𝙉π™ͺπ™šπ™¨π™©π™§π™€ 𝙒π™ͺ𝙣𝙙𝙀 π™₯π™€π™™π™§π™žπ™™π™€ β–ΆTNx𝐁𝐍𝐇𝐀 𝐌𝐚π₯𝐞 π‘πžπšππžπ«

Summary

___ Fumikage es un joven adolescente que se ha mudado a Tokyo por mΓΊltiples cuestiones, en especial las que se relacionan con su complicada familia. Ahora, TN tendrΓ‘ que lidiar con la dura y exigente vida en JapΓ³n, Tokyo mientras intenta pasar desapercibido por los hΓ©roes, otros adolescentes que presumen sus poderes a toda costa y como no, el extraΓ±o y rarito chico de cabello de brocoli que lo sigue a todos lados, tratΓ‘ndolo como si fueran amigos de toda la vida.

Genre
Other/Action
Author
Harezie
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

𝐄𝐩. 𝟏: 𝐋𝐨𝐬 𝐩𝐫𝐒𝐦𝐞𝐫𝐨𝐬 𝐝𝐒́𝐚𝐬.

☾

β€”No quiero ir a la escuela... β€”dijiste adormilado en tu propia mente, sintiendo poco a poco tu cuerpo parecΓ­a hundirse en el suave colchΓ³n y las cΓ‘lidas sabanas.

Te diste media vuelta, tomando una extremidad de la sabana para asΓ­ taparte aΓΊn mΓ‘s, llegando al punto de que la mitad de tu rostro estuviera bajo la calidez y la sensaciΓ³n de comodidad que ofrecΓ­a tu nueva cama.

Cerraste los ojos, intentando reconciliar el sueΓ±o que temΓ­as haber perdido. Flexionaste las piernas y juntaste ambos brazos, cerraste los ojos con fuerza e inhalaste, luego exhalaste, sintiendo como la tranquilidad volvΓ­a a establecerse en tu alma.

Desgraciadamente, nunca podΓ­as vivir plenamente tranquilo, mucho menos con un hermano mayor metiche de por medio y lo sabΓ­as bien, despuΓ©s de todo, Tokoyami se acercaba con paso seguro y decidido a tu habitaciΓ³n; sus talones al golpear el suelo lo delataban.

La puerta de tu habitaciΓ³n se abriΓ³ sin previo aviso -los pesados talones de tu hermano no contaban-. Tokoyami y Dark Shadow ingresaron a tu fortaleza de la soledad como si esta fuera un baΓ±o pΓΊblico. El huΓ©sped y la entidad obscura compartieron miradas por un segundo, luego suspiraron. Tokoyami se acercΓ³ a tu cama y Dark Shadow te destapΓ³ mediante el uso de fuerza bruta, despuΓ©s de todo, tus manos se habΓ­an aferrado a las sΓ‘banas en un vago, pero desesperado intento de seguir durmiendo.

β€”Despierta, Osamu. β€”informΓ³ tu hermano mellizo mientras se dirigΓ­a a tu armario, iniciando asΓ­ una pequeΓ±a bΓΊsqueda con el objetivo de encontrar tu uniforme β€”PapΓ‘ fue claro. Uniforme doblado y alistado en tu escritorio β€”recrimino Tokoyami ante la falta de interΓ©s de su hermano por irse acomodando a su nueva vida.

Tus ojos se abrieron al escuchar aquel nombre que en lo poco que llevabas de vida nadie solΓ­a usar; tu segundo nombre de origen japonΓ©s:Osamu.

Un suspiro escapo de tus agrietados labios, tus ojos rodaron con desinterΓ©s y los ruidos que emitΓ­a Tokoyami eran lo suficientemente molestos para no dejarte descansar tranquilo. Te levantaste mediante el uso de una abdominal mΓ‘s que torcida y vaga.

β€”LlΓ‘mame por mi nombre, β€”aclaraste con una voz adormilada y ronca. Tus manos pasaron por tu rostro, ocultΓ‘ndolo, exponiendo ΓΊnicamente tu boca, la cual dejo escapar un largo y profundo bostezo β€”el primero y buenos dΓ­as de paso β€”comentaste mientras tus manos viajaban desde tu frente hasta tu espalda, donde caΓ­a tu cabello como cascada o, mejor dicho, el nido de urraca que se habΓ­a formado en tu cabeza por moverte de un lado a otro sin cesar en toda la noche.

