Chapter 1
Todoroki toca su hombro e Izuku se crispa ante la llamarada de posesividad que cruza el otro lado del comedor. Su corazón se dispara ante esos ojos oscuros, una ráfaga de adrenalina que promete adueñarse de sus terminaciones nerviosas. Quiere esa mirada, quiere volver a sentir las manos pesadas de Kacchan reclamando su carne, sus colmillos en su piel, marcándolo en feroces mordidas, entonces, en contra de cualquier acto de autopreservación, Izuku le sonríe a Todoroki y deja que el chico jugueteé con su cabello. Sabe que no está bien, sabe que no debe dar pie a este juego de falsas ilusiones, pero la mirada de Kacchan lo vale, porque Izuku puede ahogarse en el sentimiento punzante que se incrusta, el filoso dolor que solo la ira evoca.
«Mírame» gritan sus ojos.
«Mírame y haz algo» vuelven a gritar.
Izuku casi puede jurar que escucha la mandíbula de Kacchan quebrarse. Él no debería estarlo disfrutando. Él debería hacer uso de su cerebro de chico listo y no caer ante este juego sucio, pero Kacchan le ha enseñado a pelear con todo lo que tiene, e Izuku se encarga de quebrar cada columna hasta que el peso de Kacchan lo hace jadear y retorcerse en búsqueda de la más mínima bocanada de aire.
Bakugou se pone de pie y golpea la bandeja contra la mesa. El sonido metálico es como la campanilla que da inicio al primer encuentro. Izuku apenas alza la mirada y ya ha comenzado a temblar. No pensó que Kacchan sería capaz de llegar hasta él, al menos no de esta manera. Todoroki sigue allí y lo único que Izuku puede hacer es quedarse a conjurar entre balbuceos que si existe alguna divinidad, esta lo salve de la furia que promete arrastrarlo hasta mar adentro.
Ni siquiera puede alzar su rostro cuando Kacchan llega hasta su mesa. Puede sentir su aroma; una mezcla de alcohol, cigarrillos y algo dulzón, marea los sentidos de Izuku y su boca se humedece, quiere enterrar la nariz en ese cuello y dejar que el chico malo meta la mano dentro de sus pantalones y lo haga gemir. Izuku sabe que está jodido, porque Kacchan es todo lo que no debería desear. Es el epítome de lo que su madre le rogó que evitara. Izuku sabe que Kacchan no le conviene, pero no le importa. Kacchan apaga su cerebro, porque cuando su lengua húmeda toma su boca en un reclamo autoritario, él solo se deshace entre sus brazos y no es capaz de pensar en nada más.
Es de Kacchan, porque ya no puede ser de nadie.
—Quita tus sucias manos de Deku. —Es lo primero que Izuku lo escucha decir y el corazón le da un vuelco.
Todoroki se pone de pie. Izuku sabe que ese chico no se acobarda fácilmente y ahora se está arrepentido de haber usado a Todoroki como la cerilla para encender este infierno. Si tan solo le importara el estarse quemando, pero no le importa en lo más mínimo. Abrazará las llamas y dejará que lo consuman, porque Kacchan es el mismo fuego.
Izuku siente un jalón y sus pensamientos se diluyen cuando Todoroki lo toma contra su cuerpo en un acto protector. Algo se cierra en su garganta y no puede reaccionar a tiempo cuando ya Bakugou ha estrellado la cabeza de Todoroki contra el piso. No media palabras entre la ira y cuando logran separarlos, Kacchan tiene la ceja rota y Todoroki algo más que un pómulo morado. Por suerte su amiga Ochako estaba allí y ha logrado quitarlo del medio.
Los profesores llegan y tanto Kacchan como Todoroki terminan recibiendo sus respectivos castigos. Izuku no sabe qué hacer. La campana anuncia con un sonido metálico el final de la clase. Izuku apenas logra dar dos pasos hacia el pasillo cuando lo estrellan contra la pared y toman su boca con furia. No tiene tiempo de respirar. Esto apenas es el inicio de su castigo y lo va a tomar con secreta complacencia.
—Ka-kacchan, no aquí, por favor —jadea y Bakugou muerde su boca y hace que dé un pequeño grito. Todos voltean su rostro. Nadie es tan estúpido como para meterse en el camino de Bakugou Katsuki, nadie excepto Izuku.
Bakugou toma su muñeca y lo jala hacia uno de los salones del piso superior. Izuku cae contra el piso y ni siquiera se molesta en levantarse porque sabe que de igual forma terminará allí de nuevo. Empieza a respirar entrecortadamente. Su polla ya dura presiona la pretina de su pantalón y el aire se carga de electricidad.
