Lágrimas de frustración
Era de noche en Nueva York cuando Mikey Hamato se hallaba a solas, en las afueras de la gran ciudad, tratando de controlar su poder eléctrico; un don que le fue prácticamente robado después de su épica lucha contra Neutrino; pero que, al fin, el utrom Alfil le devolvió luego de mucho tiempo intentando convencerlo de eso.
Sus hermanos no sabían eso. De hecho, la lista de las cosas que ellos no sabían de él se iba engrandeciendo con forme pasaban los años. Actualmente todos ya tenían 17 años en edad, y Mikey estaba a punto de considerar independizarse.
No había que malinterpretarlo, él amaba a su familia, amaba estar junto a ellos.
Cansado, esa era la palabra.
En medio de la oscuridad, respirando agitado, Mikey bajó sus manos luego de haber logrado hacer un campo de protección con su don, notando que su esfuerzo por controlarse, estaba dando frutos. La luz de sus rayos podría atraer a los curiosos, motivo por el cual se alejaba demasiado de la bulliciosa ciudad, bajo la excusa de querer extender el radar de patrulla. Lo cierto era que, a veces, él necesitaba estar a solas.
Sin Raphael golpeando su cabeza luego de llamarlo “tonto”, de alguna forma que acabase de descubrir o inventar.
Sin Leonardo creyendo que tendría que vigilarlo las 24 horas por temor a que fuese hacer… algo tonto.
Y sin Donatello, que sencillamente no paraba de repetirle las cosas como si aún fuesen niños de 8 años. Era obvio que Donnie pensaba con descaro que Mikey se había quedado atorado en esa edad.
Otra palabra: harto.
Tenía que ser honesto, Mikey estaba harto.
Mirando el suelo, apretó sus puños hasta que sus palmas dolieron.
¿Por qué… a pesar de tantos años? ¿Por qué sus hermanos seguían subestimándolo?
¿No les había demostrado ya su potencial? ¿De lo que era capaz en realidad? ¿Qué no todo para él era juego pero tampoco podía ser un segundo Leonardo y ser un ninja amargado?
—Podré… podré no ser tan listo como ellos… ¡pero no soy estúpido! —exclamó enfurecido, liberando parte de su poder una vez más, pero esta vez ya no para intentar controlarlo, sino para dejarlo salir. Al igual que su rabia contenida.
A diferencia de las otras veces, sus rayos azulados quemaron el suelo de tal forma que este humeó aún después de que Mikey volviese a estar en momentánea calma, estos iluminaron aún más el cielo; e hicieron un ruido estruendoso que a cualquiera avisaría que estaría a punto de llover.
De sus claros ojos azules, un par de lágrimas bajaron, las cuales, él limpió rápido. No era tristeza, era frustración, y esta era cada vez mayor.
Sólo aquí tenía algo de privacidad… sólo aquí podía entrenar solo su don oculto, pasar el rato consigo mismo y recuperar energías para volver a enfrentar lo mismo de todos los días en casa.
Meditar no era lo suyo, nunca lo fue, pero lo intentaría.
Con una mirada perdida, Mikey inhaló profundo, estirando sus dedos un par de veces antes de que sintiese cómo su don comenzaba a acumularse en su interior.
Algo iba a salir mal.
Esperó…
»¡Dios, Mikey! ¡Siempre encuentras una nueva forma de elevar tu estándar de idiotez! —oyó a su hermano Rapha; quien cada vez se enojaba con él hasta por lo más mínimo.
»¿En serio tengo que repetirte lo mismo todo el día? —oyó a Donnie, suspirando; como si tener que hacer eso le produjese un cansancio inmenso.
»¿Cuándo vas a madurar, Mikey? ¡Ya no eres un niño, deja de jugar! —oyó a Leo siendo serio, como siempre, tratando de actuar como Splinter.
Que él siguiese siendo el líder, no lo hacía su segundo padre.
Los rayos volvieron el envolverlo, sólo a él. Estos se mantenían destellando y revoloteando, haciendo ruido.
Mikey esperó…
Inhalando profundo, Mikey alzó sus manos y de pronto pensó en sus contrapartes de la otra dimensión. Aquella en la que Rapha no era un ogro gruñón las veinticuatro horas del jodido día; aquella donde Donnie no era esa bola de estrés andante que se la pasaba encerrada en su laboratorio; y aquella donde Leo no era su papá.
