¿CÓMO SUPERAR A TU EX? [Layho]

Summary

¿No sabes cómo superar a tu ex? Solo sigue estos tres sencillos pasos: 1. No atesores las cosas que haya dejado olvidadas en tu casa. 2. No lo acoses en redes sociales (ni en la vida real). 3. No le llames. Advertencia: Resultados no garantizados si tu ex es increíble, tiene unos encantadores hoyuelos y se llama Zhang Yixing. 🦄 LAYHO 🦄 ONE SHOT

Genre
Humor/Romance
Author
Kathzv
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

La Jarra Azul.


Una irritante canción que repetía demasiadas veces la palabra dumb —hasta hacerte creer que en realidad la canción era tonta— empezó a sonar desde algún lugar en su pecho, logrando que todos a su alrededor lo miraran con extrañeza.

Yixing le hizo una seña al hombre frente a él para que le diera un segundo y sacó el móvil del bolsillo de su chaqueta para atender la llamada.

—Hola —saludó con voz tranquila, sin dejar de mirar al hombre frente a él.

No necesitaba ver el identificador, ese tono personalizado le pertenecía solo a uno de sus contactos, al más importante de todos.

La jarra azul se rompió —esa preciosa voz anunció desde el otro lado de la línea—. Oficialmente ya no hay nada de tu propiedad aquí.

Yixing reprimió una sonrisa.

—¿Y me llamaste solo para eso? —preguntó fingiendo desinterés.

Un hombre a su izquierda intentó hacer un movimiento, pero Yixing negó levemente y el hombre se quedó estático en su lugar.

—el chico al otro lado de la línea aseguró con su tono demandante y lleno de seguridad.

Yixing sonrió. Pese a estar ocupado, esperó a que Junmyeon —su adorable y maniático ex— continuara hablando o colgara ahora que había transmitido tan importante noticia, pero Junmyeon no desconectó la llamada y un pesado silencio invadió la línea.

—¿No hay nada más que tengas que decir? —Yixing lo presionó, incapaz de terminar él mismo con esa absurda e inoportuna llamada.

No —Junmyeon respondió, aunque ya no sonaba tan seguro como unos segundos atrás.

Yixing podía visualizarlo mordisqueándose el labio inferior como solía hacer cada vez que se sentía nervioso.

—De acuerdo, gracias por informarme —Yixing dijo sin perder la calma y calló de nuevo.

El hombre frente a él lo miró con exasperación, pero Yixing le advirtió con su mirada que esperara. No contemplaba la opción de colgar.

—¿Quieres que nos veamos? —soltó impulsivamente—. Podemos ir al lugar de siempre —agregó endulzando su voz. Uno de los hombres a su izquierda alzó una ceja con sorna, pero Yixing lo ignoró—. ¿Qué dices?

No te llamé porque quisiera verte —Junmyeon murmuró.

Yixing suspiró decepcionado y esperó a que Junmyeon desconectara, como siempre hacía después de ofrecer la endeble razón de su llamada.

¿A las nueve te parece bien? —Junmyeon preguntó de pronto, sorprendiéndolo.

—A las nueve es perfecto —Yixing respondió y sobre sus labios se dibujó una enorme y victoriosa sonrisa—. Te veré allá.

Junmyeon finalmente desconectó la llamada y sin perder su brillante sonrisa, el agente Zhang se guardó el móvil en el bolsillo interno de su chaqueta y disparó el arma que había estado apuntando todo el rato al hombre frente a él.




Minseok se cruzó de brazos y soltó un largo suspiro. Jamás había visto a alguien arrastrarse detrás de otro alguien de esa manera.

—¿Que no habías borrado su número ya? —preguntó, haciéndose un espacio en la cama llena de ropa.

—Me lo sé de memoria —Junmyeon murmuró con culpabilidad mientras intentaba elegir entre la camiseta azul o la marrón.

Minseok le dio una mirada reprobatoria al reflejo de su hermano en el espejo.

—La azul se te ve mejor —aportó a ese debate interno que debía haber en la mente de Junmyeon.

Junmyeon bajó la camisa marrón y puso la azul sobre su pecho.

—Como sea, prometiste no volver a llamarle. Fuiste tú quien terminó con él, ¿por qué sigues acosándolo?

