Quemador De Incienso [Boochan] by soon at Inkitt
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quemador de incienso [BOOCHAN]

Summary

Viajando de cama en cama, Seungkwan descubre el sueño favorito de Chan. O donde el chico nuevo en los dormitorios de SEVENTEEN tiene un extraño artefacto que juega con la cabeza de Seungkwan. (inspirado en el extra de MDZS, pero son nenes haha)

Genre
Fantasy/Romance
Author
soon
Status
Complete
Chapters
1
Rating
5.0 1 review
Age Rating
16+

💤

Seungkwan yacía sobre la cama de Lee Chan, en la parte superior de la litera que para entonces compartían. Siempre le gustó más la parte de arriba porque era el primer lugar del cuarto al que llegaba el olor de la comida por la mañana, pero se la cedió apenas su compañero comenzó a vivir en el dormitorio. Debía consentirlo y no solía quejarse de ello a menudo, generalmente podía robarle la cama cuando deseara y Chan nunca se quejaría.


Esa noche del viernes hacía calor y el olor picante de la comida lo despertaba de a ratos solo para obligarlo a toser y secar un par de lágrimas que se escapaban de sus llorosos ojos antes de volver a sumergirse en sus sueños.


En otro momento ordinario, Seungkwan se hubiese unido a los demás en la sala para disfrutar del "festín" y gozar de una barriga llena como pocas veces desde que llegó a entrenar, sin embargo, no era una noche ordinaria. No, era una noche de conflicto.


Seungkwan no contaba con el carácter más dócil del dormitorio, ese era Seokmin y sus comentarios oportunos. A veces chocaban y era el caso, en ocasiones Seungkwan no podía soportar la verdad en el momento indicado y eso ocasionaba roces entre ellos incluso en las cosas más mínimas.


Algunos de los demás habían querido ayudar, regañando dulcemente o tratando de apaciguar las aguas de maneras políticamente correctas. Y aquí está la cuestión, sin importar la situación, las cosas para Seungkwan nunca se solucionaban con calma, sino liberando toda la frustración.


Así acabó tirando el plato de comida, pisoteando el suelo de madera y lanzando la puerta con todas sus fuerzas.


Por supuesto la cena continuó y la música no se apagó ni por un instante, eso le causó cosquillas malas en el estómago a Seungkwan hasta quedarse dormido intermitentemente. Parecía que su cuerpo no quería seguir el rumbo que su mente arrastraba, parecía tener energía suficiente para aplacar su orgullo y salir a la sala con los demás, lastimosamente, nada era tan sencillo en su cabeza y se obligaba una y otra vez a hundirse en la almohada de Chan.


— ¿Seungkwan? —Una voz pequeña lo llamó entre las 11 y las 12, cuando las luces seguían encendidas, pero la bulla menguaba un poco.


Se atrevió a abrir solo un ojo y hacer un sonido nasal nada más para indicar que se había despertado. A través de su somnolencia, distinguió a Chan y a alguien a su lado que no pudo identificar a la primera antes de volver a retorcerse entre las mantas. Un bufido ajeno lo hizo cerrar con fuerza sus ojos nuevamente.


— ¿Ya se te pasó el enojo? —preguntó Chan sujeto al borde de la cama.


—No—respondió con su voz amortiguada por la almohada.


—Está bien, ya sabía. Por eso te trajimos comida.


—No tengo hambre.


Pero el sonido de cerámica contra madera le hizo saber que ya había dejado el plato en el velador. Así, Seungkwan suspiró pesadamente y fingió seguir durmiendo.


—Te lo dije, hyung ¡Él es así de testarudo!


Sonido de bisagras. Bulla abrumadora. Bisagras nuevamente. Bulla apaciguada.

Supuso que se fueron.


Seungkwan se levantó con lentitud y restregándose un ojo, quiso tomar el plato, pero pegó un brinco por la figura parada al pie de la litera.


— ¡Ah, maldición! —Se sostuvo el pecho por el susto.— ¡Casi me matas, Minho!


