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¡Completamente Imposible!

Summary

Xie Lian nota una extraña atmósfera en sus dos amigos, Feng Xin y Mu Qing. Últimamente pasan mucho tiempo juntos, y todos en los Cielos chismean tratando adivinar la razón, mientras Hua Cheng le pide que los deje ser y pronto sabrá qué pasa. Pero Xie Lian cree hubo una gran pelea entre ellos, y está dispuesto a hacer lo posible porque se reconcilien. Ni siquiera imagina lo que está a punto de descubrir es lo opuesto a estar peleados.

Status
Complete
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
13+

Capítulo 1


Las luces del recinto iluminaban las dos figuras vestidos únicamente con una túnica para dormir, la primera arrugando su frente mientras escribía desastrosos trazos, y el segundo sonriendo ante la idea que seguramente su esposo quería fulminar el papel.


—Ah...– Suspiró Xie Lian, colocando las manos sobre el regazo.


—¿Qué sucede, gege?


Hua Cheng se apresuró a tirar lejos el pobre pincel, concentrando toda su atención en el distraído Xie Lian.


Aunque si quería hacerle saber qué le preocupaba, Xie Lian dudó acerca de si era absurdo o no sus pensamientos. Probablemente sólo estaba sobre analizando todo, y sacando conclusiones rebuscadas. Lo sopesó por un rato, sintiendo unos fríos dedos entrelazarse con sus manos en el regazo, y un sonrojo adornar sus pálidas mejillas.


—Es sobre Feng Xin y Mu Qing...


Una ceja del rey fantasma se alzó, quizá en el fondo culpando al dúo de andar necesitando que Xie Lian los cuide igual a una niñera.


—¿Qué le puede preocupar a gege sobre ellos para que ocupe tanto su mente?


—Bueno...


Desde su matrimonio con Hua Cheng, la Ciudad Fantasma se había vuelto el hogar de Xie Lian. Raras veces iba a la Capital Celestial, aunque de vez en cuando recibía visitas de Feng Xin y Mu Qing, o de Quan Yizhen preguntando sobre Yin Yu. Había notado éste último parecía inmune a las miradas frías de Hua Cheng, e incluso a veces se quedaba construyendo palacios de oro con las piezas del rey fantasma.


Con el tiempo, Hua Cheng pareció ver Quan Yizhen no era como el resto de funcionarios, además que compartía una buena relación con Xie Lian, así que le permitió pasar de cualquier manera por la Ciudad Fantasma.


Ese día en particular los cuatro dioses marciales coincidieron y luego de pasar varias horas, Xie Lian quiso preparar una cena para todos. Quan Yizhen se estremeció, similar a estar frente a un inminente peligro.


—¡No quiero estar en coma los próximos días!– Protestó Mu Qing, arremangando hasta el codo su camisa– ¡Mejor deje yo lo prepare!


—¡No seas grosero con Su Alteza!– Feng Xin frunció el ceño, presionando entre sus manos la muñeca de Mu Qing, atrayendo al cuerpo ajeno frente suyo, desafiante.


Xie Lian se sorprendió. Estaba seguro la relación de esos dos habia mejorado, aunque no podía decir con exactitud qué clase de relación tenían, durante los últimos años hubo un gran avance trás la pelea contra Jun Wu, y fuera de algún comentario grosero pero sin verdadera intención de provocar, Mu Qing y Feng Xin no formaban ya discusiones ni peleas al menos. Si habían pasado a ser sólo cordiales conocidos o amigos no lo sabía.


Sin embargo, Mu Qing no respondió agresivamente, se limitó a formar una sonrisa burlona y señaló el pecho del “némesis”, acercando más su cara a la de Feng Xin, rozando la nariz ajena con su rostro desafiante.


—¿Acaso he dicho alguna mentira? ¿Quién fue el que estuvo tres días en cama la última que probó su comida? ¿O quieres que vuelva a cuidarte como aquella vez, idiota?


Feng Xin no dijo nada, tosiendo secamente mientras dejaba ir en paz a Mu Qing.


Sin saber si reír o llorar, Xie Lian le mostró a Mu Qing hacía donde quedaba la cocina organizada especialmente por Sang Lang para él en la Mansión Paraíso. Su ex subordinado preparaba sin quejarse ni mostrar especial entusiasmo por la tarea, sin embargo, cuando giró a preguntar la ubicación de algún ingrediente se quedó inmóvil, dando un ligero vistazo a la entrada.


Desconcertado, Xie Lian notó Feng Xin estaba parado con los brazos cruzados contra el marco de la puerta, dirigiendo una penetrante mirada indescriptible a Mu Qing. Sintiendo la vista del príncipe sobre sí, el general Nang Yang le devolvió la mirada.


