Yuki no Hana -oneshot-
El frío invierno había llegado. Ella no estaba acostumbrada a las comodidades que tenía ahora, y pese al tiempo que había transcurrido aún seguía sin acostumbrarse. Estar bajo un techo que la protegiera de la fría nieve, no tener necesidad de estar pegada al fuego porque ahora tenía con qué cobijarse... ¿Eran razones para estar feliz ahora? Quizá, pero no podía serlo. No podía disfrutar de la tibia habitación si le faltaba el calor de la persona que más necesitaba.
Recién amanecía y la pequeña Rin asomó su rostro por la ventana para ver el blanco paisaje que se dibujaba. El blanco le gustaba, era su color favorito porque le recordaba mucho a él.
Se acercó al sitio donde guardaba sus pertenecías en aquella pequeña habitación. Tomó un pequeño espejo que le había traído precisamente ese demonio que tanto estaba extrañando ahora. Observó su rostro, quería ponerse bonita ya que hoy sería uno de esos pocos días donde se podía ver con su amado. También deseaba estrenar aquel kimono que se había hecho con la tela que Sesshomaru le había regalado la última vez; pero, al volver a ver por la ventana, pensó que el clima no le permitiría lucirlo como le gustaría.
Tomó de entre sus cosas una pequeña concha de mar que contenía dentro el color extraído de algunas flores rojas, que también había sido un detalle de Sesshomaru.
—Supongo que... ya no me considera una pequeña. —Una suave sonrisa se dibujó en su rostro después de mencionar aquello. Tomó con el dedo meñique de su mano derecha un poco de ese colorante para después colocarlo en sus labios y maquillarlos casi de manera perfecta, resultado de haber practicado lo suficiente. Pensó que si el señor Sesshomaru aún la considerase una niña no le hubiese obsequiado algo como eso... O eso quería creer.
Se puso su kimono morado, prefirió por esta ocasión no estrenar el otro. Tomó algo más para cubrirse y salió en dirección al sitio donde siempre se encontraba con él. Afortunadamente ya no caía nieve del cielo, al menos por ahora, lo que le permitiría llegar un poco más rápido.
Estaba emocionada y nerviosa, claro, no sólo iba a verlo después de algún tiempo, sino que también le haría una pequeña propuesta y realmente no sabía cuál iba a ser su respuesta.
Durante su caminata no podía dejar de pensar en aquellas palabras que Sesshomaru le había dedicado aquel día que jugaban a los trabalenguas. Era lo más hermoso que le había dicho y, aunque nunca le había vuelto a repetir algo así, sabía que no era necesario decir más.
"Rin.
¿Te has acostumbrado a vivir en la aldea? ¿Nadie te ha molestado o algo parecido? ¿Te hiciste un kimono con la tela que te llevé el otro día?
Cuando estés en problemas, ansiosa, triste, o en cualquier otro momento... sólo tienes que llamarme, iré hacia donde estés inmediatamente. Incluso si estamos muy lejos el uno del otro... si me llamas, iré absolutamente volando hacia ti. Si no puedes hablar, puedes silbar. Silba con tus dedos, si gustas. La distancia no es un problema. Nuestros corazones están juntos.
Con el poder de la confianza no hay nada que temer. Simplemente tener este sentimiento debería ser suficiente para llenar tu corazón. Por eso... es mejor que dejemos las cosas como están por ahora. Tenemos mucho tiempo. Puedes examinar tu corazón a tu propio ritmo.
Hasta entonces... Cuídate mucho."
Las palabras exactas del señor Sesshomaru retumbaban en su cabeza. ¿Cuánto tiempo más necesitaba para examinar su corazón? En realidad, ella no había necesitado ni un solo segundo desde que escuchó esas palabras; pero al parecer él no lo creía así.
—¿Simplemente tener este sentimiento debería ser suficiente para llenar mi corazón?
Cuando se dio cuenta ya estaba por llegar al sitio pactado. Y ahí estaba él. Reluciendo como si brillase por sobre todo el blanco paisaje. Él siempre estaba ahí primero, nunca le hacía esperar.
—¡Sesshomaru-sama! —su grito de emoción y su rostro iluminado demostraban siempre lo feliz que se sentía de verlo. Sesshomaru, como siempre, se mantenía serio, observándola directamente, aunque en algunas ocasiones, justo como ahora, dejaba escapar una pequeña sonrisa.
—Rin... —Una vez que la tuvo frente a él, no pudo evitar observar sus labios al darse cuenta que los había maquillado. Era la primera vez que la veía así, y le parecía que lucía hermosa. Volvió a mirarla a los ojos, le encantaba verlos así de felices—. Discúlpame por hacerte venir con este clima... pero pensé que de todas formas te negarías a posponer este encuentro.
