Capítulo 1
«Hace muchos siglos, unas joyas mágicas poseedoras de un gran poder fueron creadas, estás eran, los Miraculous…, a través de la historia, los héroes han usado estás joyas por el bien de la raza humana. Dos de estos Miraculous son más poderosos que los demás; los aretes de la mariquita, que proveen el poder de la creación y el anillo del gato negro, que provee el poder de la destrucción. De acuerdo a la leyenda, quién controle ambas joyas alcanzará el poder absoluto.»
—Yo quiero el poder absoluto, Nooroo —dijo una voz fría y rasposa—, debo tener esos miraculous.
—Pero nadie sabe dónde están esos miraculous…—dijo una pequeña vocecita.
—Pero te encontré a ti, mi pequeño Nooroo… tú miraculous, recuérdame sus poderes otra vez…
—El broche del Moth permite darle a alguien sus propios poderes y hacer a esa persona su fiel seguidor —explicó con emoción y orgullo el pequeño kwami.
—Y cuando se trata de atraer superhéroes —soltó una risa— ¿qué mejor que crear súper villanos?
—¡Pero, maestro los miraculous no deben utilizarse para propósitos malvados!
—¡Debo tener el poder absoluto! —le gritó molesto aquella voz— ¡Tú miraculous está bajo mi control, ahora soy tu maestro y debes obedecerme!
El pequeño kwami tembló mientras cerraba sus ojos, ¿dónde había ido a parar?
—Si, maestro —dijo con voz temblorosa, inclinándose ligeramente frente a su nuevo portador.
—¡Nooroo, alas oscuras, elévense! —las miles de mariposas que había a su alrededor comenzaron a envolver al portador y Nooroo se apuro para ayudarlo a transformarse —. De ahora en adelante… ¡seré conocido como Hawk Moth!
(…)
En una zona completamente diferente de París, una chica de cabello negro azulado estaba mirándose frente al espejo arreglando su cabello con una sonrisa. Se había levantado antes de que sonara su alarma, así que estaba con tiempo de sobra. Su alarma comenzó a sonar y la voz de su madre escaleras abajo junto con ella.
—¡Marinette, tu alarma!
—¡Ya estoy despierta! —abrió la puerta en el suelo y bajo de dos en dos los escalones —¡Mira! —giró sobre si misma y le mostró su atuendo.
—¡Precioso cielo! A tu tío le encantará saber que estás usando la ropa que te regaló —sonrió su madre.
Marinette sonrió mientras se sentaba en la mesa a desayunar. Le encantaban todas las cosas que tuvieran que ver con China, la ropa, las decoraciones, las tradiciones, si pudiera vivir en China con su tío lo haría.
—¿Emocionada por el primer día de escuela?
—Apuesto a que Chloé estará en mi clase otra vez —soltó un suspiro.
—¿Cuatro años seguidos? ¿eso es posible? —su madre le ofreció un vaso con jugo de naranja.
—Estoy segura que se debe a mi suerte —se lamentó.
—No digas eso, es el comienzo de un año nuevo, estoy segura de que todo estará muy bien —la ánimo mientras la abraza por los hombros.
Marinette sonrió mientras apoyaba su cabeza en el hombro de su mamá un momento antes de comenzar a desayunar.
—¿Haz estado escribiendo cosas nuevas?
—No, he estado preparándome para la escuela, pero quizás me siente a escribir los fines de semana a partir de ahora.
—Ya quiero leer alguno de tus nuevos escritos, el slogan que creaste para la panadería es fantástico.
Marinette se sonrojó un poco ante el cumplido.
—No es la gran cosa… cualquiera puede hacerlo…
—Nada de eso, eres muy buena.
El teléfono de Marinette sonó, haciéndole saber que ya era hora de irse.
—Es hora —suspiró mientras colocaba sus platos sucios en el lavaplatos.
Madre e hija bajaron las escaleras hacia la panadería del padre de Marinette. Tom Dupain estaba amasando masa para pan mientras cantaba una canción.
—¡Aah, pero miren nada más! —sonrió al ver a Marinette —, que hermosa se ve mi hijita con su nuevo atuendo.
Marinette sonrió dulcemente otra vez mientras giraba sobre si misma.
—¡Gracias papá!
