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M A F I O S O [One-Shot] Kakavege

Summary

Goku, un mafioso Francés que atesora a su querido par, Vegeta; un Italiano con experiencia en el ambiente casto del crimen, ambos son una pareja de mafiosos, unos amantes que buscan levantar aún más su imperio mientras que en las sombras de su alcoba se encuentran bajo el amor y lujuria que ambos comparten. One Shot que escribí anteriormente con menos narración, hechos y realmente con final muy diferente, ahora lo retoque, lo detallé y le di más dinámica, y decidí darle su lugar aparte 🤧 Historia de una sola parte. Pareja: Kakavege (Goku x Vegeta) Contenido Yaoi chico x chico y +18, leerlo está bajo tu propia responsabilidad! Personajes pertenecientes a Toei y Akira Toriyama todo poderoso 🛐

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

💸 Mi tesoro 💸






-Está muerto.– se oyó decir con hueco en aquella habitación oculta de la gran ciudad.

-¿E morto? / ¿Está muerto?– bajo la tenue luz al oír lo confirmado, tomó a su lado la mano con delicadeza varonil decorada bajo un anillo dorado con rubí, se inclino y besó el dorso. -Pour toi mon amore/ Para ti mi amor.– observó los ojos azabache de su compañero y amante con afecto y admiración.

-Quando miprovocanoli pagano./ Cuando me provocan las pagan.– respondió con total seriedad ante la observación del muchacho que llegó con la noticia y trabajo hecho sin entender absolutamente nada de lo que hablaba la pareja. -Lasciarloandare. / Que se largue.– demandó levantando su cabeza en dirección al muchacho que aún esperaba ansioso de no estar seguro que todo esté bien.

El contrario asintió ante el deseo de su amante, -Toma.–tendió un fajo de billetes en un viejo escritorio -Y vete.–terminó dándole una mirada directa.

El muchacho con total seriedad hizo una pequeña reverencia, tomó el dinero en silencio y se largó abriendo la puerta cerrándola con total cuidado, realmente ningún cuidado hacía falta en un lugar como esa covacha de reuniones sencillas.

El muchacho de menor estatura lanzó una ojeada a su dúo y encendió un habano con una media sonrisa que marcaba su oyuelo, se echó en la silla y subió su pie sobre su rodilla a relajarse.

El de cabellos rebeldes ante la tranquilidad de su compañero entendió que tenían un caso cerrado -Muy bien.sacó una carpeta con informes, documentación y hasta fotos de personas, tomó uno de ellos -Uno más que jode, otro más a la morte.–tomó los papeles, acercó un plato, ante un vidrio ya limpio apoyó uno de los papeles, y con un zipo lo encendió en una llama rápida que lo redujo en cenizas.

-Te dije que dejes de quemar papeles aquí Kakaroto.acotó mientras daba otra pitada al gustoso habano.

-Tú quemas éso y yo no te digo nada.–mencionó mirándolo con una sonrisa pícara.

Vegeta lo miró alzando una ceja, y luego le ofreció aquél puro, el cuál fue aceptado por el contrario, dando también una fuerte pitada.

Se acercó a su compañero con intenciones de besarlo, él como respuesta acercó de igual forma, pero con la intención de morder esos labios a modo provoqué, y luego seguir en un beso con gruñido y mucho humo entre ambos.

-Mi tesoro eres tú.–habló Kakaroto a centímetros de su boca, -No todo ese soldi que llega.–acariciaba su nariz con la contraria mientras cerraban sus ojos para ofrecer otro choque casto de labios.

Nadie imaginaba cuánto amor podía haber entre ese dúo de mafiosos, que caminaban en las calles emanando miedo y respeto por iguales partes, un italiano y un francés en las actuales urbanas llevando una tradición oscura de dos familias diferentes a un sólo control y sistema manchado en sangre y cautela, dos cabezas que cual pirámide debajo suyo tantos besaban sus pies en respeto y cuidado. Pues en ellos dos sólo existía esa complicidad, ese fuego y cálculo, eran intocables.





