Prólogo
Hace mucho tiempo, siglos y siglos de civilizaciones enteras atrás, a años luz de distancia, en algún lugar remoto de nuestro vasto universo, en un mundo desconocido, en el próspero imperio de Rarión, existió una raza de seres mágicos conocidos como los Lúminas. Con una aspecto similar al de los humanos, pero poseedores de habilidades que desafiaban las leyes de la naturaleza que les fueron impuestas a los simples mortales, con los cuales solo compartían su apariencia.
Pues a diferencia de los humanos, los Lúminas vivían en armonía con la naturaleza y protegían los secretos de su origen. Sin embargo, su paz y prosperidad fueron amenazadas por la ambición desmedida de un emperador cruel y tiránico, Veliház, impulsado por su retorcida obsesión por el control absoluto, desató a sus siervos más leales: Los Acros, sus mejores y más despiadados cazadores de Lúminas. Fueron encomendados por su único amo, Veliház, a erradicar a esos seres, no solo de todo Rarión, sino también de la faz de su mundo.
Los Lúminas se apartaron de los humanos y se refugiaron en remotos y desconocidos rincones de su vieja amiga y creadora, la naturaleza, pero a pesar de todo, no tardaron en ser encontrados y exterminados. La madre naturaleza, resentida por la pérdida de sus hijos y guardianes, le dio la espalda al imperio, dejando a la calamidad hacer de las suyas en su ausencia.
Se cree que esa fue la razón por la que el emperador fue maldito, y a pesar de su fuerte linaje, poder y riqueza, ninguno de sus hijos sobreviviría más allá de la infancia. Sin embargo, en lugar de lamentarse, Veliház, encontró consuelo en su propia maldición, pues esta respondía a sus crueles deseos, librándolo de herederos que amenazaran su trono.
El emperador se sintió bendecido, sin embargo, su preciada emperatriz, vivió atormentada con la carga de su conocimiento, pues sabía que el hijo que llevaba en su vientre estaba destinado a morir poco después de su nacimiento.
Con el tiempo, los Lúminas pasaron a ser recordados como seres astutos y maliciosos, que disfrazados de seres humanos, usaban su belleza para atraer y maldecir a los incautos. Por otro lado, el último príncipe de Rarión y único heredero al trono, aún lucha contra su maldición sin remedio, consumiéndose lentamente mientras su tiempo en este mundo llega a su fin.
Así, los Lúmina continúan proyectándose en el imperio, influenciando su historia y destino de maneras que aún están por revelarse.