Y así era. Él la conocía como nadie.
Rin negó con la cabeza, sin quitar en ningún momento esa suave y bella sonrisa de su rostro.
—No se preocupe... ¿Cómo ha estado? ¿No se ha metido en problemas? —se rio—. Supongo que sí... —agachó un poco la mirada. “Sino yo no seguiría aquí...”, pensó, logrando con ello que su sonrisa ahora se tornara nostálgica.
—Rin... —el alto demonio tomó el rostro de la joven por el mentón para levantar suavemente su rostro—. Te ves hermosa.
La más pequeña se quedó sin palabras, observando los pálidos ojos de su amado. Tan serios, tan serenos... pero tan llenos de sinceridad. Rin estaba feliz. Definitivamente ya no era una niña. Para Sesshomaru ya no sólo era "bonita", "linda" o "tierna"; ahora era hermosa ante sus ojos.
Pero su corazón temblaba. Tenía miedo de sentirse tan feliz por sólo eso, ya que de alguna manera también sentía que era por lo máximo que se podía alegrar.
Sonrió. No le quedaba más.
—Sesshomaru-sama... —el demonio soltó su rostro, sin dejar de mirarla—. Me pregunto si usted... podría acompañarme a la cena de navidad...
—¿Navidad?
—Sí, verá, la señorita Kagome me explicó que la navidad es una noche donde las personas se reúnen a cenar con sus familias y las personas que más quieren. También se dan regalos o algún detalle para las personas que son más especiales para uno... Es... como una manera de agradecer que estén juntos y desearse cosas buenas... o algo así. —Le miró expectante, ansiaba saber qué pensaba de su propuesta.
Sesshomaru la miraba sin decir nada, pensando en todas las palabras que le había dicho.
—Pero... —a Rin no le gustó como sonó esa primera palabra que soltó—, con cena te refieres a que estarán todos ahí, ¿no? Me refiero a los humanos con los que vives en la aldea...
Rin supo a dónde se dirigía. Sabía muy bien que al señor Sesshomaru le desagradaba bastante tener que convivir con humanos.
—Bueno, sí... es que de eso se trata la navidad... de convivir todos juntos —respondió temerosa, pues sabía que al más alto no le gustaría la idea.
Sesshomaru sólo la miraba y después de unos segundos de silencio Rin se rio, tratando de aparentar que la situación no tenía importancia.
—No se preocupe, si no quiere no importa —sonreía al decir aquello, pero sus ojos reflejaban lo contrario—, de todas formas no es tan...
—Ahí estaré —le interrumpió de manera abrupta, sorprendiendo a la pequeña con su respuesta.
—¿De... de verdad, Sesshomaru-sama? —los ojos de Rin estaban totalmente abiertos, impresionados, ante la respuesta del demonio que tenía frente a ella.
Sesshomaru tan solo asintió, con el mismo rostro serio que le caracterizaba. Rin, en cambio, estaba totalmente feliz.
—¡Oh! ¡Sesshomaru-sama! ¡Rin se siente muy feliz!
Sesshomaru abrió más sus ojos, totalmente sorprendido por los fuertes latidos que emanaba su corazón. Exactamente esa misma expresión, con esas mismas palabras, había utilizado Rin aquel día en que le había confesado parte de sus sentimientos con un trabalenguas.
Soltó un suspiro, riéndose internamente de sí mismo... No podía creer que algo tan simple hubiese hecho vibrar su corazón.
La nieve poco a poco comenzó a caer nuevamente, ambos miraron hacia arriba sintiendo como en sus rostros caían las frías bolitas blancas. Luego, Sesshomaru miró directo a Rin.
—Creo que es momento de que regreses... No quiero que te vayas a enfermar. Recuerda que como humana eres más delicada —y diciendo aquello, acarició suavemente su mejilla regalándole una pequeña sonrisa.
Rin le miró directo a los ojos y tomó la mano que se encontraba sobre su rostro.
—En siete días... no lo olvide, la cena de navidad será en siete días.
Sesshomaru asintió y se despidieron. Él, como siempre, se quedó en ese lugar observando como la joven se alejaba hasta llegar a su hogar.
Durante los siguientes días el clima siguió en las mismas condiciones. Rin estaba de estupendo humor, algo que todos notaban y atribuían a su encuentro con Sesshomaru, encuentros de los que todos estaban enterados pero nadie nunca tocaba el tema, sabían que era algo íntimo y preciado para la pequeña Rin.
