Wrong twin ⊹ Minsung Os

Summary

Minho llevó a la cama al gemelo equivocado.

Status
Complete
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

1/2



Desde que tiene memoria, Minho siempre sintió desprecio hacia sus padres y su codicia. Su familia era de buen rango social. Tenían una de las cadenas de hoteles más conocidas del país, pero nunca les venía mal un poco más de dinero, un poco más de fama. Eran perfectos para definir la palabra "codicia".


Apenas cumplidos sus dieciocho años, su padre se encargó de enseñarle personalmente sobre los negocios, esperando que Minho siguiera sus pasos. Donde su padre veía una oportunidad más, él veía tortura y dolor de cabeza. Esta situación duró hasta el día de hoy, con sus veintitrés años cumplidos.


Pasó toda su adolescencia escuchando a su padre contarle cómo debería ser su vida una vez que cumpliera la mayoría de edad, cómo debería casarse y formar una familia tal como él lo hizo. Cuando se declaró abiertamente gay, esperaba que todos esos planes ya no tuvieran nada que ver con él. Pero, para su mala suerte, todo siguió igual que antes.


Y gracias a que nada cambió, es por eso que está así ahora: con un matrimonio arreglado con una persona que conoce desde hace meses.


Un día, sus padres lo citaron para hablar sobre algo importante y le dijeron que habían encontrado a alguien perfecto para él. Tuvieron la típica charla en la que le dijeron que, como sus padres, siempre piensan en su bienestar y se tomaron el tiempo para buscar a alguien para él.


Cuando conoció al chico, todo tomó sentido. Era uno de los hijos de la familia Han, uno de los gemelos Han para ser más precisos. Esta familia también contaba con una de las cadenas hoteleras más famosas del país; estaba en el top tres junto con la de su familia. Con eso pudo confirmar lo que ya sabía: era por pura conveniencia, claro está.


Lo bueno fue que, por lo menos, no se llevaba mal con el chico. Jihyun era su nombre: Han Jihyun. El día que sus padres habían acordado para que se conocieran fue hace unos cuatro meses; gracias a los Santos se llevaron bastante bien desde el comienzo, lo que hacía mucho más llevadera esa situación para Minho.


Jihyun no era un mal chico; al contrario, era muy simpático y alegre; a Lee le caía muy bien. No iba a negar que era hermoso, pero no le gustaba como su prometido. Lo veía más como un buen amigo.


—¿Vendrás hoy a casa de mis padres? —preguntó Jihyun, abrazándose a su brazo.


Estaban en la casa de los Lee, celebrando el cumpleaños de su madre. El gran patio resplandecía con luces y decoraciones doradas, el color favorito de ella. (Lógico), pensó Minho. El lugar estaba repleto de gente influyente y acomodada, algo habitual en las celebraciones de esa familia.


—¿Para qué me dijiste que era la cena? —preguntó con seriedad, mientras observaba cómo su padre sonreía a una mujer rubia, o más bien, a su revelador escote. Le daba asco, ni siquiera disimulaba.


—Te dije que Sung nos presentaría a su prometido. Se nota que no me escuchas cuando hablo... —reclamó Jihyun.


—Lo había olvidado —confesó—. De todos modos, no creo que pueda ir.


—¿Por qué no? Mis padres te esperan allí, y sabes que los tuyos se enojarán si no vas, Min. —No tuvo tiempo para responder porque vio a su madre acercarse.


—Jihyun, no sabía que habías venido —dijo la señora Lee con una sonrisa y los brazos abiertos para un abrazo.


—Fue de último momento. Espero no molestar con mi presencia —respondió mientras aceptaba el abrazo.


—Claro que no, cariño. Me encanta que estés aquí. —(Mentira), pensó Minho—. Espero que se queden hasta la noche; todavía hay muchas sorpresas.


—No podemos, debemos irnos —dijo él a regañadientes.


—Oh, es una lástima —respondió ella, algo desanimada—. Esperaba que te quedaras hasta que cortemos el pastel, hijo.