La ciudad se hallaba sumida en las sombras y en el resplandor tenue de las luces, las dos figuras imponentes caminaban juntas por las calles empedradas. Eran conocidos como las sombras de la ciudad, no eran simples criminales que habían tejido su propia red de influencia y poder.

Esa noche de negocios, en uno de sus refugios apartado, lejos de las miradas indiscretas. Ambos compartían una conexión que iba más allá de los negocios turbios y las alianzas estratégicas. Siendo amantes, dos almas afines que encontraron su refugio en la oscuridad del mundo que habían subconstruido, los besos ruidosos y las manos traviesas se hacían a cada instante más y más intensos, Vegeta sentado en el escritorio mientras abrazaba por el cuello a su dúo, él entre sus piernas presionando su pelvis para hacerle notar el deseo inminente, al separarse a centímetros el uno del otro -Ahora no, hay mucho que hacer.–frenó Vegeta aunque deseoso de sexo, era mucho más cauteloso ante el mundo que vivían, sabía que no era momento si quiera para uno apresurado.

-Hoy te ves bellissimo Vegeta.–soltó sobre su boca con un suspiro jactandose de su anhelo, presionando más de la cintura hacía su cuerpo.

-Lo sé.–terminó dándole un pequeño beso para luego apartarlo y caminar rumbo a su reunión, sin más rechiste, Goku dió un pequeño suspiro tratando de aclarar su mente y clara calentura caminando tras de él.

La noche estaba envuelta en un manto de secretos y conspiraciones, pero para ellos, cada rincón oscuro estaba impregnado de complicidad y deseo. Goku, como se hacía llamar ante los demás, con su mirada penetrante y traje a medida negro, sostenía la mano de Vegeta, un hombre de belleza inquietante y una astucia que rivalizaba con la suya, de igual forma vestía su traje bermellón.

Mientras el más alto manejaba aquél Mustang GT negro con polarizado, eran épocas tranquilas hasta nuevo aviso, trataban de disfrutar de lo suyo mientras hablaban de proyectos y aquellos posibles problemas allegados ante la última muerte de un rival, al mismo tiempo que compartían planes, revelando detalles de operaciones clandestinas.

Aún entre la maraña de intrigas, siempre encontraban tiempo para perderse el uno en el otro.

-Cómo están tus hijos Vegeta.– habló el más alto posando su mano en el muslo del nombrado, acariciando con sus dedos en señal de cariño.

-Ellos excelentes, peroaúntodo es complicado, la familia busca más alianza, no debí casarme con la hija de un viejo avaro como ese tipo.– respondió frunciendo el ceño mientras veía hacía el frente meditando su situación.

-Hm, la mafia rusa es complicada.– respondió con un pequeño gesto de comprensión.

-Aún es mejor aliarse con el bando complicado, ya lo resolveré.– terminó dirigiendo su mirada con una pequeña sonrisa de tranquilidad mientras acariciaba por encima la mano que aún mimaba su muslo.

En esa noche de tranquilidad, llegaron a un elegante club propiedad de su organización.

La oportunidad se presentó aquella misma, una nueva amenaza trataba de quitar la paz alcanzada.

Vegeta, siempre el estratega, tomando en cuenta su situación, decidió aprovecharla y tomar un enfoque diferente. Propuso una tregua, sellada con un pacto matrimonial entre sus dos familias, aquella familia que tuvo alguna vez con aquella bella mujer de cabellos turquesa, antes de cruzarse en su vida al alto con mente condensada, la frialdad y el calor en un sólo ser.

Goku observó con admiración mientras su amante tejía hábilmente las alianzas necesarias para asegurar la paz. Era un recordatorio constante de por qué lo amaba, la seriedad y control al cien en un sólo ser, no podía negar que aquél Italiano lo traía de mal para bien.

