+IN¡C¡O+
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“My body and my blood belong to you...”
Las clases eran tormentosas.
Había un monstruo acechándome desde el fondo del salón. Sus garras impacientes rasguñaban la madera de la mesa, sus dientes estaban apretados y su mente no paraba de maquinar cuántas posibilidades había de cómo devorarme.
La sola idea de matarme ya era aterradora, tanto como el maldito minutero que pasaba tan lentamente en el reloj haciéndome perder la paciencia.
Si bien podía alertar a cualquiera de lo que vi ese día en el baño, también habría personas que no me creerían, ni siquiera mis amigos. Me tomarían por un loco de primera y se apartarian sin pensarlo dos veces.
Sin embargo, viviría con la incertidumbre que cargo conmigo desde los últimos cuatro días. Esperar a que sean las tres de la mañana para levantarme y ver esa sombra paseándose por mi habitación sin descuido alguno, después toparme con YoonGi en las clases donde compartíamos los mismos horarios. Sería un gran calvario para mí.
Mi mente maquinó esa idea de YoonGi siendo ese ser oscuro que llegaba a mi habitación en la madrugada. Desechaba todas esas ideas puesto que no hay humano que pueda convertirse o materializarse en una bruma oscura. Comenzar a ser no escéptico es dar la creencia de que lo que estaba pasando era cien por ciento cierto y eso no lo permitiría.
Vivir con miedo no era una opción, no para mí. Así que tuve que arriesgarme a interrogar a Min YoonGi para dejar todo en claro. Y que aclarara definitivamente todo lo que pasaba últimamente sin excepciones.
Volteé sobre mi hombro para verlo de reojo. Normalmente, él se sentaba hasta el fondo y yo adelante, cosa que agradecía indudablemente con los profesores que nos asignaron los lugares.
Grave error, nunca debí voltear.
Él me miraba como si no hubiera nadie más en clase, cosa que me hizo temblar. Además pareciera que no me había quitado el ojo de encima durante el resto del día. Maldecia esta clase que nos tocaba dos horas seguidas
Giré mi cabeza rápidamente y la imágen mental de sus ojos se quedó tan impregnada en mi mente que haber recordado como cambiaban de color a un rojo intenso me mareó de sobremanera, pues el recuerdo seguía fresco.
Había salido de mi clase de filosofía para ir al baño urgentemente, haber bebido mucha agua en mi hora de entrenamiento de básquetbol trajo sus consecuencias. Caminé con paso largo para llegar hasta los baños, no había nadie en los pasillos de la universidad ya que eran horas de clases y tampoco había nadie afuera porque una tormenta se avecinaba. Tomé eso como un break para respirar y seguir con mis clases.
Pero si tal vez, si tan sólo tal vez hubiera una máquina del tiempo para regresar al pasado, nunca en mi vida hubiera abierto la puerta del baño y no ver lo que ocurría.
En cuanto abrí la puerta, lo primero que vieron mis ojos fue el piso lustroso del baño, seguí subiendo mi mirada y él estaba allí parado en los lavamanos.
Iba a decir algo hasta que mis propias palabras murieron en mi garganta.
El chico pálido, delgado, de una estatura de siete centímetros más que yo y de cabello negro, bebía sangre de esas bolsas que utilizan los hospitales para almacenar las donaciones de sangre o los sueros para los pacientes.
Por un momento pensé que aquello era algún jugo de un fruto rojo o una bebida que yo jamás había conocido, pero no fue hasta que me percaté de que en la descripción de la bolsa decía “Sangre O+. Paciente 178” que casi pego un grito sino fuera porque me tapé la boca con la mano y me pegué de lleno en la puerta. YoonGi se quedó hecho piedra hasta que vi como sus ojos se hicieron de un rojo al igual que la sangre que tomaba. Comprendía lo que pasaba. Dio un paso hacia mí pero yo ya estaba saliendo del baño olvidando lo que venía a hacer y manteniéndome en un estado de alerta que me decía que corriera fuera de la universidad y me matuviera lejos de él.
Esa tarde tuvieron que marcarle a mi madre a mi petición, me justifiqué con que no me sentía bien, así que tuve pase libre para salir. Ver aquello me descolocó de una forma impensable.