—No podrá ser, madre. Tenemos una cena importante en casa de Jihyun. Así que, si nos disculpas... —cortó la conversación con una leve reverencia y salió del lugar junto a Han, quien le siguió el paso.


—¿No que no podías? —se burló Han.


—Cualquier cosa para no estar más en esta estúpida fiesta.


...


Estaban en casa de los Han, esperando a Jisung, el gemelo de Jihyun. Han Jisung, quien, para gusto de Minho, estaba tardando demasiado. Llevaban una hora exacta esperando en la sala por él; Minho ya no quería escuchar ninguna anécdota más sobre los negocios del señor Han. Aunque el hombre no lo hacía con soberbia ni de mala forma, eso no quitaba que ya no quisiera escucharlo más. A él ni siquiera le importaban los negocios de sus padres con la familia Han, pero debía fingir que sí.


—Hola, familia —saludó un alegre Jisung, tomado de la mano con un muchacho.


Siempre se sorprendía al ver lo idénticos que eran los gemelos Han; era lógico que fueran iguales. Para él no era difícil diferenciarlos, pero eso no quitaba lo impresionado que quedaba cada vez que los veía juntos. También su forma de vestir era algo que ayudaba a diferenciarlos.


Jihyun no usaba ropa muy llamativa. Siempre optaba por tonos neutros, teniendo un estilo arreglado y elegante, pero en su cabeza resaltaba un brillante color azul que contrastaba con todo lo anterior. Por otro lado, Jisung vestía siempre de forma atractiva. Tampoco usaba colores muy llamativos, pero siempre le daba un toque sexy a su ropa. Otra cosa que también ayudaba a su atractivo era su hermoso cabello rubio, el cual ahora estaba azul.


—¡Sunggie! —exclamó alegre Jihyun. Se acercó sonriente para abrazarlo.


—¡Hyunnie! —saludó, abrazando a su hermano.


—Te teñiste el cabello; ¡qué bonito! —elogió con una sonrisa.


—Tuve una sesión de fotos y querían que usara el cabello azul, así que lo teñí. Ahora estamos iguales —los gemelos rieron.


—Tardaste mucho; creímos que ya no vendrían —habló el padre de los gemelos.


—Lo sentimos; es que tuvimos unos inconvenientes —terminó de decir eso y compartió una mirada cómplice con el chico a su lado.


(Se estaban revolcando) habló una voz en la cabeza de Minho, y para él era más que obvio que sí. Le restó importancia e hizo como si no hubiera visto nada, quedándose serio en su lugar.


—Él es mi prometido, Hyunjin —presentó.


Lee no disimuló para nada cómo analizaba con su mirada al chico.


—Un gusto; soy Hwang Hyunjin —hizo una reverencia hacia los padres Han.


Tuvieron una charla sobre cómo fue que se conocieron, desde cuándo están juntos y todas las típicas preguntas que te hacen tus padres cuando le presentas a alguien. Por su parte, Minho solo se mantuvo callado y lo más apartado de la conversación, al contrario de Jihyun y la señora Han, quienes preguntaban todo lo que podían acerca del nuevo amor de Jisung. Después de lo que para Minho parecieron horas, pasaron al comedor.


—¿Es tu cumpleaños? —preguntó Jihyun interesado.


—Sí, cumplo veintitrés —respondió Hyunjin.


—¡Feliz cumpleaños! —lo felicitó con una gran sonrisa.


—Gracias —agradeció un poco apenado—. De hecho, en unas horas iremos a festejar con unos amigos; pueden ir si quieren. Jisung también irá.


—¿Podemos ir? —vio a Minho.


—No lo sé... —titubeó—. Puedes ir tú si quieres.


—Pero no sería lo mismo —habló un poco más bajo para que solo él escuchara—. Por favor, solo por esta vez. Hace mucho no salgo a divertirme.


Se quedó observando al peliazul a su lado mientras pensaba en su respuesta.


