Imperio de traición

Summary

Daemon es nombrado heredero por el mismísimo rey Jaehaerys, pero su hermano, el heredero elegido por el gran consejo, no estará de acuerdo con esto y tomará drásticas medidas para evitarlo. ¿Podrá Daemon cobrar venganza por lo que le hicieron a él y su familia? ¿O el amor le impedirá saldar viejas cuentas?

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Prólogo


¿Debería dejar de sacar historias como me han dicho? Si ¿Lo haré? No jaja.

Espero les guste esta historia, es un angst y tiene las siguientes advertencias:

El rey Jaehaerys Targaryen sabía que no le quedaba mucho tiempo de vida.

Su esposa, su amada compañera, la buena reina Alyssane, había muerto hace dos años ya, y él no tenía nada que hacer en este mundo sin ella.

Se había celebrado un gran consejo, en donde se había decidido que su sucesor sería Viserys Targaryen. Su amado nieto.

No debería haber dejado que se realizara ese concilio. Los grandes señores habían elegido a Viserys por sobre el joven Laenor Velaryon, hijo de Rhaenys, la primogénita de su hijo Aemon.

Él debería haber podido elegir a su sucesor, aún le quedaban fuerzas para hacerlo, aún podía hacerlo, y su decisión estaba casi tomada.

La paz no duraría, aunque su gobierno fue el más pacífico, él sabía que no duraría la paz.

Ya la guerra había comenzado, y esta vez, él no tenía la fuerza para montar su dragón y pelear una vez más.

Todo rey debía pelear sus batallas. Todo rey debía mantener a su familia unida, y pelear sus propias batallas.

Viserys jamás podría hacerlo. Se dejaba influenciar por Otto Hightower, un hombre al que por desgracia, habías ido él quién había puesto en su camino, y ya era demasiado tarde para enmendar ese error.

Dorne aún no se rendía ante la corona, y habían atacado nuevamente.

Su heredero no había ido a la batalla. Su heredero se había quedado en el palacio, mientras su mano del rey juzgaba cuántas tropas deberían enviar para ayudar a los que si peleaban.

Decepcionado al saber que su reino no estaba a salvo luego de tanto esfuerzo, decidió marchar a su última batalla.

Estaba viejo, enfermo y cansado. No pudo montar su dragón, pero montó a caballo, no dejaría que lo cargaran en carruajes, era el rey, había peleado decenas de guerras, no moriría como un noble que viajaba cómodo en un carruaje.

Fue hacia el campo de batalla para encontrarse con su joven nieto.

Daemon Targaryen tenía solo 22 años, y se había casado a los 16 con Lady Rhea Royce de piedra de las runas.

No se amaban, pero ambos habían aprendido a ser felices con su pequeño hijo al que habían llamado Aenys. Un niño de cabellos castaños y ojos verdes que era la luz de la vida de sus padres. Con solo 4 años, ese niño tendría un futuro tan brillante como el de su padre.

Jaehaerys sonrió al ver que su nieto luchaba la batalla que su heredero debía estar luchando.

Había reunido a sus hombres y habían marchado a defender el reino.

El rey Jaehaerys llevó tropas consigo, tantas como pudo, pero ya habían llegado cuando la batalla estaba casi ganada.

Desde lo alto de una colina, observó a su joven nieto, cubierto de sangre motivando a sus hombres a celebrar la victoria.

Sus hombres estaban delgados y hambrientos, las provisiones que la mano del rey había autorizado para los ejércitos eran desde luego menos de las que había informado a la corona, era por eso que él había exigido que cargaran más provisiones para los hombres que lucharan, y también sanadores y medicina para los heridos.

El rey cabalgó hacia su nieto, y él se arrodilló para recibirlo.

Todos los hombres, incluso los heridos se arrodillaron, pero el rey les indicó que no hicieran tal esfuerzo.

Daemon miraba extrañado a su abuelo ¿Qué hacía él ahí? El rey estaba enfermo, debería estar descansando.

- Una vez más has traído honor a nuestra casa, Daemon- dijo Jaehaerys bajando del caballo con ayuda de su nieto- Has ganado una nueva batalla- dijo Jaehaerys sonriéndole

- La última batalla, mi rey- respondió Daemon con su altanería que lo caracterizaba y Jaeharys sonrió. Había tanto de su amada Alyssa en Daemon.

- Vendrán más, Daemon, siempre habrán más- dijo Jaehaerys caminando junto con su nieto por entre los hombres que habían ganado la batalla.

El olor a la batalla era algo normal para Jaehaerys, el olor a la sangre y la tierra cubierta de rojo. Algo que lamentablemente era la maldición de cualquier rey.

Un rey no podía querer paz, si no estaba dispuesto a luchar, todo rey debía luchar.

Todo rey debía liderar a sus ejércitos dando el ejemplo.

Caminaron entre los hombres, mientras Daemon daba cuenta de las bajas en batalla.

Él conocía a sus ejércitos, conocía a sus escuadrones, sabían de donde eran, cuántos habían perecido, a medida que avanzaban, los hombres vitoreaban y celebraban.

