OO1.
Suspiró levemente metiendo todo lo que podía en su bolsa, tenía tres mochilas más pequeñas donde había metido cosas para las niñas, esas las podrían llevar ellas sin problema. En las noticias habían informado de que la opción más segura era ir a la ciudad de Atlanta pero ¿Quien demonios se creía eso?
Tomó la bolsa y su tienda de campaña y tiró ambos a la furgoneta, donde sus hijas dormían en los asientos traseros. Limpió una de sus lágrimas mirando la pequeña casa, donde El Cazador les había acogido tanto tiempo, donde El Cazador le había regalado a Anna un pequeño arco que nunca aprendió a usar pero llevaban junto algunas flechas hechas por él, donde El Cazador le habia regalado a Leah su lanza para que pudiera salir a cazar con él pero sin embargo ella solo adoptaba los conejos que él quería matar, donde El Cazador hace dos años y bastantes meses había visto llegar a una mujer al borde de la muerte con una niña de ocho años y una recién nacida y él las acogió en su casita y les dió todo el amor que un padre y abuelo pudo. Pero El Cazador había desaparecido hacía unos días y ahora esto.
Conducía ignorando los seres que veía por la carretera. Lo más seguro en ese momento era ir por la montaña, se les complicaría subir estando muertos, o eso pensaba antes de que a los dos días un hombre mordido falleciese ante ellas. Corrían por sus vidas, pero no parecía suficiente, no cuando la mujer iba la última deseando salvar a sus hijas en caso de ser alcanzadas. Valió un solo segundo en el que se giró para ver una flecha impactar en el cerebro del bicho. Se giró corriendo a ver a sus hijas, ya quietas ambas lloraban abrazadas, parecía obvio que Anna no había sido. Melissa tomó a ambas y las abrazó fuerte besando sus cabezas.
― ¿Estáis bien? ― La mujer rubia se levantó mirando al hombre de la ballesta y a otro junto a él.
― Sí, muchas gracias yo-... Yo soy Melissa ― El de la ballesta asintió levemente.
― Daryl, este es mi hermano Merle
― Buenos días, Milf ― A Melissa ni le importó como le había llamado, sus hijas estaban a salvo gracias a esos hombres, les estaría agradecida pasara lo que pasara.
― Si quereis podéis venir con nosotros, sabemos cazar ― Los hermanos no parecían ser muy sociales o dar esta oportunidad a más personas y, sinceramente, si sabían cazar ya sabían hacer más que ellas.
― Os lo agradeceríamos tanto ― Respondió tomando en sus brazos a Anne, quién se había calmado ligeramente y ya no lloraba.
― Hey ¿Como te llamas tú? ― Preguntó Daryl hincandose en una rodilla mirando a Leah, que se giró a mirar a su madre asentir.
― Soy Leah Carpio, señor y mi hermana es Anna ― Una carcajada se escuchó brotar de los labios de su hermano.
― Que cabrona la cría ¿eh? Te ha llamado señor ― Exclamó este bebiendo un trago de un botellín, eso significaba que tenía provisiones.
- Callate, Merle - Respondió el de pelo corto girando su rostro unos segundos para mirarle volviendo su mirada a la niña - Se que va a ser difícil, pero que sepas que a partir de ahora puedes confiar en nosotros ¿Vale?
Leah asintió levemente mientras sus manos jugaban entre ellas sin saber que hacer con las dichas. Daryl se levantó y le sonrío levemente a la niña, no parecía ser alguien que acostumbrase a sonreír mucho.
Entonces comenzaron la marcha y los días pasaron. La diferencia entre los hermanos Dixon era bastante notoria, como Merle parecía seguir teniendo el pensamiento de un hombre de las cavernas, mientras Daryl se esforzaba por que todos estuvieran lo mejor que podían, de hecho Anna lo adoraba. Daryl se había encargado de enseñarle a la pequeña sobre tiro con arco, claramente era peligroso, pero aún que tuviera 3 años en aquel momento cualquier cosa era peligrosa. Melissa había ejercido el papel de cocinar todo lo que trajeran y ser la que buscase y trajese agua a las zonas, ademas de ser quien encendiera y alimentara la hoguera. Leah se la pasaba en la tienda de campaña o pegada a Melissa, pero no le desagradaban los hombres con los que convivían.