—Está bien —respondió después de un breve suspiro. Él tampoco salía hace mucho tiempo, así que no le vendría para nada mal—. Pero debo ir hasta mi casa para cambiarme de ropa.


—Nosotros podemos llevar a Jihyun —sugirió Hyunjin.


—Está bien —aceptó—. Supongo que nos vemos allá.


—¡Sí! —celebró Jihyun. Abrazó a Lee y le dejó un beso en la mejilla; Minho solo sonrió levemente.


Jihyun empezó a hablar con Lee sobre qué debía ponerse y, al estar hablando entre ellos, no se percataron de que alguien los veía con tristeza.


...


Minho llegó una hora más tarde de lo que habían arreglado, pero ahí estaba, afuera del lugar. Apenas entró, fue golpeado por el ambiente caótico que reinaba: el lugar estaba lleno. La gente gritaba y saltaba en la pista de baile.


Buscó con la vista alguna mesa para poder sentarse, y no tardó mucho en encontrar una. Eran muy pocas las personas que se encontraban sentadas; casi todos estaban en la pista de baile o en la barra bebiendo.


Prendió la pantalla de su celular, esperando ver algún mensaje de Jihyun, pero solo vio los que le había enviado hace media hora, diciendo que se encontraba en el baño del lugar. Así que, rendido, volvió a guardar su celular y se levantó para ir a la barra en busca de un trago que hiciera más amena la espera. Pasaron cinco minutos, diez, hasta veinte, y Jihyun seguía sin aparecer. Cuando ya había pasado media hora más y no había señales de su prometido, iba a levantarse para buscarlo, pero se detuvo al ver que este se acercaba hacia la mesa donde él estaba.


—Al fin te encuentro —dijo Jisung, sonando un poco aliviado.


—Te estaba esperando... —le informó Minho mientras daba un trago a su bebida. Era el tercer vaso que llevaba desde que había llegado.


—¿A mí? —preguntó Jisung algo extrañado.


—Sí, a ti. Hace media hora me dijiste que estabas en el baño.


Jisung cayó en cuenta de eso y una especie de decepción se instaló en él, como si realmente esperara que Minho hablara de él.


Ignoró por completo esa pequeña opresión en su pecho para recordar por qué se había acercado a Minho en primer lugar. —Eso te venía a decir, Jihy—


—¿Quieres tomar algo? —interrumpió Minho.


Jisung quería decirle que su gemelo se había ido hacía unos minutos porque se sentía mal, pero fue interrumpido nuevamente.


—Vamos a tomar algo —volvió a hablar Minho—. Ya me terminé este —mostró el vaso vacío que tenía en la mano.


—Minho, vine a decirte algo. No quiero tomar nada.


—Vamos, Jihyun. Vinimos a divertirnos, no a hablar. Luego me puedes decir lo que quieras.


Jisung iba a negarse nuevamente, pero no pudo. Sin motivo aparente, solo se quedó callado, sin emitir una sola palabra. Esto hizo que Minho tomara su silencio como una respuesta positiva hacia su propuesta. Agarró su mano para guiarlo hasta la barra, haciéndose paso entre el tumulto de gente que había en el lugar.


- Pide lo que quieras - dijo, cuando llegaron.


Un poco dudoso, pidió algo para tomar, y Minho hizo lo mismo. Una vez tuvieron sus bebidas en mano, volvieron a sentarse en la mesa donde Lee estaba anteriormente. No estaba seguro de si tomar un poco más de alcohol era una buena idea, ya que anteriormente ya lo había hecho con los amigos de Hyunjin. Para empezar, ni siquiera sabía qué estaba haciendo. ¿Qué se suponía que hacía bebiendo sentado junto a Minho? Y la situación era mucho peor si resaltaba el hecho de que Minho no sabía que era Jisung quien estaba ahí en lugar de Jihyun.


- ¿Quieres bailar? - La invitación del alto lo sacó de sus pensamientos.


- ¿Qué? - Cuestionó Jisung, procurando no haber escuchado mal. Minho, con un movimiento de cabeza, señaló la pista de baile, confirmando que había escuchado bien. Lo estaba invitando a bailar.


