Acuérdate de mí
Roier ya no sabía que hacer, cada día que pasaba solo se enamoraba más del azabache, lo comenzaba a amar de una manera tan fuerte que le dolía demasiado, le dolía porque no le podía corresponder, y como él sabía eso simplemente lo ignoraba, lo ignoraba como si no supiera que ya tiene la certeza que su recuerdo vive dentro de su piel, casi como si no se diera cuenta que tiene un corazón que está perdiendo la cabeza porque se dio cuenta que ha caído ante sus pies, ni siquiera sabe en qué momento comenzó a anhelar la presencia o un toque de él, un abrazo o algo, tampoco sabe en qué momento comenzó a sonreír inconscientemente, tampoco cuando comenzó a imaginar que él azabache si lo amaba.
Pero ya no tiene tiempo de sobrepensar esas cosas, que vendrían a ser sus sentimientos hacia el argentino, tiene que prepararse para ir a la casa de él para hacer un trabajo en equipo.
En realidad solo busco algún pretexto para acercarse a su lado, lo hacía inconscientemente incluso, desde hace años fue así, pero últimamente lo hacía a propósito tal vez si le salía bien parezca accidental, es por eso que se comenzó a dar cuenta que se estaba enamorando y desde que se dio cuenta todo fue peor, sus sentimientos los comenzaba a sentir de una manera más intensa, no importaba si lo ignoraba, se sentía aún más intenso.
Sin darse cuenta ya estaba enfrente de su casa, se acercó y suspiro poniendo una sonrisa para tocarla puerta, fue abierta casi al instante, dejando ver a un oso con el ceño fruncido y el pelo revuelto, haciéndolo lucir hermoso para los ojos del castaño.
- Vení, mi vieja está jodiendo con lo del trabajo, así que primero hay que hacer eso.
-Dale, conchudo.
El oso gruñó ocultando una sonrisa al intento de imitar su acento, cada que están con Roier se la pasaba tan bien, era bonito, muy bonito el gastar su tiempo con el castaño, se sentía cómodo y tranquilo, tal vez hasta feliz.
No hablaron mucho, se dedicaron a hacer el trabajo porque la madre de Spreen estaba que les decía que terminen y que luego podían jugar. Al terminar Roier se quedó mirando a Spreen antes de comenzar a reír, el oso lo miro como si fuera un esquizofrénico, o algo así.
-¿De que chotas te reís boludito?
-Tu-otra carcajada se le escapó-Tu cara- y volvió a carcajear, tirándose en el suelo sosteniendo su estómago, mientras Spreen se iba al espejo de su cuarto para ver que tenía la cara rayada de rojo.
-¿Cómo? ¿Fuiste tu hijo de puta?
Roier seguía riendo como si le hubieran contado el mejor chiste del mundo, Spreen se quería enojar, pero era su mejor amigo, no podía enojarse, aun así hizo como si lo estuviera y le comenzó a hacer cosquillas, el ojos miel se retorcía y gritaba que le deje.
-¡Ya, basta! ¡Spreen!
Dijo Roier entre risas intentando separarse de él, hasta que por fin lo dejo y se echó a un lado, mientras el último nombrado intentaba respirar con normalidad, Spreen estaba sonriendo al igual que Roier, en un silencio cómodo simplemente disfrutando de la presencia del otro, hasta que el oso pregunto:
-Ya es tarde, ¿Te quedás?
-Deja pido permiso a mi jefa.
Spreen sonrió y asintió preparando la cama porque sabía que le dirían que sí, además le quería preguntar algo al castaño, tal vez le aceptaba.
Mientras Roier terminaba de hablar con su mamá podía sentir como las hojas volaban alrededor de él más que felices por tener la compañía del mayor, ojalá poder destruir las hojas y quemarlas para no sentirlas y no sentir la necesidad de arruinar su amistad.
-Listo, ¿Jugamos al Fornite?
-Dale wacho.
Se la pasaron la noche jugando hasta que llegó las tres y tantos de la mañana, riendo y molestandose entre ellos, disfrutando de su tiempo juntos, olvidándose Spreen de lo que iba a preguntarle al de bandana, luego se quedaron en el techo mirando a la luna, tan bonita y perfecta, ambos estaban en silencio, pero no necesitaban hablar, estaban bien así, o eso pensaba Spreen, porque mientras él disfrutaba la vista Roier estaba mirándolo a él, quería por fin usar todo el coraje que ha guardado para confesarle lo que nunca puedo hablar, pero no, sabía que aquel azabache nunca lo amaría, tal vez dentro de muchos más años por lo menos lo empiece a querer de otra forma, pero por ahora, sabía que era imposible, ¿Cómo lo amaría? Solo era su mejor amigo, nunca lo haría, Roier suspiro y miro al cielo para que no se de cuenta del tiempo que lo había estado viendo.
