“ Forks „
Nunca imaginó que se encontraría en aquella situación. Iba camino a Forks, un pequeño lugar casi perdido en el mapa que, según había investigado, estaba siempre nublado y húmedo. Por supuesto que le sentaba de maravilla a la familia Cullen, pero a él le gustaba el sol, salir a la playa y andar con ropa ligera. Suspirando contra la ventana del avión, Elías Branch recuerda la razón por la cual debía ir con los Cullen, una familia de vampiros "vegetarianos" que su familia conocía desde hace demasiado tiempo.
Su abuelo había muerto, el único familiar que le quedaba había fallecido hacía poco unas semanas, recordarlo le llenaba los ojos de lágrimas. Había crecido con él porque sus padres habían muerto en un accidente de tren, eran los dos únicos Branch que quedaban, y ahora estaba solo.
No podía negar el saber que algo así sucedería en algún momento, pero nunca imaginó que tan pronto. Siempre pensó que al menos su abuelo le vería graduarse de la preparatoria, pero apenas e iba a empezar el primer año cuado sucedió. Ni siquiera había entendido todo lo que el médico le dijo en aquel entonces, sólo recuerda estar en la sala de espera llorando porque le habían dicho que su abuelo había fallecido.
Luego en la funeraria esperando sus cenizas porque no tenía sentido hacerle una ceremonia demasiado grande cuando ni siquiera su abuelo tenía amigos que fueran. Todos habían muero antes que él.
Lo último había sido leer su testamento y tomar un vuelo a Forks. Su abuelo estaba preparado para un escenario en el que fallecía antes de lo planeado, así que le dejó todo el dinero ahorrado por años a su nombre, además de la casa y un número de teléfono. Le costó algunos días llenarse de valor para llamar, pero cuando lo hizo reconoció inmediatamente la voz del otro lado de la línea.
Conocía a los Cullen desde pequeño, y su abuelo también. Sabía que eran vampiros, aunque la primera vez que su abuelo se lo reveló no le creyó. Eran amigos de la familia, Carlisle había conocido y hecho amistad con un familiar de ellos demasiado atrás en el pasado, hasta el ahora. Todos conocieron la verdad de la excéntrica familia, y estos siguieron manteniendo contacto con ellos. Sobre todo Jasper y Alice o Carlisle y Esme, quienes más les visitaban. Los demás como Edward, Rosalie o Emmett sólo aparecían cuando la familia estaba junta y pasaban por allí. Aún así los conocía a todos y le agradaban. Ir a vivir con ellos no le disgustaba, pero lo hacía porque había sido la última petición de su abuelo.
[...]
Intentando pasar por entre tantas personas en la salida, Elías tropieza enredandose con sus pies y la maleta. No cae contra el piso porque una mano en su pecho lo detiene y le hace enderezarse. Alzando la vista se encuentra con dos rostros conocidos.
—Emmett, Rosalie. —mira a ambos vampiros y no evita sonreír con emoción. La última vez que los había visto tenía doce, y aunque él había cambiado desde entonces, la pareja lucia igual.
—Hola, amigo ¿Qué tal el viaje? —Emmett le pregunta inmediatamente correspondiendo a su sonrisa, acercándolo para un pequeño abrazo rápido luego de volver a estar derecho en sus zapatos.
—Demasiado largo. —Elías responde con humor, aceptando el abrazo del oso que era Emmett Cullen. ¡Era enorme! En comparación.
Todo el camino hasta la casa Cullen es rápido, apenas le da tiempo a Elias de ponerse al día con ambos vampiros. Cuando entra en la casa detrás de Rosalie, es rápidamente atrapado por un abrazo de parte de Esme, quien le dice lo triste que está por él debido a la muerte de su abuelo, pero le promete que le cuidarán bien allí. Todo es demasiado rápido con los vampiros, de repente de estar en la sala de estar se encuentra en la habitación que será suya a partir de ahora.
Sentándose en la cama, suspira agotado. Aquello era difícil para él aunque no se notara. Había perdido a su abuelo y ahora estaba viviendo con vampiros, y aunque los Cullen eran grandiosos, nunca había pasado tanto tiempo con ellos. Era incómodo, se sentía fuera de lugar. Suspirando esta vez para calmar sus sentimientos, se acuesta en la cama y se cubre por completo con la cobija. Esperaba llevarse bien con todos ahora que viviría con ellos, y esperaba poder adaptarse eventualmente, no quería sentirse incómodo para siempre. O bueno, hasta que fuera el momento de irse. Deseaba que su abuelo no hubiera muerto.
[...]
Despertando sólo porque su estómago comenzaba a quejarse, Elías abre los ojos encontrando que la habitación estaba completamente a oscuras. Estirándose en la cama, se da cuenta de que ya se había hecho de noche. ¡Había dormido todo el día! Había llegado esa mañana a Forks.
