Capitulo 1
Capítulo 1
POV Draco - Mansión de los Malfoy
Solo había una cosa que a Narcisa Malfoy, de soltera Black, le importaba mas que la pureza de sangre. Incluso mas que su amado esposo, Lucius: su amado y adorado hijo, Draco.
Sin embargo, el Draco que había recogido en junio después de su tercer curso no era el mismo que el que llevaron a la estación después de las vacaciones de Navidad. Bajó del Expreso de Hogwarts con aire alicaído, muy sombrío y lo mas llamativo: inusualmente callado y enfurruñado. Con aspecto triste. Y cuando llegó a casa, lo primero que hizo fue pedirle a los elfos que quedaban que mandasen sus cosas a su cuarto y las ordenasen. Minutos después, sin decir ni media palabra a sus padres, se dirigió al sótano de la mansión y no salió hasta que uno de los elfos lo llamó para cenar, diciéndole que sus padres llevaban mas de seis meses sin verlo y que el día de su llegada se había pasado siete horas perdido por la mansión.
Y así durante días.
Todas las mañanas, Narcisa iba al cuarto de su hijo, quien parecía estar despierto desde hacía horas, y miraba a la ventana sin mirar nada en realidad, con gesto ausente. Desayunaba, se aseaba y desaparecía hasta la hora de comer. Y por la tarde, mas de lo mismo.
Lucius y Narcisa sabían perfectamente que no salía de la mansión, pues siempre que salía, Draco les avisaba absolutamente de todo. No se toleraban los secretos bajo su techo.
- Pero algo le pasa, Lucius - le dijo Narcisa una mañana, después de pasarla buscándolo.
- De la mansión no sale, Cissy. Eso esta claro. Y mira, mientras sea así… tranquilo estoy.
- Deberíamos hablar con él a la hora de las comidas. Esta como… apagado.
- No conseguirás nada y lo sabes. Estas acostumbrada a que te cuente las cosas enseguida y, por una vez, no quiere hacerlo. Dale tiempo y él solo vendrá a contártelo, ya sabes cómo es.
- Te veo poco preocupado por él. - le regañó -. Te recuerdo que también es tu hijo.
- Y porque conozco a mi hijo sé que no debo preocuparme. Lo conozco mas de lo que crees, y con la edad que tiene… solo puede ser una cosa.
- ¿Ah, si? ¿Crees que sabes mas que yo? ¿Y cual es, a ver, si es que tanto sabes?
- Cissy, es muy evidente… Esta así por una chica. - le aclaró con suficiencia -. Lo cual es decepcionante. Le he dado un montón de trucos.
- A saber qué trucos le habrás enseñado tú - gruñó, saliendo del salón en el que se encontraban -. No todas se compran con dinero.
- Bien que lo sé - le replicó.
Narcisa recorrió nuevamente los pasillos de la mansión. Subió y bajó las escaleras, recorrió las habitaciones… Pero ni rastro. Bajó hasta el sótano. Nada. Estaba a punto de rendirse hasta que vio una pequeña luz que salía de la biblioteca privada que tenían. Intrigada, entró.
En una silla, cerca de la ventana y con una vela, de espaldas a la puerta, pudo distinguir una cabeza rubia, inclinada sobre un viejo libro. Al escuchar el sonido de la puerta, éste lo cerró de golpe.
- Draco, ¿qué haces aquí?
- Leer - respondió sin mas.
- ¿Leer? ¿Estas estudiando? Pero si has sacado muy buenas notas, hijo.
- No estoy estudiando, solo es que me aburro y me apetecía leer un poco.
- Ohm, de acuer… ¿Eso es un libro de mendimagia? - preguntó, acercándose y viendo el título por encima de su hombro. El chico se sonrojó -. Este libro era de tu abuelo, ¿que haces con él?
- Es interesante. - Narcisa se lo quitó de las manos. “Heridas provocadas por criaturas sobrenaturales: como distinguirlas y tratarlas”.
- No sabia que te interesara la mendimagia.
- Algo tendré que hacer con mi vida, ¿no? No puedo estar simplemente viviendo de las rentas. - dijo con voz molesta -. ¿Puedes irte, madre? Me gustaría seguir con esto.
Narcisa arrugó la frente, sorprendida de su actitud, y asintió. Antes de salir, se fijó en que Draco volvió a abrir el libro y cogía un pergamino que había en sus rodillas: estaba lleno de anotaciones.
- Un momento, madre. ¿Padre está en casa?
- Si, claro. Esta en el salón.
- Perfecto. Quiero hablar con él. - se levantó, muy decidido, y pasó por delante de ella sin decir nada, en dirección al salón de la casa. Su padre, que estaba leyendo El Profeta, se sorprendió mucho de verlo por allí.
- Vaya, qué honor - dijo con ironía, arrastrando las palabras -. ¡Resulta que tenemos un hijo, Cissy! - le dijo cuando la mujer apareció tras él -. Hazle una foto antes de que se desvanezca.
Draco le lanzó una mirada muy seria, haciendo que a Lucius se le borrara la sonrisa.
- Necesito hablar contigo, padre. Es muy importante. - los dos adultos se miraron muy desconcertados. No estaba en su carácter hablar con tanta seriedad. Lucius asintió y se levantó, doblando cuidadosamente el periodico. - No es necesario, madre. - le dijo cuando vio que les seguía.
- Soy tu madre y quiero saber qué es lo que te pasa, así que si, es necesario.
