Cuando conozca a mis padres — SasuHina

Summary

- En donde Sugumi escribe en su diario, que hara cuando conozca a sus padres. Pelinegra de ojos color ónix, una huérfana que fue encontrada por una joven pareja a la orilla de un río desmayada y frágil con una nota en la cual estaba escrito su nombre "Sugumi U" y justo ahí, había una parte faltante. ¿Dónde están los padres de Sugumi? Tenía una ligera sospecha de quién podrían ser sus padres y lo confirmo cuando está entre sueños los buscaba ¿Qué sera de ella ahora que no sabe nada de su familia puesto que su memoria fue borrada? ¿Logrará Itahari encontrar a su hermano? ¿Logrará arreglar ese gran vínculo que solían tener?

Genre
Adventure
Author
Jude
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

𝒸𝗁𝖺𝗉𝗍𝖾𝗋 𝟢𝟣

𝓒𝗎𝖺𝗇𝖽𝗈 𝖼𝗈𝗇𝗈𝗓𝖼𝖺 𝖺

𝗆𝗂𝗌 𝗉𝖺𝖽𝗋𝖾𝗌.

01. La libreta roja.


Diario personal


«Un pequeño presente para mi linda niña especial»


—Con cariño, tus tíos.



Nombre: Hoshi.

Edad: 12 años.

Fecha de nacimiento: 14 de noviembre (?)

Padres: Sin descubrir.


Notas iniciales:


«De acuerdo con mis sospechas y —muy evidentes— rasgos físicos, mis padres deberían ser ambos muy apuestos. Quizá mamá era de ojos profundos. Quizá papá es quien porta un cabello negro azabache.

Habría sido encantador conocerlos. Voy a encontrarlos.»


—Hoshi.


◡̈


—¿Qué podría escribir aquí...? —murmuró Hoshi en voz baja, acariciándose la barbilla con fingida y divertida seriedad mientras miraba la página en blanco de su nuevo diario.


Estaba sentada en su cama, rodeada de almohadas suaves, con las piernas cruzadas y los pies descalzos. La ventana abierta dejaba entrar la brisa templada de la tarde y el canto de los pájaros. A su lado, la mujer de largos cabellos rojizos la observaba con ternura, esforzándose por no reírse de la actuación exagerada de la niña.


Ambas sabían para qué era ese diario. Aun así, la mujer decidió fingir que no.


—¿Qué te parece si escribes lo que harías cuando conozcas a tus padres? —sugirió, peinando un mechón suelto del cabello de la niña—. Cuando eras más chiquita siempre me contabas lo que les dirías. Solías repetir que lo primero sería abrazarlos muy fuerte... ¿Lo recuerdas?


Hoshi asintió con una sonrisa melancólica. Recordaba esas noches en que, envuelta en mantas, bajo la lluvia, la nieve, el sol abrazador o las hojas de los árboles, soñaba en voz alta. Sus padres eran una idea, una promesa. Les hablaba al cielo, al agua, al viento, al fuego de la chimenea. Soñaba con contarles todo lo vivido —al menos lo que podía recordar en esos cuatro años—, con hacerlos reír, con preguntarles por qué no estaban. Pero, sobre todo, soñaba con volver a verlos.


—Esa es una gran idea, tía —dijo por fin, acariciando la tapa de la libreta roja—. Podría mostrarles todo lo que hice mientras estuve con ustedes.


La mujer la besó en la frente.


—Tómate tu tiempo, cariño. Iré a revisar la cena —anunció, poniéndose de pie con cuidado.


Hoshi la vio marcharse. Su cabello rojo ondeó tras ella como una llama que se aleja. Cuando la puerta se cerró, la habitación quedó en silencio, salvo por el canto de los grillos y el crujido suave de la madera.


Abrazó la libreta un instante antes de abrirla y escribir:


Cuando conozca a mis padres, los abrazaré hasta cansarme.

Les contaré todo lo que he vivido aquí, lo bien que me cuidaron mi tío y mi tía.

Y entonces... reiremos.

Juntos.



