𝐀𝐁𝐈𝐒𝐌𝐎
ʀᴇɪɴᴏ ᴅᴇᴍᴏɴɪᴀᴄᴏ
—¡Usted puede señorita!
—¡Muéstrele su fuerza, majestad!
En el reino demoniaco se lograban escuchar los gritos de apoyo y aliento hacia una pareja que luchaban entre si, todos estaban reunidos alrededor de aquellos seres, pues su fuerza y poder era tal que el reino se sacudia ante sus violentos ataques.
—Mar de inquietud —Uno de ellos atacó con su poder, una onda de oscuridad se extendió por la arena dejando a todos sorprendidos y perplejos, pues el polvo se alzó y les impidió ver con claridad lo que ocurría.
—Contraataque —Al impactar contra la espada contraria, aquel poder fue devuelto a su poseedor, quien ágilmente logró esquivarlo, impactando contra una montaña destruyéndola por completo.
—Suficiente.
El gobernante de aquel clan, El Rey Demonio, hizo acto de presencia, deteniendo aquella bestial batalla.
—He visto suficiente —Con autoridad y firmeza, se detuvo ante los dos demonios, quienes al verlo solo se inclinaron ante él —. Han demostrado tener la fuerza y capacidad digna de nuestro clan.
El rey se acercó a uno de ellos, un joven de cabellera rubia, cuerpo musculoso, estatura baja y mirada fría.
—Meliodas, hijo mío, a partir de hoy serás líder de mi tropa élite: Los 10 mandamientos, portarás el mandamiento del amor.
El chico mostró una sutil sonrisa llena de superioridad y orgullo ante su nuevo cargo, pues si bien era el hijo mayor del rey y príncipe del clan demoniaco, siempre buscaba una nueva manera de sobresalir.
—Haré honor a tal cargo, padre. —Dió un paso atrás y dejó a su padre seguir.
El rey se acercó ahora a una joven pelirroja, era de una estatura algo más grande que el chico, su cuerpo curvilíneo casi perfecto y una mirada letal.
—Lilith, le has dado batalla a mi hijo y has igualado su poder y destreza, es por eso que hoy te nombro: Lilith, angel de la muerte — se acercó y tomó el hombro de la joven—. Además, serás su mano derecha liderando a los 10 mandamientos portando el mandamiento del deseo.
La chica sonrió y se inclinó ante su rey mostrando su respeto.
—Daré mi mayor esfuerzo para ser digna, majestad. —se incorporó y se paró al lado de Meliodas.
—¡Que hoy sea un día memorable, pues mi hijo y su mujer, serán aquellos quienes nos lleven a la victoria contra la raza de las diosas! —El rey se detuvo frente a ellos y diciendo unas palabras extrañas entre sus manos se revelaron aquellos dos mandamientos —, que su fuerza, sea la clave para la gloria de nuestro clan.
Diciendo eso, aquellos mandamientos salieron disparados hacia la pareja, quienes recibieron con orgullo su mandamiento.
Los mandamientos aceptaron a sus nuevos recipientes, envolviéndolos en un torbellino de oscuridad.
—¡Arrodíllense ante sus majestades! —gritó un viejo demonio de baja estatura y cabello verdoso, Chandler.
Los demonios se inclinaron cuando la oscuridad se disolvió y pudieron ver a aquellos dos imponentes demonios con un poder monstruoso.
—Fue un gran día, ¿no lo crees? —la chica entró a la habitación que compartía con su enamorado, desactivando su marca demoniaca dejando a la vista unos preciosos ojos rubíes.
—Definitivamente lo fue —el príncipe entró a la habitación cerrando la puerta tras de sí, desactivando igualmente su marca revelando unos brillantes ojos esmeralda —, aunque para ser sincero, hubiera preferido no hacer esa batalla contigo, bonita.
La chica se rió y fue a abrazar a su amado, quien por la diferencia de estaturas su rostro quedó entre los pechos de la chica.
—Cielo, fueron órdenes de tu padre, además sabes que así es la tradición.
—No me importa esa estúpida tradición, eres mi mujer y como tal te mereces ese cargo —Meliodas realmente se encontraba indignado, pues él mas que nadie sabía la enorme fuerza y poder que poseía su amada —, no entiendo porqué mi padre siempre debe hacer estas idioteces, hacer ese combate…
—Hacer ese combate solo ayudó a demostrar lo que tu padre y nosotros ya sabíamos, que estoy totalmente capacitada para ser tu mano derecha en el liderazgo de los 10 mandamientos.
A pesar de la inconformidad que Meliodas demostraba, Lilith se sentía orgullosa de su desempeño en el campo de batalla, pues no solo les había demostrado a los demonios, si no también a ella misma, que era capaz de guiar a su gente en la guerra y ser la líder que defendería a su clan a capa y espada.
—No era necesario demostrar nada, eres la demonio más fuerte del inframundo, la única que me puede dar batalla y...
—Y la única que puede darte órdenes —la chica lo interrumpió nuevamente con una sonrisa y se apartó del rubio dejando un casto beso en sus labios — ve a darte un baño, estás lleno de tierra, cielo.
El rubio sonrió y se dirigió hasta la chica para cargarla sobre su hombro mientras se deleitaba al escuchar las risas y quejas de su pareja.
—Tú vienes conmigo preciosa, te enseñaré a respetarme.
Entre risas y juegos, aquella pareja disfrutaba su día en compañía del otro, sin imaginarse el tortuoso futuro que el destino les tenía deparado.