—Es Myeongho—corrigió el otro con una mirada distante y su rostro en blanco—. Lo lamento.


La disculpa directa terminó de traer lucidez a su mente y enfocó su mirada en el nuevo.


Había sido su culpa que peleara con Seokmin y ambos lo sabían. Era una tontería, pero así andaban las cosas: a Seungkwan se le hacía difícil adaptarse al nuevo y Seokmin creía que estaba siendo un bebé chillón.


No es que fuese malo con los cambios en su rutina, Seungkwan había pasado a tan corta edad por muchos momentos drásticos que alteraban su comodidad. Incluso acostumbrarse a lo masculino había sido todo un reto cuando empezó a entrenar, en su casa, antes, había una mayoría femenina que contagiaba en muchos aspectos a Seungkwan y le producían seguridad.


Pero con Myeongho era distinto.

Su llegada había sido un complejo desafío para todos, incluso para Junhui quien hace casi tres años había conocido Corea del Sur. Y es que Myeongho había venido con costumbres peculiares... bastante peculiares.


Recordaba a Hansol bromeado con que parecía un monje por su meditación y Mingyu murmuró sobre practicar artes oscuras o algo parecido por los amuletos. Lo cierto era que ninguno se había acostumbrado todavía, aunque llevaban con él ya dos semanas y media.


La gota derramó el vaso cuando decidieron hacerle la propia bienvenida y, dado que Myeongho no comía cítricos los viernes, confiscaron las mandarinas que su madre le había enviado a Seungkwan. Tal vez sí se comportaba como un bebé, podía comerlas al día siguiente en el desayuno y respetar la "limpieza de acidez" que Myeongho acostumbraba.


Pero lo cacharon en su peor humor.


—Está bien—se obligó a decir entre un bostezo—. Yo exageré.


Myeongho negó e hizo una reverencia de noventa grados que al instante tuvo a Seungkwan sonrojado y de pie frente a él para enderezarlo con sus propias manos. Dios, fue una situación incómoda y vergonzosa de la que Myeongho no parecía darse cuenta.


Con su postura recta nuevamente, Myeongho le sonrió enormemente y agarró sus manos.


—Pareces abatido—señaló con una pronunciación lenta—. Tengo algo para ti.


De una bolsa que Seungkwan no notó antes que cargaba, sacó un quemador de incienso en forma de un jabalí deforme. No, no era eso... sino una criatura mezclada entre varios animales: hipopótamo, tigre, capibara, león, perro, cerdo y tal vez avestruz.


—Es para dormir bien—informó antes de darse la vuelta con una sonrisa traviesa y salir del cuarto.


—Okay—Seungkwan le dijo a la nada, sosteniendo el objeto a un espacio prudente de su rostro—. Eso fue extraño.


El lugar para el incienso y su calor estaba en la panza del animal, ahí se encontró con un pequeño encendedor desgastado ¿Qué tanto daño le hacía encenderlo por una vez?


La llama era pequeña y el objeto tenía la forma adecuada para que el lugar solo se iluminara tenuemente, conservando la oscuridad apropiada para descansar. El ambiente con rapidez se transformó en uno pacífico, de repente, inundado con un embriagador olor a...


—Mandarinas—saboreó Seungkwan con el plato ya sobre sus piernas que colgaban desde la cama de Chan hacia la suya.


Comió en paz entre varios bostezos cada vez más seguidos.


Hacía calor y más calor por el quemador que colocó en el suelo del otro lado del cuarto, pero el olor siempre llegaba primero a la cama de arriba. No soportándolo del todo, se retiró a la cama de Seokmin en la litera paralela a la suya.


Seokmin ocupaba la parte de abajo junto a la ventana, por donde la luz de la noche entraba a través de unas cortinas cafés deshilachadas con estilo de malla. Era mejor que la suya porque tenía un colchón de resortes y no solo de esponja, además, permanecía fría debido a la pared que lindaba al exterior.


Se acomodó y prefirió no respirar tan hondo, el olor de las sábanas sucias no era de su incumbencia ni deleite. Se hundió en el frío de la cama ajena mientras su mente fabricaba una melodía extraña marcada por un instrumento raro.


