#1
El aeropuerto era un sitio extraño de despedida. El niño de seis años se rascó la cabeza mientras veía a su padre acercarse.
—Izuku —la melodiosa voz de su madre le hizo regresar la vista, estaba cargando a una niña de pelo verde y liso entre sus brzos—, ven a despedirte de tu papá.
—Está bien...
No quería despedirse, quería ir mañana con su padre al doctor y saber el resultado de su análisis de quirk y así saber si tendría uno similar al de sus padres.
Se limpio una lágrima que se le escapaba, y el se aparto para arrodillarse frente a una ventana. Su padre puso una mano en el hombro de su esposa.
—Inko, ¿nos das un momento, por favor? —Inko asintió y se apartó un poco—. Gracias.
Hizashi Midoriya se arrodilló junto a su hijo para ver por la ventana.
—¿Algo que te guste? —preguntó juguetón a su hijo, este simplemente apartó la mirada, no quería que su padre lo viese llorar—. Vamos Izuku, no es tan malo como parece. Regresaré en una semana y retomaremos el campamento como te prometí.
—No quiero que te vayas... —finalmente Izuku hablaba, su voz se entrecortaba con las lágrimas—. Prometiste ir conmigo a saber cual era mi quirk, y la cita es pasado mañana.
—Cuando regrese me lo muestras —aseguró con una sonrisa—. Estoy seguro de que tu poder será genial.
Hizashi pasó su mano alrededor del hombro de su hijo y lo acercó a él. Hubo un momento de silencio hasta que el pelonegro tarareó, pareció habérsele ocurrido una gran idea.
—Te diré qué —izuku lo mira con curiosidad en sus ojos vidriosos—. Si me perdonas esta vez... —la sonrisa de Hizashi se agrandó cuando sacó algo de su sacó. Una tarjeta con una constelación blanca—. Te regalo mi tarjeta de la suerte. La tengo desde que tenía más o menos tu edad. Si la aceptas, te prometo que te enseñaré lo que tengo en mi laboratorio cuando seas mayor, ¿ok?
Izuku tomó la carta con duda, vio la constelación en el reverso y la giró para ver a un superhéroe haciendo una pose.
—No lo conozco... —izuku a su corta edad ya conocía a muchos héroes, pero nunca vio uno como este en ninguna tarjeta coleccionable—. ¿Quién es?
—Bueno, él es-.
{A los pasajeros del vuelo 142 con rumbo a Nueva York, comenzará el abordaje desde este momento}.
El aviso cortó el momento e Hizashi suspiró.
—Bueno, supongo que te contaré en otra ocasión —Se puso de pie, Izuku lo miró con tristeza, pero a Hizashi eso no le gustó y Agarró al niño por los hombros y luego se lo subió al hombro—. ¡Vamos a que papá se despida de mamá!
Una risa salió de los labios de Izuku cuando su padre hizo eso. Este juego le encantaba.
[...]
La despedida de Hizashi e Inko fue casual, este era un viaje que él hacía cada cierto tiempo para los detalles de la empresa a la que trabajaba. Se despidió de él con un beso y le acaricio la cabeza a la niña que Inko tenía en sus brazos.
—Cuida de Izuku y de Shinobu, ¿si?
—Tú cuidate.
—Claro, claro.
Hizashi le dio un último abrazo a Izuku y subió al avión.
[...]
{Noticia de última hora. Nos informan que el vuelo 142 que salía esta noche a Nueva York fue atacado por villanos no registrados —anunció una reportera—. El conteo de víctimas es alto. Los bomberos y rescatistas ya están en la zona tratando de apaciguar la situaciones. Los villanos escaparon sin dejar rastro}.
[...]
Izuku e Inko estaban en shock, las llamas se alzaban con ira de la estructura del avión. Todo había pasado demasiado rápido, apenas vieron unos destellos morados y el avión fue hecho pedazos antes de siquiera poder despegar.
La mano de Izuku aún sostenía la carta de la suerte de Hizashi, pero su mano tembló y esta se cayó y voló hacia el suelo, Izuku trató de alcanzarla pero a lo lejos vio a alguien extraño con armadura aún más rara tomando la tarjeta entre sus manos. Al verlo a detalle no pudo evitar relacionarlo con una hormiga o un escarabajo azul.
¿Era un héroe? ¿Qué hacía un héroe llegando tan tarde?