Más tarde, una vez la velada terminó cerrada en una buena tregua, ambos se hallaban en la habitación de su lujosa casa bajo los efectos del whisky, aún sus trajes presentes hacían que el calor, presión y por ende, el deseo fuera más en abundancia, además, el encuentro de antes había dejado al más alto con anhelos inminentes.

Aquellos besos se oían fuertes para la ebriedad del dúo, Goku comenzó a quitarle el saco a su amante mientras debora su cuello, parecía saciar un hambre de meses, de igual forma Vegeta comenzó a deshacerse de la misma prenda del contrario, a pasos erráticos ambos cayeron en la cama.

El más alto y quién ahora estaba arriba volvía a besar el cuello de su amor, en su concentrado trabajo, Vegeta comenzaba a desprender los botones de su camisa.

-Vegeta, no aguanto más.– habló entre suspiros bajo el éxtasis del deseo, presionando su entrepierna con la contraria, quitándose la ahora desprendida camisa, dejando ver ese torso marcado y grande cuerpo que a su amado, lo traía loco.

Un escalofrío recorrió el cuerpo de Vegeta, lo llevó a morder su labio inferior, subiéndole la adrenalina ante el deseo y voz excitada del contrario, que le desprendía los botones algo errático y apresurado, observaba su mirada seria en su labor y boca entreabierta para dejar salir esos suspiros de contención.

-Non aspettare/ Ya no esperes.– le avisó en un tono de voz bajo mientras ahora veía a su compañero con un sonrojo visible y de igual forma la boca pidiendo salir un sentimiento de apogeo.

Goku ante tal mirada soltó un respiro cortado, casi sentía que aquello era un fuerte escalofrío, mientras quitaba apresurado su cinto y pantalón de vestir junto con ropa interior, Vegeta observaba aún mordiendo su labio inferior, guardando todo para el acto, Goku hizo lo mismo con su amante, quitó accesorio y botón para luego bajar ese pantalón mientras besaba del cuello, al pecho, abdomen e ingle, los suspiros respondían a su trabajo.

Los calzados ya habían desaparecido sin siquiera darse cuenta, sólo estaban presentes dos cuerpos íntimos que se hallaban en un roce y humedad continúa.

Goku volvió a subir mientras se acomodaba entre las piernas de su amado y besaba con pasión nuevamente, éste lo abrazó por detrás del cuello para atraerlo más, sentir pecho con pecho, y un evidente choque entre sus activos miembros que los hizo suspirar y excitarse aún mucho más.

Comenzó a preparar a Vegeta mientras aún seguían en un abrazo y besos intensos, los jadeos de su tesoro se hicieron presentes, causando que su corazón latiera fuerte ante la necesidad de mover toda la sangre por sus venas con más rapidez.

Comenzaba lento, seguía el paso, la respiración eran respuestas a añadir más velocidad y longitud, seguía con cuidado ya que, de su imperio él era el más grande logro y tesoro, no se permitiría hacerle el más mínimo daño.

- Perfavore fallo. / Por favor hazlo.–gimió Vegeta en el oído del contrario mientras apretaba el abrazo en su espalda, casi clavando sus uñas en ruego, Goku sentía el anillo de oro casi hirviendo sobre su piel.

Sabía que las súplicas era un método de provocación que utlizaba Vegeta para volverlo loco, ese tipo frío entregado y rogando que lo hiciera suyo una vez más.

En un sólo movimiento de su mano y cadera estaba adentrándose lentamente en su amante mientras escondía su cara entre cuello y cabeza, mordiendo el lóbulo de su oreja, sabiendo cómo volverlo loco.

-¡Ah!soltó el mayor en respuesta, cerrando sus ojos al sentir ese calor y longitud dentro suyo, sus labios estaban húmedos y e hinchados de tantos besos y mordidas.

