Corrupted.

Summary

WangXian AU-Policial. El interrogatorio, una sala pequeña con una luz tenue y bastante íntima, dónde una persona se sienta frente a otra sin apartar su mirada... Una habitación donde solo pueden suceder dos cosas; El criminal puede confesar o el policía caer ante él... Introducción larga(? [Personajes de la novela BL de Mo Xiang Tong Xiu]

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♛ King ♛

❝ Si el vaso no está limpio, lo que en él derrames se corromperá. ❞

‒ Horacio, (65 - 8 AC)


"A todas las unidades, el objetivo está en el interior del edificio. Equipo Nie establezca el perímetro, nadie debe entrar y salir de la zona acordonada. El segundo equipo al mando LanLing, se encargará de las cuatro primeras plantas; yo cubriré las dos siguientes. ¿Agente Laozu, me recibe? Cambio."

—Alto y claro, cambio.

El delgado y entrenado cuerpo del hombre fue ocultado por el chaleco antibalas.

"Usted se encargará de los dos últimos pisos, solo." —la voz del otro agente por la radio priorizó la última palabra.

De repente, la luz de otro canal se encendió y Wei WuXian lo pulsó.

"No puedo arriesgarme a que mi equipo sufra alguna baja, sé que trabajas solo y que este caso es tuyo. Los únicos expuestos al peligro en esta misión seremos tu y yo, sin compañeros que cubran nuestras espaldas... Con esto, mi deuda contigo quedará saldada. Tenga cuidado agente, en tres minutos esta pesadilla terminará de un modo u otro. Cambio."

—Recibido... —dudó en continuar la frase.— Cambio y corto.

Finalmente, la transmisión se cortó.

Durante las órdenes del otro agente, Wei WuXian había terminado de colocarse el chaleco junto con unos guantes negros. Se dirigió al maletero de su coche y sacó una maleta, la apoyó en el vehículo y la abrió con calma.

El sonido de las sirenas de la policía se oía a distancia y las luces rojas y azules iluminaban toda la zona en construcción que había sido rodeada por una gran cantidad de coches patrulla. A pesar de todo el sonido y los agentes corriendo de un lado para otro, bajo la luz de la luna, la figura del agente especial parecía tan impecable que una pequeña ráfaga de viento podría desvanecer la imagen frente a los ojos de cualquiera que lo observara por unos segundos.

Las delgadas y finas manos del agente rozaron el frío metal de las balas bien ordenadas hasta subir hacia la pistola. Cogió la empuñadura de esta y la observó con total concentración. Las luces de colores iluminaban su rostro sombrío y junto con su respiración lenta y pausada emanaba un aura de un depredador preparándose para la caza.

Llenó el cargador y comprobó la sensibilidad de la mira.

Apuntó hacia una de las verjas del perímetro y congeló todos sus movimientos. Su cuerpo quedó completamente detenido, como si el tiempo hubiera dejado de existir; su respiración apenas podía ser escuchada y sus grisáceos ojos parecían brillar ante un objetivo invisible.

Sin duda una figura hermosa que pocos tenían el honor de apreciar.

Tan tentadora como peligrosa...

Wei WuXian sintió como alguien posaba su mirada en su nuca desnuda y tan rápido como lo notó se giró a una velocidad de combatiente y apuntó con su arma hacia una de las ventanas de los últimos pisos del edificio abandonado.

Sin embargo, la altura que había entre ellos y la poca visibilidad de la noche le impidió analizar con éxito aquél sentimiento. Sin apartar la mirada escuchó por la radio que la operación estaba a punto de comenzar y finalmente se dirigió hacia la entrada del edificio, sin saber que en la ventana en la que había clavado su punto de mira había un hombre con una leve sonrisa en su rostro.

Al llegar a la puerta, los equipos de agentes ya se habían desplegado.

Wei WuXian siguió al primer equipo, quedándose detrás de ellos y avanzando cuando los agentes se lo indicaban con señas. Al llegar al cuarto piso, él y el líder de la operación se quedaron solos, ambos se miraron por unos segundos y finalmente asintieron con la cabeza.

En el quinto piso sus caminos se separaron.

El agente especial continuó subiendo por las escaleras de emergencia hasta llegar al piso seis, un lugar donde ya no había vigilancia ni estaba asegurado. Caminó con sigilo y apuntó hacia la puerta manteniéndose alerta.

El silencio en el edificio era abrumador y a medida que el menor subía y se alejaba del resto de agentes, el ambiente se volvía más pesado y frío.

Miró el interior de la entrada del sexto piso y una vez verificó que podía continuar subiendo sin peligro avanzó de manera rápida y eficiente. Una vez su posición cambió volvió a apuntar a la puerta abierta del piso y después de unos segundos continuó subiendo por las escaleras.

Ahora estaba completamente solo, si cometía un error sería su fin y nadie podría ayudarle.

Sacudió levemente su cabeza y los mechones de su cabello corto se apartaron de su rostro. Los recuerdos de su antiguo equipo habían invadido su mente por unos breves segundos y Wei WuXian los bloqueó rápidamente.

No era tiempo de pensar, si se dejaba llevar por sus emociones sabía como terminaría todo y a pesar de que ahora era un simple agente, la guerra le había enseñado un cosa.

Cuando estás rodeado de polvo, sangre y cadáveres; cuando tus oídos quedan completamente opacados por el ruido de los misiles y las balas; cuando tus ojos están viendo el propio infierno, o reaccionas o "game over".

Si te distraes, mueres; si dudas, mueres; si le perdonas la vida al enemigo... Mueres.

Sus pasos se detuvieron.

Bajo una profunda respiración con el arma y la linterna en sus manos, caminó con total precaución hacia el interior del séptimo piso.

El pasillo principal era pequeño y frente a él había una puerta medio rota entreabierta. Con pasos firmes, Wei WuXian caminó hasta quedar a escasos centímetros, bajó la mano de la linterna hasta posarla en el picaporte y junto con una corriente de aire fría la abrió. En menos de un segundo la linterna ya estaba iluminando el interior del piso, como si la puerta hubiera estado abierta desde el principio.

El interior era tan amplio como el parking de un supermercado; apenas habían muebles u objetos debido a que el edificio seguía en construcción y solo se podían ver materiales y herramientas de la obra. La única luz que había parpadeaba e iluminaba muy poco, provocando que el piso se viera más aterrador de lo que era en realidad.

Pero para Wei WuXian no era mas que otro simple edificio, como soldado había estado en lugares y situaciones peores, por lo que un poco de polvo y oscuridad no le asustaría tan fácilmente.

El eco de sus botas militares resonaba contra las paredes de hormigón; los latidos de su corazón se mezclaban con el silencioso sonido de su respiración y se podía escuchar el goteo de alguna tubería rota.

La aguda visión del exmilitar se concentró en cualquier movimiento a medida que avanzaba por el piso y sus oídos estaban completamente centrados en captar el mínimo ruido que fuera anormal.

Una vez recorrió toda la sala, pulsó el botón de su micro.

—Séptimo piso despejado.

Avisó por radio y volvió a apagarla para evitar revelar su posición sabiendo que algún novato contestaría de vuelta.