A su lado escuchó a su hermanita llorar en brazos de Inko quien, aún con lágrimas en los ojos, intentaba calmarla.
Cuando Izuku regresó la vista a su costado, aquel hombre ya no estaba. Se llevó la carta de su padre, él último regalo que había recibido de él.
[...]
En el hospital, Inko conversaba con un doctor, a su lado estaba Hizashi conectado a docenas de máquinas y lleno de vendas.
—¿Como está mi esposo, doctor?
—Logramos sacarlo del peligro, por fortuna estaba lejos de los tanques de combustible cuando la aeronave explotó —trató de consolarla, él sabia que eso fue un error ya que ahora no podia evitar destrozar sus esperanzas con la dura verdad—. Por desgracia sus quemaduras son graves y los golpes de los escombros lo dejaron muy lastimado, específicamente tiene una lesión en su columna vertebral que limita el paso de oxígeno a su cerebro.
Inko temió lo peor.
—¿Osea qué...? —lágrimas se asomaron—. ¿No va a despertar?
El doctor negó con la cabeza, Inko cayó de rodillas, estaba destrozada, dejó salir sus lágrimas hasta que una enfermera se acercó a ella a consolarla y ayudarla a sentarse en una silla dejando que se desahogue. Unas horas más tarde, más tranquila le habló a su amiga, quien estaba cuidando a sus hijos en este momento.
[...]
—Ya veo, así que eso pasó... —Mitsuki Bakugo apretó su celular con fuerza, podía escuchar a Inko sollozar al otro lado de la línea luego de ponerla al día de lo que pasaba—. Entiendo Inko, lo lamento... si hubiera algo que pudiera hacer, yo...
{No, yo... —Inko suspiró derrotada—. Solo déjalo así. Estaré en el hospital un rato más... ¿Puedes cuidar a mis hijos mientras tanto?}.
—Si, claro. No te preocupes por eso.
Inko agradeció antes de despedirse y cortar la llamada. Mitsuki miró de reojo a Shinobu, la niña estaba desconectada de todo lo que pasaba. Era muy pequeña para entenderlo así que estaba jugando con unos bloques viejos de Katsuki que encontró. La rubia mayor dejó salir un suspiro.
Izuku había afirmado haber visto unas raras luces moradas en el aeropuerto cuando el avión fue destruido, pero nadie había visto nada, y sobre la figura del hombre que vio, tampoco había sido visto.
[...]
—Hmmm... no, no lo conozco —Katsuki se encogió de hombros ante el dibujo que Izuku hizo intentando retratar la tarjeta por delante y detrás—. No me suena de ningún héroe.
—Ya veo...
Izuku bajó la cabeza con tristeza. Estuvo un largo rato llorando tras el shock de lo que pasó hasta que finalmente se calmó al saber que su padre estaba vivo. Creyó que Katsuki sabría quien era el que estaba en la tarjeta, pero estaba tan en blanco como él.
Era un niño, incluso pensaba que por tener su tarjeta de la suerte Hizashi salió herido en el accidente.
Izuku no sabia que hacer. Pero aún debía ser fuerte por su hermanita. Pronto tendría su, con eso debería ser capaz de protegerla a ella y a su madre y evitar que lo que le pasó a su padre le suceda a ellas.
[...]
—No tienes quirk, niño —las palabras del medico dejaron a Izuku totalmente en blanco y paralizado—. Lo lamento pero no puedes ser un héroe.
Tenía seis años, fueron dos años de retraso. Era obvio, las pruebas estaban ahí... y no lo creyó, quería aferrarse a su deseo. Pero la vida a veces sí te castiga más de una vez, no importa si lo mereces o no.
Izuku no escucho la conversación sobre huesos y evolución del doctor y su madre, ni él ni Shinobu entendían nada de lo que estaban hablando.
El pecho le dolía, su hermana le puso una mano en el muslo tratando de consolar a su hermano mayor, la pequeña no tenía idea de por qué su hermano no podía ser un héroe sólo por no tener quirk. Él ya era su héroe. No necesitaba ningún quirk para eso.
Izuku no dijo nada. No tenía ni voz ni voluntad para hacerlo, tenía la mirada perdida. Era demasiado para él en tan poco tiempo.
