Capítulo 1
Marinette
Era increíble cómo una decisión podría cambiar por completo mi vida de un día para otro. Aún me costaba asimilar lo mucho que había transformado mi cotidianeidad, me refiero a que pasé de encontrarme entre numerosas fotocopias con contenido universitario a estar entre numerosas boletas a pagar, recibos que firmar, cheques a entregar y muchas cosas más.
No me malinterpreten, no es una queja. En realidad me encuentro muy feliz haciéndolo. Hacía más de un año había dejado mis estudios universitarios. Amaba el marketing, aún así tenía las inmensas ganas de despegar mi proyecto que tanto había planificado.
Logré hablarlo con mis padres lo cual, en un principio, no les agradó que abandonara la universidad y más sabiendo que llevaba más del setenta por ciento de la carrera aprobada a mis veintidos años. Les aclaré que simplemente sería una pausa, no descartaba el querer retomar en algún momento. Simplemente no tenía apuro en graduarme y mis manos picaban por querer arrancar a trabajar.
Todo ello iba de la mano de querer independizarme, ya llevaba suficiente dinero ahorrado para comprar mi propio departamento. Me urgía mudarme de la casa de mi padre, no significaba que no nos lleváramos bien, simplemente necesitaba mi privacidad.
«Invitar chicos»
Blanquee los ojos mentalmente. Mi conciencia no paraba de dejarme en evidencia cada vez que podía.
Bueno, sí, en parte era para… platicar con algunos chicos que solía conocer en el bar. La mayoría no solía ser más que encuentros de una noche, no tenía interés alguno en formalizar algo más.
Sumándole el hecho de que las distintas experiencias que observaba durante la noche, no me incitaban a querer tener pareja. ¡Vamos! En el bar se solía encontrar de todo. DE TODO.
Muchas parejas siendo infieles, otras que vivían controlándose, ni hablar de las que vivían discutiendo sin pudor alguno en frente del resto de los clientes. Evaluaba los distintos casos y a mi cabeza cada vez menos le agradaba la idea del noviazgo. Sin embargo, no crean que los casos ajenos solamente me impartían cierta desconfianza. Mi querido casi ¿novio? también había sumado a la causa.
La última vez que estuve cerca de formalizar mi primera relación fue con él. Aún recuerdo ello, me encontraba ultimando los detalles de mi proyecto. No puedo quejarme, él me acompañó en cada punto de la organización. Inclusive me sugirió un par de sus amigas que se desempeñaban bien a la hora de preparar tragos, atender al público.
Resulta que la primera noche que inauguramos el lugar, luego de un par de horas, lo encontré muy entretenido con una de sus amigas de la barra a punto de follar en el baño de mujeres.
Me sentía completamente patética, creí que realmente estaba interesado en mí, en el proyecto, y que lograramos formalizar una bonita relación. Pero no. Él al parecer nunca estuvo interesado en ello, simplemente la pasaba bien conmigo pero no quería decir que yo le significara algo más.
Tal vez fue error mío por no aclarar esos puntos en principio, pero todo sirve de aprendizaje. Aunque bueno… desde entonces, nunca más me atreví a “buscar” un novio. ¿Para qué? Parecía ser que los hombres tenían una especie de alergia al compromiso. Y ni hablar de la desilusión que conlleva separarse si las cosas no resultan.
Suspiré llegando a mi querido bar. Siempre me tomaba unos minutos para apreciar lo bonito que era, desde su cartel con luces de neón resaltando el nombre “Ç’est interdit”, hasta los distintos detalles que había en él.
Amaba el mes de Junio, no solamente por la calidez que emanaba la estación venidera sino también porque eso significaba que mi bar tendría el doble de clientes que en otras temporadas. El lugar no era demasiado grande, pero resultaba bastante íntimo para distintas reuniones, festejos de cumpleaños, despedidas de soltero o simplemente tomar algo al paso.
—¡Buenas noches! —saludé enérgicamente entrando al lugar.
Mis queridas empleadas y amigas se encontraban allí alistando las mesas, puliendo la barra, acomodando luces. Realmente contaba con un equipo maravilloso, luego de lo de mi “no ex”, despedí a sus amigas, pues resultaban ser eficientes con los clientes pero también se aprovechaban para cobrarles extra.
Al tiempo publiqué un anuncio para buscar bartenders y logré toparme con Alya, quien era una experta como DJ y animadora de la noche, también atendía en algunas mesas cuando el lugar explotaba. Aunque en ello se destacaba Alix, por sus rasgos histriónicos, lograba que la gente se sintiera a gusto, repitieran tragos, se quedaran hasta último momento disfrutando. Y por último también contaba con la ayuda de Marc, era mi as bajo la manga cuando de reuniones femeninas —y algunas masculinas— se trataba. El chico tenía la facilidad para cautivar a los clientes, era muy carismático, tocaba algunos instrumentos haciendo que la gente exigiera otra presentación.
Estos tres hacían que el bar explotara como dinamita. Incluso, a pesar de ser la jefa, también me movía de aquí para allá colaborando en áreas donde más me necesitaran. Tranquilamente podía hacer de DJ, preparar algunos tragos, servir como moza. Y al final de la noche, todos colaborábamos con la limpieza para evitar que se hiciera más pesado el trabajo y volvieramos lo antes posible a nuestras casas.
—No tan buenas Mari —hizo una mueca de disgusto la DJ—. Marc llamó diciendo que renunciaba, le surgió un imprevisto y tuvo que mudarse lo antes posible a Inglaterra.
No daba crédito a lo que escuchaba. ¿Qué haría sin el castaño? Joder, no contaba con el tiempo suficiente para contratar a alguien, pero debía conseguir un reemplazo lo antes posible.
