Capitulo 1
{Narrador omnisciente}
Una sacudida en los hombros hace que se levante del suelo con el pecho subiendo y bajando rápidamente, una capa de sudor baja por su frente, mechones de cabello pegados a su cara. Se echa hacia atrás cuando un golpe se escucha, frunce el ceño al ver que aquel ruido se escucho en una caja cubierta de una manta vieja.
Mira a su lado observando a un chico, no había mucha luz y era imposible verlo con claridad.
-Es una jaula-Habla por primera vez, su voz es algo aguda-Hay muchas por aquí.
Ignora al chico mirando a su alrededor rodeada de fría oscuridad y aire viciado y polvoriento. Todo era de metal.
Su espalda chocó contra una dura pared de metal y se deslizó por ella hasta que dio con la esquina de la habitación. Se arrellanó en el suelo, con las piernas pegadas al cuerpo y la esperanza de que pronto se le adaptaran los ojos a la oscuridad. Con otro zarandeo, la habitación dio un tirón hacia arriba, como si se tratara de un viejo ascensor en el hueco de una mina.
Una agitada sacudida movió el suelo bajo sus pies. El chico se cayó ante aquel movimiento repentino y retrocedió hasta quedar al lado de su acompañante. Ninguno sabía que sucedia, donde se dirigían, no tenían ningún recuerdo.
Sus manos se van a su cabeza, soltando un suspiro, echando la cabeza hacia atrás.
<<Me llamo Cassie>> pensó.
Mira al chico quien está perdido en sus pensamientos. Mira todo el lugar en busca de una posible salida, no quería quedarse allí, se levanta empezando a caminar entre trompesones, su cabeza da vueltas y unas náuseas. El chico se dedica a mirar a la chica quien se pasea por el lugar.
El ya se paseo por todo en busca de salida, no hay nada, levanta la vista mirando que falta para llegar hasta arriba. Menea la cabeza. Estaba confundido, tenía muchas emociones pero lo que identificaba era que estaba asustado. No tenía idea de nada. Si vista se va hacia la chica cuando está abre una de las cajas.
Se levanta acercandose hacia ella observando lo mismo. Ropa, instrumentos (Cuchillos, navajas, etc), medicamento y comida.
Ambos se miran más confundidos.
-Thomas-Vuelve a hablar el chico-Me llamo Thomas.
Ella asiente mirando el lugar, se da la media vuelta volviendo a donde estaba anteriormente.
Pasó un largo rato. Los minutos se
convirtieron en horas, aunque era imposible estar segura porque cada segundo parecía una eternidad. Si confiaba en su instinto, sabría que llevaba moviéndose aproximadamente media hora.
Con un solo movimiento seco, deja de moverse haciendo que ambos se levanten de inmediato. Cassie mientras se ponía de pie con dificultad, Thomas ya estaba levantado, notó que la habitación cada vez se balanceaba menos, hasta que al final no se oyó nada. Todo parecía estar en silencio.
Ambos se giran a ver.
Cassie volvió a buscar en las paredes de metal una posible salida, pero no había nada. Solo un frío metal. Cassie pega la frente a una de las frías paredes, soltando un bufido.
Resonó un fuerte ruido metálico y, asustados, contuvieron el aliento al levantar la vista. Una línea recta de luz cruzaba el techo de la habitación y Thomas y Cassie vieron cómo se expandía. Un sonido chirriante reveló dos puertas correderas que se abrían a la fuerza. Después de tanto tiempo en la oscuridad, sintió un gran dolor en los ojos provocado por la luz; apartan la mirada y cubren la cara con ambas manos.
-¿Que coño...?-Cassie se gira logrando al fin mirar mejor a su acompañante.
El chico era de cabello marrón oscuro, sus ojos color whisky que mostraban confunsion y curiosidad en aquel momento y su pálida piel cubierta de lunares que llamaban la atención a cualquiera que le viera. Sus labios se apretaron con atención, con la mirada hacia arriba.
Cassie frunce el ceño al escuchar ruido-Voces- de varias personas, el pecho se oprimió y el miedo volvió a apoderarse de Cassie.
-Mirad a ese pingajo.
-Son dos ¿Cuántos años tienen?
-Es un chico y una chica.
-Parece unos clonc con camiseta.
-Tú sí que eres imbécil, cara fuco.
-¡Tío, aquí abajo huele a pies!