Cuando se fueron del consultorio y viajaban en el asiento de atrás del auto, Shinobu intentaba contarle a Izuku como le fue en el jardín de niños, todo con tal de que no piense en nada feo por la noticia que le dieron.
Una vez en casa Izuku se encerró en su cuarto sin esperar explicaciones de nadie. Estaba frustrado, triste y decepcionado de sí mismo.
No tuvo el poder de salvar a su padre, ahora se le negó el poder que todos tienen y podría usar para proteger a su mamá y a su hermana. ¿Qué haría alguien como All Might en esta situación?
Probablemente sonreiría y seguiría adelante. Izuku también debería. Solo debía sonreír y...
*PUM*
Dio un golpe a la pared.
(Como si pudiera... —apretó los puños con frustración mientras lágrimas salían—. ¿Quién podría sonreír en un momento así?)
[...]
—¡Te dije que no te metieras, Deku!
Habían pasado dos años desde que Izuku recibió la noticia de que no podría ser héroe. Mientras eso pasaba, Bakugo desarrolló su quirk, lo llenaron de alabanzas y alimentaron su ego. ¿Cómo podría alguien tan pequeño ser un bully tan grande?
Ante él y otros dos niños estaba Izuku con varios raspones en el cuerpo, pero demás detrás de él había un niño incluso más herido al que acababa de salvar de este trío de matones.
—¿Golpeando a alguien más débil que tú te haces llamar héroe? —"Deku" se limpió el polvo de la cara—. No me hagas reír. ¿Quién podría admirar un héroe así?
Esas palabras le ardieron al rubio y preparó una explosión, pero de repente sus chispas dejaron de salir.
—Ya estuvo. Basta los dos —Shinobu camino hasta estar en medio de ellos, sus ojos brillando de un color verde intenso. Tenía la mano extendida y por eso Bakugo ya no podía generar chispas —. Kacchan, si no te disculpas y te vas, no hace falta que diga más ¿o sí?
Que tu hermanita de 6 años te tenga que defender es humillante... eso pensaba Izuku. Pero era más humillante para Bakugo sentirse intimidado por esa niña dos años menor que él.
Pirokinesis. La unión de la teleninesis de su madre y el aliento de fuego de su padre. Puede suprimir, crear y controlar llamas. Shinobu Midoriya es el counter directo para Bakugo.
—¡Tch! ¡¡Como si me fuera a disculpar con esa basura!!
Salió corriendo y sus patiños lo siguieron. Izuku suspiró y se dejó caer al suelo sentado, jadeaba de cansancio y su hermanita se puso de cuclillas al lado suyo.
—Sin su quirk es un cobarde —la niña le puso una curita en la rodilla a Izuku—. Ya está, vamos a casa. Es hora del almuerzo.
Tomó a Izuku de la mano y lo hizo levantarse. El niño detrás de Izuku también se levantó y camino junto a ellos.
—Oye... gracias por lo de hace rato.
Izuku cerró los ojos avergonzado: —N-No fue na-.
—Eres una heroína —continuó, él halago no era para él, era para su hermana—. Si no fuera por ti me habrían apaleado.
—N-No fue nada...
Shinobu hizo el esfuerzo de no sentirse asqueada. Se separaron del niño y caminaron del parque a casa, quedaba cerca así que el viaje era corto.
Izuku no dijo nada en el camino, ¿qué iba a decir? No había nada de orgullo en que tu hermanita, a la que debes cuidar, acaba dando la cara por ti. ¿Quién sentiría orgullo de eso?
Izuku no.
—No le hagas caso —Shinobu se dio cuenta de la cara de su hermano—. Seré una heroína algún día, un héroe protege, ¿no?
—Sigo causándole problemas a mi hermanita...
—No es problema.
Llegaron a casa y almorzaron, Inko les decía que iría a ver a Hizashi al hospital más tarde. Mientras Izuku veía su reflejo en la sopa, se decidió.
(No pienso seguir siendo un debilucho) —se giró a ver su madre—. Mamá, ¿te puedo pedir un favor?
Inko parpadeó un par de veces.
—Hmmm si, claro. El que quieras.
[...]
Años habían pasado desde esa petición...
Izuku sujeto a su oponente del brazo, le torció una llave y lo tiró fuera del tatami con un solo movimiento bien entrenado.
—¡Fuera de los límites! —anunció el árbitro—. ¡Midoriya es el ganador!
