¿Puedes verlo?
A veces la solución a los problemas es llorar, pero no siempre puede funcionar.
De sus manos caía la sangre, el estruendo causado por los truenos y relámpagos del exterior la exaltaron, provocando que soltara sobre el charco de sangre aquel arma filosa.
En su mente se repetía la misma frase, "eres una asesina".
Ella se cuestionaba lo que había sucedido, ¿por qué lo había hecho? No lo sabía, de su mente las preguntas no se respondían y tampoco salían.
Su ropa clara ya estaba manchada de sangre, aquel líquido rojo ajeno, que no le pertenecía pero era parte de su linaje sanguíneo.
Sus ojos estaban llorosos y le ardían, porque por más que se arrepentia no podía llorar y eso le frustraba más.
—¡¿pero qué hiciste?! — gritaba la anciana viendo la escena frente a sus ojos. Después de haber escuchado los gritos en la habitación entró asustada.
Por la ventana solo se observaban las gotas de lluvia caer con fuerza y velocidad, la lluvia se había intensificado a una tormenta que pareciera no tener final nunca.
—yo... perdón. — dijo, pese a que el perdón no le saliera sinceramente.
—¡¡has cometido algo horrible!! ¡¡Tendrás que ir a prisión por esto!! — habló la anciana mientras jalaba a la chica hacia la salida, sus pies descalzos se toparon con el frío y mojado suelo del exterior.
Poco a poco la sangre se iba limpiando y sólo observaba como la anciana lloraba de coraje y le cerraba la puerta.
—¿Y ahora debo huir? — dijo en voz alta sin expresión alguna. Ahora lo había perdido todo, no tenía a dónde ir ni con quien vivir.
Comenzó a caminar mientras escuchaba los lamentos de la mujer mayor en la vivienda, pero poco a poco el golpetear constante de la lluvia ocultó todo ruido externo al de las voces en su mente.
¿Puedes verlo?
Acabas de cometer traición.
—¿soy una traicionera? — se preguntó deteniendo su paso abruptamente.
Ella solo quería vivir y la culpaban por eso.
¿Cuándo iba a terminar?
Y sin darse cuenta, terminó tendida sobre el suelo en el frío de la noche, sólo viendo antes de que sus ojos se cerraran como alguien se acercaba a ella.
Una mujer de cabellos blancos que portaba un paraguas hermoso de colores vivos, comenzó a hablarle mientras lloriqueaba, pero ella no respondería.
Jamás volvería a decir una sola palabra.
"Asesina", eso seguía sonando en la niebla de su mente.