Sin bajar su guardia, volvió hacia las escaleras de emergencia. Sin embargo, cuando giró su cabeza para subir al último piso su mirada se posó en una flor que yacía en uno de los escalones. Sus ojos se agrandaron levemente y por primera vez sus labios temblaron.

Su sorpresa no fue debido a que esta había sido colocada apenas unos minutos, pues cuando había entrado al séptimo piso no había ninguna flor en el suelo; el asombro y el temblor fue debido al tipo de flor que era.

Lycoris Radiata, la flor de la muerte.

Subió las escaleras y se agachó para cogerla entre sus dedos, el rojo intenso contrastó con sus ropajes negros. Sin poder evitarlo, los recuerdos de su antiguo escuadrón aparecieron en su mente y después de unos segundos apretó la flor en su puño.

Finalmente, con un largo suspiro volvió a crear una máscara de frialdad en su rostro inexpresivo. Los pétalos rojos mancharon sus guantes, se levantó y la flor cayó de su puño yaciendo en el suelo.

Sin mirar atrás, continuó subiendo por las escaleras sabiendo qué le esperaba en el octavo piso.

A medida que avanzaba siguió encontrándose más flores por las escaleras, esta vez ignorándolas llegó a su destino.

Sin embargo, a diferencia del anterior piso la puerta de este estaba completamente abierta y el pasillo bien iluminado al igual que el interior del piso, estaba lleno de Lycoris Radiata.

Un camino de flores se abría paso ante él, como si lo estuvieran recibiendo.

Wei WuXian se detuvo sin querer.

Sin duda alguna su enemigo conocía todo de él; sabía cómo hacerle daño de manera indirecta y él había caído en su trampa.

Apretó la empuñadura de su arma y apretó su mandíbula mientras caminaba hacia el interior del piso.

—No te muevas. —la voz del menor sonó clara y alta.

En el medio de la sala había una enorme mesa y encima de ella un pequeño maletín negro, pero el arma del agente apuntaba hacia el cuerpo del hombre que estaba de espaldas hacia él.

Su cabello largo y oscuro caía sobre sus hombros y espalda; su cuerpo robusto quedaba perfectamente marcado bajo su traje blanco y elegante y a pesar de que su rostro seguía oculto, el aura dominante y poderosa que emanaba de él podía notarse a varios metros de distancia.

Sin embargo, a pesar de estar bajo la mira de un arma de fuego, aquel hombre estaba relajado y tranquilo, como si ningún peligro le rodeara.

Al escuchar la "dulce" y "suave" voz del menor, la cual para cualquier otra persona sonaría como una advertencia e incluso una amenaza, se giró lentamente hacia su agente.

—Cuanto tiempo sin vernos, Wei Ying.

El nombre del menor fue pronunciado con un énfasis melodioso a la vez que olía la radiante flor que sujetaba con delicadeza entre sus dedos. Finalmente, los ojos dorados y brillantes de aquel hombre se posaron en la gélida mirada del menor.

"Hermoso."

—Lan WangJi... Pon las manos sobre la cabeza y túmbate lentamente sobre el suelo.

—¿Tan desesperado estás? —bromeó.— Sabes, esa actitud fría e inexpresiva te queda bien, pero... —inclinó su cuerpo sobre la mesa y se apoyó en esta.— Una sonrisa en tu rostro te quedaría mucho mejor, si me dedicas una quizás haga lo que me pides.

Wei WuXian no reaccionó ante sus provocaciones.

—Tienes cinco segundos antes de que te dispare.

Por fuera, parecía que el agente no le temía al hombre que estaba desarmado frente a él, pero en el interior, Wei WuXian estaba siendo ahogado bajo aquella terrible aura dominante. Años atrás no había podido permanecer solo junto a la otra persona en una misma sala y a pesar de todo, parecía ser que aún le costaba no sentirse nervioso.

La mirada intensa de Lan WangJi provocaba que cualquier otra persona agachara la cabeza evitando el contacto visual y obedeciera sus órdenes al instante, además, su pálido y hermoso rostro era tan atractivo como despiadado. Pero ahí estaba él, aquel joven exmilitar que lo había desafiado y perseguido en más de una ocasión, con aquella mirada llena de venganza y compasión...

Dos adjetivos tan contradictorios en aquellos ojos grisáceos; tan libre y salvaje al igual que cautivo y encadenado...

Wei WuXian era toda una obra de arte bajo la mirada de aquel hombre y lo que Lan WangJi consideraba hermoso, era suyo.

—La oferta que te hice la ultima vez sigue en pie, únete a mi y yo te daré lo que más desees...

La voz grave y profunda del hombre trajeado retumbó en los oídos del menor.

—Nunca me uniré a la mafia... —susurró lo suficientemente fuerte para que la otra persona lo escuchara, provocando que una pequeña sonrisa se formara en sus labios.

—Algún día vendrás a mi. —lanzó la flor hacia los pies del menor.— Y esperaré los años que hagan falta para tenerte en mis brazos... Si superas una última prueba me entregaré esta misma noche.

—¿De qué estás hablan...? —antes de poder terminar la pregunta, el menor escuchó cómo el gatillo de un arma se apretaba justo a sus espaldas. No tardó más que un segundo en reaccionar y en un rápido movimiento rodó por el suelo hasta cubrirse detrás de uno de los pilares de la sala.

Durante la secuencia de pasos, Wei WuXian divisó a un solo enemigo y por la vestimenta que llevaba debía de ser miembro de la mafia Gusu Lan, él era la última prueba que Lan WangJi le había mencionado. Sin embargo, por muy rápido que hubiese reaccionado, la bala que apuntaba a su cabeza atravesó la piel de su hombro.

Por otro lado, Lan WangJi observó las gotas de sangre que habían caído al suelo y la mirada cálida que le había dedicado al agente se transformó en la del líder de la mafia más "sangrienta" del mundo, según los medios de comunicación.

Y mientras Wei WuXian y su guardaespaldas combatían en una batalla a muerte, él continuó apoyado sobre la mesa, como si estuviera viendo una obra de teatro.

El sonido de las balas no solo provino del octavo piso, pues al mismo tiempo en el que el menor había logrado esquivar el disparo más tiroteos se escucharon desde los niveles inferiores.

Omitiendo el dolor de su brazo derecho, agarró con firmeza su pistola y respiró profundamente. Cerró sus ojos y bloqueó cualquier sonido que no proviniera de la sala en la que estaba, centrándose completamente en las ruidosas pisadas de su enemigo y evadiendo la intensa mirada que recibía por parte del espectador.

Los pasos eran lentos y precisos; una bala impactó contra la esquina del pilar donde Wei WuXian se escondía. Los trozos del cemento cayeron sobre su pelo y la bala agujereó la pared.

Esta vez el disparo había rozado su oreja y a pesar de que cualquier ser humano se habría sobresaltado y quedado sordo, Wei WuXian no se movió ni un centímetro y mantuvo sus ojos cerrados como si no hubiera sucedido nada.

Vació todo el oxígeno de sus pulmones y cuando la cuenta regresiva que tenía en su mente llegó a cero, rodeó la columna con agilidad y disparó hacia su objetivo. Podría haberlo matado, sin embargo esperó a que el sujeto se girara y apuntó hacia sus manos, provocando que la otra persona quedara desarmada.