β€”Es complicado de pronunciar. Es mejor tu segundo nombre, es nacional y a nadie le costarΓ­a pronunciarlo. β€”respondiΓ³ Tokoyami β€”Buenos dΓ­as para ti tambiΓ©n β€”expresΓ³ el β€œhermano mayor” de tan solo unos minutos de diferencia.

Tokoyami, despuΓ©s de confirmar que tu uniforme ya estaba colocado y perfectamente doblado sobre tu escritorio, posterior a eso, comprobar que tuvieras tu mochila. OptΓ³ por retirarse de tu habitaciΓ³n junto a Dark Shadow.

β€”El desayuno pronto estarΓ‘ listo β€”anuncio el adolescente con cabeza de ave.

Dark Shadow se despidiΓ³ de ti con un breve saludo de mano antes de que su huΓ©sped cerrara la puerta del dormitorio, dejΓ‘ndote asΓ­ nuevamente a solas pero esta vez con la luz encendida.

β€”Me vale tres hectΓ‘reas de verga que la gente de aquΓ­ no pueda o sepa pronunciar mi primer nombre β€”murmuraste con desgano, pensando si realmente podrΓ­as soportar que la gente se dirigiera a ti con un nombre que solo aparecΓ­a en documentos y registros importantes.

Te levantaste de tu cama con reasignaciΓ³n, realmente no deseabas que Tokoyami o tu mismΓ­simo padre ingresaran a tu habitaciΓ³n. De igual manera, necesitabas comer, tu estomago ya estaba rugiendo.

(...)

Β«Que incΓ³modoΒ» dijiste para tus adentros. Si bien, agradecΓ­as que tu hermano fuera tan amable de esperarte para ir a la escuela juntos, intentando asΓ­ elaborar una especie de rutina para que te fueras adaptando a la que vendrΓ­a siendo tu nueva vida en un nuevo paΓ­s, realmente no estabas seguro si esto era lo mΓ‘s cΓ³modo para ambos.

Tokoyami no era el compaΓ±ero mΓ‘s dialogador, es mΓ‘s, ni siquiera te dirigΓ­a la mirada. No dirigirte la palabra era de esperarse, suponΓ­as, pero ΒΏNi siquiera mirarte? ΒΏRealmente su relaciΓ³n estaba tan deteriorada?

β€”PapΓ‘ y yo estuvimos conversando sobre su situaciΓ³n, Osamu. β€”comentΓ³ el japonΓ©s, rompiendo de forma abrupta el tempano de hielo que se habΓ­a formado entre ambos β€”Tu japonΓ©s no es muy bueno, en especial en el apartado de escritura, tal vez sea mejor que vayas a clases de idioma.

β€”Y dale con β€œOsamu” β€”refunfuΓ±aste en espaΓ±ol, idioma que con suerte Tokoyami era incapaz de entender, ni siquiera un β€œhola” o un β€œadiΓ³s”. Al igual que papΓ‘, Tokoyami era un gran terco que no cedΓ­a tan fΓ‘cilmente. No obstante, tΓΊ tampoco te quedabas atrΓ‘s.

β€”Mi nombre es ___. β€”expresaste con un tono ligeramente humorΓ­stico, despuΓ©s de todo, era demasiado temprano para pelear por una tonterΓ­a que, si bien solΓ­as estar predispuesto para pelear por motivos estΓΊpidos del tamaΓ±o de una casa, era demasiado temprano y tampoco deseabas armar un show con un montΓ³n de desconocidos al rededor, sumando que uno que otro te veΓ­a de reojo por el invisible cartel gigante que te seΓ±alaba como β€œextranjero” β€”No te vas a desplumar por llamarme por mi primer nombre.

Tokoyami te mirΓ³ de reojo y arqueΓ³ una ceja. Al parecer, el chiste no le hizo gracia o solo no entendiΓ³ el sarcasmo. Al fin y al cabo, habΓ­as leΓ­do con anterioridad de que la gran mayorΓ­a de japoneses no estaban acostumbrados al sarcasmo, la ironΓ­a, tonterΓ­as, etc. Mucho menos cuando estas iban dirigidas a sus propios familiares.

β€”Yo no me desplumo β€”contestΓ³ serio el japonΓ©s. Volviendo a enfocar su mirada en el frente.

Dejaste escapar otro suspiro. Esto te superaba.

Tu mirada se desviΓ³ a los edificios, las seΓ±ales de trΓ‘nsito, algunas tiendas y de vez en cuando, a una persona que lucΓ­a un aspecto llamativo o, mejor dicho, diferente, principalmente por la manifestaciΓ³n de su quirk.