Junmyeon se giró para mirarlo, aunque no le gustaba enfrentarse a los grandes ojos retadores de Minseok, lo suyo eran los ojitos chinos más rasgados y pequeños.

—No lo acoso —dijo con firmeza.

Minseok se cruzó de brazos y le dio una mirada llena de incredulidad.

—Solo en Facebook, Twitter, Instagram, Messenger, WhatsApp... incluso hurgas en su departamento cuando no está, sé que aún conservas una llave.

—Solo fue una vez, necesitaba recuperar un libro que había dejado ahí.

—¿Y no podías pedírselo y de paso devolverle sus llaves?

—Luego me regañas porque le llamo.

Minseok lo miró con exasperación.

—Siempre tienes una excusa. ¿Qué inventaste para sonsacarlo esta vez?

—Es que se me cayó la jarra azul y se rompió —Junmyeon murmuró con fingida inocencia.

—¿Y...?

—Y tenía que decirle, por si planeaba venir a recuperarla.

Minseok se llevó las manos a la cabeza y masajeó sus sienes. Aunque le alegraba no tener que volver a ver ese feo traste arruinando la estética de su alacena.

Aún recordaba ese día en que Yixing había aparecido con el jarrón lleno hasta el tope con el jugo de sabrá el cielo cuántas naranjas agrias. A Junmyeon ni siquiera le gustaban las naranjas, pero desde ese día había empezado a amarlas. Y su cuñado, despistado y olvidadizo como era, jamás se había llevado la fea jarra de vuelta a su casa. Eso y otra docena de objetos que había ido acumulando ahí de todas las veces que se quedaba. Cosas que Yixing nunca se había molestado en intentar recuperar y que Junmyeon atesoraba, aunque juraba haberlas tirado ya: un desodorante, una sudadera, un calcetín, un gorro, una USB, un juego de llaves...

—No te enojes conmigo —Junmyeon pidió con un infantil puchero que no funcionaba con nadie más que con Yixing—, solo iré para saber qué quiere decirme. Puede que quiera volver.

—O ponerte una orden de restricción —Minseok advirtió con una mordaz sonrisa—. ¿Por qué mejor no te olvidas de él y averiguas quién es tu misterioso chico de los chocolates blancos?

Junmyeon llevó su mirada hasta la caja de bombones que había recibido el día anterior, justamente para el día blanco. En la tarjeta solo decía “para el chico más lindo del edificio: Junmyeon” con una caligrafía desigual que ni él ni Minseok habían logrado identificar.

—Debe ser alguien del edificio —Junmyeon murmuró sin darle demasiada importancia.

No le gustaba el chocolate blanco y tampoco le importaba quien fuera su admirador secreto. Su corazón ya estaba tomado.




Junmyeon respiró hondo mientras se acomodaba en la mesa de siempre. En el fondo, en un discreto bar en las afueras de la ciudad.

Yixing aún no había llegado. Joder, Junmyeon estaba nervioso, no se veían hacía un par de meses y no sabía bien qué esperar, especialmente cuando había sido él mismo quien decidió terminar apresuradamente con aquella fantástica relación que habían sostenido por dos años.

Nueve con diez. Junmyeon jugó con una servilleta. ¿Y si no llegaba? ¿Y si lo había citado con intenciones de no llegar solo para vengarse de él? No. Yixing no era cruel, seguro algo importante lo había retrasado...

Y entonces apareció, cruzando la puerta con prisas. Tan guapo como siempre, usando su chaqueta de cuero negra, camiseta blanca, jeans negros y las converse de siempre. Ni siquiera tenía que esforzarse. Junmyeon contó a las personas que se giraron para mirarlo a su paso. Cuatro. Habían sido cuatro las personas cautivadas por su belleza. Cinco, si debía contarse a sí mismo. Demonios.

—Hola. Disculpa la tardanza —Yixing le dijo y tomó asiento—. Un asunto del trabajo...

Junmyeon torció el gesto. Su misterioso trabajo había sido una de las razones de aquella última discusión.

—¿Ya cenaste? —Yixing preguntó—. Yo no tuve tiempo.

—Yo tampoco —Junmyeon murmuró, aunque la verdadera razón de su falta de apetito se encontraba ahora frente a él.

—Adivina qué quiero —Yixing dijo de pronto y le regaló una de esas miradas traviesas que elevaban por los aires la cordura de su ex.