Su papá le ofreció una caja llena de macarrones, todos de color rosado claro.
—Espero que a tus compañeros les gusten.
—Siempre los aman, muchas gracias —dejó un beso en su mejilla —, nos vemos luego —se despidió con la mano antes de salir de la panadería.
Caminó con cuidado y miró a ambos lados antes de cruzar la calle. Llegó a la escuela con tiempo de sobra para poder saludar a todos sus compañeros y ofrecerles un macarrón, que obviamente todos amaron.
—Nino, ¿por qué este año no te sientas al frente? —pidió la profesora una vez todos estaban en el salón.
Marinette estaba sentada donde siempre, estaba por sacar sus cosas cuando una mano golpeando el escritorio la hizo saltar cual ratón asustado.
—Marinette Dupain-Cheng —Chloé sonrió con burla.
—Hola Chloé… —saludo tímidamente a la rubia.
—¡Ese es mi asiento!
—Pero Chloé, este siempre ha sido mi asiento —explicó como justificación.
—Pues ya no —la amiga de Chloé, Sabrina, se sentó junto a ella y la miró amenazante—, nuevo año escolar, nuevo asiento.
—Asi que, ¿por qué no vas a sentarte con la chica nueva por allá? —le apunto a una muchacha de coleta alta en la primer fila, que frunció el ceño ante sus palabras.
—Pe-pero…
—Escucha —se le acercó al rostro y entrecerró sus ojos—, Adrien llegará hoy y como ese será el asiento de él este va a ser mi asiento, ¿entiendes?
Marinette no sabía de quién hablaban, pero si era amigo de Chloé debía ser igual de malo que ella, y eso la aterraba.
—¿Qui-quien es Adrien? —preguntó, quizás estaba equivocada.
Chloé y Sabrina se rieron de su inconsistencia.
—¿Puedes creer que no sabe quién es Adrien? —le habló Chloé a Sabrina—, ¿en que cueva haz estado viviendo, Dupain-Cheng?
—Es hijo de un famoso autor —comentó Sabrina.
—¡Y yo soy su mejor amiga, Adrien me adora! ¡muévete!—la empujó fuera del asiento.
Marinette tropezó y algunas cosas cayeron de su mochila, entre ellas su cuaderno de historias, que se apuro a levantar antes que nada más. La chica nueva habló entonces, irritada por la actitud de Chloé.
—¿Quién te hizo la reina de los asientos?
—Ay, mira Sabrina, este año tenemos a una samaritana en clases, como si no tuviera ya suficiente con mi Zoe en casa —se quejó— ¿Qué vas a hacer chica nueva? ¿Lanzarme rayos láser con tus lentes?
La chica nueva sonrió de una forma bastante siniestra.
—No te gustaría saberlo —se acercó a Marinette y la ayudo a levantarse del suelo—, vámonos.
Marinette se sentó junto a la chica nueva, dejando su mochila junto a ella. Soltó un suspiro, la chica nueva le sonrió y la abrazó por los hombros.
—Tranquila amiga, en serio.
—Me gustaría lidiar con Chloé así como tú —Marinette le sonrió tímidamente.
—Quieres decir cómo lo hace… —sacó un cómic de su mochila— Majestia, ella dice que lo necesario para que triunfe el mal es que la gente buena no haga nada, esa chica de ahí —apuntó a Chloé— es el mal, y nosotras somos el bien, no dejaremos que gané.
—Es más fácil decirlo que hacerlo —suspiró, luego se acercó un poco a Alya para susurrar— le gusta hacer mi vida miserable.
—Por que se lo permites, necesitas más confianza —le acarició la cabeza —ahm… tú nombre…
Marinette sonrió y tomó el último macarrón de su caja, lo partió a la mitad y se lo ofreció.
—Soy Marinette.
—Soy Alya.
Comieron cada una su mitad del dulce. Después, la clase comenzó, Marinette pudo escuchar a Chloé susurrar algo preocupada, pero no supo que.
(…)
Un muchacho rubio corría con rapidez, esquivando a los transeúntes y escondiéndose de las personas que iban en un auto bastante lujoso.
—¿Es qué no se cansan? —se quejó mientras a la lejanía notaba el edificio educativo al que quería llegar, apuró el paso, el auto estacionado justo frente a la entrada.