Llegando a casa lo primero que hice fue ir al baño y vomitar mi desayuno. Comenzaba a perder la cabeza así que lo mejor fue ir a dormir. Mi madre preguntó que si me sentía bien y si quería algo de comer, pero todas mis respuestas fueron negativas. Sólo quería descansar. Se fue asumiendo que se pasaría mi malestar y que si necesitaba ayuda ella no dudaría en venir a mí.
Todo el resto de la tarde me la pasé en mi habitación, pero jamás descansé.
Era tan confuso. Tan irreal. Tan misterioso. No dejaba de dar miedo.
Quise convencer a mi mente de que todo aquello era totalmente falso. ¿Qué tal si sólo era una broma? ¡Pues que broma tan bien jugada como para salir corriendo de allí! También pensé en la idea de que YoonGi tenía de esas enfermedades extrañas que le daban a un porcentaje mínimo en la población humana y su único remedio era beber sangre. O tenía un fetiche por beber sangre. ¡Repugnante!
Investigué si había una enfermedad donde la medicina fuera la sangre pero los resultados que lanzaba internet eran inconclusos o no existía nada parecido. Consulte enciclopedias, pero nada, sólo sangre y sus derivados, tipos, orígenes, enfermedades de la sangre, etc.
Esa parte no llegaba a ningún lado.
¿Y el color de sus ojos?
Hice lo mismo. Investigué si había personas con habilidades especiales que podían cambiar el color de sus ojos, si habían nuevos lentes de contacto con esa posibilidad o alguna enfermedad. Pero volvía a lo mismo; prácticamente nada.
Llegué en un punto de paranoia y perdida de tiempo que no me fijé que ya eran las dos de la mañana. Me restregué los ojos sintiéndolos cansados por estar pegado a la computadora que apagué todo y me preparé para ahora sí dormir. Me puse mi pijama lo más rápido posible y me metí a la cama.
Justo antes de tocar la sábana senti como algo o alguien tocó mi hombro provocando que mirara en un frenesí detrás de mí. Inquieto, no había nadie más que yo. Tragué saliva fuertemente pensando que era producto de mi imaginación, lo asocié a que estaba agotado y debía de dormir.
No obstante, antes de meterme a la cama, el espejo que había a un lado de la cómoda reflejó a una sombra que estaba cerca de la puerta del baño. No había alguna fuente de luz más que la de la ventana y las farolas que proyectaban la luz al interior de mi cuarto, ninguna hacía que esa sombra se proyectara justo allí. Creí que veía mal por mis ojos cansados pues cuando se movió un poco cerca de mí sentí como mis pies y manos se entumian y después de unos pocos segundos me metí de lleno en la cama cubriéndome hasta la cabeza para no ver nada fuera de lo normal como esa sombra.
Fuertes temblores sacudieron mi cuerpo que me fue imposible no respirar fuerte. ¿Y si lo que estaba aquí adentro es un fantasma real o un demonio? Mi única solución fue tranquilizarme y después asomar mi cabeza para ver si aun seguía esa sombra parada al lado de mi cama u otro lugar. Para mi sorpresa, seguía allí pero ahora estaba en la ventana, como si estuviera viendo a través de ella, pero al poco tiempo vi como se desvaneció y ya no había ninguna sombra acosándome. Con el corazón en la mano fui veloz hacia las ventanas y cerré las cortinas, y por ese simple y tenebroso momento, no dormí en toda la maldita noche.
Ahora estaba sentado en las gradas de las canchas de básquetbol, viendo los entrenamientos de mis compañeros por ordenes de nuestro entrenador Chong y viendo la manera de dónde se podía encontrar Min YoonGi. Me sentía tan nervioso que no di un pase completo y no llegué a encestar ningún pase, el entrenador sonó el silbato y me mandó hablar un poco molesto.
–No sé que pasa por tu mente, pero ese par de olgazanes no moverán el culo por ti sino estás entusiasmado y no te veo concentrado en los juegos. Eres el capitán, así que ellos dependen de ti. Ve a sentarte y reflexiona toda tu mierda.
A regañadientes, me senté esperando mi participación en el equipo, pero no fue posible. El señor Chong estaba tan fastidiado que ni siquiera se tomaba la molestia de sonar el silbato y ordenaba a gritos que pararan el entrenamiento. Todavía quedaba una hora de práctica por lo que me escabulli de mi lugar en cuanto vi como a lo lejos detrás de las gradas pasaba YoonGi desapercibido por todos, fue tan sospechoso el hecho de que abriera la puerta que lleva al cuarto de control de iluminación y el palco donde los comentaristas animaban los partidos. Me sentí más nervioso aun cuando no escuché nada del otro lado y fatal porque sabía que algo andaba mal.
