Golpeteos al cristal
El aire que me asfixia y el silencio que me abruma, solo tengo cabida a una esperanza en duda, y en eso en que estoy dudando entre existir o morir, aunque creo que es dormir. Todo ese escándalo en el vacío, se reduce a un golpe, imprudente e irrepetible, como un llamado al ragnarök, cientos de suicidas hacen que me alegre.
¿Diversión macabra? ... tal vez, pero el calor que me embriaga, me dice que me quede, y el ruido familiar que no me altere, y aun así hoy, hay algo que no sede.
Hoy, como el tirano que soy, me deshago de mis fieles, me arranco el abrigo como también el cobijo, uno tan lame botas como el otro... definitivamente estoy lleno de adjetivos rotos.
Asqueado de mí, decido torturar mis botas de cuero húmedo contra el suelo oscuro, y a tientas como ebrio, me lanzo cuasi estático hasta la buhardilla, donde me impongo un destierro de mil años de silencio.
Lava... lava con sangre melancólica, con gélida pasión, como el beso de un difunto, de aquel que ama y sabe que no regresara. Hasta parece pintora, como una con el corazón roto, que rompe en llanto y azota al lienzo del barro endurecido y bellamente pútrido.
Prudentísima dama de añicos, ¿Por qué su agonía me trae tanta paz, como la de tener un buen porvenir?, quisiera que me ayude, que me diga por que sufre.
Y aunque me lo diga, creo que no le entendería, y no crea que no le escuche, solo que la verdad hace que me atonte.
Y si hablamos de verdad y le digo la verdad, creo que todo está muy bien como está, lo incomprensible que maraville y lo real que se olvide.
Que mar gélido tan único que observo, estoy frío y no es por donde estoy, capas que muerto ya estoy o... ¿Cómo era? Bueno, irrelevante es para lo que apunto estoy por hacer.
Con sublime destreza con mi vida terminaré, tomare tinta y me envenenare, y así al emperador verán caer. Dude y dudare, todo tan elaborado y tan estropeado, que capaz yo lo cree, o que el cantico de esas niñas no me deja ver.
La Parca o Morfeo me llaman, pero será mejor que esperen, ya verán lo que hago, para que así ante mi mirada tiemblen, hoy en estos versos haré que mis manos titubeen, hasta que se arruguen y se quiebren, aprendan a hacer algo de lo que no se arrepienten.
Y con necedad ignoro lo bello del pensar, quien diría que una diosa para mi hoy se desnude para bailar, para este artesano loco de azar, ignorante de atar y desquiciado de altar, viendo este destello de índigo marchito, que será para los sueños y la verdad un nicho para descansar, lo despreció aquí sentado; pensando que no hay mucho que admirar.
Fluyendo... Veo por mi ventana fluir torrentes de agua de manantial o de no de tan allá, mientras me acomodo entre huesos y cuero, entre tela y madero, finalmente veo un poco de belleza en el gotero que no me deja morir, pero en sí veo tanta vida en la muerte, que ya ni quiero dormir, prefiero ver el cielo sangrar hasta que la mañana venga a saludar y tal vez ahí pueda descansar, cerrar los ojos y escuchar al viento susurrar.