β€”Era una broma, Tokoyami β€”murmuraste por lo bajo.

Tokoyami solo asintiΓ³ con la cabeza. La broma claramente no le hizo ni la mΓ‘s mΓ­nima gracia, tampoco es que le viera el β€œsentido”.

Ambos siguieron caminando en silencio, despuΓ©s de todo, el silencio de tu hermano era contagioso de alguna manera. Ambos mantuvieron el armonioso silencio hasta que decidiste abrir tu boca cuando desde a lo lejos lograste visualizar la secundaria.

β€”Es mΓ‘s grande lo que pensaba β€”mencionaste, recordando como en tu paΓ­s los colegios, en su mayorΓ­a, poseΓ­an un tamaΓ±o estΓ‘ndar, es decir, eran estructuras medianas; ni tan grandes ni tan pequeΓ±os, modestos y siempre manteniendo lo que se consideraba β€œnecesario”.

β€”ΒΏEn dΓ³nde vivΓ­as no existen instituciones β€œgrandes”? β€”preguntΓ³ Tokoyami, formando asΓ­ una conversaciΓ³n por iniciativa propia. Algo que no solΓ­a ser a menudo cuando se trataba de ti.

β€”Existen y de todos los tamaΓ±os posibles. Yo solo asistΓ­ a una de tamaΓ±o ΒΏMediano? Supongo, no era la gran cosa. β€”explicaste con un curioso movimiento de manos, formando una estructura notoriamente mΓ‘s grande que una casa, pero al mismo tiempo dando a entender que era pequeΓ±a a comparaciΓ³n de esta nueva instituciΓ³nβ€”Si te soy sincero, lo ΓΊnico bueno de ese colegio era el bullicio, algunas peleas y bueno, reunirse con algunos chicos para escaparse de la escuela.

Tokoyami y tu ingresaron a la escuela, acompaΓ±ados de una cantidad considerable de estudiantes adolescentes. Unos iban en grupo, otros en solitario y muchos de ellos se quedaban parados en su lugar, probablemente esperando algo o a alguien.

β€”ΒΏCΓ³mo puedes escaparte de la escuela o causar escΓ‘ndalos a propΓ³sito? β€”preguntΓ³ Tokoyami, genuinamente preocupado por tus acciones, las cuales errΓ³neamente considerabas aventuras.

Al ingresar al apartado de los casilleros; todos los estudiantes comenzaron a despojarse de sus zapatos como si fueran robots, robots siguiendo una rutina impuesta durante toda su vida. Por supuesto, te hubieras saltado esa regla de sacarse los zapatos. No obstante, tu hermano mayor te indicΓ³ cΓ³mo debΓ­as hacerlo, como era de esperar, lo obedeciste a regaΓ±adientes. Te colocaste los zapatos hechos para ser usados en la instituciΓ³n. Tokoyami asintiΓ³ en seΓ±al de reconocimiento; estabas adaptΓ‘ndote, de forma tosca y lenta, pero lo hacΓ­as de igual manera.

Los dos retomaron su andar, al fin y al cabo, compartΓ­as las clases con tu hermano mayor.

β€”Son las juntas. β€”dijiste, retomando la charla. Mintiendo como un bellaco; siempre solΓ­as ser la mala junta entre tus amigos, los convencΓ­as de actitudes rebeldes y despreocupadas, en especial a las que se centraban en motivos hedonistas β€”Al principio a uno le cuesta β€œdejarse llevar”, luego cuando lo haces un par de veces ya nada te importa, solo pasarla bien y disfrutar de lo que te puede promover unos chicos que al igual que tΓΊ, quieren divertirse un poco.

β€”Te recomiendo no hacer eso mientras residas aquΓ­. β€”advirtiΓ³ tu hermano mayor en voz baja, como si intentara que ningΓΊn adulto o cualquier otro tipo de autoridad arriba de la del estudiante promedio se enterarΓ‘ de tus β€œacciones de delincuente” β€”No puedo asegurarte algo bueno y es mejor asΓ­.

No respondiste, solo rodaste los ojos y dejaste que una sonrisa traviesa de labios se formara en tu rostro.

β€”Hablo en serio, Osamu. β€”regaΓ±Γ³ Tokoyami, tomΓ‘ndote de la oreja para despuΓ©s tirarla severamente hacΓ­a abajo β€”Si te escapas yo mismo irΓ© a buscarte y te llevarΓ© con el director.