- Están felices de verte, mi rey- dijo Daemon mirando a su abuelo y Jaehaerys sonrió.

- Te celebran a ti, celebran al príncipe que los lideró en la batalla- dijo Jaehaerys haciéndose a un lado viendo como todos los hombres los rodeaban.

Daemon levantó su espada y todos vitorearon por la victoria sobre Dorne.

Jaehaerys sonrió, sabiendo que su decisión nunca había sido más fácil y más clara.

Compartió con su nieto ese día, vio el respeto que los soldados de todas partes de los reinos le tenían, incluso como soldados de Dorne, habían cambiado de capa para ser leales a su nieto.

Lamentaba no haberlo visto antes. Había sido ciego, pero ya no lo era más.

- ¿Cómo puedo recompensar tus esfuerzos en el campo de batalla?- preguntó Jaehaerys sabiendo la respuesta.

- Lo sabes- respondió Daemon y Jaehaerys le concedió lo que quería.

- Podrás volver al palacio con tú esposa y tú hijo- dijo Jaehaerys y Daemon sonrió. Era todo lo que él quería. Su hijo tenía derecho de vivir en el palacio como un príncipe del reino.

Él no pertenecía a piedra de las runas y su hijo tampoco, sabía que su esposa coincidiría.

Volvieron a casa montados en Caraxes, tal vez Jaehaerys no tenía la fuerza para montar a Vermithor, pero ayudado de su nieto, había podido montar en Caraxes y volar en dragón por tal vez la última vez en su vida.

El reino los recibió entre aplausos, y entre los que aplaudían estaba Viserys y Aemma, junto a una pequeña Rhaenyra esperándolos.

La niña de ya 10 años corrió a saludar a su tío y él se agachó para cargarla entre sus brazos.

Jaehaerys mandó a llamar a su nieto, dos días después de que habían regresado al palacio.

Rodó los ojos cuando le dijeron que probablemente estaba en algún lugar bebiendo con sus hombres.

Caótico, como cualquier Targaryen, por suerte ahora no se había llevado como compañía a Viserys, aún recordaba cuando tuvo que ir Baelon a buscar a sus dos hijos porque llevaban una semana desaparecidos entre burdeles del lecho de pulgas.

Daemon llegó sobrio y bien vestido para ver al rey, nervioso, pensando que tal vez el rey se arrepentiría de dejarlo volver.

- ¿Para qué me has llamado, abuelo?- preguntó Daemon y Jaehaerys lo invitó a sentarse con él.

- El reino volverá a conocer días oscuros, a pesar de la paz, la paz no perdura- dijo Jaehaerys y Daemon negó.

- Me niego a aceptar que hemos peleado por nada mi rey, creo que esta vez, la paz es verdadera- dijo Daemon y Jaehaerys sonrió.

Joven e ingenuo, él también lo fue alguna vez, y a pesar de ser sabio fue traicionado. Ahora, sabía de la vida, sabía del dolor cuando cada uno de sus hijos murieron, y sabía lo que era perder el alma, cuando su esposa murió.

- Perdí todo por este reino Daemon- dijo Jaehaerys mirando a su nieto- Las horas que podría haberle dado a mis hijos, las pasé en viajes y consejos, sacrifiqué a mis hijos, sacrifiqué a mi Alyssane para dar herederos a este reino, y aún así, sé que fue en vano, porque la paz no perdura, solo podemos establecer una mejor esperanza para los que quedan-dijo él y Daemon lo miró incrédulo.

- La gente te necesita abuelo, no fue en vano, has traído paz, Aegon conquistó los siete reinos, pero tú los uniste- dijo Daemon y Jaehaerys sonrió.

- ¿Cómo me recordarán cuando muera Daemon? ¿Cómo me recordará mi pueblo?- preguntó Jaehaerys.

- Como un sabio, como el conciliador- dijo Daemon rápidamente.

- ¿Cómo un sabio? ¿O tal vez como un guerrero? ¿Cómo un tirano tal vez?- preguntó Jaehaerys y Daemon no comprendía- Cuando tomé el control de este reino, había caos y muerte, Maegor había sembrado el terror, yo traje la paz a costa de mi propia paz- dijo Jaehaerys y Daemon lo miró en silencio.

Daemon no comprendía a donde quería llegar su abuelo con esa conversa. ¿Por qué él de todas formas? ¿No debería decirle eso a Viserys?

- Cuéntame sobre tus ejércitos Daemon, como conseguiste liderarlos- dijo Jaehaerys y Daemon le contó como reclutó hombres de todos los siete reinos, incluso de Dorne. No fue difícil, conocía a sus hombres y a los líderes de sus escuadrones.

-Bueno, tú casa será ahora Rocadragón- comentó Jaehaerys y Daemon lo miró confundido. ¿Rocadragón? Pero Rocadragón pertenecía a Viserys ¿Qué decía su abuelo?

- Abuelo- comenzó Daemon y Jaehaerys negó.

- Hay un favor más que debo pedirte antes de que vayas a casa- dijo Jaehaerys poniéndose de pie y Daemon se puso de pie tras él.