La curiosidad mató al gato.
Abrí la puerta y las luces de adentro estaban encendidas. Cerré la puerta con mucho cuidado para que nadie me escuchara entrar. El pasillo llevaba a un pequeño cuarto donde había una mesa repleta de aparatos que nunca en mi vida supe de su existencia, unas cuantas computadoras, incluso había un micrófono y en una pared había una cortina amplia y rectangular que podría ser abierta para mirar los partidos y poder ser narrador de ellos. Me acerqué a la pared para ver si Min YoonGi seguía allí adentro. Cuando lo vi me retumbó el corazón dentro de mi caja torácica, contuve mi respiración acelerada. Observé como estaba allí parado viendo las cosas en la mesa, pasaba de un lado a otro su mano como deleitándose con los aparatos que allí se encontraban. Su voz me sacó de todos mis pensamientos.
–Sabía que no tardarias en seguirme.
Casi me desmayo de la impresión. Sentí como la cara se me puso pálida del susto. Nervioso, decidí salír definitivamente detrás de la pared.
Esta vez no estaba ningún rastro rojo en sus ojos y por más que me concentré en ver si había algo, mi intento falló. Miré tanto sus ojos que él soltó una risita, no pude haberme sonrojado más de la vergüenza por lo que hice.
–JiMin, ¿cierto? –asenti un poco abrumado–. Deja de mirarme tanto, ¿quieres?
–Lo siento, yo...
–No hables más. Estamos aquí por una razón que obviamente... debe ser aclarada y espero que cuando termine de contar todas mis explicaciones con respecto a ese día, no quiero que abras la boca al menos que te pregunte algo.
Mis ganas de salir corriendo de aquí eran tan enormes pero mi voluntad se negaba a dejar este lugar y escuchar cada una de las palabras dichas por el mismo. Pensaba que el universo se había puesto de mi lado y mando este momento perfecto para que yo pudiera aclarar mis dudas sin mucho esfuerzo. Volví a asentir teniendo miedo de lo que vaya a pasar si a mi mente se le ocurría hacer una pregunta mientras él hablaba ¿Qué podría suceder?
–No hace falta presentarnos y esa mierda. Tú sabes mi nombre y yo sé tu nombre. Vamos casi a las mismas clases y no pudo haber otra persona menos estúpida que tú para que ese día entraras al baño –se detuvo y se sentó en una silla que estaba en el escritorio contiguo arrastrándola hasta la mitad de la habitación justo delante de mí donde yo estaba parado. Nos separaban al menos dos metros de distancia que yo senti asfixiantes–. ¿Tienes alguna idea de qué soy?
¿Acaba de preguntarme "qué soy"?
Sonaba muy demandante y dejando de lado mi investigación me perturbaba el hecho de que él fuera algo desconocido para mí. Habiendo millones de posibilidades de algo que tenga que ver con sangre, el cambió de color de ojos, me hacía pensar en una criatura que por muchos es considerada ficticia e irreal. ¿Acaso me estaba haciendo una broma, como bien lo pensé hace días, para que saliera corriendo de nuevo y fuera un completo miedoso? Mi cabeza otra vez estaba aterrada por el chico presente frente a mí. Lo observé detenidamente aunque él dijera que ya no lo hiciera, pero no encontré nada de malo en su cuerpo. Parecía cualquier humano común y corriente y eso estaba llegando a pegarme en la cordura.
–Yo... no lo sé, no veo nada malo en ti.
Ante mi respuesta, él se paró de la silla y caminó hacia mí con paso lento, tan lento que mi perturbación pasó a segundo plano y en menos de un segundo ya estaba tan cerca mío que temí por mi vida por alguna extraña razón.
Sentí su mirada filosa en mi rostro, bajé la mirada por lo tan imponente que se veía, sólo delante de mí mirándome.
–¿Qué sientes ahora mismo? –pregunta bajando la voz mil veces haciendo que mis emociones se desbordaran tan sólo escuchar su voz.
–Miedo y nervios.