El arma del enemigo cayó al suelo y en un rápido movimiento, Wei WuXian pateó la pistola lejos del alcance del miembro de la mafia. Sin embargo, este no se rindió y optó una postura defensiva con sus puños.

El agente observó el brillo de su mirada y dio unos pasos atrás a la vez que guardaba su arma e imitaba la misma postura de su rival.

Sin esperar ni un segundo más, ambos se sumergieron en una pelea de cuerpo a cuerpo. Los dos eran rápidos y fuertes, pero la experiencia del jugador decidía la victoria del juego y en este caso, Wei WuXian tenía ventaja.

Esquivando las patadas y los puñetazos, el joven agente tumbó a su rival contra el suelo dejándolo inconsciente.

Jadeando, soltó los brazos inmóviles del sujeto y se dirigió hacia Lan WangJi.

—Los cinco segundos han terminado. —buscó las esposas en su cinturón.

Su hombro ardía por cada mínimo movimiento que realizaba y estaba cansado, sin darse cuenta que había cometido un error al bajar su guardia fue demasiado tarde cuando sintió que algo golpeaba su cabeza con fuerza.

El miembro de la mafia había fingido quedarse inconsciente y cuando vio su oportunidad cogió una de las varas de metal de construcción y atacó al agente. El golpe fue tan agresivo que Wei WuXian cayó de rodillas al suelo.

Mareado y adolorido llevó una de sus manos hacia su frente, sintiendo como el líquido caliente y rojizo comenzaba a caer por ella.

Cualquier otra persona habría muerto debido a ello, en cambio, el menor llamó la atención de ambos cuando dejó escapar un jadeo con una risa oculta.

Esta vez sí que le habían dado bien y de nuevo, había vuelto a cometer un error.

Sus cejas se fruncieron y cuando sintió cómo la otra persona se preparaba para darle el golpe final, sacó su pistola y rodó por el suelo a la vez que apuntaba a las piernas del hombre y disparaba con certeza en ellas.

Dos balas, dos piernas.

El sujeto cayó gimiendo de dolor.

Wei WuXian se levantó con la ayuda de la mesa, manchándola con su sangre y se tambaleó hacia la persona que se retorcía en el suelo. Con la visión un poco borrosa, apuntó el cuerpo del sujeto.

—¡N-No, por favor! —comenzó a rogar.

La mano del agente se detuvo a mitad de apretar el gatillo.

Y ahí era dónde la compasión vencía a la venganza, una persona cuyas manos estaban manchadas de sangre pero su corazón seguía intacto y exento de la soberbia.

Una fuerte punzada en su cabeza hizo que su cuerpo se tambaleara unos pasos hacia atrás, bajó el arma inconscientemente y posó su mano en la herida donde la sangre apenas brotaba ya. Sin embargo, por muy entrenada que una persona pudiera estar era imposible que después de recibir un golpe tan grave no tuviera ninguna consecuencia.

Wei WuXian sintió como sus fuerzas se desvanecían lentamente y sus sentidos comenzaban a fallar, escuchó como algo caía al suelo pero fue incapaz de deducir que había sido.

Cuando logró enfocar su mirada, la persona a la que le había perdonado la vida volvía a apuntarle con un arma y para ser más precisos, era la suya.

El sonido del disparo retumbó en sus oídos provocándole un fuerte dolor de cabeza. Al no poder seguir soportándolo, sus piernas vencieron contra el suelo y terminó apoyándose sobre una de sus rodillas.

Sin embargo, a parte del fuerte dolor de cabeza y el ardor de su hombro no sintió nada más.

Cuando logró alzar la mirada, un charco de sangre se extendía por el suelo.

Lan WangJi había asesinado con frialdad a su subordinado, dejó el arma con esa elegancia suya tan característica y observó sus zapatos manchados por unas pequeñas salpicaduras de color rojo.

Chasqueó su lengua con repulsión y caminó lentamente hacia el menor.

—Te atacó dos veces por la espalda y aun así le das tu perdón... —se agachó para quedar a su altura.

Wei WuXian no pudo decir nada, pues ahora mismo estaba luchando contra sí mismo para no desplomarse en ese lugar. De repente sintió la fría y áspera mano del mayor posarse con delicadeza en su cabello e inconscientemente rechazó su tacto.

Lan WangJi rió por debajo y volvió a acariciar su pelo, dándole suaves y pequeñas caricias que incitaban al menor a cerrar sus ojos.

—Mira como te ha dejado... —la pena se mostró en su tono de voz.— Debería de haberlo matado cuando hirió tu hombro, pero tu figura en combate es tan hermosa... —negó con la cabeza, culpándose por no haber actuado antes.

—Wei Ying... —le susurró en el oído.— ¿Por qué me rechazas? ¿Ahora mismo quieres dormir y ocultarte del mundo, verdad? —llevó su otra mano a la mejilla del menor y bajó hasta posarse en su mentón.

Lentamente elevó su rostro obligando a que sus ojos conectasen con los suyos y con un suave tono de voz comenzó a acariciar el labio inferior del agente con su pulgar.

—Venganza, calma, placer... Puedo darte todo lo que me pidas, pero eres tan obstinado... Aunque amo tu lado rebelde, deberías dejarte consentir un poco más...

Antes de continuar hablando, se detuvo al sentir cómo una de las delgadas manos del menor cogía la chaqueta de su traje sin intenciones de dejarla ir, manchándola de sangre.

—T... Tu promesa... —susurró.

Un brillo fugaz iluminó la dorada mirada del líder de la mafia y un suspiro de derrota escapó de sus labios.

—Sí, mi promesa...

A la vez que hablaba acortó la distancia que los separaba y saboreó el hierro del líquido rojo de los suaves labios de Wei WuXian, quien parecía no reaccionar ante el beso, seguramente debido a la perdida de sangre.

Al ver que no oponía resistencia, Lan WangJi lamió el labio inferior de una manera bastante indecente sin apartar la mirada del rostro perdido del agente. Sin embargo, él era todo un caballero y no exploraría el interior de la boca del menor en aquel estado inconsciente por muy tentador que le pareciera.

Besó y mordisqueó suavemente sus labios antes de separarse de él, después su mirada se dirigió hacia la entrada del piso.

—¡Han GuangJun, arriba las manos!

Dos de los equipos de los otros pisos habían llegado a la sala, seis policías se encargaron de esposarlo y otros dos ayudaron a Wei WuXian a levantarse del suelo.

Una vez fuera del edificio el menor fue atendido por los médicos de refuerzo, vendaron su cabeza y brazo y le dieron unos analgésicos para aliviar el dolor. Con su estado físico, los sanitarios no pudieron evitar sorprenderse al ver que el menor se había mantenido consciente en todo momento, le recomendaron ir al hospital pero el exmilitar se negó y después de insistir sin resultado alguno lo dejaron solo en la ambulancia y fueron a atender a otros agentes.

Con una bolsa de hielo en su cabeza, Wei WuXian buscó con su mirada a los oficiales que habían detenido al objetivo de su misión.