Saliendo de la cama, se coloca los zapatos y camina hasta la puerta sintiéndose algo inseguro de salir de la habitación. Estaba ansioso y nervioso, seguramente los demás estaban ya en casa, además de que sentía pena de bajar sólo en busca de comida. ¿Cómo debía pedirla? ¿Debía sólo tomar algo? ¿Los vampiros tenían comida allí para él o debía salir a comprarla? No quería enfrentarse a ningún escenario incómodo, pero realmente no podía hacer más que esperar a que las cosas no se volvieran raras entre ellos.
No habían hablado en lo absoluto sobre la nueva situación entre ellos, sólo había llegado directo a dormir, lo que le avergonzaba. Seguramente Carlisle o Esme quisieran hablar con él, decirle las normas y esas cosas que debía saber para vivir con ellos. No sabía qué esperarse, pero se sentía tan nervioso. No quería tener que enfrentar nada de eso, le molestaba tanto como habían resultado las cosas.
—Los Volturi son una familia muy antigua. —la voz de alguien le detiene en su camino, había estado andando sin prestar atención a su entorno sólo por estar pensando demasiado las cosas. —Es lo más cercano a la realeza que hay aquí. —reconoce, cuando presta atención, que es la voz de Edward. Entonces se emociona, Edward era uno de sus favoritos, aunque no lo mencionara en voz alta. Todos tenían su encanto, eran agradables y amables, pero Edward, Jasper y Alice era con quienes más cercano se sentía. Emmett y Rosalie siempre habían sido los más apartados, Rosalie era demasiado seria y Emmett estaba siempre con ella.
La primera vez que vió a ambos se asustó, Rosalie tenía un aura demasiado intimidante y Emmett era simplemente demasiado grande para un niño de cinco años. Alice era graciosa, Jasper era cortes y atento; Edward era amable y un buen conversador para un niño. Cuando iban de visita sólo jugaban con él por un rato, el resto del tiempo se lo pasaban conversando con su abuelo. Era ahora que pasarían tiempo más allá de una simple visita.
—¿Ese es Carlisle? —alguien más en la habitación habla, está vez es una voz femenina que no reconoce.
—Sí, vivió con ellos por algunas décadas. —Edward le responde a la persona. —Los describe como muy refinados.
Elias debía seguir su camino, no estar espiando conversaciones a escondidas (aunque seguramente Edward ya sabía que estaba allí) pero le había interesado escuchar sobre la historia que estaba contando. No sabía nada sobre vampiros o algunos de ellos a profundidad, así que cualquier dato le parecía interesante e intrigante.
Se quedó fuera de la habitación cerca de la puerta escuchando a Edward relatar sobre los tales Vulturi, quienes no parecían para nada amistosos. Se quedó allí hasta que la conversación comenzó a tornarse algo íntima, lo que le hizo darse cuenta a Elías, que posiblemente Edward estaba con su pareja. Y aunque no lo estaba corriendo o no parecía que le molestara su presencia allí, prefería irse y darles su espacio. Sin embargo, sus planes fueron frustrados cuando Alice apareció en busca de Edward y la otra persona.
—¡Eli! —ella inmediatamente salta y le abraza cuando le ve, emocionada de que hubiera aparecido. Claramente todos sabían que estaría allí, que había llegado esa mañana, pero habían respetado su espacio mientras estaba en su habitación. Todos pensaron certeramente que estaría demasiado cansado, así que le dejaron descansar. Además, estaban demasiado ocupados organizando la pequeña celebración para Bella. —Hace tanto no te veía, has crecido un poco. —ella hace mención a que al menos había logrado superarla en estatura. Alice era pequeña, y él apenas llegaba al promedio de su edad. —Siento lo de tu abuelo. —ella suelta sus manos y le peina un mechón con una mirada triste.
—Gracias. —la mera mención de su abuelo le humedece los ojos, se pregunta cuándo pasará. —Gracias por aceptar que me quedara aquí.
—No es nada, se lo prometimos a tu abuelo en caso de que algo sucediera. —ella menciona suavemente mirandole ahora con cariño. —¿Cómo te sientes?
—Bueno... —Elías detestaba esas preguntas, no quería enfocarse en eso. Por suerte Alice recuerda la razón por la cual está allí, así que por un momento mira detrás de él y luego se disculpa.
—Mejor hablemos después, hoy es un día de celebración. —la azabache menciona tomando al chico por la muñeca de su mano derecha para guiarlo con ella. —La novia de Edward está cumpliendo años. —menciona en un tono animado entrando a la habitación. —¡Bella! —suelta emocionada acercándose para abrazar a la chica cuando suelta a Elías.