—Qi Ying te está buscando– Replicó Feng Xin, apartándose de la entrada, dejando la salida libre.


Xie Lian temió Yizhen halla roto otro artefacto legendario en la casa, entonces se apresuró a buscarlo. Lo encontró rodeado de las bailarinas que a veces iban, perdido y atemorizado entre descarados cortejos. De no haber Xie Lian establecido la regla que le prohibía luchar estando en Ciudad Fantasma, habría escapado dejando inconsciente a las descaradas fantasmas acariciando su rostro o moviendo sus provocativas caderas.


Apenas logró ayudarlo y buscó las piezas de oro sugiriendo juegue un rato en la sala, escuchó gracias a sus entrenados sentidos un cuerpo siendo estrellado contra la pared.


Su corazón dió un vuelco, y corrió nuevamente a la cocina.


Feng Xin presionaba agresivo con su cuerpo a Mu Qing en la pared, apretando el cuello de éste mientras el otro forcejeaba empujando las manos sobre el pecho del más fornido. Ambos tenían la respiración agitada y el rostro rojo, furiosos.


—¡Deténganse!– Exclamó alarmado Xie Lian.


Los dos dioses marciales enredados voltearon de golpe hacía el príncipe, sorprendidos en ser descubiertos empezando una pelea, y se apartaron varios metros en dos esquinas contrarias. Todavía jadeaban, y se lanzaron vistazos amezantes como si esperarán para lanzarse nuevamente contra el otro.


—Su al-alteza...– Balbuceó Feng Xin, cubriendo un moretón en su cuello con las manos.


—Creí se estaban llevando mejor lo últimos años...– Xie Lian inclinó la cabeza, agraviado.


—¡No, es que...!– Feng Xin fue interrumpido.


—¡Ni se te ocurra!– Reclamó Mu Qing, cubriendo su rostro.


Pero Xie Lian tenía la cabeza gacha, entonces no pudo notar la clara vergüenza en el más pálido.


Y no fue la única vez, unos días más tarde fue el Festival de Shengyuan. Xie Lian se alegró cuando los vió sentados uno al lado del otro, en lugar de estar lo más alejados posible, y Feng Xin le hizo gestos señalando un asiento a su lado derecho libre. En el izquierdo, Mu Qing se encontraba sentado con una expresión fría y las piernas moviéndose al son de algún música tarareada.


—¿Su querido fantasma inseparable no ha venido hoy?– Preguntó Mu Qing con sarcasmo, apoyando un codo sobre la mesa para descansar su cabeza en la palma tan pronto notó llegar al otro.


Xie Lian sonrió, encontrando algo de gracia. En verdad no le avergonzaba admitir él y su esposo eran inseparables.


—En realidad, quería hablar con ustedes...


—¡Príncipe Xie Lian, ¿Va a unirse al juego?!– Interrumpió Pei Ming, al otro lado de la mesa.


El príncipe no quiso negarse, y asintió. Escuchó a Feng Xin llamarlo, y luego un golpe seco justo a su lado. Volteó encontrando a Feng Xin acariciando su propia mano, maldiciendo, mientras Mu Qing rodaba los ojos trás dar manotazos en la mesa.


—¡Te lo he aclarado bien!


—¡¿Cuál es tu jodido problema?! ¡No es como si fueras a morir si...


Volviendo a rodar los ojos, Mu Qing golpeó con el codo libre al hombro de Feng Xin. Éste tampoco se quedó atrás y atrapó la muñeca ajena antes de que fuera alejada, apretándola contra el duro material de la mesa, entrelazando los dedos.


—¡N-no me toques, estúpido!– Reclamó Mu Qing, dirigiendo una mirada fulminante al general Nang Yang.


—Oblígame– Contestó dando una sonrisa de medio lado Feng Xin, apretando más la pálida mano, tanto que ésta se puso roja.


El dios marcial Xuan Zhen abrió la boca, pero no emitió ningún sonido manteniendo el enfrentamiento de miradas. Sin previo aviso, levantó su otra mano, cerrándola en un puño, e intentó arremeter contra el otro, pero Feng Xin adivinó sus intenciones y atrapó su otra mano, aún totalmente fijo en la mirada ahora algo sonrojada por la cólera del hombre más pálido.


A pesar de ser una discusión, y casi pelea, por alguna razón, Xie Lian empezó a sentir que sobraba y tosió contra su puño, incómodo. Podía esperar la conversación.


La tos falsa terminó por calmar a sus dos amigos, con uno que otro codazo antes y vistazos furtivos.