Eran cuatro agentes, dos estaban detrás del líder de Gusu Lan y los restantes delante hablando entre ellos. Sin embargo, cuando vio al jefe de un equipo que conocía muy bien acercarse a Lan WangJi y llevárselo hacia uno de los coches policiales, el menor soltó la bolsa y caminó rápidamente hacia ellos.

—¿Agente Wen, qué está haciendo? —se interpuso entre el oficial y el jefe de la mafia.

—Ah... El agente especial Yiling Lauzo, me alegra ver que sigues... con vida.

Wei WuXian ignoró su sarcasmo.

—Este es mi caso, no puede llevárselo.

—Era. —corrigió el oficial.— Debido a tus lesiones graves y tu actual estado físico, no podemos arriesgarnos a que el Sr. Han GuangJun quede bajo su custodia.

Una expresión incrédula se formó en el rostro del menor.

—¿Mi actual estado físico? ¿Se está burlando de mí?

Lan WangJi no apartó su mirada del exmilitar, observando en silencio la escena y de vez en cuando los tentadores y rojizos labios del menor.

Wen Chao suspiró.

—Mira niño... —Wei WuXian lo interrumpió con cierta ira oculta.

—Cuida tus palabras, Wen Chao. Tengo más experiencia que tú y todos tus hombres en el campo de batalla.

La disputa que había entre ellos dos empezó desde el primer momento en el que se conocieron. Wen Chao había ascendido de rango por el apellido de su familia y por unas cuantas llamadas a contactos con poder, nunca había estado en un guerra de verdad y todavía tenía la vanidad para pasearse con su disfraz de jefe de policía creyendo tener a todos bajo su control.

En cambio, Wei WuXian había ascendido y había sido degradado; se había roto innumerables partes de sus huesos y tanto armas de fuego como armas blancas habían atravesado su piel. Había perdido a amigos y el número de sus enemigos había aumentado; había abandonado todo y se había esforzado por conseguirlo de nuevo, solo para que se lo arrebataran una y otra vez de sus manos.

Una pequeña risa provocó que ambos se voltearan hacia Lan WangJi, sin embargo Wen Chao interrumpió de nuevo.

—Agente Laozu, se le ha prohibido continuar en el caso Yunmeng.

Los labios del menor se separaron.

—Gracias a usted... —carraspeó su garganta.— Esta misión ha tenido éxito, pero a partir de aquí no puede seguir en la investigación.

Wei WuXian no creía lo que estaba oyendo.

—Llevo trece años... —su voz tembló.— Llevo trece malditos años resolviendo este caso... ¿Y ahora que estoy a punto de cerrarlo, me excluís de él? ¡Él es mi caso! —señaló a Lan WangJi.

El grito provocó que la mayoría de los agentes se detuviera y miraran la escena con atención.

—Un agente implicado en el caso no debe participar en la investigación, va contra las normas.

Wei WuXian apretó sus puños y después de unos segundos susurró.

—Mi equipo... —apretó sus dientes escondiendo la rabia.— Mi equipo fue asesinado durante aquella operación por un...

"Por un error que cometiste" esas palabras que tanto le habían repetido aparecieron en su cabeza, siendo incapaz de continuar la frase.

—Sí sí, su equipo. Mira, lamentamos mucho que tus hombres murieran pero el caso ya no te pertenece, si tienes algún problema habla con el Mayor general. —dijo mientras caminaba hacia el coche patrulla.

—Wen Chao.

Con un suspiro, el agente se giró para encarar de nuevo al joven, pero lo único que vio fue el puño de Wei WuXian impactar contra su nariz. En un rápido movimiento Wen Chao había sido lanzado contra el suelo, gritó adolorido y cuando logró sentarse sobre este llevó una de sus manos hacia su rostro.

Wei WuXian le había roto la nariz con un simple y certero golpe.

De ella comenzó a brotar la sangre y solo fue cuando vio el color rojizo en sus dedos que el agente Wen entró en pánico. Lleno de cólera lo señaló con su otra mano y comenzó a amenazarle mientras que su compañeros no sabían si apuntarle, arrestarle o simplemente alejarse de la zona.

La mirada gélida del menor quedó oculta bajo su cabello.

¿Hablar con el Mayor general, la autoridad máxima de la policía? Sí, claro.

El menor no se movió después de su ataque hacia el otro oficial, sus brazos colgaron a lo largo de su cuerpo y sus puños continuaron manteniéndose apretados. Estos temblaban de la rabia y la impotencia.

Los nudillos de la mano con la que había golpeado a Wen Chao se habían vuelto rojizos y un hilo de sangre comenzó a caer de su hombro, recorriendo el largo de su brazo hasta caer al suelo.

Lo había golpeado con el brazo herido anteriormente y los puntos que los médicos le habían cosido se habían soltado.

—¡Te voy a demandar! ¡Esto es agresión a un agente de policía! —Wen Chao no se callaba.

Sin decir ninguna palabra ni dedicar ninguna mirada, Wei WuXian se dio la vuelta y caminó hacia su coche, el cual estaba lo más alejado de la zona. Los agentes con los que se cruzaba mantenieron una distancia de "seguridad" y algunos simplemente lo evitaron por completo.

—¡Quedas suspendido del caso y de la policía para siempre!

Bajo los murmullos de los presentes y los gritos del agente, la sombría y solitaria figura del menor desapareció en la oscuridad.

—Cállate. —habló por primera vez Lan WangJi una vez sus ojos perdieron de vista a Wei WuXian.

Acto seguido, Wen Chao lo miró con odio dispuesto a contestarle, pero su rostro palideció y desvió la mirada de aquellos profundos y oscuros ojos que lo miraban como si fuera un simple peón en su jugada, el cual podía matar cuando quisiera.

—Ni si quiera pudiste esquivar su ataque teniendo un rango tan alto. Tu padre debió de pagar una gran cantidad para conseguirte el puesto, qué desperdicio.

—T-tú... —se levantó del suelo.— ¡A qué esperáis, llevadlo al coche patrulla!

Sin embargo, nadie se atrevió a tocar a Lan WangJi.

♔♔♔

Dos días después, Wei WuXian estaba sentado en la sala de espera de la comisaría. Había ido para entregar su placa y arma, pero uno de los agentes le había pedido que le esperara hasta que terminara de entregar un papeleo.

No sabía cuantos minutos habían pasado y sus ojos se habían posado en una de las plantas decorativas, hasta que escuchó la voz del joven novato.

—Agente... —corrigió su palabra.— Sr. WuXian, debido a su arduo trabajo durante los últimos años en el caso Yunmeng se le ha permitido realizar una visita al sospechoso... No puede participar en el interrogatorio, pero puede entrar a la sala una vez este haya terminado.

No hubo respuesta.

Wei WuXian observó al joven salir de la sala y sintió como su cuerpo se tensaba, miró el reloj que estaba colgado en la pared y respiró profundamente. Los segundos se convirtieron en minutos y estos en horas, cuando volvió a mirar el reloj las agujas de este marcaban las nueve y cuarto de la noche.

Había estado sentado más de tres horas en aquella pequeña sala, pero no había sido capaz de moverse ni un centímetro hasta que escuchó unas sonoras voces por los pasillos de la comisaría.

