One–Shot
Reo suspiró temblorosamente, agarrando fuertemente la parte inferior de su chaqueta blanca de la escuela Hakuho entre sus dedos. Se sentía mareado entre los ruidos de los vehículos a su alrededor, su cabeza palpitaba horriblemente a cada minuto. Detuvo sus pasos cuando de pronto se sintió mareado, respiró lentamente y un ligero calor invadió todo su cuerpo, especialmente en la parte baja de su abdomen.
Debería haber aceptado la oferta de Ba-ya de llevarlo a Hakuho en lugar de caminar solo. Se negó a que lo subieran al vehículo porque cuando dio un paso para subir a la limusina, el olor que desprendía le provocó muchas náuseas.
Sintió un hormigueo en la piel y un burbujeo en el estómago. Podía sentir su propia boca más seca que el desierto, con su mano temblorosa alcanzó la botella en su mochila, se la llevó a la boca sedienta, derramando algunas gotas que se deslizaron por su barbilla y cuello.
Suspiró profundamente un par de veces, a pesar de que el sol había salido un poco, no emitía suficiente calor como para sofocarlo así. Sintió un calor horrible, sudando más por el uniforme, la camisa, el chaleco y la chaqueta en su piel. Su cabeza daba vueltas con fuerza y, por un momento, pensó que se desmayaría y caería al suelo.
Una mano agarró con cuidado su brazo, ayudándolo a mantenerse estable. Era una señora de cabello castaño y expresión preocupada.
—¿Estás bien, joven?—Preguntó la señora que estaba pasando por su lado.
—Estoy bien, gracias—Murmuró, levantándose mejor. No quería preocupar a la señora, pero ni siquiera podía dar un paso adelante cuando un jadeo escapó de sus labios al sentir un repentino calor en su interior.—No... no creo que me siento bien.
La señora rápidamente colocó su brazo sobre su espalda, era la primera vez que se sentía tan perdido.
—¿Quieres que llame a tus padres? ¿O a una ambulancia muchacho?—preguntó la señora ayudándolo a mantener el equilibrio.
—No, gracias, puedo arreglármelas solo.—Reo tomó suavemente la mano de la mujer, alejándola ligeramente.—Sólo me voy a casa a descansar.
—¿Quieres que te llame un taxi? No pareces estar en condiciones de ir solo por tu cuenta.
Ella está en lo correcto ni siquiera puede mantenerse en pie sin que el calor en la parte inferior de su abdomen palpite horriblemente o que su dolor de cabeza lo moleste a cada segundo.
Pero es un Mikage y además muy terco. Reo sacudió lentamente la cabeza.—Muchas gracias por su preocupación, pero puedo llegar.
Reo dio un paso adelante con todas las fuerzas que pudo reunir y caminó hacia adelante bajo la mirada preocupada de la señora. Cuando estaba a unos siete metros de distancia, se giró levemente, agitando su mano en señal de despedida a la mujer y comenzó a caminar por donde ni siquiera él sabía, sus pies se movían de forma automática.
A donde se dirigía ahora, el edificio Mikage estaba a unos quince minutos en limusina y treinta y cinco minutos a pie, bastante lejos. En su estado actual, llegaría en tres horas y eso si se daba la vuelta pronto ya que iba en la dirección equivocada. Su mente reconoció el árbol de la esquina, estaba cerca de la casa de Nagi. Podía descansar allí un rato mientras el albino estaba en Hakuho.
Le tomó exactamente media hora llegar al apartamento de Seishiro, sus tropezones con sus propios pies y pasos tambaleantes como su mente nublada lo hacían difícil, sin mencionar las escaleras que se le dificultó subir. Estaba tan cansado. Se inclino un poco para sacar la segunda llave del lugar que estaba escondido debajo de una maceta, mas se llevó la mano izquierda a la boca tapando el grito ahogado que dejó escapar al sentir una pequeña cantidad de humedad en su trasero.
Abrió la puerta del apartamento, apoyándose en ella después de cerrarla, sus piernas comenzaron a debilitarse hasta desplomarse en el suelo, retorciéndose mientras una mano presionaba esa zona caliente y la otra cubría su boca.
Su teléfono vibró varias veces y se sentó, alcanzando su bolso para recuperar su teléfono. En la pantalla de su teléfono móvil estaba su calendario del ciclo de calor.
Sus ojos se abrieron con sorpresa, olvidando momentáneamente el dolor.—¡No! Esto debe ser una maldita broma.—gritó, apretando su abdomen con fuerza.—¡Maldita sea! No puedes hacerme esto.
