🌕 I 🌕
🕰️☀️Medio día.
— ¡Mira papi! ¡Corre! ¡Corre! — La niña de apenas 5 años recorría el puente cercano al muelle jugando con una mariposa frente a la mirada de su padre, el rey.
— Ya voy cielo... — suspiró. — ah, cómo es que me queda energía para esto.
Su hija menor apenas vivía sus primeros años mientras que la mediana tenía 10 y la mayor 15, ambas se dedicaban a afinar sus conocimientos desarrollando habilidades sociales e intelectuales para prepararse desde ahora al día tan esperado de sus respectivas bodas.
— Ow... — la pequeña tropezó cayendo sobre su trasero riendo de inmediato sacando una sonora risa a su padre que la vía con tanto amor que podría desbordar.
— Oh querida... te encantaría estar aquí con nuestras hijas.
Su esposa había fallecido meses después de dar a luz, aunque tuvo la oportunidad de casarse nuevamente decidió no hacerlo teniendo en su lugar un cuadro en honor a su amada mujer guardando con esto su memoria.
Al llegar a donde su niña la tomó en brazos caminando de regreso mientras la oía parlotear.
— Papi, papi, ¿qué es eso? — preguntó levantando su peña mano.
— ¿Que es qué cariño?
— Eso, ahí... en el agua.
Al girar su vista observó el pequeño navío que ella apuntaba con su dedo, lentamente se hundía antes de quedar a la deriva notando que no había tripulantes en él.
— No lo sé cariño, —con la mirada, buscó a alguien próximo a ellos. — caballero.
— Dígame, su majestad.
— Revisen qué hay ahí, seguramente se soltó de algún barco.
El hombre visualizó sobre las aguas a lo que se refería acatando la orden de inmediato.
— En seguida, su majestad.
Como ordenó, no tardaron en recuperar la pequeña balsa llevándola a la orilla bajo la supervisión del rey y la curiosidad de la princesa.
— Es... un niño. — habló uno de ellos.
— ¿Un niño?
Se acercó bajando a su hija poniéndola detrás suya viendo cómo los hombres revisaban al pequeño con notable desnutrición y heridas en su cuerpo, llevaría al menos 5 días extraviado en el mar.
— Aún tiene pulso, pero es muy débil.
Pronto comenzaron las especulaciones.
— Dudo bastante que sobreviva.
— No debe tener más de 9 años... — La nena se acercó aún más notando un haori de color rojizo que lo cubría, su cabello era oscuro y su piel parecía estar demasiado asoleada, quizo acercarse para tomar su mano al notar como sus pequeños dedos se movían en un intento de sostener algo cerca suyo, era como si extrañase a alguien.
— Papi... ¿podemos ayudarlo? — su padre la miró viendo unas lágrimas caer de sus dulces ojos mientras lo sostenía del borde de su vestimenta. — Por favor... debe tener mucha hambre y miedo.
Conmovido por sus inocente pensamiento ordenó a sus hombres que lo cuidasen, le dieran un baño y alimentaran lo más pronto posible además de curar sus heridas.
Al encontrarse huérfano podría ser educado como uno más de ellos, le darían la oportunidad más grande de su corta vida al quedarse dentro del palacio entrenando cada día hasta que lo nombraran oficialmente como un caballero.
📆3 años después🌤️
🕰️☀️Medio día.
Aquel niño rescatado tenía ahora 10 años, había demostrado con el pasar del tiempo una destreza excepcional para el manejo de una espada forjando cada vez más su carácter y personalidad como alguien serio y reservado.
Nunca habló de su familia aunque todos los días se lamentaba la pérdida de su hermana quien lo había salvado al llevarlo a la única balsa restante del barco que se hundió, sus padres perecieron en ese mismo accidente quedando completamente solo hasta que conoció a quien se volvería su nueva familia.
Su instructor Urokodaki Sakonji fungía un importante papel para él y otro huérfano de nombre Sabito que rápidamente tomó el lugar de su mejor amigo, ambos niños quedaron bajo su cuidado apoyándose mutuamente en los días difíciles del entrenamiento y disfrutando de los días de viento que hacían volar los pétalos de las sakura.
