Capítulo 1. Novata en Luisiana.
"A veces los cambios son buenos, los secretos que se esconden en ellos también lo son, y el hecho de poder empezar de nuevo para cerrar una ventana en tu pasado, lo hace mejor. ”
En un torbellino de incertidumbre, Maeve se sumergió en un abismo de preguntas durante su largo viaje de regreso a la ciudad que la vio nacer. Su mente era un tumulto de dudas y temores, acechada por una sensación sombría que presagiaba acontecimientos nefastos. ¿Habrían sus mentiras sido expuestas al fin, como una verdad amarga que amenazaba con desgarrar el velo de engaños que había tejido con tanto esmero?
Al descender del avión, tras casi doce horas de vuelo en las que el sueño la había evadido cruelmente, lo único que anhelaba su alma era el remanso de una cómoda cama. Pero allí, esperándola, se encontraba un automóvil negro como la noche, y junto a él, un hombre corpulento y fornido cuyo rostro le era familiar.
—Señorita Stone, bienvenida de vuelta —pronunció aquel gigante humano con voz grave.
Antes de que pudiera tomar sus maletas, Maeve se abalanzó sobre él, estrechándolo en un abrazo apasionado.
—Cray, ¿acaso ha transcurrido tanto tiempo que ya soy una “señorita”? —replicó ella con sorna, aunque su tono ocultaba un deje de anhelo por los días pasados.
—También te he echado de menos, pequeña —respondió Cray, el guardaespaldas de la familia que había sido más un padre para Maeve que una mera figura de seguridad.
Depositaron las maletas en el maletero de aquel vehículo sombrío, y ambos se dispusieron a emprender el camino hacia la residencia de los Stone, un hogar que ahora parecía ajeno para Maeve.
—¿Por qué he vuelto? —inquirió ella, su voz teñida de desasosiego—. Han transcurrido casi diez años, o más, desde que me enviaron lejos, y de la noche a la mañana deciden que debo regresar... —Su tono denotaba una mezcla de confusión y resentimiento.
—Ellos tienen sus razones, y bien sabes que no fue solo decisión suya —replicó Cray con solemnidad—. Lo que hiciste para llamar su atención solo precipitó las cosas.
—¡No fue para llamar su atención! —estalló Maeve, su voz cargada de indignación—. No todo gira en torno a ellos. Y no me regañes, Cray, tenía mis razones. —Devolvió sus propias palabras como un desafío, aunque en el fondo anhelaba comprender los motivos que la habían llevado de vuelta a aquel lugar.
El trayecto transcurrió en un silencio tenso, mientras Maeve contemplaba los nuevos edificios que se alzaban entre las viejas tiendas familiares, y las caras desconocidas que paseaban por las calles. La ciudad había cambiado, pero seguía siendo suya. La música emanaba de cada establecimiento, creando una melodía melancólica que impregnaba el aire de nostalgia y anhelo.
—¿Recuerdas aquel café al que solíamos ir cuando eras pequeña? —preguntó Cray, su voz suave como un bálsamo.
—¿Cómo olvidarlo? —respondió Maeve, apoyando su cabeza contra el cristal—. Hacía mis berrinches para que me llevaras allí después de clases, adoraba esas malteadas. —Un atisbo de añoranza se vislumbró en su mirada.
—Lo he comprado —anunció Cray con una sonrisa paternal—. Es mi regalo de bienvenida para ti.
—¡Oh, Dios mío! ¡Cray, eres un amor! —exclamó Maeve, su rostro iluminado por la sorpresa y la gratitud.
—Ya casi llegamos a casa —advirtió Cray con gravedad—. Conserva tu postura.
Él conocía bien la naturaleza de los padres de Maeve: estrictos, perfeccionistas y formales. Amantes del orden y la pulcritud. Transcurrieron unos minutos más antes de que se alzara ante ellos la gran reja negra que custodiaba la majestuosa residencia de los Stone. Al abrirse, dejó a la vista el hermoso jardín y la imponente entrada, donde tres automóviles aguardaban, mudos centinelas de aquel hogar que ahora parecía una fortaleza inexpugnable.
-No ha cambiado mucho.- susurro Maeve solo para ella.
Ni Cray, ni Maeve dijeron nada al bajar, en la puerta de la casa estaban dos personas del servicio esperándola para ayudar con las maletas. Había una silueta de una mujer un poco mayor, con postura derecha y una vestimenta impecable.