Junmyeon lo meditó por unos segundos y finalmente respondió con seguridad.

—El siete, con queso extra.

Yixing sonrió abiertamente y asintió.

—Y tú el tres, sin cebolla, sin lechuga y con el pan bien tostado.

Junmyeon sintió que sus mejillas se calentaban, había acertado, como siempre. La razón principal por la que ellos frecuentaron ese alejado bar durante sus años de relación, fue su limitado menú. Ahí no preparaban otra cosa más que bebidas y veinte especialidades distintas de sándwich.

Después de que una camarera tomara su orden, ambos se quedaron en silencio, sin estar muy seguros de cómo empezar una conversación. Junmyeon no dejaba de preguntarse para qué lo había citado y cada segundo aumentaba su ansiedad.

—Entonces, ¿la jarra se rompió? —Yixing preguntó.

—Sí —Junmyeon asintió desviando su mirada.

—Me gustaba esa jarra —Yixing comentó.

—Lo sé —Junmyeon musitó y se armó de valor para preguntar—. ¿Por qué me citaste?

—Quería verte, he pensado que tal vez podríamos salir de vez en cuando, si quieres, como amigos —Yixing respondió, aunque no sonaba muy feliz con aquella opción.

—Sí, podemos ser amigos —Junmyeon murmuró decepcionado.

¿Qué era esa estupidez? ¿Amigos? ¿Para eso había pasado horas poniéndose bonito y eligiendo sus mejores prendas? ¿Para salir con un amigo? Se había aferrado a la idea de que Yixing lo había citado para pedirle otra oportunidad.

No puede ser, aquí no —Yixing siseó de pronto, mirando a la barra con el ceño fruncido.

Junmyeon dejó atrás sus cavilaciones y lo miró con preocupación. Yixing deslizó su silla alrededor de la mesa discretamente para acercarla a la de Junmyeon y cuando estuvieron tan cerca que sus piernas se rozaron, le tomó una mano bajo la mesa.

—No, no, no, no, no... Por favor, no —Junmyeon suplicó mientras Yixing ponía un arma sobre su palma.

—De verdad lo lamento —Yixing murmuró con pesar—. No debí citarte hoy, debí imaginar que esos idiotas querrían vengar la suerte de su jefe.

—¿Te cargaste al jefe de esos matones? —Junmyeon preguntó notando a los cinco fortachones que se dispersaban por el establecimiento. Seguro afuera habían más.

—Es mi trabajo —Yixing suspiró y le presionó una rodilla—. Los llevaré al callejón de atrás. Ayúdame a evacuar a los civiles, solo por si acaso.

Junmyeon lo miró con el ceño fruncido.

—Yo soy un civil, idiota —protestó en un siseo.

—Sí, pero uno con entrenamiento —Yixing le recordó y se deslizó fuera de su asiento para dirigirse al callejón.

Cochino entrenamiento, Junmyeon odiaba las armas y las peleas, pero Yixing le había enseñado a disparar y lo básico para defenderse algún tiempo atrás, cuando accidentalmente había descubierto que trabajaba para una agencia de detectives y no en un centro de llamadas como le había asegurado.

Cuando los sujetos siguieron a Yixing, Junmyeon se levantó de su asiento para cumplir con su misión, pero fue interceptado por una chica joven, bajita y risueña, que vestía un uniforme escolar.

“Nunca subestimes a alguien por su apariencia”, Yixing había dicho que los que parecían débiles eran usualmente los más ágiles.“Y otra cosa, no dudes si se trata de una mujer, ella no tendrá piedad contigo. Cuida tus bolas.”

En el segundo que a Junmyeon le tomó recordar aquello, la chica le sacó ventaja. Antes de que él pudiera procesarlo, había sido desarmado, golpeado y lanzado al suelo.

Mierda. Qué forma de calentar.

Junmyeon pudo escuchar a su columna vertebral haciendo crunch. Soltó un gemido y alzó su mirada. La pequeña se le venía encima y él apenas tuvo tiempo para rodar por el piso, lejos de su alcance. Se echó sobre su espalda e intentó inmovilizarla con una llave, pero ella se escurrió de sus brazos luego de hundir un codo en su estómago.