Izuku escucha el clic del seguro y solo puede tragar un poco de saliva.
—¿Lo disfrutaste? —sisea Bakugou mientras camina hacia él.
Izuku niega, pero su rostro ya está rojo, sus pupilas dilatadas y su erección tortuosa, dura y palpitante.
—Pequeña mierda mentirosa —gruñe Bakugou y su pie roza la erección de Izuku, arrancándole un gemido ahogado—. Hiciste todo este maldito numerito…
—No, yo no…
—Sí, por supuesto que lo hiciste… —Bakugou toma un puñado de su cabello e Izuku se inclina obediente ante su entrepierna. Puede sentir la longitud dura contra sus labios. Un camino de perdición que ha recorrido tantas veces… La tela raspa su mejilla y Bakugou jala su cabello de nuevo hasta que sus miradas son una. Izuku muerde sus labios, sus ojos son un ruego con lágrimas gordas y suplicantes.
«Úsame». «Rómpeme». «No me importa».
—Ni siquiera es un castigo si lo disfrutas, Deku —su voz es tan dura que Izuku siente como cada vello de su piel se crispa. Sus manos se aferran torpes al pantalón de Bakugou.
—Por favor —súplica—. Por favor, Kacchan, por favor.
Bakugou niega, su sonrisa áspera y arrogante.
Izuku desliza sus manos con torpeza hacia el cierre del pantalón y Bakugou afila su mirada con suficiencia. Su pulgar roza los labios de Izuku y este pasa su lengua sin apartar la mirada. Puede sentir la tensión que crece en el centro de sus entrañas, como la mirada de Kacchan se oscurece y el deseo llena el aire hasta casi cortarle la respiración.
—Dejaste que ese bastardo te tocara —sisea y juega con los labios de Izuku hasta que sus manos se deslizan desafiantes hacia su cuello. Izuku no pelea, solo disfruta la sensación de ser sujetado—. No importa lo que tengas en tu maldita cabeza, Deku, no será suficiente para arreglarlo.
—Me esforzaré —gimotea—. Haré lo que Kacchan me pida, haré…
—No —dice Bakugou y se separa.
El mundo de Izuku se rompe. Sus ojos se empañan en lágrimas y su respiración se vuelve tortuosa. No puede vivir sin esto. No puede vivir sin Kacchan. Bakugou camina hacia la entrada, pero se detiene antes de que Izuku pueda hacer algo, su mirada se vuelca en un desafío e Izuku sabe que puede estirar la cuerda, incluso si la convierte en su propia horca.
—Haré lo que Kacchan me pida —repite, sus pómulos están mojados y su voz es apenas una súplica temblorosa.
—¿Es así? —La voz de Bakugou se vuelve oxígeno e Izuku necesita todo el que pueda para respirar—. ¿Qué tan lejos estarías dispuesto a llegar? —Bakugou lo presiona e Izuku sabe que Kacchan está saboreando cada gota de desesperación en su voz.
—Tan lejos como me pidas. —«Tan lejos como quieras».
Bakugou sonríe con suficiencia, no es difícil darse cuenta de que conoce cada pequeño botón, Izuku le ha entregado las cadenas y extiende gustoso su cuello. Un borde crudo aparece en sus labios y la erección de Izuku se tensa haciéndolo gimotear.
—¿Es eso cierto? —Bakugou busca el teléfono de Izuku en su bolsillo. Lo toma y tarda apenas unos segundos en conseguir lo que está buscando—. Llámalo —ordena. Izuku parpadea incapaz de comprender—. Llama a ese bastardo y dile que venga hasta aquí. —repite. Bakugou roza sus labios con la punta de sus dedos y se agacha para susurrar en su oído—. Dile que lo estás esperando, de seguro te será muy fácil convencerlo, con esa voz tan dulce, cualquier idiota con polla caería ante ella. —Bakugou baja los dedos despacio por su cuello, cadenas de perdición que se enroscan con la promesa de ahogarlo.
—Ka-kacchan, no quiero que pelees, te meterás en problemas, yo…
Bakugou hunde los dedos en sus rizos y jala su cabeza hacia atrás. Izuku apenas puede respirar cuando recibe el filo oscuro de esa mirada depredadora.
