I - La presentación
— Muy bien, Jihyo. Hazlo pasar — dijo Minho por el intercomunicador con su secretaria, mientras tomaba asiento en la silla presidencial.
A veces se arrepentía de haber estudiado finanzas y tomar el timón para dirigir el monstruo empresario que representaba Lee's. Era demasiada responsabilidad para sus recién cumplidos treinta y cinco años, aunque ser un magnate millonario le permitía zafarse de muchos compromisos sin disculparse. Pero ahora tenía una situación particularmente molesta que ya no podía seguir evadiendo: entrevistas de trabajo para un nuevo asistente.
Bueno, debía admitir que había ahuyentado a los últimos diez aspirantes con sus constantes acosos en pleno horario laboral. Disfrutaba mucho hacerlo y no sabía de dónde había sacado esa manía. Pensaba que con el nuevo chico sería igual.
Tocaron un par de veces a su puerta y entró el hombre inglés más perfecto que sus ojos hubieran contemplado. Alto, esbelto, cabello castaño, manos delicadas, un par de ojos aqua que perforaban con su belleza, un aroma indescifrable y embriagador... Minho ya lo había contratado sin preguntarle nada.
— Buenos días, señor Lee. — saludó aquel hombre.
Su voz, su acento, sus dientes perlados y la sonrisa inocente le confirmaron a Minho su decisión de tomarlo como asistente.
— Buenos días, por favor, tome asiento. — ofreció Minho.
— Gracias, mi nombre es...
— Han Jisung. Treinta y siete años, graduado con el título de "Administración" con honores de la Universidad de Cambrigde; doble maestría en finanzas y mercadotecnia. Experiencia laboral en la industria Hwang's, con alta recomendación por parte de su líder, Hwang Hyunjin, quien es, por cierto, íntimo amigo mío — recitó Minho, señalando una carpeta sobre su escritorio. — Sé quién es usted, Jisung. Y déjeme informarle que estoy gratamente sorprendido.
Jisung solo sonrió nerviosamente, no sabiendo qué responder de momento. Le abrumaba la presencia del hombre. Había leído referencias y reseñas sobre sus logros como empresario a tan corta edad (más joven que él de hecho) y ahora entendía los motivos. Irradiaba liderazgo hasta en la manera de hablar.
— ¿Te importa si te tuteo, Jisung?
El inglés entreabrió los labios, soltando un ehehe. — En absoluto, señor Lee.
— Por favor, odio los formalismos. — respondió, levantándose de su asiento y rodeando el escritorio para observar más de cerca a Jisung. — Llámame Minho.
— Pero...
— Por favor, si vamos a trabajar juntos quiero que nos familiaricemos.
Jisung lo miró sorprendido. — ¿Eso quiere decir que...?
— Así es Jisung, el puesto es tuyo. Felicitaciones. ¿Te parece si empezamos mañana?
— Será todo un honor, señ-... Minho — corrigió cuando el rubio lo observó directamente.
— Perfecto. Mi secretaría te dará una planilla con los horarios y los proyectos que tenemos en puerta, me gustaría revisarlos.
Después de agradecer veinte veces más, Jisung se dispuso a marcharse. Sí, esto era fantástico, seguro la referencia de Hyunjin había sido la diferencia. Le sorprendía que su jefe fuera más joven que él, pero qué más daba, adoraba su profesión y eso se veía reflejado en cada proyecto que hacía.
— Jisung, una última cosa — lo llamó Minho antes de cerrar la puerta. — Te advierto que los anteriores asistentes renunciaron a las tres semanas, ¿crees que puedas seguirme el paso con la empresa?
— Por supuesto. — dijo decidido. ¿Otras personas no duraron ni tres semanas? Bueno, eso hablaba de la carga de trabajo, pero él no se doblegaría ante nada. Había hecho un esfuerzo gigante por ganarse la reputación que tenía y debía demostrarlo.
— Buen chico — despidió con un tono lascivo, al que Jisung no dio importancia. — Nos
vemos mañana.
A la mañana siguiente, como prometió, Jisung estaba puntual a las 8:00 AM en su oficina, que quedaba adjunta a la de su jefe, revisando memorándums, invitaciones, contratos de modelos, entrevistas con otros empresarios, reportes de ventas, etc. Estaba acostumbrado a un ritmo ajetreado. Trabajar para Hwang's le había enseñado a organizar todo y de ahí se derivaba su comportamiento obsesivo compulsivo, y aun así, no le parecía trabajo en exceso.
No era el trabajo, era el jefe quien provocaba las renuncias. Aunque eso lo ignoraba Jisung.
Escuchó que Minho llegaba por el ruido del portafolio tirado sobre su escritorio. Se apresuró a saludarlo, recibiendo una grata sorpresa al ver a su ex jefe, Hyunjin, ahí.
— ¡Jisung, muchacho! — lo saludó el excéntrico Hwang.
— Buenos días, señor Hwang... Señor Lee.
— Vamos, Jisung. Te dije que me llamaras Minho. — bromeó el rubio. Además soy más joven que tú. Me siento raro con tanta formalidad.
Jisung asintió y ladeó el rostro, confundido con la presencia de Hyunjin. — Disculpe, no me llegó notificación de su visita, señor.
— Oh, fue coincidencia. El fortachón y yo nos cruzamos en la avenida. Me dijo que recién te había contratado y quería verlo con mis propios ojos. ¿Cuándo empezaste?
— Hoy.
— Vaya... — miró sorprendido al inglés. — Bien, aquí te irá de maravilla. El sueldo es muy generoso, así que estarás bien.