—¡Adrien por favor reconsidera, sabes lo que tú padre quiere! —hablo la mujer que bajaba del auto.
—¡Esto es lo que yo quiero, no me importa lo que él quiera!
El sonido de un señor tropezando lo hizo desviar su mirada un momento, pero una chica rubia de mechas rosadas ya lo estaba ayudando, así que regresó la mirada hacia la asistente de su padre.
—Solo quiero ir a la escuela como cualquier chico de mi edad —dijo soltando un suspiro—, padre jamás me presta atención, ni siquiera creo que note que me fui.
—Tendré que notificar a tu padre de esto.
Adrien se rió sin gracia, giró a mirar a la mujer y su guardaespaldas.
—Dile lo que quieras, Nathalie, voy a entrar ahí lo quiera mi padre o no —se dio la vuelta y subió un par de escalones—, puede que él y todos ustedes crean que soy un niño pequeño, pero no lo soy, y estoy cansado de que me traten como tal, ni siquiera mi madre… —su voz decayó un poco— ni siquiera mi madre me trataba así —subió los escalones que faltaban.
Cuando ingresó, soltó un suspiro de realización mientras se preguntaba donde quedaba su salón. El timbre de receso sonó y los alumnos comenzaron a salir de sus salones, Adrien decidió que buscaría a Chloé, al menos así no se sentiría tan fuera de lugar. Terminó llegando a la biblioteca, donde todos estaban leyendo o hablando entre susurros, aunque era obvio que Chloé no estaría en un lugar como este, quizás podría encontrar algo para leer. Recorrió un poco, llegando a la sección de historias fantásticas, su padre escribía de esas, no le gustaban por lo mismo.
—Mari, ¿encontraste lo que querías? —una voz dentro del pasillo llamó su atención.
Un par de chicas, una de cabello castaño teñido en las puntas con una vibra muy relajada, la otra, de cabello negro azulado recogido en dos moños, se veía adorable.
—No…, no lo encuentro… —le comentó la muchacha adorable —, pero adelántate, lo voy a buscar un poco más y si no lo encuentro te alcanzo —le sonrió dulcemente.
La chica de gafas asintió y se despidió con su mano. Adrien seguía mirando a la chica adorable mientras la veía buscar un título en particular.
—Ahí estás —susurró, poniéndose en puntas de pie e intentando alcanzar un libro de portada morada.
Su cuerpo se movió por si solo al caminar hacia ella y pasarle el libro.
—¿Este es el que quieres? —le ofreció con una sonrisa.
La chica lo miró curiosa, aceptando el libro con una pequeña y tímida sonrisa.
—Si… muchas gracias —le hizo una ligera reverencia.
Adrien sonrió en grande, le gustaba la energía de esta chica.
—Soy Adrien —extendió su mano.
—Marinette —correspondió al gesto, intentando recordar donde había oído ese nombre antes—. Encantada de conocerte, Adrien.
Estrecharon sus manos, justo cuando un fuerte estruendo sacudió todo el edificio y ambos cayeron al suelo, los libros de los estantes junto a ellos.
—¿Pero qué…
—¡Te-tenemos que irnos! —Marinette lo tomó de la mano y lo ayudo a levantarse.
Corrieron hasta el cúmulo de personas en la puerta de salida.
Marinette miró a los monitores y pudo ver una especie de monstruo enorme de roca aparecer, este gritaba «Kim» sin parar.
—¡¿Po-por qué hay un monstruo de roca gigante con la voz de Iván en la pantalla?! —exclamó Marinette preocupada.
Adrien no conocía al tal Iván, pero parecía que había sido poseído o algo así.
—Parece un villano —dijo mientras la gente avanzaba y ellos salían.
—¡Eso no importa! Debemos escondernos, un lugar seguro… mi casa queda cerca —Marinette hablaba nerviosa y hacia movimientos con sus manos.
Adrien solo la encontraba cada vez más adorable.
—Posiblemente haya alguien afuera esperándome, no te preocupes por mi —le aseguró para que se calmara y le puso su mano sobre la cabeza.
Marinette se relajó ante sus palabras.
—Fantástico, iba a ofrecerte que vinieras a mi casa —admitió— pero quizás mis papás se preguntarían quién eres y no quería preguntas incómodas.