Lucius entró primero al despacho, encendiendo las velas, y ánimo a su hijo a sentarse delante de él. Narcisa se quedó de pie, con los brazos cruzados, mirándole. El muchacho empezó a retorcerse las manos sin saber qué decir.
- Tú dirás.
- Esto es un poco raro, pero… juro que es cierto. - se apresuró a decir -. Padre, ¿es normal soñar con algo de manera recurrente y que luego acabe pasando?
Lucius se quedó mirándolo unos segundos con cara de sorpresa. Después miró a su mujer, que también tenía la misma expresión de desconcierto. Cuando volvió a poner los ojos en su hijo, sonrió.
- Es impresionante. - comentó -. Yo no los tuve hasta los dieciséis.
- ¿El que?
- Creo que es hora de contárselo, Cissy. - ella asintió y se acercó -. Tengo que decir que una parte de mi esperaba que esto te pasara mucho mas tarde. Hay algo que nunca te he contado sobre nuestra familia. Eres un sangre limpia, y sabes lo que eso significa- él asintió con suficiencia -. Pero el apellido Malfoy conlleva muchas mas cosas. Algunas familias de sangres limpios tienen dones especiales.
- Los Black, por ejemplo, somos Oclumaticos innatos - dijo Narcisa -. Nuestra mente es como un búnker.
- Los Potter - dijo con desagrado. Draco trató de disimular que ponía toda su atención al escuchar ese apellido -. Tienen su magia ancestral, que les lleva a poder emplear la magia sin varita. Y los Malfoy, tenemos los sueños proféticos.
Draco alzó las cejas, muy sorprendido.
- ¿Me estas tomando el pelo? ¿Somos videntes como la chalada de Trelawney?
- Ya le gustaría. - se burló -. Pero no. Los nuestros son sueños reales. ¿Cuando tuviste el primero?
- El año pasado… soñé lo del hipogrifo - mintió con rapidez -. Pero no me lo tomé en serio, creí que era una chorrada. Debí haberlo hecho.
- Pues si, pero no te culpo, yo tampoco me lo tomé en serio la primera vez.
- ¿Qué fue? - preguntó con curiosidad.
- Prefiero no contartelo - se apresuró a decir -. Basta decir que tu madre esta implicada.
Draco miró a su madre, que se había sonrojado, e hizo una mueca.
- No, gracias - murmuró.
- Mi padre tenía la teoría de que están relacionados con conocer a alguien importante, alguien muy importante. Empiezas a tenerlos cuando se forja esa conexión. Cuanto mas fuerte es, mas reales y mas probabilidades hay de que se cumplan. Vuestra magia se complementa, y eso te impulsa mas a tenerlos.
- Importante… ¿cómo un amigo, quizá?
- Oh, no. Mucho mas importante. Alguien destinado a cambiarte la vida para siempre. - miró a su mujer con cariño -. Solo hay una persona capaz de crear una magia tan fuerte como la premonición, y es tu alma gemela.
Draco abrió mucho los ojos, petrificado.
- ¿Cómo… mi que?
- Las almas gemelas son algo muy raro en el mundo mágico, pero algo realmente… extraordinario. Es probablemente lo único en lo que coincido con Dumbledore: es una magia sin límites. Una vez que empieza, no hay nada que pueda pararla. Debe ser una jovencita muy especial - añadió guiñandole un ojo. Draco se sonrojó.
- Eh…
- ¿Es Pansy?
- ¿Qué? - dijo sin prestarle atención -. Ah, eh… si, es Pansy, si - mintió.
- Parkinson. Un apellido digno - dijo con una sonrisa de suficiencia -. No te preocupes por esos sueños, son algo bueno para ti, y útiles. Y no los escondas.
Draco se quedó clavado unos segundos en el asiento, pensando. Podía notar la mirada de su madre clavada en su sien. Finalmente, se levantó y salió del despacho.
“Con que era por Potter”, pensó mientras caminaba hacia la biblioteca de nuevo. Pensó en esos últimos años en los que la había conocido. Había un recuerdo en particular que se obligaba a sí mismo a olvidar constantemente, y que cada vez que su mente lograba recuperarlo, le producía una sensación de paz inmensa, haciéndole sonrojar y sonreír. A Potter entrando en la tienda de Madame Malkin con once años, sus ojos verde amarronado mirándole con intensidad… La sensación de corriente eléctrica, de una ola arrastrandole… ese cosquilleo que sentía en el estómago cada vez que pensaba en ella se multiplicaba por diez cuando recordaba sus ojos, cuando la miraba a los ojos. Era tan intenso y fuerte que el corazón le latía desbocado, haciendo que quisiera salirsele del pecho e ir corriendo en su búsqueda.
“Pero no puede ser”, pensó cuando llegó a la biblioteca y se sentó. “Potter es una mestiza, no una sangre limpia. Ese vínculo no debería existir”
“Quizá no tenga que ver con la sangre, si no con una cuestión de compatibilidad. Potter simplemente es la persona mas compatible para ti. No por tu sangre, si no por ti mismo”.
“No, no puede ser. Todo esto es una absurda tontería. Potter no puede, sencillamente, ser mi alma gemela. Solo porque me haya salvado la vida no significa que… que sea…”
“Si es tu alma gemela, no tiene que ver con el arañazo y la culpa que sientes por haber sido tan estupido. Solo tiene que ver con yo que se, el puto universo”
“Ella no puede serlo. Definitivamente no”.