-Espero que hayas disfrutado del viaje de ida, verducho.
-No hay billete de vuelta, chavales.
-¡Callad, la fuca boca!.
Dos chicos se acercan más dejando un pie en las rejas, abriendo estás dejando ver lo que todos sospechaban, Cassie se echa hacia atrás cuanto los ojos de todos y las burlas están en ellos dos. Las voces eran raras, tenían algo de eco; algunas de las palabras que le decían eran extrañas y otras le resultaban más familiares.
Mientras entrecerraba los ojos hacia la luz y hacia los que estaban hablando, trató de adaptar la vista.
Al principio sólo vio unas sombras que se movían, pero no tardaron en tener forma de cuerpos, de
gente que se inclinaba sobre el agujero del techo y le miraba, señalándole.
-¿Estoy soñando o lo que veo es una chica?-Un chico habla mientras empujaba a un chico para mirar mejor a Cassie.
Thomas mira a Cassie quien se echa más hacia atrás, sus labios se forman una línea recta mirando hacía arriba donde el grupo de chicos los miraban, en especial a Cassie.
Cassie se remueve nerviosa al ver que todos eran chicos; unos más jovenes y otros mayores, todos eran adolescentes, su corazón seguía latiendo con fuerza. Un moreno aparece en la visión de ambos. Los murmuros y risillas de los chicos seguían.
-¿Enserio?-Un chico de piel morena, mayor que los demás, mirando a todos incrédulo, ellos seguían embobados, todos habían ignorando por completo al acompañante de Cassie-!Dejad de mirarla que parecen unos pingajos hormonales! !La estáis asustando!.
Cassie se pega más a la pared ante el grito del moreno, cuando todos observan aquella acción, todas las miradas de los chicos se llenaron de diversión. Volviendo a reír de nuevo.
-Has asustado a la verducha-hablo uno de los chicos entre risas.
Alby los ignora acercándose un poco más a las rejas.
-Dejaros de tonterías. Pingaja, dame las manos-el moreno estira sus manos hacia ella, quien lo mira confundida-¿Eres sorda? !Dame las manos! !Gally! !Ayuda al judía verde!.
Ella no dijo absolutamente nada y se acerco de inmediato a donde estaba ante el grito del moreno. Estiro sus brazos hacia el moreno, cuando el las coge, sintió como muchas manos la cogían de la camiseta para ayudarla a subir hasta dejarla caer en el suelo después.
El que se llamaba Gally bajo hacia el elevador, asustando a Thomas. Este se echó hacia atrás, viendo con confunsion al rubio.
-Dia uno, novato. Levanta y brilla-Hablo el, sonriendo y cogiendolo del cuello de la camiseta para levantarlo del suelo.
Entre muchos, sujetaron a Thomas de los brazos y de la camiseta. El castaño cayó al suelo, a un lado a Cassie, apoyando sus manos en la hierba.
Todos rodean a Thomas y Cassie, risas y miradas divertidas hacia ambos, eran lo que siempre hacían cuando llegaba alguien nuevo.
-Mira al pingajo, tio-uno habló entre risas, casi señalando al chico con el dedo-Esta cagado de miedo.
-La verducha está que se va a clonar en los pantalones.
-Esto no es un sueño, pingaja, bienvenida a tu nueva vida-otro río, las risas continúan y sin dejarles salir del círculo en el que se encontraban.
Cassie miro a Thomas, quien centro su atención en ella. Hasta que noto como había un hueco entre dos chicos que lo dejarían pasar.
No lo pensó y se intentó enderezar, apartando a un chico rubio de un empujón en las piernas. Cogió la mano de Cassie tirando de ella hasta sacarla del círculo.
Todos se callan inmediatamente al ver aquello. Ella solo jadeo en busca de más aire, mira a su alrededor. Totalmente desorientada al igual que Thomas. Ambos miraban todo el lugar.
Estaban en un patio inmenso, mucho más grande que un campo de fútbol, rodeado por cuatro muros enormes, hechos de piedra gris y cubiertos de hiedra por algunos sitios. Las paredes debían de medir muchísimos metros de alto, formaban un cuadrado perfecto a su alrededor y, justo en medio, tenían una abertura tan alta como los mismos muros, que, según vio Thomas y Cassie, daba a pasadizos y largos pasillos más allá.
