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βΎο»Ώ
βNo quiero ir a la escuela... βdijiste adormilado en tu propia mente, sintiendo poco a poco tu cuerpo parecΓa hundirse en el suave colchΓ³n y las cΓ‘lidas sabanas.
Te diste media vuelta, tomando una extremidad de la sabana para asΓ taparte aΓΊn mΓ‘s, llegando al punto de que la mitad de tu rostro estuviera bajo la calidez y la sensaciΓ³n de comodidad que ofrecΓa tu nueva cama.
Cerraste los ojos, intentando reconciliar el sueΓ±o que temΓas haber perdido. Flexionaste las piernas y juntaste ambos brazos, cerraste los ojos con fuerza e inhalaste, luego exhalaste, sintiendo como la tranquilidad volvΓa a establecerse en tu alma.
Desgraciadamente, nunca podΓas vivir plenamente tranquilo, mucho menos con un hermano mayor metiche de por medio y lo sabΓas bien, despuΓ©s de todo, Tokoyami se acercaba con paso seguro y decidido a tu habitaciΓ³n; sus talones al golpear el suelo lo delataban.
La puerta de tu habitaciΓ³n se abriΓ³ sin previo aviso -los pesados talones de tu hermano no contaban-. Tokoyami y Dark Shadow ingresaron a tu fortaleza de la soledad como si esta fuera un baΓ±o pΓΊblico. El huΓ©sped y la entidad obscura compartieron miradas por un segundo, luego suspiraron. Tokoyami se acercΓ³ a tu cama y Dark Shadow te destapΓ³ mediante el uso de fuerza bruta, despuΓ©s de todo, tus manos se habΓan aferrado a las sΓ‘banas en un vago, pero desesperado intento de seguir durmiendo.
βDespierta, Osamu. βinformΓ³ tu hermano mellizo mientras se dirigΓa a tu armario, iniciando asΓ una pequeΓ±a bΓΊsqueda con el objetivo de encontrar tu uniforme βPapΓ‘ fue claro. Uniforme doblado y alistado en tu escritorio βrecrimino Tokoyami ante la falta de interΓ©s de su hermano por irse acomodando a su nueva vida.
Tus ojos se abrieron al escuchar aquel nombre que en lo poco que llevabas de vida nadie solΓa usar; tu segundo nombre de origen japonΓ©s:Osamu.
Un suspiro escapo de tus agrietados labios, tus ojos rodaron con desinterΓ©s y los ruidos que emitΓa Tokoyami eran lo suficientemente molestos para no dejarte descansar tranquilo. Te levantaste mediante el uso de una abdominal mΓ‘s que torcida y vaga.
βLlΓ‘mame por mi nombre, βaclaraste con una voz adormilada y ronca. Tus manos pasaron por tu rostro, ocultΓ‘ndolo, exponiendo ΓΊnicamente tu boca, la cual dejo escapar un largo y profundo bostezo βel primero y buenos dΓas de paso βcomentaste mientras tus manos viajaban desde tu frente hasta tu espalda, donde caΓa tu cabello como cascada o, mejor dicho, el nido de urraca que se habΓa formado en tu cabeza por moverte de un lado a otro sin cesar en toda la noche.
βEs complicado de pronunciar. Es mejor tu segundo nombre, es nacional y a nadie le costarΓa pronunciarlo. βrespondiΓ³ Tokoyami βBuenos dΓas para ti tambiΓ©n βexpresΓ³ el βhermano mayorβ de tan solo unos minutos de diferencia.
Tokoyami, despuΓ©s de confirmar que tu uniforme ya estaba colocado y perfectamente doblado sobre tu escritorio, posterior a eso, comprobar que tuvieras tu mochila. OptΓ³ por retirarse de tu habitaciΓ³n junto a Dark Shadow.
βEl desayuno pronto estarΓ‘ listo βanuncio el adolescente con cabeza de ave.
Dark Shadow se despidiΓ³ de ti con un breve saludo de mano antes de que su huΓ©sped cerrara la puerta del dormitorio, dejΓ‘ndote asΓ nuevamente a solas pero esta vez con la luz encendida.