Me pareció ver una sonrisa de burla formándose en sus labios, finos labios, que sentí el sudor frío pasándose por mi columna vertebral.
–Ya veo. Te sientes incómodo y avergonzado de que esté tan cerca de ti, ¿no es así? –“este chico es tan descarado”. Pensé–. Dame tu mano.
No suficiente con hacerme sentir mal, ahora me pedía la mano como si tuviera toda la confianza del mundo conmigo, pero si quería explicaciones entonces me tenía que sacrificar. Le di mi mano desconfiadamente, la tomó con un cuidado extremo que sentí algo totalmente inesperado. Su piel era demasiado fría. Pensé que era por el lugar o que estaba enfermo de verdad, pero él no daba indicios de verse enfermo. Temblé en mi lugar cuando su mano, en la cual deparé que era hermosa y las venas se marcaban finamente, recorrió mi antebrazo para quedarse allí y acercarse un poco más a mí.
–¿Qué sientes ahora que te toco? –estaba gritando internamente para que acabara de una vez con lo que estaba haciendo.
–Frío –respondí.
–Pero sabes que este frío no es...
–Normal –dije con temor.
Ahora comprendía adónde quería llegar. Y yo estaba ansioso por saber qué era. Él asintió sin más.
–Mis ojos cambian de color –no era una pregunta, lo estaba afirmando.
–Sí.
Se separó de mí y por un momento efímero de repente el calor me envolvió de nuevo.
–Lo que estaba tomando era sangre. Supongo que de eso tampoco te cabe duda.
Mi corazón se sacudió de una manera abrumadora que sentí la falta de oxígeno. Respiré profundamente no queriendo llamar tanto la atención. Asentí ante sus palabras y lo miré a la cara como si quisiera decirme algo de suma importancia. Como si no importara nada del mundo exterior, supe en ese entonces que debía de guardar un enorme secreto, sino desencadenaria una orden de sucesos sangrientos para mi mala suerte.
–¿JiMin?
Su voz no sonaba demandante, pero había cierta tranquilidad y confianza en ella que me pregunté de que otras formas posibles podría sonar mi nombre en su voz y sonara así de hermoso.
–Soy un vampiro.
¿Alguna vez tuviste tanto miedo en tu vida que la única forma en la cual reaccionó tu cuerpo fue no moverte y quedarte sin respiración porque algo inexplicable te congeló al tal grado de no sentirte ni a ti mismo? Pues bueno, eso me estaba pasando justamente a mí.
Había escuchado hablar de los vampiros en novelas, películas, al famoso Conde Drácula, Vlad Tepes, entre otros. Pero que YoonGi fuera uno me ponía en un estado de perplejidad donde no sabía si salir huyendo o quedarme como idiota aquí parado para sentir como me devoraba.
Mis piernas ya se estaban moviendo en dirección a la puerta que no sentí como fui jalado de mi brazo con una fuerza increiblemente poderosa y puesto contra la pared que tenía detrás de mí. El dueño de la fuerza sobrehumana era YoonGi quien de nuevo mostraba esos ojos rojos intensos. Ahora no parecía tranquilo, estaba enojado y era por mi culpa. Cuando sali del trance donde estaba, comprendí lo que realmente eran los vampiros y que mataban por saciar su sed. Era un humano y estaba en peligro. Todas las alarmas se prendieron a una velocidad por salvar mi vida que mi forcejeo contra YoonGi se vio inútil ante su fuerza, ya que mis muñecas estaban tomadas por sus grandes manos aprisionadas contra la pared. Su rostro, su frialdad y sus orbes rojas me habían dado un terror que hizo que comenzara a llorar de la impotencia por no poder escapar.
–¡Por favor, sueltame! –mis lágrimas salían sin parar–. No quiero morir... Por favor, déjame ir.
–Cállate, maldita sea. Sino no lo haces voy matarte –vociferó.
Su agarre fue más fuerte llegando a lastimarme. Solté un alarido de dolor sintiendo como mis rodillas se doblaban sin poder sostener mi cuerpo. Ante su petición dejé de hablar. Sólo estaba llorando pero de una manera no tan fuerte para que nadie nos escuchara, sabía que eso quería él. Que nadie se enterara de esto.
–Entiendes rápido, JiMin. Y ahora que sabes lo que soy no tengo de otra mas que hacer que guardes silencio hasta tu muerte. ¿Entiendes lo primordial qué es eso?