-Hm, te deseo tanto.– gimió casi en un gruñido para el de menor estatura aún en cuello, disfrutando su olor natural y perfumes fusionados, pegaba nuevamente sus pechos con fuerzas, queriendo fusionar mucho más que algo meramente carnal.

Goku comenzó con el movimiento lento de caderas mordiendo el cuello, Vegeta abrazaba con sus brazos y piernas la ancha espalda, jadeos y gemidos continuos sin ningún pudor salían de la garganta del más preciado rubí de aquél francés, lo cuál encendían más la llama y aumentaban los latidos en ambos, el siendo el dominante de la cama, tampoco se quedaba atrás puesto que el cuerpo debajo suyo era el más deleitante néctar, y sabía que gemir en el oído de su amante, lo volvía loco por demás.

Cuando menos esperó la noche, los golpes y gemidos eran notorios, la delicadeza había quedado atrás, y ningún impulso fue resguardado, era hora de dejar salir cada pizca de apetito.

Y en la calma de su alcoba, por fin compartieron un momento íntimo, con fuego intenso, donde las preocupaciones del mundo exterior se desvanecieron, acabando ambos casi temblorosos, húmedos ante sudor, saliva y otros flujos de ambas partes, la luna había atestiguado ante el encuentro que sólo quedaría entre la pareja de mafiosos que se amaban con la misma locura que llegaron a amar la ambición por más.






Era un nuevo día, y la noche anterior era un trago dulce que inspiraba fuerte en la mente de Goku, revisó los informes sobre la mesa de caoba con una expresión imperturbable. Vegeta, a su lado, hojeaba fotografías de posibles testigos que podrían convertirse en problemas. El día había sido tranquilo y la habían disfrutado en la cama el uno junto al otro, pero la noche se extendía ante ellos como un lienzo oscuro lleno de oportunidades y riesgos.

Habían ideado un plan meticuloso para hacerse con el control de los muelles, una pieza clave en la red de actividades ilegales de la ciudad. La competencia era feroz, y debían ganar lugar para nuevas hazañas, pero Vegeta ya era conocido por su astucia, y Goku por su capacidad para manipular situaciones a su favor.

La primera fase del plan estaba en marcha. Un rumor estratégicamente filtrado había sembrado la discordia entre dos bandas rivales. Goku observó desde la sombra mientras los mafiosos rivales caían en la trampa, desviando la atención de su verdadero objetivo, bajar la red de el mítico dúo.

Vegeta, con su elegancia calculada, se infiltró en la alta sociedad para desviar la atención de las autoridades. Organizó una gala benéfica en la que cada movimiento, cada sonrisa, estaba cuidadosamente planeado para encubrir las operaciones ilegales, mover aquellas sustancias incluso para los más poderosos era un riesgo a tomar.

La noche marchaba junto a la operación, Goku y su equipo más confiable se deslizaron por las sombras de los almacenes del muelle. Los guardias, sobornados o intimidados, no representaban un obstáculo. Gracias a todo el equipo, la información privilegiada que habían obtenido les permitió burlar cada trampa y cerradura con una precisión casi sobrenatural.

Vegeta, desde su posición en la gala, jugaba su papel a la perfección. Mantenía la atención de los invitados y, al mismo tiempo, pasaba información crítica a Goku a través de un dispositivo oculto. Era una danza delicada entre la intriga y la acción.

En el corazón del almacén, Goku desentrañó un paquete de documentos que revelaban los negocios turbios de la competencia, aquellos estaban perfectamente ordenados. Era la clave para derribar, prever sus operaciones y consolidar el control.

Justo cuando la operación parecía estar en su punto culminante, una figura emergió de la penumbra. Un antiguo socio, traicionero y codicioso, se había escabullido entre la operación y se presentó con una oferta tentadora para unirse a sus fuerzas. Goku sonrió con ironía, entendiendo la verdadera naturaleza del juego.