—Dijiste que harías lo que fuera. —Bakugou presiona cada sílaba. Izuku duda, pero Kacchan es un gran estratega, junta sus labios en la esquina de su boca. Su respiración es densa y nubla cualquier pensamiento coherente en Izuku—. Bebé —susurra—, ¿harías esto por mí? —Izuku se derrite, es arcilla y las manos expertas de Kacchan lo moldean.
—Sí —responde y su premio llega húmedo y delicioso; la lengua de Kacchan invade su boca e Izuku se impregna con el regusto del alcohol. Deja que Kacchan lo presione contra el suelo, disfruta la sensación dura y fría en su espalda, el contraste exquisito de la piel caliente que se fricciona contra la suya y lo deja sin aire.
Kacchan recorre su garganta e Izuku se retuerce, actúa igual que un cervatillo asustado con el fin único de encender los instintos de la bestia de ojos oscuros y colmillos afilados.
«Márcame». «Muérdeme». «Soy tuyo».
Izuku gime cuando la boca caliente de Kacchan se hunde en su piel, sus colmillos traspasan la carne y puede sentir el dolor punzante que le provoca. Se corre entre sollozos, la necesidad pellizca cada espacio entre ellos. Kacchan sonríe contra su cuello y baja su mano tocando la humedad que traspasa la tela.
—Pequeña mierdecilla pervertida —gruñe y aprieta la polla de Izuku hasta arrancarle otro gemido ronco.
Izuku ya no puede pensar, lo único que sabe es que hará exactamente lo que Kacchan le pida. Su respiración es inestable y no está seguro de cómo se las arregla para llamar a Todoroki. El sentimiento de culpa se incrusta en su pecho igual que un guijarro, cada pequeña arista se clava con la promesa de desgarrar su piel, pero todo pensamiento se diluye con el sonido de un nuevo clic. Kacchan le ha quitado el seguro a la puerta y las barreras que antes se interponían caen ahora a su alrededor, de repente las voces de los estudiantes se vuelven más nítidas y el corazón de Izuku empieza a latir igual que el de una avecilla nerviosa.
—Ka-kacchan, ¿qué estás haciendo? —tartamudea.
Bakugou amplía su sonrisa y se pone a un lado de la puerta con un gesto firme y autoritario.
—Ven aquí, Deku —su voz se arrastra igual que una serpiente, Bakugou extiende sus colmillos e Izuku se prepara para recibir el letal veneno. Se pone de pie y camina hacia la entrada. Su corazón es un desastre, Izuku puede sentir como la sangre palpita contra sus oídos. Cuando llega, Bakugou acuna su rostro, una caricia que nada tiene que ver con el borde sádico que desprenden sus ojos—. De rodillas —dice e Izuku cae. Su cuerpo se entrega sumiso con devoción ante su dios personal—. ¿Sabes lo que va a pasar ahora, no es así, Deku?
Izuku niega, incluso aunque lo sabe, incluso aunque no quisiera. Bakugou moja sus labios con su lengua y la mirada de Izuku se vuelve la representación viva de la lascivia.
—Permitiste que ese bastardo pusiera sus manos sobre ti. —Bakugo roza con el pie su entrepierna e Izuku gime avergonzado, su polla se endurece y lo hace jadear—. Lo dejaste incluso sabiendo que terminaría de esta manera, pero eso es lo que estabas buscando, ¿o no, Deku? —Bakugou presiona su erección nuevamente e Izuku muerde sus labios para ahogar un gemido. Bakugou sonríe, su mirada satisfecha—. Sí, claro que es lo que querías, de otra forma no me habrías provocado. Así que te voy a complacer, Deku. —Bakugou toma su cabello y arrastra sus labios hacia su polla dura y susurra con voz ronca—: Vamos a enseñarle a ese maldito bastardo, lo bien que encaja mi polla en tu boca.
Izuku se estremece, no debería, sabe que no debería hacerlo, pero Kacchan juega con sus labios e Izuku abre su boca y chupa, tensando de forma tortuosa su propia erección. Izuku sabe que es una batalla perdida cuando sus manos terminan arrastrándose de forma temblorosa por sobre la tela, no quiere pensar, solo quiere a Kacchan. Tarda apenas unos segundos en liberar la polla. Izuku lame sus labios hambriento, su vista embelesada en esa polla gruesa y rígida que nubla cualquier atisbo de juicio y prudencia.
Kacchan está duro, está duro por él y saberlo lo hunde aún más profundo en ese foso lleno de necesidad. Quiere ser la causa del placer de Kacchan, desea ser el único capaz de proveer ese tipo de liberación, entonces, Izuku busca la mirada filosa y sin apartar sus ojos de los rojizos, da una lamida experimental, es lenta y deliberada, como una pequeña muestra de todo lo que podría darle.