Quería convencerlo, pero no quería arriesgarse a perderlo y que se quiera ir
-Roier, te quería preguntar algo, ¿Puedo?
El estómago del contrario dio un vuelco, ¿Y si tenía una oportunidad? ¿Y si se dio cuenta de cómo lo miraba? ¿Y si se dio cuenta que lo amaba? ¿Y si arruina su amistad? ¿Y si? Sus pensamientos pararon en cuanto se dio cuenta de cómo los ojos violetas brillaban por la luna reflejada en ellos, quedando su mente en blanco.
¿Porque siempre que lo mira él nunca sabe bien que decir?
-Si, claro que sí conchudo.
Por más que este muriendo de los nervios por dentro, estaba de lo más tranquilo por afuera, sonriendo como si no estuviera en plena crisis por el miedo que se entere de sus sentimientos tan fuertes e indescriptibles que tenía por él.
-¿Quéres ir a la feria mañana? Dijiste que te gustaban mucho y que no había nadie con quién ir, que todos tenían planes, y pensé que tal vez querías ir conmigo, después de todo somos mejores amigos, ¿No?
Acuérdate de mí
-¿Encerio? ¿Irás conmigo solo porque me gusta? ¡Te amo! ¡Gracias, gracias, gracias!
El castaño gritaba mientras se lanzaba para abrazar a Spreen sin importarle mucho que al azabache, no le guste mucho el contacto físico.
-¡Para un toque que nos caemos!
Spreen río y Roier también mirándolo con tanto amor sin poder evitarlo, sus ojitos miel brillando tan hermoso, casi como si la misma luna estuviera en sus ojos, luego se quedaron en silencio aún mirándose y sonriéndose, todo tan mágico, pero Spreen comenzaba sentir raro, algo que antes nunca había sentido y hizo lo que siempre hacia cada que aparecía algo nuevo, y esto lo sabía bien Roier, aunque no lo recordaba.
Huir.
Bajo a su habitación y se encerró en el baño metiéndose en la ducha helada para intentar volver a poner orden en su cabeza, pero los hermosos ojos del contrario estaban en su cabeza sin salir de ahí, cada que cerraba los ojos solo los veía a ellos, ni siquiera sentía el agua helada, ni como su cuerpo tiritaba por el frío.
-¿Spreen? ¿Qué paso?
¿En que momento lo siguío? Spreen estaba confundido y escuchar la voz tan linda y suave de su mejor amigo no ayudaba solo lo confundía más, ¿Porqué se sentía así? ¿Porqué comenzaba a querer ir con Roier y...? Ni siquiera sabe que, solo quiere ir con él, pero, ¿por qué él? Nunca "quiso" o "necesito" estar con él, seguro solo era una mierda y luego se le pasaba, o eso esperaba.
-Nada, ya voy.
A pesar de todo el azabache sabía que si no salía Roier se iba a preocupar mucho e iba a sobrepensar peor de lo que, ya seguramente, lo estaba haciendo, esa era una cualidad algo "mala" del de bandana, pero aún así lo quería con todo y su mania de sobrepensar.
Se secó dándose cuenta recién que su cuerpo seguía temblando fuertemente, se cambió de nuevo y sin mirar a Roier se echo en su cama para el lado de la pared.
-Spreen ¿Hice algo mal? ¿Te moleste? Perdón si es así, no fue mi intención.
-No has hecho nada, solo estoy cansado.
-Perdón.
La nueva emoción había cansado a Spreen, tanto que no tenía ganas ni de decirle que no debería pedir perdón por esas cosas, simplemente quería descansar y olvidar todo, odiaba las emociones, odiaba sentir, pero a la vez quería sentir algo, ¿Por qué tenía que ser tan complicado?
Roier también se echo mirando la espalda del azabache con algo de tristeza, todo había estado bien ¿Qué paso? Y entonces lo recordó, sus emociones, Spreen le dijo, y él lo había olvidado, se sentía una mierda, ¿cómo podía haber olvidado que cada vez que su mejor amigo sentía algo diferente a su zona de confort tan de golpe se alejaba porque simplemente no le gustaban los cambios sin que él los realice? Sentía el peor amigo, y más porque se supone que ama al oso ¿Cómo olvidó algo tan importante? Él quería que Spreen se sienta bien con él, que este bien, que confíe en él, poder ser él quién cure su corazón, que le dé el permiso para estar a su lado y cuidarlo, él anhelaba poder ser esa persona para el oso, en la que piensas cada que se te ocurre un plan, o cada que buscas ayuda, consuelo, un momento tranquilo, un momento divertido, un momento lujurioso, esa persona con la que quieres todo, él quería que piense en él por si su corazón busca algún dueño, o si quiere un beso en algún sueño, o si quiere más noches en las que no le den ganas de dormir.