Su celo se adelantó unos días. Había estado algo ocupado con el entrenamiento de fútbol con Nagi y se había olvidado por completo de su celo, ni siquiera tenía supresores en algunos bolsillos de su uniforme.
Gateó rápido y desesperadamente para alcanzar su mochila dejando caer sus cuadernos, lápices, borradores y un pequeño pastillero. Un gemido de dolor lo atacó provocando que volviera a desplomarse, arqueando su espalda contra el suelo.
—No puede ser—Murmuró entre sollozos. El estuche de las pastillas supresoras estaba vacío, no quedaba ninguna. Quizás en su última visita dejó unos en la habitación de Nagi.
Se levanto arrastras con el cuerpo empezando a arder y se dirigió a la habitación del albino, agarrándose a las paredes. La última vez que regresó de entrenar con Nagi, dejó una botella de supresores por si acaso. Estaban en un cajón del baño junto con las pastillas del Alfa y el botiquín de primeros auxilios.
Abrió la puerta de la habitación escaneando rápidamente el lugar. Jadeó ante el olor de las escasas feromonas del Alfa cuando llenaron sus fosas nasales y pulmones. Su parte inferior comenzó a arder de una manera que se sentía tan bien, su cuerpo estaba reaccionando al impacto de las feromonas del Alfa que no pudo evitar dejar escapar un fuerte gemido.
Caminó hacia la puerta del baño y miró su reflejo en el espejo. Su rostro estaba rojo por el calor, especialmente concentrado en sus mejillas, sus ojos estaban llorosos y perdidos, sus labios ligeramente entreabiertos y secos por los jadeos que soltaba constantemente. Abrió el espejo de golpe, buscando sus supresores, dejando a un lado todo lo demás. El fracaso no estaban allí... la maldita botella con sus supresores no estaba allí. O los dejó en la casa de Nagi, o se equivocó, o tal vez el Alfa los tiró accidentalmente.
Caminó hacia la cama, recostándose donde dejó escapar un grito frustrado contra las feromonas dispersas de Seishiro, frotando un poco su rostro contra las sábanas. Cerró los ojos con fuerza, intentando aliviar el dolor en su abdomen. Sus ojos pesados vieron el pequeño cactus al lado de la ventana. Choki iba a acompañarlo en su pequeña agonía. Hacía tanto calor que quiso arrancarse la piel.
¿Qué iba a hacer? El dolor era cada vez más frecuente, su mente se nublaba por lo que pronto perdería la razón por completo. Su cuerpo empezó a temblar de vez en cuando, sentía que se le erizaba la piel y que el calor le llegaba al vientre. Se giró hacia su lado, mirando el armario de dos puertas, entrecerrando los ojos cuando notó una prenda de vestir que sobresalía. Su olfato Omega saltó cuando captó más de ese delicioso olor.
Se dirigió hacia el armario gateando lentamente ya que sus piernas se debilitaban al estar de pie, necesitaba esa prenda que le hacía burbujear el estómago, sus manos aterrizaron en el armario con puertas corredizas y fue allí donde una gran cantidad de feromonas Alfa chocaron con su nariz. Dejó escapar un suspiro de satisfacción al sentir el aroma de Nagi rodear su cuerpo, era jodidamente placentero.
Miró la sudadera negra, esa sudadera que Nagi siempre usaba y que estaba llena de sus excitantes feromonas y no solo esa prenda, toda la ropa de Seishiro todavía tenía feromonas a pesar de estar toda lavada y en perchas. De un tirón sacó la prenda, sus manos temblorosas no le ayudaron a desabrocharse las prendas de su chaqueta y chaleco con facilidad, pero cuando finalmente logró hacerlo arrojó sus prendas en algún lugar de la habitación, dejando su pecho expuesto para rodearlo con el perfume de las feromonas de la prenda negra que llegaba hasta sus muslos.
Sus ojos se fijaron en la canasta con ropa sucia y encima de ella encontró la camiseta sudada que usó Seishiro cuando entrenó ayer por la tarde. El recuerdo de sus brazos flexionándose al beber agua o el momento en que agarró la pelota flexionando su brazo derecho lo emociono. Tragó pesadamente, agarrando la camiseta blanca de Hakuho entre sus dedos e instintivamente se la llevó a la nariz, inhalando las feromonas. Gimió ante la placentera sensación que recorrió todo su cuerpo con solo oler la ropa de Seishiro.
Se puso la mano en el estómago, le quemaba demasiado, sentía su pequeño miembro aún aprisionado en su pantalón pidiendo ser liberado, por lo que se desabrochó la correa y se bajó el pantalón con ayuda de sus piernas temblorosas dejándolos al aire, suspirando ante el contacto frío del aire contra sus piernas calientes. Se sentó un poco, sacando toda la ropa de Nagi de su armario como de la ropa sucia, si iba a masturbarse al menos necesitaba estar rodeado de las exquisitas feromonas del Alfa.