No logré articular ninguna respuesta. Estaba tan aterrado de vivir con un secreto como ese que senti ganas de quitarme la vida sin importar qué.
–Te estoy haciendo una pregunta, contesta –dijo molesto.
–Sí, lo sé.
–Bien. Ya que comprendes la magnitud de lo ocurrido, te soltaré, pero si veo que haces un intento por escapar, repito, voy a matarte –me soltó sin siquiera alejarse esta vez de mí o tomarse un respiro, cosa que no sabía si necesitaba un vampiro, pero no hizo otro movimiento y yo tampoco. Quería salvarme el pellejo de cualquier forma–. Tienes que guardar este secreto. Contárselo a alguien más sería una desgracia para mí tanto como para ti. Así que no se me ocurrió otra idea más que hacer un trato.
¿Un trato?
Miré su cara con algo de preocupación, no sabía que riesgos podría tomar al hacer un trato con un vampiro y menos si es confiable. Estábamos hablando de dos seres totalmente diferentes pero que necesitan coexistir por un bien común. La vida.
–¿Qué clase de trato? –pregunté sintiendo su mirada clavándose en mí haciéndome un torbellino en la mente.
–Me encanta que lo preguntes –dijo–. Este trato nos beneficiará a ambos, JiMin. Yo te dejó vivir a cambio de tu silencio y tú me darás algo que yo quiero cuando yo quiera.
Tragué saliva por milésima vez. Mi garganta comenzaba a secarse y no había otra salida más que la puerta del cuarto.
–¿Y por qué mejor no me matas de una vez? –mi pregunta lo tomó desprevenido pero no tardó en reírse.
–Eres muy divertido, pero las cosas no serán así de fáciles. Si yo te mato ahora mismo, dejarías a tus seres queridos y cuantos más solos y tristes. Sé perfectamente que quieres tu vida como para desperdiciarla por algo así. ¿Además que no te es tan difícil guardar un secreto o sí?
Negué ante ello. Una batalla mental por negarme y aceptar me estaba poniendo entre la espada y la pared. Sin embargo, él tenía razón. Amo mi vida y dejarla sería un error fatal. Me dejé llevar por ello, tal cual, un trato es un trato.
–¿Cuál es el trato? –pregunté desconfiado de lo que fuera a decir.
–Yo te dejo vivir a cambio de que no reveles ni siquiera a tu mejor amigo lo que soy. Y tú...
–¿Y yo?
Su sonrisa en aquel entonces me había parecido tan bonita, pero detrás de ella había una maldad disfrazada de algo hermoso.
–Tú me dejarás beber tu sangre cuando yo quiera en el momento que yo quiera. ¿Trato?
Mis pensamientos se habían ido al carajo en cuanto escuché esas palabras. Algo en mi interior se removió como si manos revolvieran mis órganos. Dejar morderme por un vampiro era equivalente al suicidio, y un augurio peor por venir. Era mi vida en juego. Maldigo una y otra vez ese día. Maldigo a Min YoonGi.
Su mano estaba inmóvil ante mí para que cerrara el trato. Me vio dudar aún así mantuvo su mano firme. Él quería esto, y yo...
Desde ese momento comprendí que a veces en la vida tienes que sacrificar para ganar, tienes que dejarlo ir todo por tu bien. Sentí algo similar cuando jugaba básquetbol. Mi equipo y yo sacrificabamos por el dolor con tal de llevarnos la victoria. Era ese sentimiento de necesidad, de ambición el que me mantenía aquí. Subí mi mano lentamente a la suya tomándole con cuidado y sintiendo de golpe el frío de su cuerpo.
No pude observar su piel hasta ahora que me di cuenta que YoonGi era un poco más pálido de lo que normalmente era. Hace unas cuantas semanas atrás lo veía “normal”. ¿Eso quiere decir que no tiene mucho que es vampiro? ¿Qué tal si fue vampiro desde hace siglos?
De repente una idea acaparó por completo mis pensamientos. Solté rápidamente su mano para hacer un trato mucho más beneficioso para mí y por mera curiosidad.
–Quiero agregar algo más al trato –dije llamando su atención.
–¿Qué quieres agregar? –dijo exasperado.
