Rivales | Satzu

Summary

Zhou Tzuyu tiene que comenzar la secundaria junto a su mejor amiga, Park Jihyo, después del divorcio de sus padres que supuso una etapa difícil en su vida. Ella no creía en el amor, hasta que conoció a Minatozaki Sana. La mejor forma de huir de sus sentimientos hacia la castaña era humillándola a ella y a sus tres amigas: Somi, Jisoo y Momo ¿Podrá Tzuyu enamorarse de ella? ¿Sana la hará volver a creer en el amor? ----------------------------------------------------------------- Está es una adaptación, todos los derechos a su autor original. Cabe aclarar que la historia nunca fue terminada, por lo que acaba en el capítulo 36, que en Rivales SomHyo es el cap 34.

Status
Ongoing
Chapters
41
Rating
n/a
Age Rating
16+

Chapter 1

SEPTIEMBRE


Zhou Tzuyu miraba su reflejo, había círculos oscuros bajo sus ojos; un poco de maquillaje y quedaría perfecta. Toda la casa estaba en silencio, claro, su madre debía de estar encerrada en su cuarto ahogando sus sollozos contra la almohada. Era todo lo que hacía desde el divorcio; aquel verano, cuando Tzuyu tenía tan solo catorce años.


¿Cómo le había afectado? De muchas formas. Fue gracias a su mejor amiga, Jihyo, que no terminó por derrumbarse. La taiwanesa adoraba a su mejor amiga. Se conocían desde primaria y desde el instante en que hablaron, sabían que no se separarían. Ellas eran todo para la otra; juntas eran inseparables, juntas eran Jitzu.


-!Mamá, voy saliendo a casa de Jihyo! -gritó desde la planta baja, al bajar arreglada de su cuarto con la mochila al hombro.


No escuchó respuesta. Le dolía. Su mamá no era la misma de antes. Nunca le dedicaba tiempo y, aunque lo hiciera, siempre mostraba un dolor en sus ojos cafés. Tzuyu no estaba segura de soportar tanto peso. No hablaba con su padre desde hacía dos meses, cuando llegó del cine para encontrarlo en la cama con su entrenadora de pilates, fue una experiencia traumática para la castaña.


Su padre había engañado a su mamá durante meses, la que se supone que era el amor de su vida. Puras tonterias. Una no podía enamorarse tan profundamente de alguien; no existía, el amor era una basura.


Tzuyu fue hasta la cocina y se hizo un desayuno, lo guardó y se ató las agujetas antes de salir. El aire era frío, recordando los sucesos anteriores sintió los ojos picarles. No, no podía llorar. No en medio de la calle. Era muy temprano aún.


Podía ir más tarde a casa de Jihyo, fue al primer lugar que se le ocurrió. Detrás de la casa de enfrente había un parque, era público. Ella fue con cuidado de no encontrarse con los dueños.


Sabía que había un parque porque un amigo suyo, que vivía antes en la misma casa, la acompañaba de vez en cuando. Pero desde hace meses había una familia que se había mudado a la casa de sus amigo. Era una lástima, le caía bien.


Rodeó la reja y cruzó la calle; ir por el patio de la casa era un atajo. Estaba el parque un poco escondido en un pequeño bosque.


A Tzuyu le gustaba, le traía tranquilidad el olor a hierba y la cantidad de flores coloridas que decoraban el lugar. Era como un pequeño lugar secreto; casi nadie más conocía este parque, solo ella y su amigo que ahora vivía en otro país.


Había una casita de madera, rodeada de flores rosadas y enredaderas. Dos columpios de madera y metal oxidado; a la taiwanesa no le importaba, ya que se distraía con el chirrido que hacían al balancearse.


Fue hasta uno de ellos, dejando su mochila en la hierba y se sentó balanceándose con ayuda de sus pies. Algunos mechones de su cabello se movían; su cabello era liso naturalmente, era muy raro que se despeinara. Su papá antes la llevaba al parque comunitario, donde también había un carrito de helado. Allí su mamá y él habían tenido su primera cita. Eran una familia feliz. Aún recordaba como los dos sujetaban sus manos mientras ella hacía equilibro en el balancín.