Definitivamente, algo estaba muy mal si Gianna Potter era su alma gemela.
- ¿Podemos hablar? - dijo una voz detrás de él. Asintió y Narcisa pasó. - Hijo… ¿estas bien?
- Si, claro, madre. ¿Por qué lo preguntas?
- Estas mas callado de lo habitual. Imagino que es por lo del sueño pero… tengo la sensación de que te pasa algo mas.
Draco abrió la boca, pero no dijo nada. “Si de verdad es… ellos nunca lo aceptaran”
- Estoy impactado, solo es eso.
- Nunca hemos tenido secretos, Draco. Quiero que me digas la verdad: ¿seguro que es Pansy?
- Si, madre, por supuesto - mintió -. ¿Quién si no?
- Te he visto muchas veces hablar con Pansy. Siempre impones la máxima distancia.
- Bueno, pero… nos besamos y…
- Eso no quiere decir que estés enamorado de ella, ni mucho menos. - le interrumpió.
- Yo…
- Tu padre ha dicho que te llevará a los mundiales - le comentó -. Y dentro de unos días vendrá el señor ministro a cenar. Para que estés prevenido - Draco asintió y ella se levantó -. Y cuando estés preparado… sabes que estoy aquí, deseando saber quien es.
Draco alzó la vista. Su madre le sonrió y salió de la biblioteca.
POV Gianna
El agua de la ducha cayó en su nuca, resbalando por todo su cuerpo. Había días en que lo único que Gia necesitaba era llegar a casa, darse una ducha calentita y acurrucarse en el sofá con una manta y en los brazos de su prometido. Dumbledore ya se lo había advertido hacía años: la judicatura es un camino de rosas y piedras. Mas piedras que rosas. Es reconfortante, pero hay días que te minan la moral. Y ese era uno de ellos.
Suspiró profundamente, disfrutando del agua caliente, cuando escuchó la mampara de la ducha abrirse y cerrarse tras ella. Un delicioso olor a colonia cara y menta le hizo sonreír como una tonta. Unas pálidas manos se posaron en su cintura, dejando un reguero de besos en su hombro y cuello.
- ¿Día duro? - preguntó, poniendo su erección entre sus nalgas.
- No tanto como veo que estas tú. Estaba deseando llegar a casa… - murmuró, recostandose en su pecho -. Definitivamente necesito vacaciones.
- Trabajas demasiado, Gia - le reprendió con dulzura, acariciandole los pechos -. Solo a ti se te ocurre meterte a opositar al Wizengamot con el jaleo que tienes en el cuartel mientras organizamos la boda. Eres masoca y te va la marcha, siempre lo ha dicho.
- Me enamoré de ti. Si eso no es gustarme la marcha, no se que puede serlo - le dijo con una sonrisa. Alzó la vista, buscando sus ojos plateados.
- Eso es porque no estas bien de la azotea. También lo he dicho siempre.
- Tú tampoco estas muy fino, porque estas aquí - le cogió de la nuca mientras se ponía de puntillas para besarlo.
- ¿Yo? Completamente loco… - le aseguró, besando su cuello. Deslizó despacio su mano derecha, soltando su pecho, por su estómago. Sonrió con suficiencia al pasar los dedos por sus labios húmedos -. Eso no es agua…
- Eso es que me ha dado por venir en metro y me estaba acordando de Madrid.
- Madrid - repitió -. Bendita Madrid. - separó ligeramente sus piernas, volviendo a pasar sus dedos para centrarse en el clítoris. Su pulgar y corazón separaron sus pliegues, mientras el índice empezaba a acariciar con suavidad. Con la otra mano, introdujo un dedo en su interior para llevarselo a la boca. - Eres deliciosa…
- Y tú tienes los mejores dedos del mundo… - gimió.
- ¿Te gusta, preciosa?
- Si… - suspiró -. Nada me gusta mas…
- ¿Nada? Mmmm… eso me entristece - detuvo su dedo. Gia hizo un mohín de decepción. Para su sorpresa, se agachó de rodillas frente a ella, levantándole una pierna para pasar su lengua por sus labios humedecidos. Gia soltó un gemido - ¿Mas que eso?
- No. Si. Joder, es que… ah… - gimió. La punta de su lengua sustituyó a sus dedos, dándole toquecitos -. Oh, joder… si, también me encanta…
- ¿Mas o menos? - preguntó.
- Por igual.
- Aun así, creo que no es lo que mas te gusta - siguió trabajando con su lengua, haciendo círculos alrededor de su zona mas sensible. Lo succionó con cuidado, provocandole un latigazo de placer. Pero nuevamente, volvió a detener su lengua, dejándola a medias.
- ¿A qué viene eso? - preguntó ofendida. Él le dedicó una sonrisa arrogante y volvió a ponerla contra su espalda.
- ¿Qué pasa, querida? - preguntó, frotando su erección contra sus nalgas -. ¿Quieres algo?
- Que no me dejes a medias.
- Gianna Potter quiere un orgasmo - afirmó. Ella asintió. Volvió a separarle las piernas y esta vez la inclinó. Tanteó su entrada y agitó la mano.
- De todos los hechizos sin varita que podrías haber aprendido, aprendes ese - comentó.
- El mas importante - pasó la punta de su miembro y, de una, la penetró, sabiendo que era imposible que sintiese dolor con lo mojada que estaba -. Joder, eres tan… cálida - se abrazó a su cintura y empezó a penetrarla con calma.