Era este evento el cual le gustaba observar sin perder detalle y no solo por el color rosáceo que coloreaba por unos instantes el cielo, sino porque podía verla a ella ahí también.
La princesa que sugirió rescatarlo y quien visualizó su fatídico destino salvándolo de una muerte segura salía todos los días al jardín para mirar las flores y el cielo azul.
Podía pasar horas viéndola sin aburrirse, pues encontraba en ella una calma relajante además de sentir su presencia como los cálidos rayos del sol por las mañanas, su sola existencia le brindaba paz.
— Te gusta la princesa. — vaya que no tenía cuidado al hablar.
— N-no. — su lindo tartamudeo mientras se sonrojaba confirmaron las sospechas del niño.
— Sí, te gusta.
— No es cierto. — detestaba esa sonrisa burlona en él.
— Entonces ve y háblale. — su amigo era bastante retador al contrario de él.
— N-no puedo... — además del temor que le daba acercarse, sabía que sería castigado por esto.
— Tiene razón, no puede.
Su instructor se acercó a ellos escuchando sus palabras evitando desde ya un mal entendido.
— Urokodaki-san. — contestaron al mismo tiempo.
— Ella es una princesa, ustedes serán caballeros; no lo olviden. — argumentó tomándolos por la espalda para dar media vuelta y retirarse.
— ¿Qué diferencia hay en ello? — preguntó el de cabello durazno.
— Bastante, demasiada para ser verdad. — entrando a la finca ambos niños tomaron asiento delante de él. — Nosotros servimos para protegerla, ella para liderar; en algún momento contraerá matrimonio con un príncipe y ustedes con una doncella del pueblo si bien les va.
Tomó una tetera y sirvió su contenido en dos pequeñas tazas que estaban frente a ellos. — Ahora pónganse a estudiar.
Esto fue más que suficiente para arrebatarle los pocos ánimos que tenía de acercarse si quiera unos pasos más de distancia a ella.
Ambos sacaron sus escrituras aprendiendo ahora informes básicos de medicina en caso de que estuvieran heridos o debieran socorrer a otro; no sólo era importante su desempeño en la pelea sino que debía conocer bastante del cuerpo humano, estrategias, cálculos, orientación, todo aquello que le funcionara en un campo de batalla y supervivencia.
A su vez, ella estudiaba todo lo que una reina debía conocer como la geografía de su reino, su historia y cultura, debía tener una vocalización excelente al momento de recitar mandatos o profesar poemas, delicadeza en su danza y la ceremonia del té, habilidad en el entretenimiento de la música y sobretodo pulcritud en su diario vivir.
No se le permitía llorar o responder, tampoco reír demasiado pero no ser descortés; ningún error en su caminar o dicción, sus ropas siempre debían lucir impecables al igual que su peinado y la tinta de sus labios. Nada de comer tan furtiva o eufóricamente, no correr, no gritar, no jugar.
Todo lo que se esperaba de ella era la perfección.
📆8 años después🌤️
🕰️⛅️Al amanecer.
La princesa se encontraba en la tina, podía ver por el ventanal el sol que alumbraba el mar y este reflejaba hermosos destellos. La propia luz del día iluminaba su cuarto de baño dejando entrar el canto de las aves que se vio interrumpido por su voz.
— Kanae... — la melancolía en su voz era evidente.
— Dígame, señorita.
— ¿Sabes quien asistirá a la ceremonia? — apenas y tenía ganas de girar su rostro.
— Lo lamento, pero desconozco esta información.
— ¿Alguna de ustedes sabe? — volteó a ver sus demás damas viendo que todas negaron mientras limpiaban su piel con finas frazadas dejando su cuerpo suave como la seda.
Hoy se llevaría acabo su coronación como princesa heredera y la presentación de su caballero real, este hombre la acompañaría a partir de este día a cualquier lugar que ella deseara ir y haría guardia todas las noches fuera de su habitación. La defendería a toda costa e incluso pondría su vida antes que la de ella muriendo en su honor de ser necesario.