Cerró los documentos con una expresión que dejaba entrever su insatisfacción. La oferta del antiguo socio no era más que un último intento desesperado de sobrevivir en un mundo donde la lealtad era tan fugaz como el humo de un cigarrillo. Pero Goku no se dejaba engañar fácilmente.

- Grazie,pero no necesitamos socios codiciosos.respondió con calma, su voz resonando en el almacén, nadie más que él y Vegeta podían generar rumbos. Ordenó a sus hombres que escoltaran al intruso fuera de su territorio, recordándole que en el mundo de los mafiosos, la traición era un juego peligroso.

Mientras tanto, Vegeta mantenía la fachada en la gala, su sonrisa radiante y su charla encantadora ocultaban las verdaderas maquinaciones que ocurrían en las sombras bajo el territorio contrario, eran conscientes de que una posible guerra era desatada. Era una noche en la que los destinos de los muelles, y por ende el poder de la pareja, se estaban sellando.

De regreso en la mansión, Goku y Vegeta se reunieron para revisar los últimos detalles.

La operación había sido un éxito, aunque la paz era efímera. Sin dudas sus enemigos se reagruparían, y nuevos desafíos surgirían en el horizonte.

La pareja de mafiosos se miró el uno al otro, una complicidad profunda en sus ojos.

-Mon amore, lo has hecho excelente.– reconoció Goku mientras se acercaba a besarlo en un abrazo.

-Sin ti no sería lo mismo.– respondió el de menor estatura a centímetros de sus labios, acariciando con ambas manos sus cabellos detrás de su cuello, regalando un cariño de satisfacción.

A medida que los primeros rayos de sol iluminaban la ciudad, Goku y Vegeta nuevamente se vieron sumidos en la oscuridad, listos para enfrentar los desafíos que el mundo criminal les deparaba, la nueva toma de muelles era un placer con doble filo. Su imperio crecía, su influencia se extendía, y aquellos que se interponían en su camino eran simplemente piezas en un juego que estaban pisibles a perder.

De madrugada, Goku se recostó en el respaldo de su silla, observando el mapa extendido sobre la mesa de caoba.

Aunque la operación había sido un éxito, la desconfianza se filtraba en su mirada. La figura del antiguo socio traicionero lo perseguía sin dejarlo pegar ojo, el mismo había arrojado una sombra sobre su victoria. Sabía que en el mundo de la mafia, las alianzas eran tan volátiles como la pólvora, y debían estar un paso adelante.

Vegeta, lo acompañaba con una copa de whisky en la mano, caminaba de un lado a otro de la habitación. Su mente estratégica estaba en pleno funcionamiento. Habían ganado una batalla, pero la guerra demandaba una astucia continua. Ambos sabían que, en los círculos criminales, la complacencia era una sentencia de muerte.

-No bajes la guardia, Vegeta.– advirtió Goku, su voz resonando con autoridad. -El éxito nos ha puesto en el punto de mira. Otros querrán lo que hemos obtenido.–

Vegeta asintió en silencio, encendiendo un nuevo cigarro para calmar la mente, sus ojos oscuros reflejando una determinación férrea. La pareja de mafiosos se sumergió en la planificación de la siguiente jugada. Nuevos enemigos se alzaban en el horizonte, y la ciudad estaba llena de secretos por desentrañar.






En los días siguientes, Goku y Vegeta expandieron su influencia de manera exitosa y vertiginosa. Operaciones clandestinas, sobornos, y alianzas estratégicas tejían una red que se extendía como una telaraña. Pero la sombra del antiguo socio aún persistía. Goku, con su agudo instinto, comenzó a sospechar que la traición estaba lejos de haber llegado a su fin.

Una noche, mientras la ciudad dormía, recibieron una advertencia cifrada de parte de uno de sus aliados. Un mensaje en clave que sugería que el antiguo socio que trató con Goku no era el único enemigo. Alguien desde las sombras intentaba desestabilizar su imperio.