Ay carajo. Junmyeon se quedó sin aire. Intentó hablar, pero sonaba como si fuera una momia volviendo a la vida en una película de terror.

—Tiempo, tiempo —logró decir haciendo una “T” con sus manos y luego apoyándose en una silla para ponerse de pie—. No puedo respirar.

La chica lo miró con confusión.

—¿No eres un agente? —preguntó con una voz aguda como sacada de un anime.

—¿Qué? ¡No!

—Y yo aquí perdiendo mi tiempo —ella refunfuñó y empezó a alejarse hacia la barra.

Junmyeon empujó una mesa contra ella, en un intento por detenerla, lanzándola de bruces al piso.

—¡Oye! —ella gruñó y se puso de pie.

Junmyeon alzó los puños y saltó de un lado a otro como si tuviera dentro un resorte. Estaba listo para enfrentarla de nuevo, pero dudó al notar su furibunda mirada.

La chica estrelló su palma sobre la mejilla de Junmyeon.

—¿Que tu madre no te enseñó a tratar a una dama?

Vaya dama, Junmyeon sentía que su mandíbula estaba fuera de lugar, ojalá su rostro no quedara chueco.

En ese momento Junmyeon divisó a un compañero de trabajo de Yixing, Luhan. El susodicho fue directo a un par de matones que recién ingresaban por la puerta principal del establecimiento y los noqueó con impresionantes movimientos de algún tipo de arte marcial. La chiquilla de mano pesada intentó sorprenderlo por la espalda, pero Luhan se encargó de ella en un santiamén.

Junmyeon recuperó su arma y se la guardó en la espalda baja, como Yixing le había enseñado, aunque siempre había temido que la maldita arma se disparara sola y se llevara parte de sus preciados glúteos.

Ayudó al compañero de Yixing a evacuar por la puerta delantera a los pocos clientes que aún no habían huido y al personal del bar. En el callejón trasero se escuchaban disparos y Junmyeon odió ese terror que siempre invadía su mente, la misma pregunta arrastrándose dentro de sus pensamientos cada vez que su novio se marchaba a trabajar.

¿Y si no regresa con vida?

Junmyeon notó el bate de béisbol que estaba en el suelo, detrás del mostrador y lo tomó impulsivamente. Seguramente se trataba de una medida extra —y bastante rudimentaria— de seguridad. Sin detenerse a pensarlo demasiado, se coló por la cocina hasta la puerta trasera.

Al salir al callejón la escena no fue para nada alentadora. Había al menos cinco tipos inconscientes en el piso, dos estaban dándole una buena pelea de puños a Yixing y un tercero intentaba acercarse por detrás.

Junmyeon suspiró. Fue hacia el tercero, sosteniendo el bate con fuerza y lo estrelló con fuerza sobre su espalda, que crujió sonoramente. Cuando el desgraciado quiso enderezarse le asestó otro golpe en el costado de la cabeza dejándolo noqueado.

Jadeó y observó el cuerpo que había enviado al asfalto. ¡Joder, era toda una máquina de matar! Sintiendo cómo la adrenalina se extendía por su torrente sanguíneo se giró para ayudarle a Yixing. Solo quedaba un hombre de pie, pero no tuvo oportunidad cuando su enloquecido ser lo tomó como a una piñata.

Yixing, cubierto de sudor, cortes y moretones le regaló una sonrisa a su ex.

—Gracias.

Junmyeon frunció el ceño, caminó hacia Yixing y le enterró el puño en el rostro.

—¡Sabes que odio este tipo de situaciones!

—¿Qué sería del mundo si te gustaran? —una tercera voz dijo, mientras Yixing se esforzaba por contener el sangrado de su nariz—. ¿Estás seguro de que no quieres unirte a la agencia? Tenemos un lugar reservado para ti.

Junmyeon le dio una mala mirada a Luhan mientras intentaba relajar los dedos de la mano con la que habia golpeado a Yixing.

—Solo dos escaparon y Chanyeol ya está tras ellos —Luhan anunció—, ustedes deberían ir a descansar. Yo me quedaré aquí para cubrir el reporte.

Luhan les regaló una sonrisa y se marchó con su andar despreocupado de siempre.

Junmyeon se giró hacia Yixing.

—Llévame a casa —ordenó, balanceando el bate lentamente de adelante hacia atrás.