Miró su reflejo en el agua escuchando como abrían la puerta apresuradamente, al voltear vio a su hermana mayor acompañada de sus damas visualizándola aún en la tina.
— Ya tardaste demasiado, tienes que salir para que te vistan y te arreglen. — como siempre, corregía hasta el más mínimo detalle así se tratase del tiempo.
— Estaba por terminar... — murmuró girándose de nuevo a la ventana escuchando salir de la mayor un suspiro.
— (T/N), escúchame por favor. Hoy es un día importante.
— Creí que lo era el día de mi boda.
Su hermana se paseaba por la habitación analizando cada detalle siendo imposible no prestarle atención.
— También lo es; pero hoy el reino entero te reconocerá como princesa heredera y el caballero que quedará a tu tutela será nombrado por el rey, — era increíble que ni siquiera tomase aire para respirar. — un solo error en tus palabras y.
— Podría costar mi reputación... ya lo sé.
Interrumpió.
— Además de contestar. — se quejó suspirando y abriendo su abanico a la par para refrescar sus nervios. — Hablando de tu boda, el rey ha decidido entre los candidatos quien será tu prometido.
La joven sintió una presión en su pecho que la intimidó, toda su vida le habían dejado en claro que esto sucedería, sin embargo no esperaba que fuera a ocurrir tan pronto.
— Pero... apenas cumpliré 16 años. — sus damas se encontraban ahora al pie del lugar mientras ella se incorporaba entre el agua.
— La edad perfecta para casarte, ya hablaremos de ello después, por ahora solo date prisa. — antes de salir dirigió su vista al vestido que se pondría examinándolo minuciosamente. — Cambia tu vestido, estos colores son muy... vibrantes, opta por tonos mas elegantes.
Salió dejándola sola ordenando a su damas que salieran para esperarla en el cuarto, soltó aire en forma de resignación creyendo que tan solo este día la dejarían vestirse como ella quisiera.
Se levantó secando su cuerpo del agua lechosa que escurría por su piel, se colocó la ropa interior y salió cubierta con una bata para que la alistaran.
Ahora le ponían un corset de color beige apretado lo suficiente para enmarcar su figura, encima de las telas que abultaban el vestido colocaron la prenda de color azul marino y beige con detalles dorados sujetándolo por detrás.
Las mangas cubrían desde sus hombros hasta tres cuartos de su brazo cayendo como un adorno, vistieron sus muñecas con joyas preciosas y su cuello con diamantes; peinaron su cabello (c/c) en dos pequeñas trenzas que juntaron en una media coleta dejando el resto suelto y maquillaron su rostro sutilmente.
Una vez lista esperó en su cuarto a que la gente terminase de llegar; en el salón principal se encontraban todos los que tenían altos mandos en el reinado como consejeros reales, familias con títulos de nobleza, líderes del ejército, gente con gran influencia y riqueza dejando por último fuera de las grandes puertas que daban la bienvenida al castillo a la gente del pueblo.
— Su alteza, es hora de que baje a la ceremonia. — le informó su dama sin pasar del marco de la puerta.
— Gracias Shinobu.
Se levantó sintiendo demasiada presión sobre sus hombros y su cabeza, rogaba por que su mente no le jugara mal en su declaración confiando en todas las clases que tuvo de preparación para este momento.
~ Puedes hacerlo, respira. ~
Llegó a la sala siendo objeto de miradas, todos los jóvenes de su misma edad e incluso los más grandes quedaron perplejos ante la belleza de aquella niña que solía correr por los muelles y jugar cerca de la orilla del mar; el tiempo no había pasado en vano, a pesar de ser una adolescente ya despertaba la atención de los demás cautivándolos con sus finas facciones y expresiones, todas dignas de una realeza.
Ahí en el frente se encontraban sus hermanas en sus respectivos tronos, en medio se hallaba el lugar del rey y la reina, a su lado izquierdo su hermana mayor y al derecho su hermana media.
En el extremo izquierdo se encontraba un nuevo lugar que sería el cual ella ocuparía.
— Atención, todos los aquí presentes inclínense ante la hija menor del rey. — Todos lo hicieron a modo de mostrar respeto ante su presencia abriéndole paso para caminar hasta quedar frente a ellas, hizo una reverencia que fue contestada apropiadamente.