A veces quería volver a ver a esas versiones de ellos mismos. A veces quería… sólo… charlar con ellos. Desahogarse un poco. Hablar con otros seres que pudiesen entenderlo, al menos un poco.
Su contraparte había sido el más cercano a eso. Se preguntó si… habría otros Mikeys con los cuales hablar sin que estos pensasen que estaban tratando con un niño o un idiota.
Porque, salvo por ellos, April y Casey; él estaba sólo. Shinigami, su novia, hace meses había tenido que volver a Japón junto a Karai por un tiempo; y aunque de vez en cuando ellos hablaban por teléfono… Mikey no quería preocuparla por estos asuntos. La esperaría. Por otro lado, Casey y April a leguas pensaban también que Mikey era un niñito de 17 años por lo que se la pasaban justificando a sus hermanos por regañarlo todo el tiempo por literalmente todo.
Los únicos en los que Mikey podía pensar ahora… era en aquellos simpáticos “hermanos” de esa otra dimensión… y se preguntó…
Mikey se preguntó… y esperó…
Él no lo notó pues tenía los ojos cerrados, pero sus rayos cambiaron de color; de azules a anaranjados…
«Me pregunto si…»
Como si de un eructo repentino por un exceso de grasas en la pizza se tratase, Mikey de pronto sintió como si algo saliese de su pecho y exhaló al mismo tiempo que oía sus rayos destellar. Se mareó. Se sintió caer.
Como si de pronto y por breves instantes hubiese perdido la conciencia de sí mismo, Mikey sintió su entorno girar, revolotearse, centellar y explotar. Su propia energía lo abrumó, lo revolcó en el aire por un tiempo; no pudo gritar ni resistirse. El aire casi lo abandonó.
Tal vez, después de algunos segundos… él no lo supo. Mikey se sintió caer en un suelo sólido mientras sentía su propia electricidad atacándolo con cierta suavidad, dándole algunos toques algo dolorosos. Hace bastante que eso no le pasaba.
Esperen, ¿estaba acostado en un suelo sólido y frío? ¿Cuándo él había estado en una zona casi boscosa sobre la tierra y hojas caídas?
Sus oídos zumbaban. Su cabeza punzaba. Aun teniendo los ojos cerrados, podía ver una luz blanca que nada tenía que ver con él.
¿Lo habían secuestrado los extraterrestres otra vez? ¿O serían los duendes?
—Esto debe ser una broma —oyó a lo lejos una voz. Muy jovial. Masculina.
—Dee, ¿qué le hiciste a Mike? —otra voz, de tono grueso, pero compasivo. Ese sonaba preocupado.
—Interesante… —susurró una tercera voz masculina—. Es una tortuga.
—Bravo, ahora hazme otro favor, querido hermano genio —eso sonó muy sarcástico—, por la ciencia, revisa si el agua moja.
—¿Quieres jugar conmigo de esa forma, Nardo?
—¡¿Quieren parar ustedes dos?!
Todos hombres, todos… al parecer… interesados en él.
Mareado y extrañamente cansadísimo, como si hubiese estado entrenando por días y no por algunas horas, Mikey apenas pudo abrir los ojos cuando tres figuras se interpusieron entre la luz y su vista.
Lo primero que vio… fueron bandas de colores en los rostros extraños.
Morado… azul… rojo…
—¿Donnie? —-masculló Mikey, pegando su mano a su cara, tratando de controlar el mareo—. ¿Dónde… estamos…? ¿Qué pasó?
—¡Me conoce! —exclamó la imagen borrosa de banda morada, parecía muy emocionado.
Ese no sonaba a su Donnie.
¿Acaso…?
Mikey se volteó, tratando de incorporarse cuando sintió unas poderosas manos que sin problemas, sujetaron sus costados, y lo alzaron.
—¿Qué?
Su vista fue normalizándose a medida que este, ¿señor?, lo iba subiendo hasta que Mikey dejó de tocar el suelo. Hace poco tiempo que él dejó de medir menos de 1,55cm de estatura, no era fácil hacer eso.
—¿Rapha? —masculló sorprendido de ver… a Rapha…
¿Rapha?
Bueno; ¡ese no era…! ¿O sí?