No tenía muy claro si era un efecto secundario por el alcohol que ya había consumido, pero se quedó en blanco por unos segundos. Miraba fijo a Minho, como si estuviera analizando la situación y tratara de encontrar una respuesta a su invitación. Pero en realidad solo estaba en blanco total, sin pensar en nada. De no ser porque Minho inclinó su cabeza buscando su atención, seguiría igual de ido.


- ¿Tú quieres? - Cuestionó, apenas salió de su mundo. Sin siquiera prestar atención a sus propias palabras.


- Sí, ¿por qué no? - Le dio un último sorbo a su trago y se levantó quedando enfrente de Han, extendiendo su mano como invitación a que se levantara.


Jisung dudó un poco, pero terminó por aceptar y tomar su mano. Se abrieron paso entre la gente que bailaba desenfrenada en la pista hasta parar en un lugar quedando frente a frente. Empezaron su baile con movimientos tranquilos, siguiendo la música sin apuro, solo disfrutándola. Minho posó sus manos en la cadera contraria y lo acercó a su cuerpo de manera lenta, haciendo sobresaltar un poco a Jisung.


- ¿Estás bien? Te noto un poco raro - habló en su oído, cosa que lo hizo estremecer.


- Lo estoy - le contestó al oído de la misma forma.


Después de esa pequeña conversación siguieron con su baile. Sus cuerpos se pegaban de a poco el uno al otro, cosa que a ninguno parecía disgustarle mucho. Ambos dejándose llevar por el momento. A veces de forma involuntaria y otras eran ellos mismos quienes se acercaban disimuladamente hacia el otro, como si por alguna razón quisieran estar más juntos, como si sus cuerpos necesitaran del otro a toda costa.


A veces sus ojos chocaban haciendo de ese baile un poco más íntimo. De un momento a otro Jisung terminó dándole la espalda a Minho. Este no tardó mucho en pegarlo contra su cuerpo tomándolo nuevamente de las caderas, las cuales el rubio movía al ritmo de la música, de forma tan sensual que solo volvía loco a Minho. Sabía perfectamente lo que estaba provocando, pero no podía dejar de moverse. Y después de un rato bailando comenzó a escuchar leves suspiros en su oído y sintió el cálido aliento de Minho en su oreja.


- Eres hermoso - soltó en medio de un suspiro.


- ¿Lo soy? - preguntó, girando levemente su cabeza, haciendo que quedaran muy cerca. Sentían sus respiraciones chocar y sus narices se rozaban de forma sutil.


- Lo eres - respondió, dejando un pequeño beso en su mejilla - Totalmente hermoso... me encantas.


De un momento a otro Jisung terminó dándose vuelta nuevamente quedando frente a Minho. Sus brazos rodearon su cuello apenas lo hizo, haciendo que el más alto colocara sus manos en su cintura. Ninguno de los dos le prestó atención a la comprometedora posición en la que estaban; solo se veían a los ojos centrándose en el otro sin necesidad de ponerle atención a nada más. La tensión serpenteaba a su alrededor esperando por romperse, pero ninguno hacía nada. Solo dejaban que sus ojos devoraran los contrarios.


No supieron con exactitud quién de los dos comenzó a acercarse al otro, pero ahí estaban: ambos rompiendo de a poco los centímetros que se oponían entre sí. Se detuvieron apenas sus respiraciones chocaron y sus narices se rozaron, poniendo un poco de suspenso a eso que ambos querían pero no se animaban a decir en ese momento.


Jisung cerró sus ojos un momento dejando salir un suspiro. Aún con los ojos cerrados seguía teniendo presente la imagen de Minho. En sus oídos no había nada; la música y la gente dejaron de existir; solo sentía la presencia del otro gracias a su perfume tan atrayente. No sentía otra cosa más que sus ansias por cortar la distancia entre ellos.