Jisung asintió y se excusó para continuar con papeleo pendiente que tenía dentro de su oficina.
Cuando se fue, Hyunjin observó reprobatoriamente a Minho.
— Ni te atrevas a pensarlo, Lee.
— ¿Qué carajo? ¿Qué hice?
— Te conozco. Contratas hombres como asistentes, los acosas un par de veces, los masturbas a la fuerza y terminan huyendo de aquí. ¿Quién me garantiza que no harás lo mismo con Jisung?
Minho bufó y río por lo bajo. No había mentira en lo que acababa de decir su amigo. —
Es recomendado tuyo, respeto a tus exempleados. Además, Jisung no es mi tipo.
— Es MUY tu tipo, cabrón. — reprochó cruzando los brazos. — Solo prométeme que no vas a acosarlo. El pobre solo ha tenido dos parejas y ambos eran unos patanes sádicos.
— ¿En serio? ¿Tú y él fueron...? Sé que te gusta el sadomasoquismo.
— Por los dioses, Minho. ¿Por qué le haría esas cosas a Jisung? Tengo a Félix. — respondió despreocupadamente. — Pero, en serio, compórtate.
El australiano suspiró un par de veces. — Lo intentaré, pero no prometo nada. ¿Acaso no le has visto el trasero? Es algo demasiado celestial como para desaprovecharlo.
Hyunjin rodó los ojos, pero asintió dándole la razón. — Mira, si vas a intentar algo, trátalo bien. Es un buen hombre y yo, personalmente, admiro la dedicación que tiene en lo que hace. También dale crédito cuando se lo merezca.
Minho terminó prometiendo que se portaría como un caballero y esa mierda, pero cuando Hyunjin salió del edificio y tomó su transporte privado, el rubio sonrió son sorna. Aunque fueran amigos, no podía ignorar la vibra irresistible del inglés. Caminó hasta la oficina de éste, entrando sin tocar. El pobre Jisung se sorprendió tanto que las carpetas que cargaban cayeron en segundos.
— Lo lamento, lo recogeré en seguida. — dijo arrodillándose sobre el alfombrado.
— Te ayudo. — dijo Minho, arrodillándose también.
Con un desliz, rosó la mano del inglés. Al principio Jisung pensó que fue accidental, pero su mente se puso alerta cuando el otro no lo soltaba.
— Lindos nudillos. — dijo Minho, examinando la extremidad. — Tienes manos de pianista.
— Ahm... Toco el piano a veces.
— ¿Ah, sí? Quizá deberías mostrarme alguna vez.
— C-Claro, señor Lee.
— No, no, Jisung — replicó, tomando de improviso el mentón del inglés para mirarlo directamente. — Ya te dije cómo debes llamarme. No querrás que me enoje, ¿verdad?
Con el sorpresivo contacto, Jisung tragó saliva y negó con la cabeza. Su corazón se le había subido a la garganta. No era exageración, pensaba que Minho lo estaba hipnotizando con sus ojos azul celeste; esa mirada podría perforarlo con facilidad. No sacó fuerzas para apartarse.
— Muy bien. — dijo, provocando un sonrojo en el inglés. — ¿Crees que podrías redactar un informe de las ganancias de la última semana?
— Sí, señ-...Minho.
— Eres muy educado, pero me molesta. —señaló Minho, soltando su mentón y poniéndose de pie. — La próxima vez que me llames "señor Lee" tendré que castigarte.
¿Castigarlo? ¿Acaso estaban en la escuela o qué? Le pareció sumamente inadecuado a Jisung. —Pero eso va en contra de la política laboral.
— En mi empresa, aplico la política que se me antoje. — respondió, acercándose hasta acorralarlo contra el escritorio, colocando sus manos sobre la madera a modo de prisión. —Tengo todo el derecho de castigar a mis empleados como yo quiera.
Jisung tembló. Mejor dicho, sus rodillas temblaron. Ese hombre estaba demasiado cerca, tanto que su entrepierna comenzaba a rozar la suya. Por un momento, su mente lo traicionó al sentir un bulto pegándose a la altura de donde estaba su propio miembro.
— Ah... — soltó un gemido pequeño, y de inmediato cubrió su boca con ambas manos, apenado hasta las orejas. Dioses, quería que se lo tragara la tierra. Había dejado que el simple contacto con la entrepierna de su jefe, lo encendiera, sin ser consciente.
Minho se complació enormemente, sonriendo de lado. Le dio un respiro a Jisung, tomando distancia, pero sabiendo que no sería la última vez que lo torturaría así.
— Entonces, ¿cómo tienes que llamarme?
En medio de una humillación, el inglés no tuvo orgullo para mirarlo a los ojos. — Min-Minho...
Jisung estaba por escuchar una respuesta que iba a odiar profundamente en los siguientes meses de su vida. Cuando tuvo el coraje de encarar a su jefe, percibió esa sombría y perversa mirada que le dedicaba desde el marco de la puerta, con todo el porte de un australiano orgulloso, y no hizo más que sonrojarse.
— Buen chico, Jisung.
Había un tinte morboso en el modo que lo había dicho, y maldijo por lo bajo que no tuviera más opciones que quedarse en el puesto de asistente por ahora. Hyunjin nunca le advirtió de eso... Que va, ni siquiera estaba seguro que Hyunjin supiera de su comportamiento. Oh, dioses, ¿qué otra le quedaba más que soportar esa vejación? Era un empleado al fin y al cabo.
Así terminó el primer día laboral en la empresa para Jisung y deseo con toda el alma que hubiera sido un mal sueño.

