I–Italia
Me era difícil pensar que tenía que marcharme de Italia... Es decir, vivía aquí desde los 10 años, ¿cómo no iba a resultarme difícil? Dejar a mis amigos era lo que más me preocupaba, es decir, seguirían siendo mis amigos, pero, ¿y si las cosas cambiaban? No me gustaba sentirme fuera de lugar, ¿que pasaba si me iba y al regresar ya nada era igual? Los cambios me aterraban, ¿y si no tenía amigos en Barcelona? Sería una rechazada social.
Mis pensamientos se esfumaron cuando Jay me avento uno de mis cojines—de formas extrañas—a la cara. Tendría que cambiarlos, los tenía desde hace años y ahora no podría llevarmelos todos.
—Espero que cuando esos cojines sean tuyos los trates mejor de lo que lo haces ahora.—amenacé con un dedo a Jay.
—Eso no va a pasar.—me dedicó su mejor sonrisa de angelito antes de aventarme otro cojín a la cara—. ¿No estas emocionada de irte a Barcelona?
—Sabes la respuesta.—dije sin disposición a tocar mucho el tema.
—Se que en el fondo, aun que te de miedo, te emociona un poco, solo un poquito.—sonreí tímidamente, Jay me conocía tan bien—. ¡Ves! Es que te conozco como la palma de mi mano, Principessa.
—Deja de llamarme así.—dije enfada por el apodo tan absurdo que los medios italianos me habían otorgado—. Quizas si me emociona un poco, pero igual me aterra.
—Es normal.—le resto importancia—. ¿Recuerdas que viví un año en Mallorca con mi madre? Bueno, fue bastante feo al principio, apenas y tenía amigos, pero con el tiempo los tuve y no fue malo, es más, fue encantador.
Sonreí recordandolo, fue un año muy duro sin Jay, que me obligo a expandir mi circulo social.
—Da igual, no quita que me aterra irme a Barcelona.—consideré mis opciones—. Creo que me aterra más el hecho de no tener amigos a irme de Italia. Se que al final, nos veremos en Diciembre.
—Tendras amigos, lo se. Tienes un aura que hace que todo el mundo se siente comodo en tu presencia.—sonreí y Jay hizo lo mismo-. Yo en tu lugar desbordaría de alegría al irme a Barcelona.
—¿Por qué?
—¿Por qué?—imitó mi voz—. Conoceras a los guapos del Barsa. Si yo tuviera esa oportunidad no la desperdiciaría. Quizas hasta puedas dar tu primer beso con uno de ellos.
—Ni en mis mejores sueños, Jay.—dije restandole importancia, aunque nunca lo había pensado. No es como que fantaseara con alguno de los compañeros de papá, era... raro.
—¿Me vas a decir que no te gusta ninguno de los jugadores del Barsa?—dijó casi que indignado.
—Bueno, hay uno que otro guapo.—dije tímidamente—. Pero no te hagas películas de eso, ya se que te encanta emparejarme con cada hombre que ves guapo.
—¿Crees que en España también te apoden Principessa?—desvió el tema por el bien de ambos—. Yo no, tienen que ser más originales.
—Ojalá lo sean.—admití—. ¿Por qué estas tan tranquilo? ¿Es que te da igual que me vaya o qué?
Estaba un poco indignada, yo moría cada que pensaba en que no iríamos juntos al cole todos los días o que no lo tendría cerca por mucho tiempo, pero él parecía tan tranquilo.
—Se que no es como que estes muriendo, así que se que volveré a verte,—dijó restandole importancia—. No te desaras tan fácil de mi Principessa.
Ambos reímos y dejamos el tema de lado, hablamos de tibalidades por horas hasa que Jay, después de ayudarme mucho, se fue a casa y me quede sola arreglando todo. Visualice todo a mi alrededor, mis cuadros, mis muebles, mis juguetes, todo parecía tan viejo en estas cuatro paredes que dentro de mi corazón, muy dentro, la idea de empezar de nuevo no me parecía tan mal. Quizas, en Barcelona podría descibrir lo que quería hacer con mi vida luego de acabar el cole.