—Huele extraño...


Un sacudón lo obligó a abrir los ojos y, de repente, ya no estaba en el dormitorio, sino junto a un río que jamás antes recordaba haber visitado. Era de día, tal vez las 10 de la mañana por la potencia del sol y el azul del cielo. La yerba en su rostro picaba incómodamente, pero era tan verde que lo tentaba a dejarse sostener por ella otro poco.


Cuando se levantó, no pudo ver nada más que un malecón rural y un camino estrecho de piedra que llevaba a una casa no tan lejana. Con curiosidad por aquel sueño tan extraño, Seungkwan siguió el sendero, pero el tiempo que le llevó llegar allá parecía demasiado real como para un sueño.


Seungkwan solía tener el control total de sus sueños. Si quería ir más rápido, volaba. Si quería cambiar de escenario, lo hacía. Si quería despertar, simplemente bostezaba y ya.


Sin embargo, este sueño era distinto.

Las tonalidades del ambiente eran demasiado chillonas para su gusto y la melodía constante de una canción desconocida entre rock y punk, lo distraía de su misión de seguir su camino.


Conforme se acercaba a la construcción, notó que no se trataba de una casa, sino de una especie de vieja escuela rural, pequeña y descuidada como las que veía de camino a la casa de Soonyoung.


No vio a nadie al entrar, parecía estar vacía hasta que escuchó unos gritos provenientes del patio de recreo, en la parte de atrás de la escuelita. Las cercas rojas lo guiaron por un costado hasta una pequeña cancha cuyo perímetro era rodeado por gradas provisionales de sacos de cemento ocupadas por decenas de estudiantes que vitoreaban como si de un concierto se tratase.


De pronto, el volumen de la música de fondo se levantó y la figura en el centro de la cancha delató que, de hecho, sí se trataba de un concierto... o de una presentación artística, más bien.


Era Seokmin, con mucho delineador y unos pantalones de mezclilla ajustados que casi le robaron una carcajada desenfrenada. Seungkwan no lo pudo escuchar cantar, parecía que, aunque movía su boca, nada salía de ella.


— ¿Por qué no puedo escucharlo? —se preguntó en lo que se acercaba, pero un par de niños lo devolvían hacia atrás.


Disgustado, se sentó en una esquina a observar el resto del espectáculo.


A pesar de no escuchar a Seokmin, por su expresión podía decir que estaba feliz ahí adelante ante la vista de todos. Poco a poco, los demás trainees fueron llegando e incluso se vio entre ellos.


Una versión distinta a él, pero muy familiar brincó hasta estar al lado de Seokmin y se abrazó a su costado.


—Cantemos juntos—escuchó clara su voz, como si hablara en su oído, aunque no era el caso.


Seokmin asintió y al comenzar el dúo, pudo escucharse en alto, logrando notas que ni el mismo estaba seguro de poder alcanzar. Sonaba increíble, con un brillo espectacular como solo el ego podría hacerlo soñar... pero seguía sin percibir la voz de su amigo.


Frunciendo el ceño, decidió que había tenido suficiente y bostezó voluntariamente. Con una sacudida inusual, se despertó de golpe y ya estaba sentado en la cama de Seokmin nuevamente. El incienso aún persistía y el olor era cada vez más intenso, tal vez solo había dormido unos quince minutos.


—Ese fue un sueño peligroso—reflexionó antes de patear las sábanas lejos de su cuerpo—. Ah, qué inútil.


Quizá, en verdad no podría dormir.


Negándose a tirar la toalla, escaló por el costado de la litera hasta la cama de Hansol, arriba de la de Seokmin. Para ser honesto, era la cama que más odiaba porque la mitad colindaba con la ventana, y si bien era la misma fría pared de su anterior parada, la cortina alcanzaba su pierna con un cosquilleo incómodo y el vidrio solía empañarse en los días fríos.


Pero, cuando hacía calor, era su lugar más frecuente. Perfecto para noches como aquella.