Bakugou gruñe. Izuku puede sentir como cada pequeño músculo de Kacchan se tensa, su lengua suave y húmeda recorre la longitud caliente e Izuku se derrite mientras explora una y otra vez cada perfecta línea de su forma.
Izuku sabe que Kacchan nunca ha sido muy paciente y le sorprende que hasta ahora no lo tome y le folle la boca. Kacchan lo confunde, porque incluso cuando cree que ya lo ha descifrado, algo cambia, algo siempre cambia, y esta vez Izuku percibe una alteración sutil; Bakugou toma sus rizos y juega con ellos pasandolos lentamente entre sus dedos. Izuku lo interpreta como una caricia silenciosa, una que orilla su corazón y lo obliga a preguntarse si su relación algún día cambiará, si podría significar más en la vida de Kacchan que ser solo la fuente de su deseo.
Izuku aparta esos pensamientos, sabe que no debería tenerlos en primer lugar, debe tomar cualquier cosa que Kacchan le permita, incluso si lo único que hacen es intercambiar sus cuerpos a tientas del placer del otro.
Izuku no quiere arriesgarse, así que toma la polla de Kacchan de forma profunda y su boca se cierra chupando con devoción. Sabe la intensidad exacta que hará que Kacchan se quiebre, la forma en la que sus labios deben cerrarse alrededor de la longitud dura, hasta que Kacchan se vuelva un desastre gruñendo mientras golpea su polla contra su garganta una y otra vez. La presión en sus rizos aumenta, la saliva se acumula en el borde de su boca.
—Eres tan malditamente bueno, tan malditamente perfecto —susurra Bakugou y lleva una mano al rostro de Izuku, sus ojos profundos brillan en algo que jamás había visto. Su corazón da un vuelco, y entonces Kacchan susurra—: ¿Puedo correrme en tu boca?
Izuku parpadea confundido, Kacchan no es de los que piden permiso. Izuku siempre ha asumido que lo que sea que Kacchan quiera simplemente irá por ello. No es la primera vez que Kacchan se corre en su boca, pero sí es la primera vez que le pregunta si puede hacerlo. ¿Qué significa? ¿Por qué…?
—Deku… —Bakugou gruñe e Izuku vuelve a la realidad, asiente gustoso, quiere el tibio líquido derramándose en su garganta, su lengua empapada por la esencia picante que adormece sus sentidos y lo convierte en menos que un juguete a manos de un niñito caprichoso, pero justo cuando Bakugou lo toma, un golpe tentativo de la puerta los sorprende a ambos.
—¿Midoriya, estás ahí?
Izuku no se mueve, la polla de Kacchan permanece en su boca, es incapaz de apartarla, prefiere cerrar los ojos y dejar que el abismo se lo trague por completo. Entonces succiona con más fuerza y sus manos se aferran al pantalón de Bakugou como una firme muestra de su determinación. Las olas lo golpean, pero él se mantiene a flote como una boya.
«Haz conmigo lo que quieras».
Bakugou no se mueve, lo único que Izuku puede sentir es el peso de la polla de Kacchan en su boca. Izuku chupa con más fuerza consternado por la rigidez del cuerpo de Kacchan. Quizás ha hecho algo mal, quizás se ha equivocado y Kacchan ha perdido cualquier interés en este juego. Izuku siente el vértigo escalando por su estómago, una sensación aplastante que está a punto de engullirlo.
Está aterrado, cada pensamiento se clava con la certeza de que tal vez no es suficiente.
La puerta se sacude un par de veces, hasta que Izuku escucha de nuevo el clic del seguro. Solo en ese momento se atreve a abrir los ojos, la mirada suave de Kacchan lo recibe y le sacude el corazón con los fantasmas que se asoman a través de ellos; arrepentimiento, miedo. ¿Por qué Kacchan lo mira de esa manera? Él hizo todo lo que le pidió, entonces ¿Por qué?
—No puedo —dice Bakugou y se aparta.
Izuku no comprende. Bakugou se aleja sin decirle una palabra y comienza a arreglar su ropa a tropezones. Parece frustrado, sus hombros tensos, y su mandíbula tan apretada que Izuku casi puede escuchar sus dientes rechinar en un tañido furioso, tanto que las manos de Izuku comienzan a temblar mientras las extiende para ofrecerle algún tipo de consuelo. Bakugou no se lo permite.