-Mira al judía verde-Una voz desconocida para ambos se escucho detras de ellos-Se va a
romper su fuco cuello intentando averiguar dónde está.
Varios chicos se rieron.
-Cállate la boca, Gally -respondió una voz más grave.
Cassie se volvió a centrar en el montón de extraños que tenía a su alrededor. Sabía que debía
tener cuidado; Un asiático muy musculoso se le quedó estudiando con los brazos cruzados, bien remangados para enseñar los bíceps.
La cabeza de Cassie seguían dando vueltas, agradecía que Thomas aún no le soltara la mano, sentía que pronto iba a caerse.
-¿Dónde estoy?-Pregunto Cassie, todos se callan al escuchar la voz de la chica.
-Vaya la pingaja tiene voz-un chico habló, sacando algunas risillas de los demás.
-En ningún sitio bueno-contestó el chico de piel morena- que te haga sentir a gusto y relajado.
Cassie tenía demasiadas emociones, Curiosidad, confusión, pánico, miedo. Todos juntas eran un poco de desesperanza.
Thomas se gira hacia donde Cassie, mirando al grupo de chicos, deben de ser unos cincuenta o más, Thomas sabía que eran más de diez realmente.
Los murmuros y risas seguían sonando en los oídos de ambos chicos.
-¡He dicho que os calléis la boca! -gritó el moreno-. ¡Como sigáis dándole a la lengua, la siguiente interrupción la corto por la mitad!.
Thomas se dio cuenta de que aquel debía de ser el líder. Cassie menea la cabeza al darse cuenta que nadie le contestara sus preguntas, decide examinar por ella misma todo el lugar.
El suelo del patio parecía estar hecho de enormes bloques de piedra, muchos de ellos agrietados, llenos de césped y hierbajos. Un extraño edificio de madera en ruinas, junto a una de las esquinas del cuadrado, contrastaba mucho con la piedra gris.
Unos cuantos árboles lo rodeaban. Sus raíces eran como manos nudosas que se clavaban en el suelo de roca en busca de comida. En otra esquina del
recinto había un huerto en el que Cassie distinguió, desde donde él estaba, maíz, tomateras y árboles frutales.
Al otro lado del patio había corrales de madera en los que se guardaban ovejas, cerdos y vacas. Un bosquecillo ocupaba la última esquina; allí, los árboles más cercanos parecían estar enfermos y al borde de la muerte.
De repente, el líder del grupo, dio un paso adelante. Llevaba ropa normal; una camiseta blanca pero algo sucia, vaqueros azul oscuro, unas botas de talón y un reloj digital en su muñeca izquierda.
Por algún motivo, la ropa que el moreno llevaba le sorprendió un poco a Cassie, era como todo el mundo tuviera que llevar algo más amenazador.
El chico moreno tenía el pelo corto y la cara bien afeitada. Aparte de tener un constante ceño fruncido, no había nada más en el que le asustara.
-Es una historia larga judía verde-Dijo el chico ante la pregunta de Cassie-La iréis aprendiendo poco a poco. OS haré la visita mañana. Hasta entonces... no rompais nada.-Extende su mano hacia ellos-Me llamó Alby-sin ninguna duda, el nombrado esperaba que le estrecharan la mano.
Cassie se negó. Sin decir nada, le dio la espalda a Alby y caminó hacia un árbol que había al lado, Thomas no dudo en seguirla hacia donde ella estaba, donde se dejó caer para sentarse con la espalda apoyada en la áspera corteza.
El pánico volvió a crecer dentro de ella hasta tal punto que apenas pudo soportarlo. Pero respiró hondo y se obligó a intentar aceptar la situación.
«Venga -pensó-, no averiguarás nada si te dejas llevar por el miedo».
-Pues cuéntanosla-replicó Thomas, esforzándose por no alterar la voz, Cassie lo mira-. Cuéntanos esa historia tan larga.
Alby miró a los amigos que tenía más cerca y puso los ojos en blanco. Thomas volvió a examinar
al grupo. Su cálculo original había estado cerca. Habría unos cincuenta o sesenta adolescentes y otros un poco mayores, como Alby, que parecía ser de los más viejos, en aquel momento, Cassie se dio cuenta con un estremecimiento de que no tenía ni idea de cuántos años tenía. Al pensarlo, le dio un vuelco el corazón.
Estaba tan perdida que ni siquiera sabía cuál era su edad.