β€”Ya, ya. Entiendo β€”dijiste adolorido, colocando tus manos sobre la mano de tu hermano mayor, intentando que estΓ© soltarΓ‘ tu oreja de una buena vez por todas.

(...)

β€”ΒΏCΓ³mo la gente puede soportar llevar esto todos los dΓ­as? β€”tomaste entre tus dedos el cuello de tu uniforme, intentando tirarlo hacΓ­a abajo, todo con tal de conseguir mΓ‘s flexibilidad β€”Tuve que haber valorado mΓ‘s los dΓ­as donde para ir a la escuela solo debΓ­a llevar una camisa con el estampado de la escuela y unos jeans β€”susurraste con pesar a la vez que tus hombros se movΓ­an mediante flexiones y algunos estiramientos.

Volviste a mirar hacia atrΓ‘s, intentando ver a tu hermano mayor. No obstante, Γ©l seguΓ­a en el interior de la escuela, hablando con sabrΓ‘ Dios quiΓ©n.

β€”Es mejor esperarlo β€”dijiste en un acto de reflexiΓ³n. Irte caminando solo hasta el complejo de departamentos no era recomendable. Te conocΓ­as demasiado bien; en algΓΊn momento de tu trayectoria algo tonto y estΓΊpido como una tienda de videojuegos te distraerΓ­a, luego una tienda de comida rΓ‘pida y un montΓ³n de lugares que buscaban atraer a adolescentes ingenuos que solo deseaban pasar el rato.

Tu plan de mantenerte recostado en el muro del colegio iba a seguir en pie hasta que tus ojos por azares de la vida terminaron posΓ‘ndose sobre una mΓ‘quina expendedora a unos metros de tu posiciΓ³n.

Β«Oh hombre. Vi de estas mΓ‘quinas expendedoras en el internetΒ» expresaste eufΓ³rico ante tu primer encuentro con ese tipo de mΓ‘quinas. Si bien, esperabas encontrarla unos dΓ­as despuΓ©s, jamΓ‘s en tu vida hubieras pensado que una estaba tan cerca de tu posiciΓ³n Β«OjalΓ‘ sea una mΓ‘quina de figuras de acciΓ³nΒ».

Te acercaste cual ratΓ³n a ratonera. Mirando de vez en cuando detrΓ‘s de tus espaldas, viendo si tu hermano se habΓ­a dignado en concluir su conversaciΓ³n. Sin embargo, la entrada de la escuela comenzaba a vaciarse y Tokoyami seguΓ­a sin aparecer.

Volviste a ver la mΓ‘quina expendedora. Tu paso comenzΓ³ a acelerarse poco a poco y tu mano se adentrΓ³ en tu mochila, buscando por obra del sentido del tacto los tan preciados billetes japoneses; un presente proveniente de tu padre.

Al sacar un considerable fajo de billetes y al estar ya en frente de la llamativa maquina decorada con personajes de estilo caricaturesco. Cuando estabas a punto de ingresar el billete para obtener asΓ­ uno de los premios sorpresas de la mΓ‘quina, unas voces y ruidos provenientes de peleas hicieron acto de presencia en la solitaria calle.

«¿Se estÑn matando a golpes?» Escondiste tu dinero en tu mochila y aseguraste que estuviera bien cerrada. La pelea se escuchaba cerca y, por suerte, no estaba ocurriendo frente a ti.

Β«Ya- no es mi problemaΒ» descartaste el asunto sin mΓ‘s. EncontrarΓ­as otra mΓ‘quina con temΓ‘tica de figuras coleccionables.

Cuando estabas a punto de retomar tu andar hacΓ­a la escuela, una voz resonΓ³ en el lugar.

β€”Β‘Kacchan, lo siento! β€”exclamΓ³ aterrorizado un adolescente de cabellos verdes. El cual fue duramente empujado, cayendo al suelo de espaldas. El muchacho intentΓ³ levantar sus manos para que sus agresores se detuvieran.

β€”ΒΏQuΓ© carajos? β€”murmuraste en tu breve estado de shock. Presenciando como un pequeΓ±o grupo conformado por tres chicos salΓ­an de otra calle. Al parecer, estuvieron empujando al peliverde desde hace un buen rato, al punto de llegar a hasta un complejo de calles donde distintos caminos se unΓ­an.

