Consentimiento Mutuo [RadioDust]

Summary

"Lo que más me gusta es oír tu voz al gemir. Mientras solo sea de placer y no de miedo... estaré más que complacido, cariño".

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Complete
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1
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n/a
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18+

Capítulo Único

En un lugar tan caótico como lo es Hell, donde las almas de los pecadores son torturadas eternamente por los actos malos cometidos en vida; uno pensaría que un concepto como el amor era imposible de existir. Y más si era entre dos demonios totalmente opuestos.

Un Overlord —un señor supremo— y un pecador común. Si nadie creería que ese tipo de relación era posible. Pero un sabio del plano terrenal alguna vez dijo:

“Todo es posible si lo crees”.

Un poco cursi, pero asertivo. Además, si fue dicho por un científico, puede que sea cierto. ¿Qué científico? Eso es un misterio.

En fin, los seres de poca fe cambiarían de opinión al presenciar aquellos dos profesando lo más puro de la existencia misma. Porque el amor se puede respirar el aire al solo ver al Demonio Radio y a la estrella porno más famosa de todo Hell.

¿El como sucedió? No se sabe. Lo único de lo que se puede hablar de esa relación tan única es que el primer rocío de amor se formó en el hotel más famoso de toda la Ciudad Pentagrama: El Happy o mejor conocido como Hazbin. Y hablando de la edificación en cuestión, en específico, en la habitación del demonio araña; ambas almas estaban experimentando algo nuevo e...interesante.

—Sonrisas... ¿Estás seguro de esto?

Soltó una risilla—. ¿Por que no lo estaría?

—¿Tal vez porque no dejas de temblar como un puto terremoto? Quizás sea eso —trato de no sonar tan sarcástico, pero falló.

El hombre —vestido con una sola camisa y calzoncillos— que estaba por debajo del más alto solo se limitaba a temblar, ya que no podía hacer mucho debido a su estado. Las ataduras de que estaban en torno a sus muñecas y tobillos —que por cierto las piernas estaban atadas en las esquinas de la cama y las manos estaban sujetas de manera conjunta en el respaldo de la misma—, restringía cualquier movimiento del ciervo. Y como toque final, un antifaz que le bloqueaba la vista.

—Mm... pequeños detalles —pronunció en un tono muy bajo.

Angel solo bufó en respuesta. Podía amar a Alastor, pero cuando tomaba esa actitud tan orgullosa ante este tipo de situaciones que le producían cierto temor, le daban ganas de ahorcarlo. Y no de la buena manera.

—Aja, pequeños detalles —se quejo—. Alastor, estas cosas no son nuevas para mi, pero en tu caso... Dime con honestidad, ¿Realmente estás seguro?

Esta vez Angel no se molestó en ocultar su preocupación. Aunque el ciervo no podía verlo, no pudo evitar reír ante ello. Le enternece como la araña se preocupa por él a pesar de que él era un poderoso overlord que con un simple movimiento de dedos podría liberarse de ese tipo de situación, pero la confianza hacia su pareja era tan grande que ni siquiera lo intentaría.

Había repasado tantas veces este momento por su cabeza durante varias semanas en la que los dos lo estuvieron planeando. Dudo un poco al principio, pero al final accedió por pura curiosidad de experimentar cosas nuevas con el amor de su no-vida.

Así que no había tiempo para arrepentimientos. Y con ese pensamiento, el temblor de su cuerpo paro.

—Cariño, estoy absolutamente seguro —le regaló una sonrisa tranquilizadora.

Pasó unos segundos —y aún con algo de duda—, Angel finalmente asintió.

Suspira—. Si tu lo dices. ¿Recuerdas tu palabra de seguridad?

—A la perfección~

—Bien. En ese caso, comencemos.

Las orejas de Alastor se irguieron de forma instintiva al oír como su novio se alejaba de la cama. Sentía que la tensión volvía a él cuando pudo escuchar como el otro hacía ruidos como si estuviera buscando algo. En la profundidad de su inconsciente aún quería huir, pero debía mantenerse tranquilo. Porque todo saldría bien.

Si, todo tenía que salir bien.

Un nuevo movimiento en la cama le indico que su novio estaba de vuelta y más por el hecho de que empezó a sentir como los dedos del otro rozaban por encima de su camisa que comenzaba a ser desabrochada con lentitud.

Suspiro. La acción apenas iniciaba y ya sentía los nervios a flor de piel. La prueba estaba en que con unos simples toques ya sentía su miembro erguido, aunque no en su totalidad. La lentitud en la que su pareja le estaba desvistiendo, le estaba matando —y eso que no le estaba quitando la ropa por completo—, solo dejaba a la vista lo justamente necesario, exponiendo la piel repleta de cicatrices.

La privación sensorial, lo empeoraba todo. Los demás sentidos estaban al tope del colapso total.

Una ligera estática de la radio interna del demonio rojo se escapó cuando logró percibir un toque distinto a los dedos de Angel. Un toque más artificial, pudo intuir que se trataba de cuero; una vara de cuero en específico. Le tentaba de a poco en poco. Iniciando por las clavículas, bajando lentamente sobre el esternón y deteniéndose justo por encima del ombligo; el contacto se rompe por algunos segundos para que uno de los brazos del albino tome un pequeño impulso y finalmente dejar caer la punta de la vara en el mismo sitio produciendo un sonido seco y fuerte.

Hizo un sonido de asombro con un ligero espasmo.

“Eso... fue interesante”.

El ardor se sentía, pero no era tan intenso como se imaginaba. Era una sensación extrañamente dolorosa como...placentera.