Hansol dormía antes con Samuel, el trainee pequeño que solía enseñarle a bailar a Seungkwan y hace un par de meses había partido. Para aquel entonces, Seungkwan dormía provisionalmente con Hansol como una regla no explícita hasta que acomoden a Myeongho del todo.

Seungkwan podía reclamar su cama debajo de la de Chan o pedir dormir con alguno de los otros chicos fuera de Hansol y era lo que planeaba hacer en cuanto el frío esté de regreso, pero Seungkwan tendía a escuchar más a su orgullo para tragarse la incomodidad y no explotar todavía.


No es que quisiera su cama u odiara dormir con Hansol, sino que Myeongho acaparaba lo que era suyo y eso lo molestaba.


—El incienso chino es muy fuerte—comentó en voz alta arrugando la nariz.


Con un bostezo repentino, se dejó caer en la almohada verde de Hansol y esta vez sí suspiró el aroma de pétalos de rosa, la colonia que la mamá de Hansol le obligaba a usar.


—Mandarinas y rosas... mmm—murmuró antes de dejarse llevar por el sueño.


El cosquilleo lo despertó, pensando en patear la cortina, se dio cuenta de que eran las olas del mar en sus dedos descalzos.


Estaba en la playa, su cabeza lo hizo soñar con algún lugar tranquilo al atardecer y, a una distancia de quizá tres zancadas, se encontró a Hansol jugando con su hermanita, Sofía, quien entonces era una niña juguetona.


— ¡Te tengo! —gritó envolviendo a su hermano con sus flacos brazos.


— ¡Por lo que más quieras, no me lances al agua!


Y como la orden fue indirecta, ella inmediatamente lo hizo entre carcajadas y gritos infantiles.


Seungkwan recordaba esto, era una memoria de cuando Seokmin, Chan, la familia de Hansol y él fueron de paseo a Busan el año anterior. Recogieron conchas y comieron en una fogata que el papá de Hansol preparó con todo tipo de aperitivos, desde camarones hasta malvaviscos americanos. Una de sus tan atesoradas y raras vacaciones.


Buscó con la mirada y se encontró armando una carpa entre Seokmin y él. Miró sus manos, tallando la cicatriz en su dedo anular que obtuvo con la navaja que usó al desempacar las varillas de la carpa. Al instante se escuchó gritar, el escándalo por la herida de nuevo.


—Wow—exclamó para sí—, qué excelente memoria. Todos los detalles están bien.


— ¡Channie oppa! —Siguió la voz de Sofía con su mirada, ahí estaba Chan con un balde de conchas.— ¡Son como un millón! Tantos colores... definitivamente me las dejas todas. No hay opción.


— ¿Quieres llevarlas al auto? —preguntó Hansol, peinando su cabello mojado hacia atrás.


Ella corrió emocionada, su hermano con una sonrisa al verla partir. Seungkwan también la observó irse con añoranza, cuánto amaba a esa niña como si fuese de su propia familia.


Un pesado suspiro lo trajo de vuelta a Hansol y Chan. El aire era extraño.


—Lo lamento—soltó Chan.


—Yo debería—replicó su contrario con una sonrisa forzosa—. No quise incomodarte.


—No lo hiciste. Si pudiera escoger... te escogería a ti ¡Lo prometo!


Seungkwan dio un par de pasos torpes hacia atrás, chapoteando el agua que le envolvía los pies ¿Estaba pasando lo que creía que estaba pasando? ¿Por qué estaba soñando con una confesión entre sus mejores amigos?


Quiso cambiar el sueño. Cerró sus ojos y deseó proyectarlos jugando, recogiendo conchas o cantando en la fogata, pero todo fue en vano, seguía viendo la incómoda escena. Ni siquiera bostezar le había servido ¡Estaba atrapado!


Entonces Chan tomó a Hansol por los costados de su rostro y lo acercó a sí. Ruborizado a más no poder, Seungkwan intentó girarse, pero la arena había atrapado sus pies como si de movediza se tratara.


—Te quiero—confesó Chan plantando un besito en la frente de Hansol—. Gracias por quererme también.