βMe vale tres hectΓ‘reas de verga que la gente de aquΓ no pueda o sepa pronunciar mi primer nombre βmurmuraste con desgano, pensando si realmente podrΓas soportar que la gente se dirigiera a ti con un nombre que solo aparecΓa en documentos y registros importantes.
Te levantaste de tu cama con reasignaciΓ³n, realmente no deseabas que Tokoyami o tu mismΓsimo padre ingresaran a tu habitaciΓ³n. De igual manera, necesitabas comer, tu estomago ya estaba rugiendo.
(...)
Β«Que incΓ³modoΒ» dijiste para tus adentros. Si bien, agradecΓas que tu hermano fuera tan amable de esperarte para ir a la escuela juntos, intentando asΓ elaborar una especie de rutina para que te fueras adaptando a la que vendrΓa siendo tu nueva vida en un nuevo paΓs, realmente no estabas seguro si esto era lo mΓ‘s cΓ³modo para ambos.
Tokoyami no era el compaΓ±ero mΓ‘s dialogador, es mΓ‘s, ni siquiera te dirigΓa la mirada. No dirigirte la palabra era de esperarse, suponΓas, pero ΒΏNi siquiera mirarte? ΒΏRealmente su relaciΓ³n estaba tan deteriorada?
βPapΓ‘ y yo estuvimos conversando sobre su situaciΓ³n, Osamu. βcomentΓ³ el japonΓ©s, rompiendo de forma abrupta el tempano de hielo que se habΓa formado entre ambos βTu japonΓ©s no es muy bueno, en especial en el apartado de escritura, tal vez sea mejor que vayas a clases de idioma.
βY dale con βOsamuβ βrefunfuΓ±aste en espaΓ±ol, idioma que con suerte Tokoyami era incapaz de entender, ni siquiera un βholaβ o un βadiΓ³sβ. Al igual que papΓ‘, Tokoyami era un gran terco que no cedΓa tan fΓ‘cilmente. No obstante, tΓΊ tampoco te quedabas atrΓ‘s.
βMi nombre es ___. βexpresaste con un tono ligeramente humorΓstico, despuΓ©s de todo, era demasiado temprano para pelear por una tonterΓa que, si bien solΓas estar predispuesto para pelear por motivos estΓΊpidos del tamaΓ±o de una casa, era demasiado temprano y tampoco deseabas armar un show con un montΓ³n de desconocidos al rededor, sumando que uno que otro te veΓa de reojo por el invisible cartel gigante que te seΓ±alaba como βextranjeroβ βNo te vas a desplumar por llamarme por mi primer nombre.
Tokoyami te mirΓ³ de reojo y arqueΓ³ una ceja. Al parecer, el chiste no le hizo gracia o solo no entendiΓ³ el sarcasmo. Al fin y al cabo, habΓas leΓdo con anterioridad de que la gran mayorΓa de japoneses no estaban acostumbrados al sarcasmo, la ironΓa, tonterΓas, etc. Mucho menos cuando estas iban dirigidas a sus propios familiares.
βYo no me desplumo βcontestΓ³ serio el japonΓ©s. Volviendo a enfocar su mirada en el frente.
Dejaste escapar otro suspiro. Esto te superaba.
Tu mirada se desviΓ³ a los edificios, las seΓ±ales de trΓ‘nsito, algunas tiendas y de vez en cuando, a una persona que lucΓa un aspecto llamativo o, mejor dicho, diferente, principalmente por la manifestaciΓ³n de su quirk.
βEra una broma, Tokoyami βmurmuraste por lo bajo.
Tokoyami solo asintiΓ³ con la cabeza. La broma claramente no le hizo ni la mΓ‘s mΓnima gracia, tampoco es que le viera el βsentidoβ.
Ambos siguieron caminando en silencio, despuΓ©s de todo, el silencio de tu hermano era contagioso de alguna manera. Ambos mantuvieron el armonioso silencio hasta que decidiste abrir tu boca cuando desde a lo lejos lograste visualizar la secundaria.