El rubio se rió y la chica se sonrojo ligeramente de la vergüenza.
—Esta bien, Marinette, fue un placer conocerte.
—Igualmente —se despidió antes de correr lejos de él.
Suspiró mientras corría por su lado y salía de la escuela, y ahí estaban, tal como lo había pensado, la pesada de Nathalie y su guardaespaldas.
—Ahg —se quejó mientras se acercaba a ellos— ¿imagino que se lo dijiste a padre verdad? —Nathalie iba a hablar—, no digas que es por mí bien, Sancoeur, porque eso no te lo crees ni tú —la cortó, subiendo al auto y mirando por la ventana.
No pasó mucho tiempo para llegar a su hogar, hogar donde su padre lo esperaba parado en la entrada con mirada de pocos amigos. Adrien puso los ojos en blanco del fastidio.
—No puedes ir a la escuela, ya te lo había dicho —dijo Gabriel Agreste cuando Adrien estuvo cerca de él—. Todo lo que necesitas está aquí, donde puedo vigilarte.
Adrien se rió.
—¿En serio le llamas a vivir encerrado “vigilarme”? —habló con ironía— ¿Ese es tu nivel de cinismo, Gabriel? Tú quieres controlarme como si fuera una estúpida marioneta.
—¡Tenme más respeto, soy tú padre!
—¡El respeto debes ganarlo, y tú no te ganas mi maldito respeto! —pasó por su lado al interior de la casa—, ahora que hiciste tú pequeño papel de padre preocupado, ¿por qué no vas a encerrarte en tu estudio a imaginar cosas fantásticas con krakens y sirenas? —se encerró en su cuarto, estampando la puerta con fuerza— viejo idiota.
El sonido de pisadas muy fuertes y retumbantes apareció fuera de su ventana, y él se acercó para poder ver de qué se trataba. Otra vez era el monstruo de piedra, ahora la policía intentaba detenerlo.
—Ja, es un monstruo, ¿son tontos? —dijo cuando le dispararon con láser a la roca y está creció— ¿dónde están los héroes?
Caminó hasta su televisor y lo encendió para seguir con la trama de la historia.
«Tan increíble cómo parece, la policía de París ha confirmado que está bajo ataque por un supervillano. La policía lucha por mantener la situación controlada.
—¡Tengan confianza, el brazo fuerte de la ley aplastara a…! mi otro brazo —se quejó el policía que estaba declarando.»
—Inútiles.
(…)
—Que horrible primer día… —suspiró Marinette.
Ella también miraba las noticias encerrada en su habitación, donde se sentía segura. En las noticias no dejaban de hablar de esa roca gigante, y Marinette solo quería saber si Alya estaba bien, pero no le contestaba, eso la preocupaba y la hacía entrar más en pánico pensando que le había pasado algo.
—Qui-quizas podría salir a buscarla… —susurró—, la roca gigante no está por este lado de la ciudad… —se removió en su lugar un momento antes de soltar un suspiro y tomar su bolsito para guardar su celular.
Salió de su cuarto y le explicó a sus papás a donde iría, ellos le dieron permiso luego de algunas indicaciones por si se encontraba en peligro. Caminó por las calles, aún intentando poder contactarse con Alya, saltando y corriendo como un ratón asustado ante los ruidos extraños. Terminó llegando al centro de la ciudad, arrepintiéndose de su decisión de salir cuando escucho lo que parecía ser una discusión.
—¡No puedes actuar por tu cuenta! —grita una chica en traje rojo con puntos negros y una vincha roja con los mismos motivos que el traje.
La otra chica rió divertida.
—Solo estoy jugando un poco —giro el bastón en su mano.
El piso comenzó a retumbar y Marinette giró para ver al monstruo de piedra avanzar hacia donde ella estaba. Soltó un gritito y comenzó a correr para esconderse bajo algo, cuando sintió como la levantan del suelo y la dejaban en un lugar alto.
—¿Te encuentras bien, Marinette? —la aludida abrió sus ojos al escuchar su nombre.
—¿Cómo… cómo sabes mi nombre? —se apunta a si misma curiosa.
La heroína se tensó ante su pregunta.
—Ahm… ¡lo adivine! —se ríe—, tenías cara de Marinette.
