Chapter 1
Siempre había sido entrometido.
Por absurdo que parezca, tal vez lo odiaba (o irritaba, odiar es una palabra muy fuerte) por esa simple razón. Siempre tuvo esa necesidad de ayudar y meterse en los problemas de los demás aunque no le incumbiese, sin importar si de alguna manera él salía perjudicado.
Siempre acercándose con un brillo en los ojos como si estuviera diciendo "no te preocupes, te ayudaré" tratando de malditamente tranquilizarlos, como si siquiera estuviesen pidiendo por su estúpida ayuda. Carajo, no podía estar más irritado.
Incluso ahora, en su segundo y penúltimo año en la UA, mientras caía de la azotea de un edificio de 20 pisos al ser empujado por un villano idiota que decidió interrumpir sus practicas; incluso ahora no dejaba de sentir la vena de irritación palpitar en su sien.
Durante su caía de espaldas a una distancia de al menos 80 metros con respecto al piso, sintiendo la fuerza que ejercía el viento sobre su espalda y resonando en sus oídos, podía ver sus ojos llorosos a un par de metros arriba suyo, cayendo con la misma intensidad y con esa maldita mirada de mierda en sus ojos. Un grito desgarrado salía de su boca.
"¡Kacchan!"
Hizo una mueca. Malditamente irritante.
Izuku, ajeno a su rabia, estaba muy decidido a alcanzarlo; su cuerpo estaba cabeza abajo con el viento corriendo sus cabellos fuera de su frente y uno de sus brazos extendidos, tratando de tomar su mano. A decir verdad, no sabia qué estaba planeando una vez que logre alcanzarlo, tampoco es como si Katsuki no pudiese frenar la caída con las explosiones de su quirk pero, sinceramente, no quería saberlo.
"Te tengo." Exclamó una vez que sus manos estaban fuertemente agarradas, las del peliverde apretando fuertemente la suya. Una sonrisa de alivio decoró sus pecosas mejillas. Se encontró sonriendo también, pero la suya era mas bien algo sarcástica.
"¿Y ahora qué, idiota?" No pudo evitar burlarse. Bastado impulsivo.
La sorpresa en el rostro de Izuku fue, de cierta manera, satisfactoria para él.
Pero antes de que comience a tartamudear (porque obviamente el bastardo comenzaría a tartamudear), sintiendo el suelo lo suficientemente cerca de su espalda como para que se inquiete, con una sonrisa ladeada tiró del agarre entre sus manos hacia sí y lo tomó de su antebrazo provocando que el rostro del otro choque contra su pecho. Maniobrando logró ponerlos verticalmente y, con Izuku aun pegado a él, provocó explosiones con su mano libre deteniendo así la caída.
Cuando ambos pares de pies estuvieron firmemente sobre el suelo, Bakugo lo empuja rehuyendo al tacto y volviendo a su estado irritado.
"Lo tenía todo controlado, Deku."
୨୧
Bakugo nunca se consideró una persona rencorosa, pero cuando algo daña su orgullo, es difícil que lo olvide.
Cuando manifestó su quirk por primera vez el orgullo infló su pecho al mirar las pequeñas explosiones que podía provocar en sus palmas, era joven y era el primero de sus amigos y la primera vez que lograba hacerlo, pero eso no evitó que se sintiera poderoso, y basándose en la admiración presente en los ojos de los demás niños que lo rodeaban, sabía con certeza que iba a ser un gran héroe, el mejor. Era algo indiscutible.
Es por eso, gracias a su increíble poder, que lograría hacer todo lo que se proponga, sin la necesidad de recibir ayuda. Pero había un problema. Haga lo que haga, fuera a donde fuera, siempre había un mirada verdosa siguiendo su espalda. Con los días, en lo que un inicio fue admiración y asombro en sus ojos se reemplazó por preocupación, inquietud, miedo de que algo pudiese pasarle. A él. Como si no fuese lo suficientemente fuerte como para luchar solo. Como si no pudiese levantarse por si mismo después de caerse en un jodido rio.
Entonces, lo que en alguna vez fue un sentimiento de amistad, se convirtió en desprecio.
Así que no, Bakugo Katsuki no era una persona rencorosa, pero sí orgullosa. De ego fácil de dañar. Y recuperarse de la humillaciones que creía pasar era algo en lo que todavía estaba trabajando.
Que podía esperarse cuando creció con una presión impuesta por él mismo y, de alguna manera su entorno, de ser el mejor de todos los tiempos, el número uno, superando hasta al actual símbolo de la paz, All Might.
Así que a pesar de que estos últimos años su temperamento estaba mejorando bastante (no sintiendo la necesidad constante de explotar la cara de cualquier extra que se le cruce) todavía había un par de cosas que tenia que mejorar de sí mismo.
Actualmente estaba en la cocina de los dormitorios, eran alrededor de las 9pm de un viernes y Bakugo quería dar por terminado su día yéndose a dormir. Desde donde se encontraba podía oír el murmullo de sus compañeros en la sala de estar, riendo y comentando el ataque de los villanos en su práctica de esa tarde.
"¡Fue un golpe increíble Deku-kun!"
Fue lento y mal direccionado. Pero no es como si Bakugo lo haya estado observando.
"No fue tan bueno en realidad, pero ¡Muchas gracias Uraraka-san!" Podía sentir el sonrojo y nerviosismo del idiota desde la cocina.
Pero no es como que le importase.
"Y cuando saltaste por la azotea para alcanzar a Bakugo, fue realmente varonil, hombre." Complementó Kirishima.
El sentimiento molesto de esa misma tarde se hizo presente. Pero trato de ignorarlo.
No. Necesitaba. Su. Jodida. Ayuda.
