La guerra ha terminado
El bien y el mal siempre han estado enfrentados. Desde el principio de los tiempos, desde que el mismísimo infierno fue creado para desterrar a aquellos que se oponían al mandato del Cielo, estas dos formas de la naturaleza siempre se han enfrentado de forma constante. Una lucha materializada en la batalla que se estaba realizando en el Infierno a manos del ejército de ángeles exterminadores comandados por Adán, el primer hombre.
Lo que aquel batallón alado desconocía era que no eran invencibles. Llevaban siglos luchando de forma incansable sin que un solo pecador les hubiera hecho daño. Este hecho había creado ángeles confiados y despreocupados que atacaban sin miramientos, sin miedo a resultar heridos. No obstante, el Infierno aprendió a defenderse.
Guiados por la mismísima princesa del Infierno y sus compañeros dieron guerra contra los ángeles con una fiereza que el Cielo no había visto nunca. Muchos ángeles cayeron en batalla, muchos demonios también perecieron a la entrada del hotel de la princesa y, al final, hasta el comandante de los ángeles, el primer hombre, cayó ante la imponente fuerza del Infierno.
La visión del hombre apuñalado incontables veces por aquel pequeño demonio de un ojo quedaría por desgracia para siempre grabada en la memoria de Lute que se arrastró desesperada por el campo de batalla para intentar auxiliarlo. Tenía que estar viviendo una pesadilla. Aquello no podía ser verdad. No podía perderlo. A él no.
Llevada por la desesperación, lo zarandeó con el brazo que le quedaba, lo movió para que reaccionara, le gritó, le rogó que permaneciera a su lado, pero él ya no respondía.
Lo último que hizo Adán fue abrir los ojos una última vez. Aún con la vista nublada pudo verla, a aquella mujer que nunca lo había abandonado. Aquella mala perra que siempre se mostraba seria tenía la expresión desgarrada mientras lo llamaba. Adán tenía que admitir que incluso con los ojos inundados de lágrimas y la nariz sangrando estaba preciosa. Con ese pensamiento en la cabeza le dedicó una última sonrisa que solo ella podía ver.
Lute no pudo evitar pensar que era un maldito idiota. Aquel desalmado y malhablado hombre tenía que hacerse el guay en sus últimos momentos delante de ella. Después cerró los ojos y mantuvo la sonrisa imperturbable mientras su cuerpo empezaba a pesar cada vez más. Lo había perdido. Poco a poco notaba como la desesperación se apoderaba de ella.
—¡Adán! —gritó desgarrándose la garganta en un intento desesperado de hacer que volviera a abrir los ojos.
—Se ha acabado.
De espaldas a ella, escuchó la desagradable voz de la princesita. No podía ser. No podía acabar así. La muerte de Adán y los exterminios no podían quedar así. No podía perder todo lo que era ella en un solo día, a manos de aquellos infectos demonio.
Las palabras de Charlie desencadenaron la ira del ángel. Lute se lanzó a atacar a la princesa. Al menos si acababa con ella, todo el sacrificio había servido para algo. Si eliminaba a Charlie, los pecadores se quedarían sin su líder y serían fáciles de subyugar de nuevo a la voluntad del Cielo. Pero su desesperado ataque fue detenido por la maldita traidora de Vaggie.
—Eres lo peor —escupió el ángel tuerto mientras la reducía a pocos centímetros de su objetivo.
—Haz que tus amiguitas se vayan. ¡Ya! —Los pesados pasos de Lucifer se fueron acercando a ella.
Lute tragó saliva. Sabía que estaba atrapada. No tenía escapatoria y, si no cedía ante los caídos, no sabía cuál sería su destino.
—¡A todas las exorcistas, retirada! —ordenó mientras seguía notando el fuerte agarre de Vaggie.
Cuando finalmente pudo ver el cielo despejado de todas sus compañeras que habían vuelto al paraíso, intentó forcejear para alzar el vuelo y volver con ellas, pero era imposible. Vaggie no tenía intención de soltarla y pudo notar como la mirada penetrante de Lucifer le congelaba el alma.
—No, no, no. Tú no vas a ninguna parte —dijo el rey del Infierno con voz burlona y una sádica sonrisa en su cara de payaso.
Vaggie aflojó el agarre ante la cercanía del rey mientras este se arrodillaba frente a ella con los ojos inyectados en sangre. Le agarró la cara con una mano y la obligó a mirarle a los ojos.
—Te podrías haber ido con el resto de tu escuadrón. Lo hubieras tenido tan fácil si no fueras tan necia. Pero no, decidiste atacar a mi hija cuando estaba desprevenida. Y eso no pienso perdonarlo.
De su boca empezó a salir fuego, pero aquella muestra de poder no era suficiente para amedrentar a la lugarteniente de Adán.
—¿Qué? ¿Vas a matarme? —le retó.
El rey del Infierno esbozó una amplia sonrisa casi tan grande como la de ese demonio ciervo. Sus cuernos volvieron a emerger de forma amenazante y el agarre en su cara empezó a hacerle daño. Quizás este era el final. Morir a manos del mayor enemigo de la persona que más le importaba en el mundo. Le parecía hasta poético.
—¡No, papá! ¡No lo hagas! —intervino Charlie.
Lucifer dulcificó su rostro y soltó la cara de Lute que dio contra el suelo.
—Me encantaría destrozarte y partirte en cachitos. Creo que lo mereces de sobra. Pero ya has oído a la princesa. Te dejaré vivir —sentenció el rey dándole la espalda—. No obstante serás una rehén muy interesante a nuestro favor. Si el Cielo te quiere de vuelta, tendrán que negociar la paz.
—Buena idea, señor —dijo Vaggie que le había acercado la lanza al cuello a Lute para que ni pensara moverse.
—Gracias, Maggie —sonrió Lucifer.
—Es Vaggie, papá —intervino Charlie con un poco de vergüenza.
—Oh, vaya. —El rey empezó a rascarse la nuca algo incómodo—. Si suena como... ¿Quién te puso ese hombre?
El ángel tuerto estaba con la cara completamente sonrojada por la situación en la que se había visto envuelta. Muerta de vergüenza señaló con la cabeza al cadáver del primer hombre que yacía no muy lejos de donde estaba todo el grupo.
A pesar de la tensión del momento, ninguno de los habitantes del hotel que se habían reunido con el final de la batalla pudo evitar reír a carcajadas con toda aquella situación. Todos habían sufrido mucho y necesitaban relajarse un poco para coger fuerzas con las que enfrentar todo lo que les deparaba el futuro.
Durante la remodelación del hotel, Lucifer encarceló a su prisionera en una jaula provisional cerca de la zona de construcción. Aquel nuevo hotel, tan grande y brillante cegaba la visión del ángel.
Lute estaba destrozada. Hubiera preferido morir a estar como estaba en ese momento, sola a merced de aquella panda de demonios depravados. No era capaz de imaginarse la de cosas que podrían hacerle, pero ella era una mujer fuerte que no cedería ante nada. Era fiel al Cielo, la mejor de las exterminadoras. Mil veces mejor que Vaggie. Era la favorita de Adán. Ella no caería ante esos putos demonios.