Antes de que pudiera articular una palabra, un segundo azote le volvió a sorprender en la misma zona. Esta vez el espasmo del cuerpo se hizo muy notorio, sin poder evitar jadear de una manera ruidosa. Y un tercer azote se hizo presente.

Un cuarto, en el muslo interior derecho. Aún se sentía bien.

Un quinto, en el muslo interior contrario. Aún no le dolía lo suficiente para querer parar.

Un sexto, cerca de la ingle. Una pequeña incomodidad empezó a expandirse por el pecho.

Un séptimo que... ya no se sintió tan bien al estar tan cerca de la pubis.

Un octavo, nuevamente cerca de pubis. La erección comenzó a bajar, ya no se sentía para nada bien.

Y justo cuando se precipitó el noveno azote de la noche... ya no pudo más.

—Jam... balaya —tartamudeo— Jambala... ya .... ¡Jambalaya! —grito, aterrado.

La cama se movió de una manera brusca; sintió varios pares de manos deshacía los nudos tanto de las muñecas como de los tobillos y cuando todos estos fueron liberados, con rapidez levantó el torso de la cama quitándose el antifaz en el proceso. Jadeo y jadeo, centrando toda su energía para poder tranquilizarse, y cuando por fin pudo hacerlo, giró para observar a su pareja que le veía muy preocupado. La realización llegó a su mente...

Se sentía avergonzado. Y las orejas del ciervo lo demostraron cuando decayeron.

—Lo siento... —murmuro en tono muy bajo. Cubriéndose la cara con ambas manos, avergonzado.

Espero un reclamo, alguna queja e ¡Incluso gritos!, pero no espero lo siguiente.

Dos pares de brazos le jalaron hacia atrás —volteandolo— y lo apretujaban en un tierno abrazo; dejando descansar su cabeza en la pelusa del demonio albino. Pequeños besos se repartían en las orejas del demonio rojo, acariciándolas con un par de manos de la araña y el otro par se encargaba de sobar con suavidad las zonas que fueron afectadas por los azotes anteriores.

Jadeo —conmocionado y ruborizado—, porque aquella muestra de cariño pudo transmitirle lo que necesitaba en ese preciso momento: Consuelo.

Dejándose llevar por el afecto, se relajó sobre el cuerpo del otro —abrazándolo—, escuchando nada más que la respiración acompasada de su amado.

Unos minutos después de que los mimos continuaron, Angel se dispuso a hablar.

—¿Alastor? —pregunto en un susurro.

El ciervo hizo un sonido que indicaba que le estaba escuchando, sin moverse de su escondite preferido.

—Este tipo de contacto, estás caricias, los besos, el... hacer el amor contigo —menciona con ligero tono rosado en las mejillas—. Son cosas que disfruto mucho, ¿Lo sabías?

La cabeza de Alastor se eleva un poco para mirar a Angel directo a los ojos. Eso lo sabía a la perfección, porque él también lo disfrutaba solo si fuera únicamente con Angel. Así que asintió con lentitud.

Suelta un suspiro lleno de amor. Le encanta la imagen tan tierna que Alastor está mostrando en ese momento. Una que él solo tiene el privilegio de conocer.

—¿Quieres saber que más disfruto? —le sonrío. Aún acariciándole las orejas.

Nuevamente asintió con lentitud, algo confundido.

Ríe y simplemente deja fluir su pensamiento—. El consentimiento mutuo.

La sonrisa que siempre permanece en el rostro del Demonio Radio, flanquea ante la revelación. Se dejó llevar con tal de impresionar a su novio y no verse como un cobarde ante este tipo de cosas tan...extravagantes. Si antes se sentía avergonzado, ahora se sentía peor por olvidar ese detalle tan importante del demonio araña.

Y tal vez pensó en voz alta, porque el otro demonio no tardó en volver hablar, adivinando su pensamiento y haciendo hundirse nuevamente en la pelusa del mismo.

—Alastor, tú alguna vez fuiste un alma humana al igual que yo. Tuviste sueños y también temores. Se que aun los tienes, así que... —sacó la cabeza del pelirrojo de ahí y la acuno entre sus manos para que lo viera a los ojos—. No necesito que me demuestres nada. No quiero que te sientas obligado a algo en lo que no te sientas seguro o te disguste. Nuestra relación debe ser más que sexo o fetiches. Debe de haber... confianza —termina por decir con pequeña y tierna sonrisa.

El corazón de Alastor no tarda en palpitar desbocado. A veces siente que no merece ese hermoso ser como pareja. Es demasiado para él; por eso le cuida con tanto esmero y amor. Tiene tanta suerte.

—Además... Hace como tres semanas que dejaste de ser virgen. No esperes tanto, Sonrisas.

Y el momento mágico desaparece.

La radio interna del locutor hace un ruido agudo que rompe con la calma del lugar. No está enojado, pero si muy avergonzado. Así que con suma rapidez se separó del otro y ahora elige como nuevo escondite las cobijas de la cama, esperando fundirse con ella y volver a morir una vez más.

—Oh, mon chéri...—murmura por debajo de las sabanas—. No lo digas de esa forma.

La soltura del actor nunca dejaba de sorprenderle.

Tratando de contener algunas carcajadas sin mucho éxito, le responde—. ¡Mierda, Strawberry Pimp! Eres tan jodidamente tierno, ¡por eso te amo tanto!

Se le trepa arriba, intentando abrazarlo mientras ríe divertido por los gruñidos que recibe de parte del otro demonio que no tiene ninguna intención de salir de su refugio.

Lo que pasó después, solo ellos sabrán.