Nuevo rumbo
En una tormenta de nieve, cerca del bosque una mujer de cabello oscuro estaba herida, se le dificultaba ya seguir caminando, pero seguía ya que entre sus brazos tenía algo.
—Mami te va a proteger, cariño.
Entre sus brazos tenía un bebé que poco de ser recién nacido. Tiene el mismo color de cabello que su madre al igual que tono de piel.
Entre más caminaba, sus fuerzas se estaban acabando, su vista era ya borrosa todo por las heridas y cierta pérdida de sangre. Sin más, está cayó de rodillas aun sosteniendo a su bebé, el cual empezó a llorar.
—N-no... No llores cariño —calmaba a su hijo— "Ya no puedo más... Ya no tengo fuerzas... Perdóname, Yuno..."
Cae al suelo nevado, abraza con sus fuerzas a su hijo. Los párpados de sus ojos eran ya pesados, su vista era borrosa, solo podía escuchar los llantos de su hijo. Ella levanta un poco su vista y ve que una sombra se acerca a ella.
—"¿Este será nuestro fin?"
La sombra que vio antes del perder la conciencia salió de entre los arbustos, era una figura pequeña.
—¡Mamá!

La peli negra abría sus ojos de poco a poco para darse cuenta que no está en el bosque, sino en una casa. Ve por todos lados, y nota que hay pocas cosas, pero tiene lo esencial para vivir bien.
Esta ve que tiene vendas en sus heridas, y antes de saber dónde está, se levanta de la cama ya que no tiene a su hijo. Con dificultad sale de la cama, pero esta se cae. No está del todo recuperada aun así se arrastra.
Estando ya cerca de la puerta. Trataba de levantarse, sin embargo, ve que la perrilla se mueve, que alguien está a punto de entrar. Abren la puerta un ¿Niño?
—Veo que acaba de despertar —habla mientras ve a la mujer en el suelo— ¿Necesita algo?
—¡Aléjate de mí! —trata de alejarse de ese ser.
—Calma señora —la ve como trata de huir—. Los humanos actúan raros.
—¡No te me acerques demonio! —le grita asustada.
Ante los gritos de la peli negra, se escuchan pasos. Detrás de ese niño, una peli ceniza llego y al ver cómo está la mujer va hacia ella.
—Ey tranquila. Liebe, ve por agua por favor —ordena al demonio pequeño.
—Ok, madre —se retira.
—¿Por qué hay un d-demonio aquí? —insegura pregunta por aquel demonio Liebe.
—No es un demonio —la ayuda a levantarse—, es mi hijo. Ven te llevare a la cama.
¿Hijo? Un demonio siendo hijo de una humana. Se sorprende la mujer. Sin embargo, la palabra hijo hizo que se alterara más.
—¡¡Mi hijo!! ¿¡Dónde está mi bebé!?
—Tranquila —la ceniza la acomoda en la cama—. Él está durmiendo junto con mi otro hijo.
—Pero es que...
—Madre aquí está el agua —llega Liebe con una cubeta en sus manos.
—Gracias, hijo —toma el valde y una venda que ella saco cerca de un cajón la remoja—. Cariño, ¿puedes cuidar a los pequeños por un rato?
—No se... —finge un bostezo— estoy cansado, madre.
—Galletas en la noche habrá —comenta la peli ceniza.
—¡A la orden, mi señora! —se pone firme y se va del cuarto.
Esto le causo gracia a la ceniza, en cambio a la peli negra le era extraño. Una humana bajo el mismo techo con un demonio. Una expresión de miedo, preocupación, se marcaba en ella, cosa que noto la ceniza.
—Mi hijo Liebe no le hará daño —exprime un trapo que remojo en el balde.
—Es que él es un...
—Un demonio... Si lo sé —coloca el trapo en la frente de la peli negra—, pero debes de estar bien para que así puedas cuidar al tuyo. Duerme un rato —esta le sonríe—. Por cierto. Me llamo Licita... Licita Staria.
—E-encantada de conocerte, Licita —sonríe levemente—. Soy Ciel Gr... Solo Ciel.
—De acuerdo, Ciel. Descansa mi hijo y yo cuidaremos del tuyo.
Luego de la presentación corta. Ciel decidió dormir. A pesar de que trataron sus heridas se sentía débil.
Pasan unas horas. Ciel abre los ojos poco a poco y ve que Licita sentada a lado, cargando a su hijo.
—Tu hijo es lindo —observa como duerme plácidamente—. Es muy tranquilo. En comparación al mío que es inquieto.
Licita se levanta para entregar al bebe a su madre. Cuando lo tuvo en sus brazos, lagrimas empezaron a salir. Lo abraza.
—Gracias... Gracias... Licita. Por salvarme a mi bebe y a mí —agradece a la ceniza.
Simplemente Licita sonríe ante las palabras de Ciel, el momento bello entre madre e hijo. De repente unos llantos empezaron a escuchar, y ven que la puerta es abierta por Liebe que tiene cargando a un bebe.