Se levantó del sofá y caminó hacia la puerta, una vez salió vio al agente Wen hablando y riéndose con más policías hasta que sus miradas se cruzaron. Su nariz estaba vendada y sus mejillas hinchadas, quizás sí se había pasado un poco con la fuerza...

La actitud risueña del oficial cambió drásticamente y se dirigió hacia el menor.

—Considérelo una cortesía profesional. —dijo con odio y después desapareció junto con su equipo.

Wei WuXian bajó las escaleras del primer piso y se detuvo en una de las puertas de interrogatorios. No había nadie a su alrededor, pero las cámaras de los pasillos parpadeaban transmitiéndole un poco de "seguridad" y después de unos segundos, entró en la sala.

Sus pasos resonaron contra las paredes, haciendo que el silencio fuera aun más abrumador.

Arrastró la única silla libre y se sentó en ella, finalmente miró a la persona que estaba esposada frente a él.

—Te ves bien sin la ropa de trabajo, Wei Ying.

Aquella mirada dorada recorrió cada centímetro del cuerpo del menor.

—¿Por fin aceptarás mi oferta? —preguntó al ver que el exmilitar no tenía intenciones de devolver el saludo.

Por otro lado, Wei WuXian tan solo lo miraba mientras intentaba controlar su voz para que no temblase la primera vez que hablara, pero simplemente no podía acostumbrarse a aquellos ojos que lo miraban como una presa ni al aura que desprendía su postura dominante.

Sin duda alguna era digno de ser uno de los jades de la mafia china.

—Si que eres orgulloso para seguir proponiéndome la misma propuesta a pesar de haberte rechazado tantas veces... —se le escapó.

Sin embargo, Lan WangJi sonrió.

—Te equivocas.

De nuevo, un silencio volvió a formarse en la sala pero ninguno apartó la mirada del otro.

Lan WangJi apoyó sus brazos en la mesa y el sonido metálico de las esposas fue lo único que se escuchó. Ese movimiento provocó que la distancia entre ellos disminuyera y por mucho que hubiera aguantado el menor, los ojos ardientes del mafioso provocaron que sus labios temblaran.

Trató de ocultarlo cambiando su postura, pero Lan WangJi siempre estaba consciente del más mínimo movimiento del joven.

—¿Te intimido? —apoyó su barbilla en sus manos cruzadas.

Inconscientemente, Wei WuXian se echó hacia atrás respondiendo con su cuerpo a la pregunta.

—No es mi intención, no contigo. —dijo mientras volvía a apoyar su espalda en el respaldo de la silla y optaba por una expresión inofensiva junto con una pequeña e inocente sonrisa.

—Si no fueras mafioso podrías ser modelo, quizás hasta te iría mejor... —bromeó el menor.

—¿Y sonreír delante de miles de peones día y noche? No, gracias. —negó con la cabeza con gracia.

—Pues no parece costarte sonreír conmigo.

—Eso es porque tú eres especial.

Wei WuXian se sonrojó levemente y por primera vez desde que entró a la sala desvió la mirada, dándole una victoria silenciosa al mayor.

—Hablemos del caso Yunmeng... —cambió de tema.— Las últimas pruebas me llevaron a tu mafia y después de cuatro años todo lo que avancé fue borrado de la nada... ¿Por qué?

Lan WangJi no respondió, impacientando al menor.

—El expediente final dijo que fue una explosión debido a la alteración de unos químicos, pero mis agentes no cometerían un error tan estúpido. Alguien provocó aquella explosión que casualmente ocurrió en uno de tus territorios. —el mayor lo miró con atención.

—Investigué hasta el más mínimo detalle, pero las pruebas que encontré no sirvieron para nada. Cada día había una nueva excusa o surgía un imprevisto que arrastraba el caso hacia atrás y lo ponía en la última cola... —hizo una pausa.— Yo ya no soy agente, no tengo poder ni autoridad. Solo quiero saber qué sucedió y por qué mi equipo murió por mi...

—¿Por tu culpa? —terminó su frase al ver que el menor no iba a continuarla.— ¿Estos últimos años te has estado culpando de sus muertes?

El tono sorprendido en la voz de Lan WangJi provocó que el poco control de Wei WuXian estuviera al límite.

—¡¿Y quién más la tendría?! —se levantó bruscamente de la silla.— Tan solo quiero saber la verdad...¡¿Por qué todos se han olvidado de ellos?! ¡¿Acaso toda nuestra labor no sirvió de nada?! —apoyó sus manos sobre la mesa.— Soy el único que sobrevivió en aquel lugar y aun así todos fingen no saber nada de aquella operación.

Después de un largo silencio, Wei WuXian rio amargamente.

—Ya veo... Tú tampoco dirás nada. —apretó su mandíbula reprimiendo la ira.

Lan WangJi admiró cada palabra que salía de la boca del menor, pero la última frase que pronunció con decepción hizo que su expresión cambiara.

—Wei Ying, en verdad eres hermoso... —el menor lo miró extrañado.— ¿Realmente no sabes por qué todos evitan el caso Yunmeng?

Wei WuXian no respondió.

—Si me besas te lo diré. —dijo con la intención de molestar al exmilitar.

Sin embargo, nada más terminar aquella frase la mano del menor agarró su corbata blanca y tiró de ella, sus rostros quedaron a escasos centímetros y sus respiraciones chocaban entre sí. Lan WangJi no pareció reaccionar ante la repentina y brusca acción, en cambio su mirada se volvió aún más lujuriosa y se posó en los labios de la persona que hacía que su sangre hirviera de deseo bajo su piel.

Wei WuXian vio el cambio de color en los ojos del mafioso y se detuvo antes de llegar a rozar contra sus labios.

¿Qué estaba haciendo? ¿Conseguir información o...?

Mordió su labio inferior indeciso.

¿Se estaba dejando llevar?

Ese pequeño gesto provocó que de la boca del mayor escapara un ronco suspiro lleno de un sentimiento ardiente.

—¿Lo harás? —susurró con un tono grave y seductor.

—¿Sin trucos?

—Mn... Quién sabe...

Wei WuXian bajó su mirada hacia los labios de aquel hombre dominante y después de unos segundos comenzó a acortar la distancia muy lentamente. La respiración temblorosa del menor se convirtió en una misma al unirse con la de Lan WangJi, quien ansiaba saborear otra vez la calidez de los labios de su futuro amante.

Los segundos parecieron detenerse volviéndose eternos y cuando la piel de sus labios rozaron levemente, la puerta de la sala se abrió de golpe.

El guardia que entró tan solo vio al exmilitar de pie ocultando su rostro hacia un lado, mientras que el sospechoso seguía sentado en la silla.

—El interrogatorio terminará en cinco minutos.

Wei WuXian asintió con la cabeza y Lan WangJi, quien había soltado un gruñido frustrado, analizó fríamente el rostro del intruso. El agente que los interrumpió sintió la mirada amenazante del líder de la mafia, un nudo se le formó en la garganta y tan rápido como entró salió de la sala.

El menor ocultó sus labios con una de sus manos sintiendo cómo todo su rostro se sonrojaba, su corazón latía más rápido que una bala al ser disparada y cuando escuchó el sonido de la puerta cerrarse miró de reojo al jade de china.

