Pesadillas
Corría, corría los más rápido que podía, como si su vida dependiera de ello. Sus pies dolian en cada paso, pues el cansancio le hacía sentir como si su cuerpo pesara más de lo que sus piernas podían tolerar.
Respiraba agitadamente, inhalaba y exhalaba por la boca de forma inconsciente, lo que le dificultaba mas respirar.
¿Que o quién lo perseguía?
No tenía una respuesta para eso.
Solo sabía que lo mejor que podía hacer era huir antes de que algo sucediera.
Con cada paso que daba se hundía aún más en la espesura de ese interminable bosque, bosque que poseía una cantidad exorbitante de árboles, o más bien los troncos oscuros y quemados que alguna vez fueron árboles.
No había criatura o planta que se encontrará ileso de ese acontecimiento tan lamentable. No quedaba vida en pie.
Cuando por fin se pudo dar la oportunidad de detenerse pudo ver, por primera vez en todo el rato que llevaba corriendo en ese lugar, a alguien.
Un conejo, un pequeño conejo blanco escondido debajo de uno de los árboles caídos por el incidente. Su pelaje extrañamente limpio e impecable le hacía resaltar entre los escombros oscurecidos por las cenizas de lo que quedaba bosque.
–Hey…–Llamó de manera suave y agotada.–Ven aquí, pequeñín. No te haré daño, lo prometo.–Se agachó y extendió su mano en señal de amabilidad, eso le bastó al pequeño animalito para confiar en él.
Con mucho cuidado se le acercó, olfateo curioso la mano frente a el y luego levanto su cabeza contra sus nudillos, pidiéndo caricias.
–¿También estás perdido?–Preguntó, como si le fuera a responder.
Fue entonces que un ruido llamó su atención. Al girar la cabeza para ver de dónde provenía se dió cuenta de quién lo provocaba.
Era un cuervo, cuyo oscuro plumaje hacía juego con el sombrío ambiente.
De repente emprendió vuelo dirigiéndose hacía el conejo, quien asustado huyo lo más lejos posible del depredador.
–¡O-Oye!, ¡Espera!–Corrió lo más que pudo para alcanzar a las criaturas, a las que perdio de vista por solo dos segundos al atravezar entre algunos árboles.
Pero cuando las encontré se quedó helado frente a la escena.
El pequeño conejito yacía en el suelo, muerto. Su cuerpo estaba despedazado y el cuervo estaba a su lado, devorando la carne del cadáver. La escena podía ser común en la naturaleza pero era sumamente sombría y repugnante para muchas personas. Unas enormes ganas de vomitar llegaron a su persona. Colocó su mano sobre su boca, tratando de detener las arcadas.
De repente pudo ver cómo dos cuervos más llegaron para disfrutar su "banquete", pero claro que el que lo había cazado en primer lugar no se los dejaría tan fácil. Comenzó a pelear con uno de los recién llegados de una manera brutal y demasiado gráfica para él, quien se encontraba en estado de shock, observando todo.
Mantenía su vista fija en la pelea hasta que notó una mirada encima. El otro cuervo lo miraba con curiosidad, como si nunca hubiese visto un humano en su vida.
Se le acercó lentamente, mantuvo su mirada fija en él, haciendo que tuvieran contacto visual de una manera muy directa. Soltó un graznido y emprendió vuelo, detrás de el fueron los otros dos, quienes, al parecer, ya habían terminado su pelea.
¿Y el conejo? De él no quedaba más que un pedazo de piel destruído y huesos bañados en sangre, con los organos destrozados repartidos por el suelo a su alrededor.
Cuando creyó que la terrible situación había acabado escuchó el horripilante graznido otra vez. Al mirar vio que una parvada de cuevos comenzaron a volar alrededor de el, todos al mismo tiempo, soltando sus molestos y aturdidores graznidos.