—Madre... ¿Podemos darlo en adopción? —poco molesto pregunto.
—No, Liebe -ríe un poco—. Dame a tu hermano Asta.
Hizo caso. Cuando se acercó a su mamá y le entrega a su hermano que era tenía el mismo color de cabello que ella. Ciel se pone incomoda, en si retrocede un poco.
—Señora no le hare daño —aclara Liebe—. Además, no tengo magia. No hay nada de qué preocuparse.
—"¿Sin magia?" —ella ve a ese niño demonio y en efecto no siente mana en él—. ¿Cómo es que...?
—No se alzando los hombros—. Simplemente nací sin magia, y al no tener mana llegue al mundo humano y he aquí con mi madre y con el intranquilo de mi hermano —resume su llegada el pequeño demonio.
—¿Ok? —confundida estaba.
—¿Mis galletas madre? —pregunta a Licita con una sonrisa para ella.
—Están en un frasco en el estante. No te las acabes todas —indica el lugar, a lo que Liebe corre a la cocina—. Si que ama mis galletas.
Ciel observo este momento. Aun le cuesta creer que un demonio este aquí. Se que no tiene mana, y puede que no provoque muchos problemas. Sin embargo...
—No hay nada que temer, Ciel. Liebe es distinto... No es nada de lo hayas escuchado de su raza —comenta con mucha seguridad.
Pasan el tiempo platicando ambas mujeres. Licita pudo dormir a su Asta. Les impresiono bastante que sus hijos nacieron el mismo día y mes, que el hijo de Ciel se llama Yuno. En eso el estómago de la peli negra sonó, se puso algo roja y se sentía avergonzada. Su salvadora, Licita, ríe un poco.
Deja a Asta en la cama donde esta Ciel, y así igual ella deja a Yuno junto con el pequeño cenizo.
—Ven. Te ayudo —la ayuda en levantarse de la cama—. Te llevare a la cocina para que comas algo.
—Gracias, Licita —agradece Ciel.
Estando en la cocina se encuentra una escena un poco rara, pero a la vez tierna para la peli ceniza. Liebe dormido sobre la mesa con migajas de las galletas que había en un frasco.
—Galletas... Ricas... Aléjense... de mis preciosos —murmuraba dormido cosa que se les hizo gracia a ambas madres.
—Igual como la vez pasada —comenta Licita quien deja Ciel en una silla.
Carga a Liebe para llevarlo en la cama donde están sus hijos durmiendo plácidamente. Regresa con su amiga y le empieza a preparar algo de cenar.
—Disculpa, Ciel —le sirve un plato de comida—. No es mucho, pero como estamos en época de invierno es un mal momento para las cosechas.
—No te preocupes.
Licita se preparó un plato para cenar para acompañar a la peli negra. Seguían conversando tranquilamente.
—Dime Ciel —captando la atención de la peli negra— No eres del Trébol, ¿verdad? Ya que cuando te traje aquí, tu grimorio tenía otro símbolo.
—B-bueno... yo... —empezaba a ponerse nerviosa, un nudo sentía en la garganta— Yo... Soy del Reino de la Pica.
—Pero ¿Qué haces aquí? —curiosa pregunta.
—Hubo un golpe en contra de la corona -viendo por la ventana como estaba nevando haciendo que recuerdos pasen por su mente—. Era una masacre... Tuve que escapar del reino. Me costó ya que había una Zona de Mana Cuantiosa. La gente que me acompañaba me ayudó a llegar hasta aquí y gracias a ellos estoy aquí.
—Lamento escuchar eso —sentía la tristeza tramitada por lo dicho.
—No tengo a donde ir... No sé qué hacer... No quiero que me separen de mi bebe por ser de otro reino... —empezaba a llorar mientras se abrazaba ella mismas—. Perdí mi hogar, a mi esposo junto con mi otra hija... Mi hijo Yuno es o único que me queda...
No toleraba en que un día alguien la separe de su bebe. Seria arrancar, quitarle lo único que le da vida.
—Ciel, no tienes de que preocuparte, te puedes quedar aquí —se levantan de la silla para abrazar a la peli negra—. Como madre igual me sentiría así. El miedo de perder a un hijo.
—¿E-estas seguras? —se separa un poco de ella—. No quiero ser una molestia aquí.
—No lo serás. Acompáñame.
Licita ayuda a levantarse de la silla a Ciel para ir al cuarto donde estaban antes. Abriendo la puerta se vieron una imagen hermosa. Sus más grandes tesoros durmiendo juntos con una sonrisa.
—Creo que mi Asta y mi Liebe se llevarán bien con tu hijo, Yuno.
—Puede que sí, Licita —camina hacia la cama y empieza acariciar la mejilla de su hijo—. Está bien. Me quedaré. Ayudare en lo que pueda. Todo por el bien de mi pequeño Yuno.
—¡Así será, amiga! —anima a su nueva amiga mientras hace lo mismo que ella, acariciar sus hijos quienes estaban durmiendo plácidamente.