Los gritos y aplausos del estadio no se hicieron esperar. La arena estaba oscura, iluminada por las luces del techo y los anuncios de marcas relacionadas al torneo.
Izuku se limpio la sangre de la boca con su guante y el referí le alzó el brazo en señal de victoria. Había ganado el torneo de MMA de la liga nacional de Pesos Ligeros.
En este torneo, más bien este deporte, solo habían tres reglas:
1) Nada de armas.
2) Nada de quirks.
3) Que el oponente se rinda o lo saques de la arena.
El peliverde suspiró y bajó del cuadrilátero. Al llegar a los vestuarios fue recibido por los vítores de sus compañeros que ya habían tenido sus peleas anteriormente en otras divisiones.
—¡Fue genial Midoriya!
—¡¿Esperaste al último momento para lanzarlo?! ¡No era necesario recibir tanto castigo antes!
—¡Ya déjenlo descansar! —El entrenador Nagisa Shifuyu, un hombre de pelo negro y de 1.90 de alto apartó a sus alumnos del pecoso—. Viene molido, no atosiguen al campeón.
Izuku sonrió nerviosamente ante eso, se acercó a su casillero y sacó una toalla. Había competido a lo largo del mes para llegar a la final. Un total de siete peleas contando la fase de grupos que fue de 4 batallas. Todo con el fin de dar un buen espectáculo a las masas que pagaban su boleto para ver estos combates.
«No me siento satisfecho —Izuku se guardó esas palabras para si mismo—. No puedo ignorar la pasión de todos solo por mis ideas»
—¿Como te sientes, campeón?.
Las palabras específicas de uno de sus compañeros congelaron el tiempo para el peliverde...
Años de abuso lo hicieron buscar una forma de defenderse y encontró eso en las artes marciales además de una forma de despejar su cabeza de todo el martirio que ser un quirkless le traía. Se cambió de escuela un mes después de que Bakugo le dijo que se suicidara, no aguantaba ese ambiente, y si bien Izuku quería aguantarlo en solitario para no molestar a nadie, cuando le dijo a su madre sobre que quería aprender a boxear su hermanita lo soltó todo, le dijo lo que pasaba Izuku y llegaron al acuerdo de que Izuku aprendería.
Si no tuviera a Shinobu a su lado hace mucho que habría cedido a las provocaciones de sus abusones. Pero por no querer que ella pelee sus batallas fue que decidió hacerse lo más fuerte posible.
Sabía que no podía ganarle a gente como Bakugo, pero al menos no tendría miedo. Además, un batazo de metal bien dado en la cabeza le mueve las ideas a cualquiera que dependa exclusivamente de un quirk para pelear.
—Me siento genial —respondió finalmente, dando una sonrisa falsa pero bien practicada—. Nada que una buena ducha no arregle.
Con una palmada en la espalda sus compañeros lo felicitaron.
Izuku se negó a dar la entrevista típica luego de una pelea importante. Se movilizó con su maestro por los pasillos con una ropa deportiva cómoda y su maletín colgando de un lado.
Por seguridad, el maestro de Izuku decidió llevarlo personalmente a casa y arrancó.
—Te luciste hoy —felicitó el hombre—. Eres el primero de mis chicos en llegar a una final. Gracias por eso.
—Sin usted no habría podido —Izuku miro por la ventana viendo las luces pasar—. Los demás también fueron geniales.
—Jajaja, si, tienes razón.
Ambos sonrieron mientras el auto avanzaba. Izuku daba un repaso a su vida mientras tanto.
Su sueño de ser héroe murió, se dio cuenta de lo nefasto que sería si gente como Bakugo sería considerados como salvadores. No necesitaba ese estupido traje si alguien como él sería su igual. Todo menos eso.
No le importó mandar una carta de solicitud, no quiso ir, así que nadie se rió de él como lo hubieran hecho si la hubiese solicitado.
Después, Bakugo le dijo que se mate, esa fue la gota que colmo el vaso y le dio un cabezazo que lo derribo antes de salir corriendo. Bakugo lo persiguió, pero logró perderlo yendo por otra ruta y llegó a casa sin dificultades, tenía mejor condición física que casi todos sus compañeros.
Se cambió de escuela, Shinobu lo siguió a pesar de que la chica era popular en esa academia. Izuku no tuvo problemas con eso.
El chico se distanció de todo lo relacionado al heroismo por el bien de su salud mental.