Después de unos segundos fue que sintió las lágrimas calientes bajar por sus mejillas. Intentó ahogar un sollozo cubriendo su boca, pero salió como un jadeo.


Al levantar el rostro vio a una chica; debía tener su edad, iba muy simple para ser tan bonita; franela, jeans y zapatillas. Su cabello estaba en una trenza que la hacía lucir infantil y sus ojos eran de un café oscuro. Tzuyu no respondió, se le quedó mirando con desconfianza. ¿Qué hace ella aquí? ¿Cómo había encontrado el parque?


-¿Qué haces aquí? -dijo, muy bruscamente y la otra chica se alejó un poco, claramente intimidada.


-Estaba... un poco triste, y dando vueltas me topé con este lugar. No está tan lejos de donde vivo -miraba fijamente el suelo, parecía extremadamente tímida.


Tzuyu tomó su mochila y se la colgó a la espalda.


-Como digas, ni que me importara -pasó junto a ella, sin atreverse a rozarla, dejando a la chica atrás.


No volvió a pensar en la tonta chica que había descubierto su escondite, solo que no se le hiciera costumbre ir a ese parque; era suyo, era su lugar favorito en el mundo.


Fue casi corriendo, bajando unas cuadras hasta llegar a casa de Jihyo. Cuando tocó la puerta, Ji-eun, la mamá, la recibió alegre y con dos besos en cada mejilla.


-¡Jihyo, baja ahora, es Tzuyu! -le gritó, dejando entrar a Tzuyu.


-¡Ya va! -escuchó la voz de Jihyo.


Ji-eun la hizo pasar y sentarse en el sillón. Tzuyu preguntó si mejor podía subir a su habitación y Ji-eun no le iba a negar nada a quien era como su segunda hija.


-¡Qué onda, enana! -imitó el acento que solía usarse mucho en esa casa, mientras entraba a su habitación.


Jihyo estaba mirándose en el espejo mientras peinaba su lacio cabello negro; era muy bonito. Pero no más que el mío, pensó Tzuyu, graciosamente.


-¿Por qué sonríes? -Jihyo alzó una ceja mirándola, inquisitivamente.


Tzuyu nunca le mentiría a Jihyo -Pensaba que mi cabello es más bonito que el tuyo -se encogió de hombros.


-¡Ja! En tus sueños, Zhou -se puso un lindo lazo azul tras su cabeza y sonrió-. ¿Nos vamos?


Las dos bajaron entre bromas Ji-eun terminaba de alimentar a Chaeyoung, la hermana menor de Jihyo.


-¡Esperen en el carro! -gritó desde la cocina y las dos niñas respondieron con el acento de los Park.


-No entiendo por qué insiste en seguir usando el acento cuando estamos en la casa -Jihyo bufó, mientras Tzuyu reía.


-¡Chewi! -escuchaba cómo la hermanita de Jihyo la llamaba desde la cocina, pero su mamá no la dejaba salir hasta que terminara todas sus verduras.


-Otro día, Chae -dijo, con cierto tono

cariñoso y las dos salieron de la casa.


-¿Lista para el primer gran día? -tzuyu dijo juguetona mientras Jihyo seguía arreglando su cabello.


-Normal, solo hay que asegurarse de no terminar en la decadencia social -su tono era feliz, ya que las dos tenían sueños con ser las populares.


-Descuida, Nayeon y Rosé dicen que somos muy cool -se encogió de hombros.


-Mamá dice que a esta edad es cuando nos comienzan a gustar los chicos -la chica de ojos café hizo una mueca-. Aún no quiero tener novio.


Tzuyu suelta una carcajada.


-Entonces ve diciéndole a Daniel, él va a ir a la misma secundaria que nosotras y le pareces linda -rió aún más cuando Jihyo arrugó su nariz.