Se tapó los oídos pero fue inútil, aún podía oírlos. Las oscuras plumas comenzaron a rodearlo hasta dejarlo sin ningún tipo de luz.
La parvada se había esfumado, pero la oscuridad que trajeron consigo no.
No había bosque por el que caminar ni cielo para poder apreciar, todo estaba oscuro, al punto de que ni siquiera sabía dónde estaba parado.
Pensó que, al menos, ya todo había pasado, pero no podría haber estado más equivocado. Dos manos se extendieron detrás de él, una tapó su boca para evitar sus gritos y otra se dirigió a su cuello con una fuerza brutal.
Sentía que se estaba quedando sin aire y no importaba que tanto esfuerzo hiciese por quitar aquellas manos, su fuerza no era suficiente.
De pronto, varios hilos salieron detrás de él, envolviendo sus brazos, piernas y torso.
Comenzaron a apretar su cuerpo con una fuerza bestial, sentía como se quebraban cada uno de sus huesos.
El dolor era demasiad, sentía que iba a morir en cualquier momento. Seguía sin poder respirar y sus huesos estaban ya hechos añicos.
Entonces, cuando cayo en el estado más vulnerable posible, fue arrastrado hacía la profunda y aterradora oscuridad.
–¡¡No!!
Despertó, en vuelto en lágrimas y con sus manos sumamente temblorosas.
–¡¿Qué pasó?!
Su compañero, que se había quedado dormido haciendo guardia, se enderezó lo más rápido que pudo al escuchar el grito.
Esperaba ver algún grupo de ninjas dispuestos a atacarlos pero lo que encontró fue mucho más sorprendente. El jóven albino estaba llorando de una manera desgarradora y no dejaba de morderse las uñas con nerviosismo. Pudo notar que, debido a lo cortas que las mantenía, había comenzado a hacerse daño en la punta de los dedos.
–¿Hidan?–No recibió respuesta alguna, el joven estaba en un trance y un estado de shock total. No respondía a ningún llamado.–¡Hidan!, ¡Reacciona o te juro que te golpearé!–Gritó mientras lo sacudía.
Fue entonces cuando el jashinista se dió cuenta de lo que pasaba y de dónde estaba.
–Todo fue una pesadilla…–Musito por lo bajó, aunque el mayor alcanzó a escucharlo gracias al silencio nocturno.–Una maldita y horrible pesadilla.
Dirigió su vista a sus dedos ensangrentados, dadose cuenta de su inconciente autolesión.
–Hidan, ¿Que carajos fue eso?–Preguntó, lógicamente confundido mientras revisaba la herida.
Pero no recibió una respuesta, el chico solo miraba las manos contrarias deslizarse por las suyas, revisando que no haya recibido un daño grave.
El recuerdo de las manos envolviendo su cuello hasta dejarlo sin aire le hizo tensarse otra vez, apartando las suyas propias de las de su compañero.
El tesorero, al observar está acción, decidió no forzar la situación y solo se sentó frente a él, manteniendo la cercanía estableciada hacía unos momentos.
–Solo fue una pesadilla.–Repitió lo dicho hacía unos momentos. Era conciente de las dudas de su compañero, así que tenía la esperanza de que lo olvidase con esa respuesta.
–Nunca te había visto así.—Solto de repente, indicando que, efectivamente, la respuesta que recibió no le bastaba como para olvidar el asunto.—Dime qué pasó.–No iba a desistir de averiguar lo que sucedía, tenía que saber lo que pasaba para poder ayudar al religioso.
Soltó un pesado suspiro y con las pocas fuerzas que le quedaban decidió contarle lo que pasó. Claro que no agregaría muchos detalles que digamos.
–Antes de llegar a Akatsuki yo…pase por muchas cosas, cosas de las que no me enorgullezco y que evito recordar a toda costa.–Dijo, arrancando algo de la vegetación y jugando con ella.–Se que soy bastante sádico a la hora de pelear, pero antes era muy sensible a…bueno, cualquier cosa mala a mi alrededor.
