Chapter 1
5 años atrás…
La graduación de la clase 3-A de la UA. Iida fue el elegido para las palabras de despedida, después de todo por tres largos años había sido el representante de la clase, sabía dar discursos que invitaban al camino recto y a siempre ser ¡Plus Ultra!
Los rostros de algunos eran de melancolía, otros llenos de gozo, unos más de incertidumbre y uno que otro de tristeza... la mayoría de graduados ya tenían decidido a dónde irían, a qué agencia de héroes entrarían; habían unos pocos que estaban indecisos pero en particular, Bakugou no había mencionado nada al respecto de su futuro. Se le notaba pensativo y distante, no gritaba como de costumbre, tenía semanas sin explotar o insultar a alguien, estaba callado, ensimismado.
—¡Bro! —Kirishima lo abrazó con el compañerismo que con que lo había hecho desde el momento en que lo conoció—, ¿al fin me dirás qué será de ti al salir por esa puerta?
—Tsk... —chasqueó la lengua molesto, con las manos en los bolsillos y la mirada baja—, no entiendo por qué tanto alboroto por ello.
Kirishima sabía que algo andaba mal, notaba como Bakugou observaba a Midoriya con una tristeza enorme, en el último año él había tratado de impulsar a su amigo a confesarse, pero nada, era como una roca impenetrable, estaba convencido que sería rechazado, pues el pobre chico de cabello verde que adoraba, fue presa de innumerables abusos por parte de Bakugou desde que eran niños, por lo que tenía una increíble carga de conciencia, él mismo estaba conflictuado con sus sentimientos y por ello siempre trató de alejar al pecoso, pero Izuku jamás se apartó, siempre caminó tras él, lo admiraba, lo elogiaba, soñaba con algún día alcanzarlo, pero cuando Bakugou tuvo el valor de admitirse a sí mismo que todo ese abuso y esas ganas de alejarlo, el decir que no lo soportaba, que lo odiaba… cuando por fin se dio cuenta de que todo ello era el producto de un amor mal encausado: ya era demasiado tarde.
Izuku ya no caminaba tras él, ya no lo elogiaba ni lo admiraba, no. Midoriya caminaba al frente, trazando el camino a seguir, siendo la punta de flecha que abría el camino para los demás, parecía que ya no estaba a su alcance.
—¿En serio, nunca se lo vas a decir? —preguntaba el pelirrojo con mucha tristeza.
—Me voy —Bakugou miró sin titubear a su amigo.
—¿A-a qué te refieres con que te vas?
—Me voy a Estados Unidos, tengo un contrato desde hace 6 meses y es por tiempo indefinido. Me voy y dejaré atrás toda esta mierda —Kirishima trató de abrazar a su amigo pero este se lo impidi —, No será muy varonil de tu parte si comienzas a llorar como una maricaquita —se burló con una sonrisa ladina—, mi vuelo sale en dos horas —miró al suelo porque ya no podía mantener los ojos sobre los del amigo que tanto lo apoyó en los últimos años—, nunca fui bueno con las despedidas pelos de incendio, así que por favor, dile a los demás “adiós” de mi parte.
Kirishima asintió con un nudo en la garganta tratando de contener las lágrimas de ver a su mejor amigo partir. Katsuki ya no podía mirar atrás, no podía perdonarse a sí mismo el infierno que le había hecho pasar a Midoriya toda su vida, el infierno que le hizo pasar a la persona que tanto amaba. Así que pensaba que lo mejor era poner mar y tierra de por medio.
(...)
En el presente, Bakugou Katsuki peleaba bajo el nombre de Ground Zero, era el segundo en el ranking estadounidense de héroes, estaba bastante orgulloso de sus habilidades, trabajaba en una agencia algo pequeña, únicamente se integraba de 8 héroes, sin embargo, todos ellos se encontraban entre los mejores 20, por lo que en fuerza se consideraba la mejor agencia de USA.
A menudo tenía misiones extremadamente peligrosas, su cuerpo ya mostraba bastantes cicatrices, éstas le producían sentimientos encontrados, por un lado estaba orgulloso de que siempre salía victorioso y por otro, le generaban cierta impotencia, ya que su poder y habilidades no fueron suficientes provocándose heridas mayores, de cualquier forma, admiraba con bastante egocentrismo su silueta en el espejo.