Lo ideal sería subirse a la cama de Nagi y construir su nido con mayor protección rodeado de su perfume, pero llevar el montón de ropa que tenía Nagi sería agotador además de su vientre arde. Se recostó con algunas de las sudaderas de Seishiro, mordiéndose el labio inferior para evitar soltar un fuerte gemido mientras deslizaba su mano en su ropa interior.
Un gemido escapó de sus labios mientras envolvía su pequeño miembro entre sus dedos, la sensación de su pene contra su propia mano lo hizo estremecer por la sensibilidad del momento. Se llevó la camiseta de Nagi a la cara, emborrachándose con sus feromonas y ocultando allí su rostro cuando su mano comenzó a deslizarse de arriba y abajo por su miembro palpitando bajo su propio tacto y jadeando por el calor.
Sollozaba por el placer de haber aumentado sus movimientos un poco más rápido, buscando calmar el dolor en su vientre de cualquier forma posible, sus gemidos y jadeos raspaban un poco su garganta por querer llamar a Nagi e imaginar que quien lo tocaba con cariño era el Alfa albino. Su espalda se arqueó y su piel se erizó cuando el orgasmo atravesó su cuerpo.
—Ahh Nagi.—Gimió, mordiendo el polo del Alfa mientras su cuerpo explotaba en un bochornoso clímax y su vientre burbujeaba ante la descarga caliente.
Se limpio la pequeña baba que se le escapó de la boca. Sus jadeos eran torpes por falta de aire, le dolían los pulmones por la falta de aire y su cuerpo temblaba de vez en cuando. Enterró su rostro en la sudadera negra, hipando al darse cuenta que el dolor regresaba a su vientre, deslizó uno de sus dedos hasta su entrada trasera, estaba mojado esperando algo grande que pudiera satisfacerlo.
Reo hundió uno de sus delgados dedos en su entrada, gimiendo cuando sus calientes paredes presionaron contra el. Suspiró insatisfecho, su dedo no era lo suficientemente grande para satisfacerlo, así que hundió uno más y lloriqueo contra la sudadera negra. Sus dedos no eran lo suficientemente grandes para satisfacerlo como quería, no tocaban el punto que Reo necesitaba. Retiró sus dedos, llorando contra el polo de Nagi, lo deseaba, quería que Nagi lo tocara.
Cerró los ojos tratando de calmar su respiración, tenía que encontrar la manera de calmar su celo por su cuenta. Perdió la cuenta de cuánto tiempo llevaba masturbando su pequeño miembro y su entrada trasera con sus tres dedos, había tenido tres orgasmos acalorados que hicieron que su espalda se arqueara de placer y se le nublara la visión en más de una ocasión, incluso gritó el nombre del dueño de la sudadera negra con pasión.
Su cuerpo tembló por el cansancio y parpadeó un par de veces antes de tomar toda la ropa, escondiéndose entre las ropas del Alfa, inhalando el perfume de sus feromonas que lo mantenían protegido, por lo que sumándose a su cansancio, cerró sus ojos llorosos, sumergiéndose él mismo en una breve siesta antes de llamar al Alfa por última vez entre gemidos.
Abrió la puerta de su apartamento con su llave, soltando un jadeo ahogado cuando un ligero aroma llegó a su nariz, su mirada gris había captado una mochila en el suelo y varias cosas tiradas a su alrededor, el escaso olor que emanaba de la habitación era un aroma dulce a lavanda. Llevo una de sus manos a su cuello, frotándolo mientras se despojaba de su chaqueta blanca quedandose solo con su sudadera.
Había comenzado a inquietarse a media mañana, había estado esperando la llegada del Omega de cabello morado y él nunca apareció, tuvo un mal presentimiento al respecto y eso solo aumentó su inquietud, se había sentido tan desesperado que su respiración se había vuelto aún más pesada. Las feromonas dominantes inconscientemente llenaron todo el salón con su aroma en cuestión de una hora.
Dado aquello fue llevado a la enfermería a la fuerza, no querían problemas con algunos estudiantes, tener un Alfa actuando así de desesperado podría ser peligroso. Una vez que llegó a la enfermería, la chica salió a traer supresores líquidos inyectables para calmarlo, así que aprovechó para agarrar su mochila sin importarle si la enfermera regresaba y no lo encontraba, iba a ir a la llamada de su Omega.
