JiCheol ♡ It's not a fairy tale.

Summary

En la búsqueda de su alma gemela JiHoon terminará por error en el lado oscuro del bosque de las hadas.

Status
Complete
Chapters
14
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

Al anochecer, cuando las estrellas brillaban más que nunca en el cielo y cuando las hadas descansaban en sus respectivos y pequeños hogares, JiHoon extendió sus alas y voló hasta la rama más alta del árbol en donde estaba JeongHan acostado en un nido de unas adorables aves que esa mañana después de aprender a volar junto a su madre habían emprendido un viaje y que probablemente en ese momento estarían en increíbles tierras lejanas, cerca de los reyes, princesas y magos.

Sin embargo, ese era el lugar favorito de JiHoon, donde se veían los mejores atardeceres y tenía una asombrosa vista por las noches, porque según él, estaba tan cerca de la luna que hasta podía ser capaz de tocarla con la punta de sus dedos.

Se sentó junto a JeongHan y levantó la cabeza, sus ojos brillaron como dos estrellas más que habían bajado a la tierra eligiéndolo a él para llevarlas.

—Si conectas las estrellas de allá —El de cabellos rubios levantó el brazo apuntando al cielo —Forman un cachorro, ¿Ves su cola? Es muy pequeña.

JeongHan se quedó en silencio y JiHoon rodó los ojos.

—Las de allá forman un erizo —Continuó a pesar del poco interés de su mejor amigo —¡Oh por Dios, un unicornio! —Se emocionó ante su descubrimiento y los brillos de color dorado comenzaron a esparcirse apenas empezó a sacudirse con alegría en su lugar —¿Lo puedes ver? —Tomó a la fuerza el rostro de JeongHan y unió su mejilla junto a la del mayor para que pudiese ver lo que él veía —¡Es tan lindo!

—Solo son un montón de estrellas que se acomodan como quieren, cada noche es igual y no tienen nada de especial, tampoco forman figuras, tú eres el único que las ve —Habló JeongHan soltando un suspiro al alejarse y volvió a acomodarse llevando las manos detrás de su cabeza para continuar descansando.

—No me entiendes —JiHoon se cruzó de brazos formando un puchero —Nadie lo hace.

JiHoon era uno más de las muchas hadas que habitaban en aquel encantado y frondoso bosque, en donde se podía encontrar una gran cantidad de flores muy coloridas y llamativas, convirtiéndose en la principal atracción de las pequeñas y mágicas criaturas. Seres mitológicos con la apariencia de un humano pero a quienes se le han sido atribuido poderes especiales y únicos que van ligados siempre hacia la naturaleza, al cuidado y protección de ella.

El mundo de las hadas.

Un lugar onírico, mágico, inapreciable al ojo humano común y tan solo visible a seres humanos de extrema sensibilidad, como podrían ser los niños.

JiHoon poseía el aura infantil e inocente, un ser divino de un aspecto muy bello y luminoso, con pequeñas alas similares a las de una mariposa que le permitía desplazarse con facilidad y rapidez, orejas puntiagudas y ropa hecha con las hojas de los árboles o pétalos de flor, los colores de su vestimenta solían predominar con los colores en los bosques, los lagos, las cascadas o las montañas.

Alegre, risueño, juguetón, bailarín y amante del canto, hijo de una hermosa hada con asombrosos y mágicos poderes para controlar el agua.

Pero no todo era un cuento de hadas.

Hace millones de años el bosque se había dividido en dos, en un paraíso digno de quienes poseían un corazón noble y cálido, y la oscuridad para quienes no merecían ser parte de la naturaleza, ni cuidar de ella, para quienes habían sido castigados por desobedecer.

Por eso todos sabían que no debían cruzar el arroyo al final del bosque, donde monstruosas criaturas podían devorarlos.

Donde no existían los colores.

Donde las hadas no podían volar.

Donde las hadas no podían amar.

Y jamás conocerían a su alma gemela.

JiHoon ansiaba encontrarla pero debía ser paciente, esperaba que no fuese un ogro o un troll, aunque aquello era imposible.

Pero deseaba ese primer beso donde sus alas brillarían por primera vez y donde su corazón estaría a punto de salir de su pecho solo para encontrarse con su otra mitad.

Esa que había estado esperando hace años.

—¿Hoy has hecho algo productivo? —Preguntó JeongHan abriendo un ojo —Y por favor no me contestes que sigues en búsqueda de tu príncipe azul.

—Me hice amigo de un troll —Respondió con alegría y orgullo pero JeongHan sacó la lengua simulando una arcada —Lo sé, no son muy agradables a la vista pero necesitaba ayuda —Explicó tranquilamente —Tenía una espina de una rosa clavada en espalda y no lograba alcanzarla, además luego me ayudó cargando la miel, así que adelanté el trabajo de la semana.

—Lo ha hecho el troll —Corrigió JeongHan arqueando una ceja.

—Sí, mi amigo —Dijo JiHoon sin entender su expresión —Lo he nombrado como solcito.

—No me digas que lo has traído —JeongHan rápidamente se levantó, alertándose. JiHoon guardó silencio y le sonrió con nerviosismo —Dios, JiHoon, sabes que no pertenece a esta zona, ¡Destrozará todo!

JeongHan no tardó en desaparecer, JiHoon se asomó en el nido y cayó sentado hacia atrás, riéndose por su travesura, había dejado a solcito en una cueva, resguardado de cualquier tipo de peligro, era un troll amable, un poco lento para comprender las instrucciones pero muy dulce.

Al amanecer lo ayudaría a volver a su casa, la cual había quedado hecha un desastre después de los odiosos juegos de los elfos.

La pequeña hada apoyó sus codos en el borde del nido y observó el cielo soltando un profundo suspiro —¿Verás a las estrellas como yo lo hago? —Preguntó en voz baja hablándole a su gran amor que aún no conocía —Probablemente lo hagas, el único problema es saber dónde estás para traerte hasta aquí y llenarte de besitos.

Se quedó mirando el cielo hasta que sus párpados comenzaron a ceder y su cabeza resbaló de su mano, su hogar no quedaba muy lejos, estaba junto a un lago, una casa de setas rojas, muy cómoda para él y para su madre, la cual a esa hora estaba profundamente dormida.

—Descansa, bonita —Susurró JiHoon acariciando a la luciérnaga que estaba en la ventana alumbrando su habitación, se acomodó entre las hojas y se entregó a los brazos de Morfeo.

Sin saber de la gran aventura que estaba a punto de vivir.