Gracias al reloj de muñeca que llevaba la pequeña pelirroja sabían que eran las cuatro de la tarde, Merle dormía un rato en su tienda de campaña, Leah leía alguno de los libros que habían alcanzado a traer y Anna la verdad es que nadie sabía que hacía, llevaba unos 10 minutos dando vueltas alrededor de un árbol. Melissa y Daryl miraban la fogata sentados, él alzó su mirada observandola unos segundos.
- Anna ha mejorado muchísimo con el arco, parece que tenga un don innato - Comentó haciendo que la rubia le mirase y sonriese levemente.
- Su abuelo siempre se las llevaba de caza, Anna adoraba ver como las flechas salían disparadas - No podía evitar recordar al viejo con una gran sonrisa.
- ¿Y Leah? - Una pequeña risa escapó de los labios de la mujer.
- Siempe volvía con algún conejo que él había querido cazar y ella no le habia dejado, decía que nunca podria comer algo tan adorable
- Espero que las ardillas no le parezcan tan adorables, es lo que hemos comido hoy - El hombre tenía una pequeña sonrisa en su rostro.
- Hablando de comer, creo que ya toca coger agua, queda alguna en ese cubo pero no llegará para mucho rato - Exclamó poniendose de pie y tomando uno de los dos cubos que tenían.
- Te acompaño - El río no estaba demasiado lejos de su pequeño campamento, aún que perderían por un pequeño tiempo de vista el sitio, no les costaria nada volver.
Antes de empezar a caminar, Daryl le dio un pequeño golpe a la tienda de campaña donde dormía Merle para despertarlo. Empezaron la pequeña ruta en silencio, un silencio para nada incómodo, pero entonces el rostro de Daryl delató que tenía una pregunta en la punta de su lengua.
- Tranquilo, puedes preguntar lo que sea - El hombre asintió levemente mirando el suelo.
- ¿Que hay del padre de las niñas? - Melissa suspiró levemente encogiendose de hombros levemente.
- Vivía en California, pero no se que haya pasado con él, a los meses de nacer Anna tomé a las niñas y huimos - Contó llegando al pequeño arroyo y sentandose en una gran roca del lugar.
- California parece ser bonito - El hombre la imitó sentandose en una roca frente a ella.
- Para mi nunca lo fue, claramente las circunstancias hacen que todo cambie... Su padre siempre que tenía un mal día lo pagaba conmigo, pero yo lo aguantaba por Leah, hasta que un día le dió la neura de que Anna no era hija suya por ser rubia e intentó... Bueno, matarla - El rostro ajeno estaba más serio que nunca - Así que en cuanto pude las tomé y nos fuimos
- Con tu padre - La mujer negó con su cabeza.
- El Cazador no es mi padre, pero nos quiso como si lo fuera, así que prácticamente es el abuelo de las niñas, era un hombre que vivía solo y necesitaba algo, algo como ellas
- Entonces espero que el padre de las niñas esté muerto -Una suave risa escapó de los labios de ella.
- Dejé de preocuparme por eso hace mucho - Su mirada se perdió por unos segundos mirando el arroyo antes de volver en si tomando el cubo y acercandose al agua para llenar este. - ¿Por que tu nunca hablas de tu vida antes?
- Por que era una vida de mierda - Respondió simplemente observándola - Además está Merle, puedes preguntarle lo que quieras sobre mi, seguro que en cinco segundos te ha contado mi vida
- Me resulta extraño, tenéis dos personalidades que parecen poder chocar mucho, pero apenas os he visto pelear o algo - Ambos se miraron mientras el contrario se encogía de hombros.
- Es mi hermano mayor, ademas no estamos en una situación en la que podamos permitirnos pelear siempre que queramos
- Lo entiendo - Respondió asintiendo mientras terminaba de rellenar el cubo.
Comenzaron de nuevo el camino de vuelta, no habia silencio entre ellos gracias a una melodía que Melissa tarareaba, pero tampoco hablaban. En cuanto llegaron al sitio, el cubo de agua se resbaló de las manos de ella. Todo estaba a cámara lenta, Daryl la puso tras él sacando su ballesta, pero no habia más que muertos en el campamento, no estaban sus tiendas, no estaban las niñas ni Merle y ni siquiera las mochilas con comida y recursos.