–Espero que no te moleste, pero parece menos beneficioso para mí si estamos hablando de mi sangre.
–¿A qué quieres llegar? –sé cruzó de brazos dándome a entender que lo estaba fastidiando.
Lo miré directo a los ojos pero me sentí tímido y bajé la mirada rápidamente.
–Tú puedes tomar mi sangre cuando quieras y donde quieras, pero a cambio yo quiero que resuelvas y contestes todas mis dudas sin excepción alguna. ¿Trato?
Levanté mi mano y él no dudó como yo en tomarla. El apretón de manos no duró ni cerca de cinco segundos. Un alivio recorrió cada centímetro de mi cuerpo, como una ligera pluma, así me sentía. Ni siquiera le dije algo o me despedí, simplemente comencé a caminar hacia la salida, pero no di ni tres pasos cuando su llamado me detuvo.
–¿Adónde crees que vas?
Me giré sobre mis talones y dudé en regresar hacia donde estaba él. Su mandíbula estaba tensa y fue ahí dónde me pregunté si sus colmillos estaban escondidos en alguna parte o era alguna especie de vampiro especial que no tenía colmillos.
–¿Qué te hace creer... –su cuerpo abruptamente invadió mi espacio personal e hizo que mi espalda se pegara a la pared. Él sin duda alguna podría sentir mi respiración. Mientras que yo no sentía nada. Ningún exhalación, ni inhalación. Me quedé petrificado cuando una de sus manos fue a parar a mi mentón e hizo que levantara mi cabeza para mirarlo a los ojos–... que puedes irte sin antes haber probado tu sangre?
Pensé que su frialdad corporal era lo que me había puesto helado, pero fueron sus palabras las cuales me congelaron cada nervio. Mi respiración empezaba a acelerarse.
–Mmm, siento como tu presión sanguínea va en aumento. Cada parte de tu cuerpo me pide a gritos que te muerda y sé que eso quieres –sus orbes rojas empezaban a incrementar de color y nunca en mi vida me había sentido tan vulnerable como hoy.
–E-eso no es cierto. Yo no quiero nada de eso –dije angustiado.
–¿Entonces porqué te pones nervioso, querido? ¿Tienes curiosidad de cómo se siente?
Sus preguntas sólo estaban tentándome. Y aunque tenía cierto temor, también estaba esa curiosidad por saber. ¿Qué tan doloroso era la mordedura de un vampiro? ¿Si te muerde, no te convertiría en vampiro? ¿No moriría yo si me chupa la sangre?
No debía de caer en sus juegos a pesar del trato.
–Aléjate.
Negó rotundamente–. Hicimos un trato. Así que voy a hacerlo aquí y ahora mismo. Respeta eso.
Estaba tan furioso conmigo mismo por haberme dejado llevar por su estúpido trato de mierda. De seguro esto se lo contaba a alguien más y diría que soy un completo imbécil.
–¿Dolerá? –tenía ese temor de morir a manos de él. No puedo pedirle imposibles a un vampiro.
–El cuerpo humano tiene un sin fin de terminales nerviosas, si te muerdo es más probable que te desmayes o incluso mueras –vi como se lamía los labios y fue una de esas imágenes mentales que quisieras llevarte contigo hasta la tumba.
Sin saberlo, ya estaba contestando pequeñas dudas y estaba sintiéndome extrañamente satisfecho con ello.
–¿Dónde lo harás?
–¿Eso importa? –preguntó antes de que se acercara un poco más a la curvatura de mi cuello, mientras que con su otra mano ladeaba mi cabeza para darle más espacio.
–Quiero asegurarme de que no quiero morir.
Su rostro volvió a estar casi a la altura del mío, pero su mano seguía sosteniendo mi mentón. Esto sería interminable si yo seguía deteniéndolo.
–Está bien en el cuello no. ¿Te parece? –aquella consideración me hizo sentir débil. Estaba tan fascinado y aterrado a la vez por lo que era YoonGi y me estaba encantando. Demonios–. Además, no creo que quieras tener una linda marca visible en el cuello.