Lan WangJi había vuelto a cambiar su expresión y en su rostro volvía a formarse aquella cara inocente y coqueta, quizás en un futuro le mostraría esa asesina y frívola mirada, pero no lo haría hasta tener a Wei WuXian totalmente sumiso ante él.

Desde luego esa mirada jamás se la dedicaría a él, sabía que el exmilitar no sería tan fácil "domar" y eso era lo que más le excitaba del menor.

—Corrupción.

—¿Eh?

—Eso es lo que quieren ocultar del caso Yunmeng. —dijo Lan WangJi.

Wei WuXian se quedó callado, pensando detenidamente en aquella palabra.

—Eres tan leal que nunca dudaste de tus amos... —el menor negó con la cabeza.— Yo nunca te utilizaría como ellos lo hicieron contigo, Wei Ying.

—No...

—Tú mismo lo sabes, pero no quieres aceptarlo porque eso sería admitir que has estado trabajando con las personas que prometiste eliminar.

El rostro de WeiWuXian palideció.

—Piénsalo, durante los últimos trece años nadie te ha prestado su ayuda y ahora que estabas tan cerca de la verdad te echaron del caso como si nunca hubiera existido.

—N-No. —su voz tembló.— Mis agentes no eran unos corruptos...

—Mn... Quizás tu gente no lo fuera, pero tus superiores...

Una pequeña punzada de dolor en la cabeza hizo que el menor se tambaleara levemente hacia un lado y se apoyó sobre la mesa para no perder el equilibrio.

—Todo hombre tiene su precio, solo tienes que saber cuál es...

Al terminar esa frase, Wei WuXian lo miró con cierto furor y el mayor añadió.

—Todos menos tú.

Lan WangJi se echó hacia delante y llevó sus manos esposadas hacia la que tenía el menor apoyada en la mesa. Comenzó a rozarla con la yema de sus dedos suavemente y con un susurro profundo volvió a dirigirse hacia el exmilitar.

—Ven conmigo, Wei Ying. —cogió su mano con delicadeza.— ¿No quieres vengarte de los asesinos de tus compañeros? Si aceptas te daré sus nombres y te protegeré de cualquiera que quiera hacerte daño...

Jugueteó con los delgados dedos del menor y lentamente los acercó hasta llegar a sus labios.

—Sé mío y te daré todo lo que quieras...

A la vez que pronunció aquellas palabras con una voz realmente seductora, lamió el dedo índice del exmilitar sin apartar la mirada de él. Su lengua recorrió todo el largo de su dedo mojándolo y al llegar a la yema de este la mordió suavemente, provocando que un silencioso gemido escapara de la boca del menor.

Al instante, Wei WuXian se alejó de la mesa y ocultó su mano detrás de su espalda, deseando que aquella ardiente sensación en su dedo desapareciera. Sus mejillas sonrojadas y su mirada nerviosa al no saber como reaccionar tan solo intensificaron el deseo en los ojos de Lan WangJi.

Ver como aquella lujuriosa mirada lo devoraba en un simple pestañeo de ojos produjo un pequeño escalofrío en el cuerpo del menor.

—¿P-Por qué debería creerte de todos modos? —dijo para sí mismo, un poco distraído.

Negó con la cabeza intentando olvidar lo que había ocurrido y caminó hacia la salida deseando salir de esa sala, su mano agarró el pomo de la puerta pero justo antes de poder abrirla sintió como un gran peso lo acorralaba contra esta.

Cuando Lan WangJi vio sus intenciones de huir no pudo permitírselo, no cuando lo tenía tan cerca de atraparlo en sus brazos.

Ejerció menos de la mitad de su fuerza en sus muñecas y rompió las esposas que lo retenían, antes de que Wei WuXian pudiese reaccionar ya lo había atrapado contra la puerta metálica. Los reflejos del menor eran agudos, pero el golpe que había recibido en su cabeza hacía tan solo dos días y el dolor punzante que sentía no le fueron de gran ayuda.

Para cuando logró girar su cuerpo y encarar al intruso de su espacio íntimo, Lan WangJi lo cogió del mentón y atacó sus labios descargando la frustración de haber sido interrumpidos.

—¡Mgh!

Wei WuXian empujó con sus manos el pecho del mayor, pero la diferencia de fuerza era tan grande como la de sus estaturas. No es que el menor fuera débil, pero contra el jade de la mafia china cualquiera que se enfrentara a él no tendría oportunidad alguna.

Uno había sido entrenado para proteger y salvar, mientras que el otro había sido preparado para asesinar y gobernar.

Ante la resistencia, Lan WangJi apegó aún más su cuerpo contra el del exmilitar. Apoyó su brazo sobre la puerta y ejerció un poco más de fuerza en la mano que sujetaba la barbilla del menor, provocando que los movimientos de su cabeza se detuvieran casi al instante.

La mirada llena de cólera en los ojos del menor no se apartaron de los del líder de la mafia, sabía que no podía salir de aquella situación pero no iba a rendirse tan fácilmente. Después unos segundos movió sus piernas decidido a golpear al mayor, pero Lan WangJi aprovechó su movimiento y antes de que la rodilla del exmilitar pudiera si quiera rozarle colocó uno de sus muslos entre la pelvis del menor, la cual apretó y comenzó a mover con mucho gusto.

Al sentir como aquella zona estaba siendo "acariciada" descaradamente, Wei WuXian no pudo contener más sus gemidos, además de que habían estado besándose ferozmente durante unos cuantos minutos y no podía seguir aguantando su respiración.

Una vez los labios del menor se separaron para emitir aquellos sonidos tan excitantes para el mafioso, Lan WangJi introdujo su lengua y exploró sin vergüenza alguna el cálido y húmedo interior de su boca.

Ante la intrusión y los roces, las fuerzas en los brazos de Wei WuXian vencieron concluyendo toda su resistencia.

La fría y dominante lengua del mayor recorrió cada centímetro de la pequeña cavidad bucal del exmilitar. Jugó y saboreó todo lo que estaba a su alcance, sometiendo por completo la lengua de Wei WuXian, aunque este estaba más concentrado en no perder el control de su mente que en ganar aquella ardiente y apasionada batalla.

Después de un par de minutos besando y mordiendo los labios carnosos del menor, Lan WangJi se separó de él levemente y analizó cada detalle como el cazador en el que se había convertido.

Primero observó su rostro completamente sonrojado, sus ojos grisáceos entrecerrados se habían cristalizado y reflejaban un brillo perdido en el placer; sus mejillas estaban ruborizadas y finalmente bajó su mirada hacia sus labios.

Estos estaban totalmente hinchados y el color rojo intenso provocado por las mordidas que le había dado para marcarlo lo hicieron aún más hermoso, frágil y erótico ante la vista del mafioso. De la comisura de sus labios caía un pequeño rastro de saliva que caía hacia su cuello.

Su respiración descontrolada hacia que su pecho subiera y bajara al ritmo del que los jadeos se escapaban de su boca; su cuerpo entero temblaba ante aquellas nuevas sensaciones que le había provocado Lan WangJi, quien al verlo en tal estado no pudo evitar gruñir satisfecho.