—¿Kacchan? —Izuku tartamudea y se pone de pie, cada pieza de cerámica debajo de él se distorsiona. Las náuseas suben por su estómago y está a punto de echarse a llorar. Su teléfono suena, ambos saben quién está llamando, pero ninguno de los dos hace nada, solo se quedan quietos hasta que el aparato deja de sonar. El golpeteo de la puerta también se detiene e Izuku sabe que Todoroki se ha rendido.
Bakugou suelta una risa fría y frustrada. Izuku no sabe qué hacer. No tiene información suficiente para arreglar esto. Kacchan jamás se ha portado de esta manera. El miedo le pincha las costillas. Izuku abre la boca inseguro, pero antes de que pueda decir algo, Bakugou lo mira y pregunta en un susurro:
—¿Qué mierda me hiciste? —La voz gruesa le paraliza el corazón. Izuku siente la chispa de algo que aún no comprende, las palabras que no se pronuncian.
Izuku juega con sus dedos, sus latidos son un desastre y apenas logra balbucear con la vista fija en el suelo.
—No entiendo… Yo…
Bakugou lo alcanza y toma su rostro con una suavidad que rompe a Izuku en millones de pedazos, todos irregulares y afilados, igual que su relación, pero esta vez, Izuku encuentra dulzura detrás de las caricias tentativas, un toque inexperto y cálido que hace que se ahogue en algo mucho más peligroso que el miedo: la esperanza.
—No pude, no pude dejar que ese maldito te viera de esa manera, yo pensé… Yo creí. —Bakugou guarda silencio por un momento—. No se supone que tú… —Bakugou aparta la mano de su rostro y muerde sus labios frustrado—. ¡Mierda!
—Kacchan, ¿qué estás…? —Pero Bakugou se abalanza y toma su boca como si la pequeña distancia que los separaba fuera insoportable. Izuku se funde en el beso, labios rudos y suaves al mismo tiempo, que envían descargas eléctricas por toda su piel. Izuku se tambalea por la sinergia de sus cuerpos y ambos terminan tropezando contra uno de los escritorios. El beso se vuelve más demandante y sus caricias se cargan de necesidad. Las manos de Bakugou se entierran en su cintura y lo sujetan con fuerza: «Mío». Izuku muerde los labios de Kacchan y susurra un jadeante: «Tuyo». Los labios salvajes de Kacchan se derriten con los suyos, labios tan dulces que Izuku podría morir a causa de ellos.
—Pasa la noche conmigo —susurra Bakugou contra la esquina de su boca. Su respiración es pesada, cargada de algo denso y demandante.
—Kacchan, no sé si…
—Por favor… —Izuku se estremece. La voz de Kacchan tiembla consumida por una necesidad que le corta la respiración.
Izuku vuelve a sentir esa chispa, y ahora se da cuenta de que él también tiembla producto de la necesidad.
—Está bien —dice y Bakugou junta sus labios en un beso fugaz. El pecho de Izuku se calienta, pequeñas brasas que se avivan de forma peligrosa. Bakugou sonríe complacido, pero antes de que se vaya, Izuku lo ve detenerse con una expresión ilegible en el rostro, entonces se devuelve hacia él y se saca la chaqueta y lo cubre con ella. Izuku no puede emitir ningún sonido, el peso del cuero negro cae sobre sus hombros y el aroma dulce y picante que desprende llena su nariz y marea felizmente su cabeza.
—No te atrevas a quitártela —le advierte y su mirada vuelve a tener ese brillo filoso que lo hace tragar saliva—. No estoy jugando, Deku. No quiero a ningún maldito extra cerca de ti. Al menos que quieras ver sus cabezas estrellarse contra el concreto —Bakugou presiona cada sílaba e Izuku asiente mientras se pregunta si de verdad vio ternura en esos ojos oscuros o si todo fue una ilusión, pero las brasas se vuelven llamas cuando Bakugou toma su mentón y lo besa de forma profunda y posesiva. Izuku aprieta la chaqueta y se queda como un tonto de pie mientras ve a Bakugou salir y perderse con una sonrisa arrogante.
Izuku muerde sus labios y aprieta su pecho. Kacchan ha provocado un incendio y ahora él simplemente sonríe mientras se quema.









Aaaaah!!! Necesito la continuación de esta joya. Creo, no, estoy segura de que hay sentimientos profundos involucrados aquí, solo necesito confirmación. 🤭🫣
Tengo fe de que continuará 😭, amo mucho esta historia
🥹 espero que continúe me enamore de la historia 😍