—Pero... pero no es lo mismo.—El tono de Hansol era raro, uno que Seungkwan jamás había escuchado en él.


En algún momento, la mirada de Chan miró hacia atrás donde se encontraban su yo de la memoria y Seokmin, sonriendo con pena suspiró.


—Si las cosas siguen como van... tal vez algún día...


— ¡Oye! —Hansol se apartó.— ¡No quiero ser la segunda opción!


Chan se rio e hizo algo insólito: le dio un pico en los labios para luego salir corriendo con una carcajada traviesa y Hansol, con la cara acalorada, lo persiguió a lo largo de la playa.


— ¡Seungkwan! ¡Despierta!


El grito lo asustó, era Hansol con cara de zombie, queriendo un lugar en su cama para finalmente irse a dormir.

Seungkwan examinó el dormitorio, el incienso estaba apagado y junto a él, Chan y Myeongho conversaban de algo. Ellos lo apagaron.


— ¿Qué hora es? —preguntó casi desconcertado.


—Es la una y tanto—respondió Hansol abrazándolo por la cintura— ¡Hay que dormir!


Antes de recostarse nuevamente, recordó el sueño extraño que tuvo y, como si le quemaran las manos de Hansol, se bajó de la litera a toda prisa. Fingiendo ir por un vaso de agua, finalmente escapó.


¿Por qué soñaría algo semejante?


No es como si alguna vez en el pasado hubiera pensado en sus amigos de esa manera. De hecho, ni siquiera creyó en la probabilidad de que fueran homosexuales, aunque tenía bastante sentido, sobre todo con el carácter y personalidad de Hansol.


Ahora era tan claro, pero una incomodidad extraña en su pecho lo desconcertó. ¿Acaso era homofóbico? ¡Tonterías! Si en ocasiones él mismo dudaba de su orientación, tomándola como una probabilidad ¿Era posible ser gay y homofóbico a la vez?


—No lo sé, dime tú—Chan se rió a su lado y a Seungkwan casi le dio un infarto.—Pensaste en voz alta ¿Qué ocurre?


Seungkwan lo miró casi horrorizado, como si a Chan le hubiera salido una segunda cabeza o un tercer ojo y fuese la criatura más extraña y malévola con la que se cruzó.


—Leí... leí que el incienso chino despierta la homosexualidad—inventó solo para ganarse una carcajada como recompensa.


— ¿Te sientes un poco más gay que antes de acostarte? —Chan se burló en su cara sin gota de vergüenza, Seungkwan no veía la hora de huir de tremenda humillación.— No importa qué tanto aumente tu homo-porcentaje, no vuelvas a dormirte con un incienso encendido ¡Es peligroso!


Chan le revolvió el cabello y regresó al cuarto, dejándolo sin palabras y tan helado como el hielo.


La imagen de Chan besando a Hansol le licuó las tripas. El sueño se sintió muy real para su gusto. No sabía porqué se sentía tan incómodo, ellos tenían derecho de gustarse y quería autoconvencerse de que no lo afectaba. Sin embargo, al recordar que uno de sus intentos por cambiar el sueño era ponerse en el lugar de uno de ellos, un escalofrío le erizó los vellos de la espalda y se sacudió con un temblor para echar el pensamiento lejos de él.


No pudo volver ni a la cama de Chan ni a la de Hansol, no le daba la cara. Seokmin, por su parte, era terrible para compartir cama y Seungkwan quería ahorrarse patadas nocturnas o gritos sonámbulos en su oído. Su única opción...


— ¿Te gustó el incienso? —preguntó Myeongho en un murmullo, sentado en la cama de Seungkwan.


—Ja, es irónico que haya sido de mandarina el olor.


—Oh, ¿Olía así para ti?


— ¿No era de eso la esencia? —Se sentó junto a él un poco confundido.


Myeongho sonrió sin dientes y, sin previo aviso, presionó su dedo sobre la frente de Seungkwan. Lo último que escuchó antes de quedarse inmediatamente dormido fue un "Buenas noches, Seungkwannie".