- Draco… - suspiró -. Mas fuerte - obediente, empezó a embestirla con fuerza, clavandose en su interior y haciéndola retorcerse al notar como daba estocadas en lo mas profundo - Mas…
- ¿Mas?
- Joder, si. Necesito mas - encantado, duplicó la intensidad.
- ¿Lo ves? Tú pides y yo te doy - dijo, pasando su mano a su clitoris para acariciarla -. Soy completamente tuyo, Gia.
- ¿Solo mio?
- Mi corazón es tuyo - le aseguró, agarrándola con la otra mano de la cadera -. Te pertenece desde hace años.
***
- Draco… - gimió en voz baja, agarrándose a la almohada. Sus dedos se movían frenéticos, aun perdida entre la conciencia y la inconsciencia. Se mordió el labio al notar el cosquilleo de placer que se acercaba -. Mas…
El orgasmo que la recorrió le hizo arquear la espalda del colchón. Aun con lo intenso que había sido, había procurado gemir lo mas bajo posible, para que sus tíos no la oyeran.
Con la respiración agitada y los martilleos de su corazón retumbandole en la cabeza, Gia abrió los ojos y miró al techo con la boca abierta.
- Joder… - protestó para sí misma -. Otra vez. No vuelvo a echarme la siesta, puta resaca.
Aquel verano, pese a que solo llevaba un par de semanas, estaba siendo muy extraño para Gia.
Hacia unas semanas, antes de que acabara el curso escolar, había recibido sin querer un arañazo en su gemelo derecho de un hombre lobo, Remus Lupin, por tratar de proteger a su mayor enemigo, Draco Malfoy. Todo esto después de averiguar la verdad sobre Sirius Black, su padrino, y tratar de ayudarlo a escapar.
Cuando Pomfrey le examinó la herida, le aseguró que nunca volvería a ser la misma, y eso era algo que tenía claro. Era una herida infligida por un ser sobrenatural, no podía no tener consecuencias.
Y desde luego, las tenía. Aunque de momento, eran positivas. Sus sentidos eran más agudos, podía oler, oír y ver a larguísimas distancias. También se sentía más fuerte, más resistente y más grácil. Bueno, casi todas eran positivas. Al menos, las que había descubierto hasta ahora. Solo había un par con las que no se sentía nada contenta.
La primera era que su ciclo menstrual se había regulado con la luna. Esto en principio no había supuesto ningún problema, hasta que le bajó la primera regla después del arañazo. El dolor había sido completamente incapacitante, tanto que se había pasado dos días encogida en la cama, abrazada a sus rodillas. Y ni con esas sus tíos habían consentido subirle la comida, y tampoco es algo que ella esperara. Y la segunda… la segunda casi le hacía menos gracia. Por las noches, sus sueños se habían dividido entre la mitad con lord Voldemort y la mitad erotico - románticos… con Malfoy.
Y eso le cabreaba. Pero… ¿acabar masturbandose y gimiendo su nombre? Eso ya era demasiado para Gia, y ya no sabía si era por el arañazo o el simple hecho de… no quería ni pensarlo.
Esto último, por supuesto, era algo que no se le había pasado por la cabeza siquiera plantearle a sus dos mejores amigos, Ron y Hermione. Si que les había contado los cambios que iba sintiendo, pero ni por todas las Saetas de Fuego del mundo se le había pasado por la cabeza contarles que tenía sueños eróticos con alguien que le odiaba y a quien debería odiar. Sabía perfectamente lo que le diría Ron:
“Te estas volviendo majareta, Gi. ¿Soñar con Malfoy? Definitivamente deberías ir a San Mungo”. Gia no pensaba que fuese tan mala idea comparado con lo que sabía que le diría Hermione.
“Eso no tiene nada que ver con el arañazo, solo lo ha acentuado. Tú ya estabas enamorada de Malfoy de antes, Gianna. Y no me vengas con la chorrada de negarlo, porque habria que ser idiota para no darse cuenta. Pero eres tan terca que te niegas a verlo”
“Y una mierda”, pensaba Gia. “Que le haya salvado no significa que sienta nada por él. No me gusta Malfoy, nunca me gustara. Es un puto gilipollas engominado, cretino, arrogante, malvado…”
Por un segundo se planteó la posibilidad de llamar a Sirius para contárselo, pero rápidamente la descartó: Sirius le diría mas o menos lo mismo que los dos, que estaba chalada y que estaba enamorada de él. Y solo le faltaba que su padrino le dijera que estaba loca de atar. Aun así, se acercó al escritorio y sacó un pequeño Nokia. Hacia una semana que, reuniendo todo el dinero muggle del que disponía, había ido a una tienda de telefonía móvil para comprar dos de prepago y enviarle uno a Sirius, explicando muy detalladamente como funcionaba. Era mucho mas fácil, rápido y seguro comunicarse así, pues las llamadas no quedaban registradas y no corrían el riesgo de sufrir interceptaciones. Solo debían tener cobertura. Cerró la puerta y marcó. Sirius tardó solo dos toques en contestar.
- Hola, pajarito. - Sirius le había puesto ese mote después de varias conversaciones telefónicas, alegando que “era pequeña, rápida volando y escurridiza como un pequeño colibrí”. - ¿Cómo estas?
- Bien. ¿Y tú?
- Tienes voz de resaca.
- Tengo resaca. Me acabo de despertar de la siesta - Sirius chistó y soltó una risita.