Marinette asintió, no muy convencida.
—Bueno… ¡adiós!
—¡E-espera! ¿Cuál es tu nombre?
La muchacha se quedó un momento pensando antes de sonreír.
—Scarabella… me llamo Scarabella.
—¡Y yo soy Kitty Noire! —dijo la otra chica saludando apoyada en su bastón—, un gusto conocerla, señorita —dejó un beso en su mano de manera elegante.
Scarabella garró el yo-yo que tenía en su cintura y lo lanzó lejos para columpiarse, Kitty Noire la acompañó al enfrentamiento contra el monstruo de piedra. Marinette saco su teléfono torpemente y grabó un poco de ambas nuevas heroínas mientras se alejaban. Miró abajo y notó que Scarabella la había dejado sobre el techo de alguna casa y que no tenía idea de cómo bajar.
—¡Espereeen! ¿¡Cómo voy a bajar yo!? —gritó para llamar su atención, pero ya estaba muy lejos.
Suspiro y buscó maneras de bajar, no teniendo idea de cómo bajar. Un tubo bastante grueso sobresalía de un lado y ella palideció ligeramente al notar que posiblemente esa fuera su única salida.
—Vamos Marinette… no seas cobarde… —susurró, volviendo a mirar hacia abajo y volviendo a notar la altura—… s-soy un-una cobarde… q-que va a tener que bajar…
Se colgó del tubo y comenzó a deslizarse, murmurando en todo momento que se iba a morir y que ese sería su final. Finalmente, al no haber encontrado a Alya y casi morir en su intento por hacerlo, decidió que era momento de regresar a casa y posiblemente comer un de los panes con queso de su papá y escribir sobre lo que acababa de vivir.
—Podría iniciar un blog… —murmuró esa idea y no le pareció tan mala.
Al llegar a su casa, les mostró el vídeo a sus padres, quienes lo compartieron con el canal de noticias, ahora miraba las noticias en su cuarto mientras comía pan de queso.
«Gracias a estas grabaciones los parisinos conocemos ahora la identidad de nuestros héroes…»
Sonrió al ver que sus grabaciones servían de algo, entonces lo decidió, aprovechando que le gustaba escribir, iniciaría un blog sobre Scarabella y Kitty Noire. Creó la página, y presentó el vídeo como primer material inédito junto a su respectivo apartado.
—Quisiera que el vídeo fuera de más calidad —suspiró—, quizás pueda conseguir que alguien me ayude con las fotos… —susurró.
—¡Marinette, baja a cenar! —llamó su madre.
(…)
«¡Me complace anunciar que realizaremos una enorme celebración en honor a los nuevas protectoras de nuestra ciudad, Scarabella y Kitty Noire!»
—Con que Scarabella y Kitty Noire… —murmuró Adrien mientras ajustaba el lente de su cámara, estaba por tomarle una foto a la luna y tenía la televisión de fondo mientras lo hacía.
Le tomó un par de fotos, todas le parecían malas, como si les faltara algo; seguramente su padre diría que le faltaba inspiración, y esta vez no lo discutía porque sabía que era cierto.
Durante la mañana siguiente, Adrien se levantó primero que nadie solo para poder iniciar su nuevo plan de escape, lo que no se espero fue ver a su padre parado justo frente a la entrada. Adrien se cruzó de brazos y alzó una ceja.
—Supongo que no importa cuantas veces intenté detenerte… tú simplemente seguirás escapando —suspiró Gabriel.
—Supones bien.
Gabriel frunció un poco su ceño.
—Bien, puedes ir a esa escuela, pero tú guardaespaldas te llevará y te traerá, Nathalie ajustó todo tu horario.
Adrien se vio tentado de sonreír como un niño pequeño, pero se contuvo para mantener su expresión seria mientras miraba a su padre.
—Muchas gracias por eso —dijo mientras tomaba su mochila y la colgaba a su hombro, saliendo de su casa sin despedirse.
Su guardaespaldas lo esperaba junto al auto, así que subió con calma y recién cuando estuvo como a tres cuadras de su casa sonrió contento de poder ir a ala escuela. El auto estacionó frente al edificio y él soltó un suspiro, esta vez, lo haría bien, haría amigos y sería sociable.
