Dune | One-Shot

Summary

Esto es un One-Shot, OC×Feyd-Rautha. Espero que sea de su agrado.

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1
Rating
n/a
Age Rating
18+

EL PERFUME

Me llamaba Pian Andhri ahora solo me llaman esclava Sovritthe, la de ojos de sangre… Las mujeres de mi familia tienen algo llamado el perfume que sale de forma natural de nuestros cuerpos, este perfume hace que las personas sientan atracción sentimental hacia nosotras. Antes era un don aludido, después le temieron… Éramos demonios come hombres, decían ellos. Tampoco podíamos pasar desapercibidas, nuestros ojos llenos de sangre nos delataban.

Vamos controlandolo mientras crecemos, cuando eres una niña no puedes controlarlo, sale natural… Eso fue mi perdición cuando el Barón Harkonnen tomó mi pueblo.

Tenía 13 años cuando pasó, mataron a todos y a mi familia menos a mi. El Barón Vladimir Harkonnen me vio lo primero que olió fue mi perfume. Me secuestró y me convirtió en la esclava Sovritthe, que lo acompañaba cada vez que él quería compañía…

Cada noche después de acompañarlo me daban hierbas extrañas y me mandaban a dormir, así fue por 5 años. En mi mente quería encontrar una manera de enfrentar mi situación… “No es su culpa, Pian, es tu culpa por tu maldito perfume. Sí no tuvieras este perfume él no te habría tocado…” pero había estado con este perfume todo el tiempo y nadie de mi pueblo había sido tan cruel como para hacer algo así. Eran conscientes de que era una niña, luchaban contra el perfume, las personas podían hacer eso, resistirme, pero el Barón no lo hizo, se rindió, ¡Él escogió seguir!

Estaba enojada, necesitaba salir de esa situación y mi respuesta fue él…


Feyd-Rautha, su adorado sobrino. Tan adorado que sí sabía que él estaba enamorado de mí me dejaría en paz, solo estaba ese detalle… Era el triple de sádico que el Barón. Estaba loco, lo sabía porque lo veía en cada pelea, su expresión, su forma de hablar, mataba personas sin ningún sentimiento y me había visto con su tío muchas veces. No sabía si iba a funcionar hasta que lo intente.

A mi edad ya podía controlar el perfume y cuando pase enfrente de él lo deje ir. Cada vez que pasaba lo hacía un poco más hasta que sucumbió… Comenzó a buscarme, me llamaba por mi nombre en lugar de esclava, los ojos del barón estaban en mi, cada vez que cruzaba una palabra con su sobrino, hasta aquella noche. Su amado cumpleaños.


Una pelea exitosa y un par de regalos, la promesa de ser emperador y una hermosa esclava Sovritthe. Había conseguido lo que quería, pero ahora quedaba ver cómo me trataría. Estaba nerviosa, lo admito, mi perfume modifica sentimientos, no los convierte en mis títeres, sus hábitos y su forma de amar quedan intacta y no sabía cómo Feyd trataba a las chicas.


Esa noche me tomó en brazos y me cargó hasta su habitación, los petardos se escuchaban claramente, celebraban en su nombre mientras él me quitaba mis prendas rojas de tela pesada, Feyd no dejaba de besar mi cuello mientras me tocaba, era agresivo, apretaba mis muslos y mordía de vez en cuando. También era desesperado, estaba ansioso por hacerlo, por besarme, por penetrarme, por tenerme solo para él. Me besaba tanto que no podía respirar con normalidad, su lengua bailaba en mi boca. También fue travieso y preocupado por mi placer, creativo…

Comenzó lento, una penetración dura y golpeada. Respiraba en mi oído haciéndome cosquillas, no pude evitar sonreír y dar alguna risa tímida… y al parecer eso le gustó, por qué aumentó el ritmo, una y otra vez, no podía cerrar la boca, era imposible… “Pian, mi mundo…” susurraba en mi cuello. Comencé a sentirme un poco mal por manipularlo con mi perfume, aunque mi perfume no hacía que alguien dijera tales cosas. Físico, todo es totalmente físico. No sé cuánto tiempo estuve jadeando y gimiendo el nombre de mi nuevo dueño, pero estaba sintiendo algo que no había experimentado antes, un hormigueo que hacía que mis caderas se movieran y mis piernas temblaran, no quería que parara… quería que siguiera, que me diera más por qué me gustaba esa sensación, que Feyd había ocasionado. “Sigue, por favor… más, mi señor” le pedí, ni siquiera reconocí mi voz cuando lo pedí. “Pian, eres mía al fin…” me dice sobre mis labios para después besarme con la misma intensidad que cuando empezó. Mi cuerpo tembló y todo mi sistema se descontrolo, sentí algo extraño en mi entrepierna y dentro, era una sensación distinta a cuando el Barón lo hacía, está vez quería que Feyd siguiera, quería que lo hiciera otra vez…

Me sentí culpable por lo que iba a hacer, pero no pude evitarlo, solté mi perfume para alentarlo, sin embargo, abrí los ojos sorprendida cuando lo escuché susurrar a mi oído. “...¿Sabías que no tengo olfato?”