Prólogo
¡Pom!
Cuando la puerta se abrió con un ruido fuerte, Jimin saltó del susto. Naturalmente su reacción fue apartar los ojos del escritorio y mirar en dirección hacia el sonido.
Era el jefe de Jimin quien acababa de abrir la puerta, y con quien hace solo dos días tuvo sexo ardiente. Su temperatura corporal aún no desaparecía del todo, tragó en seco sin darse cuenta, y se levantó como de costumbre para inclinarse cortésmente con un saludo.
—Sr. Jeon. ¿Hay algún problema?
Incluso si no responde, ya parece saber la respuesta. Jimin pudo sentir cómo su corazón latía como loco e intentó fingir calma y controlar su expresión. Jungkook distorsionó su boca y se rio brevemente.
—Ah... Por supuesto, hay un gran problema.
Sostuvo una de sus orejas y la apretó.
—Una perra me marcó.
Jimin casi se lanza gritando “lo siento” pero se contuvo.
A Jungkook no le agradó la reacción, y le lanzó una mirada desagradable.
—¿Qué? ¿Eso es todo?
No paso mucho tiempo antes de que Jungkook comenzara a gritar. Era su reacción natural. ¿Quién se atrevió a dejar una marca en un hombre tan arrogante sin permiso? Tan orgulloso.
—¿No recuerda quién le hizo la marca?
Bueno, si supiera no estaría aquí. Jimin estaba entre asustado y aliviado. ¿Quién era capaz de marcar tan audazmente el cuerpo de Jeon Jungkook y desaparecer? Jungkook nunca lo sabrá y eso tranquilizaba a Jimin.
Jungkook, quien tenía un huracán de ira sobre él, hizo una mueca con la boca para después suspirar
—Llama a Hobi.
Jimin estaba tan sorprendido por el nombre del líder del equipo de guardaespaldas que comenzó a jugar con sus manos en señal de nerviosismo
—... ¿Estás tratando de encontrar a quien te marcó?
—No. —Antes de sentir alivio, Jungkook agregó—: Voy a matarlo.
En ese momento, su dulce sonrisa asesina fue vista como una sentencia de muerte para Jimin.