Bajo del vehículo y caminó hacia el interior, estaba buscando a Marinette, quería poder saludarla y ver cómo había estado durante el ataque de lo monstruo, o ese era el plan hasta que sintió como alguien se le lanzaba para abrazarlo.
—¡Adricu! —esa era la voz de Chloé en sus oídos, sonrió mientras correspondía al abrazo.
—Hola, Chloé.
—¡Estoy taaan emocionada de que estés aquí! —lo guio hasta su salón —, mira, te guarde un asiento justo frente a el mío.
Adrien se lo agradeció con la mirada mientras se sentaba y miraba al chico a su lado. “Vamos Adrien, puedes hacerlo, solo saluda”
—Hola… soy Adrien —extendió la mano al muchacho.
Él lo miró de arriba abajo.
—¿Eres amigo de Chloé?
La pregunta lo confundió un poco. La risa de su amiga de la infancia también llamo su atención, así como también verla pegar una goma de mascar en el asiento de al lado.
—¿Por qué haces eso? —pregunto mientras se acercaba para quitarlo.
—Las chicas que se sientan ahí necesitan un escarmiento, solo estoy haciéndome respetar —se rió Chloé.
Adrien negó con la cabeza mientras intentaba quitarlo. Escucho la voz de Marinette a sus espaldas, sonaba emocionada por algo, pero el gritó de la amiga de esta fue más fuerte.
—¿¡Qué crees que haces!?
Se puso derecho al ver la mirada enojada de la chica de gafas y la mirada confundida de Marinette.
—¡Estaba tratando de quitarlo!
Las risas de Chloé y Sabrina se hicieron más fuertes y la chica de gafas avanzo enojada hacia él.
—Déjame intentar quitarlo, Alya —pidió Marinette con calma.
Marinette se agachó e intento quitarlo, escuchando las risas de Chloé y Sabrina de fondo. La chica giró a verlo y lo miró incómoda, no era la misma mirada que le había dado ayer, prefería la otra mirada.
—No sabía que eras amigo de Chloé… —suspiro mientras tapaba la goma de mascar con un pañuelo y se sentaba sin mirarlo.
—¿Por qué todos dicen eso?
La amiga de Marinette parecía furiosa mientras lo miraba amenazante, ella daba miedo. Adrien se sentó en su asiento otra vez y se hundió en él ligeramente, ¿su primer día y ya empezó mal?
—¿Ahora entiendes a lo que me refería con respeto?, esas dos lo pensaran dos veces la próxima vez —se rió Chloé, Adrien solo quería que se callara por un momento.
—¿Por qué no le dijiste que fue idea de Chloé? —le preguntó el chico a su lado con interés.
—Conozco a Chloé desde que era niño, se que no es perfecta pero… no puedo ignorarla —bajo la mirada a su regazo— es mi única amiga…
—Me llamó Nino y es hora de que hagas nuevos amigos, amigo —extendió su mano para estrecharla y Adrien sonrió emocionado.
—Pero no puede ser tan malo Alya, ayer hablé con él y me pareció muy agradable —hablaba Marinette con Alya.
—No lo sé, Mari… puede que sea la nueva y no los conozca correctamente a todos, pero cualquier persona que sea amiga de Chloé, no puede ser del todo buena —negó Alya.
Marinette miró de reojo a Adrien.
—Quizas tengas razón… —susurró—, pero aún así se me hace conocido…
Alya la mostró su celular.
—¡Por supuesto, es hijo de uno de mis autores favoritos, Gabriel Agreste! —susurró.
—Es un hijo de papi y amigo de Chloé —Alya se rió—, olvídalo, hay mejores chicos que ese.
—Si… —Marinette suspiro antes de negar con la cabeza— ¿y entonces que me dices? Sobre la pregunta que te hice antes, ¿Qué te parecería ayudarme a sacar fotos de Scarabella y Kitty Noire para el blog? —juntó sus manos como si estuviera rezando.
—U-uhm… si… sobre eso… —rascó su nuca—, no lo sé… ¿no crees que Scarabella es un poco… tonta? Digo, después de que venciera junto a Kitty Noire a Corazón de Piedra muchos más de ellos aparecieron por toda la ciudad.
Marinette hizo una mueca.