Las delgadas manos que habían luchado contra él ahora se agarraban con fuerza en la chaqueta de su traje totalmente sumisas; sus piernas temblorosas también habían perdido fuerzas y sabía que si no fuera porque su cuerpo estaba siendo empujado por la puerta y sujetado por la entrepierna del mafioso, ya estaría de rodillas en el suelo.

Las ásperas yemas de los dedos del depredador acariciaron los tentadores labios de su presa y siguieron el rastro de la saliva hasta llegar a su cuello, el cual comenzó a lamer y besar a la vez que colocaba su mano en la nuca del menor tirando suavemente de su cabello.

Los débiles gemidos volvieron a inundar la pequeña habitación y poco a poco estos comenzaron a hacerse más sonoros, sobre todo cuando el brazo del mafioso que estaba apoyado contra la puerta bajó hasta quedarse a la altura del pecho del exmilitar, rozando sus pezones por encima de la fina tela de la sudadera.

Wei WuXian no podía pensar en nada más que en el placer que estaba sintiendo.

Todas las zonas que Lan WangJi había tocado con sus dedos ardían y anhelaban su roce; sus gruesas y frías manos acariciaban y controlaban cualquier parte de su cuerpo que él quisiera tener bajo su merced; la fuerza dominante que ejercía; el aroma de su perfume caro y elegante; su mirada lasciva...

El menor necesitaba un respiro para aclarar su mente y recobrar el control de su cuerpo, pero ese respiro ilusorio se convirtió en un fuerte gemido cuando los dedos del mafioso pellizcaron su pezón sin previo aviso.

—¡Ah!

Sus manos se aferraron a los hombros del mayor y mordiéndose los labios bajó su mirada hacia la persona que lo estaba volviendo loco.

A la vez que había comenzado a masajear y apretar su pezón, inició un leve vaivén con la pierna que empujaba su pelvis, provocando que sus cuerpos subieran y bajaran al ritmo de unas pequeñas e imaginarias embestidas.

Al sentir la intensa mirada del menor, Lan WangJi besó, marcó y lamió su cuello a la vez que subía para encontrarse con unos ojos llenos de deseo y lujuria.

Una idea un poco maliciosa apareció en la mente del mayor.

Bajó sus manos recorriendo la hermosa figura del exmilitar hasta posarlas en sus caderas y comenzó su juego.

Ejerciendo un poco más de fuerza ambos cuerpos quedaron completamente pegados, sintiendo el calor corporal de cada uno, los latidos fuertes y rápidos y las respiraciones mezcladas con los jadeos y gemidos.

Una de sus manos continuó bajando hasta llegar a uno de los glúteos del menor, el cual apretó y manoseó provocando que Wei WuXian mordiera sus labios para acallar aquellos sonidos tan vergonzosos. Sin embargo, Lan WangJi no se detuvo y después de tocar cuanto quiso continuó bajando su brazo hasta llegar al muslo del exmilitar, el cual elevó y colocó sobre su cadera.

Esa posición hizo que el roce de sus pelvis fuera más profunda e intensa.

Un ronco jadeo de placer salió de los labios del mafioso y volvió a dirigir su mirada hacia el menor, quien se había quedado completamente embelesado al ver aquella expresión sensual en el rostro del jade de china.

Cuando sus ojos se conectaron, Wei WuXian no pudo evitar quedarse sin aliento.

Su miembro palpitó y Lan WangJi lo sintió, provocando que una sonora risa retumbara en las paredes de la sala.

Aún sonriendo con malicia se acercó al oído del menor y susurró con una voz llena de deseo.

—¿Te gusta?

Su cálido aliento rozó contra la oreja del menor, quien gimió y se estremeció al sentirlo.

El movimiento de caderas se volvió lento y la fricción pesada, siendo una completa tortura para el placer de Wei WuXian. Ahora, las supuestas embestidas habían desaparecido convirtiéndose en unos movimientos pausados y tormentosos.

El menor podía sentir cómo el grueso y duro miembro de Lan WangJi se restregaba sobre él y a pesar de que ambos seguían llevando la ropa puesta, estaba seguro de que notaba las palpitaciones y el calor de su pene.

El mafioso había descubierto qué tanto disfrutaba el exmilitar de sus roces y caricias, pero ver su rostro completamente perdido en su mirada tan solo hizo que su deseo sexual se desbordara. Si quisiera lo devoraría en ese mismo instante y nadie lo detendría, pero primero quería ver al menor completamente bajo su merced.

De repente, el mayor detuvo todos sus movimientos y cuando Wei WuXian lo buscó con la mirada extrañado, Lan WangJi imitó una fuerte y limpia estocada con su pelvis, sacándole un gemido al menor.

Dicha acción se repitió un par de veces, se detenía por completo y cuando veía en la mirada del exmilitar su desesperación le daba una pequeña esperanza para satisfacer su deseo. Como darle un caramelo a un niño y quitárselo al instante, una y otra vez.

—¡Ngh! —ahogó un gemido.— L-Lan Wang... ¡Ah!

—"Lan Zhan". —pronunció con calma.

Wei WuXian había ocultado su rostro en el hombro del mafioso y sus manos se aferraron a estos con todas sus fuerzas, esa tortura placentera lo estaba matando. Sin embargo, al escuchar el nombre del mayor mordió sus labios y reprimió cualquier otro sonido que saliera de su boca.

Sabía a qué estaba jugando y no iba a perder.

Si lo llamaba por su nombre de nacimiento, un nombre tan cercano e íntimo... Sería lo mismo que admitir que se rendía ante él.

Al dejar de escuchar sus gemidos, Lan WangJi supo que le habían descubierto y no pudo evitar ir un poco más lejos. La mano que sujetaba la cadera del menor se deslizó por su cintura hasta llegar al pantalón, bajó sus dedos siguiendo la cremallera de este y finalmente rozó con su mano el bulto que se había formado en los vaqueros del exmilitar.

Wei WuXian jadeó del placer, pero antes de poder emitir otro gemido volvió a morder sus labios y dirigió su mirada hacia sus piernas.

Sus dientes temblaron de excitación.

La mano del jade de China se movía con lentitud sobre su miembro, de arriba hacia abajo. A diferencia de las delgadas manos del menor, la de Lan WangJi era grande y sus venas se marcaban con facilidad cuando ejercía la más mínima fuerza en ella. Y sin saber por qué, la sensualidad de esa escena aumentó cuando sus ojos se posaron en las esposas rotas que seguían encadenadas en las gruesas muñecas del mafioso.

Apretando y acariciando suavemente, aumentando la presión y disminuyendo la velocidad... Tocó y jugó todo lo que quiso, torturando sin piedad al exmilitar que temblaba sobre su cuerpo.

Podía sentir cuando el menor estaba a punto de correrse, entonces detenía todos sus movimientos y escuchaba con deleite los jadeos frustrados y los gemidos reprimidos de su hermosa y obstinada pareja.

Quizás era demasiado terco para aceptar su derrota, pero eso solo lo hacía ver más adorable bajo la mirada del mafioso.