El bolígrafo se detuvo ahí. La niña contempló sus palabras como si fueran un conjuro, el más sagrado para ella. No sabía si esos padres eran reales, si existían, si la recordaban. Pero si alguna vez los encontraba, quería que supieran que no estuvo sola. Que alguien la había amado. Que ella los estuvo esperando.


En ese momento, escuchó el rechinar de la puerta principal.


—Ya regresó —murmuró.


Pasos firmes, suaves pero pesados, cruzaron el pasillo de madera.


—Hoshi, ya llegué —dijo una voz masculina desde la sala.


—¡Tío Itahari! —gritó la niña, cerrando la libreta y dejándola bajo su almohada apresuradamente.


Salió corriendo. En la entrada, el hombre de cabello negro esperaba quitándose el abrigo. Lo primero que llamaba la atención era su rostro serio, su mirada intensa. Pero Hoshi ya no le temía. Sabía que bajo esa expresión sombría había un alma profundamente herida... pero bondadosa.


Un alma que, estaba segura, daría su vida por la de ella.


—¿Cómo estuvo la aldea? —preguntó ella, rodeándole la cintura con un abrazo.


Itahari tardó un segundo en corresponder, como siempre. Luego apoyó la mano en su cabeza, revolviéndole el cabello con suavidad.


—Tranquila. Nada fuera de lo normal —respondió con voz baja—. Te traje algo.


Sacó de entre su abrigo una bolsa con rollos recién horneados.


—¡De canela! ¡Mis favoritos! —exclamó la pequeña, con los ojos brillando.


La mujer pelirroja asomó la cabeza desde la cocina.


—¡Llegaste justo a tiempo! La cena está lista —dijo con una sonrisa.


Itahari asintió. Hoshi corrió hacia la mesa, con la bolsa de bollos entre las manos decidida a guardarlos hasta después de la cena.



...



En la pequeña casa de madera, la noche cayó con lentitud. Las lámparas de aceite esparcían luz cálida, y en el aire flotaba el aroma a arroz, vegetales y pan horneado. A kilómetros de la gran aldea de Konoha, en ese rincón olvidado del mundo, tres personas compartían una historia tejida con silencios, recuerdos rotos... y mucha esperanza.


Hoshi no recordaba nada de su vida antes de esa casa. No sabía por qué la habían encontrado sola, por qué no tenía memoria ni chakra. Según escuchó una vez a sus tíos, alguien había cerrado todos sus puntos de chakra de forma inusual, como un sello. Por esa razón su tío no quería enseñarle más que taijutsu, y siempre con mucho cuidado.


En sus memorias solo tenía fragmentos: un estanque, una voz lejana, la sensación de unas manos cálidas sobre su cabeza.


Pero tenía un nombre.


Tenía una libreta roja.


Y tenía un sueño.


—Lo escribiré todo —susurró para sí misma, mirando a sus tíos con ternura mientras comían y conversaban.


Porque algún día, cuando conociera a sus verdaderos padres, quería que supieran quién era. Quién la había salvado. Y cuánto los había esperado.



( ♦️ )


Bienvenidos a esta reescrita historia. Con mas detalles, pero igual de cortita.


Despues de un largo tiempo desaparecida, anulando la publicación de todas mis ideas, he decidido volver y retomar mis proyectos. Historias como No lo sabía, Mi única misión contigo (que ya no se llama así) y todas las demas están en borradores.


Confieso que los cambios son algo abruptos, mas hablando de MUMC, puesto que al escribirla hace 4 años perdí completamente la idea de mi yo de ese momento, por lo que quisiera tomar un caminó distinto. Ahora he retomado con nueva trama pero dejando algunos detalles de la primera o al menos lo que recuerdo. Pronto tendrán detalles.


No lo sabía es la historia que mas complicada me parece, tal vez por el dilema de 3 parejas, problemas con el clan Hyūga y tratos pasados. Le pongo mucho empeño pero uy no.

Igual tampoco la abandonaré. Por ahora solo estoy reescribiendo.


Y bueno, este es el capítulo 1.

La verdad es evidente quien es Itahari, y la pregunta es ¿cómo sigue vivo? Lo explicare mas adelante. Muchas gracias por leer.


Recuerden votar y comentar, amo responder todo todo todo


— Mora.