Segundos después cometió lo que no sabía si era un error o su salvación: abrió los ojos sintiendo un pequeño golpe de realidad que hizo que automáticamente su cuerpo se alejara un poco de Minho; lo suficiente para romper esa burbuja de tensión y deseo que habían creado.


- ¿Pasa algo? - preguntó algo preocupado al percatarse de su repentino cambio.


- No, solo... - no le salían las palabras - voy al baño - se excusó rápido y se alejó a paso acelerado.


Su respiración comenzó a acelerarse de a poco, mientras sus pasos se volvían cada vez más rápidos. Terminó tomando el camino contrario a los baños y fue directo hacia la salida del lugar. Una vez afuera, el viento golpeó contra su rostro, disipando un poco sus nervios.


Al momento en que abrió los ojos, la realidad le golpeó recordándole con quién estaba y qué es lo que estaba haciendo, llenándolo de nerviosismo y miedo. Miedo a no ser lo suficientemente fuerte como para seguir con Minho y no cometer un gravísimo error. Un error que se moría por cometer, pero su lado razonable no se lo permitió. Creía que si seguía un momento más con él, no se animaría a negarse a cometer ese error que tanto miedo le daba, pero a su vez deseaba. Agradecía que su lado racional apareciera en ese momento; sabía que si seguía un segundo más allí, no sería capaz de evitarlo. Si tuviera a Minho enfrente, no sería capaz de usar su lado lógico de nuevo.


—¿Estás bien? —escuchó a sus espaldas y sintió cómo los nervios volvieron a su cuerpo al oír la voz de Minho.


Ignoró por completo su pregunta y comenzó a caminar hacia el lado contrario de donde Lee estaba. Al instante, escuchó otros pasos siguiéndolo, sabiendo perfectamente quién era.


—Si hice algo que te incomodó, lo siento mucho —soltó, haciendo que detuviera su andar—. ¿Podrías decirme qué pasó? —esta vez lo escuchó justo detrás suyo.


Su débil autocontrol no le permitía emitir ni una sola palabra. Sintió cómo Minho tomó su mano y se colocó justo enfrente de él, buscando atención y respuestas.


—Dime, ¿hice algo malo? —volvió a preguntar.


—No, no hiciste nada malo —se animó a contestar, todavía sin verlo a la cara.


—¿Entonces qué?


Se quedaron en silencio. Minho esperaba una respuesta y Jisung trataba de buscar una. Solo se escuchaba a lo lejos la música y la gente gritando de fondo. Cuando Han por fin se dignó a levantar la cabeza, se encontró con los ojos de Minho puestos en él, atento y a la vez un poco preocupado por cómo había actuado hace unos minutos. El color negro de estos hipnotizó los suyos apenas se encontraron, rompiendo el poco autocontrol y el casi nulo raciocinio que le quedaba. Haciendo que cometiera ese error al que tanto miedo y deseo le tenía. Lo besó.


Tomó su cara entre sus manos y besó sus labios. Recibiendo casi al instante las manos de Minho en su cintura, las cuales lo acercaron un poco más a su cuerpo. Fue algo casi automático, como si él estuviera esperando que lo hiciera para poder seguirlo sin ninguna intención de negarse. Sus labios se movían al compás de los ajenos, creando un encastre perfecto entre ambos. El ruido de fondo desapareció por completo: la música, los gritos... ya no había nada. Solo el leve chasquido que sus besos dejaban salir.


Los dos podían saborear el amargo pero a la vez dulce sabor que el alcohol dejó en sus bocas, siendo este un claro protagonista en ello. Con el paso de los segundos, el ósculo se volvía un poco más apasionado y desesperado. Dejando entrar sus lenguas en la escena, teniendo ahora las manos de Minho casi sobre el trasero de Jisung, quien solo estaba concentrado e ido gracias a lo que hacían.


Cuando terminaron el beso, sus miradas dejaron ver el torbellino de emociones y sensaciones que estaban experimentando luego de lo que hicieron. Sin decir nada más, Minho lo tomó de la mano y ambos terminaron subiendo en su auto camino a la casa de este.