Caminó hasta la puerta de su habitación con pasos firmes, abriendo la puerta entrecerrada con una mano, el dulce aroma de las feromonas de lavanda golpeó su nariz de una manera embriagadora que lo mareó por unos segundos, entrecerró los ojos soltando un suspiro para adentrarse más a la habitación cerrando la puerta.
La imagen frente a él era un tanto adorable, Reo se encontraba envuelto en sus ropas, usando solo una de sus miles de sudaderas negras, a pesar de estar dormido emanaba fuertemente miles de feromonas de Omega en celo, su respiración era algo agitada, su hermosa y delicado rostro estaba pintado de rojo por el calor, incluso puede ver que en su cuello blanco resbalaban gotas de sudor.
—Veo que estás en un pequeño aprieto.
Vio a Reo frotar su rostro caliente y abrir levemente uno de sus ojos morados que emitía confusión por la nueva voz. Llevó una de sus manos a la taolla que cubría el pequeño cuerpo, apretándolo con fuerza para intentar calmarse. Reo esparce deliciosas feromonas.
—¡¿Nagi?! ¿Tú no estabas en Hakuho?—Su cuerpo se contrajo, arqueándose mientras capturaba mejor las feromonas dominantes de Nagi, olvidando por completo la posibilidad de que el Alfa hubiera escapado.
Los agudos ojos de Nagi se fijaron en la expuesta y bien marcada clavícula del Omega, quería besar toda esa zona y dejar algunos chupetones y ni hablar de sus tonificadas y blancas piernas desnudas, estaba muy tentado a morderlas y dejar la marca de sus colmillos en la parte interna de su muslo así como en su cuello, para que pueda ver que Mikage Reo tenía un Alfa y es Seishiro Nagi.
Reo gimió cuando los fríos dedos de Nagi se posaron en su trasero, levantándolo de su nido. Envolvió sus piernas temblorosas por inercia alrededor de su cadera y sus débiles brazos descansaron detrás de su cuello, gimiendo en su oído a causa del calor. -Mi cuerpo se siente extraño.
—No te preocupes, estoy aquí contigo.—Murmuro Nagi, besando su sien.
Con cuidado recostó a Reo, uniendo sus labios con los del Omega en un pequeño y ardiente beso que hizo que Reo temblara y jadeara bajo su fuerte agarre.
—Reo, ¿quieres un bebé?—Preguntó, admirando detalladamente el rostro sonrojado y sorprendido del Mikage. Reo acercó su rostro a su oreja jadeando, y de sus labios dejó escapar un pequeño "¿Quieres hacerme mamá?"
Reo jadeó cuando Nagi atacó su cuello desesperadamente, aferrándose a la sudadera del Alfa, susurrando su nombre de una manera lasciva que excitó a Nagi.
—Nagi, te necesito.—Gimío.—Fóllame como si fueras a hacerme ese bebé.
Nagi se estremeció ante sus palabras, ignorando su miembro palpitante en busca de atención, la voz suave y seductora de Reo junto con sus sollozos lastimeros lo excitaban, era la primera vez que veía esta fase de Reo y joder como le estaba gustando, el cabello morado despeinado, sus ojos amatista reflejan puro deseo, sus mejillas rosadas por su celo y húmedas por las lágrimas. Cómo deseaba marcarlo.
Nagi suspiró cansado, con dos de sus dedos tomó la barbilla de Reo y burlonamente pasó su lengua por los pomposos labios del Omega, quien en segundos reaccionó rodeando su cuello para unir desesperadamente sus labios e intensificarlo, su cuerpo pedía a miles de gritos que el Alfa que tenía adelante suyo lo toqué, incluso si fuera el más mínimo contacto con su piel sensible.
El albino apoyó uno de sus brazos en el colchón y el otro terminó en la delicada cintura de su compañero, uniéndolo más a su cuerpo, lástima que Reo no recordaria sus pedidos para concebir después de que pase su celo, le hubiera encantado grabar el momento.
Reo movió su mano hacia sus cabellos, jalándolos suavemente mientras luchaba por ganar dominio en el beso. Su saliva se mezcló con la del albino, quien soltó suaves jadeos al ver que parte de la saliva de ambos se escapaba de los carnosos labios de Reo. El Omega en busca de fricción, envolvió una de sus piernas alrededor de la cadera de Nagi, chocando su pelvis contra su redondo trasero.
—Nagi quema aquí.—Murmuró Reo entre besos y llevando una de las grandes manos de Nagi a su abdomen.—Haz que deje de doler Sei.
—Estás muy desesperado, Reo, lo necesitas mucho. —Respondió Nagi.