-No creo. Soy linda, pero podría encontrar chicos mejores -terminaron la conversación cuando Ji-eun las llamó para abordar el auto.


Todo el camino Tzuyu se estuvo repitiendo a sí misma que todo estará bien, este año sería magnífico y le haría olvidar este verano.


-¿Todo bien? -Jihyo colocó una mano sobre su hombro, preocupada.


Obviamente, Jihyo sabía todo al respecto; ella fue quien la ayudó en todo y la dejó quedarse a dormir en la casa de los Park los primeros días del caos entre sus padres.


-Ella estaba llorando hoy, pero al menos hay veces en las que sale de su cuarto -hizo un ladeo de cabeza y su amiga asintió.


Cuando llegaron al instituto, Ji-eun las despidió con un beso en la frente. A Tzuyu le hacía sentirse nostálgica, ya que antes su mamá la trataba de esa forma; ahora estaba muy ocupada lamentándose como para poder atender a su hija.


-¿Los chicos? -preguntó Jihyo, volteando a todos lados. Eran jóvenes que no conocían.


-Los veremos en la primera clase -entrelazó su brazo mientras entraban al edificio.


Las dos notaban las miradas de los chicos sobre ellas. Claro, se habían acostumbrado a arreglarse para llamar la atención. Les gustaba ser las más bonita del salón y, al parecer, ya algunos pensaban así.


-¿Crees que recuerden como se respira? -dijo Jihyo, viendo a un chico mirándola embobado.


-Tal vez. Por si acaso deberían tener un seguro médico -rió un poco la castaña, logrando que su amiga la imitase.


Entraron mirando al salón, algunos las vieron deslumbrados y otros con curiosidad. La primera chica que captó su atención fue una castaña, era muy chiquita. Debía ser una broma, no parecía de su edad. La segunda chica que vio fue a la rubia con flequillo junto a ella. La castaña le hablaba pero los ojos marrones estaban en ellas dos. ¿La estaba viendo a ella? Parecía estar observando con detenimiento. Pero después cayó en cuenta de a quién miraba era a Jihyo, junto a ella, que hacía lo mismo. Fueron unos pocos segundos y después Jihyo volteó a verla, sonriendo.


-¿Al frente? -dijo, tranquilamente, arrastrando una silla de los asientos delanteros.


Tzuyu se sentó junto a ella y dio un breve vistazo a su espalda, a la castaña con cuello largo y a la rubia con grandes ojos, antes de volver a ver a Jihyo.


-¿La conocías? -preguntó, apoyando su barbilla en su mano.


-¿A quién? - Jihyo parpadeaba confundida.


Tzuyu decidió que era mejor dejarlo pasar, puede haber sido una coincidencia. Despuésde que el profesor las mandara a precentarce el resto de la clase fue tranquila.


Había descubierto que la rubia se llamaba Jeon Somi. No tenía importancia, y el minion, Kim Jisoo.


Después de un rato había olvidado los apellidos, nunca fue muy buena con los nombres, así que otra vez volvían ser la rara y la castaña.


Al terminar la primera clase todos estaban saliendo, Rosé una de sus amigas, le dio un guiño.


-Mira esto -dijo con malicia mientras las tres veían a la rara de cabello rubio con flequillo siguiendo a su amiga.


-¡Espera, Jichu! -dijo, con sus libros en los brazos y en ese momento Rosé pasó junto a ella.


La empujó disimuladamente del hombro tumbando todos sus libros. Tzuyu soltó una risilla y, junto a ella, Jihyo parecía divertida; sus ojos estaban fijos en la rubia con... ¿Interés? Pensó la castaña.


-Ay, no te vi -dijo la Neozelandesa, aunque no parecía ni un poco arrepentida.


La rubia le miró con una cara de pocos amigos mientras recogía sus cosas. Tzuyu pensó en divertirse más. ¿Por qué no? Fue hasta ella deslizándose y pateó un libro.