Yixing asintió, sacó su móvil y pidió un taxi.

—¿Y tu motocicleta? —Junmyeon preguntó sin mirarlo, luciendo como si en realidad no le importara.

Yixing le dio una acusadora mirada.

—Un idiota montado en una camioneta le pasó encima en el estacionamiento del supermercado hace unos días.

Junmyeon intentó no reír, pero al final una malvada risita se deslizó fuera de sus labios. Yixing lo miró de una forma que solo podría considerarse como adoración y también rio.




—Gracias por traerme —Junmyeon murmuró. Yixing asintió—. Buenas noches.

Junmyeon puso la llave en la cerradura, muy lentamente, mientras esperaba impaciente a que su ex hiciera algo, que intentara besarlo, que dijera algo, que le pidiera volver. Pero nada sucedió. Yixing se limitó a esperar a que entrara, pareciendo un cachorro adorable y apaleado.

—Buenas noches —Yixing se despidió y dio un paso atrás.

Junmyeon se giró hacia él y le dio una mirada llena de incredulidad.

—¿Y ya?

¿Y ahora qué había hecho?

Yixing lo miró sin comprender. Para ser sincero, nunca había entendido cómo es que funcionaban las cosas dentro de la cabeza de Junmyeon, pero no estaba quejándose, aquello le atraía de una manera casi obsesiva.

Junmyeon tenía el ceño fruncido y esa expresión en su rostro que tanta gracia le hacía. Yixing reprimió una sonrisa. Amaba a Junmyeon, todo de él, cada pequeño gesto en su rostro, la forma en que sus ojos lo miraban, la forma en la que se esforzaba por verse perfecto cuando ya lo era.

Suspiró y metió las manos en los bolsillos de su pantalón, porque sino en cualquier momento estas terminarían apretujando a las sonrosadas mejillas de Junmyeon.

—¿Me citas para meterme en semejante situación y luego solo te vas?

—No tienes por qué preocuparte, el equipo lo tiene todo controlado, nadie vendrá por ti.

—Idiota —Junmyeon masculló—. ¿Para qué me invitaste a salir en primer lugar?

Yixing suspiró de nuevo.

—Ya te lo dije, quiero que al menos podamos ser amigos...

Los ojos de Junmyeon se llenaron de ese devastador fuego que se encendía cuando empezaba a golpear mafiosos.

—¿¡Amigos!? ¿De verdad piensas que podemos ser amigos? —Junmyeon exclamó, alzando mucho la voz, importándole un pepino despertar a sus vecinos—. ¿Cómo se supone que te supere si eres el hombre perfecto? Al menos intenta ser un patán, poco hombre, sucio, o cobarde...

Yixing reprimió una sonrisa.

La puerta del apartamento contiguo se abrió y la pareja que vivía ahí se asomó para ver.

—¿Y ustedes qué ven? —Junmyeon se dirigió a sus chismosos vecinos apuntándolos con el bate que aún llevaba en su mano—. ¡Vayan a dormir!

Yixing apretó los labios para no reír. Cómo adoraba a su neurótico ex.

—Entonces, ¿debería comportarme como un idiota? —le preguntó con calma.

—Sí —Junmyeon respondió sin titubeos.

—¿Crees que así vas a olvidarme?

—Sí —Junmyeon repitió.

—Entonces no —Yixing declaró.

—¿No qué?

—No puedo ser un patán, ni nada de eso que dijiste.

—¿Por qué no?

—Porque no quiero que me olvides —Yixing afirmó.

Junmyeon lo miró y su gesto se suavizó.

—Aquella vez dijiste que estabas harto de mí —le recordó frunciendo los labios en un adorable puchero.

—No es cierto, solo lo dije porque estaba enojado —Yixing aseguró—. ¿Cómo podría estar harto de ti? Si eres tan divertido.

—Dijiste que estaba loco.

Había metido su camisa favorita a la licuadora.

—Y lo sostengo —Yixing respondió con calma—. Eso es lo que más me gusta de ti.

Junmyeon apretó los labios y desvió su mirada.

—¿Quieres volver a intentarlo? —le preguntó en un murmullo.

Yixing lo miró con intensidad.

—Sí.

Fue a la puerta y giró la llave que había quedado abandonada dentro de la cerradura. Empujó a Junmyeon dentro del departamento y cerró la puerta.