—Bueno… si da miedo… pero yo confío en que ella va a encontrar la manera de salvarnos a todos —sonrió.
Alya pareció animarse por sus palabras.
—Pero mi respuesta a tu pregunta tendrá que ser que no —la miró con culpa—, no soy una buena fotógrafa, tu vídeo se ve mucho más claro que cualquier cosa que yo hubiera grabado.
Asintió comprensiva a las palabras de su amiga.
—No te preocupes, lo entiendo.
La profesora comenzó a pasar lista.
—Agreste, Adrien —llamó.
Adrien se puso derecho y miro al frente sin saber que decir. Nino le dio un pequeño golpe en el brazo para llamar su atención.
—Dices «presente» —explicó.
—Ah —se puso de pie y gritó— ¡PRESENTE!
Todos rieron mientras él se sonrojaba apenado, Nino le sonrió mientras chocaban los puños levemente.
—Bourgeois, Chloé.
—Presente.
—Bruel, Iván.
Pasos fuertes y retumbantes se escucharon en el fondo, segundos después, la puerta y la pared se rompían en miles de pedazos, apareciendo de nuevo Iván transformado en el monstruo de piedra, los gritos no tardaron en aparecer. Iván tomó a Mylène en una de sus manos y a Chloé en la otra, luego rompió la pared y salió por ella.
Marinette temblaba de pies a cabeza.
—Ay… pudimos morir… —se tropezó con sus pies y cayó al suelo.
Alya se veía contrariada, finalmente comenzó correr lejos de Marinette.
—¡E-espera! ¿Dónde vas? —preguntó Marinette.
—Yo… debo ir a buscar algo, ya regreso, lo prometo —le dijo antes de seguir corriendo.
La chica de rodetes ladeó su cabeza confundida.
Miró a su alrededor y se encontró con que no había casi nadie en el salón, solo Nino, el amigo de Chloé y ella. Se acercó a ellos con timidez.
—¿Estás bien, Marinette? —preguntó Nino.
—S-si… casi muero.
Nino se rió mientras le acariciaba la cabeza. Adrien frunció su ceño.
—¿Siempre dices que vas a morir por todo?
Marinette lo miró, pero no contestó, así que Nino lo hizo en su lugar.
—Marinette es muy asustadiza —se rió.
Se sentía la incomodidad en el aire.
—Iré a ver su encuentro un lugar donde esconderme, o mejor, donde hacerme bolita —murmuró Marinette alejándose.
Adrien hizo una mueca mientras la veía alejarse.
—¿Marinette te agrada no? —preguntó Nino con una sonrisa.
—Si… —dijo distraído.
Nino se rió entre dientes, pero no dijo nada más.
Marinette había terminado sentada en una esquina de los casilleros, moviendo sus pies de lado a lado distraídamente.
—Debería ir a ver si puedo llegar para grabar algo de la pelea entre Scarabella, Kitty Noire e Iván… —murmuró.
Se puso de pie y sacudió su ropa. Salió de la escuela, siguiendo las noticias para saber dónde estaban las heroínas. Terminó frente a la torre Eiffel, donde había una cabeza voladora gigante, Marinette se preguntó si eso era científicamente posible, aún así, empezó a grabar.
«Habitantes de Paris, escuchen con atención; soy Hawk Moth. Scarabella, Kitty Noire, denme los pendientes y la sortija, ya le hicieron suficiente daño a esta gente inocente…»
Scarabella aplaudió sarcásticamente mientras reía.
—No me hagas reír, mariposita, si tanto quieres mis aretes podrías venir a buscarlos tu mismo en vez de usar a gente inocente para conseguirlos —se rió—, buen intento, pero todos sabemos quién es el chico malo aquí —se puso seria mientras apuntaba a la cabeza flotante—. Hawk Moth, no importa cuánto tardemos pero te vamos a encontrar y nos entregarás tu miraculous.
La heroína tomó su yo-yo y comenzó a atrapar las miles de mariposas que volaban frente a ellos.
—¡Hoy no triunfará la maldad!
Finalmente la cabeza despareció y Scarabella se pasó sobre uno de los andamios de la torre, mirando a la gente presente.
—¡Déjenme prometer algo, no importa quién esté en peligro o quien quiera hacerles daño, Scarabella y Kitty Noire harán todo para mantenerlos a salvo!