Cuando volvió a abrir los ojos, se encontraba en una sala de prácticas, la de paredes verdes en el sótano de su empresa. Estaban todos los demás, bailando sin música y sin voces, parecía más bien que el sueño había suprimido el ruido y superpuesto la música desconocida que venía oyendo desde su primer sueño de la noche.


—El incienso tiene un diferente olor para cada persona—le informó Myeongho a su lado, uno distinto al que bailaba con los demás.


Seungkwan se apartó con un mareo de desconcierto ¿Qué carajos?


— ¿Por qué estás en mi sueño?


—Este no es tu sueño, es el mío. —Como parecía no entender, Myeongho suspiró y comenzó a explicar:—Es el quemador de incienso, es mágico. Aún queda un poco de olor en el ambiente, así que pude inducirte a mi sueño.


— ¿Mágico? ¿Inducir a un sueño? ¿Qué quieres decir?


—Dormiste en la cama de Hansol. Lo que soñaste, en realidad, fue un sueño de él. No tuyo, pero que sí tiene que ver contigo. El incienso te lleva a la cabeza del dueño de la almohada y te ayuda a encontrarte allí.


Seungkwan quiso ignorar por un momento el hecho de que la confesión, el besito y las risas coquetas habían venido de un sueño de Hansol, y concentrarse en otro detalle.


—Pero si esta es mi cama y mi almohada, ¿Por qué dices que es tu sueño?


—Porque te induje a él y... bueno... —Myeongho sonrió tímido.—Me parece que teníamos este sueño en común ¡Y salimos ambos!


— ¿Por qué lo hiciste? —Una repentina desolación invadió el pecho de Seungkwan, deseaba no haberse entrometido al sueño de Hansol.


Myeongho lo miró pensativo, no parecía preocuparse mucho por aquello.


—Quería que conectáramos, por la pelea de más temprano—confesó con sinceridad y se alzó de hombros—. Tenía el cincuenta por ciento de tener éxito. Pero dormiste en la cama de Hansol y no en esta o la de Seokmin. Upsi, fallé.


Seungkwan quiso ahorrarse el contarle que, de hecho, estuvo en el sueño de Seokmin porque, tal vez, sí veía lo que Myeongho quería mostrarle.


El escucharse fuerte y a Seokmin en mute, le dio una pequeña idea de la perspectiva que él tenía sobre Seungkwan. Con pesar, debía admitir que no le gustaba para nada y anotó mentalmente un recordatorio para hablar de ello después con Seokmin.


— ¿Tan malo fue?


Seungkwan lo observó con cautela y suspiró, rindiéndose.


—No lo sé. Pero yo... no tengo manera de saber si es tan malo como creo porque no pude entrar al sueño de Chan.


— ¿Chan? ¿Qué tiene que...? —Myeongho abrió bien los ojos, como atónito.— ¿Viste acaso un sueño húmedo?


No pudo más y se acercó para golpearlo, Myeongho jamás había hecho comentarios tan atrevidos e intrépidos. A pesar de sonrojarse, Seungkwan se echó a reír con fuerzas.


— ¡Por supuesto que no! Dios, ¿Cómo puedes decir eso? ¿Desde cuándo eres tan hablador?


Myeongho levantó sus hombros nuevamente.


—Estoy hablando en chino.


— ¡¿En serio?! ¿El incienso traduce los sueños?


—Le daría más crédito a tu cabeza, pero sí, digamos que sí.


Seungkwan asintió levemente sin saber cómo continuar la pequeña charla. Myeongho no era su mejor amigo, esos eran Hansol y Chan y, en ese momento, tampoco quería hablar de ellos.


Tenía dos pensamientos en mente, una opción peor que la otra, pero estaba seguro de que no se permitiría cerrar un solo ojo antes de despejar la terrible duda que lo aquejaba.


— ¿Puedes inducirme al sueño de Chan?


—Solo si me permites ver también.

U8

— ¡Olvídalo! ¡Ushcale!


Myeongho se rio tiernamente y Seungkwan le siguió, sabiendo que bromeaba.