Pero por el momento el show debía continuar.
—Lo solucionaré —agarré el trapeador para terminar de limpiar el piso—. De momento, continuaremos con lo habitual ofreciéndole una buena noche a nuestros clientes.
—Nada que un buen escote no solucione —bromeó Alix arreglándose este—. Además, todos te aman Mari, saben lo excelente que eres como anfitriona, escuchando, ofreciendo.
—El trabajo es en equipo, nada de esto sería posible sin mi dúo favorito —sonreímos las tres mientras nos abrazábamos—. Muchas gracias, en serio.
No diré que no estaba un tanto inquieta pero teniendo a Alya y Alix presentes, sabía que nada podía salir mal.
Todo volvería a acomodarse.
—Iré a colgar un cartel en la entrada para solicitar un bartender.
Adrien
—Adrien, Adrien, Adrien, Adrien —sentía que alguien susurraba en mi oído para terminar sacudiendo mi cuerpo—. ¡ADRIEN!
Lancé un gruñido molesto mientras tapaba mi cabeza con la almohada para aislar la tormentosa voz que interrumpió mi sueño.
—¿Qué mierda quieres?
—Nada, simplemente molestarte como el buen hermano que soy. Me estoy yendo al colegio, mamá y papá no llegaron anoche, creí que podrías darme un aventón —sentí sus pasos caminando por mi cuarto.
“Mamá y papá no llegaron anoche”. Como ninguna de las putas noches anteriores, desde hacía un año.
No se crean que tuvieron una noche romántica como la buena pareja que aparentan ser. Bueno, tal vez sí la tuvieron, pero con otras personas.
Así es, mis padres mantenían una relación extramatrimonial con otras personas. Para suerte mía, lo descubrí hace un buen tiempo.
Flashback
—No les diremos, simplemente cada uno guardará las apariencias —sentenció firme mi madre—. Especialmente lo haremos por Félix, últimamente sus calificaciones en el colegio son muy malas.
—Detesto admitirlo, pero tienes razón —bufó mi padre apretando el puente de su nariz—. Fingiremos durante el día y por la noche cada uno hará lo que quiera.
—¿Qué hay de Adrien? ¿Eh? —irrumpí en la oficina de mi padre mientras captaba sus miradas llenas de pánico—. Oh, por supuesto, no importa lo que yo pueda llegar a pensar, sentir…
—N-no es cierto… —se acercó rápidamente mi madre a mi encuentro con sus ojos cristalizados—. Simplemente creemos que eres lo suficientemente maduro como para sobrellevar una situación así y…
—Y ello no quita que también pueda joderme —escupí amargamente—. Pero no se preocupen, su sucio secretito está a salvo conmigo. Y no, no lo hago por ustedes. Lo hago por el bien de mi hermano.
—Adrien… —la firme voz de mi padre detuvo mi huída—. Sé discreto.
Lo miré sobre mi hombro para proceder a irme urgentemente de allí. Me sentía totalmente decepcionado, no quería decir que juzgara el hecho de que ya no se amaran, lo sospeché en cierto punto, pero me parecía patético continuar con la farsa de familia feliz.
Desde ese día me prometí graduarme lo antes posible para irme al carajo. Sabía que Félix, cuando cumpliera la edad necesaria, podría valerse por sí solo y yo ya no tendría que cuidarlo de esta forma. Pero me era inevitable no proteger a los que más quería. Me sacrificaría por ellos.
—¿No existe el autobús?
—Date prisa, ya estoy llegando tarde —ordenó dirigiéndose a la puerta mientras se detenía—. Por cierto, baja el arma, le sacarás el ojo a alguien.
Destapé mi cabeza a la vez que cubría con mis manos mi marcada erección.
—¡Pervertido! —gritó desde el pasillo.
—¡Pirvirtidi! —contesté en forma burlona—. ¡Se le dice estar sano!
A regañadientes me levanté de mi cama mientras procedía a buscar unos jeans y una camiseta para llevar a mi querido hermano.
Sí, haría lo que fuera por él. Pero ello no significaba que nos llevaramos del todo bien, pero eran las típicas dinámicas entre hermanos. Podía tranquilamente donarle un riñón pero jamás compartirle mi comida.
¿Qué? La comida es la comida. No se negocia.
Bajé la vista a mi querido amigo que siempre tenía la maldita costumbre de despertar antes que yo.
—Hoy te tocará aguantarte.
Terminé de vestirme para bajar las escaleras y llevar al insecto a la guardería, digo colegio.
—¿Llevas dinero para almorzar? —pregunté buscando las llaves del auto.
Pareció dudar para luego responder. —¿Podrías darme?
Miré mi reloj y nos quedaban sólo cinco minutos para llegar a un horario decente.
—Vamos, en el auto te doy. —ordené saliendo de la casa.
La noche parisina llegó al fin.
Con mis mejores amigos siempre esperábamos que llegara el viernes para salir a tomar un par de cervezas luego de la universidad.
Mientras nos dirigíamos a nuestro destino, Luka se encargó de realizar su catarsis semanal conmigo y Nino.
—Es una mierda, Chloé era todo para mí. ¿Y ahora qué haré? —suspiró mientras pateaba con el pie una lata de Coca Cola que se encontraba en el piso—. Y para agregarle más dramatismo a la situación, necesito un puto trabajo —bufó mi amigo. —Mis padres ya no quieren mantenerme.
—Amigo, ya tienes veinticinco años, deberías comenzar a mantenerte por tus propios medios —soltó divertido Nino mientras un ofendido Luka lo golpeaba de forma amistosa.
—¿Qué tan malo puede ser? —solté despreocupadamente—. Al menos tienes la libertad directa de independizarte. No como yo.