La copa fue repartida al azar entre los oficiales celestiales, Xie Lian no encontraba muy entretenido haber venido sin Sang Lang, pero luego encontró muy interesante una obra sobre ambos en la Cuidad Fantasma. Los creyentes en verdad tenían mucho imaginación, y agradecía no hubieran elegido una leyenda obscena entre ellos que sobraban en el mundo mortal.


Una vez terminó, y las cortinas se cerraron, le pasó inconsciente la copa a Feng Xin. Éste lució contrariado, pero no dijo nada, bebiendo un fragante sorbo del vino.


Otra vez se mostró un nuevo escenario, esta vez siendo representado por los generales Nang Yang y Xuan Zhen. Los demás dioses creyeron sería una sobre sus típicas batallas ridículas últimamente ausentes, quedando anonados con los diálogos y roces entre los dos personajes incluso cuando se supone peleaban. ¡Y la historia era tan inexacta! ¡Mu Qing no era un hombre tímido y tartamudo como doncella, ni Feng Xin alguien tan dominante como el de la representación en escena!


¡¿De dónde vino esa absurda historia sobre un emparejamiento entre dos gotas de agua y aceite?!


Mu Qing ya había desaparecido en mitad del show, y Feng Xin sacaba todo su repertorio de groserías, aunque permanecía en el mismo lugar.


—Esto es mucho más entretenido que en años anteriores– Comentó Pei Ming, escuchando los gemidos de las dos figuras sobre el escenario.


Xie Lian no dijo nada, sonrojado hasta el cuello. Por ningún motivo continuó viendo una cosa tan indecente e inexacta. Naturalmente, Mu Qing seguía un camino de abstinencia, entonces cualquier cosa relacionada con la lujuria le era ajeno, pero tal parece la imaginación de los creyentes no tenía límites. Aún si quisiera enamorarse, la última persona del mundo mortal y los Cielos que tomaría en cuenta sería Feng Xin.


La obra terminó y luego contaron las linternas, resultando vencedor Xie Lian (sospechaban, no... ¡Estaban seguros fue gracias a Hua Cheng!). Y por supuesto, los dioses esperaban una pelea entre los generales Xuan Zhen y Nang Yang al ver quién tenía un puesto más alto en la competencia. Resultó vencedor Mu Qing, en el puesto cinco, adelante de Feng Xin en el puesto seis. Y la tan acostumbrada pelea nunca llegó, aparte de unos cuantos comentarios sarcásticos por parte de Mu Qing y uno que otro golpe de Feng Xin en el costado o pecho ajeno. Xie Lian estaba entre los que esperaban una pelea, listo para detenerlos, pero no sabía qué pensar viendo el trato casi amistoso entre sus dos amigos luego de haberlos visto hostiles en Mansión Paraíso y hace menos de una hora.


Cuando terminó el festival, Xie Lian no los vió por ningún lado. Los buscó impaciente, temiendo igual que la última vez en Mansión Paraíso se pusieran a pelear en privado. 


Le preguntó a algunos subordinados del Cielo Medio que servían a sus dos amigos, recibiendo respuestas vagas. Finalmente, uno le informó haberlos visto en el palacio Nang Yang tan pronto acabó el festival.


Cuando llegó, se sorprendió escuchando una conversación. No era que le gustara invadir la privacidad, pero sonaba como un tema muy serio y lo mencionaron.


—¡Al menos Su Alteza debe saberlo! ¡Mierda, Mu Qing! ¡¿Cómo sabes que no sospecha algo ya?!


—¡Xie Lian es distraído! ¡Tardó meses en darse cuenta los sentimientos de Lluvia Sangrienta! ¡¿Crees que sólo por casi descubrirnos en la cocina y ver una obra sacada de nuestros “creativos” y entrometidos creyentes ya lo dedujo todo?!


—... De todos modos, es nuestro amigo, sólo le diremos a él...


—¡QUE NO! ¡No pienso dejar que NADIE más me vea vestido así! ¡¿Quieres ser un divorciado antes de haberte casado, maldito?!


¡¿Qué?! ¡¿Jian Lan había vuelto con Feng Xin?! ¡¿Por qué Mu Qing no quería que él se enterara de una buena noticia?! ¿Y por qué Mu Qing usaría un extraño atuendo?! ¿Quizá irín a buscarla Feng Xin de encubierto y Mu Qing lo ayudaría?


Nada tenía sentido.


No podía durar mucho tiempo allí, entonces Xie Lian empezó a alejarse cuando las voces comenzaron a calmarse. Después de todo, sus amigos eran oficiales celestiales y podían descubrirlo invadiendo su privacidad.


Volviendo al tiempo presente, el príncipe terminó de explicar a su esposo, llevando una mano a la frente palpitante, exasperado. Ésos dos siempre le daban fuertes dolores de cabeza.