- Mi deber sería echarte la bronca por salir tanto de fiesta, pero prefiero dejar la disciplina para Dumbledore. ¿Sigues saliendo con ese chico? - preguntó con voz dura -. Es un Slytherin, Gianna.
- Pero no idiota, algo que no abunda.
- Touche.
Después de que Blaise la besara en el expreso de Hogwarts, Gia estuvo reflexionando largo y tendido sobre él y lo que suponía ese beso. Blaise había sido su amigo desde el primer día de colegio, ambos se llevaban muy bien pese a ser él de Slytherin y ella de Gryffindor, y habían conseguido forjar una amistad gracias a su afán por los estudios y por el poker. Junto con Hermione, eran los tres alumnos mas destacados de su promoción, y no podía dejar de admitir que el chico estaba madurando para bien. Era alto, guapísimo, con una tez oscura y realmente atractivo. E inteligente. ¿Podía considerar que le atraía? Si. ¿Gustarle? Quizá. ¿Tanto como para una relación? Ahí ya no. Por eso, tras unos días, Blaise le escribió para que quedaran en un parque para charlar sobre el asunto, donde le admitió que la besó en parte porque hacía tiempo que le atraía y por preocupación por el arañazo. Tras darle muchas vueltas, decidieron quedar como amigos, y le propuso que fuera con derecho a lo que quisieran. Si un día les apetecía enrollarse, lo harían. Y si veían a alguien mas interesante, también. Gia no le había respondido a eso, pero si iniciaron una rutina de salir de fiesta desde los jueves hasta el sábado, con poción multijugos y ayudados siempre por la capa de invisibilidad.
- ¿Sigues teniendo esos sueños? - le preguntó de repente. Gia dio gracias que no estuviera delante y la hubiese visto sobresaltarse y ponerse como un tomate -. Los de Voldemort.
- Ah… si… Se ha reunido con Colagusano - comentó -. No me gusta, Sir.
- A mi tampoco, pajarito. ¿Se lo has comentado a Dumbledore?
- Si, en la última carta. ¿Has hablado con Remus? - Sirius bufó al otro lado de la línea. Desde que Lupin le había arañado, Sirius no había vuelto a hablar con él. Habían llegado a un punto en que Gia no sabía si seguían prometidos o siquiera juntos -. Sabes mejor que nadie que no estaba en sus cabales. Deberías hablar con él.
- Aún no estoy preparado, Gia. Ni siquiera para saber qué quiero hacer con la boda… ahora mismo solo me interesa que los dementores no me encuentren y conservar la cabeza. Que todos la conservemos. A todo esto… ¿cómo vas con lo que me dijiste cuando nos encontramos? Lo de las chicas.
- Bueno… - Gia se sonrojó en su cuarto -. Anoche precisamente cuando salí con Zabini fuimos a un bar en Vauxhall.
- Vauxhall - repitió con aire soñador -. Que buenos recuerdos me trae. Ahí una vez me ligue a uno rubio antes de empezar con Remus que me la c… es igual - se cortó a sí mismo -. Continua.
- No necesito saber que te hicieron en un bar de Vauxhall. - gruñó asqueada -. El caso es que había una chica guapísima… Rubia…
- ¿Y?
- Y… Espero volver a verla esta noche - dijo tratando de hacerse la indiferente. Sirius se rio.
- Me recuerdas a James. A él tampoco le gustaba dar detalles. Tanto era así que nunca me contó lo de Regulus. - soltó. Soltó un gruñido.
- ¿Regulus? ¿Quién es Regulus?
- Mierda, no debí… Regulus era mi hermano pequeño - respondió -. Ya, qué mas da… El caso es que tu padre nunca se atrevió a contármelo pero… Se que estuvo todo cuarto con él.
- ¿En serio? ¿Mi padre era gay?
- Era bisexual. Mi hermano era gay - le corrigió -. Nunca me lo dijeron, los pillé gracias al mapa y fui a investigar y… Siempre esperé que me lo dijera, pero nunca lo hizo. Al menos hasta el día de la boda con tu madre.
- ¿Y eso? ¿Qué pasó? - preguntó con interés.
- Bueno… mi hermano era un fanatico de las Artes Oscuras. Y de Voldemort. Era su mayor defecto. Reggie y James se conocieron y al principio no se llevaban bien, pero se que en tercero, después de un partido en el que casi acaban a ostias… empezaron a acercarse. Y se enamoraron. Reg pasó todo el verano embobadisimo, lo recuerdo bien. Y James estaba igual. Creo que realmente se querían. El problema vino cuando empezamos quinto, y Regulus empezó a manifestar en casa la idea de unirse después del colegio a las filas de Voldemort. Sólo tenía catorce años y ya lo tenía clarísimo. E intentó convencer a James.
- ¿A mi padre? - Sirius asintió, pero Gia no podía verlo.
- Lo que oyes. Pero James se negó a unirse a las filas de un asesino. James no creía en la pureza de sangre, pese a serlo. Al final, Regulus prefirió las Artes Oscuras que a James. Creo que a tu padre le afectó muchísimo, estaba a gusto con él… Pero después empezó a fijarse mas en Lily y se enamoró perdidamente de ella. Nunca se lo dijimos a Lily, pero el día de su boda, Regulus vino a verme.
- ¡¿Qué?! - exclamó Gia.