—¡Bien! Ya tenemos todos los ingredientes para la cena de esta noche —mencionó una entusiasta Kagome, quien por primera vez había decidido que debían celebrar este día tan especial en la época donde ahora vivía permanentemente. Comenzaron a acomodar las cosas en el área donde prepararían todo, en la casa donde vivía Rin con la anciana Kaede.
—Kagome... —le llamó Rin, quien sería su ayudante—. Tú dijiste que la navidad debe celebrarse junto a nuestros seres más queridos, ¿no es así? Pues... he invitado a alguien muy especial para mí, espero no les moleste —la pequeña se sonrojó un poco sin quitar su mirada de aquella ensalada que estaba preparando.
Kagome, al escuchar lo que dijo Rin, dejó de cortar la carne que estaba a punto de guisar para voltear a ver a la chica que estaba junto a ella, un poco sorprendida por lo que le había dicho. Definitivamente sabía que se refería al medio hermano de Inuyasha, pero no podía creer que aquel demonio hubiese aceptado pasar la noche de navidad con ellos.
—Oh, Rin... —notó el sonrojo en la menor— me parece perfecto —sonrió—, de verdad, me alegra escucharte decir eso. —Kagome continuó con lo que estaba haciendo, pero ahora con una discreta sonrisa. Ella estaba completamente segura de que ellos dos se amaban y el hecho de que Sesshomaru hubiese aceptado una propuesta como esa era un buen indicio—. ¿Y ya tienes algún obsequio para ese alguien especial? Bueno, no es algo obligatorio, pero siempre es un lindo detalle recibir algo en navidad.
Rin se sobresaltó.
—¡Lo olvidé! ¡Señorita Kagome, debo ir a buscar un obsequio para Sesshomaru-sama!
Kagome se rio.
—Está bien Rin, deja eso y ve en busca del obsequio, ya no tarda Sango en venir a ayudarme.
—Gracias, señorita Kagome —Rin dio tres reverencias rápidas y salió corriendo.
En realidad no sabía lo que iba a buscar, ¿qué le gustaba al señor Sesshomaru? La pequeña Rin torció sus labios un poco molesta consigo misma; había pasado tanto tiempo junto a Sesshomaru en el pasado y no podía recordar algo que fuese especial para él... ¿Acaso había algo?
Justo en ese momento recordó el día en que ellos dos se conocieron; cómo ese demonio rechazó su intento de hacerlo sentir mejor y cómo se negó a comer la comida que le había llevado, diciendo que "detestaba la comida de los humanos".
—Es verdad... —Rin se quedó pensativa. Sesshomaru odiaba la comida de los humanos y no le gustaba convivir con ellos, y a pesar de eso decidió acompañarla esta noche. Rin se sentía realmente feliz. Sesshomaru le había demostrado muchas veces antes cuánto la quería, pero nada como esto.
Mientras caminaba entre la nieve llegó a un sitio donde había una pequeña zona con vegetación. Era extraño por la época del año, pero en ese lugar habían crecido unas hermosas hortensias azules que combinaban perfecto con el blanco de la nieve a su alrededor.
No lo dudó. Ese era el regalo perfecto.
Cortó algunas, sintiéndose un poco culpable por hacerlo debido a que eran pocas, pero pensó que por ver una vez más una pequeña sonrisa en el señor Sesshomaru valdría la pena.
Corrió de regreso a casa para ayudar a terminar de preparar la cena. Cuando tuvieron todo listo Rin corrió a su habitación para alistarse; se puso su nuevo kimono color naranja, parecido al que usaba cuando era más pequeña, pero éste era mucho más bello y adecuado para su edad. Pintó sus labios nuevamente, esperando que combinase con su atuendo. Estaba nerviosa, no podía esperar a que su amado la viera.
Apenas anocheció todos empezaron a llegar; entre sonrisas y regalos todos disfrutaban de la velada: Miroku, Sango y sus tres hijos, Kohaku, Shippo, Inuyasha, Kagome y la ya muy anciana Kaede... Todos ahí, excepto él.
—Rin, ya es tarde, ¿no vas a cenar? —preguntó Kagome—. Si no lo haces el tragón de Inuyasha se lo devorará todo —trató de bromear, aunque por la expresión de Rin supo que no había tenido éxito—. Rin... —puso su mano sobre su hombro— seguro se le atravesó algo... —trató de darle ánimos, a lo que la pequeña sólo sonrió un poco para no ser grosera y se levantó para volver a su habitación.
Todos se dieron cuenta, pero antes de que alguien la llamase Kagome hizo una seña para que la dejaran; podía imaginar lo triste que estaba.