"Acuérdate de mí"
Susurro Roier entre sueños mientras abrazaba una almohada ahogándose en el olor del oso impregnado en la misma, deseando en algún momento que para Spreen él este primero, porque para él, él siempre va primero, sabía que era discreto pero igual lo quiere.
"Perdón si no he sabido como hablarte de lo que siento por ti, acuérdate de mí"
Volvió a susurrar sin querer quedándose dormido envuelto en el olor y calidez de la almohada del contrario.
...
Roier cuando volvió a su casa se encerró en su cuarto deseando desaparecer las millones de hojas que volaban a su alrededor que aparecieron en cuanto vio que estaba abrazando a Spreen y Spreen lo estaba abrazando a él, sentía que en cualquier momento podía comenzar a vomitar de tantas cosas que sentía.
-Te odio, te odio, te amo.
Murmuraba a través de su almohada pensando en que hacer para poder olvidar sus sentimientos o por lo menos exponerlos un poco porque nunca ha estado cerca de aprender como olvidarlo, para ser honestos nunca lo quiso intentar, literalmente, vive con la maldición de verlo en todas partes, en las canciones, en las flores azules que hay por su casa, en cada videojuego, en cada espada, en cada pelea, en cada momento hay algún rato en el cual recuerda esos hermosos ojos brillantes, aunque al fin y al cabo, le hace falta verlo más.
...
-Mariana, de verdad, no sé qué hacer, ya no puedo ni siquiera disimular, me odio tanto por amarlo.
-No sé, men, tú hacías canciones con tu guitarra, ¿y si haces una? Tal vez te sientas mejor.
Le respondió Mariana a través del teléfono que estaba en voz alta, hace un rato había despertado Roier y le hablo a su mejor amigo para que lo ayude con Spreen.
-Me le quiero declarar, ya no importa si lo pierdo, creo que sí lo haré, no mames, hasta que piensas culo.
-Cállate, boiler.
-Quiero converserlo, pero no quiero arriesgarme a perderlo y que se quiera ir, ¿Porqué siempre que lo miro yo nunca se muy bien que decir? Definitivamente odio estar enamorado.
-No es tan malo, mirame a mi con el Slime, 'tamos bien.
-Ni hables que tu relación es bien pinche tóxica.
-Vete a la verga pues, el Slime me llama ahí te ves, chau.
Roier se fue a sentar en su escritorio donde estaban todos los papeles y libretas en las cuales se encontraban sus canciones y escritos.
¿Cómo se tendría que llamar? ¿Estoy enamorado? No, muy directo ¿Te amo? Muy romántico ¿Acuérdate que existo y que te amo culero hijo de la chingada? Definitivamente no, muy pendejo ¿Acuérdate de mí? No es muy romántico, pero lo suficiente como para que sepa que se va a declarar.
Bien se llamará acuérdate de mí, ahora a escribir la letra, poco a poco comenzaba a tener ideas hasta que su hoja estaba llena de borrones y letras tachadas, pero ya tenía una canción decente expresando todo lo que sentía, faltaba la melodía. Agarró la guitarra y comenzó a tocar algunas notas intentando crear armonía y que sea algo bonito que quede con la letra y cuando tuvo todo lo pasó a limpio practicando hasta aprenderse de memoria la canción y la melodía sin equivocarse en el intento.
...
-¿Ya estás listo, Ro?
Spreen murmuró antes de abrir la puerta del cuarto del menor, encontrándolo cambiado con un overol jean y polo crema que a su parecer le quedaba bonito claro que con su casaca roja de Spiderman.
-¿Y? ¿Qué tal?
Dijo Roier sonriendo y dando una vuelta mientras agarraba su guitarra comenzando a caminar a el azabache.
-Te queda muy bonito, Roi. Ahora vamos que no llegamos a los fuegos artificiales de las 10 ya son las 9 y tantos.
-Órale pues.
El camino fue lleno de risas y sonrisas sintiéndose felices y olvidando lo sucedido en la casa del azabache, uno queriendo desaparecer lo que comenzaba a sentir y otro apunto de decir lo que tanto oculto solo por miedo a ser rechazado.
...
En cuanto llegaron a una zona de la feria en la que no había mucha gente, específicamente un parque, pero se podía ver bien los fuegos artificiales, Roier saco la guitarra y se sentó frente a Spreen que también estaba sentado en el pasto.