-¡Claudia! .- gritó Maeve al ver a la mujer.
-Nena, estas tan grande.- dijo Claudia abrazando a Maeve tan cálido y tan maternal.
-Ha pasado un tiempo, debía crecer.- dijo Maeve dándole un beso en la frente a Claudia.
-Tus padres te esperan adentro.- dijo Claudia seria, sabia que lo que venia podría no ser tan agradable.
Con la mirada baja, Maeve acató la sugerencia de Cray, adoptando una postura erguida y solemne. Hombros hacia atrás, espalda recta, cabeza en alto y el cabello cuidadosamente peinado hacia atrás, como si se preparara para una batalla inminente.
En la sala, dos figuras les aguardaban: una mujer joven y un hombre ataviado con un traje impecable, ambos irradiando una formalidad intimidante.
—Padre, madre —anunció Maeve, su voz resonando como un eco en aquel espacio austero.
—Bienvenida a casa, hija —respondió la mujer, estrechándola en un abrazo fugaz y depositando un beso gélido en su frente.
—Tu habitación permanece tal como la dejaste hace años —intervino el hombre, acercándose a Maeve con paso mesurado—. Solo hemos cambiado la cama, suponiendo que preferirías tonos cálidos. —Hizo una pausa, clavando su mirada en ella—. Te he echado de menos, cariño, pero no dejaré pasar tu falta.
Un escalofrío recorrió la espina dorsal de Maeve ante aquellas palabras, cargadas de una amenaza velada.
—Mañana irás a la escuela —declaró su madre con tono imperativo—. Es una institución de renombre, y espero que forjes alianzas provechosas.
No se pronunció una palabra más. Maeve ascendió a su habitación, encontrándose rodeada de cajas y maletas, habían sido testigos de su regreso. La cama que una vez fue pequeña había sido reemplazada por un mueble imponente, acorde a su estatura actual. Las cortinas, de un blanco pulcro, y las paredes, antes de un rosa vibrante, ahora teñidas de un gris tenue y melancólico.
Sin más que decir , Maeve se dirigió hacia la cama, dejándose caer sobre ella. Necesitaba recuperar las doce horas de sueño que el vuelo le había arrebatado, sumergirse en un reparador sueño, antes de enfrentar los desafíos que aguardaban en aquel hogar que ahora se asemejaba a una prisión de lujo.
En las horas de su siesta tuvo un sueño muy extraño. Estaba en una casa antigua con grandes llamaradas de fuego, todo se consumía y a lo lejos se escuchaban los gritos desesperados de personas, gritaban lo siguiente ”Es culpa de ella” “Ella no supo controlarse y los mato a todos” “Ella debería morir”,pero había una voz varonil que gritaba que pararan, poco a poco las llamas consumieron la casa y con esta también a Maeve. Ella se levantó sudando y con el corazón acelerado, aquel sueño parecía muy real y podía decir que fue más como un recuerdo, vio la hora que estaba en el despertador, faltaba una hora para que la levantaran para asistir a la escuela, así que decidió escribir lo que había soñado.
-Tal vez esta ciudad me está afectando...- dijo Maeve para ella misma.
Se levanto de su cama y se dirigió al escritorio, ahí estaban asentados un ordenador, algunos lapices, colores y marcadores, junto a una libreta forrada en cuero negro. Al abrirla se podían ver algunos escritos y poemas escritos por Maeve, en una hoja en limpio empezó a redactar su sueño.
“En una casa antigua me encontraba, en medio de las llamas del fuego, cada una de estas consumiendo entre sí y quemando todo lo de alrededor, yo estaba en medio de ese desastre ,las llamas seguían consumiendo a su alrededor como si fuera el mismo infierno, no podía salir, parecía que estaba estancada dentro de esa choza y poco a poco se fueron cayendo los cimientos, el techo se fue cayendo y yo no podía moverme, por fuera se escuchaban gritos de personas parecían más que estaban linchando en vez de pedir ayuda porque me estaba quemando, otra voz pedía a gritos que me ayudarán ,Pero entre miles y miles solamente a una tenía piedad de mí, no sabía qué hacer y poco a poco la casa se fue consumiendo y con ella yo también me volví cenizas y polvo tal y como fui alguna vez.”
Al terminar cerró la libreta y la guardó en un cajón del escritorio, tenía tiempo de dormir un poco más, así que solo se fue a la cama de nuevo.