Nagi unió sus labios en un nuevo y suave beso mientras su mano recorría el abdomen y pecho de Reo, apretando sus pequeños pechos de vez en cuando haciéndolo soltar gemidos ahogados en el beso. Bajó su mano hasta la entrada de Reo, quien se separó del beso en un gemido escandaloso bajo Nagi, los gemidos de Reo eran una completa joya, puede escuchar sus dulces y deliciosos gemidos toda la noche.
Con un último suspiro Nagi hundió uno de sus dedos en la entrada caliente de Reo, estaba completamente apretado a pesar de derramar gran parte de su lubricante natural. Reo gimió, arqueando su espalda contra la cama, apretando las sábanas con una mano y el cabello de Nagi con la otra. Ese único dedo lo llevó a ver el cielo por unos segundos, incluso el calor en su vientre bajó un poco.
—Estás muy sensible aquí, Reo.— Apretó sus ojos con fuerza ante la nueva ola de calor, Nagi estaba jugando con su entrada sensible, dando círculos con su dedo desesperándolo.
—¡Ahh!—Reo jadeó cuando un segundo dedo quiso ingresar a su entrada desbordada de calor, haciendo temblar su cuerpo encima de las sábanas.
El olor a lavanda de las feromonas era tan fuerte que incluso Nagi tuvo que usar algunas feromonas propias para mantenerse cuerdo y no ser un completo animal y follar a Reo como un salvaje, pero la más pequeño no ayudaba, movía sus caderas hacia su mano de una manera desesperada contra su dedo y rogándole con pequeños suspiros a que entrara un segundo dedo.
Nagi ingreso un segundo dedo, sintiéndolo aprisionado y mucho más caliente mientras Reo gemía lascivamente, apretando uno de sus brazos cuando toco su próstata, haciendo que el Omega se corriera en un gemido escandaloso y manchara con su esperma su sudadera y la cama con sus flujos. Retiro sus dedos bañados en los jugos del Omega que comenzaba a deslizarse por toda su mano y, haciendo contacto visual con Reo, se llevó el dedo a la boca, saboreando los jugos del Omega como si fueran un caramelo.
El gemido bochornoso de Reo llamó su atención, sus mejillas estaban muy rojas y sus ojos se encontraban llorosos, llevó sus dedos húmedos a la boquita de Reo, hundiendo sus dedos hasta su garganta y cortando sus lindos gemidos, sentia sus dedos ser chupados como un paleta de caramelo bajo el menor.
—Nagi.—Gimió cuando perdió contacto con los largos dedos en su boca.—Por favor... Sei.
—Mierda Reo, mira como me tienes Omega.—Agarró con cuidado la muñeca de Reo, pasándola por sus pantalones, Nagi jadeó cuando Reo apretó un poco su gran erección.
Agarró las caderas de Reo con fuerza, acariciando desde la parte interna de su muslo hasta sus rodillas y colocándolas sobre su hombro, Reo deslizó su mano hasta su pecho au un vestido, acariciando y tirando de sus pezones erectos. Nagi se desabrochó los pantalones con entusiasmo y se los bajó junto con sus boxers, dejando al Omega a la vista de su gran miembro erecto que goteaba líquido preseminal en la punta roja.
Reo jadeó al ver el gran miembro en las manos de Nagi, su rostro estaba totalmente sorprendido, era jodidamente grande, todo eso no cabía dentro de su pequeño agujero, lo partiría en dos, pero al mismo tiempo quería sentir cada centímetro de ese gran miembro hundiéndose en él hasta llegar a su vientre. Reo se arqueó sintiendo el miembro de Nagi deslizarse dentro de sus paredes, por otro lado Nagi gruñó en su oído ante la sensación de sentir su pene siendo apretado deliciosamente y caliente a su alrededor.
Reo jalo las sábanas por el dolor, era completamente diferente a los dedos de Nagi dentro de él, la sensación de algo más grande y grueso era mucho más placentero y quería gemir por ello.
Su cuerpo se estremeció cuando sus ojos se encontraron con los grises de Nagi, quien deslizó sus manos desde su cadera hasta la sudadera que aún llevaba puesta para quitársela de una sola vez, dejándolo completamente desnudo bajo el trabajado cuerpo de Nagi, quien aún estaba vestido, solo que con las mangas de la sudadera arremangadas.
Un gemido escapó de sus labios cuando sintió las manos de Nagi posarse nuevamente en su cadera pero esta vez con un fuerte agarre, sintió como su entrada soltaba parte de su lubricante natural tratando de engullir todo el miembro del Alfa, arqueando su espalda cuando Nagi tocó en lo más profundo de él con un gruñido y dejando besos húmedos en sus mejillas rojas para calmarlo o distraerlo del dolor.