-En serio -dijo, dejando de mostrar valentía-, ¿dónde estoy?
Alby fue hasta él y se sentó a su lado con las piernas cruzadas; el grupo de chicos le siguió y se quedó detrás. Se asomaron unas cuantas cabezas aquí y allá; los chavales se inclinaban en todas las direcciones para poder verlo mejor.
-Si no estuvieras asustado -respondió Alby-, no serías humano. Como actúes diferente, te
tiraré por el Precipicio, porque entonces significará que eres un psicópata.
-¿El Precipicio? -preguntó Thomas mientras le desaparecía la sangre de la cara.
-Foder -contestó Alby, y se restregó los ojos-. No vamos a empezar ese tipo de conversación, ¿me captas? Aquí no matamos a los pingajos como tú, te lo prometo. Tan sólo evita
que te maten, intenta sobrevivir o lo que sea -hizo una pausa, y Cassie se dio cuenta de que su cara debió de haberse puesto aún más blanca al oír la última parte-. Tío -añadió, y luego se pasó las manos por su corto pelo mientras soltaba un largo suspiro-, no se me da muy bien esto. Ustedes son los primer judía verde desde que mataron a Nick.
Los ojos de Cassie se abrieron de par en par. Un chico salió del grupo y le dio una colleja a Alby.
-Espera a la puñetera Visita, Alby -dijo con una voz pastosa y un acento extraño-. A los chavales le va a dar un ataque al corazón y aún no ha oído nada -se agachó y le ofreció la mano a Thomas-Me llamo Newt, verducho, y todos estaremos muy contentos si perdonas a nuestro nuevo líder, que
por lo visto tiene una clonc en vez de cerebro.
Thomas extendió el brazo y estrechó la mano del chico. Parecía mucho más simpático que Alby. Newt también era más alto que Alby, pero tal vez un año o así más joven. Su pelo rubio y largo le caía por la camiseta y las venas se le marcaban en sus brazos musculosos.
-Cierra el pico, cara fuco -gruñó Alby, y tiró de Newt para que se sentara a su lado-Al menos entiende mis palabras.
Se oyeron unas risas aisladas y, entonces, todos se reunieron detrás de Alby y Newt, incluso más apiñados que antes, esperando a ver qué decían.
Alby extendió los brazos con las palmas hacia arriba.
-Este lugar se llama el Claro, ¿vale? Es donde vivimos, donde comemos, donde dormimos... y nosotros nos llamamos los clarianos. Eso es todo lo que...
-¿Quién nos ha enviado aquí? -preguntó Thomas, y el miedo por fin dio paso al enfado-¿Cómo...?
Pero Alby le interrumpió con la mano antes de que pudiera terminar y le agarró de la camiseta mientras se inclinaba hacia delante sobre sus rodillas.
-¡Levántate, pingajo, levántate!
Alby se puso de pie y arrastró a Thomas con él, Cassie no dudo en levantarse para seguirlos. El chico se levantó, asustado de nuevo.
Retrocedió hacia el árbol, intentando apartarse de Alby, que estaba pegado a su cara.
-¡No me interrumpas, chico! -gritó Alby-. Atontado, la chica ya lo entiende y tú no.
Newt se levanta quedando al lado de Cassie, la chica lo mira de reojo unos segundos volviendo su total atención en Thomas y Alby.
-Si te lo contamos todo, te morirás aquí mismo, justo después de conclarte en los pantalones. Los embolsadores se te llevarán a rastras y entonces no nos servirás de nada, ¿te enteras?-Sigue hablando Alby.
-Ni siquiera sé de lo que me estás hablando -dijo Thomas despacio, sorprendido al oír lo firme que sonaba su voz.
Newt al fin decide interferir en la situación tomando de los hombros a Alby.
-Alby, relájate un poco. En vez de ayudar, lo estás estropeando, ¿sabes?
Alby soltó la camiseta de Thomas y retrocedió, con el pecho moviéndose por su respiración agitada.
-No tengo tiempo para ser amable, judía verde. Tu antigua vida se ha acabado y has empezado una nueva. Aprende rápido las reglas, escucha y no hables. ¿Lo pillas?
Thomas miró a Newt, esperando su ayuda. Todo en su interior se revolvía y le dolía; las lágrimas
que aún no habían brotado hacían que le ardieran los ojos.
Newt asintió.
-Verducho, le entiendes, ¿verdad? -volvió a asentir.