—Queda poco incienso en el aire—informó Myeongho ya yendo a tocarle la frente—. Sea lo que veas... por favor, ten precaución. El sueño al que entras es el que más impacto ha tenido en la persona.


—No haría nada para acusar a Chan con ello, te lo aseguro.


—Hablo de ti mismo—Myeongho negó—. Cuida tu corazón.


Una sacudida lo mareó y, obligado a cerrar los ojos, se dejó arrastrar por la sensación hasta que todo se quedó quieto repentinamente.


Al volver en sí, Seungkwan estudió su entorno: la cocina del departamento. Unas risas lo guiaron hasta el pasillo que llevaba al baño y cuando se asomó, vio a Chan hablando con Myeongho. Quizá era inevitable que el que indujere al sueño apareciera en él también.


— ¿En verdad puedes hacer que pase? —Chan preguntó con ilusión, sosteniendo firmemente la camiseta de Myeongho quien asintió.


—Pero debes ser sincero conmigo—insistió— ¿Qué clase de fantasía quieres cumplir?


Seungkwan se quedó pasmado, inseguro de querer seguir viendo ¿Habrá entrado en el sueño equivocado?


—Quiero besarlo, nada más—confesó avergonzado—. Es mi única oportunidad, así lo superaré.


—No estoy seguro de que funcione de esa manera, pero te debo un favor—respondió Myeongho dándole palmaditas en el cabello.


Tardíamente, Seungkwan se dio cuenta de que los labios de Myeongho no coincidían con lo que escuchaba ¿Acaso estaba hablando en chino? ¿Será que también entró al sueño? Tenía demasiadas dudas.


De repente, un mareo se precipitó sobre él y tambaleó desde su lugar, al abrir nuevamente los ojos, estaba dentro del baño. Echó un vistazo rápido en el espejo y se vio confundido, con el pijama de esa noche. Tal vez, pensó, pudo cambiar el sueño.


Al salir por la puerta, se encontró con Chan todavía de pie en el pasillo y estaba hecho un lío de nervios y rubor.


— ¿Qué pasa?


Esta vez Chan lo miró y se sorprendió.


Creyó que un visitante del sueño no podía ser visto por las anteriores experiencias de la noche, ninguno de los protagonistas había dado indicios de escucharle o verle... a menos que se haya transformado en parte del sueño.


De repente, Seungkwan fue acorralado contra la puerta y Chan se veía en conflicto, pero acabó agarrándole el rostro y dejándole un beso sobre sus labios, finalmente.


"Oh, por eso rechazó a Hansol" razonó para sí.


Al separarse, Seungkwan seguía hecho piedra, incapaz de hacer o decir algo antes de que Chan lo besara otra vez, ahora, un poco menos bruto y más dulce. Bajando sus manos hasta el cuello de Seungkwan, él las sintió temblar un poco y en su corazón dolió que hasta dentro de sus sueños, Chan fuese tan sentimental; así, agarró sus manos y se dejó ser besado un poco más, convenciéndose de que le estaba haciendo un favor a un fantasioso Lee Chan y no siguiendo sus propios latidos del corazón.


—Te amo. —Creyó escuchar en susurro antes de sacudirse una vez más y despertar.


Al abrir los ojos, ya era de día y no estaba con Myeongho sino en la cama de arriba, en su cama favorita. El olor a tostadas lo hizo estornudar antes de rodar sobre su espalda y ser recibido por los brazos de Chan.


Seungkwan lo miró quejarse por su brazo aplastado contra la cama y el murmullo de "Seungkwan-ah, me lastimas" le causó un escalofrío eléctrico, era el mismo tono de aquella última frase de su sueño.


No supo nunca cuánto tiempo lo observó hasta que Chan abrió sus ojos y sonrió medio inconsciente.


— ¿Dormiste bien? —él preguntó en lo que se estiraba.


Seungkwan se permitió reír mientras se hundía en el pecho del otro.


—No tan bien como tú.


Seungkwan estaba feliz de que la segunda opción en su mesa de la duda era la correcta: le gustaba a Chan.

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