Vanilla Dream

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Summary

Jesse es un cerebrito. Rosa es la chica popular y plástica de la escuela.

Status
Complete
Chapters
7
Rating
n/a
Age Rating
18+

Primera Parte


I


Jesse conoció a Rosa cuando ambos estaban en el kínder.


En aquellos tiempos, solían jugar juntos en compañía de sus padres debido a que vivían en la misma ciudadela privada. Todas las tardes eran de diversión. El punto de encuentro era un parque que quedaba a un lado del club social. Allí, subían y bajaban de los toboganes, se balanceaban en los columpios y jugaban a las escondidas.


La vida en la infancia era divertida, hasta que un día nunca más volvieron a tener tal cercanía.

Los años pasaron; Jesse y Rosa crecieron. Uno con una popularidad regular en el colegio debido a su inteligencia, y la otra por su atractivo sin igual. Ella era de piel blanca y ojos marrones, con una figura curvilínea y senos levantados. Sus piernas, al igual que sus nalgas, eran gruesas.

El efecto de ser una celebridad estudiantil hizo que su autoestima subiera por los cielos, lo que la llevó a poseer una personalidad cruel y nada simpática.

—A un lado, cerebrito.

Su voz era nasal, ni siquiera normal. Jesse no sabía si ella intentaba imitar a las jóvenes castrosas de los que la gente se burlaba en internet, porque creía firmemente en que se estaba convirtiendo en una.

Un empujón hizo que sucumbiera de cara al piso del pasillo escolar. No tardó en escuchar las risas de los estudiantes que pasaban por allí.

Se levantó sujetando su nariz con cuidado. Eso no evitó que de entre sus dedos, la sangre se le empezara a escurrir.

—Te dije que te hicieras a un lado.

Alzó la vista hacia la mujer que estaba hablando. Se trataba de Rosa y de su pandilla de populares. A su espalda, se hallaban dos chicas igual de hermosas que ella, pero a su lado, se encontraba uno de los tipos más bravucones de todo el colegio, que además era el capitán del equipo de básquet.

De hecho, debido al empuje, supo que fue él quien lo provocó.

—Puto Chet… —susurró Jesse.

—¿Qué mierda dijiste?

La pregunta iracunda del deportista llegó a oídos del cerebrito junto a un empujón todavía más brutal que el anterior contra los casilleros de metal. Jesse tenía el antebrazo musculado del bravucón sobre su garganta.

—Chet, ya déjalo. No vale la pena. —Rosa posó su mano derecha en el pecho del victimario.

El muchacho acorralado miró de reojo a su antigua amiga de la infancia. Luego se liberó, al ver que la extremidad ajena ya no aprisionaba su cuello.

Aun así, se retorció de dolor al recibir un último golpe en el estómago.

—Vuelve a hablar de mí y te mato.

Sus ojos cayeron al piso mientras se agarraba las tripas con dolor.

Y pese a tanto maltrato, no derramó ni una lágrima. Ya se las había gastado desde que empezó el acoso. Ahora, solo tenía disponible una cara de permanente tristeza.

II

—¿Escuchaste que Rosa va a hacer una fiesta en su casa?

Jesse escuchó la pregunta desde su asiento. Él no era el destinatario, sin embargo, en plena espera a la llegada del profesor de física, los estudiantes comenzaron a conversar entre ellos.

Gracias a las pláticas de las cuales él no era invitado, se dio cuenta de que era el único excluido a lo que estaba planeando la chica popular. Todos habían recibido mensajes por medio de WhatsApp.

Incluso los emos, dentro de su eterno desánimo, lucían felices.

Sin siquiera ver su entorno, sintió un montón de miradas en su piel.

Afortunadamente, el profesor llegó para desviar la atención.

III

—¿Vas a ir o no? Dímelo de una vez.

—¿Disculpa?

—Mi madre quería que vinieras. Si fuera por mí, estaría lejos de tu trasero de cerebrito. Así que no pienses que esto fue idea mía.

Había pasado una hora desde que las clases terminaron. Jesse estaba en su casa, en la sala de estar viendo una película de terror, cuando de pronto, el toque del timbre en la puerta de entrada lo hizo levantarse.

Fue más que una sorpresa lo que sintió al ver que quien estaba afuera era Rosa.

¿Y todo para qué? Para una invitación forzada y una plática agria.

Debajo del marco de la puerta, con valor en su voz, dijo:

—Vete a la mierda.

—¿¡Y bien!? ¡No tengo todo el día! ¡La fiesta ya va a empezar!

El fuerte hablar de la jovencita lo devolvió a la realidad.

—Tengo que pedir permiso a mis padres.

La muchacha rodó los ojos.

—Mira, mejor olvida que estuve aquí. De cualquier forma, si vas, solo será para humillarte. Ahórrate eso. Esta vez no te defenderé de Chet.

Jesse fijó su vista en el suelo. Observó las chanclas rosadas de la chica, nada más para ignorar lo que tanto deseaba decir. Y sin embargo, con tan solo un pequeño movimiento de pies, que indicó la retirada de Rosa, alzó la voz en una pregunta:

—¿Por qué eres así conmigo?

La popular miró por encima de su hombro durante unos segundos.

—Los niños crecen, Jesse. Y cuando me llegó la hora, entendí que podía aspirar a más… ¿Qué querías? ¿Qué cayera rendida a tus brazos?

—Algo de amabilidad.

Rosa se alzó de hombros.

—Nos vemos.