Nuestro pecado

Summary

La Diosa Luna dijo: "Encontrarás a tu pareja destinada pero jamás estarás con él" 》》》》》》》》》》》》》》》 Argentina es un omega que se ve frágil y delicado a simple vista, tan en su propio mundo, un mundo que imagina de múltiples colores y sensaciones ya que...no puede ver. Él vive con su destinado, Alemania Nazi, un militar que sólo se aprovecha totalmente su condición, maldiciendo haber tenido a tal omega inútil como pareja pero...¿Que pasará cuando al reencarnar de entere que él latino ya no será suyo? ¿Como reaccionará aquel alfa al saber que su omega tuvo y tiene un amorío con su viejo enemigo, Urss? ❄ Nazi x Argentina x Urss ❄⚠️ Toxic⚠️

Status
Ongoing
Chapters
24
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capitulo 1

Vals...

Eso era lo que Argentina escuchaba en aquella pequeña radio, un hermoso y profundo vals, junto a dulces voces que interpretaban una novela de amor, un audiolibro que él siempre esperaba atento cada tarde.

Esos susurros de promesas de amor eterno, fidelidad y besos que le daban suaves cosquillas ante lo penoso que era oírlo, pero había esperado bastante por ello, tantas semanas de suspenso de aquella pareja que no de quería saltar ni una parte.


—Srito. Argentina, la merienda ya está lista.


Escuchó a una de las sirvientas hablarle por lo que, con un pequeño suspiro se levantó con cuidado, agarrando su bastón para ir tanteando en el suelo con delicadeza hasta llegar a aquella radio, la cual, apagó para así ir caminando apoyando una de sus manos en la pared de aquella gran casa para no perderse.

Él latino vivía ahí hace ya varios meses, como dictaba la ley, tras encontrar a su destinado tenía por obligación que vivir junto a él, estaban en época de guerra, el estado necesitaba hombres fuertes y ello incluía a aquellos que tenían una pareja destinada, ya que, según decían, estos tenían más fuerzas que aquellos hombres sin lazos...daban todo por esa necesidad de volver con su otra mitad.

Argentina siempre se preguntaba si el creaba algo similar en su alfa, ¿Lo volvía más fuerte? ¿Él lucharía con todas sus fuerzas en pleno campo de batalla para volver a sus brazos?...

Eran preguntas que él no se atrevía a hacer, quedándose siempre en la misma duda.

Una vez notó a una de las sirvientas pararse a un lado suyo entregándole una bandeja suspiró, como cada atardecer, él latino le entregaba la merienda a su pareja, no sólo para aprovechar y pasar unos momentos a su lado sino también para demostrarle que podía hacer algunas cosas sin ayuda.

Escuchó la puerta abrirse, esa misma puerta de la oficina del alfa, tan llena de un fuerte aroma a estrés y enojo que siempre le causaban escalofríos.

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—Muchas gracias.


Susurró el omega hacia aquella chica que le había abierto la puerta, sin saber que, aquella misma que había hecho ese acto tan “amable” le estaba comiendo con la mirada al alfa que estaba sentado en el escritorio, mordiéndose el labio inferior guiñándole un ojo, lo cual, aquel mayor solo sonrió ante aquel coqueteo.

Argentina era ciego de nacimiento, y muchas veces tanto el alfa como las sirvientas se aprovechaban de ello para tener momentos más...íntimos.

Él menor dejó su bastón debajo de su brazo, caminando recto a pasos firmes pero suaves mientras llevaba aquella bandeja hacia la mesa aparte que había en la oficina de su pareja, sin ayuda de su bastón, sin pedir ayuda a alguna sirvienta, quería mostrarse capaz frente al mayor pero...aquel alemán estaba más entretenido viendo a aquella chica alemana levantar poco a poco su falda hasta mostrar su ropa interior hasta ver como se iba para dejarlos solos.


—Ya...Ya está.


Dijo el latino tras dejar los platos, vasos y diversos utensilios en la pequeña mesa, sentándose en una silla, acomodándose en esta escuchando el bufido de su pareja junto a esos fuertes y firmes pasos.

El resonar del tacón de su bota militar en aquel profundo silencio le daba ciertos escalofríos pero decidió mantenerse quieto, tratando de concentrarse sobre como había acomodado los utensilios.

Nazi se sentó frente suyo, empezando a prepararse su merienda y comer de ésta mientras que...El latino se quedaba quieto, llevando muy lentamente una de sus manos entre los diversos vasos y platillos que había en la mesa, él aún recordaba como una vez por su torpeza había hecho caer té ahí, y el fuerte regaño que el alemán le dio por ensuciar unos papeles así que, en medio del miedo que le causaba decidió regresar su mano y sólo tantear levemente hasta encontrar su taza.

Tomó de esta, aguantando lo agrio que estaba su té, quería echarle azúcar pero temía hacer caer algo así que, en silencio solo bebió de su taza.