Libero las mariposas al cielo. Todos comenzaron a celebrar. Marinette tenía sus ojos brillando de emoción ante sus palabras y el momento tan épico.
—¡Eso fue asombroso! —chilló contenta, deteniendo la grabación, pues la pelea que siguió sucedió muy lejos de ella para poder grabarla.
(…)
Algunas semanas después, luego de las debidas reparaciones al colegio, todos regresaban a clases.
—¡Todo fue muy increíble Alya! —decía una emocionada Marinette a su amiga— ¡Debiste verlo, Scarabella fue muy impresionante y Kitty Noire igual!
—Ya me lo imagino que si —Alya le acarició la cabeza con una sonrisa.
—¿Crees que Scarabella o Kitty Noire me darían una entrevista? —preguntó mientras entraban al colegio.
—Estoy segura que Scarabella estará contenta de que la quieras entrevistar —le aseguró.
Marinette sonrió mientras entraban al salón, miró los asientos libres donde se sentaban Chloé y Sabrina y sonrió.
—Espera —le tomó la mano a Alya y la guio hasta esos asientos.
Alya sonrió orgullosa de Marinette y se sentó a su lado.
—Ahm, están en los lugares equivocados —dijo Chloé cruzada de brazos al entrar—, vamos piérdanse.
Alya frunció el ceño, pero Marinette tomo aire y habló.
—Todo lo que se necesita para que no triunfe es que la gente buena no haga nada —dijo mirando a Chloé q los ojos.
—¿Y eso que significa, come libros?
—Significa que no aceptaré tu mala actitud, Chloé, y tampoco lo hará nadie más —dijo apuntando al asiento en la primera fila —, así que toma tu mala actitud y… piérdete —sentenció seriamente.
Todos empezaron a reír y Chloé se sonrojo ante esto, soltó un quejido mientras caminaba enojada hasta el asiento libre. Marinette soltó un suspiro y se sentó.
—Bieeen —Alya sonaba orgullosa.
—No estuvo mal… —susurró—, y se sintió liberador.
—Excelente, Mari —le dio unas palmadas en la cabeza.
Adrien entró junto con Nino e intentó saludar a Marinette, pero está se sobresaltó y escondió su rostro detrás de un cuaderno, Alya a su vez entrecerró sus ojos al verlo, seguía dando miedo. Suspiro y se sentó en su asiento, hundiendo su rostro entre sus brazos.
—Viejo, ¿quieres hacer nuevos amigos? Cuéntale a Marinette sobre la goma de mascar —le aconsejó Nino?
—¿Y qué le digo? —pregunta, mirándolo sin saber.
—¿Por qué no intentas con la verdad? —le sonrió divertido.
Adrien sonrió mientras asentía.
Luego de las clases, todos los estudiantes estaban empezando a salir de la escuela, Adrien iba pensando como acercarse a Marinette, la vio en la entrada mirando como caía la lluvia, estaba a nada de irse con un cuaderno sobre su cabeza, así que se apuro y le colocó su paraguas para cubrirla. Marinette giró a mirarlo, el cuaderno aún sobre su cabeza.
—Que bueno que pude alcanzarte —sonrió contento.
Marinette le hizo una ligera mueca incómoda.
—Solo quería que supieras, que solo estaba tratando de quitar la goma de mascar, te lo juro —la miró seriamente y Marinette se quedó callada mientras escuchaba—… nunca había estado en una escuela antes, nunca había tenido amigos… y de verdad tú… —la miró a los ojos y sonrió suavemente—, de verdad me pareces muy dulce y agradable, odiaría llevarme mal contigo.
La chica tomó el mango del paraguas y sonrió tiernamente, Adrien sintió como su ritmo cardíaco aumentaba ligeramente.
—Muchas gracias —le hizo una pequeña reverencia y comenzó a alejarse, se dio la vuelta para saludarlo por última vez.
Adrien movió su mano de lado a lado lentamente.
—Ella es… adorable… —susurró mientras sonreía.
Cuando llegó a su casa, Adrien miró a su cámara de fotos y sonrió mientras la tomaba, y miraba al cielo lluvioso, sacándole fotos.
Parecía ser que había encontrado nueva inspiración.