Seguido de esto entró el rey siendo venerado por todo el lugar en símbolo de respeto escuchando al vocero real que extendió su pergamino.
— Con la ley y el permiso que su majestad, el rey me otorga, les pido alcen su mirada para llevar a cabo esta ceremonia.
Todos en el lugar lo hicieron viendo cómo el padre de las tres chicas tomaba asiento. — En este día hemos sido reunidos con el fin de celebrar la coronación de la hija menor del rey como princesa heredera (T/A) (T/N).
La chica se arrodilló frente a su padre poniendo sus rodillas sobre una suave almohadilla de color vino. — Es ahora dónde explicaré detalladamente lo estipulado a su honor. Su obligación en este reinado será la de promover la prosperidad del pueblo y asegurar un futuro repleto de gozo y júbilo para los descendientes de esta nación. ¿Acepta este cargo, princesa (T/N)?
— Acepto. — dijo fuerte y claro.
— Asimismo, de acuerdo al mandato real que el rey expide se le encomienda a cumplir con su obligación real en búsqueda de beneficios para este reinado así sean en contra de su voluntad, ¿acepta este cargo, princesa (T/N)?
— Acepto.
— Y como última cláusula a su coronación; cualquier acto de traición en contra de las leyes y ordenes reales, desobediencia a sus deberes e incumplimiento a su juramento dejando como testigos a los dioses y todos los aquí presentes, se le castigará con la muerte. ¿Acepta este cargo, princesa (T/N)?
— Acepto.
— Le pido entonces, jure usted lealtad a la corona, princesa (T/N).
La chica se levantó para tomar con su mano izquierda la vela que uno de sus sirvientes le acercó y la mano derecha colocarla sobre las escrituras de sus dioses.
— Yo, (T/A) (T/N); hija menor del rey, juro lealtad a la corona de nuestra nación. — con ligero temor echó un vistazo veloz a sus hermanas para regresar pronto abajo. —Prometiendo entregar mi vida entera a los deberes que se me encomiendan y respetar las escrituras de nuestros dioses, reconociendo así mi título como princesa heredera del rey.
— En nombre de nuestros dioses y el rey, que así sea. Larga vida a la princesa heredera (T/N). — anunció el vocero guiando a todo el salón en sus palabras.
—¡Larga vida a la princesa heredera (T/N)!
El rey se puso de pie tomando la corona que uno de sus sirvientes acercaba y la colocó sobre su cabeza, al reincorporarse giró su vista al salón que festejaba el acto con aplausos dejando salir el aire que había acumulada en sus pulmones por los nervios.
Ella, al igual que sus dos hermanas eran herederas del reino una vez que su padre falleciera, compartirían la corona tomando cada una ubicaciones diferentes debido a lo establecido en sus matrimonios; la mayor se encargaría del norte, la media del centro y la menor del sur.
En cuanto pudo tomar su lugar dieron pie al anuncio de su caballero real, esto le causaba una especie de intriga en su estómago ya que realmente quería saber quién sería el hombre que la acompañaría aún después de casarse.
— Como último acto real, su majestad el rey asignará un caballero real a la princesa heredera (T/N). — volvió a interferir el encargado de esta ceremonia.
— Yo, el rey de esta nación, hago un llamado al caballero Tomioka Giyuu. — Sus ojos parecían brillar ante la imagen del apuesto joven que se acercó a su alteza arrodillando su pierna derecha mientras se sostenía en la izquierda mirando abajo.
No podía recordar con claridad dónde, pero algo le decía que ya lo había visto con anterioridad. — Con está espada, yo te nombro caballero real de la princesa heredera (T/N).
Tomó el arma que uno de sus sirvientes le acercó y la puso sobre su hombro izquierdo pasándola por encima de su cabeza hacia el derecho. — Protegerla será tu motivación, salvaguardarás su vida ante cualquier situación y jurarás su bienestar antes que el tuyo propio, ¿reconoces tu obligación como tal?