No le importó la U.A, no le importó que en su primer año fuera atacada dos veces por la liga, no le importó el asedio de Stain donde el hermano de Ingenium fue asesinado, ni tampoco le importó saber que Bakugo se graduaria este año de la U.A.
La seguridad de esa escuela era una mierda si sus alumnos están constantemente en riesgo de morir. Logró convencer a su hermana luego de semanas que se mantenga lo más alejada de ahí como le fuese posible.
Al final Shinobu optó por ingresar a Shiketsu, escuela que hasta donde Izuku sabía le permitió encajar muy bien entre sus compañeros. Al menos Shinobu tenía más oportunidades que él, y eso estaba bien.
Hoy ella debería estar en sus primeras prácticas. Seguramente la llame más tarde.
Eventualmente, Izuku llegó al complejo de departamentos donde vivía, se bajó del auto de su sensei y se despidió.
—Espera chico —el hombre lo detuvo y le extendió una caja—. Una apuesta es una apuesta.
El chico acepto la caja agradeciendo con la cabeza, se despidió de su maestro con un apretón de manos seguido de un amable "Cuídate" y entró a su departamento.
El lugar estaba adornado sin lujos ni nada, era bastante minimalista en ese sentido. Izuku arrojó su maletín sobre su sofá y fue a ducharse, al salir ya refrescado se vistió con algo más cómodo y calentó pasta en el microondas mientras se servía un refresco de limón.
Miró de reojo el regalo de su maestro mientras bebía el líquido, ¿qué había ahí? Bueno, ya lo sabría una vez que cene.
Terminandoa su comida abrió la caja, descubriendo en su interior un nuevo reloj inteligente, sonrió ampliamente por su regalo y no tardó en programarlo para ponerlo en su muñeca izquierda.
Era la primera vez que le regalaban algo así, sabiendo lo caro que eran los de esta marca en particular. La caja venía con todo y cargador. Definitivamente su maestro se lució con esto. No dejó nada al azar.
Incluso dudaba si podía darse el lujo de salir con él a la calle o simplemente venderlo.
Pero entonces escucho como alguien golpeaba la ventana que daba a la escalera de incendios.
Se acercó y movió la cortina, al hacerlo vio a su hermana sudando y cansada con dos cajas en sus manos, una de pastel y otra de pizza grande.
Izuku sonrió, abrió la ventana y la dejo entrar.
—¡Ufff! ¡¿Llego tarde?!
Izuku le hizo señas de que se quite los audífonos porque estaba gritando y ella obedeció.
—¿Llego tarde? —volvio a preguntar con normalidad, guardando sus audífonos en su caja—. No alcance a llegar a la arena así que vine directamente. ¿Te rompieron alguna costilla?
—Deberías ver mis radiografías del año pasado —Izuku sacó y sirvió otro vaso de refresco y dejó la botella en la mesa, su hermana se quitó la chamarra y dejó su mochila en la mesa—. Esto no es nada.
—Felicidsdes por tu título —Shinobu abrió la caja de Pizza y sacó una rebanada para empezar a comerla—. Disculpa que me adelante, ¡me muero de hambre!.
—No hay cuidado.
Ambos se sentaron lado a lado en el sofá, la botella y la pizza adelante.
—¿Me dirás por qué sacaste 33 en matemáticas? —Shinobu de repente se atragantó—. Si, pilluela, mamá me contó. ¿Qué pasó?.
—B-Bueno, eso... —la chica tartamudeó, pero entonces sonrió con inocencia—. ¿Sabes que el 33 es el número arquitecto del universo?
—Del universo pero no de las notas. Reprobaste por lela, lela.
—Oh déjame en paz... —Shinobu se inclinó hacia adelante sobre la mesa—. Es que es muy díficil... mejor háblame de ti, ¿a qué universidad irás?
—No iré —confesó Izuku, dando un gran mordisco a su pizza—. Conseguí trabajo hace tiempo en un taller. Además puedo ir a clases nocturnas si me llega a interesar conseguir un título.
Ante la negatividad de su hermano, Shinobu solo pudo suspirar con resignación. Sabía que no podía decirle a su hermano qué hacer con su vida, pero a veces llega al punto en que es ridículo que quiera limitarse tanto.
—¿Y dónde queda ese taller?
—Una sucursal de I-Island.