- Lo que oyes. Regulus vino a verme porque quería ver a James, hablar con él. Yo estaba flipando, pajarito, no entendía nada. Entonces fui a hablar con James y me contó toda la vaina. Regulus le pidió que no se casara, que le quería. Pero James se limitó a hacerle una única pregunta: “¿vas a seguir en su bando?”. Reg simplemente no contestó y eso le bastó a tu padre para decirle que no. Que amaba a Lily, que ella nunca le haría tanto daño como él le hizo… y le pidió que se marchara de allí, que no quería volver a saber nada de él.
- Estoy flipando…
- Pues imagínate como flipé yo. La verdad es que, pensándolo en frío, no hacían una mala pareja. Pero las Artes Oscuras pudieron mas que eso - hubo un breve silencio.
- Tengo muchas dudas, Sir. Me da miedo hacer algo y arrepentirme y… ¿Y si…?
- Escuchame, pajarito: en esta vida solo tenemos derecho a arrepentirnos de lo que no hemos hecho. Todos nuestros errores y aciertos son los que nos definen. Así que tú haz lo que te de la gana, con quien te de la gana y cuando te de la gana. Ya tendrás tiempo de arrepentirte de algo cuando tengas noventa años, lleves un montón de años casada y con hijos y nietos.
- ¿Y Voldemort?
- No dejes de vivir tu vida solo porque alguien te persiga, Gianna. Eso es lo que él querría. Has sufrido demasiado en catorce años, mas de lo que una persona puede aguantar. Te mereces mas que nadie ser feliz como tú quieras. Nadie, ni siquiera la muerte, tiene derecho a marcar tu vida mas que tu. Tu patronus es un caballo por algo: porque amas la libertad. Y eso es lo que tienes que hacer, ser libre. Sal esta noche, liate con esa chica y con Zabini. Con los dos, con uno a la vez. Bebe y ríe. Y nunca mires atrás, o te pasará como a Orfeo. Tengo que dejarte, pajarito.
- Vale, Sir.
- Hazme caso, Gi. Tu padre querría que vivieras sin mirar atrás.
- De acuerdo, Sir. Hablaremos pronto, ¿vale?
Colgaron a la vez y Gia guardó de nuevo el teléfono móvil en el escritorio y fue hasta el espejo de la habitación, pensando en el consejo de Sirius. “Vive tu vida, Gia”.
Por una parte, Gia pensó que era demasiado joven para enredarse en ciertos asuntos como querer a alguien. Su mente trataba de aplastar constantemente la imagen de cierto rubio, como si quisiera irrumpir en su cerebro para recordarle que era un poco tarde para eso. Había estado a punto de morir en varias ocasiones, tres para ser exactas. Ver a la Parca con la guadaña acercarse a una tantas veces en su corta vida era algo difícil de olvidar, que dejaba mella en una aunque intentase no recordarlo. Pensó en lo a gusto que se sentía cada sábado cuando se escapaba con Hermione y Dean a las partidas de póker. Se divertía. Conocía gente de otras casas. Y hacia mas amigos a parte de los de Gryffindor.
Y luego estaban Cho y Cedric. Un asunto claramente pendiente. Hermione le había preguntado si le gustaban, y Gia había dicho que si. La cuestión es… que le gustaban los dos por igual. ¿Eso era raro? Debería habérselo preguntado a Sirius.
Y luego estaba Blaise. Que le caía bien, le gustaba besarle, y pasaban buenos ratos juntos. ¿Acaso estaba mal tener algo abierto con él? Estaban en un país libre, y mientras no hiciesen daño a nadie…
Gia miró su reflejo en el espejo. Su rostro en forma de corazón, que se había alargado. Los centímetros que había crecido, mas de lo que se esperaba. El peso que había perdido a causa de su metabolismo acelerado, pese a la comida que le habían mandado sus amigos para suplir la dieta a la que tía Petunia había sometido a toda la familia. Sus piernas mas largas, sus pechos mas grandes. La chica de la noche anterior le había dicho que era muy guapa… Gia no era egocéntrica, en absoluto. Pero tampoco rechazaba un piropo.
Y sin embargo, algo en su interior le decía que no siguiera el consejo. Que esperase a la persona adecuada, que nadie podría nunca ocupar su lugar. Que dentro de la estancia que era su corazón, había una cómoda butaca frente al fuego, al lado de la suya, y que esa butaca solo podía ser ocupada por una persona. Una persona a quien había salvado la vida, que fingía odiarla, pero cuyo camino le llevaba siempre a él. A Malfoy. Por un momento, lo imaginó: una bonita casa, un sofá enfrente de la chimenea. Una taza de chocolate caliente para cada uno, un brindis y un beso. El frío invierno extendiéndose fuera, mientras dentro solo había calor, amor y felicidad. Gia suspiró.
“Eso nunca pasará, Gianna”, pensó. “Asume la realidad. Es mejor que entierres esa idea y no vuelvas a sacarla. Sirius tiene razón: vive tu vida. Es lo mejor que puedes hacer”. Miró su reloj, las ocho de la tarde. Era hora de cenar, prepararse y esperar a que sus tíos se durmieran. Blaise y Valerie, la chica de Vauxhall, le esperaban.
- Casi llegas tarde, Zabini - le regañó Gia cuando lo vio aparecer en el autobús noctámbulo. Blaise se recostaba contra la puerta de entrada, con aire de arrogancia tan Slytherin, y una sonrisa que destacaba con su piel.
- Casi - repitió -. Tú misma lo has dicho. Vamos, Stumpkie nos deja beber en el autobús.
- Tú estas loco, ¿has visto lo que llevo puesto? - señaló el conjunto que llevaba de falda y top -. Paso de que acabe lleno de alcohol, no podemos usar magia para quitarnoslo.