La mano de Seishiro se deslizó en la parte interna de su muslo, apretándolo y acariciándolo lentamente para llevarlos hasta su hombro, besando la pantorrilla de Reo antes de darle un mordisco que hizo que el Omega gritara de dolor, estaría morado por mucho tiempo. Reo jadeaba con cada mordisco que daba y gemía cuando sus dedos acariciaban sus muslos con un movimiento circular, hundiendo sus dedos para dejar sus huellas en sus piernas.
Acarició una de las mejillas rojas de Reo ya que la otra parte de su rostro estaba apoyada contra la almohada que estaba mojada por sus lágrimas y la saliva que se había escapado. Nagi rodeó a Reo por la cintura admirando el cuerpo del Omega, mejillas rojas, cuello con algunas marcas, hombros rojos, pezones completamente erectos, incluso sus piernas temblaban alrededor de su cuello. Se inclinó para besar la clavícula, moviendo su mano hasta su abdomen, aplastando la altura del vientre de Reo quien arqueó su espalda, sus labios se posaron en los pezones del Omega, quien suspiró de placer al sentir la lengua de Nagi acariciar sus sensibles botones.
Gemidos acalorados llenaron la habitación de Nagi, lo más probable es que Seishiro tenga que ir a disculparse con sus vecinos, se escaparon gemidos lascivos y sus uñas se clavaron en su espalda vestida mientras Nagi comenzaba a mover sus caderas lentamente mientras atacaba su cuello. A pesar de que intentó relajarse, su vientre ardiente burbujeaba y esa sensación recorrió toda su espalda, sus mejillas ardían pero de la pena al ver sus piernas a cada lado de la cabeza de Seishiro quien empujaba demasiado profundo.
Nagi gruñó mientras su miembro dolorido palpitaba, a pesar de encontrarse profundamente dentro de las paredes ardientes de Reo su Alfa le pedía que fuera más rápido, más rudo y calmar el dolor en su miembro como tener los fuertes gemidos y gritos de su Omega, pero no quería lastimar a Reo era su primera vez y no quería hacerlo sentir incómodo, iría lentamente hasta que Reo le diera una señal para aumentar la velocidad y fuerza de sus embantes.
Sus ojos violetas picaban por las lágrimas acumuladas, sus dientes estaban clavados en su labio inferior que temblaba y apaciguaba levemente sus gemidos, su pecho subía y bajaba pero tenía un sentimiento de felicidad por tener a la persona que consideraba su Alfa pasando su celo con él, Seishiro estaba con él, su tesoro.
Las suaves estocadas se volvieron más rápidas y con un poco de rudeza, las manos de Nagi apretaron la cintura de Reo para mantenerlo cerca de él mientras el Omega se aferraba al cuello del albino, queriendo eliminar por completo la distancia mínima hundiendo sus cabellos en su cuello, incluso envolvió su piernas alrededor de sus caderas en un gemido.
El movimiento de sus caderas era fuerte, no pudo evitar soltar un gemido en el oído de Seishiro, quien gruñó en su cuello besando los lugares que aún no estaban marcados. Nagi se alejó un poco girando el cuerpo de Reo sin una pizca de cuidado, quien gimió antes de verlo por encima del hombro en modo de protesta por sentirse vacío, sus mejillas sonrosadas y su mirada lujuriosa que solo pedía ser llenado hasta sentir su vientre hinchado por su nudo. Agarró el trasero de Reo, tomándolo desprevenido cuando enterró su jodido rostro en la almohada, ingresando bruscamente de un solo empujón.
El cuerpo de Reo se estremeció liberando un gemido agudo, Nagi se deslizaba tan lentamente dentro de las paredes de Reo para escucharlo suplicar con gemidos por más para luego embestir con fuerza que hacia que el pequeño cuerpo debajo de él se estremeciera, su cuerpo estaba sensible, cada vez que Nagi embestia con fuerza, empujando sus caderas hacia su pelvis, su cuerpo reaccionó con espasmos, sus rodillas temblaron al mismo tiempo que sus ojos se pusieron blancos de placer.
—Sei...—Le llamó mientras sentía el pecho de Nagi contra su espalda, moviendo su trasero lentamente con una de sus manos. Seishiro comenzó a besarle la espalda con cariño, dándole mordiscos con palabras endulsantes y excitantes.
—No saldremos de aquí hasta que estés lleno de mi esencia Reo.
Su cuerpo se estremeció ante las palabras de Nagi, arrojando su cabeza al hombro del albino con fuerza en un gemido entrecortado mientras sentía que el mayor retomaba sus embestidas con fuerza y desesperadamente mordía suavemente su glándula, tiró de las sábanas más de una vez cuando Nagi tocó su miembro desatendido.