–Todos lo fuimos en algún momento.–Dijo, tratándo de brindarle apoyó de alguna forma.
–Si, lo sé…–No sabía cómo explicar la situación sin exponer demasiado sobre su pasado.–Han pasado tantas cosas y realmente pensé que, si me unía a la organización, al menos tendría algo para distraer esos estúpidos recuerdos, pero...–Las lágrimas amenazaban con salir nuevamente.–¡Realmente pensé que podría olvidar todo pero sigue atormentandome!, ¡Ya no lo soporto!
Ya no podía reprimirlo, dejó caer nuevamente las gotas saladas de sus entristecidos ojos. En un intento por escapar de la realidad escondio si expresión detras de sus propios manos, enredando sus dedos con algunos mechones sueltos de su plateado cabello.
–Yo…no tenía idea.–Dijo al oír el desgarrador desahogó de su compañero.
Es cierto que lo consideraba ruidoso y a veces molestó, pero le había tomado mucho cariño durante tantos años trabajando juntos. Aunque eso sería algo que nunca iba a admitir.
–No quiero tu lástima.–Murmuro, quitándose inútilmente las lágrimas con molestia.
El moreno sólo lo tomó del brazo y lo atrajó hacía él, haciendo que quedase recostado en su pecho. Paso sus brazos por la espalda del albino, uniéndolos en un abrazo lleno de apreció, para demostrarle algo que a él le había costado años entender:
–No estás solo.
Solo esas palabras bastaban para que el albino se aferrara a al mayor con todas sus fuerzas, aunque aún reteniendo el llanto. No pensaba ni por un segundo humillarse más de lo que ya lo estaba haciendo.
Pero al mismo tiempo, no pudo evitar perderse en sus pensamientos ante la calidad de los brazos de su opuesto.
El pasado era algo que siempre le iba a perseguir de una u otra forma, pero a este punto ¿A quién demonios le importa? Tenía una familia, sus compañeros se volvieron su mundo y los mejores amigos que pudo haber deseado.
¿Que más daba las pesadillas? Si al despertar tendría gente a su lado que creyó solo poder tener en sus mayores sueños de infante.
¿Que más daba el pasado? Tenía un futuro por delante y había personas que lo amaban en él.
¿Y que más daba la culpa que sentía por sus errores? Si, puede que se arrepienta del daño echo, pero eso le trajo a su vida gente maravillosa, aventuras inexplicables y libertad, lo que siempre había añorado.
Si se le diera la oportunidaad de volver al pasado y cambiar todo, por más que tuviera que pasar todo ese sufrimiento de nuevo, sabía que iba a valer la pena al obtener grandes camaradas.
A medida que pensaba todo esto, el dolor en su pecho se fue desvaneciendo y el sueño le fue ganando otra vez.
Pero antes de caer en los brazos de Morfeo una vez más, había algo que quería decirle al hombre que se había tomado la molestia de dejar su dignidad de lado para consolarlo.
–Kakuzu…
–¿Que pasa, mocoso?
–Gracias…–Susurró mientras se acurrucaba en su pecho.
–¿"Gracias" por qué?–Preguntó, sin entender.
–Por estar en mi vida...
"Y por hacerla mejor" Pensó antes de cerrar los ojos, dejándose caer en un profundo sueño.
El cansancio le había vencido y el volvió al mundo de los sueños, pero está vez sin pesadillas. Ahora tenía a alguien que lo protegería de esos tormentosos momentos de tristeza, desesperación y culpa.
"Tu descansa, porque a partir de ahora yo te protegeré de tus estúpidas pesadillas"
Wow…la verdad no recordaba el como había escrito esto pero ahora que lo pase aquí tuve la oportunidad de leerlo y corregirlo un poco.
Siendo sincera esta…decente, en comparación a los primeros que escribí.