Se quedó viéndome tanto tiempo, que mi calor corporal iba en aumento. No lo voy a negar, YoonGi es muy atractivo, incluso creo que su transformación a vampiro acentuó varias de sus facciones haciéndolo ver mucho más provocativo de lo que ya era. Sólo le prestaba atención de vez en cuando porque teníamos proyectos juntos en el salón, pero nunca formó parte de mi círculo de amigos. Y realmente cuando lo veo, comienzo a ver los recuerdos en mi mente de cómo se veía antes de ser un vampiro y ciertamente lo único que pienso es que su cuerpo maduro de una forma increíblemente exquisita. Su personalidad fría sigue ahí, pero la de un asesino por naturaleza le fue puesta.
En un movimiento sin esperarlo, rozó su pulgar en mi labio inferior sintiendo un calor terrible en el estómago. Nunca nadie me había hecho una caricia con esa delicadeza la cual poseía YoonGi. De alguna forma su movimiento hizo que mis labios se abrieran mientras él los veía como un manjar.
–¿Te han dicho que tienes los labios más apetecibles del mundo, JiMin?
Sentí como mis mejillas se incendian ante tal halago. Nadie me había dicho algo como eso.
–Nunca me lo han dicho –mis palabras apenas salieron susurrando cuando los centímetros que nos separaban se convirtieron en milímetros.
–Pues entonces quiero que te prepares y soportes lo que voy a hacer.
Y antes de que yo pudiera contestarle, sus labios besaban los míos de una manera muy, muy delicada. Era tan suave que los aterciopelados labios de Min YoonGi se fucionaban de una manera tan perfecta con los míos. Le seguí el ritmo hasta que sentí en mi labio inferior su colmillo siendo encajado de manera no tan brusca. Gemi del dolor que ello provocaba que no fui consciente de cuando mis manos se aferraron a su pecho encajando mis uñas. Él no pareció notarlo, pero en mi interior un millón de emociones se arremolinaban sin dar abasto a detenerse. Cuando sacó su colmillo, saboreé un poco mi sangre en mi paladar, y aunque sólo era un toque de labios, sabía que lo estaba disfrutando por la forma en la cual succionaba mi labio inferior para sacar más sangre a su antojo. Me fue inevitable no excitarme ante ello. Era de esperarse que mi cuerpo reaccionara así, y realmente tenía que tener el autocontrol necesario para no dar rienda suelta a los jadeos que tenía retenidos en mi garganta. Sus labios apretaban con suavidad mientras su lengua daba circulos o lamía la herida que no dejaba de sangrar por su succión. Llegué en un punto donde quería besarlo como él lo estaba haciendo conmigo. De repente la mano que tenía en mi mentón fue a parar a mi cintura y dejó su mano allí hasta que sentí lo inevitable. Se separó de mi dejándome abrumado y caliente. Lamió por último sus propios labios y me vio con algo que hasta ahorita no comprendo. No sabía a ciencia cierta si YoonGi era conocedor de lo que provocó en mí con tan solo ese gran acto.
–No creas que no sentí en como te excitabas –me sonrojé a tal grado de bajar la mirada–. Deberías de estar agradecido de que soy un vampiro considerado contigo, JiMin.
Y no quería que estuviera equivocado. Los vampiros son seres muy fríos y sanguinarios. No les importaba en lo más mínimo si su víctima estaba viva y no se preocupaban por su bien, todo dependía de satisfacer su locura por la sangre. Y en mi interior estaba agradecido con que no fuera uno de esos.
–Creo que es todo por hoy. Te veré después.
Salió de la sala dejándome aturdido. Quise llorar. Me di unos minutos más para estar solo y reflexionar en toda la mierda que sucedió. Y volvía a replantearmelo. ¿Qué beneficio tenía hacer un trato con un vampiro? Mi delirio me tenía al borde de cometer una locura. ¿Era esperarse a que él mismo me matara o que yo me quitara la vida? Cualquiera de las dos opciones desembocaria en mi muerte.
Toqué con la llema de mis dedos la herida, recordando como me había mordido y el mejor beso que pude experimentar en toda mi vida. Quité el dedo y tenía una pequeña mancha de sangre posandose brillante y latente. ¿Cómo puede la sangre ser tan deliciosa para los vampiros? ¿Qué había en ella que los volvía locos? Tenía muchísimas preguntas y esperaba encontrarme de nuevo con YoonGi para saber más de su especie.
Sí. Estaba seguro.
Y endemoniadamente condenado.
Aquí con bite en inkitt quien lo diría jajajaja.
Nos leemos pronto.
Bye.
LJP❤️