Shinobu escupió todo su refresco ante esa confesión del tamaño de un planeta.
—¡¿En dónde?!.
Izuku dejo salir una risa, las reacciones de su hermana siempre le hacían soltar una carcajada. Tras Shinobu calmarse, Izuku le explicó que la práctica sería en seis meses así que tenía tiempo para prepararse. Su padre trabajo con esa gente y él había heredado su talento en mecánica, sorprendiendo a algunos cazatalentos en su colegio técnico.
—¿Cómo yo no me enteré de nada? —Preguntó en shock la niña.
—¿Demasiado ocupada disfrutando de la juventud?
—¡Oye que tú no dijeras nada no ayudaba...!
—...
—...¿cuantas veces lo dijiste?
—Veinte.
—Ugh...
Agachó la cabeza avergonzada, había estado siempre tan pendiente de sus cosas que, por más que quería a su hermano, habían situaciones que se le pasaban por alto.
El resto de la noche pasó sin incidencias, Shinobu había decidido pasar la noche en el departamento de Izuku, apoderándose de su sillón-cama en el proceso, el pecoso se durmió en su cama. No tenía heridas graves más allá de unos moretones, así que mañana iría al médico solo por un chequeo, después iría a trabajar.
Izuku tenía las manos bajo su cabeza mientras miraba el tragaluz de su techo.
Una pequeña estrella pasó ante su vista y, riendo irónicamente, cerró los ojos.
—Deseo que esta vida aburrida... me dé algo que me llene realmente y no tenga que fingir mis sonrisas.
No tardó en quedarse dormido poco luego.
[...]
Golpes y gruñidos se escuchaban en el callejón oscuro, un estoque con la guarda de un murciélago cortaba la carne endurecida de la criatura de color rojo tóxico, el hombre de armadura dio una patada hacia atrás para alejar al otro.
Cuando le apuntaron con armas a distancia sacó una carta de su deck y la puso en la abertura de su estoque.
—Que empiece el juego.
*Click*
{¡Sword Vent!}.
Del cielo cayó una lanza pesada en su mano ahora las defensas no significaban nada, su estoque bloqueaba los disparos y su lanza perforaba las armaduras sin problemas.
Chispas volaban por el aire mientras su armadura reflejaba el color rojo, un golpe tras otro mermaba las fuerzas de sus enemigos a pasos agigantados.
Cuando logró finalmente reunirlos en un una esquina mientras su lanza se desvanece en relámpagos negros, sacó su última carta con la rúnica imagen dorada de un murciélago.
La abertura de su estoque la recibió y se cerró con un golpe en el pomo.
{¡Final Vent!}.
Dio un salto, empezó a correr a toda velocidad por la pared del edificio mientras un murciélago se apoderaba de su espalda, dio un salto y las alas lo rodearon empezando a girar en un tornado, lanzó la parada y una explosión retumbó en toda la zona generando un pequeño temblor que desintegró a los monstruos.
Cayó al suelo con elegancia mientras el humo emanaba de su armadura azabache. Se levantó, enfundó su estoque en la ranura de su cinturón y exhaló profundamente.
Extendió los brazos y un halo de energía azul oscura emergió de su cinturón, lentamente el halo se dividió en dos y completó un giro cruzado retirando la armadura.
Tez clara, complexión delgada pero atlética, pelo negro bien peinado con corte 7:3, una chaqueta de cuero, jeans negros y tenis del mismo color eran sus vestimentas.
Vio en su mano un rectángulo negro con un murciélago rúnico dorado en el centro, de la orilla sacó las dos cartas que usó antes, revelando que estaban grises.
—Ahora tendré que esperar ocho horas...
Tener solo cinco usos para cada carta antes de necesitar ocho de recarga era estresante y lo obligaba a mantenerse alerta. Ahora se arrepentía de haber usado su lanza esa quinta vez hoy.
Guardó el deck en su bolsillo y vio su reloj digital marcando 11:36 PM. Caminó hasta un estacionamiento del que salió con una moto negra para ir a su refugio.
—¿Dónde rayos estás, Hizashi? —aceleró, pasó al lado de varios puestos con letras árabes revelando su ubicación en medio oriente.
Arabia Saudita no era un lugar lindo si no vienes de turista.
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Fin del capítulo
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Este fic es resubido de mi perfil de Wattpad del mismo nombre.