntó bastante directo.


Yoichi no estaba seguro si decirle la verdad o no, pero supuso que ya no importaba debido a que lo había insultado, y más encima delante de uno de sus empleados, sin saber si Nagi sería capaz de avisarle a Kaiser o no.


—Lo detesto.


—Entonces —susurró despacio—... Tenemos algo en común.


Ante esa respuesta tan seria por parte de Nagi, no pudo evitar soltar una risita divertida después de mucho; ya necesitaba reír un poco. Después de tantas desgracias y horribles experiencias en pocos días, al fin había podido regalar una sonrisa sincera, todo por librarse al menos unos minutos de Kaiser.


—Eres agradable, Nagi —lo halago con una sonrisa en su rostro.


Apenas había cruzado palabras con ese chico, pero con solo saber que odiaba a Kaiser, quería que ese extraño fuera su amigo. ¿Por qué no?


Al menos tendría un compañero a quien decirle lo horrible y repugnante persona que era en realidad Kaiser, no esa fachada que se inventó cuando habló con sus padres, donde se supone que estaría protegido, pero ahora el verdadero monstruo era Kaiser y sus padres no lo pudieron ver.


Por otro lado, desde el tercer piso, el puño de alguien estaba temblando como nunca antes alguien lo había hecho. Gruñó con ira queriendo lanzar todo a la mierda, sus ojos ardían de la furia con solo ver desde su ventana aquella estúpida escena de novela romántica.


Ness observaba como Kaiser ya había roto el tercer lápiz en la tarde, en menos de 10 minutos. A veces hasta podía darle un poco de miedo, y se había vuelto mucho peor con la llegada de este omega.


Incluso era la primera vez que lo veía tan ansioso y entusiasmado por casarse, algo que para Ness era increíble, ya que cuando seguían viviendo en Alemania, lo único que Kaiser hacía era buscar Omegas prostitutas, o a veces en sus viajes podía conseguir a cualquier omega que quisiera, y además, se aburría de ellas al instante, todas sin compromiso y así, se evitaba los problemas. Pero esta vez, parecía ser diferente, era la primera vez en que estaba tan obsesionado con casarse.


Los ojos de Ness se seguían manteniendo en Kaiser, quien estaba saliendo de control, viendo cómo su lindo prometido le sonreía a otro hombre de forma descarada. No podía permitir eso, no iba a dejar que nadie le robara a Isagi Yoichi. Era hora de darle otra lección.


Ese omega era solamente suyo.

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Good Writing

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author

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