βEs mΓ‘s grande lo que pensaba βmencionaste, recordando como en tu paΓs los colegios, en su mayorΓa, poseΓan un tamaΓ±o estΓ‘ndar, es decir, eran estructuras medianas; ni tan grandes ni tan pequeΓ±os, modestos y siempre manteniendo lo que se consideraba βnecesarioβ.
βΒΏEn dΓ³nde vivΓas no existen instituciones βgrandesβ? βpreguntΓ³ Tokoyami, formando asΓ una conversaciΓ³n por iniciativa propia. Algo que no solΓa ser a menudo cuando se trataba de ti.
βExisten y de todos los tamaΓ±os posibles. Yo solo asistΓ a una de tamaΓ±o ΒΏMediano? Supongo, no era la gran cosa. βexplicaste con un curioso movimiento de manos, formando una estructura notoriamente mΓ‘s grande que una casa, pero al mismo tiempo dando a entender que era pequeΓ±a a comparaciΓ³n de esta nueva instituciΓ³nβSi te soy sincero, lo ΓΊnico bueno de ese colegio era el bullicio, algunas peleas y bueno, reunirse con algunos chicos para escaparse de la escuela.
Tokoyami y tu ingresaron a la escuela, acompaΓ±ados de una cantidad considerable de estudiantes adolescentes. Unos iban en grupo, otros en solitario y muchos de ellos se quedaban parados en su lugar, probablemente esperando algo o a alguien.
βΒΏCΓ³mo puedes escaparte de la escuela o causar escΓ‘ndalos a propΓ³sito? βpreguntΓ³ Tokoyami, genuinamente preocupado por tus acciones, las cuales errΓ³neamente considerabas aventuras.
Al ingresar al apartado de los casilleros; todos los estudiantes comenzaron a despojarse de sus zapatos como si fueran robots, robots siguiendo una rutina impuesta durante toda su vida. Por supuesto, te hubieras saltado esa regla de sacarse los zapatos. No obstante, tu hermano mayor te indicΓ³ cΓ³mo debΓas hacerlo, como era de esperar, lo obedeciste a regaΓ±adientes. Te colocaste los zapatos hechos para ser usados en la instituciΓ³n. Tokoyami asintiΓ³ en seΓ±al de reconocimiento; estabas adaptΓ‘ndote, de forma tosca y lenta, pero lo hacΓas de igual manera.
Los dos retomaron su andar, al fin y al cabo, compartΓas las clases con tu hermano mayor.
βSon las juntas. βdijiste, retomando la charla. Mintiendo como un bellaco; siempre solΓas ser la mala junta entre tus amigos, los convencΓas de actitudes rebeldes y despreocupadas, en especial a las que se centraban en motivos hedonistas βAl principio a uno le cuesta βdejarse llevarβ, luego cuando lo haces un par de veces ya nada te importa, solo pasarla bien y disfrutar de lo que te puede promover unos chicos que al igual que tΓΊ, quieren divertirse un poco.
βTe recomiendo no hacer eso mientras residas aquΓ. βadvirtiΓ³ tu hermano mayor en voz baja, como si intentara que ningΓΊn adulto o cualquier otro tipo de autoridad arriba de la del estudiante promedio se enterarΓ‘ de tus βacciones de delincuenteβ βNo puedo asegurarte algo bueno y es mejor asΓ.
No respondiste, solo rodaste los ojos y dejaste que una sonrisa traviesa de labios se formara en tu rostro.
βHablo en serio, Osamu. βregaΓ±Γ³ Tokoyami, tomΓ‘ndote de la oreja para despuΓ©s tirarla severamente hacΓa abajo βSi te escapas yo mismo irΓ© a buscarte y te llevarΓ© con el director.
βYa, ya. Entiendo βdijiste adolorido, colocando tus manos sobre la mano de tu hermano mayor, intentando que estΓ© soltarΓ‘ tu oreja de una buena vez por todas.
(...)
βΒΏCΓ³mo la gente puede soportar llevar esto todos los dΓas? βtomaste entre tus dedos el cuello de tu uniforme, intentando tirarlo hacΓa abajo, todo con tal de conseguir mΓ‘s flexibilidad βTuve que haber valorado mΓ‘s los dΓas donde para ir a la escuela solo debΓa llevar una camisa con el estampado de la escuela y unos jeans βsusurraste con pesar a la vez que tus hombros se movΓan mediante flexiones y algunos estiramientos.