Lo sostuvo por un costado del cuello e hizo colisionar sus bocas en un beso muy apasionado. Joder. Lo había extrañado como un adicto en abstinencia. No existía nada en el mundo que pudiera compararse con el sabor y la textura de sus labios. Lo tomó por la cintura y juntó sus cuerpos a pesar del dolor que en sus heridas.

Junmyeon se colgó de su cuello de inmediato y correspondió al beso con la misma intensidad.

A un par de traspiés encontraron la pared que dividía la sala de la cocina y Junmyeon terminó con la espalda pegada a ella. Sus manos se deslizaron ansiosas por la espalda de Yixing, regalándole caricias que hicieron estremecer de gusto y de dolor hasta el último tramo de su piel.

Yixing despegó sus labios de la deliciosa boca de Junmyeon a regañadientes y lo miró.

—¿Sofá o cama? —preguntó con un gruñido.

—Cama —Junmyeon respondió inmediatamente—. Minseok odia que lo hagamos en su sofá.

Yixing sonrió y lo alzó del suelo para llevarlo a la habitación.

Llegó allá sin dificultad a pesar de la oscuridad y lo depositó en el suelo, había algo en la cama. Encendió la luz de la habitación y frunció su ceño, parecía que el armario había vomitado todo su contenido en la cama.

Mientras Junmyeon despejaba la cama, lanzando todo a cualquier lugar, Yixing se inclinó sobre él y le sacó el arma del cinturón. También se sacó la suya y las metió en la gaveta de la mesita de noche. Tomó la caja de bombones y le dio una mirada a Junmyeon.

—¿Quién te dio esto?

Junmyeon enmudeció. Yixing sonrió, sacó uno y se lo llevó a la boca.

—Fuiste tú —Junmyeon murmuró. Yixing sonrió más ampliamente y se llevó otro a la boca—. ¡Sabes que odio el chocolate blanco!

—Bueno, de alguna manera tenía que corresponder a tu presente de San Valentín —Yixing murmuró mientras masticaba.

Junmyeon enmudeció. Hacía un mes, para la celebración de San Valentín, Yixing también había recibido un presente. Una caja de bombones, solo que al abrirla se había encontrado con una gran desilusión, ya que en lugar de deliciosos chocolates había piedras forradas con las envolturas de estos.

—Te cambio tu obsequio por el mío —Yixing dijo con una sonrisa—. Tú puedes quedarte con las piedras.

—Te compensaré por lo de las piedras —Junmyeon aseguró y empezó a desnudarse.

Yixing dejó la caja de golosinas de nuevo en la mesita y miró a Junmyeon igual de hambriento.

—Apaga la luz y ven a comer —Junmyeon ofreció.




Minseok encontró a Yixing en el pasillo fuera de su departamento. Su posiblemente cuñado otra vez llevaba su chaqueta, su camisa y sus zapatos en una mano y una serie de cortes y rasguños eran visibles en sus brazos y espalda desnudos, además de un hematoma en la mejilla y otro en el puente de la nariz.

¿Qué carajos?

—Junmyeon tiene una exposición a las diez de la mañana, espero que se encuentre en condición de ponerse de pie.

Yixing rio suavemente mientras metía su llave en la cerradura.

—Estará bien, es más fuerte de lo que crees —aseguró con una sonrisa ladina.

Minseok se estremeció, no necesitaba ese tipo de información.

—Por cierto, ¿de dónde vienes a esta hora de la madrugada? —Yixing preguntó—. ¿Estabas con el chico del apartamento veintiuno? ¿El que tiene sonrisa de pervertido?

—Ese no es asunto tuyo —Minseok gruñó con las mejillas coloradas.

Yixing se despidió con una divertida sonrisa, pero Minseok lo detuvo. Metió la llave en su propia puerta y desapareció dentro del departamento. Regresó en poco tiempo, cargando una jarra azul.

—Procura no dejar tus pertenencias olvidadas aquí —advirtió.

Yixing sonrió de nuevo haciendo malabares para cargar la jarra junto a su vestimenta.

—Y entonces, ¿qué excusa le voy a dar a Junmyeon para que siga llamándome?

—Solo no cambies tu número telefónico, él encontrará razones —Minseok aseguró—. Después de todo, eres el molesto vecino de enfrente.