El despertador sonó, como si fuera un abrir y cerrar de ojos. Adormitada se levantó de aquella tan grande y cómoda cama. Se dirigió hacia el baño, lavo sus dientes y se desvistió, se metió a una ducha, al enjuagarse pudo ver una pequeña cicatriz que tenia en medio de su torso, era un poco pequeña pero había una marca visible, aun no se acordaba el como se la había hecho,salió y busco algo cómodo, unos jeans negro algo holgados, camiseta negra, y unos converse un poco altos, con el cabello mojado solo lo desenredo y puso algunos prendedores para sujetarlo. Metió en su mochila unas libretas y un libro para que en el descanso no se aburriera. Bajo las escaleras y como era de esperar su madre y padre no estaban, solo estaba Claudia que era la encargada de la cocina y ya le tenía preparado el desayuno.
-¡Gracias Claudia!- Gritó Maeve desde el comedor en el cual estaba una malteada de avellana y un pan dulce.
-¡Nena! Tus padres hoy comerán en casa, me dijeron que debería de estar aquí a las 3 más tardar ya que tiene algo muy importante que decirte- dijo Claudia esperando una respuesta.
-Está bien- dijo Maeve y se despidió con la mano, saliendo de aquel lugar para dirigirse al instituto.
Ahí estaba Cray esperando frente al auto con un traje negro y una malteada.
-¿Te obligo Claudia?- dijo Maeve al ver que estaba desayunando.
-Diría que hizo una sugerencia muy amenazante- Respondió Cray.
-Claro, ¿Crees que este año será diferente a los demás?, lo digo con respecto a todos estos cambios- dijo Maeve mientras subía al auto.
-Es normal que no te sientas cómoda, pero ve el lado positivo, nadie te conoce, ¿Por qué no lo sería?- Respondió Cray mirando curioso a Maeve.
-Solo curiosidad, ahora vamos que se nos hará tarde- dijo Maeve.
Todo el camino fue silencioso, ya que Maeve ni Cray eran de hablar mucho, y aparte que Maeve tenía los auriculares puestos mientras miraba el paisaje por la ventana y se perdía en sus propios pensamientos y dudas.¿Por qué otra razón me trajeron mis padres? ¿Qué tipo de castigo tendré? ¿Cómo será la universidad? ¿A qué se refería mi padre con aliados?. Muchas dudas y ninguna respuesta a ellas, cuando de pronto el pasar del auto la sacó de sus pensamientos y vio por el otro lado de la ventana del coche y estaba enfrente del instituto, suspiro y Cray abrió la puerta.
-Llegamos Maeve, pasaré por ti.- Dijo Cray mientras tomaba una de las manos de Maeve para que ella pudiera salir del vehículo de donde ella se encontraba.
Maeve no dijo nada, solo salió del vehículo.
-¿Quieres que te Maeve......- Cray no terminó pues Maeve lo interrumpió.
-Me las arreglaré sola, gracias por traerme, nos vemos- dijo Maeve ,Cray solo se dignó a asentir y se fue.
Al caminar por los pasillos de esta hermosa construcción, parecía vieja pero muy bien cuidada, los colores cálidos en ella la hacían ver hogareña pero su gran tamaño la hacía ver profunda y aterradora. Llegó a la dirección en donde se encontraba un chico sentado, tenía el cabello revuelto y oscuro, lo cual hacía que sus ojos azules resaltan, pero ese azul era penetrante , vestía unos jeans negros, una camiseta café, y una chaqueta de mezclilla blanca, era atractivo ante los ojos de Maeve, parecía salido de una historia trágica de amor, en eso de nuevo una voz la sacó de sus pensamientos, era el director.
-Señorita Stone, acompáñenme, les enseñaré su respectivo salón- dijo el director con una sonrisa. -Maeve, este es tu formulario y clases extra. - dijo mientras le entregaba unas hojas,las asignaturas extras eran; Arte, escritura, deporte y música. -Bien aquí está tu aula.-dijo mientras entraba al aula.
Entro y aun no estaba el docente, y justo en el fondo había dos asientos que a Maeve le llamaron la atención. La universidad podía ser difícil pero eso no quiere decir que no pueda pasar desapercibida. Se sentó y detrás de ella pudo ver cómo venía un chico de ojos azules.
-¿Ocupado?- preguntó el chico señalando el asiento.
-No.- dijo Maeve acomodando sus cosas.
El solo se sentó e hizo lo mismo que Maeve.