Estabas tan cerca, pero a la vez tan lejos de la situaciΓ³n. Te encontrabas a unos metros de la pelea o, mejor dicho, abuso en manada, pero para tu genuina sorpresa, ninguno de los chicos parecΓ­a reaccionar ante tu presencia, es mΓ‘s, parecΓ­an estar tan absortos en el momento que pasabas totalmente desapercibido.

β€”Kacchan, lo siento... β€”se disculpΓ³ nuevamente el joven apaleado en el suelo entrΓ© lagrimas saladas.

β€œKacchan”, el rubio-lΓ­der de los malandros, tomΓ³ del cuello al joven y de su mano comenzΓ³ a desprender una especie de humo, el cual y gracias a tu olfato, podΓ­as confirmar que apestaba a pΓ³lvora.

β€”La que me pariΓ³ β€”escupiste fastidiado. Levantaste la manga de tu uniforme, revelando asΓ­ una serie de tatuajes de diversos colores, motivos y tamaΓ±os, pero eso no duro; tus tatuajes comenzaron a deformarse al punto de convertirse en un solo lΓ‘tigo de color morado, uno que brillaba con intensidad, dispuesto a ser usado por su dueΓ±o.

Tu mano disponible se acercΓ³ a tu brazo y, cuando tu mano estuvo a punto de entrar en contacto con la piel, el mango del lΓ‘tigo escapΓ³ de tu piel de un salto. Al sujetar el mango con fuerza en el aire, extrajiste el resto del lΓ‘tigo de tu piel y, para tu genuina sorpresa, el lΓ‘tigo que creaste no solo era de una cola, sino que estaba conformado por tres.

β€”EstΓ‘ bien- β€”susurraste a causa de la repentina (pero normal) forma de actuar de tu peculiaridad.

Cuando llevaste el lΓ‘tigo hacΓ­a atrΓ‘s, dispuesto a emitir un ruido en el aire con el objetivo de asustar a los bravucones. El lΓ‘tigo se escapΓ³ de tu agarre, no porque se te hubiera escapado de las manos o el clΓ‘sico: β€œtiempo lΓ­mite de duraciΓ³n”. En realidad, tu peculiaridad actuΓ³ por cuenta propia, envolviendo a los tres chicos y levantΓ‘ndolos unos ΒΏDos metros? Del suelo. La cola del centro envolviΓ³ al rubio idiota de forma especial; envolviendo sus manos y dejΓ‘ndolo colgado tres metros a diferencia de sus compinches.

β€”QuΓ© estΓΊpido β€”dijiste en voz baja avergonzado. QuerΓ­as un lΓ‘tigo para intimidar a las bestias mononeuronales para que se fueran hacΓ­a atrΓ‘s, no un lΓ‘tigo que actuaba como una serpiente que envolvΓ­a sus vΓ­ctimas cual boa constrictora y, para colmo, que era capaz de pararse sola gracias a su mango ubicado en el suelo.

Antes de que pudieras acercarte para ayudar al peliverde a levantarse del suelo. Tu lΓ‘tigo dejo caer a dos de los bravucones, exceptuando al rubio, el cual insultaba tanto al arma como a ti por ser su invocador. El lΓ‘tigo, con su enfado comprensible, dejo caer al rubio al suelo con un poco mΓ‘s de fuerza y sin darle tiempo a emitir un ruido de dolor, el lΓ‘tigo golpeΓ³ con fuerza al suelo, tan solo unos centΓ­metros alejados del rostro del lΓ­der de los idiotas. Posterior a eso, desapareciΓ³ en el aire, como si estuviera complacido de haber asustado de muerte a su vΓ­ctima.

Eso fue suficiente para que los dos idiotas se levantaran con dificultad del suelo, asustados y notablemente adoloridos. Los dos se acercaron a su lΓ­der, el cual se encontraba en un estado de shock por haber estado tan cerca de haber sido marcado por toda una vida por tres colas de lΓ‘tigos. Los trogloditas levantaron a su lΓ­der a la fuerza y, si bien el rubio intentΓ³ protestar y arremeter contra ti por el susto, el impacto y la amenaza de marca. Sus amigos le taparon la boca y lo arrastraron por donde vinieron. DejΓ‘ndote asΓ­ solo junto al chico de cabellos verdes.

β€”Oye, ΒΏestas bien? β€”preguntaste sumamente preocupado al chico que se encontraba aΓΊn en el suelo β€”DΓ©jame ayudarte β€”dijiste sin mΓ‘s, adelantΓ‘ndote a las palabras del muchacho de cabellos verdes. De tu brazo surgiΓ³ una especie de energΓ­a morada, la cual se manifestΓ³ en una especie de humo de un intenso brillo, de apariencia similar a una galaxia pintada de color morado. El humo envolviΓ³ suavemente al muchacho maltratado, levantΓ‘ndolo sin la necesidad de recurrir a un gran esfuerzo o que este tuviera que interferir.