- Cuando tienes razón, tienes razón, Potter, maldita sea - aceptó, mirando su reflejo en el cristal de la ventana -. ¿Cómo lo ves?
- Te queda mejor el granate.
- La Gryffindor siempre será Gryffindor. A Vauxhall - pidió al revisor, y juntos se dirigieron a la parte trasera del autobús.
- Mi primo también ha salido, ¿sabes? - le comentó -. Lo raro es que lo haga a hurtadillas, a él le dejan hacer lo que le de la gana.
- Tú también haces lo que te de la gana, Gia.
- Bueno, pero a mi teóricamente no me dejan. Ese es el punto. Pero yo lo hago igual, vaya.
El autobús echó a rodar a toda velocidad, haciendo que la copa de Zabini cayera por el suelo y que éste hiciera un mohín. Gia lo miró de reojo cuando se acercaban a Londres; se estaba poniendo verde.
- Te avisé.
- Pero hemos llegado en un segundo, Gia. No hay tiempo que perder.
El autobús se detuvo al principio del barrio LGBT por excelencia, y los dos adolescentes se bajaron, acordando que les recogiera en ese punto sobre las cinco de la madrugada. Al ser sábado, la calle estaba llena de gente, muy animada.
- Es posible que sea el único hetero ahora mismo - le susurró.
- No lo dudes. Si te preguntan, eres bisexual.
- No vayas de chulita, tú misma reconociste ayer que aún no estabas segura.
- He estado meditando mucho. Cuando nos paremos a beber te cuento - recorrieron las calles hasta dar con un pequeño parque en el que se sentaron y empezaron a servirse copas -. He estado mas veces al borde de la muerte de lo que una persona normal puede tolerar o estará nunca - empezó. Blaise asintió -. Y se por quien soy que es algo que siempre va a estar en mi vida. No soy estúpida, soy consciente de que… - miró alrededor y bajó aún mas la voz - … Voldemort volverá a tomar su cuerpo. Por eso quiero vivir mi vida al máximo. Tú y yo nos gustamos, de alguna manera. Nos atraemos al menos. Y eso esta bien, ¿no?
- Ajá.
- Pues entonces, ¿por qué no tener algo? Sin ataduras. Siendo libres de hacer lo que queramos.
- ¿Y Diggory y Chang?
- También me gustan. ¿Esta mal? Creo que tu y yo es diferente. Siempre hemos sido amigos y siempre lo seremos. Es normal que surja cierto interés.
- ¿Y Ron? - Gia fingió un escalofrío.
- Ronnie es mi mejor amigo. Mi hermano. Me es imposible verlo de otra manera. Igual que Hermione.
- Entonces… ¿eso quiere decir que aceptas lo que te propuse? Sin ataduras.
- Si, claro. Sin ataduras - se acercaron y Blaise la cogió de la cara para besarla -. Y si alguien mas nos gusta, tenemos el camino libre para contarnos todo lo que queramos.
- Este año tenemos que elevar el nivel. Lo del poker estaba bien pero… Tenemos que colarnos en las fiestas de las salas comunes. Sobre todo en las de Ravenclaw - comentó con una sonrisa maligna -. Ravenclaw… esos cerebritos…
- Qué tendrás tú con los cerebritos.
- No hay nada mas atractivo que una mente despierta y bien amueblada. Supongo que por eso me atraes. Eres curiosa, pero madura. No tienes un pelo de tonta, y eso me gusta, Potter - Gia alzó su copa para brindar con él. Acabaron sus bebidas y empezaron a caminar por Old Compton hasta que Valerie, la chica de la noche anterior, los interceptó fuera de un bar.
- ¡Ya era hora, chicos! - Gracias a su desarrollo acelerado, Gia aparentaba más edad de la que tenía. No le vendían alcohol en los bares, pero al menos si le permitian la entrada. La rubia se acercó y le dio un beso en la comisura de los labios. Pese a estar casi segura de su sexualidad, Gia aun se sonrojaba mucho con el contacto mas intimo de una persona de su mismo sexo. “Esto me viene bien”, pensó. “No me apetece parecer una niñata con Cho” - Estas muy guapa. Igual que anoche.
- Tú también, Val - la alabó, retorciéndole un mechón de pelo entre los dedos.
- Christine viene ahora, Blaise - su amigo suspiró aliviado.
- Gracias, Val - dijo con sarcasmo, y luego sonrió -. No me apetece ver como os metéis mano y estoy de sujetavelas. ¿Podemos entrar?
- Si, claro - dijo, indicandoles -. El dueño es amigo de mi hermano mayor, nos va a permitir tomarnos una copa con la condicion de que nos comportemos.
- Por supuesto - dijeron ambos. Los tres, seguidos de los amigos de Valerie, entraron a la discoteca.
La pista estaba llena de gente que bailaba o al menos, eso era lo que uno podía pensar o prefería pensar, desde luego. De fondo sonaba Gasolina de Daddy Yankee.
- Temazo - comentó Gia.
- Cumbre - dijeron sus dos amigos. Juntos, se dirigieron a un pequeño reservado. Al cabo de unos minutos llegó Christine, la chica con la que Blaise había estado la noche anterior. - Podrían echaros por ser heteros - les comentó Valerie mientras cogía a Gia de la cintura.
- Que lo intenten, Val - dijo Christine, sentándose en el regazo de Zabini, quien parecía sentirse como un niño en plenas Navidades. Sin perder un segundo, empezaron a enrollarse.