El alemán no era un idiota, se había dado cuenta de aquello, así que, con una leve sonrisa, agarró aquella porcelana que contenía el azúcar.


—¿Piensas beberlo solo así? Ten.


Argentina logró oír el sonido de aquel recipiente casi frente suyo, quería negarse de alguna manera pero...seguramente él alemán se enojaria, era de esas pocas veces en que era un poco amable con el así que, con los leves tanteos de sus dedos fue buscando aquella azucarera en la mesa, notando como parecía haber simplemente desaparecido.

Nazi veía como aquel omega seguía tocando la mesa hasta encontrarlo, siguió observando las acciones del menor, logrando ver como este tiraba algo de azúcar afuera de su taza a lo que, bufó molesto.


Estas ensuciando, ¿Ni siquiera te puedes servir azúcar solo?.

—Perdón..


El menor se encogió un poco de hombros, dejando rápidamente recipiente a un lado, intentando limpiar lo que supuestamente había ensuciado sin saber que...aquella azucarera estaba en la orilla de la mesa, llegando al poco, a escucharse la porcelana romperse en varios pedazos tras caer al suelo..

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—Señorito Argentina, él frío le hará mal, por favor entre.


Decía Paraguay, una de las sirvientas, mientras veía como el sureño se abrazaba a si mismo en medio de aquella nieve, realmente aquello no le gustaba, no le gustaba cuando aquella pareja peleaba, o mejor dicho, cuando el alemán golpeaba al omega.

Como en esos momentos, el albiceleste tenia su labio partido y unos moretones en su rostro por el simple hecho de haber hecho caer aquel objeto, lo cual, le partía el alma, ella era la única sirvienta de ahí que odiaba lo que pasaba, detestaba a su jefe, y las pocas veces que la tocaba le daban asco, aún así, nunca dijo nada, sabia que aunque dijera algo él podría simplemente matarla o en el mejor de los casos, despedirla.


—Quería...solo quería caminar por favor..


Respondió el omega en un leve susurro, a lo que, aquella chica sólo suspiró y se acercó a atarle esa larga cuerda a su muñeca.

Aquella casa estaba cerca del bosque, por el invierno seguramente habrían lobos u osos por ahí, además del hecho de que él menor no podría volver a casa por su cuenta así que, ella misma había creado ese simple mecanismo para que él latino no estuviera tanto tiempo encerrado en aquella casa.

Paraguay observó como el chico agarraba su bastón y caminaba en silencio jalando poco a poco aquella cuerda por lo que, suspiró, no podía acompañarlo, Nazi había dejado en claro que ellas no debían hacerse cargo de él, sino de la casa.

Así, la chica entró empezando con sus quehaceres, escuchando los claros gemidos de alguna de sus compañeras en el segundo piso, agradeciendo internamente que él omega haya salido de ahí.

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Argentina sintió como la cuerda se tensaba, ya había llegado a su límite pero...sinceramente no quería regresar, quería saber que encontraría más allá, tal vez algún pequeño río, algún conejito, algo que lo entretuviera del ardor que sentía en su rostro por los golpes que había recibido.

Así, tras pensarlo mucho decidió quitarse la cuerda, dejándola atada a un pequeño arbusto que había encontrado para así, agarrar firme su bastón e irse, guiándose y apoyándose cada tanto con los árboles.

Ciertamente sentir el viento fresco sobre sus heridas era un poco doloroso pero a la vez se sentía bien, como si fuera una suave caricia de alguien de piel fría, así, siguió caminando, memorizando el camino hasta que...escuchó una rama crujir, haciendo que se detenga.

Por unos momentos se había olvidado por completo que podría haber algún perro o algún animal salvaje por ahí, agudizó sus oídos, intentando no ponerse nervioso.


》¡Argentina corre! ¡Podría ser un oso!.


Dijo su lobo interior, poniéndolo más nervioso hasta que...logró oír unos quejidos, no de algún animal, sino de un hombre, por lo que, giró su cabeza hacia los lados intentando caminar hacia aquella persona.


—Disculpe..se..¿Se encuentra bien?.


Preguntó el omega agarrando su bastón con fuerza.

Al solo oír unos quejidos se fue acercando hasta notar que aquel señor estaba en el suelo por lo que, se puso sobre sus rodillas intentando tocarle con zuma delicadeza por si tenía alguna herida grave.


Убери от меня руки!.

Aleja tus manos de mi!.


Él menor se sobresaltó levantando sus manos al instante ante aquella grave y fuerte voz de alfa que tenía el hombre, tragó en seco, empezando a temblar al pensar que había sido una mala idea haberse acercado.

¿Qué podía hacer el? ¿En que podría ayudarle?..si ni siquiera azúcar podía poner en su taza..

Pero...esos pensamientos desaparecieron al oír un arma ser cargada frente suyo, dejándolo completamente estático, sintiendo su corazón empezar a latir con rapidez junto a un frío sudor bajar por su cuello.

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