Los pasos en la planta baja me alertaron, papá había llegado. Los pasos seguían por las escaleras, escuche el ruído chirriante de los viejos escalones de la casa traducuonal italiana y poco después papá esgaba tocando la puerta. Le dije que podía pasar y asi lo hizo. Se queddo observando todo antes de sentarse conmigo en el suelo y ayudarme a hacer las maletas.
—¿Cómo te sientes?—preguntó con cuidado, como si el tema fuera muy delicado. No lo culpaba, me había pasado la mayor parte de las vacaciones llorando porqué no quería irme—. Se que es un cambio muy fuerte y entiendo si no estas comoda, pero te prometo que...
—Tranquilo, lo superaré—le corté antes de que empezara con sus charlas que me hacían sentir un poco incomoda. Papá y yo no eramos mucho de expresarnos cosas mutiamente—. Un nuevo comienzo. Eso dijiste, te apoyaré en esto si es lo que quieres para tu carrera.
Papá me dedico una mirada significante, que me transmitía muchas cosas: cariño, adoración y orgullo, pero a la vez también me transmitía tristeza y culpabilidad.
—A veces, me pregunto que hice para tenerte—dijo sorbiendo au nariz, vale, empezabamos con la melancolía—. Cuando naciste estaba tan feliz que...
—Papá...—hicé una mueca tratando de evitar que siguiera.
—Solo... gracias. De verdad, creo que esta podría ser una de mis últimas temporadas y terminar mi carrera en el Barsa me hacía ilusión. Ya sabes, ahí jugué mis primeros partidos como profesional hasta ...
—Hasta que te enteraste que mamá estaba embarazada, lo se.
Papá pareció recordarla, siempre me había dicho lo mucho que me parecía a ella. Mi cabello castaño, mi piel palida, mis pocas pecas, mis hojos color Hazel... Nunca la conocí y papá pocas veces me hablaba de ella, pero tan solo ver como papá hablaba de ella me hacía sentir que a pesar de todo si se amaban.
—Te pareces mucho a tu madre. Si te soy sincero, te pareces tanto que a veces me da miedo—sonrió amrgamente.
—Yo jamás te abandonaría, papá.
Papá asintió despacio, sabía que ese tema era difícil, que le dolía mucho, pero yo jamás haría lo que mi madre le hizó, eso jamás podría perdonarmelo.
°°°°👀
Esperaba ansiosa la llegada de Jay, me tenía que ir dentro de nada al aeropuerto y quería despedirme de él. Papá también estaba impaciente, odiaba llegar tarde y aun más odiaba esperar. Empezaba a pensar que no llegaría a tiempo hasta que vi su clasico Ferrari rojo con el que solía alardear. Corrí hasta él y una vez cerca nos abrazamos tan fuerte que casi nos fundimos juntos.
—Se que dije que no me importaba mucho que te fueras, pero justo ahora no quiero que te vayas.
Lo abracé más fuerte, como si eso pudiera evitar el dolor que estaba sintiendo. Mis lagrimas caían como una cascada y mis llantos se ecuchaban por toda la zona.
—Promete que nos veremos en Diciembre como teníamos planeado y... y que nos escribiremos y hablaremos todos los días y que pasaremos tu cumpleaños juntos como lo hacemos cada año,—decía entre llantos—, tus 18 tienen que ser el evento del año. Prometelo, prometelo.
—Lo prometo, lo prometo.
Bueno, primeramente decirles que esta es una historia que ya este en otra plataforma naranja (guiño) por lo que aquí iré subiendo los capítulos poco a poco, pero ya esta escrita, simplemente lo hago para que la historia llegue a más personar.
Espero les haya gustado :)
Att: Sof🦋