—Sei más fuerte... Por favor Alfa más... —Gimió moviendo sus caderas contra las del Alfa, haciendo un esfuerzo por deslizar sus caderas hacia atrás a lo largo del falo de Seishiro, sintiendo los dedos de Nagi apretar su agarre en sus caderas.—¿Nagi?
Reo gimió arqueando su espalda con el pecho sobre las sábanas gimiendo cuando sus pezones se frotaron contra las mantas, Seishiro había comenzado a hacer embestidas bruscas, rápidas y fuertes gruñendo cuando Reo le pidió que bajara un poco la intensidad de las embestidas en gemidos con la cara enterrado sobre la almohada llena de saliva que apaciguó parte de sus gritos mientras Nagi lo colocaba nuevamente en la posición principal.
—Pero si Reo quería que fuera más rudo y rápido, debería estar feliz ya que cumplí su capricho.-Nagi gruñó contra su oído. —No te vas de aquí sin ser mi Omega Reo.
—¡Seishiro! ¡Dios, un poco más lento!—dijo Reo, envolviendo sus manos en el cabello albino, soltando gemidos silenciosos cuando el miembro golpeó un punto caliente dentro de su útero, llevándolo a otro mundo de placer.
—Quiero hacerte cachorritos, Reo— murmuró, agarrándolo por la cintura de manera desprevenida, empujándolo profunda y bruscamente, tomando sus piernas marcadas en su hombro, viendo el cuerpo de Reo temblar cada vez que se balanceaba su pelvis contra el trasero de Reo con movimientos erráticos.
Reo llevó sus manos a la espalda de Nagi, pasando sus dedos bajo la capucha hasta tener contacto con la fuerte y formida espalda de Seishiro, clavándo sus uñas cada vez que Nagi hundía su cuerpo contra la cama con violentas embestidas, apretando sus piernas como volviendo a morderlas.
—¡Ah! ¡Seishiro!
Gritó cuando sus piernas fueron soltadas y se posaron sobre las caderas del albino, el calor se acumulo en su vientre cuando sus manos quedaron inmovilizadas contra la cama en un movimiento repentino por la mano de Nagi, al mismo tiempo que su espalda se arqueaba dolorosamente contra el abdomen marcado del Alfa cuando sintió que su pequeño miembro fue atendido, esta abrumado de tanto placer.
—¡AHH! ¡Nagi! ¡Me voy a venir!
—Te haré tener el mejor orgasmo que jamás hayas podido imaginar Reo.—El omega apretó los ojos, arañando la espalda de Nagi quien gruñó en su oído por el dolor. Debe admitir en voz alta que Reo es jodidamente hermoso y que nadie más que él puede mirarlo de esa manera, la piel perlada de sudor, el cabello violeta pegado a su rostro, las mejillas rojas y unos ojos que desbordaban la lujuria, jodidamente hermoso y aún más gimiendo su nombre.
Tomo la cintura de Reo cuando sintió que el Omega perdía fuerza en sus brazos por mantenerse rodeado en su cuello, balanceo las caderas de Reo, obligando al Omega a poder entrar más profundamente en su pene. Por otro lado Reo estaba perdido, le dolía la garganta por sus gemidos y el placer de su celo solo lo nublaba más, lo único que sentía era el miembro del Alfa tratando de llegar a lo más profundo de él, sentía que iba a hacerlo partido en dos.
El éxtasis recorrió el cuerpo de Reo en un gemido escandaloso, soltando el nombre de su Alfa, Nagi había tocado un punto que hizo temblar su cuerpo, tensando sus piernas y arañando el brazo de Nagi en busca de una manera rápida de salir de esa cálida intensidad, sus paredes apretaron el miembro de Seishiro y parte del mejor orgasmo que había tenido cayó sobre su pecho y sobre la sudadera de Nagi.
Sin embargo, Nagi no se detuvo, a pesar de los pedidos y quejas de Reo por la sobreestimulación que estaba teniendo.
—¡Nagi! ¡Ya no puedo más! ¡Ah!—Tiro la cabeza con un grito ahogado.—¡Nagi!
—Te dije que no ibas a salir de aquí hasta que estés lleno de mí.—Bramo, sujetando su cintura con una mano y la otra sobre el colchón para ganar más fuerza.
—Sei... siento que m-me voy a... —No terminó su frase cuando un gemido escapó de sus labios hinchados al sentir las rudas embestidas de Nagi tocar esa parte nuevamente, aferro su mano en su espalda arañada y con la otro en la mejilla del Alfa, uniendo sus labios en un beso fogoso que apaciguó sus gemidos y chocaban sus dientes.