Se disponía a entrar a la cama, había tenido un día pesado y sólo anhelaba descansar. Se escuchó un "bip bip", era su celular sonando sin control. Se golpeó la cara con hastía antes de dignarse a contestar.
—¿Qué carajos quieres maldito bastardo? —Al otro lado de la línea estaba Dark Poison, quien se había convertido en uno de sus mejores amigos desde que llegó ahí, en realidad, él y Fire flower eran los únicos amigos que había hecho en aquel lugar.
—Ven rápido, ya te mandé la ubicación, estamos en problemas —sonaba bastante agitado— ¡Ah! ¡Por Dios Alice!
La llamada se cortó en ese momento, que su amigo llamara a Fire flower por su nombre de pila le preocupó demasiado, más tardó en colgar el teléfono que en lo que estaba saliendo del departamento, bajaba las escaleras poniéndose los guantes y granadas con prisa y balanceándose para no caer.
Cuando llegó a la ubicación todo era un desastre, había escombros, llamas y varios heridos. No lograba vislumbrar a sus amigos, comenzó a rescatar a los pocos civiles heridos y atrapados, de repente un ruido fuerte lo alertó, por fin vio a sus amigos pelear con un hombre que le doblaba la estatura y estaba cubierto de llamas negras, parecía una versión oscura de Endeavor, sin dudarlo se lanzó al combate, no fue nada fácil, ellos ya estaban heridos y lejos de ser de ayuda comenzaban a ser un estorbo. Ground Zero debía protegerlos y atacar, la verdad es que cargar con víctimas nunca se le dio bien.
Otro villano apareció, la situación no podía ser más complicada, pero Ground Zero siempre tenía en mente lema de su alma Mater "¡Plus Ultra!" Gritó con fuerza mientras contraatacaba, fue un poco descuidado y un ataque enemigo estaba por impactar de lleno en su abdomen, pero su amiga se lanzó sin pensarlo, aún con las heridas grabes que tenía.
—Sí ya no puedo luchar, al menos seré tu escudo —sonrió al decir esas palabras para luego desvanecerse y caer desmayada.
Nuestro héroe fue presa de la ira, contraatacó con todas sus fuerzas dejando inconscientes a ambos villanos, volteó para ver una escena desgarradora, su amigo que se arrastraba para alcanzar el cuerpo inmóvil de la chica mientras las lágrimas salían descontroladas al notar el gran agujero en su pecho.
(...)
Más tarde en el hospital Bakugou estaba en la sala de espera dando vueltas de un lado a otro, habían pasado ya cinco horas y no tenían noticia alguna. De repente escuchó a una enfermera.
—¿Bakugou Katsuki?
—Sí, ¡aquí estoy!
—Venga conmigo por favor, sus amigos ya se encuentran estables.
Fue llevado a la habitación donde ambos estaban, el hospital tenía un ala especial para héroes, era bastante lujoso pero sobre todo, se encontraban los mejores doctores del país.
—¡Hey Katsu ven aquí! —Escuchó decir a su amigo con gran emoción.
—Darío... estás hecho una mierda —reía nervioso aunque realmente se moría de preocupación; con los años y la madurez, aprendió a valorar a las pocas personas que tenía cerca.
—Ja, ja ¡Argh! —Se quejó presionando su costilla—, gracias por llegar Katsu, no la contaríamos de no ser por ti.
—No idiota, debiste llamar antes.
Un silencio sepulcral inundó la habitación, de fondo se escuchaba el respirador artificial al que Alice estaba conectada, ambos se miraban con remordimientos, ella era una heroína, sabían que no necesitaban protegerla como sí de una delicada chica se tratase, pero aún así deseaban hacerlo, ella llenaba de sonrisas y ánimos sus amargadas vidas, así que se sentían impotentes, pensaban que defraudaron el pacto silencioso de cuidarla por sobre todas las cosas.
Pasaron casi tres días para Alice por fin despertara. Darío ya podía levantarse de la cama aunque le quedaba bastante tiempo de recuperación antes de ser dado de alta.
Katsuki pasaba todo el tiempo libre que tenía en el hospital, esa tarde cuando llegó tras su patrullaje, el médico de Alice lo interceptó con una lúgubre expresión.
—Ella no va a lograrlo —aseguró el hombre.
—¿De qué habla? Ya despertó y cada día habla un poco más con nosotros —los ojos del rubio comenzaron a verse vidriosos y con lágrimas amenazando salir.