Volviste a mirar hacia atrΓ‘s, intentando ver a tu hermano mayor. No obstante, Γ©l seguΓa en el interior de la escuela, hablando con sabrΓ‘ Dios quiΓ©n.
βEs mejor esperarlo βdijiste en un acto de reflexiΓ³n. Irte caminando solo hasta el complejo de departamentos no era recomendable. Te conocΓas demasiado bien; en algΓΊn momento de tu trayectoria algo tonto y estΓΊpido como una tienda de videojuegos te distraerΓa, luego una tienda de comida rΓ‘pida y un montΓ³n de lugares que buscaban atraer a adolescentes ingenuos que solo deseaban pasar el rato.
Tu plan de mantenerte recostado en el muro del colegio iba a seguir en pie hasta que tus ojos por azares de la vida terminaron posΓ‘ndose sobre una mΓ‘quina expendedora a unos metros de tu posiciΓ³n.
Β«Oh hombre. Vi de estas mΓ‘quinas expendedoras en el internetΒ» expresaste eufΓ³rico ante tu primer encuentro con ese tipo de mΓ‘quinas. Si bien, esperabas encontrarla unos dΓas despuΓ©s, jamΓ‘s en tu vida hubieras pensado que una estaba tan cerca de tu posiciΓ³n Β«OjalΓ‘ sea una mΓ‘quina de figuras de acciΓ³nΒ».
Te acercaste cual ratΓ³n a ratonera. Mirando de vez en cuando detrΓ‘s de tus espaldas, viendo si tu hermano se habΓa dignado en concluir su conversaciΓ³n. Sin embargo, la entrada de la escuela comenzaba a vaciarse y Tokoyami seguΓa sin aparecer.
Volviste a ver la mΓ‘quina expendedora. Tu paso comenzΓ³ a acelerarse poco a poco y tu mano se adentrΓ³ en tu mochila, buscando por obra del sentido del tacto los tan preciados billetes japoneses; un presente proveniente de tu padre.
Al sacar un considerable fajo de billetes y al estar ya en frente de la llamativa maquina decorada con personajes de estilo caricaturesco. Cuando estabas a punto de ingresar el billete para obtener asΓ uno de los premios sorpresas de la mΓ‘quina, unas voces y ruidos provenientes de peleas hicieron acto de presencia en la solitaria calle.
«¿Se estÑn matando a golpes?» Escondiste tu dinero en tu mochila y aseguraste que estuviera bien cerrada. La pelea se escuchaba cerca y, por suerte, no estaba ocurriendo frente a ti.
Β«Ya- no es mi problemaΒ» descartaste el asunto sin mΓ‘s. EncontrarΓas otra mΓ‘quina con temΓ‘tica de figuras coleccionables.
Cuando estabas a punto de retomar tu andar hacΓa la escuela, una voz resonΓ³ en el lugar.
βΒ‘Kacchan, lo siento! βexclamΓ³ aterrorizado un adolescente de cabellos verdes. El cual fue duramente empujado, cayendo al suelo de espaldas. El muchacho intentΓ³ levantar sus manos para que sus agresores se detuvieran.
βΒΏQuΓ© carajos? βmurmuraste en tu breve estado de shock. Presenciando como un pequeΓ±o grupo conformado por tres chicos salΓan de otra calle. Al parecer, estuvieron empujando al peliverde desde hace un buen rato, al punto de llegar a hasta un complejo de calles donde distintos caminos se unΓan.
Estabas tan cerca, pero a la vez tan lejos de la situaciΓ³n. Te encontrabas a unos metros de la pelea o, mejor dicho, abuso en manada, pero para tu genuina sorpresa, ninguno de los chicos parecΓa reaccionar ante tu presencia, es mΓ‘s, parecΓan estar tan absortos en el momento que pasabas totalmente desapercibido.
βKacchan, lo siento... βse disculpΓ³ nuevamente el joven apaleado en el suelo entrΓ© lagrimas saladas.