Además, verlo caer en la locura del placer tan solo aumentaba el deseo insaciable de Lan WangJi. Quería destrozarle la ropa y atarlo de pies a muñecas; quería verlo completamente perdido por el más mínimo roce de sus dedos; quería monopolizarlo y que no pudiera vivir sin él...

Wei WuXian era suyo y lo quería solo para él.

Los minutos se convirtieron en descargas ardientes y dolorosas del placer que el mayor le privaba al exmilitar. Su mente casi perdida en aquél extraño y placentero sentimiento hizo que perdiera el control de su cuerpo, no pudo seguir conteniendo sus gemidos y sus labios carmesí se separaron, permitiendo que todo tipo de sonido saliera de la boca del menor.

Ante la victoria, Lan WangJi pensó que ya había jugado bastante y decidió premiar a su pequeño.

Sin embargo, antes de poder recompensarlo sintió como las manos del exmilitar ejercían un poco más de fuerza en sus hombros y sus ojos dorados se encontraron con la mirada cristalizada y totalmente perdida de Wei WuXian.

Pequeñas lágrimas caían por sus mejillas rojizas y de sus labios hinchados caía un pequeño hilo de saliva al haber intentado reprimir por tanto tiempo los gemidos que ahora salían de su boca desesperados.

—P-Por favor... ¡Ah! —suplicó.

Esta vez quien había sido pillado con la guardia baja fue el mafioso, quien al ver tal imagen sintió cómo su cuerpo entero se estremecía pero lo que realmente terminó con su cordura fueron las siguientes palabras.

—L... Lan Zhan... M-Más...

Al decir la última palabra, Wei WuXian pasó sus brazos por el cuello del mafioso y se restregó contra su cuerpo para sentirlo por completo.

Ambos habían caído en un juego donde no había ganador y aunque Lan WangJi nunca había perdido contra nadie, admitió su derrota en ese mismo instante.

Sin perder ni un segundo más besó con ferocidad los hermosos y tentadores labios del exmilitar, quien gimió sorprendido por el ataque agresivo sin importarle ya nada. Ninguno se detuvo si quiera para respirar y ambos se frotaron contra el otro intentando saciar su deseo sexual.

Los labios del menor comenzaron a entumecerse después de haber sido completamente devorados por Lan WangJi, quien después de haber escuchado su nombre siendo pronunciado por la persona que temblaba y se retorcía de placer en sus brazos había confirmado que Wei WuXian le pertenecería solamente a él.

Los movimientos de su mano y pelvis aumentaron gradualmente hasta que el menor no pudo resistirlo más y se corrió en un agudo y jadeante gemido. Se aferró a la espalda del mafioso y clavó sus uñas en la chaqueta de marca que llevaba puesta.

Escucharle alcanzar el clímax por tan solo un par de roces por encima de su pantalón, el cual comenzaba a humedecerse, provocaron una pequeña satisfacción en el cuerpo de Lan WangJi.

Sin embargo, después de que Wei WuXian se viniera su peso se desplomó en el pecho del mayor. Jadeando del deseo, Lan WangJi alejó un par de centímetros el cuerpo del menor para comprobar su estado.

Se había desmayado.

El jade de China rió incrédulo, nadie se había atrevido a excitarle tanto y mucho menos llegar al punto de desesperarlo.

¿El caramelo que le había dado y quitado al exmilitar una y otra vez para volverlo loco? Se lo había dado de vuelta, solo que él no estaba acostumbrado a saborear el envoltorio completamente vacío.

El cuerpo del menor continuaba temblando del placer y de vez en cuando gemía junto con un fuerte espasmo; de su boca salían suspiros y jadeos que poco a poco comenzaban a regularse; las lágrimas habían humedecido su hermosa y sonrojada piel, y su cabello totalmente despeinado le daban un aura salvaje y lujuriosa.

Solo por esa imagen, viendo en cómo había convertido a un exmilitar frío y calculador en una persona completamente indefensa y hecha un desastre, mordió su labio inferior y jadeó con cierta frustración y gracia.

Su miembro estaba tan duro y caliente que el simple roce de su ropa le provocaba un dolor para nada placentero, pero ver a Wei WuXian dormitar en sus brazos llenó su corazón de un sentimiento que nunca había experimentado antes.

Uno tan agradable como satisfactorio...

Se quitó su chaqueta con cuidado y la colocó sobre la espalda del menor al sentir cómo su cuerpo comenzaba a enfriarse. Lo cargó en sus brazos, abrió la puerta del interrogatorio y caminó por el solitario pasillo.

Decidido a salir por una de las puertas traseras se detuvo al ver en una esquina una cámara de vigilancia que parpadeaba.

Sin detener sus pasos se adentró sin vacilar a una habitación en concreto, la sala de vigilancia.

Era un cuarto pequeño, repleto de pantallas pequeñas que mostraban diferentes lugares de la comisaría y justo frente a ellas había una persona sentada, que lentamente se giró al escuchar cómo alguien había entrado a la sala.

La mirada asesina y frívola del mafioso se clavó en el sudoroso y jadeante guardia que vigilaba las cámaras. Los intensos ojos dorados de Lan WangJi analizaron amenazantes el más mínimo movimiento de la tercera persona y cuando se posaron en el bulto que había en sus pantalones su rostro se volvió aún más aterrador para el guardia, quien se había puesto completamente rígido ante la presencia del jade de China.

Antes de que el policía reaccionara, Lan WangJi ya lo estaba apuntando con una pistola que había cogido del depósito de armas antes de entrar a la habitación. Asustado e inmóvil, el guardia buscó cualquier vía de escape pero su error fue mirar el cuerpo de Wei WuXian.

Lo siguiente que se escuchó fue la bala atravesar del cráneo del policía, cuyo cuerpo sin vida cayó de cara contra el suelo salpicando y manchando lo que estaba a su alcance.

Antes apretar el gatillo, Lan WangJi había girado su cuerpo para que la sangre de aquel mero peón no ensuciara a su reina. Sacó un pañuelo blanco del bolsillo de su pantalón y limpió la sangre del guardia que había alcanzado su rostro, sin dejar de mirar con frialdad el cadáver disparó una y otra vez sin pestañear hasta que el cargador se quedó sin balas.

Era el mismo agente que les había interrumpido.

La sala había sido completamente teñida del color rojo de la sangre de aquel guardia, las pantallas de las cámaras estaban completamente manchadas de las salpicaduras del líquido carmesí y el suelo blanco había sido cubierto por una "alfombra" rojiza.

Lanzó la pistola sobre el cuerpo agujereado del policía y salió de la comisaría.

Tres de sus subordinados se inclinaron cuando lo vieron salir por la puerta trasera, Lan WangJi hizo un leve movimiento de cabeza e inmediatamente asintieron mientras se adentraban al interior del edificio. Bajo la luz de la luna, el mafioso caminó hasta llegar a una de sus limusinas con Wei WuXian en sus brazos.

Al día siguiente, en los canales de noticias solo se hablaba de un extraño incendio que había sucedido de madrugada en la comisaría central.


Sin smut pero ardiente(?

Final abierto para dejaros con toda la intriga JIJI

Espero que os haya gustado^^

~¡Nos leemos!~