La paranoia se filtró en la mansión mientras Goku y Vegeta intentaban descifrar las señales, era de esperar, pero dos son peores que uno si con ellos llevaban muchos más. Cada sombra de la ciudad parecía esconder una amenaza potencial para el dúo. El juego en el mundo del crimen nunca tenía fin.

La ciudad despertó con la noticia de una explosión en uno de los almacenes clave. Goku y Vegeta se miraron con una expresión que reflejaba la comprensión de que la verdadera batalla acababa de comenzar.

-Vegeta, no es la primera vez, pero quiero que te cuides muy bien.– habló sin verlo directamente mientras observaba papelerío y piezas clave, no podía imaginar una vida sin él, pero tampoco podía verlo directamente ya que la culpa lo comería si algo le pasara.

-Kakaroto, ¿qui venait d’une famille de mafia italienne? /¿Quién vino de una familia demsfiosositalianos?- llamó su atención con un cigarrillo en su boca mientras levantaba un subfusil en señal de estar listo para lo que venga.

Goku sólo levantó la mirada a su amante, y esbozo una medía sonrisa ante la audacia, sobre todo lo muy preparado y experimentado que estaba el contrario, pese a todo el recorrido, sin dudas quien más vivió una vida de criminal, era su amado de cabellos de flama.

Las llamas iluminaron sus rostros compartiendo aquella audacia y complicidad, destacando la determinación en sus ojos.

Enfrentarían la tormenta que se avecinaba con la misma ferocidad que habían usado para construir su imperio en la oscuridad.

La guerra en la sombra continuaba, y ambos estaban dispuestos a defender su reinado a cualquier costo.

La mansión estaba sumida en una penumbra opulenta cuando la pareja se encontraron en la sala de reuniones clandestina junto a sus aliados. Los cigarros llenaban el aire con su humo espeso mientras repasaban los informes de la operación exitosa. Sin embargo, no había lugar para la complacencia.

Goku apagó su cigarrillo con un gesto decidido, ya no había mucho más por analizar, miró a todos por igual. -La estabilidad es imposible en éste mundo. Debemos estar preparados para lo que viene.– advirtió, su mirada penetrante por último fijándose en Vegeta.

El principe de todas las cosas ilícitas asintió a Goku con solemnidad, un orgullo inundó su corazón. La gala había sido solo un capítulo en su intrincado juego de poder. Nuevos rivales se alzaban, y debían ser eliminados rápidamente antes de que amenazaran su creciente imperio ahora bajo amenaza.






Las luces de la ciudad destellaban más allá de las ventanas de la lujosa casa, y una sombra de intriga se dibujaba en el rostro de Vegeta quién había recibido nuevas noticias. -Kakaroto, hay rumores de que una familia rival está tramando algo grande. Hay que anticiparse.– declaró , sus ojos centelleando con una mezcla de astucia y desafío hacía el mencionado.

Goku quién estaba sentado frente a su escritorio de caoba, se levantó de su asiento con la gracia de un depredador, viendo a su amado de manera convencida a abrir fuego si era necesario. -Un buen sobreviviente caza antes de ser cazado.ambos se sumieron nuevamente en la noche sin pegar ojo, planeando junto a los más fieles aliados, y bajo una ciudad puesta cual tablero de ajedrez, en la que cada movimiento debía ser calculado con una precisión letal.






Días después, mientras la ciudad se sumía en la rutina aparentemente tranquila, la red de informantes de Goku y Vegeta reveló un complot en ciernes. Era una familia rival, resentida por la pérdida en los muelles, la misma tramaba un golpe maestro, pero ellos estarían sin dudas un paso adelante.

En una reunión clandestina dentro de aquella habitación oculta en un oscuro callejón, Goku y Vegeta tejieron una telaraña de estrategias. Planearon emboscadas, sobornos y alianzas secretas, para contrarrestar la amenaza emergente. La guerra en las sombras se intensificaba a cada día como era de esperarse.