Hua Cheng rodeó con sus brazos al esposo, sonriendo mientras permitía el mayor descansara la cabeza sobre su pecho. Xie Lian se relajó abrazando al contrario, buscando más contacto. El de rojo siempre estaba mortalmente frío, pero al tocarlo de todos modos se sentía como si fuera la persona más cálida y confortable.


—Este Sang Lang sospecha lo que pasa.


El aliento rozó la nuca del príncipe, provocando un estremecimiento ajeno. Alzó la mirada, rozando la nariz con la del más alto.


—¿En serio?


—Sólo es una sospecha. Si gege lo desea, puedo vigilarlos para confirmar.


Xie Lian negó, suspirando. Aunque sonara inverosímil su esposo pudiera vigilar a ambos oficiales celestiales, en realidad el rey fantasma simplemente tendría que enviar una de sus mariposas, así de simple seguro que lograría entender perfectamente qué pasa entre ellos. Hua Cheng alzó una ceja, interrogante.


—No quiero invadir más su privacidad. Debe haber otro modo de que pueda saber qué les pasa...– Explicó, apoyando la cabeza en el hombro ajeno mientras envolvía los brazos en su cuello antes de caer en cuenta qué palabra usó el contrario– Espera, ¿“confirmar”? Sang Lang, ¿Acaso tú ya sabes algo?


—Ese par siempre ocupa de manera innecesaria la preocupación de gege. La última vez noté algo curioso, ¿Sabe?


¿La última vez? ¿Se refería a cuando se quedaron en Cuidad Fantasma al mismo tiempo que Qi Ying?


—¿A qué te refieres?– Preguntó, enredando los dedos en el lacio cabello brillante.


—Mientras iba a resolver un problema, los ví saliendo de un restaurante. Ocultaban su aura celestial, parecían venir para acá.


—¿Qué hacían en un restaurante de aquí? ¿Estarían en una misión?


Ciertamente, la Cuidad Fantasma no era el sitio idóneo dónde un oficial celestial hiciera cosas como comer, era más creíble oír habían ido a apostar. Pero sus amigos no eran viciosos, tenían demasiado honor en ese sentido.


—Gege está en lo correcto– Siguió Hua Cheng, adivinando los pensamientos de su esposo. Besó dulcemente la coronilla– La única razón por la que dos oficiales celestiales vendrían aquí de incógnito sin una misión de por medio o intenciones viciosas... Sería que no quieren alguien se entere se encuentran.


El asunto se tornaba cada vez más raro. Si fueron a comer juntos, sería fácil suponer es porque se han llevado mejor, pero ese mismo día Xie Lian los vió casi peleando en la cocina. ¿Y cuál era la necesidad de ocultar fueron a algún lado los dos? Hasta los cielos se llenarían de júbilo sabiendo los generales Xuan Zhen y Nang Yang, siempre enemistados, por fin dejaban de lado sus diferencias.


¿Y por qué Feng Xin y Mu Qing le ocultaban algún secreto? ¿No eran los tres amigos?


No tenía otra opción. Irían a la Capital Celestial, y preguntaría directamente a los dos susodichos. Ya era muy tarde, así que fueron a la cama y se quedaron hasta muy tarde abrazados al día siguiente. Siempre era lo mismo, Hua Cheng le pedía con voz juguetona al príncipe cinco minutos más, y Xie Lian le cedía el capricho hasta que se volvían horas los minutos extras en la cama.


En la Capital Celestial, el príncipe fue junto a su esposo primero al palacio Xuan Zhen, recibiendo la noticia de un oficial del Cielo Medio que Mu Qing había salido hace poco a una importante misión que tardaría hasta el día siguiente. Cambiaron el destino al palacio Nang Yang, nuevamente escuchando Feng Xin salió rato antes y no regresaría pronto.


La cara de Hua Cheng se tornó divertida, soltando una leve risa. Xie Lian lo miró, desconcertado, con una expresión interrogante.


—¿No te parece mucho coincidencia el par de idiotas hayan salido al mismo tiempo y se les vea últimamente todo el tiempo juntos, gege?– Explicó el rey fantasma, rodeando los hombros de su esposo con un brazo– Si quiere mi humilde opinión, creo no debe seguir rebuscando al menos que desee hacer mal tercio.


Xie Lian negó, incrédulo. Un ligero sonrojo adornó sus mejillas cuando unos oficiales celestiales voltearon a verlos, cayendo en cuenta sobre la escena muy íntima que mostraban.


—Sang Lang, creería si dijeras se han vuelto enemigos mortales, en el más loco caso amigos o hermanos jurados... Pero, ¿Amantes? Es absurdo.


—Entonces, ¿Gege está dispuesto apostarlo conmigo?

Chapters
1. Capítulo 1
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