Rosé chocó los cinco con ella mientras daban pequeñas risas.


-Estabas en mi camino -se excusó. La rara la atravesó con sus ojos marrones y sus labios en una línea recta.


Wow, son muy grandes, pensó al ver los ojos de la rara. Claro, raros, como ella.


-Chicas, no sean tan malas -Jihyo sonreía mientras las miraba negando con la cabeza. Volvió su atención a la chica en el suelo-. Pobrecita, Tzuyu.


A Tzuyu le molestaba como la rubia miraba a su amiga, lo hacía con una mezcla de enojo y curiosidad. Hizo que Jihyo y Rosé la siguieran hasta ir por el pasillo, lejos de la rubia.


-Esa chica es una rara, no me sorprendería si la comen viva el primer día de gimnasia -Tzuyu dijo con burla mientras Rosé asentía.


Jihyo simplemente se encogió de hombros y asintió.


-Te veo en el almuerzo -Jihyo le aseguró antes de darle una sonrisa e irse por el pasillo con Rosé.


Movía las caderas y apartaba el cabello de su hombro, ganando miradas de todos los chicos. Tzuyu sonrió, ya que sabía que Jihyo lo hacía a propósito.


-¡Tzuyu! -dijo alguien tras ella y, al ver, era su bajita favorita.


-¡Nayeon! ¿Cómo fueron tus vacaciones? ¿Cuántas veces rezaste el credo? -se burló y recibió un golpecito en su abdomen.


-Ningún credo, mis padres me tienen harta con esas costumbres -la bajita se cruzó de brazos apartando un mechón de cabello de su rostro con un soplido.


No importa cuánto Nayeon quisiera parecer rebelde para aparentar ser de su grupo, nunca le salía, era muy adorable para eso. Sus padres eran muy católicos y la pequeña había sido educada con sus creencias religiosas. En primaria era una santica.


-¿Vas a geografía? -dijo, mientras las dos iban entrando al salón.


-Me leíste la mente, Nayeon-revolvio su cabello y entraron.


No miró los rostros de sus compañeros mientras entraba, en cambio fue directo a un asiento charlando animadamente con Nayeon.


Se encontraron con Minho, un viejo amigo de primaria también; era muy guapo y de cabello castaño pero Tzuyu no estaba interesada de esa forma. (Creo que nunca estará interesada por alguien en ese sentido). Recordando que Zhou Tzuyu era una cínica. Fue en el momento de las presentaciones que pasó, ella se había levantado y dicho su nombre y ya. Varios chicos murmuraban sobre que era linda o si tenía novio. Hombres. Rodó los ojos.


-¿Minatozaki Sana? -repitió el profesor, llamando a la chica que antes no había respondido.


A la castaña poco le importaba, ella estaba interesada en lo que decía Minho. Escuchó una silla arrastrarse y unos pasos torpes, se había tropezado y varios chicos se rieron. Tzuyu vio a una chica de su mismo tamaño y de cabello rosa en una cola; era la misma de esta mañana, no lo podía creer. ¿La estaba siguiendo a todos lados, acaso?


-Soy... Mi nombre es Minatozaki Sana, un... un gusto -su voz temblaba un poco y su rostro estaba ligeramente ruborizado.


Tzuyu entrecerró los ojos. Esa chica debía de ser muy tímida, estaba casi temblando.


-Descuide, Sana. Vuelva a su asiento -el profesor la compadeció y la chica fue casi corriendo a sentarse.


Pasó junto a la castaña y en eso sintió su perfume a canela; se quedó unos segundos aspirando el olor. Volteó a verla y Sana estaba con el rostro bajo, viendo sus manos; era extremadamente callada y bonita. Bonita. Gran palabra, Zhou, ella solo es otra chica rara, se dijo así misma.


No volvió a voltear a verla, sus ojos estuvieron todo el tiempo en sus dos amigos, ya que la clase tampoco le parecía interesante.