Elías, quien se sentía algo incómodo. Todo era demasiado extraño; el estar allí, el que todos actúen tan normales con él y sentir la obligación de aceptar que todo aquello era totalmente
no incómodo
.
—Elías. —Edward se acerca a él y le saluda con una sonrisa.
—Hola, Edward. —las cosas no deberían ser así, los Cullen no eran extraños, pero era difícil actuar como siempre. Además, había cambiado demasiado en los tres últimos años desde que se vieron.
—Tranquilo. —el vampiro de cabello cobrizo posa una mano en su hombro y le da un pequeño apretón. —No debes forzarte. —dice con una mirada que reflejaba que sabía lo que había pensado (lo cual era obvio debido a su don)
—Lo siento. —Elías desvía la mirada mientras escucha como Alice arrastra a la otra chica fuera de la habitación.
—Vamos. —Edward se adelanta dándole espacio para que se calmara. Vivir con vampiros era totalmente diferente a sólo recibirlos como visitantes de vez en cuando, no sabía qué hacer o qué decir, cómo actuar o no.
Elias decide entonces seguir a los Cullen unos minutos después, si había una fiesta al menos podía acercarse a saludar correctamente a la pareja de Edward, presentarse y comer algo. Luego podría dejar para mañana una charla formal entre todos.
Sin embargo, cuando llega al comienzo de la escalera para bajar y unirse a los demás en la entrega de regalos, se detiene a mirarles desde arriba. No parecía que fuera buena idea interrumpir tal momento, así que se sienta en el escalón y mira como la chica abre los regalos. La analiza un poco desde la distancia, parecía alguien ordinaria. También le asombraba que fuera humana, era obvio.
Entonces ella se corta con el papel que envolvía el regalo por parte de Esme y Carlisle, haciendo que brotara sangre de su dedo. No era una herida demasiado grande, pero viendo que estaba rodeada de vampiros, era algo arriesgado. No sabía mucho de los Cullen, pero sí que no lastimaban personas, por eso habían decidido ser "vegetarianos" y alimentarse de sangre animal únicamente, por lo que no se preocupó mucho. También sabía (todo dicho por su abuelo) que los Cullen tenían un gran control en esas ocasiones en las que se encontraban con algún humano herido en tal caso.
Pero, aún así, Jasper parece no poder controlarse. Todo pasa demasiado rápido, pero es suficiente para asustar a Elias al punto de salir huyendo de allí a su nueva habitación.
De un momento a otro Edward empuja a su novia con demasiada fuerza cuando ve que Jasper va había ella, lo que ocasiona que se estrelle contra una mesa de cristal y la rompa en pedazos causando que se corte con los cristales. La sangre de sus heridas es exagerada, lo que causa aún más descontrol en Jasper y que los demás salgan de allí cuando lo detienen.
Ver aquel momento realmente le aterra, la sangre por las heridas y la forma en la que se veía Jasper intentando atacar a la chica. Nunca había visto a ninguno de ellos en ese estado. Sabía que los vampiros eran seres peligrosos, pero nunca había visto reflejado eso en los Cullen hasta ese momento. Es entonces cuando se asusta de vivir allí, y apenas llevaba sólo unas horas.
Sabe que huir a su habitación y cerrar la puerta con seguro no detendría a un vampiro si fuera por él, pero incluso se oculta bajo la cobija en un intento de protección. Posiblemente era infantil, pero no tenía más nada. También sabía que era estúpido pensar que Jasper iría por él, pero sentía que debía esconderse. Era humano, como la chica a la que querían hincar el diente.
Pasan unos minutos hasta que alguien toca a la puerta, el corazón de Elías que se había calmado, vuelve a latir con descontrol.
—¿Elías? —era la voz de Esme. —Cariño, ¿Estás bien? —estaba preocupada por la escena que el chico había presenciado, todos le habían visto en las escaleras, ella misma estaba esperando el momento para presentarlo ante Bella y unirlo a la celebración, pero todo había salido mal. Podía imaginar la forma tan aterradora en la que quizás Elías había visto actuar a Jasper, así que quería ir a calmarlo y explicarle las cosas mientras los demás se tranquilizaban y Carlisle se encargaba de Bella.
La voz de Esme suena preocupada pero amable, Elías quiere responder, pero aún siente demasiado miedo.
—Edward me dijo que tenías hambre, así que te traje un poco de comida. —Esme informa. —La dejaré aquí y me iré. Podemos hablar por la mañana. —ella entonces deja la comida en el piso y se va.
Elías piensa en levantarse para tomar un poco, pero todo lo que había pasado en tan poco tiempo le agota al punto de quedarse dormido nuevamente. No quiere despertar mañana allí, quiere despertar en casa con su abuelo.