PRÓLOGO
—¿Quién es la Basil?
—Una criminal común y corriente…
—Primer error, si me definen, me limitan.
— ¿Qué tan peligrosa es?
—Ella es completamente irrelevante…
—Segundo error, pero tranquila, yo te lo explico mejor…La Basil, no da treguas y te recomiendo que corras si lo puedes hacer, aunque desde ya te digo que no servirá en lo absoluto, porque, aunque te escondas ella te encontrará y consigo su sed de justicia te consumirá.
Si te llegasen a decir que los malos, son verdaderamente los buenos ¿Les creerías? En un mundo lleno de personas con sentimientos de venganza y odio en donde gobierna la maldad disfrazada de Justicia y bondad, tachando al culpable como inocente, por un beneficio en común…una sociedad de porquería que recalca a cada nada el desinterés por el pobre y engrandece el valor del rico, todo es completamente posible.
Una vez le contaron a la Basil, sobre una persona poderosa y muy inteligente, que siempre lograba lo que se proponía, hasta que un día llego alguien a revolucionar el pensamiento de tal, esta se cruzó completamente en su camino al éxito, ese alguien fue un embustero que la vida puso para que ambas almas peleasen entre sí, ansiosos por la muerte del otro.
Dos almas reinadas por la sed de justicia, peleando por honor. La persona que le conto la leyenda murió, y con ella los sentimientos de La Basil, pero en ella perduro el deseo de ser como aquella alma, luchadora e inteligente, nunca escucho el verdadero final de la leyenda, entonces decidió dársela.
—Ahora, te prometo que haré justicia y vengaré a todas aquellas vidas de inocentes que murieron a costa de tus manos. —habla el hombre, mientras pone el filo de su navaja en la garganta de la mujer.
—Yo no te prometeré nada —dice intentando no tragar salida y generar una cortada en su garganta— pero te juro que hare que pagues por cada una de las injusticias que han cometido tú y tu mandada de ineptos, y ten por seguro que si muero, otros vendrán a buscar la venganza que tanto he deseado desde que me entere que por mi cuerpo no corría sangre, si no la sed de venganza…y harán a la perfección el trabajo para el cual han sido entrenados, y también te aseguro que de la misma manera en la que yo muera, ellos lo harán contigo pero el doble, y lo harán sin ningún tipo de remordimiento.
—No me hagas reír, ¿Cuáles injusticias? ¿El tenerte aquí en contra de tu voluntad siendo una de las mayores prófugas de la justicia a nivel mundial? O ¿el adjudicarte el asesinato de tu madre sin haber tenido pruebas? No me vengas con el mismo cuento —dice este mientras que en su rostro se forma una sonrisa burlona. — no seas estúpida, todos sabemos tu historia, tus antecedentes y ese crimen solo fue la gota que hizo que la verdadera Basil, saliera a la luz.
—Te puedo asegurar que no sabes ni un carajo lo que hablas, y si, talvez tengan el poder ahora, pero llegara un día en el que te veré a ti y a esta manada de imbéciles, rogar para ser asesinados —la mirada de la mujer cae en todos los que se encuentran en el lugar— juro, que los vere arrastrarse por un sorbo de agua, por un rayo de luz, por una migaja de pan, y no tendré ni una mínima consideración al verlos deslizarse como vil alimañas que hablaban de justicia, cuando desde siempre, fue su único método para limpiar todo lo que causaban.
—No sabes lo graciosa que eres, ¿sabes? Se hace estúpido el tenerte aquí amenazándonos, cuando es evidente que no tienes una mínima escapatoria de este lugar, nos engañaste una vez, eso se ha acabado, de aquí no saldrás a menos que sea dentro de un ataúd —habla mientras todos los agentes alrededor de la mujer sonríen como puros psicópatas. —tardaron años en encontrarte, tantas historias sobre ti, “No te metas con ella, es muy peligrosa” o,” Jamás podrás lograr encontrarla, es mejor que te rindas o te matara” ¿Segura que hablaban de ti? —la risa del hombre inunda todo el lugar— no lo creo, porque lo que veo enfrente de mi —dice señalando a la mujer de arriba abajo con su arma— es a alguien destruida, una persona débil, patética y que apenas puede con ella misma y sus demonios. —termina de decir, pero ahora el sonido de la risa de la mujer es la que llena el lugar.
—A ver si entiendo, ¿ustedes, creen que me tienen aquí por que hicieron bien su trabajo? —pregunta a todos en el lugar, sin dejar de sonreír mientras se remueve en su asiento al que se encuentra amarrada— Pobres hijos de puta, apenas y montan un caballo y quieren tomar de los cuernos del toro, ¿destruida? ¿Enserio? No se te ocurrió un mejor insulto —dice y el hombre estrella su puño contra el rostro de la mujer. —¿Van a la iglesia?
La pregunta de la mujer confunde a los presentes, consiguiendo lo que ella planeo.
—Si no lo son, les aconsejo que empiecen desde ya, y pidan perdón a todos los santos existentes, por sus vidas y las de su familia. —la mujer eleva su rostro antes de colocar sus manos -ya desatadas- sobre sus rodillas, todos los agentes sacan sus armas apuntando en dirección a la mujer, esta alza las manos antes de ponerse de pie con una sonrisa en su rostro. —si lo desean pueden huir— dice observando su reloj invisible en su mano izquierda— pero los encontrare.
Dice, mientras aún se mantienen todas las armas en su dirección, esperando a que su verdugo de las órdenes para mátala. En un instante, justo como un parpadear, la pared de acero, concreto y metal a la derecha, es destruida, y de ella solo quedan sus escombros cayendo alrededor, acción que hace que todos se distraigan y le dé el tiempo suficiente para que ella llegue al inmenso hueco que creo la explosión. Cuando está a punto de saltar, una vos la detiene y no es la de su verdugo.
—Un paso más y esta vez no respondo —habla haciendo que ella se gire en su dirección y lo observe directamente a sus ojos, quedando frente a frente, al arma alzada en su dirección. Esta alza sus manos en señal de rendición, mirando directamente a ese color de ojos tan especial, que ahora juran por matarla.
—Gracias por toda la estadía —habla elevando el mentón, haciendo el último saludo militar— nos volveremos a ver, y cuando eso ocurra uno de los dos deberá morir, y no seré yo, se lo prometo— sentencia bajando la mano, y dando un paso hacia atrás, antes de saltar de espaldas, dejándose caer en el vacío.
El sonido del helicóptero hace eco en toda la zona, esta lanza un equipo el cual toma, y rápidamente gira para colocar el arnés, que está sujeto a tal, por el cual la elevan y la introducen en la nave, llevándola lejos del lugar, en donde ya ni las sirenas, ni el caos de la ciudad se encuentra presente.
Pocos matan por justicia, algunos por amor, y la mayoría por rencor. Pero ella mata por honor, pero hay que entender que los buenos no son lo que aparentan, los villanos no nacen, son creados, pero yo, soy lo peor, aparento lo peor, pero al final y al cabo sigo siendo la reina, pero no cualquiera, sino la Basil de la Venganza…