βKacchanβ, el rubio-lΓder de los malandros, tomΓ³ del cuello al joven y de su mano comenzΓ³ a desprender una especie de humo, el cual y gracias a tu olfato, podΓas confirmar que apestaba a pΓ³lvora.
βLa que me pariΓ³ βescupiste fastidiado. Levantaste la manga de tu uniforme, revelando asΓ una serie de tatuajes de diversos colores, motivos y tamaΓ±os, pero eso no duro; tus tatuajes comenzaron a deformarse al punto de convertirse en un solo lΓ‘tigo de color morado, uno que brillaba con intensidad, dispuesto a ser usado por su dueΓ±o.
Tu mano disponible se acercΓ³ a tu brazo y, cuando tu mano estuvo a punto de entrar en contacto con la piel, el mango del lΓ‘tigo escapΓ³ de tu piel de un salto. Al sujetar el mango con fuerza en el aire, extrajiste el resto del lΓ‘tigo de tu piel y, para tu genuina sorpresa, el lΓ‘tigo que creaste no solo era de una cola, sino que estaba conformado por tres.
βEstΓ‘ bien- βsusurraste a causa de la repentina (pero normal) forma de actuar de tu peculiaridad.
Cuando llevaste el lΓ‘tigo hacΓa atrΓ‘s, dispuesto a emitir un ruido en el aire con el objetivo de asustar a los bravucones. El lΓ‘tigo se escapΓ³ de tu agarre, no porque se te hubiera escapado de las manos o el clΓ‘sico: βtiempo lΓmite de duraciΓ³nβ. En realidad, tu peculiaridad actuΓ³ por cuenta propia, envolviendo a los tres chicos y levantΓ‘ndolos unos ΒΏDos metros? Del suelo. La cola del centro envolviΓ³ al rubio idiota de forma especial; envolviendo sus manos y dejΓ‘ndolo colgado tres metros a diferencia de sus compinches.
βQuΓ© estΓΊpido βdijiste en voz baja avergonzado. QuerΓas un lΓ‘tigo para intimidar a las bestias mononeuronales para que se fueran hacΓa atrΓ‘s, no un lΓ‘tigo que actuaba como una serpiente que envolvΓa sus vΓctimas cual boa constrictora y, para colmo, que era capaz de pararse sola gracias a su mango ubicado en el suelo.
Antes de que pudieras acercarte para ayudar al peliverde a levantarse del suelo. Tu lΓ‘tigo dejo caer a dos de los bravucones, exceptuando al rubio, el cual insultaba tanto al arma como a ti por ser su invocador. El lΓ‘tigo, con su enfado comprensible, dejo caer al rubio al suelo con un poco mΓ‘s de fuerza y sin darle tiempo a emitir un ruido de dolor, el lΓ‘tigo golpeΓ³ con fuerza al suelo, tan solo unos centΓmetros alejados del rostro del lΓder de los idiotas. Posterior a eso, desapareciΓ³ en el aire, como si estuviera complacido de haber asustado de muerte a su vΓctima.
Eso fue suficiente para que los dos idiotas se levantaran con dificultad del suelo, asustados y notablemente adoloridos. Los dos se acercaron a su lΓder, el cual se encontraba en un estado de shock por haber estado tan cerca de haber sido marcado por toda una vida por tres colas de lΓ‘tigos. Los trogloditas levantaron a su lΓder a la fuerza y, si bien el rubio intentΓ³ protestar y arremeter contra ti por el susto, el impacto y la amenaza de marca. Sus amigos le taparon la boca y lo arrastraron por donde vinieron. DejΓ‘ndote asΓ solo junto al chico de cabellos verdes.
βOye, ΒΏestas bien? βpreguntaste sumamente preocupado al chico que se encontraba aΓΊn en el suelo βDΓ©jame ayudarte βdijiste sin mΓ‘s, adelantΓ‘ndote a las palabras del muchacho de cabellos verdes. De tu brazo surgiΓ³ una especie de energΓa morada, la cual se manifestΓ³ en una especie de humo de un intenso brillo, de apariencia similar a una galaxia pintada de color morado. El humo envolviΓ³ suavemente al muchacho maltratado, levantΓ‘ndolo sin la necesidad de recurrir a un gran esfuerzo o que este tuviera que interferir.