-¿Qué te vas a cantar wacho?
-Una canción que te hice.
Spreen se quedó sorprendido y callado mientras las palabras salían temblorosas y en voz baja por el castaño.
El menor se acomodó bien y comenzó a tocar una melodía suave y bonita, Spreen prestaba atención a cata palabra que salía de los labios del castaño sintiéndose nervioso y por alguna razón feliz, una sonrisa inevitable estaba en su cara mientras lo observaba cantar, se veía tan bonito, pero también triste, Spreen estaba tardando en captar pero cambio cuando llegó una parte en la cual el castaño se le quebró un poco la voz.
-Acuerdate de mí, por si tu corazón busca algún dueño, o si quieres un beso en algún sueño, o si quieres más noches en las que no te den ganas de dormir, acuérdate de mí que para mí tú siempre vas primero, yo soy discreto pero igual te quiero, perdón si no he sabido como hablarte de lo que siento por ti, acuérdate de mí cuando alguien más te haya olvidado yo me acordé de ti siempre estuve enamorado, si tú no estás, amor, si tú no estás, amor ¿Dónde me quedo yo?
Mientras seguía cantando los fuegos artificiales aparecieron casi al terminar la canción, a este punto Roier estaba llorando y mirándolo, aún así, con una sonrisa triste, deseando que acepte y corresponda sus sentimientos, aún cuando lo veía imposible, lo necesitaba, tal vez fue demasiado, comenzó a pensar Roier porque no había reacción en el híbrido de oso hasta que vio como se levantó y acercó agarrando sus mejillas y dándole un beso, que parecía más como un pico, aún así le hizo tan feliz que lo abrazo y no lo soltó, dejando caer la guitarra sin importarle mucho que le pase algo.
-Te amo, Spreen.
-Yo... Yo también, Roier.
Susurro Spreen a la vez que le correspondía el abrazo sintiendo tantas emociones, pero estando tranquilo porque está vez no quería huir, aunque aún estaba ahí esa necesidad, y lastimar como siempre lo hacía.
Esta vez quería amar y ser amado, quería intentarlo y dejar todo de lado, quería volver a sentir todas esas emociones sin miedo y con Roier a su lado, Roier para él era como si le hablaras de la mejor persona del mundo y así era, para él era así porque sabía que con solo unas palabras del castaño se sentía mejor, sabía que con solo un roce de sus manos podía vivir feliz, sabía que con un abrazo podía morir de amor ahí mismo, y sabía que con solo un beso iba a poner el mundo en pausa.
En sí sabía que Roier era todo lo que necesitaba para ser feliz, y si el quería podía pasar toda su vida junto a él, pero si no lo quería así y su felicidad era con otra persona, lo aceptaría y le mostraría una sonrisa dejándolo ir para que él esté feliz, porque lo amaba, lo amaba tanto que dejaría que se vaya de su lado, tal vez él moriría sin Roier, pero no importaba si él era feliz, solo quería que su sonrisa nunca deje de brillar, que sus ojitos nunca lloren, que siempre sea él mismo y no cambie nunca, porque era una persona maravillosa, si tan solo pudiera expresarse bien se lo diría y se aseguraría que el castaño sepa cuánto lo amaba, aprendería a expresarse solo para que eso funcione, y si habían problemas quería solucionarlos y no pelear, hablarlos y estar bien, tener una relación bonita, sana y sobre todo una en la que ambos se amen y ese amor nunca se desgaste, que perdurará, y si en algún momento ya no lo sentían igual podían dejarlo y seguir siendo amigos, Spreen estaba dispuesto a todo por la arañita, y esa arañita estaba más que dispuesta a intentarlo, porque lo amaba también, con la misma intensidad, sabía que el oso quería huir, evitarlo, escapar, y otras cosas, pero no le importaba, él lo amaba con todas sus virtudes y defectos, sabía que no le era fácil expresarse, pero no le importaba, porque él lo sabía y lo comprendía, y si Spreen quisiera lo ayudaría a mejorar en ese aspecto, ambos se amaban, ambos querían que eso durara para siempre, ambos deseaban estar juntos y estar bien, y ambos estaban dispuestos a poner de su parte para que funcionará.
Ambos siguieron abrazados toda la noche, sin necesidad de hablar, porque no hacía falta palabras para describir el amor que se tenían, Spreen aún tenía la necesidad de huir por el miedo, no había porque tener miedo, pero aún así ahí estaba el miedo a sentir, pero el simple hecho de que Roier este ahí con él lo hacía sentir mejor, y más el saber que aunque Roier sepa lo complicado que es, lo ame.