Mikey no era estúpido. Muy rápido se dio cuenta de que, al parecer, había cambiado de dimensión otra vez; pero esta no era la dimensión de sus otros “hermanos bonachones”, esta era otra diferente… muuuy diferente.
Le costó mucho mantener la compostura y no ponerse a chillar como un fan de las historietas en su primera Comic-con. ¿Cómo había pasado esto? ¡No lo sabía, pero era genial!
—Se ve como Mikey —señaló la tortuga delgadísima de la banda azul… y de curiosas marcas rojas en su rostro, ¿serían tatuajes? Se veían cool—. Pero es obvio que no es nuestro Mikey, ¿verdad, Dee?
¿Dee?
Ahora su vista se posó sobre la tortuga de banda morada; era… Donatello, pero no su Donatello. Ellos dos se parecían mucho, pero al mismo tiempo ciertos detalles los diferenciaban mucho. Este Donnie tenía un extraño aspecto; llevaba muchas cosas tecnológicas encima. En especial esos googles, un lado azul y el otro rojo. Mikey no pudo evitar pensar en un insecto ojón… de ser un villano lo nombraría “Insectdonnie”.
Y si lo analizaba muy de cerca, demasiado cerca. Sí, a pesar de todas las diferencias, este tenía la pinta de estar igual de loco que su propio Donnie, en especial por esa cara al analizarlo visualmente hasta llegar a ser muy incómodo.
»Oh, oh, tu Donnie también tiene esa mirada de loco —recordó a su homólogo decirle eso, hace unos años.
Ajá. Ahora esa frase tenía más sentido. Seguro todos los Donnies en los diferentes universos tenían esa cara.
—Oye, amigo, guarda tu distancia, ¿quieres? —dijo Mikey haciendo una mueca incómoda—. No soy la rata de laboratorio de mi propio Donatello, no pienses que seré la tuya… ¡y tampoco soy una rata! —se cruzó de brazos como pudo, debido que el Rapha grandulón aún lo tenía sujeto de sus hombros.
Sólo por ser evidentemente un Rapha, Mikey se tensó un poco y esperó a que este de pronto comenzase a zangolotearlo y amenazarlo con exprimirlo como un limón si no dejaba los chistes, pero para su extrañeza, la tortuga enorme de la banda roja sólo siguió mirándolo… sin una pizca de agresividad en su cara. Se veía… extrañamente asombrado.
—Esto es muy interesante —Insectdonnie por supuesto lo ignoró—. Sabe hablar bien… y no parece tener heridas o fracturas. ¿Qué dices, Raph? ¿Es más pesado que nuestro Mikey? Yo lo veo un poco más… gordo.
Mikey hizo una mueca indignado; aparte de que este Donatello lo ignoró aún más olímpicamente que su propio Donnie, ¡¿acaba de llamarlo “gordo”?!
Se sintió siendo ladeado de un lado al otro con cierto cuidado por el “Rapha Grande”, como si fuese un peluche. Y por alguna razón eso lo irritó más, a que lo hubiese hecho con las intenciones de amenazarlo.
—Yo diría que es fornido —luciendo pensativo, Raph apretó sus brazos un poco—. Sí… es un poco más pesado que nuestro Mikey… pero eso es porque tiene más músculo.
—¿En serio esas son sus preguntas con respecto a esta situación? —resopló la tortuga de la banda azul, cruzándose de brazos, pero haciendo una mueca burlona.
—¡No estoy gordo! ¡Me mantengo en excelente forma! ¡Bájame, ahora! —Mikey casi chilló irritado.
—Vaya carácter —sonrió ese Leo.
Ese era… ¿Leo? Imposible, salvo por la banda azul en su cabeza, este no se parecía a su Leo… en nada.
Su propio Leo, mostrándose serio y hasta siniestro, como un prototipo fallido de antihéroe con el disfraz del policía malo, ya estaría haciendo preguntas directas; mirando con desconfianza a su inesperado invitado, y preguntándose a sí mismo si esta sería alguna trampa enemiga. Este Leo, por otro lado, parecía encontrar toda esta situación muy divertida.
Era raro. Todo era raro. Dado a lo extraño de esta situación, Mikey casi se sentía de vuelta en la Dimensión X.
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Muchas gracias por leer; ¿comentarios? :D
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