#1. Relacionprofesor/Alumna
Espero que lo disfruten ^-^
Para Kagome Higurashi, de 17 años, el colegio y la vida misma eran como uno de esos programas de vida salvaje en Animal Planet todos éramos animales con instintos primitivos.
Como Inuyasha y su enemistad con Koga, parecían dos gorilas peleando la supremacía, igual al documental que vio hace unos días.
Cada uno de sus amigos y conocidos, representaba una especie animal, su comportamiento lo decía. Sobretodo Naraku, él daba escalofríos, por eso decidió que sería un Pez Gota, pobre animal, pero se le hacía horrible al igual que su compañero, no en lo físico- porque Naraku es realmente atractivo- si no en lo interior. Ya saben, como el hombre del famoso libro Doryan Gray.
En fin, allí estaba ella, con las piernas cruzadas viendo hacia la ventana con total aburrimiento, pensando en el tigre solitario que le traía las hormonas como si estuviera dentro de una máquina de centrífugado.
La puerta del salón de noveno B se abrió, todos los alumnos guardaron silencio. El inconfundible Tigre solitario dio su entrada y las pupilas de Kagome se dilataron. Él llegaba siempre a tiempo, siempre con ése aire de Galán de película, aunque ésta era alguna de misterio. Porque Sesshomaru Taisho, era un misterio. Nunca sabes lo que hay en su mente.
A Kagome le gustaba éso de su profesor de matemáticas, jugar al investigador, se sentía una autentica Ágata Christie
Quería descubrir cosas de él, qué guardaba esa mirada tan bella y mordaz, esos labios siempre en una línea de seriedad arrolladora, esas imperceptibles expresiones de su divino rostro, quería sobretodo, que la amara. Porque ella estaba enamorada de él desde séptimo grado. Ya sus sentimientos comenzaban a evolucionar en tres años de una simple admiración y curiosidad a un amor lindo y juvenil a una pasión incontrolable.
¡Maldita fuera Kikyo y su pijamada de hace seis meses!
Fue la primera vez que vio pornografía tan explícita, ahora era incapaz de ver al profesor sin imaginarse esas escenas pero entre ellos dos.
¡Se estaba volviendo loca de deseo!
Ella también era un animal salvaje, una tigresa en Celo.
Mordió su labio inferior al tiempo que los ojos ámbar del profesor se clavaban en ella.
Su entrepierna palpito.
Sesshomaru se quitó el saco y arremango las mangas de su camisa blanca.
Su vagina era un pequeño riachuelo.
Taisho se giró para comenzar la clase mostrando esa espalda de Dios Nórdico.
Su vagina era un río.
Habló sobre ecuaciones quién sabe cuántas cosas más con esa sensual voz, le recordaba al actor que interpretaba la voz de Ban en la serie de animé Los siete pecados capitales.
Sonrió para sí misma, no notó que su catedrático le observaba de soslayo, no perdió ninguna de sus facciones mientras cavilaba, él también era observador. Y también creía en los instintos animales.
Definitivamente la secundaria y la vida, eran una jungla y, ellos, unos animales con instintos que estaban a punto de estallar.
******
Era viernes, entrega de calificaciones. Kagome observa con orgullo sus buenas notas, sus esfuerzos estudiando fueron recompensados. Sus padres estarían satisfechos, sonrió ante la posibilidad de conseguir el gato que les pidió hace unas semanas, no podrían decir que no con esas calificaciones se sentía como la canción de .... no recordaba el nombre, pero era más o menos .....
"We are the champions"
Sí, en ése momento era una verdadera campeona.
Hasta que sus ojos azules se abrieron desmesuradamente ante el rojo que manchaba sin descaro su perfecta boleta.
"Matemáticas: 60 Reprobada"
-¿Qué es esto?- se preguntó con la rabia aflorando cual botella destapada -¡Yo lo mato!- exclama al cielo mientras su compañeros de salón se burlan y cuchichean.
No escuchó a la profesora de español pedirle guardar silencio, tampoco cuando le exigió volver a su asiento. No, solo escuchó su sangre en la cien diciéndole lo enfadada que estaba.
La puerta se cerró en las narices de la profesora, la mujer soltó una maldición poco decorosa y volvió a sus asuntos. Menudo día el que había tenido con el pinchazo de su neumático y el lío para cambiarlo como para estar soportando a una adolescente temperamental. ¡Que se fuera!
Siguió con la clase como si nada.
*****
Las pisadas firmes de la joven eran todo lo que se escuchaba en los desolados pasillos del colegio, todos estaban en sus respectivas aulas.
Sesshomaru revisaba tranquilamente su libro de asistencia, lo necesitaba para calcular los acumulativos y sumar los a la calificación del examen y saber si su alumno reprobada o ocurría un milagro. Resoplo, el tipo era un holgazán, ¿Qué hacer? No tuvo más remedio que reprobarlo. A Byakuya el estudiar no se le daba, sus padres deberían considerar la escuela de arte, era algo que ya les había planteado, el muchacho tenía talento para las artes, no para materias como matemáticas. Pero ellos estaban empecinados en heredarle el despacho legal que ha estado en la familia hace seis generaciones.
"Yo también renuncié a mis sueños"
Contestó el padre iracundo.
Dejó los papeles sobre el escritorio, descansó su espalda en el respaldo de su silla de oficina, algo cara pero valía la pena, su espalda se lo agradecía.
Vio de reojo el fajo de papeles sobre el archivero, sonrió. Los exámenes del noveno B. Recordó a su alumna especial, ella estaría molesta pero no hubo opción, las respuestas ni se acercaban a la correcta. Le sorprendió al principio que ella pudiera hacer un examen tan nefasto, ¿Qué pasaba por su mente en ése momento? Porque definitivamente las respuestas de los problemas matemáticos, no.