Una noche, el momento de abrir fuego y la confrontación llegó tal y como se avistaba.

Goku y Vegeta se miraron el uno al otro con un brillo oscuro en sus ojos, dejando de lado el corazón, se separaron para unirse a sus compañeros a contraatacar, el sonido de disparos y la vibración de la ciudad eran la sinfonía de un enfrentamiento inevitable. Goku no dejó brazo a torcer acompañando con su empuñadura al arma, con su destreza táctica lograba derribar sin más complicaciones, y Vegeta, con su ferocidad y experiencia no dejó bala perdida, ambos lideraron a sus hombres en unos movimientos mortales por las calles adoquinadas.

El humo de la batalla se disipó para revelar una victoria estratégica para el dúo. Goku, de pie entre las sombras, observaba cómo todos los rivales caídos marcaban otra página en su historia criminal.

La pareja de mafiosos se miró, y en el silencio de las vidas arrebatadas, entendieron que, en este mundo sin piedad, cada amanecer traía consigo una nueva amenaza.

Goku ofreció una sonrisa a su amado para acercarse a su oído y susurrar -Ticompreròunnuovoanello. / Te compraré un nuevo anillo.– Vegeta le regaló una media sonrisa pícara mientras ambos observaban en su mano derecha el rubí que le había regalado la primera vez que se vieron enfrentados a la muerte, saliendo victoriosos, la muerte era algo común pero razones para celebrarlo no las dejarían detrás.






Los meses pasaron, y el imperio de Goku y Vegeta se consolidó aún más. La ciudad, envuelta en un manto de misterio, estaba bajo su dominio.

Una noche, mientras disfrutaban de una cena, bajo una velada íntima en su lujosa casa, se vieron cerrando un nuevo aniversario de pareja.

-Toma mi amore.–avisó Goku mientras le entregaba una pequeña caja a Vegeta, al mismo tiempo que volvía a pitar de su blunt después de aquella cena con velas y música lenta sonante por lo bajo.

Vegeta se vió emocionado como si su niño interno quisiera tomar presencia, el contrario lograba eso en él sin esfuerzos exagerados, al abrir la pequeña caja observó un anillo oro totalmente, con un pequeño diamante incustrado, parecido a una alianza, los ojos azabache de Vegeta brillaban ante la alhaja - Èamorevole./Es hermoso.–afirmó viendo con cariño y una pequeña sonrisa su regalo en ese momento íntimo.

Goku tomó a Vegeta de la barbilla con delicadeza para que lo viese, el contrario sin comprender observó con intriga a su amado.

-¿Vuoisposarmi, tesoro mio?/¿Quieres casarte conmigo mi tesoro?– propuso el muchacho francés en un italiano perfecto para su querido par.

Vegeta ante eso abrió más sus ojos en sorpresa, observó el anillo y nuevamente a su Kakaroto para casi en un suspiro responder -Certo che voglio. /Por supuesto que quiero.– sin dudar mucho más tomó al contrario de su rostro para besarlo de forma intensa y tierna por partes iguales, correspondido certeramente por su ahora prometido.

Goku tomó el anillo y la mano de Vegeta, colocó el mismo en su dedo anular, luego besó el dorso con cariño como le gustaba hacer, y que su querido compañero sepa lo mucho que lo amaba.

La pareja continuo su reinado en la ciudad, expandiendo su influencia y enfrentando desafíos con la misma determinación que los caracterizaba. El amor y la nueva página entre ellos seguía siendo la fuerza que les daba fortaleza en medio de la oscuridad.

En las noches silenciosas, mientras la ciudad dormía ajena a sus maquinaciones, Goku y Vegeta se encontraban en la cima de su imperio. Juntos, como amantes, compañeros, socios en el crimen, y ahora esposos, tejiendo una tela intrincada de poder y secretos que mantenía a todos a su alrededor cautivos en un juego sin fin.

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