Cassie siente la mirada de Newt, Alby también se gira a verla intentando estar calmada.
Cassie intentaba estar relajada en cambio Thomas estaba que echaba humo, quería darle un puñetazo a alguien. Pero se limitó a contestar:
-Sí.
-Muy bien -dijo Alby-. El Primer Día. Eso es lo que es hoy para ti, pingajo. Se está haciendo de noche y los corredores no tardarán en regresar. Hoy la Caja ha llegado tarde y no tenemos tiempo para la Visita. La dejaremos para mañana por la mañana, en cuanto nos despertemos
-se volvió hacia Newt-. Consíguele una cama y que se vaya a dormir.
-Muy bien -respondió Newt.
Los ojos de Alby volvieron a mirar a Thomas y se entrecerraron.
-Al cabo de unas semanas, estarás contento, pingajo. Estarás contento y nos servirás de ayuda. Ninguno de nosotros, al igual que tú, sabía ni jota el Primer Día. Tu nueva vida empieza mañana.
Alby se dio la vuelta y se abrió camino entre los demás hacia el inclinado edificio de madera que había en la esquina. La mayoría de los chicos se dispersó, no sin antes detenerse un rato a mirar a Thomas y Cassie.
Cassie se cruzó de brazos, cerró los ojos y respiró hondo. El vacío que le consumía por dentro pronto fue reemplazado por una tristeza que le aguijoneaba el corazón. Era demasiado. ¿Dónde estaba? ¿Qué era aquel lugar? ¿Era algún tipo de cárcel?
Los chicos hablaban raro y a
ninguno de ellos parecía importarle si Thomas o Cassie vivía o moría. Las lágrimas amenazaron de nuevo con
inundar sus ojos, pero las contuvo.
-¿Qué he hecho? -susurró sin pretender que nadie le oyera-. ¿Qué he hecho para que me
manden aquí?
Newt le dio una palmada en el hombro, Cassie se gira a verlo.
-Verducha, lo que estás sintiendo ahora, lo hemos sentido todos. Todos hemos tenido un Primer Día, cuando salimos de la caja oscura. Las cosas están mal, sí, y se pondrán mucho peor para ti pronto, esa es la verdad. Pero, al final, lucharás bien. Sé que no eres una nenaza.
-¿Es esto una cárcel? -preguntó Thomas. Profundizó en la oscuridad de sus pensamientos, tratando de encontrar una rendija a su pasado.
-Han hecho ya demasiadas preguntas, ¿no? -contestó Newt-, bueno, no hay respuestas para ti, aún
no. Será mejor que por ahora estés callado y aceptes el cambio. Mañana será otro día.
Thomas no dijo nada y agachó la cabeza con los ojos clavados en el suelo rocoso y resquebrajado. Una hilera de maleza de hojas pequeñas recorría el borde de uno de los bloques de piedra, con florecitas amarillas asomándose como si buscaran el sol, que ya hacía rato que había desaparecido detrás de los enormes muros del Claro.
-Chuck les irá bien -dijo Newt-. Es un pingajo un poco gordito, pero cuando se le trata es buen chaval. Quédate aquí, ahora vuelvo.
Newt apenas había acabado la frase cuando, de improviso, se oyó un grito desgarrador en el aire. Agudo y estridente, el chillido, que apenas era humano, retumbó en el patio de piedra; todos los
chicos que había a la vista se volvieron en dirección al ruido.
A Cassie se le heló la sangre al darse
cuenta de que aquel horrible sonido provenía del edificio de madera. Incluso Newt pegó un brinco, como si se hubiera sobresaltado, y arrugó la frente por la preocupación.
-Foder -exclamó-. ¿Es que los puñeteros mediqueros no pueden ocuparse del chico durante
diez minutos sin mi ayuda? -negó con la cabeza y le dio una patada suave a Thomas en el pie-. Ve
a buscar a Chucky y dile que él es el encargado de encontrarte un sitio para dormir -y entonces se
dio la vuelta y se dirigió al edificio, corriendo.
Cassie se dejó caer por la áspera superficie del árbol hasta que volvió a sentarse en el suelo; se
encogió contra la corteza y cerró los ojos, deseando poder despertarse de aquella terrible pesadilla.
Thomas se gira a verla y una firme línea se forma en sus labios.
Ni siquiera deberían estar allí.