-Nathan.- dijo aquel chico dándole la mano a Maeve.
-Maeve.- dijo Maeve.
Pasaron clases otras clases, y tenía una clase libre, Maeve se dirigió a un lado del campus, donde estaba libre, deseaba escribir y dibujar un poco, ya que el estrés del primer día la estaba matando.
-Hola, ¿Qué estás haciendo? .- dijo un chico de casi 1.70 de estatura, ojos claros color miel y cabello ondulado largo.
Maeve solo levanto la mirada seria.
-Lindo dibujo, ¿Alguien en especial? .- preguntó ese chico.
-La imaginación vuela, no siempre tienes que dibujar a alguien en especial.- dijo Maeve.
-Tucket, un gusto.- dijo ese chico regalándole una sonrisa.
-Maeve.- dijo sin despegar su mirada de la hoja.
-¿Stone?.- preguntó Tucket
-Si, Maeve Stone.- dijo Maeve un poco molesta.
Al levantarse de donde estaba, pudo ver al otro lado a un chico con cabello largo y platinado, cuando tropezó e intentó mirar de nuevo hacia donde estaba ese chico, parecía haberse ido, así que mejor se concentró en no llegar tarde a clases. Caminando por el instituto pudo ver a personas destacables, un par de Mellizos pelirrojos, la mirada del chico la seguía y parecía el ser el cazador y ella la presa, al chico de hace ratos,Tucked, a una chica con el cabello ostentoso y con una tez hermosa, y a Nathan, sentado con un par de carpetas a su lado, parecía realmente estresado. Y como había dicho Cray, ahí estaba puntual, ella no esperó y se subió al auto. La ida fue silenciosa, Maeve con audifonos y Cray concentrado en el camino. Llegando a casa sus padres estaban ya en el comedor. ¿Qué le dirían? ¿Acaso era algo tan urgente? ¿Era malo? si era urgente, debía de ser malo, tal vez ya sabían su secreto.
Maeve dejó sus cosas en el sillón cercano y se dirigió al comedor, donde ambos padres la esperaban.
-Nos vamos a Busan.- se escuchó decir de parte del padre de Maeve. Su mirada seria con un traje elegante y algunos papeles en la mesa.
-Se que te llamamos para tener mas tiempo contigo per..- no pudo terminar la madre de Maeve.
-Entiendo Osiris, no tienen tiempo y el trabajo es más importante, y no se preocupen por mi, Cray y Claudia hacen mejor papel de padre y madre que ustedes.- dijo Maeve molesta.
-Siéntate y comportate, que tus ataques y ganas de llamar la atención, pueden arruinarnos, ¿Crees que tu chistesito de la lista no nos costó?, ¿Sabes que tuvimos que hacer para que te acepten en esta universidad?.- dijo Osiris, madre de Maeve.
-¿Cray o Claudia lo saben? .- preguntó Maeve mirando a ambos.
-¿Te importa más lo que ellos crean?, ellos no son tus padres.- dijo ya exaltado el padre de Maeve.
-¿Si o no? .- dijo Maeve.
-No. Cray solo escucho algo del tema, pero Claudia nada.- dijo Osiris.
-Bien, si me disculpan creo que debo irme a la recamara y suerte en su viaje, tráiganme un recuerdo.- dijo Maeve levantándose.
-Nos iremos por 3 meses.- dijo Osiris.
-¡Joder! ¡¿No pasó ni un día con ustedes y ya marchan?!, ¡¿Es una maldita broma?!, deberían de haberme dejado ahí pudriéndose en el otro instituto,pero siempre es Osiris y Daven, que la pequeña Maeve se vaya a la mierda.- dijo Maeve siguiendo con su camino.
-Claudia ¿Podrías llevarme algunos muffins? .- dijo Maeve dirigiéndose a Claudia.
-¿Con chispas de chocolate? .- dijo Claudia sonriendo.
-Con muchas chispas.- dijo subiendo las escaleras.
Maeve subió a su habitación y busco entre sus cosas una libreta vieja que tenía.
Y justo cuando empezó a arrancar un par de hojas escucho a alguien subir las escaleras, con un movimiento rápido guardo las hojas en su libreta de cuero.
-¿Puedo pasar? .- se escuchó decir detrás de la puerta.
-Pasa.- dijo Maeve.
-¿Quieres preparar conmigo los pastelitos? .-preguntó Claudia sacando su cabeza por la puerta.