— Sí su majestad, reconozco mi obligación como caballero real de la princesa heredera (T/N) de esta nación. — tenía una voz inusual, casi como vacía.
— Que así sea, bendecido seas.
Nuevamente el salón se llenó de aplausos dejando que el joven tomara entre sus manos la espada y se pusiera de pie luego de enfundarla, hizo una reverencia ante la familia real y se posicionó detrás de su trono como sus compañeros asignados a cada una de las hijas.
Por fin llegó a su memoria vagamente el día que habían sacado a un niño de la balsa que se hundía en el mar cuando ella tenía 5 años, durante los años siguientes había olvidado preguntar qué fue de él y si lograron encontrar a su familia.
Esto se había vuelto más interesante de lo que tenía en mente, jamás imagino que se convertiría en caballero y mucho menos que luciría tan guapo a su parecer, ahora lo único que se preguntaba era ¿cómo se llevaría con él?
La tarde paso en una gran fiesta, los invitados danzaban y comían hasta llenarse del festín que habían organizado a nombre de ella brindando con los más lujosos vinos.
Todo era música al redor y cortejos que veneraban la belleza de la chica que contestaba cortésmente a pesar de que algunos la incomodaran; en algún momento, pudo encontrar la forma de salir del salón dirigiéndose al balcón que daba al jardín pudiendo descansar de lo escandalosa que era la celebración.
— Oh, eres tú... — apenas podía dar un respiro cuando escuchó un ruido detrás suyo que la alertó.
— Lo lamento su majestad, no era mi intención asustarla. — como le habían indicado, tenía que ir con ella a cualquier lugar que fuese.
—Está bien, solo estaba acostumbrada a estar sola... —se giró de nuevo al frente con una sonrisa.
— En ese caso puedo apartarme si lo así lo desea.
— Oh no, no, lo siento por sugerir que era mi deseo, estoy bien si me acompañas. — hizo un ademán para que se acercara más a ella haciendo un espacio en el borde del lugar invitándolo a que disfrutara de la vista.
El chico se acercó pasando sus ojos a lo lejos por todo aquel reino que pertenecía a la joven que tenía al lado preguntándose si acaso ella conocería cada rincón de sus calles así como lo hacía él.
Al ser un caballero, conocía desde el palacio hasta el callejón más estrecho y pobre de su nación teniendo contacto con todo tipo de personas en su momento.
Mientras él miraba por primera vez esta cima la chica aprovechó unos segundos para verlo a detalle fijando su atención el perfecto perfil que marcaban sus facciones, miró sus manos las cuales eran grandes y lucían un tanto maltratadas por el arduo trabajo que ejercía desde muy temprana edad.
A diferencia de las suyas, se sentían como el pétalo de una rosa humedecida y jamás había tomado una herramienta entre sus dedos que le implicara si quiera el mínimo sacrificio en fuerza, todo lo hacían por y para ella mantenido con esto su delicadeza intacta. — Puedo preguntarte, ¿cómo te gustaría que llame?
— Cualquier forma que decida para nombrarme la respetaré. — miraron sus ojos mutuamente, él se sentía un tanto nervioso por estar tan cerca de ella mientras que la chica sentía una emoción desconocida nacer en su estómago.
— Lo sé, pero considerando que estaremos juntos a partir de hoy hasta que alguno de los dos muera... pensé que podría llamarte por tu nombre, ¿te parece bien?
Verla sonreír tan amplio frente a él se sintió como una onda de calor en su interior, sus hermosos ojos (c/o) buscaban la forma de conectar mejor con los suyos y su labios al moverse hacían que se perdiera de a momentos en la realidad creyendo encontrarse en un sueño.
— Le agradezco su consideración su alteza. — agradeció en un intento de ignorar lo que su mente notaba sobre ella viendo que imposible al verla sonrojarse ligeramente y sonreír nuevamente.
— No me lo agradezcas, Giyuu-san.
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Primer cap ❤️
Espero les guste esta nueva historia, no estoy tan segura de cuantos capítulos tendrá pero les prometo que también será una buena trama.
Si gustan pueden leer los demás libros que tengo si esta es el primero que leen de mi parte, besitoooo 😚