La cama crujió por la fuerza de la penetración hacia el Omega, parecía como si fuera a romperse pero eso era lo que menos le importaba a Nagi ahora, no cuando su único deseo era preñar a Reo quien se aferraba a las sábanas húmedas por el sudor con una mano.
—¡Sei! ¡Ya no puedo soportarlo más Alfa!—Gimió fuertemente, arañando la fuerte espalda del Alfa por última vez cuando este se tensó.—¡Seishiro!
Abrazó al Alfa con un último gemido, por su parte Nagi apretó con fuerza las caderas de Reo dándole una última embestida profunda y fuerte, bañando el húmedo interior del Omega con su espeso semen, el nudo formándose en el apretado interior de Reo que le hizo gemir enviándole otro orgasmo que no pudo resistir del placer, las paredes de Reo apretaban tanto su pene ordeñando hasta la última gota de semen.
Nagi besó los labios de Reo en un suave beso para dejarlo respirar tranquilamente, Reo lo abrazó por los hombros, dejando un casto beso en la mejilla de Alfa para unir sus frentes, dándole una linda sonrisa con un suave "te amo" y luego acurrucarse debajo del cuerpo de Nagi para quedarse dormido del cansancio.
(....
A la mañana siguiente Reo despertó solo en la cama de Seishiro, las mantas cubrían parte de su cintura, sus dedos se deslizaron para tomar la fría almohada del Alfa, jadeando cuando un dolor lo recorrió en su cadera, después de su primer encuentro descansó una hora del cansancio para retomar la intimidad de su celo, al parecer Nagi se había levantado muy temprano ya que la parte de su cama estaba fría.
Miró hacia los lados, el piso aún tenía un montón de ropa llena de feromonas de su nido, parte de su intimidad también lo tuvieron allí a pedido suyo, quería sentir todas las feromonas de su Alfa. Se estremeció cuando su mirada captó algunos flujos en el suelo y en la ropa, había cosas tiradas por ahí que ya ni siquiera recuerda cómo terminaron asi, incluso la cama estaba un poco movida, el único en su lugar era Choki. Sin duda ha sido una tarde, noche y madrugada muy larga.
Se quitó las sábanas de las piernas mordidas, marcadas y llenas de chupetones. Incluso visualizó dos colmillos en sus muslos. Sin duda, Nagi se había encargado de marcárlo solo para él. Se inclinó un poco, tomando una sudadera que no había resultado tan dañada en su noche de pasión. Al ponérselo, la tela chocó con sus sensibles pezones, provocándole una pequeña molestia. Con un suspiro, se agarró de la cama y se levantó, dejando escapar un pequeño grito que tapó con una mano. Le duelen las caderas y el trasero. Incluso podía sentir parte de la esencia de Nagi deslizarse hasta sus muslos.
Agarrándose por las paredes se dirigió a la cocina. Capaz Seishiro se encontraba allí. También necesitaba un vaso de agua, le picaba la garganta. De todos los gritos de pasión y emoción que dejó escapar anoche, ¿cómo no iba a quedarse ronco? Miró su cuerpo en el pequeño refrigerador. Su cuello estaba tan lleno de marcas moradas y marcas de mordiscos que sus mejillas se pintaron de rojo y su estómago burbujeo felizmente.
Sobre la mesa había una pequeña nota, Seishiro se había salido y que no tarda en llegar, suspiró buscando algo que prepararse, su estómago gruñia del hambre, abrió el refrigerador encontrando en el pura gelatina ¿por qué este chico tenía una cocina entonces si nisiquiera la usa?
Una mano que rodeo delicadamente su cintura lo hizo saltar. El cabello albino de Nagi apareció ante su vista junto con los amorosos y húmedos besos de la mañana en su nuca. De su bolsillo Nagi sacó una pequeña caja de anticonceptivos y la dejó encima de la mesa.
—Sé que primero quieres ganar la copa Reo.—Nagi murmuró contra su oído, abrazándolo cálidamente alrededor de su cintura.—Cuando ganemos el Mundial ese mismo día, haremos un bebé.
Reo sintió sus mejillas arder, volteándose para besar la frente de Nagi con cariño —Gracias mi tesoro.
Nagi lo llevó al estilo nupcial a su habitación, a pesar de que protestó para que pueda bajarlo, pero la respuesta del Alfa fue un simple "Prefiero que entres en celo nuevamente en la habitación que en la cocina, pero si Reo quiere, puede convertirse en mi desayuno aquí." Y así pasó los días de su celo en compañía de su Alfa, volteándo completamente el departamento debido a sus propios instintos de un Omega en celo.