Antes de que el adolescente de cabellos verdes pudiera decir algo, cualquier cosa, si quiera dar las mΓ­ticas β€œgracias”, te volviste a adelantar. Dando unos pasos hacΓ­a el frente, intentando visualizar la figura de los brabucones. Desgraciadamente estos desaparecieron en el momento que tiraste al suelo al que vendrΓ­a siendo su lΓ­der.

β€”Cobardes hijos de puta. β€”maldijiste en tu idioma natal β€”Si hubiera sabido que huirΓ­an a la primera arrastrada, los hubiera colgado de cabeza en el primer Γ‘rbol que se me cruzara.

Moviste la cabeza de un lado a otro, colocando tus manos en tu rostro para despuΓ©s acomodar tu cabello como acto de reflejo.

β€”Si Tokoyami se entera se desplumarΓ‘ β€”murmuraste con cierta preocupaciΓ³n. Imaginando la escena de tu hermano desplumΓ‘ndose al igual que un ave bajo estrΓ©s ante la noticia de que en tu primer dΓ­a de secundaria, en su paΓ­s, tuviste la brillante idea de meterte con japoneses, sumando la desdicha de que eres un extranjero. Era bastante probable que nadie de la instituciΓ³n escolar estuviera de su lado.

β€”ΒΏDisculpa? β€”preguntΓ³ tΓ­midamente una voz detrΓ‘s de ti. Al girarte te encontraste con el chico que tuviste la suerte (ΒΏO desdicha?) de socorrer. El peliverde la habΓ­a pasado mal con esos idiotas de tercera, no necesitabas tener un doctorado en medicina para saberlo. RasguΓ±os, pequeΓ±as heridas y un intenso olor a pΓ³lvora que desprendΓ­a de su cuerpo, en especial su uniforme, el cual estaba cubierto de suciedad y tierra.

β€”Hey β€”saludaste, dΓ‘ndote vuelta para encontrarte cara a cara con el escuΓ‘lido pecoso.

El muchacho, nervioso y asustado por la escena la cual no tuvo mΓ‘s remedio que presenciar. El adolescente pasΓ³ una mano detrΓ‘s de su nuca, al parecer intentaba acomodar sus pensamientos para despuΓ©s expresar sus futuras palabras.

β€”No tienes que decirme algo, amigo β€”expresaste con cierta incomodidad. El bullyng era un asunto complicado, sumamente complejo y que dependiendo de la persona que tuviera la desgracia de recibirlo, muchos acontecimientos negativos podrΓ­an comenzar a formarse. Si el chico sentΓ­a vergΓΌenza o algo remotamente similar, entonces no lo orillarΓ­as a que te diera un β€œgracias”, al final del dΓ­a esto ni siquiera era asunto tuyo.

El peliverde levantΓ³ la mirada del suelo, reaccionando rΓ‘pidamente a la palabra β€œamigo”. El joven te miro con unos ojos que reflejaban su ΒΏAsombro? ΒΏConfusiΓ³n? ΒΏVergΓΌenza? Bueno, lo ΓΊltimo podrΓ­as asegurar que lo sentΓ­as a flor de piel. El silencio entre ambos era demasiado y el ambiente silencioso y tranquilo que ofrecΓ­a el paΓ­s no ayudaba en absoluto,

β€”Yo debo volver- β€”informaste con prisa al desconocido. Forzaste una sonrisa y diste media vuelta. Comenzando a correr como alma que llevaba el diablo, dejando asΓ­ al muchacho solo y anonadado en su lugar.

Durante el trayecto de volver a la entrada del colegio, rezabas a todas las deidades, tanto conocidas como desconocidas como el hombre que se apiadaran de tu pobre alma. Realmente no querΓ­as encontrarte con un Tokoyami profundamente decepcionado o enfadado por tu desobediencia.

β€”Definitivamente esta mierda me supera β€”expresaste cansado y agotado. Tu primer dΓ­a oficial en JapΓ³n y ya te habΓ­as metido en una pelea. Si bien, todos esos chicos llevaban el mismo uniforme que tΓΊ, no podrΓ­as asegurar que fueran a tu mismo colegio... ΒΏO sΓ­?

☾