Antes de que el adolescente de cabellos verdes pudiera decir algo, cualquier cosa, si quiera dar las mΓticas βgraciasβ, te volviste a adelantar. Dando unos pasos hacΓa el frente, intentando visualizar la figura de los brabucones. Desgraciadamente estos desaparecieron en el momento que tiraste al suelo al que vendrΓa siendo su lΓder.
βCobardes hijos de puta. βmaldijiste en tu idioma natal βSi hubiera sabido que huirΓan a la primera arrastrada, los hubiera colgado de cabeza en el primer Γ‘rbol que se me cruzara.
Moviste la cabeza de un lado a otro, colocando tus manos en tu rostro para despuΓ©s acomodar tu cabello como acto de reflejo.
βSi Tokoyami se entera se desplumarΓ‘ βmurmuraste con cierta preocupaciΓ³n. Imaginando la escena de tu hermano desplumΓ‘ndose al igual que un ave bajo estrΓ©s ante la noticia de que en tu primer dΓa de secundaria, en su paΓs, tuviste la brillante idea de meterte con japoneses, sumando la desdicha de que eres un extranjero. Era bastante probable que nadie de la instituciΓ³n escolar estuviera de su lado.
βΒΏDisculpa? βpreguntΓ³ tΓmidamente una voz detrΓ‘s de ti. Al girarte te encontraste con el chico que tuviste la suerte (ΒΏO desdicha?) de socorrer. El peliverde la habΓa pasado mal con esos idiotas de tercera, no necesitabas tener un doctorado en medicina para saberlo. RasguΓ±os, pequeΓ±as heridas y un intenso olor a pΓ³lvora que desprendΓa de su cuerpo, en especial su uniforme, el cual estaba cubierto de suciedad y tierra.
βHey βsaludaste, dΓ‘ndote vuelta para encontrarte cara a cara con el escuΓ‘lido pecoso.
El muchacho, nervioso y asustado por la escena la cual no tuvo mΓ‘s remedio que presenciar. El adolescente pasΓ³ una mano detrΓ‘s de su nuca, al parecer intentaba acomodar sus pensamientos para despuΓ©s expresar sus futuras palabras.
βNo tienes que decirme algo, amigo βexpresaste con cierta incomodidad. El bullyng era un asunto complicado, sumamente complejo y que dependiendo de la persona que tuviera la desgracia de recibirlo, muchos acontecimientos negativos podrΓan comenzar a formarse. Si el chico sentΓa vergΓΌenza o algo remotamente similar, entonces no lo orillarΓas a que te diera un βgraciasβ, al final del dΓa esto ni siquiera era asunto tuyo.
El peliverde levantΓ³ la mirada del suelo, reaccionando rΓ‘pidamente a la palabra βamigoβ. El joven te miro con unos ojos que reflejaban su ΒΏAsombro? ΒΏConfusiΓ³n? ΒΏVergΓΌenza? Bueno, lo ΓΊltimo podrΓas asegurar que lo sentΓas a flor de piel. El silencio entre ambos era demasiado y el ambiente silencioso y tranquilo que ofrecΓa el paΓs no ayudaba en absoluto,
βYo debo volver- βinformaste con prisa al desconocido. Forzaste una sonrisa y diste media vuelta. Comenzando a correr como alma que llevaba el diablo, dejando asΓ al muchacho solo y anonadado en su lugar.
Durante el trayecto de volver a la entrada del colegio, rezabas a todas las deidades, tanto conocidas como desconocidas como el hombre que se apiadaran de tu pobre alma. Realmente no querΓas encontrarte con un Tokoyami profundamente decepcionado o enfadado por tu desobediencia.
βDefinitivamente esta mierda me supera βexpresaste cansado y agotado. Tu primer dΓa oficial en JapΓ³n y ya te habΓas metido en una pelea. Si bien, todos esos chicos llevaban el mismo uniforme que tΓΊ, no podrΓas asegurar que fueran a tu mismo colegio... ΒΏO sΓ?
βΎ