- Qué poca clase. - murmuró Valerie -. ¿Vamos a bailar?
- Claro - se cogieron de la mano y, juntas, bajaron a la pista de baile. Valerie la cogió de la cintura y empezaron a bailar muy cerca, entre copas y tragos. En cierto punto de la noche, el alcohol empezó a hacer efecto en ambas, y sustituyeron el parloteo en el oído por ligeros besos en los labios, y las manos empezaron a acercarse la una a la otra, buscando mas proximidad - ¿Volvemos? - le propuso.
- Vamos fuera mejor, esos dos parecen querer montárselo allí - ambas se giraron y miraron. Efectivamente, eran muy poco sutiles. Rodaron los ojos y salieron a la abarrotada calle, aprovechando el calor que hacía entre besos y caricias - Eres muy guapa, Gianna.
- Tú también, Val.
- Me encanta como suena. Val. Nunca me había llamado así.
- ¿De verdad? Pues te pega mucho. Corto pero fácil de recordar.
- Como Gia - ella le guiñó un ojo y Valerie volvió a besarla - Esta siendo una noche estupenda. ¿El jueves que viene vendréis, verdad? Dime que si. Empiezan las fiestas del Orgullo, definitivamente no os lo podéis perder.
- Si, claro - afirmó -. Cuenta con ello. ¿Necesitáis ayuda en algo?
- Tranquila. Es una fiesta para reivindicar y sobre todo pasarlo bien. Acabas de descubrirte a ti misma, estas empezando. No te metas en el follón desde el principio, es abrumador. Y te agobiaran con mil planes - le dijo con una risita -. Que están geniales pero… Poco a poco. Ves poco a poco.
Gia asintió y juntas volvieron a brindar. Valerie se acercó y, esta vez, cogiéndola de la nuca, le dio un beso mas profundo. Gia le correspondió pidiéndole permiso con la lengua, y la rubia se lo concedió. Gia la cogió de la cintura y Valerie la aprisionó ligeramente contra la pared, sonriéndole con picardía.
- Tortolitas - les interrumpió Blaise, saliendo con Christine -. No quisiera ser yo quien os corte el rollo. Bueno, en realidad sí - dijo burlón-. Pero tenemos que irnos, Gi. Son las cuatro y media.
Gia soltó un gruñido mas similar al de un lobo que al de un humano, y sus tres amigos soltaron una risita, Blaise ligeramente nervioso de que no notaran el toque animal de su amiga. Ambos se despidieron de las dos chicas y se alejaron de la calle para esperar al autobús noctámbulo.
- Si no llego a aparecer, os estariais metiendo mano - Gia se abanicó con el abanico que les habian dado al entrar, con la bandera bisexual.
- Ni lo dudes - Gia le miró -. Tengo la suficiente confianza contigo como para decirte que si, últimamente no se que me pasa pero… estoy muy…
- ¿Salida? - dijo con sorna -. ¿El arañazo?
- Puede ser. Lo comentaré con Pomfrey. No es de los peores efectos que tiene, pero tampoco el mejor. Esta en un punto medio. Me ha preguntado si vendremos la semana que viene, empiezan las fiestas del Orgullo - Blaise chistó.
- Draco me ha invitado a pasar unos días en su casa… espero estar de vuelta para el viernes por lo menos - Gia fingió una mueca de asco, y agradeció que fuera de noche para que no viera lo roja que acababa de ponerse - No es tan malo.
- Es un gilipollas. ¿Cómo le aguantas?
- Tiene muchas cosas buenas. Para empezar, aunque es muy desconfiado, si confía en ti, es un tio super leal. Literalmente seria capaz de matar por quien verdaderamente le importa. No le importa, no tiene límites. Y aunque no lo creas, es buen psicólogo, da buenos consejos.
- Consejos vendo lo que para mi no tengo - recitó. Blaise asintió.
- Si, ya podría haber seguido los de Hagrid. También es muy inteligente y astuto. Si, también se que no lo parece, pero de verdad lo es. El tio es un puto cerebro, lo que pasa es que suele usarlo para el mal. E ingenioso. Te ries un rato con él. Aunque cuando mas te ríes es cuando se pone melodramático.
- Que es básicamente todo el tiempo, porque es un drama king.
- Si, no me imagino como tiene que ser con una chica, en plan serio. Con su pareja.
- ¿Malfoy tiene novia? - preguntó. Enseguida se dio cuenta de que había demasiados celos en su voz, algo que no pasó desapercibido para su amigo, quien la miró alzando una ceja. Gia carraspeó -. ¿Y quién es esa pobre ingenua?
- Malfoy no tiene novia. Dice que ninguna esta a la altura de un sangre limpia con apellido Malfoy. Pero me imagino que será de esos que montan un drama por todo - dijo con una risita. El autobús apareció delante de ellos con su habitual frenazo, y ambos subieron. Después de varios frenazos y de despedirse, Gia bajó y se puso la capa de invisibilidad. Llegaba a Privet Drive cuando alguien apareció por otra esquina. Soltó una carcajada al ver a su primo Dudley tratando de trepar a su habitación. Se quitó la capa e hizo lo mismo, con mucha mas gracia y elegancia.
Definitivamente, había sido una buena noche. Y lo mejor es que había olvidado, gracias a Valerie y Blaise, que unas horas antes estaba soñando con su enemigo y gimiendo su nombre en medio de un orgasmo.