Ya en su habitación, Rin se asomó por la ventana. Al parecer había comenzado a nevar de nuevo, todo se veía oscuro y la vela que alumbraba su cuarto apenas y alcazaba a iluminar un poco del exterior. Esperaba verlo ahí, esperándola... pero no estaba. Él nunca le había fallado antes, ¿le habría pasado algo?
Las horas pasaron y el ruido cada vez fue disminuyendo, hasta que el silencio reinó en toda la casa. Al parecer ya todos se habían ido o dormido, pero Rin seguía esperando.
Salió de su pequeño cuarto con su vela sobre un plato, sosteniéndola con una mano, mientras que con la otra sostenía las hortensias azules. Como pudo abrió la puerta principal, haciendo que una fría ventisca apagara la luz que le acompañaba; aun así, al salir, había dejado de nevar y parecía que la luna volvía a iluminar la noche.
—Sesshomaru-sama... —caminó un poco con las flores entre las manos, alejándose de la entrada—. No vendrá... ¿verdad? —y en ese momento dejó caer sus brazos, como si no tuviera más energía para sostener las flores, logrando con ello que el viento se llevara las hortensias al mismo tiempo que una lágrima corría por su mejilla—. Usted dijo que con el poder de la confianza no había nada que temer... ¿No era así, Sesshomaru-sama?
Y en ese momento, entre el frío y el silencio, él apareció.
—Rin.
Al escuchar la voz de su amado la joven volteó rápidamente, dejando ver cómo el viento levantaba sus lágrimas. Él estaba ahí, sosteniendo las hortensias azules que ella había cortado para él y había dejado caer hace un momento. Estaba frente a ella, siendo alumbrado majestuosamente por la luz de la luna, y entonces ya no importaba nada más.
Corrió hacia él y se lanzó en sus brazos.
Como en cámara lenta Sesshomaru la vio acercarse hacia él sintiendo un nudo en su garganta al ver sus ojos húmedos por las lágrimas. Al tenerla sobre su pecho le abrazó, le abrazó como nunca antes lo había hecho, presionando el rostro de la joven contra su pecho y deseando que ella permaneciese así de cerca de su corazón como lo estaba en este momento.
—Rin... perdóname. Te he fallado.
Rin sonrió y negó con la cabeza, aún sobre su pecho. No importaba, él estaba ahí ahora y no quería tener que volver a separarse de él.
—Rin... No podía, no puedo... Quería estar contigo en esta noche especial para ti, pero...
—¡Lo sé! —le interrumpió, separándose un poco de su pecho y mirándole directamente—. Sé que no le gustan los humanos y porque lo sé es que quiero que me lleve con usted. ¡No soy más una niña, Sesshomaru-sama! Ya soy una mujer... y ya estoy lista para ser su mujer. —La voz de Rin era decidida, pero sus ojos temblaban ante el temor de escuchar la respuesta del otro.
El demonio, por su parte, estaba sorprendido de la madurez que ahora tenía su pequeña; para él era difícil dejar de verla como una niña indefensa, pero al mismo tiempo quería convertirla en su compañera de vida. Y realmente no deseaba esperar más para eso.
—Rin... —le miró directamente a los ojos y, sorpresivamente, descendió su rostro para unir sus labios con los de ella en un suave beso, su primer beso. No sólo era el primer beso entre ambos, también era el primero tanto de él como de ella, y eso lo hacía más especial para ambos.
Rin mantuvo los ojos abiertos, totalmente sorprendida, y algunas otras lagrimas comenzaron a rodar por sus mejillas, pero esta vez de felicidad. No podía creer que su Sesshomaru-sama hubiese dado ese gran paso. Cerró sus ojos al igual que él hasta que se separaron lentamente. No se necesitaban palabras para saber lo que ese acto significaba.
Sus labios se separaron, mas no sus rostros.
—Rin, soy malo con las palabras, pero... no sabes lo que me ha costado dejarte todos estos años... —Nuevamente comenzó a nevar, pero era como si el tiempo y el frío se hubiesen detenido.— Tú... ¿realmente quisieras compartir tu vida conmigo?
Rin lo sabía, no necesitaba pensarlo más.
—Sesshomaru-sama... lo he querido siempre.
Un cálido abrazo selló sus palabras y nada más que la muerte podría separarlos otra vez. Ambos sabían que ese día llegaría, pero no valía la pena pensar en eso ahora. Era navidad, y ambos ya tenían su mejor regalo.
La blanca nieve caía sobre las flores que aún sostenía el demonio en una de sus manos, haciendo que en poco tiempo el color azul de las hortensias se tornara blanco, como si fuera una flor de nieve.