Es más, él había sido quién logró que ninguno de los dos terminase estrellado contra el concreto. Con eso en mente y sin dejar que las emociones negativas inunden su cabeza logrando hacer que vaya a gritarles a esos idiotas, terminó su bebida de un trago, y luego de lavar los platos utilizados, partió rumbo a su habitación.
No quería escuchar más.
"¡Oye Bakugo! Veamos una película todos juntos." Propuso el pelirrojo al verlo pasar.
Miró alrededor y a todos los pares de ojos que estaban expectantes a su respuesta, incluso unos color esmeralda.
"Paso." Gruñó.
"Oh vamos viejo, son apenas las 9, ¿Acaso eres un viejo? Será divertido." Añadió Sero.
Y así fue como se encontraban todos frente a la pequeña pantalla de la televisión de la sala de estar, la mayoría estaban cómodamente en el sillón con tazones de palomitas de maíz entre las piernas y bebidas, y otros estaban recostados en el suelo.
El silencio del lugar era interrumpido por las voces de los protagonistas comenzando una discusión de la cual Bakugo no estaba seguro la razón. En algún momento había perdido el interés por la trama y, sin darse cuenta, había comenzado a contemplar en demasía la presencia sentada al lado suyo.
Junto a él, a diez centímetros de estar hombro a hombro, estaba sentado Izuku. Descansaba su espalda completa en el tapizado verdoso del sofá donde mantenía sus rodillas flexionadas contra su pecho. Su rostro bañado en concentración y cejas fruncidas eran iluminados únicamente por las luces de la pantalla jugando con el color de sus mejillas e iris.
Sus brazos rodeaban sus rodillas abrazándose y no pudo evitar notar raspones y pequeños moretones a punto de formarse por sobre toda su piel visible en sus extremidades, su mirada escarlata recorrió sus antebrazos y posó su vista en todas las cicatrices que, junto a sus pecas, pintaban la piel. Eran un recuerdo físico de todo su esfuerzo y entrenamiento durante estos dos años.
Un ruido abrupto en la pantalla del televisor detuvo su análisis sorprendiéndolo momentáneamente. Molesto y con el ceño fruncido por la interrupción volvió su vista a Midoriya. Sus ojos continuaron con el recorrido en sus brazos, el bastardo había ganado masa muscular, no iba a mentir. Sus hombros estaban más anchos, ajustados contra la tela de su remera, los músculos de sus piernas más marcados, sus manos callosas y con más cicatrices, hasta había crecido un par de centímetros haciendo que si ambos se parasen uno frente al otro, su esponjoso cabello rozaría poco más arriba que sus mejillas. Pero tampoco es como que pensase mucho en eso.
Llegó a sus clavículas que apenas se dejaban ver por sobre el cuello de su camisa. Como esperó, bañadas en pecas. Subió por su cuello y lo notó tragar saliva, como cuando hace cuando se encuentra nervioso y se detuvo en un punto en especifico durante unos segundos.
El nerd tenia un maldito chupón. La marca rojiza contrastaba con la palidez de su piel y provocaba en Katsuki una opresión en su estómago. ¿La cara redonda, tal vez?
Pero cuando estaba a punto de observar a la chica, habló:
"¿Kacchan? No pude evitar notar que me estas mirando hace un buen rato ¿Está todo bien?" Susurró nervioso la victima de sus ojos. Seguía con la vista pegada al televisor.
Con los latidos de su corazón sonando a través de sus oídos apartó la vista abruptamente, lo atraparon en el acto. Maldita sea.
Eso era algo que últimamente le sucedía.
Desde siempre había tenido sentimientos hacia Deku.
Si bien durante la escuela secundaria eran mayoritariamente "negativos". Todavía podía recordar como se sentía respecto a Izuku antes de manifestar su don. Le gustaba recordar que eran amigos, o algo parecido, se sentía importante cuando el otro le decía lo increíble que era, con ojos brillantes como estrellas. O cuando lo perseguía a todas partes diciendo que quería ser tan genial como él.
Luego ocurrió el incidente del río y las cosas cambiaron. De rosa a negro.
Pensar como hubiese sido su relación si Deku hubiera manifestado un quirk a los cuatro años lo llenaba de una ansiedad (o anhelo) que le retorcía las entrañas. Nunca tuvo la oportunidad de decírselo pero se sentía realmente culpable, arrepentido, de ciertas cosas que le dijo a lo largo de su estadía en la escuela secundaria.
Desde luego no esperaba ser perdonado, pero era algo que debía sacarse del sistema, no por Izuku, por él. O en parte.
"¿Kacchan?"
Lo miró y ahí estaba de vuelta. Esos ojos preguntando "¿Estas bien?" lo atormentaban a tan solo 20 centímetros, sino menos, de distancia. Desde esa diminuta distancia podía contar todas y cada una de las pestañas verdosas que rodeaban sus ojos. Rizos caían sobre sus cejas y se dió cuenta que tenía muchas ganas de tirarselos para atrás. Que carajo.
Y cuando el pecoso inclinó su cabeza inquisitivamente fue suficiente. Tenía que irse de allí antes de que haga una locura como exportarle la cara.
"Estoy perfectamente, nerd."
Se levantó de su lugar, harto de lo que sentía, seguido por la mirada del otro y partió rumbo a su habitación.
"¡Bakugo!" Llamó el pelirrojo al verlo, atrayendo la atención de la mayoría en la sala. "Te perderás la mejor parte amigo."
Comenzó a caminar entre la oscuridad del lugar ignorando cualquier cosa que podría detener su recorrido.
"Como si quisiese seguir viendo esa película de mierda."
Y así, con la cara caliente por alguna razón, desapareció por las escaleras.
No fue testigo de la mirada preocupada de cierta persona sentada en el sofa.