- ¿En qué puedo servirle, mi rey?- preguntó Daemon mirando fijamente a su abuelo.

- Quiero que gobiernes los siete reinos tras mi muerte, quiero que te conviertas en rey y en el protector del reino, te facultaré a ti y solo a ti como mi heredero, el reino necesitará un rey que pelee sus propias batallas, que se gane la lealtad de sus hombres, que peleen por él sin ser obligados por una corona, el reino te necesita Daemon, tú le darás la paz definitiva a este reino, sé que será así- dijo Jaehaerys y Daemon lo miró absolutamente sorprendido.

No podía entender que ocurría, no comprendía ¿Él? ¿Heredero de Jaehaerys? Pero Viserys, era su hermano quién había sido elegido por los grandes señores.

- ¿Aceptarás el gran honor que te he ofrecido?- preguntó Jaehaerys tocando el hombro de su nieto que tenía los ojos brillantes y estaba en shock.

- Desde el fondo de mi corazón, no,abuelo- dijo Daemon siendo sincero.

Puede que haya soñado con el trono alguna vez, que incluso se haya jactado de que debería ser el rey, pero era mentira, no estaba listo para ser rey, su hermano debía gobernar.

- Daemon- dijo Jaehaerys complacido con la respuesta- Es por eso, que tú debes ser el rey- dijo tomándolo de los hombros

- Mi rey- dijo Daemon confundido- Hay muchas mejores personas que yo para el trono- comenzó él intentando entender lo que estaba sucediendo- Los grandes señores eligieron

- Los grandes señores no gobernaron este reino, los grandes señores no se han sentado en el trono- comenzó Jaehaerys- A ti no te ha corrompido la política- dijo Jaehaerys tomando de los hombros a su nieto

- ¿Y Viserys?- preguntó Daemon que no podía usurpar el trono de su hermano.

- Viserys es un buen hombre, pero jamás será un buen rey. No luchará sus batallas, y lo manipularán, ya lo hacen, por eso lo eligieron los grandes señores- dijo Jaehaerys simplemente- Sé que amas a tú hermano, pero jamás se le dará bien lo de ser rey, lo has sabido desde siempre- dijo Jaehaerys y Daemon cerró los ojos- Siempre debiste haber sido mi herederoo- dijo Jaehaerys y Daemon no daba crédito a lo que escuchaba.

¿Él? ¿Heredero al trono?

- Viserys lo aceptará, y si la corte no lo acepta, ellos saben que él ejército te debe lealtad a ti- dijo Viserys mirando a su nieto con seriedad

- Necesito tiempo, su majestad- dijo Daemon sin saber como sentirse o que pensar al respecto.

- Si- dijo Jaehaerys mirándolo fijamente- Para el atardecer, espero que hayas aceptado- dijo el rey- Ahora, considérate mi hijo y no mi nieto- dijo Jaehaerys y Daemon hizo una reverencia ante él antes de salir de allí.

Cuando salió de allí encontró a Rhaenyra que se acercó a él y le preguntaba por qué parecía nervioso.

- ¿Qué te dijo mi abuelo Jaehaerys tío?- preguntó Rhaenyra y Daemon acarició su rostro.

- Me deseó suerte antes de partir a casa- mintió él y Rhaenyra lo notó.

- Estás mintiendo- dijo Rhaenyra y Daemon sonrió.

- Tal vez- dijo él y Rhaenyra se abrazó a él.

- Lord Otto dijo que mi padre pronto será nombrado rey- dijo Rhaenyra mirando a su tío- Yo seré la princesa ¿Servirás a mi padre como has servido a mi abuelo, tío?- preguntó Rhaenyra y Daemon apartó la mirada.

- Siempre serviré al reino- dijo Daemon evitando el tema.

Daemon bajó hacia la cámara donde estaba el cráneo de Balerion, la montura de su hermano.

- Ancestros ¿Qué es lo que debo hacer?- preguntó el príncipe desesperado ¿Debía traicionar a su hermano? No podía hacer eso.

Rezo a sus ancestros para que protegieran a su hijo, y también a su esposa, rogó que los dioses valyrios protegieran a su hijo de todo y contra todos, y susurraran en sus sueños que el vivía solo para volver a abrazarlo.

Cuando caminaba por los pasillos de regreso a su habitación, se encontró con su buen amigo, Ser Harwin Strong.

- Harwin ¿No te cuesta cumplir con tú deber?- preguntó Daemon sin darle mayores detalles.

Harwin miró al príncipe y respondió sin siquiera preguntar por qué le preguntaba eso, el príncipe era su amigo, y era leal a él.

- A veces hago lo que quiero- dijo Harwin rápidamente- Otras veces, hago lo que debo hacer- dijo él y Daemon suspiro.

Se suponía que Harwin iría a piedra de las runas con él, pero ahora las cosas habían cambiado.

- Creo que no volveremos a piedra de las runas por un tiempo- dijo Daemon y Harwin lo miró con curiosidad.

¿A qué se debía eso? ¿Acaso el príncipe no deseaba volver a ver a su hijo más que nada?