La puerta ser azotada contra la pared lo sacó de su estupor. Era ella, su querida alumna, con una expresión de claro descontento. ¿No debería estar en clases?
Se acercó amenazante cerrando la puerta tras de sí y pasar el seguro. El educador no pudo evitar arquear una ceja.
Ella colocó en papel en el escritorio golpeando la madera de cedro con furia.
-¡Explíquese!- exigió furica.
Taisho, guardando su temple, revisó la boleta, realmente ése "60" resaltaba, era inconfundible. No pudo evitar se dibujara una risa en sus facciones. Ella lo notó y su molestia enfureció más, se sentía como Thanos, el personaje malvado que mató a la mitad del universo en esa serie de películas que tanto le gustaba a su hermano Souta.
-Tu examen era un completo desastre Higurashi, no tuve más opción- contestó frugal.
Kagome lo miró, tan maldito, tan sabelotodo, tan... sexi...
¡Maldita sea!
Su mente estaba recordando ka escena de una película porno entre profesor y alumna. Su vagina palpito. No pudo evitar sus mejillas se colorearan.
¡Jesus, ayuda! o se le ofrecería al profesor no para que le cambie la calificación, si no que, para que le quitara la virginidad.
¡Se iría al infierno por tener pensamientos tan lascivos!
-¿Me escuchaste Higurashi?- pregunta él.
Ella niega, estaba totalmente perdida en sus lujuriosos pensamientos.
-Te estaba preguntando qué cursa tu cabeza- repite exasperado. Esos ojos azules parecían brazas ardientes y comenzaba a incomodarse, era mejor que aclararan el asunto rápido para que ella se fuera. Y dejará de alterar su paz mental -Estás demasiado distraída, ya ni siquiera puedes con los problemas más básicos...
Ella abrió y cerró la boca buscando una respuesta creíble. ¿Qué decir?
¡Mierda!
Ahora odiaba las lecciones de su madre sobre mentir.
"-Las niñas buenas no mienten Kagome-"
Era malísima ocultando la verdad.
El profesor se puso de pie, intimidandola con su regia presencia. Ella tembló, su vagina comenzaba a empaparse. Sus mejillas se tornaron carmín.
-Dime Higurashi, ¿Qué es lo que te distrae tanto?- indaga con algo de mofa, ya tenía una vaga idea, quizás era por atolondrado de Inuyasha o el rebelde sin causa de Koga. La idea le desagradó un poco, él quería que su alumna fuera la mejor. ¿Por qué? No sabía, aún.
-Yo...- se atragantó con su saliva, estaba al borde de los nervios y la excitación.
-Tu...- alzó ambas cejas inquisidor. Se inclinó sobre el escritorio colocando ambas manos para estar cerca de ése rostro colorado que le gustaba observar cada mañana.
-¡Usted es el problema!- suelta irritada alejándose.
Sesshomaru enmudeció. ¿Él?
-¡Usted me distrae, es demasiado...!- se mordió el labio.
-¿Como te distraigo?- debía llegar al fondo del asunto. Rodeó el escritorio para acercarse nuevamente a ella.
-¡Bam!- alza la voz -¿Ahora dirá que no se da cuenta que me gusta?- no más terminó de hablar, tapó su boca.
¡Santa Catalina de Atoche!
Pero qué burrada había hecho.
Para Sesshomaru, la confección fue como ser golpeado de repente en el rostro. ¿Será posible?
Se acercó como el Tigre depredador que su alumna pensaba que era y le acorraló entre la puerta y su cuerpo.
-¿Te gusto Higurashi?
-Es que... yo...- balbucea aterrada.
-¿Cuánto te gusto?- indaga mientras toma uno de sus negros cabellos y juega con el.
-¿Cómo me pregunta semejante cosa?- abre los ojos de par en par, el cuerpo se le estremece por el contacto.
¡Joder!
-Ven mañana a esta hora Higurashi, y averigüemos cuánto te gusto- susurró.
Su mano derecha tomó el picaporte para dar vuelta, inmediatamente el seguro cedió. Kagome prácticamente huyó de allí, tenía los sentidos y el cuerpo maniatado, todo era irreal.
Antes de poder entrar a su salón, recordó lo que el profesor dijo.
-¿Qué quiso decir con éso?- se preguntó sin poder explicarse.
Debía decidir, acudir o no a la cita. Sobretodo porque iba a ser sábado, no habrían clases, entonces...
*****
Allí estaban de nuevo, como cazador y presa, en aquella oficina que ahora era la jungla, ambos con sus sentimientos a flor de piel. Hasta que el ilustre profesor rompió las reglas del decoro y asaltó los labios rosas de su queridisima alumna. Ella, luego de reponerse a la sorpresa, correspondió.
No se dijeron nada, no tenían qué, simplemente se devoraron uno a otro como salvajes.
Él la alzó en sus brazos, ella rodeó su cadera con las piernas. Llegaron al escritorio.
De un movimiento de su mano Sesshomaru "limpió" la mesa de escritorio y acomodó a la joven, abrió su blusa y ella se despojaba de la falda.
La virginidad de Kagome fue inexiste desde ése día.
Desde ése sábado 30 de agosto, ellos dieron rienda suelta a esa relación prohibida, pero excitante. No se arrepintieron ni dieron un paso atrás. Sin darse cuenta sus sesiones de sexo se convirtieron en hacer el amor cada que podían, siempre a escondidas, hasta que finalmente ella cumpliera la mayoría de edad y no tuvieran que esconderse más.
La vida es un documental de Animal Planet.
Fin